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Pablo Milanés contra la dictadura cubana

Pablo Milanés, concierto

CDMX, México.- Pablo Milanés, fundador de la Nueva Trova  junto a Silvio Rodríguez y Noel Nicola, fue uno de los principales promotores del régimen cubano durante las primeras décadas de la Revolución. Milanés fue también un referente entre las principales voces del movimiento de izquierdas latinoamericano que veía en el gobierno de la isla un paraíso. Como prueba de su compromiso político, en la valiosa obra de Pablo, perviven varios canciones que fueron himnos en actos de propaganda gubernamental.

Sin embargo, con los años el autor de “Yolanda” dio un giro a su discurso sobre el gobierno de la isla. Desde los años 90 se pueden encontrar declaraciones críticas del músico y donde señalaba que había fracasado el sistema. Pasó el tiempo y las posturas de Pablo fueron menos tibias. Una de sus declaraciones más difundidas ocurrió luego del 11 de julio de 2021 cuando calificó de “represivo” al gobierno. Pero esta no fue la única.

Cubanet presenta cuatro declaraciones críticas de Pablo sobre el gobierno que un día apoyó.

Después de la caída de la URSS

En julio de 2021 escribió Pablo en sus redes “En el año 1992 tuve la convicción de que definitivamente el sistema cubano había fracasado y lo denuncié. Ahora reitero mis pronunciamientos”

El cantautor se refería a estos pronunciamientos: “Soy un abanderado de la revolución, no del gobierno. Si la revolución se traba, se vuelve ortodoxa, reaccionaria, contraria a las ideas que la originaron, uno tiene que luchar contra eso”.

Por esa época también en sus canciones se dejaba entrever la mirada de Pablo sobre la realidad cubana que vivía una profunda crisis y la decepción que muchos sentían.

Recordemos “Días de gloria”:  ”Vivo con fantasmas / Que alimentan sueños y falsas promesas / Que no me devuelven / Los días de gloria que tuve una vez”.

También en “Éxodo” describió la migración que se disparaba en la isla “¿Dónde están los amigos que tuve ayer? / ¿Qué les pasó? ¿Qué sucedió? ¿A dónde fueron? / Qué triste estoy”.

Stalinismo y represión

“El estalinismo sigue vigente, y la represión impide las protestas callejeras; la huelga es imposible porque no hay sindicatos independientes y la prensa cubana calla o es cómplice”,dijo Pablo en 2015 en declaraciones a un canal de televisión dominicano.

“Hay mecanismos represivos que no permiten la protesta en la calle, no permiten la libre expresión de los sindicatos”, dijo Milanés, quien advirtió que “el Secretario de los sindicato es del Comité Central del Partido o miembro del Buró Político del Partido Comunista de Cuba. Entonces, ¿qué independencia pueden tener los sindicatos para expresarse en la calle, en el sentido que de haya una huelga o algo? No puede haberla”.

El músico también alertó que “no puede haber reuniones de más de no sé cuántas personas” y que “no hay sentido de la libre expresión”.

“El pueblo cubano lo único que tiene ahora, y estoy hablando del 95%, es la esperanza. Lo demás son especulaciones, visiones, imágenes turísticas, informaciones falsas”, declaró en el programa Noche De Luz.

 

Sobre su paso por las Umap

En febrero de 2015 Pablo respondió así una pregunta del periodista Mauricio Vincent para El País sobre las UMAP.

“Nunca me han preguntado tan directamente sobre las UMAP (irónicamente Unidades Militares de Ayuda a la Producción). La prensa cubana no se atreve y la extranjera desconoce la nefasta trascendencia que tuvo aquella medida represora de corte puramente estalinista.

“Allí estuvimos, entre 1965 y finales de 1967, más de 40.000 personas en campos de concentración aislados en la provincia de Camagüey, con trabajos forzados desde las cinco de la madrugada hasta el anochecer sin ninguna justificación ni explicaciones, y mucho menos el perdón que estoy esperando que pida el Gobierno cubano. Yo tenía 23 años, me fugué de mi campamento —me siguieron 280 compañeros presos más de mi territorio— y fui a La Habana a denunciar la injusticia que estaban cometiendo. El resultado fue que me enviaron preso durante dos meses a la fortaleza de La Cabaña, y luego estuve en un campamento de castigo peor que las UMAP, donde permanecí hasta que se disolvieron por lo escandaloso que resultó ante la opinión internacional”.

En 2019, fue entrenado un documental donde Pablo narraba sus vivencias en los campos de concentración cubanos. Allí contó:

“Un día empezaron a llegar presos comunes al campo. Gente que había cometido distintos delitos y que estaban en cárceles habaneras, antiguas cárceles en el año 65, fundamentalmente el Castillo del Príncipe. Venían de allá y nos juntaron. Nosotros nos preguntamos, ‘¿qué sentido tiene esto? ¿Enfrentarnos? ¿O las cárceles están muy llenas y necesitan vaciarlas y traerlos para acá?'”, rememoró el trovador. “En fin, fue una idea oscura que nunca entendimos y que pudo haber ocasionado enfrentamientos.”

El trovador compartió también lo que sufrían las personas con identidades de género u orientación sexual no heteronormativas.

“En realidad los que lo pasaban peor aún eran los homosexuales. Una tarde se aparecieron camiones… Con una lista, unos oficiales, nombrando personas en una operación relámpago. Eso ocurrió en todos los campos de Camagüey, la misma tarde, cronometrado. Los recogieron a todos y los llevaron para guetos lejanos, y los aislaron juntos todos ellos”, señaló el trovador en el documental.

 

11 de Julio

El 24 de julio, tras las multitudinarias protestas en Cuba Pablo compartió esta declaración en sus redes.

“Es irresponsable y absurdo culpar y reprimir a un pueblo que se ha sacrificado y lo ha dado todo durante décadas para sostener un régimen que al final lo que hace es encarcelarlo. Desde hace mucho tiempo, he venido expresando las injusticias y errores en la política y gobierno de mi país. En el año 1992 tuve la convicción de que definitivamente el sistema cubano había fracasado y lo denuncié. Ahora reitero mis pronunciamientos y confío en el pueblo cubano para buscar el mejor sistema posible de convivencia y prosperidad, con libertades plenas, sin represión y sin hambre. Creo en los jóvenes, que con la ayuda de todos los cubanos, deben ser y serán el motor del cambio. A los 78 años seguiré expresando estas mismas opiniones mientras mi salud me lo permita”.

