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“Torre López-Calleja”: Era una sola, ahora son dos  

Torres K

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LA HABANA, Cuba. – La Torre K, la que habría de albergar el hotel más alto de Cuba y que popularmente los cubanos han bautizado como “Torre López-Calleja” (en alusión a uno de los militares-empresarios más poderosos de Cuba), pudiera tener menos altura y menos pisos que los anteriormente anunciados. 

De acuerdo con información ofrecida a CubaNet por fuentes vinculadas al Grupo de Administración Empresarial de las Fuerzas Armadas (GAESA) ―propietario, inversionista y ejecutor del edificio en construcción― la obra podría constar de dos bloques independientes de habitaciones en vez de uno solo, como fue proyectado inicialmente y difundida la información en la prensa oficialista.

Lejos de los 42 niveles que lo elevarían a unos 154 metros sobre la calle, el edificio que pudiera ser inaugurado entre finales de este año e inicios de 2023, terminará como una construcción de apenas 70 metros de altura, con dos bloques habitacionales de 20 pisos cada uno.

“La decisión de no construir la torre de 42 pisos para levantar dos torres gemelas de 20 pisos cada una se ajustaría a las normativas vigentes para esa zona del Vedado”, explica bajo condición de anonimato una funcionaria de Gaviota S.A., la empresa militar que asumirá la administración del hotel.

“Resolvería los problemas que estamos enfrentando ahora por la falta del equipamiento técnico que requiere algo así. Al final se ha impuesto el sentido común y, por supuesto, las protestas de la comunidad de arquitectos porque el edificio había sido calificado como una aberración, además de los gastos que supone mantener una torre de ese tamaño en un contexto económico tan golpeado como el de Cuba”, señaló la funcionaria.

Las torres de GAESA vistas desde el Coppelia (Foto: CubaNet)

Otro funcionario vinculado al proyecto, pero desde la empresa constructora Almest, principal ejecutora de la obra, confirmó a CubaNet que GAESA, a pesar de la decisión tomada por el Grupo para el Desarrollo Integral de la Capital (GDIC), máximo decisor en tales cuestiones, y aún contra las pautas arquitectónicas de la zona, continúa insistiendo en la construcción del rascacielos, que para muchos expertos constituye, además de un gasto innecesario de recursos, una “intrusión” en el espacio urbanístico habanero.

“No es la primera vez que el Gobierno de La Habana veta el proyecto. Con esto ya son cuatro ocasiones en las que hemos tenido que echar todo para atrás hasta que en 2018 logramos el permiso (…). Ha habido mucha presión de todas partes; incluso Eusebio Leal fue uno de los grandes detractores por la condición de Zona Protegida que tiene esa parte de El Vedado. Se han reunido firmas entre los arquitectos y ahora Planificación Física nos está obligando a acatar las disposiciones urbanísticas. Por otro lado, están las quejas de Meliá que no quiere un hotel que sobrepase el Habana Libre, que reste vista y sea una competencia difícil. Están echando mano a las leyes (…). Lo que sí es una decisión irrevocable es que la torre de 42 pisos ya no va. Al menos no en ese emplazamiento de la calle 23. Lo que se está haciendo es buscar otros emplazamientos lejos de La Rampa y del Casco Histórico, hacia la zona Oeste. Por ahora tendremos que conformarnos con dos torres más pequeñas”, asegura el funcionario de Almest. 

La ley existe pero nadie la cumple (mucho menos los militares)

A pesar de su alto grado de deterioro, El Vedado continúa siendo un barrio con grandes valores patrimoniales. Su cercanía al mar y la centralidad lo han mantenido como sitio altamente preferido para las inversiones, en especial las hoteleras, por lo que sus valores podrían estar en peligro, a pesar de que existen documentos regulatorios que controlan la ocupación de las manzanas, la intensidad en el uso, la altura de las edificaciones y sobre todo su imagen. 

Las ordenanzas ―que existen incluso desde finales del siglo XIX― no se cumplen aun cuando El Vedado es una Zona de Protección, como estipula la Resolución no. 154 de 1999, emitida por la Comisión Nacional de Monumentos, del Ministerio de Cultura. En ese documento se insiste en la conservación de la parcelación original de El Vedado como “uno de los elementos de máxima preservación, la conservación y desarrollo de los espacios públicos, la recuperación y potenciación de la centralidad del área y la preservación de la función residencial y de la vida comunitaria” (Resolución 154, Zonas de Valor Histórico-Cultural de El Vedado, Ministerio de Cultura, 12 de marzo de 1999).

“Las regulaciones existen pero nadie les hace caso, mucho menos los militares que ponen y disponen a su antojo”, afirma Reynaldo Montiel, arquitecto, exprofesor del Instituto Superior Politécnico José Antonio Echeverría (ISPJAE), en La Habana, y firmante de varias solicitudes independientes de anulación del proyecto de la Torre K.

Las dos Torres K, vistas desde la calle 23 (Foto: CubaNet)

“Están las Regulaciones Urbanísticas del municipio Plaza de la Revolución, publicadas en 1999 por la Dirección de Planificación Física y por el GDIC en 1998 (José Manuel Fernández Núñez, “Regulaciones urbanísticas de la Ciudad de La Habana”, GDIC, La Habana, 1998), pero esos son documentos y literatura que pocos conocen y nadie consulta, ni siquiera se habla de ellos en las carreras de Arquitectura o de Derecho. Los estudiantes salen de las universidades pensando que (en cuestiones de urbanismo y arquitectura) se puede hacer lo que se le antoje a cualquier persona con poder. (…) El Vedado tiene regulaciones bien claras sobre lo que no se puede hacer y ese hotel fue rechazado por varias comisiones desde el 2016. Primero se les negó la microlocalización, no como dicen por ahí que por sobrepasar el Habana Libre; se les negó porque existe una regulación que prohíbe edificios mayores de 25 pisos y 77 metros de altura, esa es la razón. Pero pusieron como argumento a su favor el propio Habana Libre, el Focsa, sin tener en cuenta que son edificios que rompen con la trama urbanística, que son intrusiones que se impusieron precisamente por violaciones de las normas (…). Una pantalla gigante de concreto y vidrio en esa zona de La Rampa es un disparate. No solo por el impacto visual, sino también porque es una zona donde hay sobreexplotación de las redes eléctricas e hidráulicas, que no están diseñadas para otra edificación de esa magnitud. No pueden resolver los problemas graves del Habana Libre y del FOCSA y van a enfrentarse a esto otro. Son casi 600 habitaciones que de ocuparse en un 70 por ciento tendrán un impacto negativo en todos los aspectos, incluido el transporte y el sistema vial. Pero aún sin ocuparse, por una cuestión de mantenimiento, supondrá un gasto de recursos enormes. Quien pensó eso está loco”, asegura el profesor.

