El borroso consenso de los mandamases castristas

Con un consenso cada vez más borroso y difuso, los mandamases tendrán que conformarse con la unanimidad a mano alzada de los domesticados y nada discrepantes diputados de la Asamblea Nacional.
Jerarcas del régimen cubano
Jerarcas del régimen cubano (Foto tomada de la cuenta en X @DiazCanelB)

LA HABANA.- Recientemente, el dictador cubano Miguel Díaz-Canel, en una de las tantas entrevistas que ha concedido en los últimos tres meses a medios extranjeros —que son casi tantas o más que las que dio Fidel Castro en los 47 años que gobernó—, afirmó que las 76 medidas para desatar las fuerzas productivas y flexibilizar la economía debieron haberse tomado hace diez años, pero no fue posible porque «no había consenso».

Si de consenso se trata, ahora tampoco lo hay. Y no entre la población, que ya se sabe que nunca cuenta para los mandamases de la continuidad a la hora de tomar decisiones. Me refiero al consenso en las alturas, entre los peces gordos de la cúpula gobernante.

Parece que se está apoderando de los mandamases una auténtica Babel. A la hora de los discursos —los de Díaz-Canel, el primer ministro Manuel Marrero o el canciller Bruno Rodríguez Parrilla—, cada uno parece ir por su lado. Como si hablaran de asuntos distintos que nunca llegan a complementarse.

Lo que parecía ser el bloque monolítico de la llamada «dirigencia de la Revolución» ha empezado a agrietarse. Y no es para menos. Es de suponer que, con las medidas protocapitalistas adoptadas con el agua al cuello, cuando ya no quedaba más remedio, anden trepándose por las paredes y recomiéndose los hígados los inmovilistas y retranqueros, testarudos y nada pragmáticos, de la catequesis estalinista enquistados en el Buró Político y el Comité Central. De poco debe valer para ellos que Díaz-Canel les asegure que esas medidas son para «salvar la Revolución» y no obedecen a presiones del Gobierno estadounidense.

Para imaginar cómo andarán las cosas en las alturas del poder basta escuchar el desconcierto, las dudas y la mal disimulada decepción que se manifiestan en las conversaciones de los fieles del fondo de la charca: los viejitos cederistas que no se cansan de repetir que «con Fidel esto no pasaba»; los chivatones incondicionales, a prueba de hambre y apagones, que seguirán detestando a los que se fueron, aunque regresen dispuestos a invertir; los adoctrinados en el marxismo-leninismo aprendido en los viejos manuales soviéticos, que todavía son más comunistas que sus propios dirigentes y siguen creyendo que la Rusia de Putin es la misma Unión Soviética que siempre les sacaba las castañas del fuego.

Con un consenso cada vez más borroso y difuso, los mandamases tendrán que conformarse con la unanimidad a mano alzada de los domesticados y nada discrepantes diputados de la Asamblea Nacional.

Es de suponer que reine la desconfianza entre quienes recorren los pasillos del poder. Porque pensarán: «Vaya usted a saber qué han acordado —porque algo deben haber acordado, con tanta cháchara— el nieto de Raúl Castro y quienes se reunieron con el director de la CIA y el jefe del Comando Sur. Con lo insidiosos que son los yanquis y con tantos reformistas agazapados, capaz que ya hayan hecho la lista de quienes desempeñarán en Cuba el papel de Delcy Rodríguez».

Biografía del autor:

ARTÍCULO DE OPINIÓN Las opiniones expresadas en este artículo son de exclusiva responsabilidad de quien las emite y no necesariamente representan la opinión de CubaNet.

Sigue nuestro canal de WhatsApp. Recibe la información de CubaNet en tu celular a través de Telegram.