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From the UMAP Camps to the Axel Hotel

Axel Hotel

HAVANA, Cuba. – I was not writing for CubaNet yet when my friend, the writer Albertico Yáñez, was murdered. We never knew the reasons for his killing. We never knew if the police did a thorough investigation, we never learnt if they managed to identify the murderer. Rumors had it that the assassins were men in uniform, without specifying if they were from the police or from the Armed Forces. Rumor also had it that his friend, actress Susana Pérez, was the last person to see him alive.

Then, other murders occurred that I was able to report on CubaNet. One of them was that of Yosvani, whom all his acquaintances called “La Eterna” –the eternal one- because he always managed to recover from the opportunist illnesses that preyed on him after becoming HIV positive. “La Eterna” survived that damages caused by AIDS, but he did not survive the general homophobia. “La Eterna” was stoned to death in Pinar del Río. He did not survive after so many stones were hurled at him, after so much hatred.

I also reported on CubaNet about the murder of Ángel Herrera Oviedo at “Playa del chivo” beach. Ángel had no other home except that piece of coastline where young men make love to each other among the mangrove. Ángel never had a bed with clean sheets where he could undress. Ángel reacted to the passion of his desire and went looking for pleasure. He found death, instead. The mangrove hid the identity of the murderer. There, upon the rocky terrain, an Ángel was left to die. And at home, a Cuban mother kept on waiting for her son.

Maybe the whispers of waves against the rocky coastline and the scent of wet earth awaken to some degree those desires. But safety never accompanies those desires. Safety lies in the fluffy thalamus, even if it isn’t fluffy*. In Cuba, one can never rely on having a room and a bed where to make love to a lover, least of all when the lovers are two men. That is why, in Cuba, homosexuals resort to isolated places, and public bathrooms, and rooftops, and the urban ruins that kill our cities.

In Cuba, very few gay men own their own house, most don’t even own a room. In Cuba, families live in crowded spaces, and they are always fighting. Love and sex don’t always find the optimal space, the privacy that best suits love. In Cuba, many hotels are built, but very few houses. In Cuba, very few people can afford a hotel room. In Cuba, love is very expensive, sex is very expensive, and we already know that certain types of love became too costly, like homosexual love, which was paid for with prison, with the UMAP camps, and with other prisons.

In Havana, gays chose, and still do, buildings in ruin to fulfill their desires, like the one where the Parque Central Hotel was later erected, amidst the rubble and on top of obscure diseases. In Havana, one had sex amidst danger and in hidden places, far from the repressive and homophobic police. In Havana, men became sexually tangled in the back of what today is a hotel for LGBTIQ people. In the back of that Axel Hotel, in the rear of that space that now welcomes gay tourists, this new hotel where same sex couples will fornicate naked, if they pay what it costs, which is not little, it’s quite a lot.

The Axel Hotel, a property of Gaviota S.A. that will be managed by GAESA, will offer many amenities to homosexuals who come to Cuba “from far away”, from places where other tongues are spoken, where tongue kissing is the same as it is in Cuba. But those Cubans cannot enter the Axel Hotel to use their tongues, nor will they be able to stay at the hotel that will rise on the ruins of the once famous Moscú Restaurant, which, by the way, was also a meeting place for men, even if they got shit all over their shoes because the Moscú’s ruins were also a place where people went to defecate.

I ask myself about how the service at the hotel will be. Will it specialize in matters germane to its clientele? How will the waiters dress? Will there be housekeepers or latch masters? Will they be partly naked? Will there be fitness training or bodybuilding? How will muscular male staff react to the demands of a man in drag who just arrived from Massachusetts or Berlin?

Can the reader imagine what “the old town undertaker” * would say if he found out that Raúl and Díaz-Canel have built a hotel for “little phenomena” that resemble those “little phenomena” that met around the vicinity of the Capri Hotel, those who annoyed the commander-in-chief so much, those he shamelessly called “little phenomena”?

And how about those that could not withstand the abuse and today are dead? What will those who committed suicide say? What will the families of the dead say, or the spirits of the dead? What will Luis Pavón and Papito Serguera’s victims say? What will those two –Papito Serguera and Luis Pavón- say? Could it be that they will die all over again, this time out of anger and indignation? What would “La Eterna” say, and Albertico Yañez, and Ángel Herrera? And so many, many others? What will we say? What will we do? Will the answer be silence like always?

I am furious that now they will use us for their agenda. It’s outrageous that their coffers will fill to the brim thanks to the sweat of gays, lesbians and trans, and all the rest that will come from all corners of the world to enjoy Cuban flesh, the flesh of pingueros and jineteras – male sex workers and young female prostitutes- which even today are sent back to their home provinces because they illegally reside in Havana. Or can it be that temporary permits will be issued in order to service the tourists staying at the Axel Hotel? Will sex workers now become self-employed entrepreneurs who pay taxes? Could it be that our despotic rulers no longer care about exercising their chicanery without restrain? Could it be that they decided to build the hotel very near Central Park where “male prostitute central” is located. They had it all planned! They had it all perfectly planned!

*From the lyrics of Bodas Negras by Julio Jaramillo.

ARTÍCULO DE OPINIÓN
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De las UMAP al Axel Hotel

Axel Hotel

LA HABANA, Cuba.- Todavía no publicaba yo en CubaNet cuando asesinaron a mi amigo Albertico Yáñez, el escritor. Nunca supimos con exactitud las causas de la muerte. Nunca supimos si la policía investigó bien, jamás nos enteramos si consiguieron dar con la identidad del asesino. Los rumores advertían que fueron dos militares los matadores, aunque nunca si eran de la policía o miembros de las fuerzas armadas. También se comentó que su amiga, la actriz Susana Pérez, fue la última que lo vio con vida.

Luego vinieron otros asesinatos que sí conseguí denunciar en CubaNet. Uno de esos muertos fue Yosvani, a quien todos sus conocidos llamaban “La Eterna”, porque siempre conseguía recuperarse de las enfermedades oportunistas que lo acosaron después de infectarse con el VIH. La Eterna sobrevivió a los destrozos que provoca el Sida, pero no a la homofobia. La Eterna fue lapidada en Pinar del Río. Ella no pudo sobrevivir después de tantas pedradas, después de tanto odio.

Y también denuncié, desde este sitio, el asesinato de Ángel Herrera Oviedo en la “Playa del chivo”. Ángel no tuvo otro lugar que no fuera aquella costa en la que se aman entre mangles los varones. Ángel no tuvo una cama con sábanas limpias para desnudarse. Ángel respondió a la fuerza de sus deseos y fue a buscar el goce, pero encontró la muerte. Y los mangles escondieron la identidad del asesino, y allí, sobre el suelo rocoso, quedó muerto un Ángel. Y en la casa una madre siguió esperando al hijo.

