Oscar Elías Biscet, una visión para el cambio

Oscar Elías Biscet, una visión para el cambio

El gobierno se prepara para un salto evolutivo y el pueblo debe prepararse también

El doctor Oscar Elías Biscet y sus colaboradores del Proyecto Emilia (babalublog.com)
El doctor Oscar Elías Biscet y sus colaboradores del Proyecto Emilia (babalublog.com)

FORT PIERCE, Estados Unidos.- Haber recibido la Medalla Presidencial de la Libertad de manos de George W. Bush en 2007 ha sido uno de los más grandes momentos en la vida de Óscar Elías Biscet, líder en la oposición cubana devenido símbolo de varios movimientos políticos disidentes de la isla.

Sus recientes intervenciones ante el Congreso de los Estados Unidos se unen a su ejemplar trayectoria política, que incluye casi diez años en prisión y una labor encomiable en pos de la unidad del pueblo cubano, de manera especial a través del Proyecto Cívico Emilia, que ha conseguido más de 3 000 firmas de aquellos que quieren una democracia y acabar con el régimen comunista.

En su reciente visita a Radio y TV Martí, expresó que los gobernantes cubanos están “preparando el cambio evolutivo” del régimen, lo que merece ser analizado detenidamente.

Con el paso del poder a Raúl Castro, muchos tuvieron cierta visión acerca de un futuro con cambios. Otros, sumergidos en el escepticismo y el pesimismo que el propio sistema origina, se resistieron a creerlo. Lamentablemente, multitudes siguieron el curso de sus vidas sin pensar en lo que esto significaría para su país, ya sea por pura enajenación o por la pérdida de aquella capacidad inherente al hombre, el pensar, algo que se disipa y se pierde con frecuencia en los sistemas totalitaristas.

Pocas veces tienen lugar en la historia cambios radicales contundentes, las dos grandes guerras mundiales y otros tantos conflictos bélicos que se han extendido en el tiempo han sido precedidos por una serie de condicionantes, capaces de desencadenar finalmente un suceso. Es decir, dada la existencia de premisas no solo de carácter objetivo, sino desde el imperceptible pensamiento de los hombres.

Los cambios que revolucionaron a Europa Oriental hacia el último tercio del pasado siglo veinte, se gestaron durante un largo período de tiempo; hasta que los países involucrados estaban en su agonía, cual sombras espectrales, al comparárseles a sus vecinos del occidente, los que lograron poner bien alto sus economías y alcanzar grandes logros en numerosas áreas. Solo así advino el cambio, con rapidez desde la precepción de la apariencia,  pero muy lentamente en el tiempo cuando se le analiza con profundidad.

En el caso de Cuba, a pesar de que algunos no logran percibir los cambios a través de lo sutil, estos están teniendo lugar. Con una lentitud extrema, pero están ocurriendo, y la mayor prueba es el inicio de las relaciones con los Estados Unidos, algo prácticamente increíble y que con seguridad no hubiera ocurrido jamás bajo el mandato del delirante y olvidado viejo dictador. Este es, tal vez, uno de los tantos elementos preparatorios de ese cambio evolutivo para el que se prepara el propio gobierno cubano, que aunque se resiste a la transformación radical no le queda otra opción que aceptar un devenir histórico que trae consigo la desaparición de aquel ideal, por el que –se supone– lucharon hace más de medio siglo.

Biscet, con un discurso preciso y seguro, respaldado por la agudeza de su pensamiento previsor, ha sido capaz de teorizar –sin desprenderse de su práctica visión de siempre– en uno de los más polémicos puntos del entorno político cubano: el futuro no muy lejano del país, una vez que el dictador de turno deje su poder como ya ha anunciado públicamente.

Una de sus hipótesis consiste en un posible levantamiento armado de los propios militares, algo que pudiera parecer una utopía, pero no deja de ser una opción en un país donde todo es posible, y del cual han salido militares de alto rango y funcionarios de larga trayectoria dentro del régimen, estableciéndose en otros países y hasta uniéndose a ciertos movimientos políticos del exilio. Así, estos militares que Biscet reconoce como dignos, darían la merecida libertad al pueblo cubano.

Otra hipótesis consiste en que sea el pueblo quien le ponga fin a la dictadura, lo que se infiere sea a través de la no violencia, según los preceptos defendidos por el opositor desde que creara la Fundación Lawton por los Derechos Humanos, en 1997, con el objetivo de promover pacíficamente la defensa de los derechos, tomando como base el respeto a la vida; lo que está sustentado en el principio de la desobediencia civil no violenta, cuya fundamentación es más filosófica y antropológica que política, pero de utilidad indudable en el contexto de la modernidad de estos tiempos.

Gene Sharp, el político estadounidense contemporáneo, desarrolló su teoría de la acción no violenta como forma de lucha apropiada para el presente. La modernidad implica cambios en las opciones estratégicas, y la lucha pacífica que lentamente está asumiendo el pueblo cubano protagonizado por movimientos como las Damas de Blanco, UNPACU, Opositores por una Nueva República,  Fundación Lawton, Cuba Independiente y Democrática, entre otros grupos, son muestras convincentes de la realidad política de la isla.

La desobediencia civil pacífica propuesta por Sharp, y asumida inteligentemente como modelo por Biscet, es la forma ideal para derrocar a la dictadura. Desde el momento en que los gobernantes no tengan a quien dar órdenes por cuanto sus súbditos han dejado de obedecer, tendrá lugar una paralización del país, y ya  “hay un pueblo que está despertando, un pueblo que está pensando, y con ese pensamiento creo que el final está próximo”, ha declarado Biscet al abordar el tema del futuro de Cuba.

La terrible represión del gobierno cubano podrá impedir un levantamiento armado, que no es la propuesta ideal en nuestros tiempos, pero no podrá detener a todo un pueblo que se quede en sus hogares o que decidan sentarse en los parques durante días y noches en vigilia. La no cooperación se impone: no a desfiles y concentraciones, no a reuniones convocadas por el régimen, no cotizaciones de sindicatos y “organizaciones de masa”, no participar en los simulacros de elecciones, entre otras tantas acciones que son formas sutiles de ofrecer resistencia, siguiendo los principios de la desobediencia civil no violenta.

No solo los gobernantes han de prepararse para el cambio evolutivo, sino el pueblo, que debe continuar con ese despertar al que se ha referido Biscet, que lo conducirá de manera inevitable a los cambios que sí están ocurriendo, aunque algunos se resistan a admitirlo.

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