De acuerdo con los testimonios de varios miembros de la comisión que rechazó el proyecto de la Torre K entre los años 2016 y 2018 (cuando finalmente fue aprobado, aún en contra de la decisión de los expertos convocados), las reuniones para analizar la viabilidad de la construcción se hicieron por formalidad, buscando la aprobación inmediata y confiando en que no habría oposición alguna.

“Hubo de todo, presiones, chantajes, corrupción a pulso, pero asombrosamente fuimos más los que nos plantamos que los que cedieron”, asegura un importante arquitecto bajo condición de anonimato por temor a represalias. “El proyecto fue rechazado no tanto por saltarse las ordenanzas sino porque es una evidente monstruosidad, algo fuera de contexto, difícil de armonizar con el entorno. Entre 2016 y 2018 recibí todo tipo de propuestas con el fin de que aprobara el proyecto y convocara a los demás a hacerlo. Dije que no todas las veces. Eso me pudo costar que dos proyectos en los que estaba trabajando para Gaviota fueran cancelados, pero di mi escándalo y todo quedó en la amenaza. Por eso cuando vi que lo aprobaron, aun con el rechazo de la comisión, no me sorprendió nada. Lo iban a hacer a pesar de todo. Nosotros éramos una formalidad”, afirma la fuente y agrega respecto de las regulaciones urbanísticas existentes:

“Las leyes que tenemos propician el desorden. Muy pocas son accesibles, la mayoría está dispersa en oficinas por ahí y nadie las consulta. Nadie las conoce. Cada cual las interpreta a su modo”, concluye el experto. 

Al respecto, en el artículo “La grande churrete de La Habana: Taller para las regulaciones urbanísticas de El Vedado” (“Regulaciones urbanísticas. Ciudad de La Habana. El Vedado”, Colectivo de autores, coordinado por la Dirección Provincial de Planificación Física de Ciudad de La Habana (DPPF-CH) y la Oficina del Historiador de la Ciudad de La Habana, 2007), el arquitecto Enrique Lanza señalaba las debilidades de todas las regulaciones urbanísticas existentes, lo cual facilitaba las constantes violaciones. 

Según el autor, “resultan en ocasiones difíciles de comprender, tanto por su lenguaje como por su estructuración; están organizadas de modo poco racional; contienen demasiadas proscripciones y pocas prescripciones, o sea que suelen indicar lo prohibido en vez de aconsejar cómo hacer bien las cosas”. 

Señala, además, que carecen de información gráfica necesaria para hacer más comprensible el texto, que están basadas en una zonificación funcional más que morfológica, lo cual dificulta regular los temas concernientes a la imagen urbana e incluso arquitectónica y, lo más importante, presentan lagunas legales que pueden prestarse a trampas, o lo que es igual o peor, a la discrecionalidad durante el proceso de microlocalización establecido por los reglamentos de inversión imperantes en Cuba.

Disminuye la altura, pero los gastos de inversión aumentan

Aunque ya no será el rascacielos que pretendía GAESA, las “Torres K” —en plural— mantendrán un número similar de habitaciones (564) y contarán con mayor cantidad de áreas de servicios y comerciales, restaurantes. Posiblemente hasta se agregue al proyecto una nueva piscina.

La torre única original de 42 pisos ha tenido el rechazo casi total de la comunidad de arquitectos de Cuba. Vista de las dos torres actuales (Foto: CubaNet)

“El nuevo proyecto contempla una piscina alta, de bordes infinitos en al menos una de las torres, y que estas puedan comunicarse a la altura del último piso”, declara bajo condición de anonimato otra fuente vinculada a Gaviota S.A. “Por el momento ya se ejecutan las dos torres y se ha hecho el acabado de los dos primeros pisos de cada una, al costo de unos 3 000 dólares por metro cuadrado en habitación estándar y hasta 5 000 (por metro cuadrado) en las habitaciones de lujo, que son más de la mitad de las 564 que tendrá el hotel (…). Con respecto al proyecto anterior hubo un incremento en los gastos, porque se calculó un costo por habitación estándar no superior a los 2 000 dólares por metro cuadrado, y menos habitaciones de lujo que no superaran los 4 000; esto es sin tener en cuenta los gastos de mobiliario más las nuevas áreas de servicio cuyos costos se reflejan en el presupuesto como gastos por habitación (…). Todos estos cambios harán que la inauguración se aplace posiblemente para la segunda mitad del 2023”, asegura la fuente, que además afirma que los costos en metro cuadrado por habitación, tan solo en ese hotel, superan la media de las inversiones en la Isla, incluso en la región del Caribe, para hoteles de cuatro y cinco estrellas, un detalle que llama la atención de los inversionistas y que, además, ha sido sistemáticamente reflejado en los informes como algo negativo pero que parece no preocupar a los altos directivos de GAESA.

“El costo de construcción de una habitación de hotel en Cuba normalmente está rondando los 1 000-1 500 dólares por metro cuadrado, sin el mobiliario, y pudiera crecer esa cifra cuando se trata de un hotel de categoría cuatro o cinco estrellas, pero en este caso (las Torres K) se trata de cifras enormes, jamás vistas en Cuba (…). Tiene que ver con el momento de crisis mundial, todo se encarece, pero igual es demasiado y no ha sido motivo suficiente para detener las obras y esperar un mejor momento. Allí no se está poniendo límites a nada. Si hay que salir a comprar un solo metro de mármol a Italia, se va y se paga lo que sea por traerlo”, termina el funcionario. 

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Socialismo: sinónimo de “chapucería

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Agromercado; Cuba; Encuesta, Cambio, Socialismo;
(Foto: Internet)

LA HABANA, Cuba. – En días pasados, nos enteramos de una información pasmosa: Según Heraldo de Cuba, Marino Murillo Jorge declaró que “cuesta más producir un litro de leche en el país que importarlo”. Como se trata de algo inverosímil, vale la pena reproducir el razonamiento (algún nombre hay que darle) que se ha seguido para llegar a esa absurda conclusión.