Quizá el murmullo de las olas rompiendo en la costa rocosa, y el olor a tierra mojada, despierten en algo los deseos, pero nunca se acompañan de seguridad esos deseos. La seguridad está en el tálamo, aunque no sea mullido. Y no siempre se dispone en Cuba de un cuarto y una cama para enredarse con el amante, mucho más si se trata de dos hombres. Es por eso que en Cuba los homosexuales recurren a esos parajes desolados, y a los baños públicos, a las azoteas, a los muchos derrumbes que matan a nuestras ciudades.

En Cuba son poquísimos los gais que tienen una casa propia, son muchos los que no tienen ni un cuarto propio. En Cuba las familias viven hacinadas y peleándose. El amor y el sexo no siempre consiguen el mejor espacio, la privacidad que mejor abrigue al amor. En Cuba se levantan muchos hoteles, pero pocas casas. En Cuba son escasos los que pueden pagar un cuarto de hotel. En Cuba es muy caro el amor, es muy caro el sexo, y ya sabemos que también algunos amores llegaron a costar muy caro, como el amor homosexual, que se pagó con cárceles, que se pagó con las UMAP y otras prisiones.

En La Habana se escogían, se escogen todavía, los derrumbes para cumplir con los deseos, como aquel donde se levantó luego el Hotel Parque Central, en medio de escombros y sobre oscuras pestilencias. En La Habana se tenía sexo en medio del peligro y en lugares ignotos, en esos lugares alejados de la policía homofóbica y represora. En La Habana se enredaban los hombres en esas espaldas de lo que hoy es un hotel para personas LGBTIQ. En las espaldas de ese Axel Hotel, en el trasero de ese espacio que ahora recibe al turismo gay, ese nuevo hotel en el que las personas del mismo sexo o género se enredarán desnudas, si es que pagan lo que cuesta, que no es poco, que es muchísimo.

El Axel Hotel, que es propiedad de “Gaviota S.A”, y que será gestionado por GAESA, estará dotado de muchas bondades para personas homosexuales que vienen de “allende los mares”, de sitios donde se hablan otras lenguas, y se da lengua a lo mismo que dan lengua los cubanos, pero esos cubanos no pueden entrar a dar lengua al Axel Hotel, y tampoco podrán entrar al hotel que se levantará sobre las ruinas de lo que fuera el restaurante Moscú, que por cierto fue también un sitio de encuentro de hombres, aunque se embarraran de porquería los zapatos, porque a las ruinas del Moscú también se iba a hacer deposiciones.

Y me pregunto cómo será el servicio. ¿Será especializado en “el asunto”? ¿Cómo vestirán los camareros? ¿Existirá el ama de llaves o el amo de picaportes? ¿Estarán medio desnudos? ¿Y en el hotel Telégrafo se hará fitness o fisiculturismo? ¿Cómo responderán los empleados musculosos a las exigencias de una drag llegada de Massachusetts o Berlín?

¿Será que puede el lector imaginar lo que diría “el viejo enterrador de la comarca” si se entera de que Raúl y Díaz-Canel han levantado un hotel para hospedar “fenomenitos” parecidos a esos otros “fenomenitos” que entonces se reunían en los alrededores del Hotel Capri, esos que tanto molestaron al barbudo en jefe, esos a los que él llamara, sin ningún recato, “fenomenitos”?

¿Y qué dirán los que no soportaron y hoy están muertos? ¿Qué dirán los suicidas? ¿Qué dirán los familiares de los muertos y los espíritus de los muertos? ¿Qué dirán los parametrados por Luis Pavón y Papito Serguera? ¿Y qué dirán ellos mismos; el Papito Serguera y el Luis Pavón? ¿Será que volverán a morir, esta vez de rabia, de indignación? ¿Qué diría La Eterna, y Albertico Yáñez, y Ángel Herrera? ¡Y tantos, tantos otros! ¿Qué diremos nosotros mismos? ¿Y qué haremos nosotros mismos? ¿Será el silencio de siempre la respuesta?

A mí me enfurece mucho que ahora nos cojan pa’ eso. Es indignante que sus arcas se repleten con el sudor de gais, lesbianas y trans y de los que vendrán de todos los confines pa’ gozar la carne cubana, la carne de pingueros y jineteras que todavía hoy son deportados a sus provincias por ilegales. ¿Será que ahora tendrán transitorias para atender a los turistas hospedados en el Axel Hotel? ¿Será que será entonces el trabajador sexual un cuentapropista que paga sus impuestos? ¿Será que ya no importa a los mandamases hacer sus sinvergüencerías sin cortapisas? ¿Será que decidieron hacer el hotel bien cerca del Parque Central, donde radica el estado mayor de los pingueros? ¡Lo tenían to’ pensa’o! ¡Lo tenían to’ muy bien pensa’o!

ARTÍCULO DE OPINIÓN
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Operación Jacinto: recogida de homosexuales en la Polonia de los años ochenta

Operación Jacinto

MIAMI, Estados Unidos.- Operación Jacinto es una película polaca de este año, del director Piort Domalewski y presentada por Netflix, que ojalá encuentre su camino en las maneras alternativas que el ingenio del espectador cubano ha ideado para ver cine internacional de importancia.

El filme combina la aparición de un asesino en serie, que busca sus víctimas entre los homosexuales de la infausta Varsovia de mediados de los años ochenta, los pasos que dan las autoridades para atraparlo, así como el operativo de la policía política, que aprovecha tal circunstancia, para identificar, perseguir y asentar en una base de datos a las personas sospechosas de ser homosexuales abiertos o “enclosetados”.

“Jacinto” es una de las maneras peyorativas que existen en Polonia para referirse a los miembros de la comunidad gay. En el operativo homónimo del año 1985, 11 000 personas fueron registradas en la base de datos luego de sufrir prisión, tortura y chantaje, bajo la amenaza de ser reveladas sus identidades entre familiares y el resto de la sociedad.

La película se desarrolla como un thriller, abundante en intrigas y subtramas que conducen a sitios de insospechada violencia y corrupción, donde reina la impunidad de una policía que sólo debe rendirle cuentas a sus superiores, pero nunca a los estamentos tramitados de la justicia.

El sombrío contexto no resulta ajeno a lo acontecido en Cuba, pues resultó ser el mismo modelo asumido por el castrismo, cuando no pocos intelectuales solidarios guardaban la esperanza de que el socialismo de la isla tendría un rostro más humano.

