El caso fabricado por la dictadura contra la joven creadora de contenido conocida como Anna Bensi (su verdadero nombre es Ana Benítez Silvente) y su madre, Caridad Silvente, es ridículo. El delito por el que las condenaron a dos años de privación de libertad fue filmar con el celular a un agente policial que les llevó una citación.
Por muchas vueltas leguleyas al asunto que quieran darle los voceros del régimen, ¿en qué afectó al honor y la integridad del agente el que lo retrataran? Aunque fuera vestido como un mamarracho, no estaba en una misión secreta, sino cumpliendo una función oficial, así que no cabía el misterio.
Pero no es solo ridículo, sino también contraproducente. Es tanto el miedo de los mandamases que no les permitió ver que su cobarde represalia contra Anna Bensi y el aparataje represivo que rodeó a su juicio lo que consiguió fue generar indignación y aumentar aún más la admiración que muchos sentían por la muchacha debido a sus valientes denuncias en contra del régimen. Tanto es así que ya voceros del oficialismo se apresuran a calificarla como “el nuevo rostro de la contrarrevolución”.
Peor aún, el caso de Anna Bensi ha puesto a este régimen, proverbialmente torpe y siempre presto, con su soberbia y paranoia, a buscarse nuevos adversarios, en curso de colisión con las iglesias evangélicas. En efecto, las iglesias bautista, pentecostal y metodista se pronunciaron irrestrictamente a favor de Anna Bensi y Caridad Silvente (ambas bautistas) y en contra de las medidas represivas a las que están sometidas. Y los obispos y el clero episcopal exigieron al régimen escuchar el clamor del pueblo.
Para agravarlo todo, dos pastores que se solidarizaron con Anna Bensi fueron arrestados en poco más de 24 horas. La policía agredió y arrestó a Rolando Pérez Lora, un pastor conocido como “El pregonero de Cristo”, que, para solidarizarse con Ana Bensi, acudió al Tribunal Municipal de La Habana del Este, donde el pasado primero de octubre se efectuó el juicio. Y en la tarde del 2 de octubre fue arrestado Ariel Limias Leyva, un ex pastor de la iglesia Asamblea de Dios, que subió la escalinata del Capitolio Nacional, sede de la Asamblea Nacional, con una pancarta que decía: “No más discriminación política absurda” y “Abajo la dictadura”.
Hasta ahora, el régimen no ha mostrado que tenga intención de hacer control de daños y evitar este nuevo frente de confrontación que se les está abriendo. Por el contrario, en vez de intentar apaciguar a las iglesias cristianas, ya las están viendo como enemigas. Como en la época de las UMAP y cuando los jóvenes que tenían creencias religiosas no podían estudiar en la universidad porque “las universidades eran solo para los revolucionarios”.
Iramis Rosique Cárdenas, uno de los ideólogos del tardocastrismo que escribe en el periódico Granma y Cubadebate, ya la emprendió contra los influencers cristianos. Aludiendo, aunque sin nombrarlos, a Anna Bensi y los jóvenes de El4tico y Fuera de la caja, afirmó que los influencers cristianos ya no se dedican a combatir solo la ideología de género, sino que tienen un discurso abiertamente anticomunista, cercano al movimiento MAGA, y piden una intervención norteamericana en Cuba.
Rosique fue más allá y aseguró que las iglesias evangélicas, que tomaron fuerza en Cuba a partir de la década de 1990 y a las que calificó como “ultraconservadoras” y “un actor político contrario a la Revolución”, son “el más peligroso adversario interno” que haya tenido el régimen.
Recordó Rosique que estas iglesias se opusieron al matrimonio igualitario contemplado en la Constitución de 2018, al Código de las Familias y al Programa de Educación Sexual del MINED aprobado en 2021 y que no se ha podido implementar debido a las protestas de los cristianos.
Este recordatorio de Rosique sirve al régimen para poner a chocar a los dos sectores que históricamente han sido más discriminados, marginados y hasta perseguidos en Cuba bajo el castrismo: los homosexuales y los cristianos, tanto católicos como evangélicos.
Ya en la página oficialista por cuenta propia La Joven Cuba acusan a Anna Bensi, por oponerse al aborto y al matrimonio igualitario, de “fundamentalista”, y no faltan otros que se asustan por el lema evangélico “Cuba para Cristo”, como si fuera el anuncio del advenimiento, luego del fin del castrismo, de un Estado confesional y una tiranía teocrática como la de los ayatolás iraníes, que limite los derechos de las mujeres y de la comunidad LGBTI.
La jugada del oficialismo es presentar a los cristianos opositores como retrógrados y homofóbicos y conseguir que la comunidad LGBTIQ los vea como enemigos de sus derechos y al régimen como su aliado.
Al parecer, si la Oficina de Asuntos Religiosos del Comité Central del Partido Comunista no hace alguna maniobra con el contubernio del servil Consejo de Iglesias y pastores domesticados como Raúl Suárez para apaciguar el ambiente, de nuevo el régimen irá contra los cristianos. Y no solo contra los evangélicos, sino también contra los católicos, molestos como están con la actitud de Sor Nadieska y el padre Alberto Reyes, entre otros sacerdotes.
Parece que el tardocastrismo, en su desesperación por aferrarse al poder, ha decidido romper la tregua con los creyentes que se inició en 1987 luego de las conversaciones de Fidel Castro con Frei Betto para el libro Fidel y la religión, y que significaron la autorización del Máximo Líder para que los cubanos pudieran creer en Dios y, aun así, a partir de 1991, hasta pudieran ser militantes del Partido Comunista.
De cualquier modo, la relación del Estado-Partido-Gobierno con los religiosos en los últimos años ha distado bastante de ser apacible. Numerosas denuncias indican que nunca ha cesado el cierre de templos y casas de culto, la confiscación de Biblias y libros religiosos, las interferencias en asuntos eclesiales de Josefina Diego y la Oficina de Asuntos Religiosos del PCC que dirige y el hostigamiento de la Seguridad del Estado a los pastores independientes.