“Si una tonelada de leche tiene 10 mil litros” (y cuesta 300 dólares, comento), “entonces un litro de leche importada estaría costando 30 centavos. La leche que se le compra al productor cuesta 4.50 CUP”. Examinemos esas nuevas Cuentas del Gran Capitán: Al cambio normal, cada dólar o peso cubano convertible (CUC) vale lo mismo que 24 pesos en “moneda nacional” (CUP). Luego los 30 centavos equivalen, en realidad, a 7.20 pesos cubanos. Cuesta —pues— mucho más de lo que se le paga al productor nacional.

Aquí entran a funcionar las reglas locas establecidas por los incapaces que rigen la “economía socialista”: Lo de 24 por 1 rige para cualquier hijo de vecino que cambie una moneda por otra. En las “empresas socialistas” impera la falsa paridad de las dos. Entonces, afirmar que lo pagado por un litro al productor nacional es más que lo que cuesta importarlo, sólo es válido si se emplea esa jugarreta contable irreal y absurda.

Si el amigo lector ha logrado conservar su salud mental después de leer enormidades como las antes consignadas, entonces podemos pasar a lo que en realidad constituye el tema central del presente trabajo periodístico. Me refiero a las chapucerías consustanciales al socialismo, de las cuales la situación que estoy analizando constituye sólo un ejemplo más.

En puridad, no puede existir una equivalencia entre uno y otro precio: El producto importado es leche en polvo, alimento habitual en países hambreados, pues sólo requiere ser mezclado con agua. El del ganadero cubano, por su parte, es leche fresca. Al trazar un signo de igualdad entre uno y otro, se está poniendo de manifiesto la esencia chambona del sistema impuesto en Cuba. Sólo así se justifica la comparación.

Pero el caso no es único. Hay otras muchas situaciones en las que se revela que el socialista es un régimen de chapucerías. Pongamos otro ejemplo: el estado de las vías públicas (y conste que no me refiero sólo a las de un barrio periférico o un pueblo de campo, sino también a las del céntrico Vedado habanero, en el que resido).

Sólo por excepción las aceras están en buen estado. Lo más frecuente es que hayan sido rotas por las raíces de los árboles que abundan en esta zona de la ciudad. Otras han sufrido por el abandono de años, o han sido levantadas por el empleo de palas frontales para limpiar las acumulaciones de basuras y desperdicios. No es raro encontrar alcantarillas sin tapa.

Las superficies asfaltadas, a su vez, suelen presentar innumerables baches. Pero si no es ese el caso, entonces no es raro que estén a un nivel más alto que el de las aceras. Esto obedece a que quienes las reparan no se molestan en levantar la capa antigua de chapapote antes de echar la nueva. (Con esto, por cierto, pierden la oportunidad de reciclar el asfalto usado). En esos puntos, para pasar de la calle a la acera hay que descender, y viceversa.

Otro ejemplo es el de la prensa periódica. En la “otra era”, mi familia estaba suscrita al diario Información. No recuerdo una sola ocasión en que, al levantarnos a las seis y pico de la mañana, no estuviera ya en nuestro balcón el número del día. Bajo el castrismo, esto dejó de ser realidad. Se hizo habitual que los diarios pudiesen ser conseguidos sólo a media mañana.

Pero ya ni eso. En la actualidad, la prensa cubana parece una puesta en escena de la canción de Héctor Lavoe Tu amor es un periódico de ayer. Vendedores y clientes le plantean a uno, con la mayor naturalidad del mundo, que la prensa que circula y se vende en horas del mediodía de hoy es la de ayer. O sea: que ni para distribuir su propaganda son eficientes.

¿Y qué decir de la alimentación? Un solo ejemplo: el excelente café cubano, que durante años se cultivó en nuestras montañas. Tras la trepa al poder de los castristas, el fundador de la dinastía tuvo la peregrina idea de fomentar el llamado “Cordón de La Habana”. Elemento central de esa nueva obsesión del “Comandante en Jefe” sería la siembra de una nueva variedad de cafetos.

Se trataba del “café caturra”, una planta que produce un grano de calidad ínfima. A lo largo de los años, los capitalinos se vieron obligados a realizar “trabajos voluntarios” durante horas en el dichoso “Cordón”. Por suerte o por desgracia, no conozco a alguien que haya cosechado un solo grano o se haya tomado una taza del brebaje, aunque se trate del pésimo que puede confeccionarse con el “caturra” castrista.

Otra chapucería, más personal, es la que padecí cuando en la Biblioteca Nacional se me ocurrió consultar el Diccionario de la Real Academia Española. La empleada me miró como si yo fuese el bicho más raro del mundo. Imagino que haya pensado: “¿De dónde habrá salido este tipo?”. ¡Y eso en la capital de un país de habla hispana!

Los ejemplos pudieran multiplicarse. Con toda seguridad, los lectores podrían aportar muchos más. Lo importante es la conclusión ineludible: Si algo caracteriza al sistema socialista es la chapucería que le es consustancial.

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Eusebio Leal: para restaurar toda La Habana “necesitaría esta vida y la siguiente”

Eusebio Leal (Cuba Literaria)

BRUSELAS.- El director de la Oficina del Historiador de la Ciudad de La Habana, Eusebio Leal, afirmó que este organismo, responsable de la restauración de la capital de Cuba, “tiene que preservar la esencia de la ciudad ante grandes retos como los huracanes, los incendios y la llegada masiva de turistas”.

Leal lamentó que, para concluir la tarea que comenzó al frente de la oficina en 1981 “necesitaría esta vida y la siguiente”, ya que el trabajo que afronta necesita de dos bienes, “el tiempo y el dinero”, que son “difíciles de conseguir”.

Al ser preguntado por el papel del turismo, el historiador señaló que su trabajo “no es gestionar los flujos turísticos”, sino que pasa por restaurar La Habana para recuperar y generar un valor añadido que atraiga a los visitantes.

“El turismo ha de ser nuestro punto de encuentro con el resto del mundo, ya que, aunque estemos aislados geográficamente, nunca debemos estarlo en lo cultural”, afirmó Leal, quien añadió que Cuba es “el punto de encuentro cultural entre el Nuevo y el Viejo Mundo” y quiere que siga siendo así.