Pero el tirano Fidel Castro desde temprano utilizó su amenazante tribuna para fulminar públicamente a la población gay, acusándolos de ostentar desvergüenzas, “vivir de una manera extravagante” con “pantaloncitos demasiado estrechos”, y querer “ir a sitios de concurrencia pública a organizar shows feminoides, por la libre”.

Además de intimidarlos, lo cual automáticamente sistematizaba la represión y el rechazo, terminó por encerrarlos bajo su entera responsabilidad -según le dijera a un periódico mexicano años después- en los campos de concentración de ayuda a la producción, las infames Unidades Militares de Ayuda a la Producción (UMAP): “Que no confundan la serenidad de la revolución y la ecuanimidad de la revolución con debilidades de la revolución. La sociedad socialista no puede permitir ese tipo de degeneraciones”.

Todos estos desmanes acontecían, como en el resto del llamado campo socialista, en medio del silencio y la complicidad de pensadores y líderes de opinión que no perdían la esperanza de la quimera comunista.

En el caso cubano hubo que esperar el estreno del documental Conducta impropia, dirigido por Néstor Almendros y Orlando Jiménez Leal, en 1984, para que miembros representativos de la comunidad gay cubana pudieran denunciar, en libertad, la ignominia a la cual habían sido sometidos durante años.

El protagonista de Operación Jacinto es un joven sargento con aspiraciones de ascenso mediante el apoyo de su padre, funcionario del aparato represivo político polaco conocido por sus siglas SB, similar al G2 cubano.

La SB decreta, sin muchas pruebas al respecto, la culpabilidad del asesino en serie, luego de someterlo a un violento interrogatorio. El hombre termina por cometer suicidio.

El novato agente del orden no está muy de acuerdo con la conclusión apresurada del caso criminal, debido a presiones ministeriales superiores, y decide explorar por su cuenta, previa autorización de la jefatura, haciéndose pasar por una persona que siente simpatía por la incriminada preferencia sexual.

La historia se complejiza cuando conoce a cierto estudiante universitario -durante una de tantas persecuciones policiales sufridas por la comunidad gay en sus lugares de encuentro- a quien utilizará eventualmente como informante.

Las escenas de interrogatorios en Operación Jacinto son deprimentes y crueles tanto por la violencia física empleada como la verbal, abundante en ofensas de toda laya.

La película retrata en tonos ocres y húmedos una sociedad pervertida y apunta a los culpables de tanto desasosiego. Descubre, al mismo tiempo, que ni miembros de la nomenclatura gobernante escapan a la posibilidad secreta de explorar las prácticas eróticas de lo que ellos consideran una casta maldita.

El cine cubano de ficción tiene en Vestido de novia (2014), de Marilyn Solaya y Fátima, o el Parque de la Fraternidad (2015), de Jorge Perugorría, aproximaciones al tema donde se elude la homofobia estatal.

Hubo que esperar al año 2016 con Santa y Andrés, de Carlos Lechuga, para ver en pantalla maquinaciones tan deleznables como los que presenta Operación Jacinto.

En ambos casos, el arte asume la responsabilidad de contarle a las nuevas generaciones historias del terror comunista que en muchas ocasiones son eludidas por nuevas versiones de la misma doctrina.

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Muere Alfredo Petit, obispo auxiliar emérito de La Habana que fue víctima de las UMAP

Monseñor Alfredo Víctor Petit Vergel, Cuba

MIAMI, Estados Unidos. – Monseñor Alfredo Petit Vergel, obispo auxiliar emérito de La Habana, falleció en la noche de ayer a los 85 años edad, informó en redes sociales la revista Palabra Nueva.

“Con profundo pesar damos a conocer que en las primeras horas de la noche de este 7 de agosto falleció Monseñor Alfredo Víctor Petit Vergel, obispo auxiliar emérito de La Habana. Pedimos a Dios que lo acoja en su Santa Gloria”, señala una publicación colgada en la red social Facebook.

Nacido el 24 de julio de 1936, Petit Vergel fue una de las víctimas de las llamadas Unidades Militares de Ayuda a la Producción (UMAP). Desde La Habana, el entonces sacerdote fue trasladado a Camagüey en junio de 1966. Allí debió realizar duras tareas, entre ellas la de la levantar una cerca con alambres de púa.

“Al llegar al campamento, la cerca perimetral de este no estaba construida. Al padre Petit y a otro recluta se les asignó levantarla con alambres de púas. Ambos la tuvieron que hacer sin guantes protectores. Cuando finalizaron, las manos de ambos estaban destruidas”, relata Palabra Nueva.

Meses después sería sacado de las UMAP junto a Jaime Ortega y Armando Martínez tras hacerse efectiva una orden militar por medio de la cual eran sacados de aquellos centros las personas mayores de 27 años.

Tras varias décadas de entrega al sacerdocio, el 15 de noviembre de 1991, Monseñor Alfredo Víctor Petit Vergel fue nombrado obispo auxiliar de La Habana por el Papa San Juan Pablo II. Casi dos meses después, el 12 de enero de 1992, recibió la ordenación episcopal en la Catedral de La Habana de manos del arzobispo Jaime Ortega.

Reseña Palabra Nueva que “al ser obispo auxiliar de La Habana, el entonces arzobispo Ortega lo nombró Vicario General y le encomendó la Vicaría de Víbora, Calabazar, Santiago de las Vegas, Rincón, el Centro sur habanero y la Isla de la Juventud, además, dirigió la comisión episcopal de ecumenismo e impartió clases de Derecho canónico en el Seminario de La Habana”.

En julio del 2012, el cardenal Ortega lo nombró vicario judicial de la arquidiócesis de La Habana, responsabilidad que mantuvo hasta su muerte.

Se mantuvo como párroco de la iglesia de San Francisco de Paula hasta el 27 de agosto de 2017.

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Las UMAP, un crimen del castrismo contra la juventud

Cuba, UMAP

(Foto de archivo)

LA HABANA, Cuba. – Desde que tomara el poder en 1959, la dictadura castrista creó y desarrolló instrumentos de represión que podían ser aplicados con diferentes variantes a todos los sectores de la comunidad nacional. Sus objetivos fundamentales fueron la oposición política, la iglesia y el sector productivo de la sociedad, porque tenían conciencia de que sin dinero no se podía hacer política. La prensa, la educación y los organismos de la sociedad civil, como sindicatos y colegios profesionales, también se encontraban entre sus prioridades.

Entre 1960 y 1961, Ernesto Guevara y Raúl Castro iniciaron una persecución oficial contra las prostitutas, proxenetas y homosexuales, pero también contra todo individuo que no ocultara su rechazo al nuevo orden. Los apresados en las redadas fueron concentrados en la distante e inhóspita península de Guanahacabibes.

