MIAMI, Estados Unidos ― El Gobierno cubano abrirá el próximo 1 de septiembre el curso escolar 2026-2027 para cerca de 1,4 millones de niños y adolescentes, aunque el propio Ministerio de Educación (MINED) reconoce que solo dispone de un 73% de cobertura con profesores titulados, no puede precisar cuántos alumnos recibirán uniforme y ajustará la presencialidad, los horarios y la alimentación a las posibilidades de cada territorio.
La vuelta a clases ocurrirá mientras la Isla vive apagones diarios de más de 20 horas y una escasez crítica de agua, alimentos, productos de aseo y medicinas.
La ministra de Educación, Naima Trujillo Barreto, informó el 27 de agosto que la doble sesión, el seminternado y la frecuencia de asistencia dependerán de “las posibilidades concretas” de cada provincia, municipio y escuela.
Un correo enviado a CubaNet cuestionó que se exija a estudiantes y familiares desenvolverse como si esas adaptaciones bastaran para normalizar la situación. “Estamos hablando de jóvenes que tienen que estudiar sin corriente, sin agua y muchas veces hasta sin poder dormir por el calor y los mosquitos. Estudiantes que deben levantarse al día siguiente, trasladarse hasta la universidad, recibir clases y rendir académicamente como si estuvieran viviendo en condiciones normales”, señaló el remitente. “Los estudiantes no son máquinas”, añadió.
“¿Cómo se estudia después de una noche entera sin electricidad? ¿Cómo se descansa con el calor insoportable? ¿Cómo se mantiene la higiene cuando falta el agua? ¿Cómo se pretende que un estudiante se concentre cuando está agotado y lleno de picadas de mosquitos, con el riesgo de enfermarse?”, preguntó la persona que escribió a CubaNet.
La escasez de uniformes añade otra responsabilidad a las familias. Trujillo reconoció que la producción industrial de agosto solo alcanzó el 12% de la demanda de primaria y una cifra similar en secundaria. “Sin corriente no hay taller que pueda funcionar. Sin combustible no podemos llevar el tejido de un lugar a otro del país”, explicó. El Ministerio tampoco pudo ofrecer una cifra final de cobertura, aunque aseguró que se flexibilizará la vestimenta y que ningún estudiante será rechazado por no llevar uniforme.
Las soluciones anunciadas incluyen entregar a algunos hogares tejidos ya cortados para que confeccionen las prendas, reparar uniformes usados mediante organizaciones comunitarias y distribuir las piezas existentes entre la Empresa Universal y el comercio minorista. En la práctica, muchas familias han recurrido a uniformes de segunda mano, costureras privadas o prendas parecidas. Clasificados digitales revisados por IPS Cuba ofrecían cada pieza nueva entre 1.000 y 2.500 pesos, según la talla.
El gasto no termina en la ropa. La misma agencia de noticias documentó libretas con precios de entre 200 y 1.000 pesos y mochilas de hasta 5.000 pesos, además de zapatos, medias, lápices, gomas, loncheras y otros artículos. Padres entrevistados por ese medio dijeron que también debían contribuir a comprar ventiladores para las aulas, reparar mesas y sillas y pintar los locales.
“El problema es que si me le dan un uniforme para todo el curso y cuatro libretas, cuando tiene 12 asignaturas, la cuenta no da”, dijo a IPS Cuba William Pérez, padre de un estudiante de preuniversitario del municipio habanero de Diez de Octubre. Ante la falta de materiales, Pérez pagó a un negocio privado para imprimir y encuadernar una edición digital que su hijo necesitará durante el curso.
La alimentación será otro punto crítico. El MINED aseguró disponer de recursos iniciales para internados y seminternados, pero reconoció diferencias considerables entre territorios y precisó que se han priorizado únicamente los primeros 15 días. Los gobiernos locales, empresas estatales, negocios privados y comunidades serán llamados a aportar alimentos y otros recursos.
El Programa Mundial de Alimentos (PMA) señala en su plan estratégico para Cuba 2026-2030 que, debido a la limitada financiación y a la concentración de recursos en internados y seminternados, el 48,5% de los alumnos de entre seis y 11 años no recibe comida ni merienda en la escuela.