Los beneficios del turismo deben favorecer, dijo, a “la población local”, pero también hay que prevenir los efectos “nocivos, como el turismo de botella que vemos en lugares como Mallorca”.

Leal apuntó, a su vez, que la prioridad es “el bienestar de la población local”, ya que en cada manzana rehabilitada, además de viviendas “se crean escuelas, museos o espacios culturales”.

“Es tan importante recuperar el tejido social como la ciudad misma”, agregó.

Además del reto del turismo, la ciudad de La Habana y su integridad se enfrentan a dos desafíos más difíciles de evitar: los incendios y los huracanes, estos últimos de una violencia creciente.

“El cambio climático ha hecho que cada vez recibamos huracanes más potentes, y es una gran preocupación: el mismo ciclón que el año pasado destruyó Puerto Rico fue el primero de la historia que entró en la bahía de Santiago de Cuba”, señaló Leal.

Según relató, desde el punto de vista de la conservación y la restauración, un ciclón es “pavoroso”, ya que, en el caso del último que afectó a La Habana, el agua penetró un kilómetro tierra adentro, desertificando jardines, estropeando reservas de agua y sobrecargando el alcantarillado.

Pese a estos desafíos, Leal se comprometió a “seguir siendo la palanca que mueve el mundo” para una ciudad de casi quinientos años.

“El año próximo se cumplen quinientos años de la fundación de la ciudad, un momento en que, por primera vez desde el sueño carolingio, estuvieron tantos pueblos unidos por un mismo esquema político y un mismo concepto que trascendió y sigue presente en La Habana de nuestros días”, concluyó.

(EFE)




El Estado rompe, pero no arregla nada

LA HABANA, Cuba.- El municipio de Centro Habana es uno de los más desatendidos y densamente poblados de la capital cubana. Su fondo habitacional padece un deterioro extremo, el abasto de agua es irregular en algunos consejos populares y la insalubridad forma parte de la vida cotidiana. Los escasos inmuebles rehabilitados están vinculados al trabajo por cuenta propia, pues el sector privado se ha encargado, en interés propio, de remozar y embellecer hasta donde lo permite el caos circundante.

Más allá de las avenidas principales —Carlos III, Reina, Galiano, Zanja, Belascoain, Infanta y San Lázaro— que tampoco presentan óptimas condiciones, ninguna calle ha sido totalmente reparada en décadas. Como si el desgaste causado por el prolongado uso y el abandono estatal no fuesen suficientes, cada vez que el gobierno acomete acciones para sustituir las tuberías del gas, la fisonomía urbana del céntrico municipio queda peor.

Casi un kilómetro de la calle Salud se encuentra abierto en un canal irregular donde el vecindario vierte su basura sin escrúpulos, junto a las tuberías de agua potable que permanecen expuestas, con algún que otro salidero que nadie reporta porque a nadie le importa, y probablemente cuando terminen las obras el hilo de agua seguirá empapando la adulterada mezcla de piedra, tierra y cemento con que han de rellenar los huecos.

En ello ha transcurrido más de un mes. El reemplazo de tuberías es necesario, puesto que las anteriores ya no cumplen con los requisitos de explotación; pero para los habitantes es una molestia vivir durante tantos días envueltos en la nube de polvo que cubre cada centímetro de sus casas, soportando el hedor putrefacto de los desechos arrojados en las zanjas, o tropezando con montones de escombros que se acumulan en las esquinas, entrecalles y aceras.

A través de ese escenario de postguerra se abren paso, como pueden, ancianos en un riesgo inminente de caer y matarse, o romperse un hueso; que viene siendo lo mismo dadas las condiciones actuales de los sistemas de salud y asistencia social. Los niños corretean por los extensos canales y en las noches, cuando los trabajadores de la empresa Cupet se han retirado, cabalgan sobre las gruesas tuberías que en algún momento serán ensambladas.

Cada quien aprovecha a su manera el descuido, la morosidad y la falta de planificación de las entidades estatales, cuyos trabajadores se reúnen en torno al “cráter matriz” y extraen una pala de tierra por cada 15 minutos de incesante charla. La culpa por la demora es siempre de alguien más; del camión de recogida que no ha aparecido, de las herramientas de trabajo que faltan o fueron a buscar a quién sabe dónde.

El impacto ha sido especialmente negativo para La Flor de Loto y La Mimosa, dos de los restaurantes más frecuentados de La Habana que han visto su clientela diezmada por la inaccesibilidad, la suciedad y la precaria solución implementada por el personal para facilitar la entrada de los visitantes. Ambos establecimientos solían estar repletos día y noche, pero hoy sus mozos languidecen con el menú bajo el brazo, a la espera de clientes poco exigentes en cuanto a visualidad, higiene y comodidad.

Alrededor de la capital no hay un solo municipio a salvo de las chapucerías cometidas por Cupet o Aguas de La Habana; aunque a los barrios pobres les toca siempre la peor parte, pues la solución más sencilla suele ser colocar una capa de fealdad encima de otra.

Benigno, vecino de la calle Salud, ha encontrado el modo de tolerar el ruido ensordecedor del martillo hidráulico, la elocuencia soez de los operarios y el desastre generalizado; mas le preocupa sobremanera que siendo tan torpes en su trabajo afecten las conexiones del agua, un servicio que hasta el momento se ha mantenido estable y representa la única tranquilidad para los inquilinos de la zona.

“Es triste ver cómo están dejando esta calle que ya de por sí estaba mala”, dijo el anciano a CubaNet. Benigno reconoce que la indisciplina ciudadana empeora la situación; pero como tampoco se pone freno a ese problema, “el Estado no debería permitir que las obras demoren tanto (…) Aquí la gente ve un hueco y lo convierte en basurero. Por desgracia, es así”.

La sustitución de las tuberías de gas terminará en algún momento y con ello se resolverá una urgencia; pero otra cicatriz horrible quedará en el corazón de Centro Habana, municipio que por su ubicación podría considerarse el downtown de la capital cubana y luce como una aldea. Cada día amanece más roto y peor iluminado, lamentable realidad que no augura cambios a corto o mediano plazo.




Las barreras arquitectónicas son propiedad del gobierno

LA HABANA, Cuba.- En Cuba, las personas con discapacidades no escapan del férreo control que ejerce el Estado cubano en todos los aspectos de la vida de sus ciudadanos. Por eso, las organizaciones de ciegos y débiles visuales (ANCI), sordos e hipoacúsicos (ANSOC) y limitados físico-motores (ACLIFIM), son instituciones gubernamentales, dirigidas y supervisadas por el gobierno.