Esta situación fue reseñada en un documento de la Comisión Interamericana de Derechos Humanos, con fecha 17 de mayo de 1963, que dice: “Y todo eso sin una sentencia escrita, hecho por un capitán de policía, sin procedimiento ni base legal y mucho menos constitucional, simplemente porque en un discurso el Sr. Castro dijo que los elementos ´antisociales´ tenían que ir a hacer su vida en aquellos campos de concentración. En Guanahacabibes hay cerca de 4 000 personas”.

Mientras esto ocurría, las cárceles estaban abarrotadas de prisioneros políticos. El paredón funcionaba y el acoso contra los que decidían abandonar el país había dado paso a los primeros y siempre presentes mítines de repudio.

En noviembre de 1963 se implantó en la Isla el Servicio Militar Obligatorio (SMO), otro instrumento de opresión e ideologización que merece ser estudiado en toda su crueldad.

Entre sus objetivos estaba la militarización de la sociedad y el adoctrinamiento político, a la vez que se impregnaba a las nuevas generaciones de un sentido de obediencia que sólo se adquiere en los cuarteles, en los que los comisarios políticos tienen más autoridad que el oficial de mayor graduación.

La capacidad creativa para reprimir y controlar no se agotaba y como una joya importante en la corona de opresión del régimen, surgieron las Unidades Militares de Ayuda a la Producción (UMAP).

Miles de jóvenes fueron literalmente secuestrados. Sacados de sus casas, centros de estudios y seminarios religiosos. Engañados unos y apresados por la policía otros, sin argumento que justificara arrestos y menos aún la deportación forzosa a la que fueron sometidos. Nunca fueron acusados formalmente y menos juzgados por un tribunal, por espurio que este fuera.

En su mayoría estaban en edad militar, pero no les llamaban al SMO porque la dictadura los consideraba “desechables”. El régimen no los quería con armas. No eran confiables. Eran jóvenes desafectos que incurrían en el pecado original de no creer en el castrismo, la nueva religión impuesta por los vencedores.

El mismo Raúl Castro, entonces ministro de las Fuerzas Armadas Revolucionarias, dijo: “En el primer grupo de compañeros que han ido a formar parte de las UMAP se incluyeron algunos jóvenes que no habían tenido la mejor conducta ante la vida, jóvenes que por la mala formación e influencia del medio habían tomado una senda equivocada ante la sociedad y han sido incorporados con el fin de ayudarlos para que puedan encontrar un camino acertado que les permita incorporarse a la sociedad plenamente”.

Les transportaron a la fuerza a campos de concentración alambrados, vigilados por militares. Recluidos en condiciones inhumanas, fueron obligados a trabajo forzoso en la agricultura. Les controlaban las visitas. Eran castigados con frecuencia y golpeados por esbirros uniformados que disfrutaban el dolor que causaban. Algunos se suicidaron y otros fueron asesinados por los carceleros. También hubo fusilamientos, como el de Alberto de la Rosa.

Las UMAP fueron un instrumento sofisticado de represión política que pretendía desacreditar a las víctimas, otro tipo de ejecución no menos despiadado que el paredón de fusilamiento. Decir que las UMAP se implementaron para buscar la reeducación social de los reprimidos es un argumento absurdo e irracional, porque el único objetivo era destruirlos por ser contrarios al régimen.

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Nelson Rodríguez frente al pelotón de fusilamiento

Nelson Rodríguez, Cuba, Mariela Castro, UMAP,

(Imagen: ‘1959. Hombre solo’, de Juan Abreu)

LA HABANA, Cuba. – Mariela Castro parece tener el don de la ubicuidad. Mariela Castro se nos aparece en cualquier sitio, hasta en la sopa, incluso en un relato de Ahmel Hechevarria que “Hypermedia” acaba de publicar. En ese texto de ficción que escribió Ahmel también aparece el escritor Orlando Luis Pardo Lazo encadenado al timón del taxi que maneja, un Uber; detrás están sentados el autor del relato y Mariela Castro. El texto es excelente, es descacharrante la idea del autor de juntarse con esos dos “personajes”. Es un delirio suponer a Mariela Castro bajo el mismo techo que Orlando Luis y Ahmel.

La ficción puede permitirse algunos delirios, suposiciones que hacen sonreír, desconcertado y quizá gozoso, al lector. La ficción puede ser, a veces, un terreno deleitoso, inquietante, pero también doloroso. La idea de juntar a Orlando Luis con Mariela bajo el mismo techo y en el espacio brevísimo de un taxi es maliciosamente “divertida”, carnavalesca casi, perversa, maravillosamente diabólica.

Los tres en un mismo auto, pero no en La Habana, que es la ciudad de los tres. Todos en un mismo auto, pero la geografía que desanda el vehículo que maneja Orlando Luis, en el sueño de Ahmel, no es la cubana. El chofer del taxi, con los otros dos viajeros, recorre Saint Louis, Missouri, aunque todo cuanto miran, en ese instante en el que “Mariela se quitó los espejuelos”, como el aya de la francesa, no es Saint Louis, y ni siquiera es La Habana. Lo que miran los tres, desde el auto, son las barracas de las UMAP.

Y ante esa visión advierte Mariela: “¡Mira, si es como si fueran a la escuela al campo! ¡Míralos!”. Y yo me reí con esa “salida” de Ahmel, y sentí rabia con esa perversión de la Mariela de ficción, que es idéntica a la de la realidad. Luego creció la irritación, justo cuando el narrador advierte la posibilidad de que ese tren que llevó a los alfabetizadores, al este del país, pudo ser el mismo al que luego subieron, unos años después, esos desdichados que viajaron para ser encerrado en las UMAP, allá en Camagüey. Y enfrentado a esa posibilidad escribí un post.

Y fue entonces que un colega, el escritor y periodista Luis Cino, me contó de un amigo suyo, del escritor Nelson Rodríguez. Luis me hizo notar a ese joven que fue alfabetizador, al muchacho que se montó en un tren, o sabrá Dios a que artefacto, soñando con la posibilidad de instruir a un montón de guajiros analfabetos. Nelson Rodríguez, el amigo de Luis Cino, viajó a algún oscuro rincón de la isla y dejó atrás el asfalto, y conoció el fango y los mosquitos, pero enseñó a leer, a escribir, quizá con el mismo empeño que Conrado Benitez y Manuel Ascunce Domenech, pero aun así la “revolución” no le perdonó que “comiera carne por la hendija”, y lo castigó, lo encerró en las malditas UMAP, sin importar que antes fuera maestro voluntario.

