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¿Se disculpará Raúl Castro por la masacre del 77 en Angola?

Raúl Castro, Cubanos, Angola

LAS TUNAS, Cuba. ─ En vísperas del 44 aniversario de la masacre ocurrida en Angola el 27 de mayo de 1977, el presidente de ese país, João Lourenço, pidió disculpas al pueblo por la matanza perpetrada por el régimen de Agostinho Neto, que contó con el apoyo irrestricto de las tropas cubanas.

En su alocución, Lourenço señaló que no era el momento de señalar culpables. Sin embargo, dejó claro la importancia de que cada una de las partes responsables de la matanza asumiera sus responsabilidades.

Aunque en Cuba las declaraciones del gobernante angolano no tuvieron repercusión,  valdría la pena apuntar hechos históricos desconocidos para los cubanos, o que solo han sido abordados desde el relato castrista.

El pasado 27 de mayo se cumplieron 44 años de que partidarios del exministro del Interior Alves Bernardo Baptista ─más conocido como Nito Alves─ enfrentados al gobierno de Agostinho Neto fueran cercados por tanques y tropas mecanizadas cubanas, para luego ser detenidos, torturados y ejecutados extrajudicialmente.

Sobre los hechos, el diario belga Le Soir apuntó: “cuando los estudios de la radio fueron invadidos por el grupo pro Neto, uno podía escuchar claramente, a través de las ondas, el característico acento de Cuba”.

Pero si el redactor de Le Soir hubiera tenido a un cubano al lado conocedor del modo de hablar en las distintas regiones del archipiélago caribeño, hubiera podido ser más preciso, porque lo que se “podía escuchar claramente a través de las ondas” era el característico acento de un cubano de Santiago de Cuba.

Raúl Castro había designado al entonces coronel Rafael Moracén Limonta jefe de la guardia personal del presidente Neto y de las fuerzas encargadas de su defensa, que incluían tanques y vehículos blindados, con los que cercaron a la Novena Brigada FAPLA y el barrio de Sambizanga, dos de los focos de rebelión.

Nacido en Palma Soriano y criado en Santiago de Cuba, Moracén Limonta, antiguo guerrillero de la Sierra Maestra devenido jefe de unidades de tanques y de operaciones internacionalista, fue apodado “Quita Fusil” por su habilidad desarmando a adversarios personalmente.

Pero, aunque fuera un primer oficial, al hacerse cargo de la seguridad personal del doctor Neto, el coronel Moracén ─tanquista de profesión, un artillero y no un oficial operativo─, si antes no tenía una orden de nivel superior, fundada en información de inteligencia, como mero jefe de la guardia presidencial, no podía tener acantonada permanentemente y bajo sus órdenes una dotación de tanques, transportes blindados y hombres en las afueras de Luanda, listos para entrar en acción.

El coronel, luego general Moracén, lo ha dicho elogiando la capacidad de previsión de su jefe. Mantente a la “viva”, recuerda Moracén que le dijo Raúl Castro en La Habana a principios de 1976, ordenándole que preparara una unidad militar específicamente destinada a la protección de Neto, previendo la sublevación que finalmente sucedió.

Lo que no ha dicho el general Moracén es que sin la participación de las tropas cubanas ─y la suya personalmente─ la masacre del 27 de mayo de 1977 no hubiera podido ocurrir porque Agostinho Neto hubiera estado en igualdad de condiciones que sus conciudadanos y no protegido por militares extranjeros dotados con armas blindadas.

En el caso de Nito Alves, fue ministro del Interior desde que el Movimiento Popular para la Liberación de Angola (MPLA) tomó el poder el 11 de noviembre de 1975 hasta octubre de 1976, cuando fue destituido por sus críticas al gobierno de Neto, al que acusaba de anticipar intereses de poder y riqueza personal sobre el bienestar del país. Se le acusó de ser prochino y luego prosoviético, las mismas teorías conspirativas difundidas en Cuba.

A Nito Alves y a José Van Dúnem los destituyeron del Comité Central del MPLA el 21 de mayo de 1977. A ambos los seguían otros importantes integrantes del MPLA (intelectuales, estudiantes, militares, policías y la Novena Brigada FAPLA) que, sincronizadamente, a las cuatro de la madrugada de ese día, tomaron la cárcel de São Paolo y la Radio Nacional de Angola.

Como antecedente histórico no debe olvidarse que el inicio de la lucha armada contra el colonialismo portugués en Angola parte, precisamente, de la prisión de São Paolo. El 4 de febrero de 1961, hombres y mujeres armados de palos y machetes atacaron la penitenciaría para liberar a los presos políticos condenados a muerte. Pero, aunque la respuesta del régimen colonial por el ataque a São Paolo también fue la persecución y el asesinato, esos crímenes nunca pueden compararse con la matanza cometida por el régimen de Neto contra su propio pueblo, con la participación unas veces por acción y otras por omisión de las tropas cubanas.

