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jueves, 30 de octubre 2014

Los dos regresos de Gutiérrez Menoyo (Final)

Última entrevista al anticastrista, realizada por Cubanet, en La Habana, cuatro días antes de su muerte

LA HABANA, Cuba, octubre, 173.203.82.38 -En esta segunda parte, como en la primera, ocurre que en ocasiones la respuesta se aleja de la pregunta (por esa tendencia a la digresión en que muchos caemos cuando nos preguntan, por la edad y el estado de salud del entrevistado o por cualquier otra razón), pero de todas maneras, pienso, lo que dice Eloy Gutiérrez Menoyo puede resultar de utilidad a la hora de hacer nuestro juicio particular sobre él como persona pública de la política cubana, principalmente debido a que muchas veces su modo de actuar o de pensar despertaba reacciones contradictorias e incluso apasionadas.

Sin duda alguna —aparte de los que ya tienen un veredicto definitivo sobre él—, puede resultar difícil para algunos comprender ciertas decisiones y alguna que otra postura o declaración de Gutiérrez Menoyo, pero sigo creyendo que nunca será sencillo hacer una valoración serena y mesurada del conjunto de su existencia, trances y percances. Algunas acusaciones, como la de que vino a Cuba a vivir cómodamente, no parecen tener mucho sostén, considerando que fuera de aquí podría haber vivido mucho mejor. Un lector de Diario de Cuba, en un comentario anónimo, atestiguaba hace poco tiempo: “Yo vivo en su edificio y él en el quinto piso sin elevador, tiene un carro Skoda del 62 desbaratado, la remesa que recibe de los Estados Unidos es de sus amigos para tirarle un cabo que solo le alcanza para alimentarse, porque sus muebles tienen comején, un pobre televisor chino Panda, vive muy modesto”. Luego daba la dirección para el que quisiera comprobarlo. Cuando acudí a la cita con él aquel domingo 21 de octubre, la única diferencia notable con esta descripción es que el viejo comandante vivía ya en el piso bajo del mismo deslucido edificio de San Agustín.

He aquí la segunda parte de esta entrevista para Cubanet, la última que concediera Eloy Gutiérrez Menoyo. Cuando supe de su fallecimiento, recordé la última frase grabada: “Si estoy vivo, Dios sabrá por qué”.

Cubanet – ¿Qué opinión le merece la oposición política cubana, dentro y fuera del país, y los métodos que utiliza en su lucha por una Cuba democrática?

Eloy Gutiérrez Menoyo – Ya te dije que soy un ente independiente. Me hubiera gustado que desde aquí hubiera una oposición independiente. Respeto el trabajo que hacen. Lo respeto porque si no hay otra cosa, ¿qué van a hacer? Pero no es mi lucha. El día que publique mi libro se va a saber que este que está aquí podría haber sido, si le daba la gana, el “golden boy” de los Estados Unidos, porque me ofrecieron para la CIA, me ofrecieron para la droga, me ofrecieron para el National Endowment for Democracy, me ofrecieron a todos los niveles, y me ofreció personalmente el presidente Clinton una oportunidad. Solo tenía que ir a una cena con él y a partir de ahí me convertía en el número uno, con un presupuesto de medio millón de dólares, pero lo rechacé. Y no he recibido jamás por luchar por la libertad ni un centavo de ningún gobierno, ni creo que habiendo tantos miles y miles de cubanos en el exilio sea necesario recibir ayuda de una potencia extranjera. Yo estoy aquí y recibo ayuda de amigos míos y no me falta nada. Si nosotros hubiéramos podido enfrentarle a Castro una oposición independiente, hubiéramos logrado mejores resultados, sin tener que soportar constantes insultos. Me duele que haya tanta oposición en Cuba y que no se la haya trabajado. La única que se trabaja es la que maneja Estados Unidos. O sea, cedimos nuestra lucha para que sea la lucha de los Estados Unidos. Y yo te digo que aquí hay una oposición que le traquetea. Algunos simpatizan conmigo o por lo menos me respetan.

Estoy cansado de ver a comunistas aquí hablar por la televisión alabando al sistema, y después, en privado me dicen: Menoyo, la verdad es que no tengo posibilidades de hacer otra cosa. Me recuerdan a un español muy simpático, miembro del Partido Comunista. En un viaje que di a España me invitó a almorzar y, como yo hablo con quien tenga que hablar, acepté. Nos sentamos a almorzar, salió el problema de Cuba y le pregunté lo que pensaba sobre distintas cosas. Coincidíamos en los métodos de lucha, en todo. Cuando terminó le dije: Chico, sinceramente, tú hablando como te expresas, no me explico por qué no lo haces así cuando vas a la televisión, donde siempre hablas todo lo contrario de esto. Me dijo: Si yo, que he defendido tanto aquello, me paro ahora en la televisión a decir, como tú dices, todo lo contrario, me choteo, me desprestigio por completo. Y aquí en Cuba son iguales. Yo preferiría chotearme. Nunca he sido fidelista, pero no por eso dejo de reconocer que, aunque de una forma independiente, claro que simpaticé con este proceso, pues formé parte de él. No ocupé cargos porque me olía que ya esto no iba por donde yo hubiera querido. Ah, si me hubiera doblegado, pudiera estar hoy aquí entre los primeros, pero eso hubiera ido en contra de mis principios.