Y Nelson Rodríguez, ese joven de quien se dice que era hermoso y que despertaba enormes simpatías a Virgilio Piñera, no pudo perdonar el ultraje, como tampoco lo perdonan aún algunos amigos de Nelson, como Luis Cino, que escribió un cuento en el que habla al amigo que no está, y le recuerda cómo se habían conocido; le habla otra vez del hambre, del miedo, de la “posibilidad real” de ser encerrados en Villa Marista e incluso en Mazorra. Luis recuerda al amigo muerto, a toda una generación de hombres aterrados, cuando le escribe al amigo muerto.

Y también lo recuerda Reinaldo Arenas en un poema en el que habla a “un joven norteamericano” para advertirlo de lo que le podría sucederle en Cuba si se llamara Nelson. Reinaldo advierte a ese joven norteamericano de todo cuanto podría padecer si viviera por acá y fuera un muchacho. Arenas le cuenta lo que podría escuchar en una plaza de “celebraciones”, lo que podría vivir en un campo de concentración en Camagüey, en cualquier sitio de la isla.

Reinaldo Arenas advierte a ese joven, que no tiene porque llamarse Nelson, lo que podría sucederle si intentara escapar del país, al parecer la única manera de evitar el dolor, de evadir la cárcel, de esquivar las UMAP y las manos atadas, el repudio, los disparos que salen de un pelotón de fusilamiento, la muerte, el sufrimiento de los padres, de los amigos, el olvido, el silencio…

A Nelson, aquel que fue alfabetizador, no le quedó otro remedio que intentar la escapada secuestrando un avioneta. Esa “revolución” lo acosó tanto que amenazó a la tripulación, e incluso a los viajeros, mostrando una bomba. Nelson quería escapar, que era el único modo de salvarse, de sobrevivir, y amenazó, pero antes fue alfabetizador, antes fue encerrado en una de esas unidades militares de apoyo a la producción, UMAP, y no volvió a ser un hombre feliz, no pudo ser más un tipo equilibrado.

Nelson estuvo frente al pelotón de fusilamiento porque secuestró un avioneta, porque amenazó con lanzar la granada si no hacían el camino al norte, pero en el juicio nadie debió contar lo que llevó a Nelson a subir con la granada, a poner a todos tan cerca de la muerte. Quizá perdió un poco la razón; tan loco lo dejaron que amenazó con hacer explotar la granada si no hacían ese trayecto breve que separa a La Habana de Miami.

Nelson fue encerrado en La Cabaña y puesto luego frente al pelotón de fusilamiento, no mucho tiempo después de que fuera alfabetizador, un poco después de que los comunistas comenzaran a olvidar sus servicios a la patria, un poco después de que lo encerraran en las UMAP porque le gustaba “revolcarse” con otros hombres. Y yo no supe nada de Nelson, porque Nelson fue borrado de la historia de la literatura cubana.

Nelson Rodríguez murió espiado por las mirillas de unos fusiles que le apuntaban, pero antes estuvo encerrado, vigilado, y antes de estar encerrado conoció otra reclusión, esa vez en las UMAP, pero algo antes enseñó a leer y a escribir. Y quizá por eso me pregunto a que lugar fueron a parar esos muchachos a los que alfabetizó Nelson. ¿Será que accedieron al poder y olvidaron al maestro difunto? ¿Será que secuestraron una lancha? ¿Alguno de ellos habrá hecho en avión el viaje como embajador, como médico, para quedarse luego por allá? ¿Estará alguno en el fondo del mar? ¿Será que alguno de esos muchachos vio a Nelson a través de la mirilla y luego disparó?

Y es que a Nelson, aquel que fue alfabetizador, no le quedó otro remedio que intentar la escapada secuestrando un avión, no encontró otra salvación que morir delante de un pelotón de fusilamiento. Nelson Rodríguez no está desde hace mucho, y no son pocos los que desconocen de su existencia breve, de sus tantas tribulaciones; quizá por eso agradecí tanto el texto de Ahmel Echevarría, porque pone a Mariela Castro en un taxi que conduce Orlando Luis Pardo; ella detrás y él conduciendo, proponiendo el camino. Ella detrás, espiada por el ojo de Ahmel, que muy bien sabe contar, como también supieron Nelson y Reinaldo. Lo malo es que la historia de Nelson Rodríguez no tuvo ese final, tan abruptamente feliz, de las telenovelas.

Quizá nadie pueda reconocer el lugar donde está enterrado Nelson. Es posible que nadie le ponga flores, es casi seguro que ningún profesor menciona sus cuentos en un aula. ¿Tendrá Nelson una sepultura visible? ¿Permitirían a la familia honrar a su muerto? Y todavía dice Mariela Castro que las UMAP no fueron mucho más que una “Escuela al campo”. Las UMAP fueron el preámbulo de muchas escapadas, de algunas muertes. Las UMAP fueron el prólogo de un desastre que ya tiene muchos años.

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Entre la gloria y nada

Pablo Milanés

Pablo Milanés
Pablo Milanés. Foto captura de pantalla

A la memoria de Ricardo Barber, actor inolvidable, nacido en Placetas, Las Villas, el 5 de junio de 1937

MIAMI, Estados Unidos.- En abril de 1966, en pleno apogeo de las Unidades Militares de Ayuda a la Producción (UMAP), el ministro de las Fuerzas Armadas Revolucionarias, comandante Raúl Castro Ruz, declaraba:

“En el primer grupo de compañeros que han ido a formar parte de las UMAP se incluyeron algunos jóvenes que no habían tenido la mejor conducta ante la vida, jóvenes que por la mala formación e influencia del medio habían tomado una senda equivocada ante la sociedad y han sido incorporados con el fin de ayudarlos para que puedan encontrar un camino acertado que les permita incorporarse a la sociedad plenamente”. 

¿Suena esto, Mariela Castro, a inscripción en la Escuela al Campo?

Entre esos jóvenes se hallaba Pablo Milanés. “Yo era miliciano. Yo cumplía con los deberes ciudadanos, y como revolucionario también. [No obstante]… se estaba operando con cierto orden represivo que a mí no me gustaba, tanto en un sector como en el otro, la policía, el ejército.  Y ya yo me olía todo lo que venía, y lo expresaba”.

En el documental realizado por Juan Pin Vilar en La Habana, hace tres años, titulado “Pablo Milanés”, el mejor cantautor que ha dado Cuba en los últimos sesenta años recuerda esa etapa horrenda de su vida: “… me sentía revolucionario […] me engañaron de esa manera, el telegrama me citaba [diciéndome] que había sido elegido para el servicio militar, y lo que fue es que fui escogido para ser enviado a un campo de concentración”.