Según cifras del propio régimen de Neto, unas 300 muertes ocurrieron por los sucesos del 27 de mayo de 1977, al que llamaron “intento de golpe de Estado” y no sublevación popular. Sin embargo, Amnistía Internacional considera que los muertos fueron 30 000, mientras otros investigadores elevan esa cifra hasta 90 000 fallecidos.

Un médico cubano bajo condición de anonimato dijo que él se encontraba en un hospital en Moxico cuando el 28 de mayo llegaron tropas leales a Neto. Los efectivos tomaron a 27 angolanos, los fusilaron a plena luz del día en presencia de cubanos civiles y militares y luego abrieron una zanja donde los sepultaron, empleando tractores. Luego, las tropas cubanas, con tanques, rodearon el predio alrededor de una semana, hasta cerciorarse del total aplastamiento de la rebelión.

A los olvidadizos les recuerdo que los crímenes de lesa humanidad no prescriben. Esos delitos siempre están ahí, como una espada de Damocles sobre los criminales. También recuerdo, con perdón de las víctimas, un aforismo cubano que dice: “Tanto paga quien mata la vaca como quien le sujeta la pata”, y con este refrán quiero decir que son autores y no cómplices los que cooperan en la ejecución de los delitos mediante actos sin los cuales no hubieran podido cometerse los crímenes.

El general Raúl Castro Ruz, en aquella época ministro de las Fuerzas Armadas de Cuba; el general Abelardo Colomé Ibarra, jefe de la misión militar en Angola; el entonces coronel Rafael Moracén Limonta y todos los militares cubanos que, aunque no dispararan, con sus acciones y omisiones sí posibilitaron asesinatos masivos, son autores de un delito de genocidio según normas de Derecho Internacional.

Por la perpetración de esos crímenes de lesa humanidad, a nombre del Estado, el presidente João Lourenço pidió disculpas al pueblo angolano. Ahora, tras 44 años de silencio… ¿Raúl Castro tendrá flexibilidad para en gesto simbólico arrodillarse ante las víctimas de su Ejército?

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Presidente de Angola pide perdón por masacre en la que participaron tropas cubanas

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MIAMI, Estados Unidos. ─ El presidente de la República de Angola, João Lourenço, pidió disculpas públicas en nombre del Estado de ese país por la masacre de mayo de 1977, en la que murieron decenas de miles de personas y que contó con la participación de fuerzas cubanas.

Medios de prensa como el diario angoleño Jornal de Angola se hicieron eco de las palabras del gobernante africano, quien admitió que durante el conflicto hubo ejecuciones sumarias y asesinatos de ciudadanos.

“Nos reunimos con las víctimas de los conflictos y los angoleños en general para pedir humildemente en nombre del Estado angoleño, nuestras disculpas públicas y perdón por el gran mal que fueron las ejecuciones sumarias en ese momento y en esas circunstancias”, declaró Lourenço el pasado martes en un mensaje dirigido a la nación.

El mandatario lamentó, además, “la angustia que las familias han estado cargando durante estos años por falta de información sobre la suerte corrida por sus seres queridos”.

En septiembre del pasado año, BBC Mundo sacó a la luz detalles de aquella masacre ordenada por el exgobernante angolano Agostinho Neto, un baño de sangre que tuvo como protagonistas a secciones leales del ejército y a las propias tropas cubanas.

La matanza se produjo luego de que se desencadenaran numerosas denuncias contra la cúpula gobernante angolana por corrupción y enriquecimiento, ya que sectores populares acusaban a la élite liderada por Neto de priorizar la riqueza personal y el poder sobre el bien del país.

Aunque las fuerzas de Neto apenas reconocieron 300 víctimas, se estima que miles de ciudadanos, incluidos muchos jóvenes intelectuales y activistas, fueron encarcelados, torturados y asesinados.

El movimiento global Amnistía Internacional ubica en alrededor de 30 000 las personas que murieron en la purga, mientras que otras fuentes aseguran que los fallecidos llegaron hasta 90 000.

En su mensaje al país, João Lourenço sostuvo que si bien no es el momento de señalar y buscar culpables, sí “es importante que cada uno asuma sus responsabilidades en su parte”.

El pasado 27 de mayo se llevó a cabo una ceremonia en el Cementerio de Santa Ana, en Luanda, donde se entregaron los primeros certificados simbólicos de defunción a los familiares de las víctimas de la masacre.