Estas organizaciones, que tanto divulgan y pregonan el supuesto bienestar de que gozan sus miembros en nuestro paraíso socialista, reciben escaso apoyo del Ministerio del Trabajo y la Seguridad Social, organismo responsabilizado por el gobierno para “atender” este sector, nada pequeño, por cierto: según datos oficiales, en Cuba son alrededor de 79 000 los afiliados con limitaciones visuales, auditivas o físico-motoras, sin contar a los que prefieren no afiliarse, pues no creen en las instituciones o no han recibido la orientación adecuada para considerar que clasifican para ello.

Al preguntarle a un joven ciego cuentapropista sobre la atención que recibe de la ANCI, me respondió: “Mire, hace más de tres años que en la ANCI me vendieron en 10 pesos cubanos un bastón de medio palo. Este que usted ve me lo mandaron de España, donde esas cosas son gratis. ‘Esta gente’ no da nada, pero aunque sea con el carnet pago la mitad del pasaje en los ómnibus. No obstante, sé que antes del 59 los ciegos no pagaban transporte”.

Ahora bien, en más de medio siglo de dominio absoluto, el gobierno castrista no ha logrado elevar las posibilidades de realización de las personas con alguna discapacidad (ni sin discapacidad, si viene al caso), o tan siquiera mejorarlas. Tampoco permite a ningún ciudadano emprender de forma independiente una acción que estimule la inclusión de estas personas en la comunidad.

Tal es el caso de Juan Carlos Linares Balmaseda y su esposa Anabel Borges. Esta es cuentapropista en un punto de venta de la agricultura, ubicado en Teresa Blanco y Pasaje Fernández, en Luyanó, municipio Diez de Octubre. Refiere la pareja que con el propósito de convertir su negocio en un “agro inclusivo”, se propusieron hacer una rampa para las sillas de ruedas, poner peldaños con barras de seguridad y estandarizar las medidas de los estantes para facilitar el acceso y la selección de mercancías.

Para lograr todo esto compraron los materiales. Pero necesitaban un permiso de construcción de Vivienda, el cual solicitaron pero nunca recibieron. A pesar de ello, Juan Carlos siguió insistiendo para que les aprobaran su proyecto comunitario y con ese fin lo presentó en diferentes instituciones afines: el Ministerio del Trabajo y la Seguridad Social, los gobiernos provinciales y municipales del Poder Popular, la Asamblea Nacional del Poder Popular y la Oficina del Historiador de la Ciudad.

Todas ellas lo recibieron con beneplácito, en principio. Convencido está Juan Carlos de que con este ejemplo se puede estimular a otros cuentapropistas a hacer lo mismo, y así, poco a poco, la población adquiriría una mayor cultura inclusiva. Pero a la larga, si bien ninguna institución rechazaba el proyecto, aún esperaba respuesta cuando un día se presentó en el punto de venta un inspector. Le impuso una elevada multa a Anabel, alegando que su licencia era de ayudante (el titular, su hijo, estaba viajando en ese momento), le quitaron la licencia y cerraron el lugar.

Tras infructuosos esfuerzos para ser atendido por el funcionario a cargo de estos asuntos, y recibir la misma negativa una y otra vez, un día, conociendo que este se encontraba en su oficina, Juan Carlos abrió la puerta y entró. El hombre se puso frenético, comenzó a dar gritos y llamó a los órganos represivos, que se aparecieron en motos, autos, perseguidoras, y se lo llevaron preso. Después de varios días de arresto, le pusieron una fianza y está en espera de juicio por desorden público.

El día 24 de octubre, sobre las 3 de la tarde, se presentó en el hogar de Anabel y Juan Carlos el jefe de sector primer teniente Rubén Miranda, con una citación para las 5 de la tarde del mismo día en la unidad de Aguilera. Juan Carlos pensó que sería para aclarar el asunto del agro con un oficial de la contrainteligencia que estaría presente. Al llegar, no había nadie, y lo encerraron en un calabozo. Pasadas más de dos horas, un policía que no comprendía por qué estaba allí, lo hizo subir, pero una oficial al verlo le ordenó que lo bajara de nuevo al calabozo. Allí lo tuvieron hasta las 9:30 de la noche.

En ese lapso, un capitán de la Policía, intrigado, se acercó al joven y le preguntó: “¿Por qué estás aquí?” Juan Carlos le respondió: “Si se lo digo, se va a reír”. Antes de dejarlo en libertad, la mujer policía le impuso una multa de 30 pesos por alteración del orden público (sic). Juan Carlos, que no había abierto la boca durante toda su estancia en la unidad, se limitó a mirarla interrogante.

Pero, según reflexiona, ya para entonces se había dado cuenta de por qué lo habían tenido más de cinco horas en el calabozo: esa noche se celebraba en su circunscripción la reunión de rendición de cuentas del delegado a sus electores, que hubiera sido el marco perfecto para exponer su proyecto inclusivo.




Cuba construye, pero no para los necesitados

LA HABANA, Cuba.- Según datos aportados por la comisión de Industria, Construcciones y Energía durante las sesiones de la Asamblea Nacional, el déficit del fondo habitacional cubano es de 883 050 viviendas, 30 mil más que en el año 2016. Las causas de este notable aumento que se traduce, como mínimo, en otros 60 mil criollos sin techo o viviendo en condiciones precarias, son adjudicables a la proverbial incapacidad del Estado en lo concerniente a la mala planificación de los programas de edificación; el desorden y la falta de exigencia durante el proceso constructivo; la pésima capacitación de los obreros y la malversación de los recursos.

Sobre estas cuestiones se habla una y otra vez, con tal efusividad que los ciudadanos renuevan la  esperanza en que las cosas cambien. Sin embargo, la noticia de que el número de personas sin hogar ha crecido, va en sentido contrario de lo llanamente alentador. Cualquier destello de fe se disipa ante las colas en los llamados rastros, custodiadas por agentes de negocios privados y transportadores que acuden para acaparar los materiales y luego revenderlos a tres veces su precio original.