¿Qué parte de campo de concentración no comprendes tú, Mariela Castro?

“Aquello fue brutal, para un muchacho de 23 años. Estaba rodeado de guardias con bayonetas, y un guardia a cada lado de las puertas de los autobuses … muchos autobuses …. cientos de autobuses. No tuve tiempo de despedirme ni de mi madre ni de mi esposa, que me acompañaron…. En el fondo iba feliz, aunque no lo hubiera querido, pero me llamaban para un deber… y me iba satisfecho”, continuó diciendo Pablo Milanés, que pensó que aquello era “un error que han cometido, y empecé a documentarme”.

Cuenta que algunos amigos le enviaron libros. Dos tuvieron gran influencia en él, “sobre todo Un día en la vida de Iván Denísovich, de Alexandr Solzhenitsyn, me abrió los ojos sobre lo que iba a pasar. Leí también La montaña mágica, de Thomas Mann, y me di cuenta de lo que era estar encerrado en un lugar y tener que superarlo, estar aislado y tener que superarlo…”

“La libertad es una niña hermosa y pura/que nos violan al cabo de los años/cuando crece por encima de los árboles/sabemos que no va a sobrevivir”. [1]

Sus composiciones sus poemas se siguieron dando a conocer. “Elena Burke era a la primera que yo le entregaba mis canciones, porque ella las asumía. Incluso cuando yo estaba en las UMAP, cuando nadie hablaba de mí, Elena cantaba mis canciones y decía, con tono irónico: ‘…es de Pablito Milanés que no está aquí, que está pasando ‘el servicio’”.

Un anuncio en la prensa pudo haber sido en Juventud Rebelde, o en Granma y reproducido en el documental, reza:

Estos elementos, contra-revolucionarios y homosexuales, es necesario expulsarlos de los planteles en el último año de su carrera en la enseñanza secundaria superior, para impedir su ingreso en las Universidades. Para ellos solamente hay dos alternativas dentro de nuestra sociedad: o convertirse en elementos deleznables, o pasar a formar parte de las filas del ejército del trabajo y educarse allí en una actitud distinta, más acorde con la forma de pensar de nuestra juventud, para poder ganar en el futuro la oportunidad de que las masas vuelvan a tenerles confianza.

Entre ser “elementos deleznables” o integrar “las filas del ejército del trabajo”: ¿eran estas, Mariela Castro, las opciones de los estudiantes cubanos de secundaria circa 1965?

Virilidad y testosterona en cantidades industriales, y una ciega lealtad eran los requisitos de la Cuba fidelista de aquellos años. No mucho ha cambiado. En la clausura del 6to aniversario del Movimiento Juvenil Cubano, Armando Hart, ministro de Educación entre 1959 y 1965, pronunció las siguientes palabras:

“Queremos una juventud rebelde, una juventud que piense con su propia cabeza […] Una juventud de acero, dispuesta al sacrificio, una juventud que combata las tendencias egoístas, la blandenguería, el conformismo frente a los errores”.

¡Qué palabra tan ofensiva, misógina y homofóbica esa, blandenguería, en su acepción “debilidad moral, en exceso”!

Pablo Milanés recuerda que un día empezaron a llegar presos comunes al campo, presos que habían cometido diversos delitos y estaban en la cárcel del Castillo del Príncipe. “Nos juntaron…  Pensábamos: ‘Qué sentido tiene esto?’” Y añade: “Era una idea oscura que nunca entendimos”.

Según relata, quienes lo pasaron peor o peor aún  fueron los homosexuales. “Una tarde se aparecieron camiones con una lista, unos oficiales nombrando a gente, en una operación relámpago en todos los campos de Camagüey. Los recogieron a todos y los llevaron para guetos, lejos, y los aislaron a todos ellos. Nos juntaron a todos los que creían despreciables en un campo de concentración. La conclusión fue macabra”.

¿Una etapa “muy divertida”, Mariela Castro, como la Escuela al Campo a la que, según tengo entendido, tus revolucionarios padres no te enviaron?

“Nos cogió el efecto de Estocolmo…. Nos culpábamos de haber ido a parar ahí… porque todos los días nos lo decían: ‘Ustedes son árboles que han crecido torcidos’”. Ricardo Barber (QEPD) y Pablo escribieron una obra de teatro favorable a los que les habían llevado allí, y la representaron en la unidad. “Luego, Ricardo y yo nos dimos cuenta de que nos cogió el síndrome de Estocolmo, que habíamos sido un par de idiotas, y rompimos la obra”. La obra se puso una sola vez en el campamento, a pesar de que las autoridades militares dieron órdenes de que la escenificáramos de nuevo.

Continúa el cantautor narrando la peripecia de su fuga del campamento, con un compañero, y sobre cómo llegaron a pie hasta Sancti Spiritus. “Sí, me fugué…. Ya los aviones espías de EEUU los U-2 habían retratado los campamentos desde el aire. Ya había escándalo en la ONU, y se decía que iba a haber una reunión, que aquello se terminaba, pero solo redujeron la altura de las cercas de alambre, de 23 pelos las bajaron a 14 pelos … Por los alambres no era posible escapar”.

Catorce pelos y un día / me separan de mi amada. / Catorce pelos y un día / me separan de mi madre. / Y ahora sé a quién voy a querer / cuando los pelos y el día / los logre dejar.[2]

Pablo Milanés explica que el régimen no lo internó en los campamentos de las UMAP por homosexual, drogadicto, o contrarrevolucionario. “Fue por mis opiniones respecto a la Revolución… a partir de un revolucionario que era lo suficientemente liberal para decir lo que pensaba abiertamente”.

Mariela Castro, funcionaria servil, que sigues defendiendo al opresor de cubanos por más de sesenta años. En su nombre, mientes. Haciéndole el juego, minimizas los horrores infligidos a los miles de hombres que tu ligereza pretende ningunear. No sigas repitiendo disparates y falsedades: las UMAP sí fueron campos de concentración, de trabajo forzado, de ignominia y tortura. La Historia no absolverá a los verdugos. Y no lo dudes: a Pablo Milanés le acompañará la gloria eternamente. A ti, probablemente nada.

[1] La libertad. Canción de Pablo Milanés.

[2] Catorce pelos y un día.  Canción de Pablo Milanés, compuesta en 1966.

