MADRID, España.- Agosto dejó en Cuba una sucesión de homicidios, asaltos, robos violentos y agresiones cuya dispersión geográfica y brutalidad permiten identificar varios patrones: el peso del delito asociado al robo, el uso recurrente de armas blancas, la vulnerabilidad de quienes se desplazan por calles y carreteras y una elevada proporción de hechos que terminan con la muerte de la víctima.
Durante el mes se documentaron al menos 51 hechos criminales, con 55 víctimas directas, en 14 de las 15 provincias cubanas. De esas 55 personas, 42 fueron asesinadas, de acuerdo con la clasificación de los casos como homicidio o feminicidio. La cifra equivale aproximadamente al 76,4% de todas las víctimas registradas.
La cifra no representa el total de homicidios ni de delitos ocurridos en Cuba durante agosto. La base se nutre fundamentalmente de denuncias ciudadanas, publicaciones en redes sociales y reportes de medios de prensa, por lo que está particularmente inclinada hacia los casos que alcanzaron visibilidad pública y, sobre todo, hacia los de mayor gravedad. Aun con esa limitación, los números dibujan un panorama inquietante.
Robar y matar
El robo aparece de manera reiterada detrás de una parte de los episodios más violentos del mes. Al menos 14 de los 51 hechos —más del 27%— fueron clasificados directamente como robos, robos con violencia o asaltos, aunque las categorías se superponen en varios casos con la de homicidio.
El peso real del robo es probablemente mayor dentro de la muestra. En otros homicidios no clasificados formalmente también como robo, las denuncias mencionan la sustracción de bienes, un intento de robo o esa posibilidad como principal hipótesis del crimen.
Así ocurrió, por ejemplo, con Roberto Expósito, quien murió después de recibir dos puñaladas cerca de la Ciudad Deportiva, en La Habana, cuando varios hombres presuntamente intentaban quitarle su motorina y dinero. También con Manolo Real, custodio de un negocio particular en Palmira, Cienfuegos, muerto a puñaladas en un hecho relacionado, según las versiones recopiladas, con un intento de robo en el establecimiento que vigilaba.
A esos casos se suman, entre otros, Alcides Pérez, asesinado durante un asalto en Holguín para despojarlo de una pequeña mochila; Reinier Sabournir, quien murió después de ser golpeado presuntamente para robarle dinero y un teléfono; y Rafael Jiner Guerra, custodio del Hospital Ernesto Guevara de Las Tunas, fallecido durante un robo en el que fueron sustraídos una bicimoto, una bicicleta y un celular.
Matar por una moto, una bicicleta o un caballo
Dentro de esa relación entre violencia y robo se repite otro elemento: los medios de transporte personales y, en las zonas rurales, los caballos.
Nueve de los 51 hechos documentados estuvieron vinculados al robo o posible robo de una motorina, bicicleta, bicimoto o caballo. Seis de esos episodios fueron mortales y dejaron siete personas asesinadas.
Carlos Luis Suárez fue asesinado en el terraplén entre Palmira y Camarones, Cienfuegos, para quitarle su motorina eléctrica. En Guanabacoa, Paul Federik y la mujer que lo acompañaba murieron después de un violento ataque cuyo móvil, de acuerdo con las versiones recopiladas, habría sido también apoderarse de una motorina; entre otros.
No todos sobrevivieron para contar el asalto. Pero incluso entre quienes lo hicieron, la violencia fue extrema. La doctora Ailenis Pérez Cepero fue derribada y golpeada mientras circulaba en su motorina por una carretera de Matanzas. William Manuel Sánchez Jorge fue apuñalado en La Habana y despojado del vehículo que llevaba. En Camagüey, José Ramos González fue golpeado para robarle una bicicleta y la billetera y posteriormente lanzado desde un puente.
En el ámbito rural, el caballo aparece igualmente como un bien capaz de colocar a su propietario en riesgo. Carlos Estenos fue encontrado muerto en una finca de Camagüey en un caso en el que las primeras versiones apuntaban al posible robo de dinero y caballos. Nelson Reyes, en Ciego de Ávila, apareció amarrado y muerto en una cuneta; entre las hipótesis investigadas estaba el robo del caballo en el que se desplazaba.
La letalidad: 42 asesinados entre 55 víctimas
El dato más grave de agosto es la proporción de víctimas que terminaron muertas. De las 55 personas contabilizadas, 42 fueron víctimas de homicidio o feminicidio: aproximadamente tres de cada cuatro.
Esas 42 víctimas mortales corresponden a 40 de los 51 hechos documentados. La diferencia se explica porque hubo episodios con más de una persona asesinada.
Uno de ellos ocurrió en Güines, Mayabeque, donde murieron Yanelkys Alonso Valdés (feminicidio) y su madre, Lenia Valdés Amador. Otro fue el ataque en Guanabacoa que provocó las muertes de Paul Federik y de una mujer cuya identidad no había sido determinada.
Aparecen además varios desenlaces mortales en La Habana: un hombre atacado con arma blanca en las inmediaciones del policlínico Bernardo Posse, cerca de La Cuevita; Alfredo Daniel Martínez Rodríguez, muerto por una herida de arma blanca en Centro Habana; Pedro, encontrado golpeado en su vivienda; y el joven conocido como “El Lleyo”, quien falleció tras recibir varias heridas durante un enfrentamiento en La Güinera.
La Habana concentra casi tres de cada diez hechos
La violencia documentada tuvo una dispersión prácticamente nacional. Los 51 hechos alcanzaron 14 de las 15 provincias del país. La única que no aparece en esta muestra de agosto es Artemisa, lo que no significa que allí no se hayan cometido delitos..
La Habana concentró 15 hechos, el 29,4% del total, y volvió a ser el territorio con mayor presencia en el registro. También reunió 13 de las 42 personas asesinadas, cerca del 31% de las víctimas mortales documentadas.
La concentración habanera, sin embargo, no convierte la violencia en un fenómeno exclusivamente capitalino. Cienfuegos acumuló cinco hechos; Villa Clara y Camagüey, cuatro cada una; y Matanzas, Mayabeque, Pinar del Río, Ciego de Ávila y Sancti Spíritus registraron tres cada una. También hubo episodios en Santiago de Cuba, Holguín, Las Tunas, Granma y Guantánamo.
La geografía de los casos muestra además que el riesgo no se limita a determinados espacios. Hubo asesinatos dentro de viviendas, en zonas rurales y centros de trabajo, pero varios de los episodios más violentos alcanzaron a personas mientras caminaban, regresaban del trabajo o se desplazaban en bicicletas, motos o motorinas.
La imagen que deja agosto, por tanto, no es solo la de una elevada cantidad de muertes. Los 51 hechos y 55 víctimas muestran una criminalidad que atraviesa territorios muy diferentes y en la que se entrecruzan homicidios, conflictos interpersonales y robos capaces de escalar rápidamente hasta una violencia extrema. En 42 casos individuales, esa violencia terminó con una vida.