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La invasión militar cubana en Venezuela

Avispas Negras cubanas en despliegue militar venezolano. Foto Twitter CEOFANB

SAN JUAN, Puerto Rico.- La preocupación por la presencia de tropas cubanas en Venezuela se ha hecho más relevante desde las recientes maniobras militares realizadas por las Fuerzas Armadas Bolivarianas en la frontera de ese país con Colombia. Sin embargo, estas empezaron a llegar a territorio venezolano a partir de febrero 2 de 1999, estando Hugo Chávez en el poder.

Con estos ejercicios, la dictadura venezolana quiso enviar un mensaje a sus vecinos del hemisferio de que está fuertemente respaldada, pues en los ejercicios participaron, además de las tropas cubanas acantonadas en ese país, asesores militares rusos y chinos, y me atrevo a decir, que también iraníes, pues Irán tiene dos bases de cohetes en Venezuela equipadas con misiles tipo Alghadu 110 con alcance de 2,800 kilómetros.

Para estas maniobras, la dictadura cubana envió a sus tropas élites: Las llamadas Avispas Negras, dirigidas por el General de Ejército Joaquín Quintas Sola, quien fue enviado a Venezuela expresamente para tales fines.

El contexto va más allá de una simple alianza defensiva entre las dictaduras de Cuba y de Venezuela. La presencia de los militares cubanos abarca la intromisión directa en los mandos de las Fuerzas Armadas venezolanas y en organismos claves del gobierno de ese país.

La dirección superior de los estamentos militares se ubica en Cuba, en el Valle de Picadura, en La Habana, bajo el mando directo del connotado esbirro Ramiro Valdez, bajo quien está el general Leopoldo Ardollo Valdéz, jefe militar de las tropas cubanas en ese país.

El control cubano empieza por el palacio de gobierno, Miraflores, donde el jefe de la mesa situacional es el general cubano Herminio Hernández Rodríguez. Desde ahí, los militares cubanos controlan el servicio de inteligencia venezolano, conocido como SEBIN, comandados por el mayor general del Ministerio del Interior de Cuba, Hugo Carvajal Berrios, quien también recibe instrucciones desde Cuba  del Ministro del Interior Vice-Almirante Julio Cesar Gandarilla.

Agentes de la Contra Inteligencia Militar de Cuba (CIM) controlan instalaciones militares en el Ministerio de Defensa, en el Estado Mayor y, además, están ubicados en los altos mandos de la Guardia Nacional, el Ejercito, la Fuerza Aérea y la Marina venezolana. Además, existen unos 3,700 agentes del Departamento de la Seguridad del Estado de Cuba, de los cuales 150 están asignados a la seguridad personal del dictador Maduro.

Añádase el hecho de que, a modo de guardia pretoriana de la dictadura, en la principal base militar de Caracas, el Fuerte Tiuna, está acantonado un destacamento de 4,500 soldados cubanos distribuidos en 9 batallones.

Esto, en adición a otras tropas cubanas localizadas en distintos puntos estratégicos a lo largo y ancho de Venezuela. El estimado de efectivos del ejército cubano es de 20,000 soldados, a lo cual hay que sumar una potencial reserva disfrazada de “técnicos” en las distintas ramas (deportistas, ingenieros, médicos, etc.), quienes están disponibles para en caso de necesidad ser llamados al servicio activo; este número se estima en unos 60,000 efectivos, aunque hay quienes estiman que la cifra llega a 100,000.

El armamento, además del existente de fabricación occidental heredado de los tiempos de la república democrática, está siendo proporcionado por Rusia, China e Irán.

La presencia de los militares cubanos en Venezuela no es una mera alianza defensiva entre dos países, se trata de una invasión militar.

Venezuela está siendo invadida militarmente por tropas cubanas, con el apoyo y la anuencia de países que tienen intereses políticos y económicos, tales como Rusia, China e Irán, y la traición al hermano pueblo venezolano por parte del dictador Nicolás Maduro.

Duele que los jóvenes cubanos sean enviados una vez más a morir en tierras foráneas para satisfacer las causas innobles y perversas de una tiranía que desprecia la paz, con tal de satisfacer sus ambiciones desmedidas de poder.

La presencia política y militar en Venezuela del régimen cubano, el cual tiene un largo historial en invadir países e intervenir en los asuntos internos de las naciones que no le son afines ideológicamente y/o políticamente, representa un serio peligro para la paz, la soberanía, la libertad y la democracia de los países de América Latina, especialmente los fronterizos con Venezuela. Un peligro que urge sea erradicado, por lo que cualquier acción internacional para frenar el expansionismo cubano no puede verse como una intervención, ni como una invasión, sino como un acto de liberación: tal como lo fueron los aliados para Francia un 6 de junio de 1944 en Normandía.