Las dudas sobre el regreso a las aulas se han extendido en redes sociales. “¿Cómo vamos a lograr que los enanos tengan calidad de sueño para acudir a clases todos los días y asimilar conocimientos?”, preguntó en Facebook la habanera Gisselle Ordóñez. En el grupo Madres Cubanas Luchadoras 2, otra mujer advirtió: “Los míos, cuando no duerman por el extremo calor y la exageración de mosquitos, NO VAN A NINGUNA ESCUELA”. Otras participantes, sin embargo, defendieron que los niños asistieran, aunque tuvieran que reutilizar mochilas, zapatos y uniformes.
Las exigencias también alcanzarán la enseñanza superior. El Ministerio de Educación Superior (MES) anunció que todas las universidades reanudarán actividades el 1 de septiembre mediante modalidades semipresenciales y a distancia, alternadas con períodos presenciales cuando las condiciones lo permitan. En los cursos por encuentros habrá actividades presenciales al menos una vez al mes, y los alumnos deberán participar “de manera activa” en tareas socioeconómicas de sus municipios y comunidades, especialmente las vinculadas con la Red Juvenil Comunitaria.
En la Universidad Central “Marta Abreu” de Las Villas (UCLV), los alumnos de nuevo ingreso comenzarán el período 2026-2027 el 14 de septiembre y los continuantes, el 28. La docencia combinará actividades semipresenciales con tres bloques de cuatro semanas.
“¿A quién se le ocurrió que este era el momento de abrir nuevamente las carreras presenciales, aunque sea por períodos cortos? ¿Cómo puede el MES tomar una decisión así en medio de las condiciones que están viviendo los estudiantes y sus familias?”, cuestionó el remitente del correo recibido por CubaNet. La UCLV dijo que coordina los “aseguramientos logísticos” para el retorno paulatino al campus, pero no detalló en su comunicado la cobertura de alimentación, transporte, electricidad o agua durante esos bloques.
Un mensaje compartido en el grupo de WhatsApp “Información Universidad (Villa Clara)” muestra la cantidad de recursos que se espera que cada estudiante lleve para “la beca”. El administrador aclaró: “Organicé esta lista de artículos para la beca, nada es obligatorio pero les puede ayudar para tener una idea”. La relación incluye sábanas, almohada, colcha, extensión eléctrica, candado, productos de higiene, papel sanitario, cubo y jarro para el baño, nevera y taquilla. También recomienda platos y cubiertos, olla arrocera, sartén, hornilla, cafetera, detergente, escoba, trapeador, cloro y desinfectante.


Entre los artículos adicionales aparecen un cargador portátil, una linterna, un ventilador, toallitas húmedas, cordel, mosquitero y repelente. Aunque el mensaje presenta todo como opcional y no como una disposición institucional, el conjunto describe una residencia para la cual los jóvenes deben intentar garantizar por cuenta propia equipos de cocina, higiene, ventilación, iluminación de emergencia y protección contra mosquitos.
La preocupación sanitaria no es abstracta en Villa Clara. A finales de julio, autoridades provinciales reconocieron altos índices de infestación de dengue en Ranchuelo, movilizaron más de 20 equipos de fumigación, habilitaron un centro de aislamiento y pidieron reforzar la vigilancia en Santa Clara, Manicaragua, Placetas, Santo Domingo y Sagua la Grande. La misma información oficial admitió “numerosas insatisfacciones” con el abasto de agua en la provincia.
El nuevo curso hereda, además, los contenidos y problemas del anterior. La UNESCO ya había advertido en febrero que más de 2.000 escuelas cubanas necesitaban apoyo urgente, estimó un déficit de 26.000 docentes y calculó que los ajustes de horarios y modalidades habían afectado a más de un millón de alumnos. El organismo propuso garantizar energía sostenible en 5.000 escuelas, apoyar a cerca de 80.000 profesores y entregar recursos a unos 600.000 estudiantes especialmente perjudicados por la crisis.
Trujillo afirmó que el país comenzará el curso “con todas las dificultades” y sostuvo que se trabajará para que ningún alumno quede atrás. El reclamo recibido por CubaNet plantea el problema en otros términos: “La presencialidad puede ser importante, sí, pero antes deberían existir las condiciones mínimas para sostenerla”.