Personas que han sido beneficiadas con un subsidio, o las que se hallan en proceso de construcción/reparación de sus viviendas por esfuerzo propio, están en abierta desventaja con los gestores que responden a inversionistas privados, dispuestos a pagar lo que sea necesario para levantar un negocio. Mientras el cubano raso demora años en construir o reparar una vivienda pequeña, ve emerger ante sus ojos hostales completos; señal inequívoca de que la fiebre constructiva que ha inundado La Habana, no se extiende precisamente a los necesitados.

José Javier Domenech lleva casi seis años construyendo su casa por esfuerzo propio. “Cuando me dieron la licencia, empezaron los problemas (…) Tengo todos los papeles en regla pero no hay materiales. He tenido que pagar los sacos de cemento a 200 pesos cada uno, y cada tira de cabillas a 6 CUC”, comentó a CubaNet.

José Javier culpa de su situación al gobierno; pero no por la mala gestión administrativa, sino por haber autorizado tantos negocios particulares. “Ahora todo el mundo construye a la misma vez y no alcanzan los materiales (…) Los particulares pagan lo que sea; pero la gente que tiene que inventar y reunir peso a peso, se las ve negras con estos precios”.

Muchas personas en su situación ignoran dónde está la verdadera raíz del problema. La suspensión en el otorgamiento de licencias a los emprendedores no es garantía de que las cosas vayan a mejorar, porque cada año el deterioro del fondo habitacional es mayor, y la emigración de pobladores de las zonas del centro y oriente del país hacia La Habana, trae consigo un incremento de la actividad constructiva que el gobierno no puede sostener organizadamente.

En la Asamblea Nacional se habló de incumplimientos e ineficiencia en el ámbito estatal; así como de la pérdida de la mano de obra calificada, que emigra al sector privado donde la remuneración es mayor. Sin embargo, los obreros no deciden trabajar para los particulares solamente por la paga; sino porque servir en obras del Estado implica lidiar con irregularidades en el abastecimiento de materiales, lo cual se traduce en jornadas improductivas y reducción de los ingresos.

No hay un plan constructivo sufragado por el Estado que se concluya en el plazo previsto. El proyecto de rehabilitación de la Terminal del Ferrocarril, que inició en 2015 para ser finalizado en 2018, no da muestras de avance. Más bien se aprecia un panorama de deterioro cuya restauración necesitará -ponderando la pereza e ineficiencia de las partes implicadas- tres años más y el doble de la inversión realizada.

Dentro del sector privado, por el contrario, no existe el tiempo muerto. Mientras la construcción de un edificio de apartamentos subsidiado por el Estado dura dos años -con un resultado final muy distante de ser satisfactorio-, un negocio particular se erige en apenas siete meses y queda perfecto.

Cuando un ciudadano como José Javier, que lleva años desgastándose para mejorar sus más elementales condiciones de vida, ve con sus propios ojos cómo -de la noche a la mañana- La Habana se ha llenado de restaurantes y bares, cae presa de una frustrante contradicción.

La sociedad cubana actual se manifiesta en una compleja dicotomía que va perfilando un nuevo orden social, marcado -entre otros aspectos- por el elevado poder adquisitivo de sectores en desarrollo. Ningún esfuerzo gubernamental para controlar la corrupción tendrá éxito, en primer lugar, porque las autoridades fomentan y participan de la ilegalidad.

Mientras los diputados a la Asamblea Nacional se deshacen en datos estadísticos y planes a largo plazo, en Vivienda los cuartos de solar son vendidos por 3 mil CUC; un proceso que pone en manos de ciudadanos desesperados e ignorantes de las leyes, usufructos que pertenecen al Estado; por tanto, su venta es ilegal y riesgosa para el comprador.

Cada discurso oficial sobre “control, cambio y prosperidad” reviste un sentido profundamente cínico. La propia realidad de los salarios en contraste con el alto costo de la vida, apunta a que la única forma de sobrevivir es cambiando el sistema o re-configurando la conciencia colectiva en función de ganar más dinero, por la vía que sea, para acceder a un modo de vida decoroso, imposible de lograr mediante la honradez y la legalidad.




Cuando una calle describe un país

LA HABANA, Cuba.- Oficialmente se nombra Avenida Máximo Gómez pero nadie la llama así. Incluso muy pocos de sus vecinos conocen que fue por esa arteria que el Generalísimo, frente al Ejército Libertador, hizo su entrada en la capital, un 24 de febrero de 1899.

Para todos los cubanos, ya sean de La Habana o del interior del país, la que también fuera nombrada, durante el período colonial, como Calzada de Guadalupe y del Príncipe Alfonso, no es más que la “calle Monte”, lugar que, desde muchísimo tiempo atrás, pareciera estar exclusivamente asociado a aquellos fenómenos sociales sobre los cuales pocos se atreven a hablar abiertamente dentro de Cuba.

Una simple dirección como “Monte y Cienfuegos” aún hay quienes la pronuncian en voz baja porque la esquina continúa asociada al comercio sexual, a pesar de que los prostíbulos y las casas de alquiler por horas, relativamente baratos, abundan de un extremo al otro de la bulliciosa calzada.

Monte, más que una calle, es ese espacio donde se desvirtúa la totalidad de esos proyectos hoteleros y turísticos que buscan ofrecer una imagen trucada, diferente a lo que en verdad son La Habana y sus habitantes.

El “circuito de oro” en que habrá de convertirse ese tramo comprendido entre el Paseo del Prado y el Hotel Saratoga, donde se incluyen tanto el lujoso Manzana del consorcio Fuerzas Armadas-Kempinski como el restaurado Capitolio Nacional, se interrumpe bruscamente a solo unos pasos de la Fuente de la India, allá donde comienza, transversal y demasiado incómoda, esa otra urbe, profunda, olvidada, oscura que no habla muy bien de la prosperidad y de lo sostenible de un sistema político en crisis.

Monte continúa siendo la zona de recalo de los más humildes, de los más excluidos en un país donde se sobran las exclusiones, de los que vienen huyendo de esa pobreza que tiende al endemismo, mucho más en el oriente cubano.

Bien entrada la madrugada, cuando la jornada laboral fue desastrosa en la Rampa o en el Malecón, es en las inmediaciones de la calzada, desde el Parque de la Fraternidad hasta la Estación Central de Ferrocarriles, donde terminan probando suerte prostitutas y pingueros, vendiendo sus cuerpos solo por un par de dólares, e incluso por un plato de comida o un lugar donde amanecer.

