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sábado, 01 de noviembre 2014

A cada cual según su avestruz

Nuevo engendro del régimen: criar avestruces en Cuba para alimentar al pueblo

LA HABANA, Cuba, agosto, 173.203.82.38 -El avestruz ha tenido más de una aparición triunfante dentro de este vodevil que es la historia de la revolución cubana. La penúltima vez fue en los años noventa, cuando corrió la bola (jamás confirmada pero tampoco desmentida) de que los habaneros habían convertido en croquetas el único ejemplar del Zoológico de la Avenida 26, el cual más bien era un ñandú, tan viejo que posiblemente fuese abuelo de aquel sobre el que jineteaba el hijo de Juana en las historietas de Tarzán.

Luego se estuvo especulando durante algún tiempo sobre la posibilidad de que la UNEAC adoptase su imagen (la del avestruz, digo, antes de ser croqueta) para crear un logotipo, toda vez que entre los animales del patio ninguno representa tan cabalmente el pensamiento y la acción de los artistas y escritores cubanos adscritos al régimen: alas cortas, patas ágiles y con la cabeza enterrada.

Ahora vuelve el avestruz sobre sus fueros. Y de qué modo. Presentándose, es decir, presentado por Prensa Latina como un factor importante en la diversificación de nuestra economía nacional. Según un reporte de esa agencia, fechado en La Habana el 4 de agosto: “El Programa Nacional de Desarrollo del Avestruz del sistema de la Empresa Nacional para la Protección de la Flora y la Fauna, con la colaboración de la Agencia Española para la Cooperación Internacional y el Desarrollo (AECID), ha logrado resultados excelentes en los primeros pasos de la implantación de la ganadería del avestruz”.

Esto es en serio, por más que no lo parezca. Cuentan los entendidos que en 1959, había en Cuba una vaca por cada habitante, mientras que hoy existe una por cada tres, aunque sean muy pocos -casi nadie, excepto los caciques y sus protegidos-, los que han trabado contacto con esa tercera parte de vaca que les toca.

Y ahora resulta que debemos intentarlo con el avestruz, sin haber llegado a intimar nunca con la vaca, y sin que ni siquiera sepamos qué parte del avestruz nos corresponde a cada cubano, de acuerdo con los cálculos de los entendidos.

Tampoco hay que precipitarse. Ya nuestros caciques nos advirtieron que a ellos les gustan las cosas sin apuro. Y según el citado reporte de Prensa Latina, están dando los primeros pasos, aunque la cría de avestruces se inició en la Isla hace 16 años, o sea, en 1997 (por lo cual habrá que incluirla en el catálogo de los desaforados engendros de Fidel Castro), y sólo en el año 2007, fueron creadas las primera granjas productivas para la obtención, dicen, de alimentos sanos para el pueblo y para incentivar nuevos renglones exportables.

Sin embargo, para que se vea cuánto han avanzado, ya descubrieron que cada huevo de avestruz equivale a unos 23 huevos de gallina. De manera que ahora sólo falta que en el próximo congreso del partido comunista saquen la cuenta, para dictar un lineamiento estableciendo que cada dos meses y algo más, podrán vendernos por la libreta de racionamiento un huevo de avestruz per cápita, como sustitución a los 10 huevos de gallina que hoy nos venden mensualmente.

Otra reforma que podría ser incorporada en el próximo congreso del partido comunista sería la de otorgarle un avestruz a cada ciudadano. Así fomentan de paso la iniciativa individual, sin dejar de cumplir con aquel sabio precepto: “A cada cual, según su avestruz; y para cada avestruz, según lo que pueda cada cual”. Habría que lamentarlo verdaderamente por los avestruces que tengan que vivir en alguno de los más de 40 barrios marginales de La Habana, como no sea que aprendan a alimentarse con el excremento de los perros. De cualquier forma, no creo que permanezcan vivos lo suficiente como para necesitarlo.

Pero allá el que se almuerce su avestruz en los primeros días. Yo pienso utilizar el mío para huir de los cazadores del régimen a todo galope, como el hijo de Tarzán y Juana.

Nota: Los libros de este autor pueden ser adquiridos en la siguiente dirección: http://www.amazon.com/-/e/B003DYC1R0

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Acerca del Autor

José Hugo Fernández
José Hugo Fernández

José Hugo Fernández es autor, entre otras obras, de las novelas El clan de los suicidas, Los crímenes de Aurika, Las mariposas no aletean los sábados y Parábola de Belén con los Pastores, así como de los libros de cuentos La isla de los mirlos negros y Yo que fui tranvía del deseo, y del libro de crónicas Siluetas contra el muro. Reside en La Habana, donde trabaja como periodista independiente desde el año 1993.

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