Contra lo mal hecho

Supuestamente, todos los problemas del hospital oncológico, y del país, son culpa del “bloqueo imperialista”

LA HABANA, Cuba, diciembre, 173.203.82.38 -Nilo Ruíz, de 54 años y vecino del poblado de Santa Fe, se atiende en el hospital oncológico de La Habana,  afectado por  un cáncer de  lengua, y  cada vez que regresa  de la consulta  cuenta  a sus  familiares y amigos sus desavenencias con el equipo médico.

Recientemente sostuvo una fuerte discusión con el médico que lo atiende, porque    el doctor intentaba justificar  todos los problemas del hospital acusando al vecino del norte de ser la  causa de los mismos. La falta de frazadas de piso para limpiar,  el desabastecimiento de agua,  la escasez de instrumental médico, la falta de avituallamiento para los enfermos, la mala calidad de los alimentos, la ausencia  de bombillos, las roturas de los elevadores, las escaleras sin barandas, los baños sucios, el maltrato de algunas enfermeras y hasta los insectos que pululaban por  la instalación, eran, según el médico, “culpa del  imperialismo  yanqui”.

Nilo se molestó con el facultativo y le hizo algunas preguntas  frente al grupo de pacientes que esperaban su turno en la cola.

–A ver, doctor, dígame, ¿desde cuándo usted no se compra un colchón nuevo?

–Reparé mi colchón hace poco –contestó el médico.

–No, mi pregunta es, ¿desde cuándo no se compra usted un colchón, o una colcha?

–Cuba es un país tropical. Aquí no hacen faltas colchas.

–Mejor diga que  la colcha más barata en la tienda cuesta 18 dólares, casi  su  salario  mensual. Y  eso que dice usted de que no hacen falta colchas porque Cuba  es un país tropical  me da risa. ¿De qué murieron los locos del hospital psiquiátrico de Mazorra?

–Eso fue un caso excepcional.   De todas formas, la salud pública en Cuba es gratis.

–Tiene  que ser gratis, obligatoriamente, porque el estado, que hasta ahora ha sido el único que nos puede dar empleos, no le paga salarios a la gente para que puedan pagar  un hospital.

La conversación quedó trunca porque el reloj dio las diez y comenzó la consulta. Cuando llegó su turno Nilo fue atendido con sequedad. El médico le dijo  que su cáncer  estaba demasiado  avanzado, tenían que operarlo antes que  se propagara a la garganta. Le explicó además que iban a  rebanarle un pedazo del hueso maxilar y la base de la lengua, y seguramente no podría volver a hablar.

Le dieron un turno para el 22 de diciembre, si había camas disponibles. Antes de marcharse el médico le dijo que no hablara tanto, quizás esa era la causa  del cáncer y tal vez fuera un alivio  para la sociedad que se quedara mudo.  Con la poca  voz que le quedaba Nilo contestó, no importa,  entonces   escribiré  contra  lo mal hecho.

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