Sin embargo, las mañanas y las tardes no son muy diferentes a las noches. El conocido popularmente como “Parque de la Chispa”, en la esquina de Monte y Belascoaín, donde se alza una escultura del artista rumano Sandú Darié, es la meca de borrachos, drogadictos e indigentes.

Cada esquina del parque ha sido ocupada por los pordioseros habituales. El banco de la izquierda pertenece a un fulano, mientras que el de la derecha fue conquistado en una pelea entre dos que no poseen nada más allá del malestar de la propia existencia.

Muchos viven allí el final de una historia común que quizás comenzara como la de cualquier adolescente o joven cuyas opciones de triunfo personal se barajaron entre emigrar o quedarse, en un país donde el estudio, la inteligencia, la honestidad, el empeño, la buena educación no son garantías de futuro.

Fue un desamparado del parque el que me dijo que durmiendo sobre un banco se sentía mucho más seguro que en cualquier casa. Con solo mirar el entorno, se termina comprendiendo que no se trata de la opinión de un demente.

En toda la calzada no existe una edificación en buen estado constructivo. Aunque las estadísticas del municipio señalan que, en las cercanías, solo cerca de un 15 por ciento de las viviendas han sido declaradas como inhabitables, es evidente que la cifra pudiera ser superior debido al número de derrumbes totales y parciales que se registra todos los años, sobre los cien.

Decenas de comercios, estatales y privados, se han visto obligados a cerrar debido a las malas condiciones de los lugares donde están emplazados. Hileras de establecimientos clausurados bordean ambos lados de la calzada y, teniendo en cuenta que no existen planes inmediatos para el desarrollo local vinculado al turismo, en poco tiempo, probablemente en un par de años más, no quedarán comercios ni edificios que restaurar.

“Tal vez la estrategia sea la misma que en las zonas de playa o en el Casco Histórico, dejar que el tiempo se encargue de las demoliciones”, me dice alguien mientras conversamos sobre el asunto.

Aceras rotas, fosas desbordadas, hedor irresistible y mucha miseria es lo que, por ahora, tiene la Calzada de Monte para ocultar a los turistas y regalar a vecinos y transeúntes. Aun así, es una mínima parte del todo visible e invisible de una ciudad, un país, una realidad que no pueden ser comprendidos en su esencia desde el balcón de un hotel, una cartera de oportunidades de inversión o desde una mesa de conversaciones.




Un monumento socialista a la chapucería

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¿Una de las urbes más sucias del mundo?

LA HABANA, Cuba.- La Habana pudiera clasificar entre las ciudades más sucias del planeta. Ni siquiera las zonas más visitadas por los turistas, como el Casco Histórico, escapan a la mugre que, con los años, se ha convertido en una lamentable marca de identidad.

A pesar de ser la acumulación de basura uno de los problemas más urgentes a enfrentar en la capital, los programas y proyectos de rehabilitación de calles y edificaciones pocas veces lo ha tenido en cuenta, de modo que la suciedad siempre queda a la vista de todos, incluso obstruyendo la circulación de peatones y autos en las vías, obstaculizando el acceso de ómnibus y pasajeros en las paradas o estropeando las fachadas de edificaciones patrimoniales.

“No se piensa en cómo hacer desaparecer la basura cuando se comienzan nuevos proyectos. Simplemente se termina el lugar y después colocan tres, cuatro tanques en la misma entrada de la edificación, incluso a veces impidiendo la entrada o bloqueando la acera, la calle, es un desatino total, es como si no quisieran resolver el problema de la basura”, opina Carmen Benavides, arquitecta de la Dirección Provincial de Vivienda en La Habana.

Aunque, según declaraciones de varios funcionarios de la Dirección de Servicios Comunales de la capital, constantemente se diseñan nuevas estrategias para enfrentar el problema, hasta el momento no se ha encontrado una solución definitiva.

“Sigue acumulándose la basura a la vista de todos. El problema se aplaca un tiempo y luego regresa y es cada vez peor”, dice Gisela Torres, del Consejo de la Administración Popular en Centro Habana: “Se piensa que colocando más tanques recolectores en todas las esquinas se soluciona y no es así. Tiene que haber sistematicidad en la recogida de la basura, tiene que hacerse varias veces en el día y no una vez cada tres o cuatro días, o cuando los carros tengan combustible (…). Ya es hora de que comience a clasificarse la basura y que no todos los desechos vayan al mismo lugar porque sucede que vienen los buzos (recicladores) y para sacar las botellas y cartones echan todo fuera de los tanques”, considera la funcionaria.

Por su parte, Oscar Martínez de servicios comunales de la Habana Vieja, es de la opinión de que deberían establecerse horarios para que tanto las empresas como los habitantes de la ciudad saquen los desechos:

“A cualquier hora ves a la gente sacando la basura. Antes en La Habana había horarios, casi siempre era por las noches. La gente era incapaz de echar basura en las esquinas a cualquier hora. (…) cuando niño pasaba una carreta y tocaba una campana, entonces la gente sacaba la basura y la ponía a la entrada de la casa para que la recogieran. (…) Eso era en los años 50, cuando supuestamente había pobreza en Cuba, bueno, si ya se supone que hemos avanzado y hay más educación, ¿entonces por qué hay más suciedad?”, dice Martínez.

Se calcula que cada año alrededor de unos mil tanques recolectores nuevos son emplazados en las calles de la capital, sin embargo, en el mismo período de tiempo debe ser retirada una cantidad similar debido a su rápido deterioro.

“La gente los quema, los rompe para llevarse las ruedas para armar carretillas, los trozos de plástico los funden para hacer pozuelos, adornos de plástico, piezas de repuesto”, dice José Ramón Fuentes, funcionario de Comunales en la capital: “Tanques acabados de poner, al día siguiente ya no sirven para nada. (…) Las papeleras de metal se las roban para hacer palomares y corrales para animales. Las he visto en el campo en máquinas inventadas para cernir frijoles, arroz, rollón porque tienen agujeros. (…) También está el problema de la falta de emplazamientos para los recolectores, están en medio de la calle, y están expuestos a que los carros los choquen (…) son un peligro, pero a todo el mundo se le olvida buscarles un lugar, seguir el ejemplo de otras ciudades en el mundo (…) Uno no puede ver lo que ya es costumbre, eso pasa con la basura, nos hemos acostumbrado a vivir rodeados de basura, y no la vemos”, señala Fuentes.