Moriré y quizás nadie reconocerá el esfuerzo, ni lo duro que ha sido para mí representar una oposición independiente, porque he sido sometido a ataques de la izquierda por un lado y de la derecha por el otro. El que me conoce me defiende, pero hay quienes se confunden. Alguien me contó un chiste de esos que hay en el exilio: ¿Cuál es el oficial de más alta graduación en el Ministerio del Interior? ¡Gutiérrez Menoyo! No jodas, ven si tú eres opositor, ven aquí a hacer oposición conmigo, pero vamos a tocar a los que hay que tocar, vamos a empatar a todos estos que tienen cargos. Una vez alguien me dijo que me había visto almorzando en el restaurante del Cohíba y en El Pedregal, y le dije: Sí, allí es donde se hacen los mejores contactos porque allí va la clase gobernante. ¿Dónde voy a verlos? ¿En un paladarcito? Y cuando hay un acto o la presentación de un libro y se me ha ocurrido ir, he podido llegar, saben que soy opositor, pero han venido: ¿Coño, Menoyo, qué tal? ¿Cómo te va la vida? O sea, es mucho lo que se podría haber hecho y no se ha hecho con esa gente.

Ah, porque Gutiérrez Menoyo no se ha plegado a la Sección de Intereses. Pero no sean estúpidos. Aprovéchenlo. ¿A quién quieren poner? ¿A cuál quieren presentar? ¿A quien se lo desbaraten en cuanto saque la cabeza? Yo estoy aquí por mis cojones. ¿Qué me han podido hacer? Nada. Ni podrán, porque no me pueden sacar que recibo dinero ni respondo a una potencia extranjera. Lo único que me pueden sacar es que estoy contra esto, porque luché por otra cosa que no era la mierda esta. Esto ha sido sencillamente una frustración para el pueblo de Cuba. Un engaño. Ya sabemos cómo actúa Castro. Puede cometer terrorismo y pararse y decir que aquí jamás se le ha dado un golpe a nadie. Cabrón, danos un chance en la Mesa Redonda para decir la verdad. Cita a todos los que han sido golpeados en este país y danos el (Teatro) Carlos Marx, que te lo vamos a llenar y se quedarán afuera miles de gentes. Y están los que murieron. Pero Castro tiene la posibilidad de hacer las cosas y después negarlas. Y nadie puede replicar. Yo se lo digo a ellos cuando me vienen a ver: Esto es una dictadura y ustedes dicen que no, que es el país más democrático; pero explíquenme cuándo coño quitaron “la dictadura del proletariado” que había en los primeros años. ¿Cuándo dejó de ser una dictadura? Por poco me dan ganas de llorar: tres días de duelo por el cabrón de Corea del Norte. Eso lo hace un gobierno en épocas pasadas y se botan los estudiantes y los trabajadores para la calle, todo el mundo, porque una cosa así es inaceptable. ¡Tres días de duelo nacional! Una dinastía terrible que ha ido de un dictador para otro…

Se le ha hecho un panteón a los caídos de este frente, un panteón a los de aquel otro. ¿Y los más de cuarenta que murieron peleando conmigo? ¿Dónde tienen su panteón? En ningún lugar. Esos no son patriotas, esos no murieron por la democracia. Pero no es uno, son cuarenta y pico de mártires sin panteón, porque Gutiérrez Menoyo se opone a este sistema. Sin embargo, aunque me oponga al sistema, no dejo de reconocer a los mártires del Movimiento 26 de Julio, los que lo ameritan. Cuando me pongo a pensar uno por uno en los que conocí, ninguno era comunista. Echevarría era católico; vino de entrevistarse con Fidel en México hablando pestes de él: Este lo quiere abarcar todo, todo lo quiere controlar. Ninguno era comunista. Eso no tenía el menor sentido: ¿luchar contra Batista y derrocarlo para meter el comunismo aquí? Pero Fidel, que no tiene ideología, se agarra de lo que le convenga.

Para mí la soberanía radica en el pueblo, que es el que tiene que elegir libremente su gobernante y su destino. Si democráticamente aquí la gente votara por el comunismo, yo, como demócrata, no tengo que enfrentarme. Dejo que pase el período ese y veremos para el próximo.

Fidel se adueñó del poder absoluto por medio del terrorismo. En presidio llegó a haber más de ciento veinte mil presos políticos. Era el terror. Dales tranca para que trascienda a la calle y esa gente vaya cogiendo miedo. Este sistema logró afianzarse fusilando gente, torturando gente en Las Cabañitas, controlando todos los medios y no dejando hablar a nadie. Hace dos o tres meses le dije a un periodista: Yo puedo reconocer que allá afuera hay una mafia, pero con ellos yo me bandeaba y, cuando me ha atacado alguno, he pedido el derecho de réplica y he contestado. Hasta Cancela me lo tuvo que conceder, en el Canal 51. Pero la mafia de aquí me ha atacado y no he podido decir una palabra para contrarrestrar lo que digan. Esta mafia lo controla todo. Esto hay que vivirlo para conocerlo. La de allá, la que aquí dicen, mira, yo salía y podía darle la mano a cualquiera de ellos, ir a un programa de radio y decir lo que me diera la gana. Esto de aquí sí que es una mafia.