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El socialismo cubano en estado de descomposición

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Raúl Castro junto a Manuel Marrero y generales de las FAR (foto: JR)

LA HABANA, Cuba. – Entre los últimos desatinos de la élite verde olivo y sus asociados, vale la pena destacar el protagonizado por el ministro de Economía, Alejandro Gil Fernández y el que días antes llevó a cabo, Mariela Castro Espín, la representante del oficialista Centro Nacional de Educación Sexual (CENESEX).

Tal parece que hubiera una competencia por llevarse el mayor número de burlas y cuestionamientos en el ciberespacio a partir de las barrabasadas expuestas en algunas de las plataformas mediáticas bajo la tutela del partido.

El internet ha roto, para siempre, el blindaje del discurso oficial. Atrás quedó la época en que los representantes del oficialismo exponían a mansalva sus bulos. Ahora parafraseando el conocido texto del poeta Nicolás Guillén, “tienen lo que tenían que tener”.

El monopolio informativo del poder es historia. La crítica a sus habituales desaciertos por parte de internautas de dentro y fuera de Cuba, una realidad cimentada sobre la oportunidad y el deseo de expresarse, al margen de la censura, abierta y solapada, que aún constituye la base para la consolidación de las unanimidades en torno al sistema doctrinal establecido.

Lo cierto es que la legitimidad del socialismo es cuestionada una y otra vez desde las redes sociales, más allá de los esfuerzos por ponerle freno a través de astronómicas multas, confiscación del teléfono y amenazas de terminar en la cárcel.

En referencia a la petición del primer ministro de que personas naturales accedan a donar dinero a las arcas gubernamentales para paliar la escasez de alimentos, hay que tomarla como una broma. Es el colmo de la insensatez. La evidencia del irrespeto, largamente practicado, contra una población que ha tenido que sobrevivir a merced del racionamiento, el trabajo indigno, los bajos salarios, las precarias condiciones habitacionales y un miedo atroz a manifestar cualquier signo de descontento.

En la alocución salta a la vista la mentalidad esclavista que prevalece en las máximas estructuras del poder. Son los capataces exigiéndole a la dotación más sacrificios para conservar las mismas reglas de un juego que suelen llamar socialismo, concebido, según sus fundadores y herederos “para el pueblo y por el pueblo”.

Sencillamente, la desvergüenza toca fondo en un momento que se recrudecen los golpes de la supervivencia, debido al brutal impacto del coronavirus en una economía que viene jadeando desde hace mucho tiempo debido, en primer lugar, a los corsés del centralismo.

En vez de predicar con el ejemplo, el alto funcionario opta por exprimir los exhaustos bolsillos del proletariado nacional.

Su sueldo y prebendas son intocables. También la vida que se gasta su familia en aviones privados y lugares exóticos del primer mundo.

El segundo caso, no es menos patético. Decir, con la naturalidad de un niño, que la estancia en las tristemente célebres Unidades Militares de Ayuda a la Producción (UMAP), fue una aventura pasajera, y en cierta manera, divertida, como aquellas Escuelas en el campo, donde eran enviados los alumnos de secundaria, durante 45 días, a realizar labores agrícolas, es de un impenitente cinismo.

Con esta alusión, Mariela Castro se anota otro punto en el muro de la infamia.

Para derrumbar ese mito que intenta construir, encima del dolor de miles de personas que pasaron por esa prueba, solo por ser homosexuales, practicar alguna religión o tener criterios discrepantes con el dogma que se imponía fervorosamente en la segunda mitad de la década del 60 de la pasada centuria, basta repasar el testimonio del renombrado cantautor, Pablo Milanés, quien fue huésped de esos infiernos, en un documental filmado en Cuba en 2017 por el realizador Juan Pin Vilar.

Sus palabras hacen añicos, los intentos de la hija de Raúl Castro de minimizar una de las experiencias más terribles en el contexto de una revolución que naufragó en sus propias contradicciones.

La UMAP, fueron campos de concentración, como afirma Milanés con la humildad y aplomo que lo caracterizan.

A la espera de una nueva ronda de embustes y pifias desde las encumbradas zonas del poder central y sus áreas adyacentes, no estaría de más recordarles que los esclavos tienen internet, lo cual quiere decir que se acabó la impunidad desinformativa.

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Pablo Milanés asegura que las UMAP sí fueron campos de concentración

Pablo Milanés

Pablo Milanés. Foto captura de pantalla

MIAMI, Estados Unidos.- En el documental que el realizador cubano Juan Pin Vilar hizo sobre el cantautor cubano Pablo Milanés, el reconocido artista habló de varios temas que marcaron su vida, incluida su traumática experiencia en las Unidades Militares de Ayuda a la Producción (UMAP).

“Juntaron a todos los que consideraban despreciables en un campo de concentración”, dijo Pablo Milanés al referirse a los lugares que justamente Mariela Castro, la hija del dictador cubano Raúl Castro, y directora del Centro Nacional de Educación Sexual (CENESEX), dijo que no eran más que escuelas al campo.

En las UMAP el régimen castrista reunió a muchos cubanos por sus ideas, su orientación sexual, por ser contrarrevolucionarios o por cualquier otra actitud contraria a los ideales que el difunto dictador Fidel Castro promovía.

“Los recogieron a todos, la misma tarde a la misma hora, en camiones, y los llevaron para guetos, se puede decir”, aseguró el cantautor, sin embargo, dijo que los que peores lo pasaron fueron los homosexuales.

Pablo Milanés dijo que sus opiniones respecto a la revolución fueron los motivos por lo que lo encarcelaron en un campo de las UMAP, pues era bastante liberal y decía lo que creía delante de quien fuera.

El cantautor contó que creo en esos campos de concentración una obra de teatro, junto a Ricardo Barbera, que contaba lo que estaba sucediendo. “Tenía el síndrome de Estocolmo”, y se sentían culpables porque entre otras cosas eso eran lo que les decían todos los días: “ustedes son culpables, ustedes son árboles que han crecido torcidos”. Finalmente terminaron por romper la obra.

En el documental Pablo Milanés contó cómo se fugó de las UMAP, y que los escuadrones de la lucha contra bandidos de Fidel Castro eran los encargados de apresar a todos aquellos que lograban escapar.

“Me sentía revolucionario. Y cuando me engañaron de aquella manera, que me mandaron un telegrama donde me decían que había sido elegido para el servicio militar y en realidad fui elegido para un campo de concentración. Para un muchacho de 23 años eso fue brutal”, aseguró.

Y agregó, “cuando te haces más maduro eres más escéptico. Ya no crees, simplemente sobrevives y te dedicas a lo que sabes hacer”.

El documental estará disponible en Vimeo hasta el próximo 19 de mayo.

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