Se prevé que en las próximas semanas comenzarán a implementarse nuevas regulaciones, coordinadas entre los gobiernos locales y el Instituto de Planificación Física, para intentar ofrecer una solución a la higienización en las principales zonas de la  capital.  Entre las medidas anunciadas estaría el establecimiento de horarios fijos para la recogida de los desechos, la imposición de multas y sanciones severas para las personas naturales y jurídicas que incumplan con lo establecido, además de la obligatoriedad de establecer emplazamientos que no obstaculicen las vías de circulación ni estropeen las fachadas de edificios.

No obstante, entre los funcionarios estatales hay poca confianza en la efectividad de las disposiciones debido a la magnitud del fenómeno que algunos han llegado a calificar como incontrolable por el excesivo gasto de recursos que implicaría ajustarse al cumplimiento de normas que no toman en cuenta la realidad económica.

Uno de los funcionarios entrevistados, del cual nos reservamos la identidad por petición suya, nos ha dejado con su respuesta varias interrogantes que quizás pudieran adelantar el fracaso de la iniciativa: “No es que no se pueda hacer, se puede hacer pero ¿con qué dinero? ¿Dónde está? Y si quitamos los tanques de la calle, ¿dónde los ponemos? ¿Vas a poner un inspector al lado de cada tanque? ¿Vas a vigilar a cada vecino que tire una jaba de basura desde el balcón?”.




Huracán ‘Gobierno’ arrasa el Parque Central bayamés

GRANMA, Cuba.- Desde febrero pasado la sombra fue desapareciendo progresivamente del parque central bayamés Carlos Manuel de Céspedes, mientras una brigada de demolición talaba, a ras de la tierra, los 39 flamboyanes que le rodeaban.

Este sitio, además de histórico, fue la primera Plaza de la Revolución que tuvo Cuba con ese nombre y constituía hasta hace poco uno de los espacios públicos más visitados y céntricos de la urbe bayamesa. Actualmente ofrece además servicios de wifi.

Hoy en el parque Carlos Manuel de Céspedes ronda una atmósfera de desolación… e insolación. La frescura de que antes gozaba ha sido trocada en tórrido vapor, y sus bancos de mármol con espaldares y brazos de hierro y su piso de granito pulido brillan al sol, mientras paseantes e internautas buscan refugio en los portales aledaños.

La fronda de los árboles que sombreaban el parque citado, ofreciendo frescura y purificando el aire, servía además a colonias enteras de aves, que hacían de ella su hogar nocturno y llenaban de trinos las mañanas y atardeceres. Según Rafael Reyes Tamayo, vecino del lugar, “después que cortaron las matas, una invasión de bichos (insectos) se aglomeran todas las noches alrededor del alumbrado público”.

El basamento de la decisión gubernamental local para la poda responde a la teoría de Jesús Catasús Guerra, licenciado en ciencias biológicas, quien argumentó ante la prensa local que “el framboyán amarillo no es un árbol para el interior de las ciudades. Crece rápido y corpulento. Sus raíces pivotantes, no profundas sino superficiales, dañan el contorno donde crecen y sus ramas por demás son quebradizas”.

La drástica medida, muestra de agresión al medio ambiente y destrucción del patrimonio local, fue antecedida por el talado total de los árboles de la cafetería El Viajero, aledaña a la Terminal de Ómnibus Nacionales y el Parque del Amor, frente al hospital provincial bayamés.

El talado alterno pudo ser la opción más ecológica y acertada, al permitir la sustitución parcial y equilibrada, dejando temporalmente algunas partes sombreadas, pero Bayamo, como el resto de Cuba, está lleno de obras a realizar por plazos que jamás son terminadas; los recursos destinados a las operaciones posteriores desaparecen o se destinan a otras obras, dejando colecciones de trabajos inconclusos.

Desacertadamente los árboles (Ficus benjamina) que sustituirán los difuntos flamboyanes, comparten características similares a los talados. El clima tropical y las altas temperaturas son favorables para un rápido crecimiento. Estas plantas pueden superar los 30 metros de altura en condiciones naturales.

Ejemplares de apenas dos metros de altura, sembrados como sustitutos, ya muestran gruesas raíces superficiales en los estrechos parterres donde han sido sembrados. Cuando alcancen la edad de los talados, los daños pudieran ser catastróficos.

Refiriéndose a la tala, Rafael, un vecino del lugar, opina: “Quizás fue necesario por el daño que hacían los gajos al caer y la previsión estatal ante futuros huracanes y los daños estructurales, pero también es cuestionable el daño ecológico que entraña la decisión; esas cosas no se pueden decidir por un solo factor en contra, sin tener en cuenta los factores ambientales, la comodidad social y mucho menos la afluencia de personas al lugar”.

Continúa, mientras señala el Hotel Royalton, ubicado frente al parque: “Ahí vienen cantidad de turistas y la vista principal es este parque. ¿Tú crees que con esta desolación les dé ganas de sentarse al sol o tomarse alguna foto en este desierto?”, no, que va, esas decisiones no se debían tomar a la ligera”.

Efraín Céspedes Luna, residente del poblado de Julia, afirma que, por un árbol cercano, su casa corre los mismos riesgos que el Gobierno Municipal ha querido evitar en el parque bayamés, sumándole una invasión de murciélagos. Sin embargo a pesar de sus múltiples gestiones nunca ha tenido ayuda de nadie.

La Promotora Cultural, Katy Rodríguez, reflexiona: “Aquí (en el parque) se hacen cantidad de actividades culturales, recreativas y celebraciones, incluso ha sido sede de graduaciones masivas y actos políticos. Yo no sé cómo se las van a arreglar para rescatar esas cosas, porque ahora solo se puede estar aquí después que cae la tarde. Por el día y a pleno sol, esto es una hoguera.

Su interrogante obtuvo respuesta durante la inauguración de la actual Feria del Libro en Bayamo. Se inauguró al amparo de la noche anterior, 13 horas antes del comienzo oficial de las ventas. Otras actividades vinculadas al evento, también han sido planificadas para el horario nocturno. Para la venta de libros en horario diurno, se han tenido que armar carpas, toldos y naves desmontables en las calles circundantes.

Otro aspecto ignorado por los antiecológicos decisores fue el valor sentimental e identitario de la talada arboleda. Muchos sienten añoranza de acontecimientos pasados, bajo la desaparecida sombra. Pasarán años antes de volverla a disfrutar en horario diurno.