Si lo que Fidel dice sobre cómo es un revolucionario fuera así, el que lo aplica soy yo. Tú dices que estás contra una conflagración nuclear, pero yo no puedo estar contra la cuestión nuclear —que lo estoy— sin haber estado contra la instalación de cohetes rusos aquí, que puso en riesgo el país completo. ¿Qué revolucionario tú eres? Es como si olvidara lo dicho. No puedo aceptar un Castro que se plantea antimperialista. Yo soy antimperialista. Considero que los efectos imperialistas frenan el desarrollo y por eso todos los países deben ser independientes. Ilusión o lo que sea, pero creo en eso. Lo que no se me ocurre es decir: Soy antimperialista y combato el imperialismo a noventa millas, porque es malo. Ah, pero es bueno el imperialismo marxista. Eso no es antimperialismo. Yo puedo ser antimperialista y mantener, como mantuve, las mejores relaciones con Clinton y con otros políticos norteamericanos. La democracia es eso: tú piensa como quieras. Otra cosa: para Fidel la base norteamericana en Cuba era mala, pero las bases rusas no. ¿Entonces cuál es tu ideología? Yo por lo menos soy consecuente con la mía.

CN – ¿Cómo le gustaría ser recordado por las generaciones que vengan después de este amargo capítulo de la historia de nuestro país?

EGM - Chico, no he pensado en el tema ese, pero me gustaría, si es que alguien me recuerda, que me recuerde tal y como soy. Consecuente con lo que digo. No trato de engañar a nadie. A cualquiera que me pregunte le digo lo que pienso. Que me recuerden como alguien de acuerdo con sus principios y sus creencias. He hecho lo que he podido. ¡ Lo que he podido! He entregado mi vida, aunque no lo quieran reconocer, para buscar la libertad y la democracia de este país. He sacrificado mi vida por completo, hasta mi familia… Por eso que he creído he estado al borde de la muerte no una ni dos, sino un montón de veces. Luché contra Batista porque violó la constitución, violó el ritmo constitucional. Luché contra Fidel porque la cagó y lo hizo peor. Y conmigo en específico ha sido cruel, no ha tenido compasión. Batista fue generoso con todos ellos. Asaltaron el Moncada y no cumplieron ni dos años de prisión. Yo no asalté el Moncada, luché por mis principios y, coño, ¡qué veintidós años de prisión!

Cuando fui a recoger mi carnet de identidad, no apareció mi ciudadanía cubana, pero, cuando el presidente del gobierno español reclama mi libertad, lo hace porque yo nací en España y Castro le responde que no me puede soltar porque yo soy ciudadano cubano. En ese jala y estira se metieron año y pico, hasta que llegaron a un acuerdo: Yo te lo suelto como cubano y tú lo recibes como español. Y yo recuerdo perfectamente bien el local en donde me dieron a firmar el pasaporte y allí estaba mi ciudadanía, que Cuba se la mandaba a Felipe González para que viera que habían actuado legalmente. Pero después nunca más ha aparecido. Ellos saben que estoy bastante mal de salud, pero esconden mi ciudadanía porque piensan que con el carnet de identidad cubano yo puedo hacer actividad política. Es cierto, pero también están equivocados: si la salud mía me acompañara, haría actividad política igual con el carnet de extranjero, porque para mí el carnet de extranjero no existe. Te guste o no te guste, soy cubano. Si pudiera hacer actividad política, me importaría tres pitos si me cogen preso o me hacen lo que les dé la gana. Ojalá yo pueda, a pesar de la edad, superar este aneurisma que me han detectado y que me provocó un infarto violento, de larga duración. Los médicos no se explican cómo estoy vivo. Bueno, si estoy vivo, Dios sabrá por qué.

Primera parte de esta entrevista: http://173.203.82.38/articulos/los-dos-regresos-de-gutierrez-menoyo-i/

Acerca del Autor

Ernesto Santana Zaldívar
Ernesto Santana Zaldívar

Ernesto Santana Zaldívar Puerto Padre, Las Tunas, 1958. Graduado del Instituto Superior Pedagógico Enrique José Varona en Español y Literatura. Ha sido escritor radial en Radio Progreso, Radio Metropolitana y Radio Arte. Miembro de la Unión de Escritores y Artistas de Cuba. Distinciones obtenidas: Menciones en el género de cuento de los concursos David, de 1977, y Trece de Marzo, de 1979; premios en los concursos Pinos Nuevos, de 1995, Sed de Belleza, de 1996 (ambos en el género de cuento), Dador, de 1998, (proyecto de novela) y Alejo Carpentier, de 2002 (novela), Premio Novelas de Gaveta Franz Kafka, de 2010, por su novela El Carnaval y los Muertos

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