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Mueren ahogados 19 venezolanos tratando de llegar a Trinidad y Tobago

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Venezolanos huyendo a Trinidad y Tobago. Foto referencial Reuters

MIAMI, Estados Unidos.- Unos 19 venezolanos murieron ahogados cerca de las costas de Venezuela luego de que la embarcación en la que huían de su país, rumbo a Trinidad y Tobago, zozobrara, informó este domingo el Nuevo Herald.

De acuerdo a la nota, los cuerpos, que viajaban en una precaria embarcación “huyendo de la crisis económica de su país”, fueron regresados por el gobierno trinitense, dijeron familiares citados por David Smolansky, comisionado de la OEA para la crisis de migrantes y refugiados del país sudamericano.

“Aparentemente serían 19 venezolanos fallecidos que aparecieron flotando cerca de la costa de Güiria. Huyeron del régimen y Trinidad viola el principio de no devolución. Han consignado imágenes a nuestra oficina. No las compartiré por respeto a la familia. Crueldad pura”, dijo en la red social de Twitter este sábado en la noche.

“Según nos han denunciado familiares y allegados de estas personas, el peñero (embarcación) salió el 6D desde Güiria a Trinidad, fue devuelto de la isla y habría naufragado. Se han encontrado cadáveres flotando en el mar, muy cerca de las costas venezolanas”, dijo Smolansky.

El funcionario aseguró que entre los ahogados hay mujeres y niños, que “fallecieron tratando de huir del régimen y habiendo sido devueltos por Trinidad. Naufragaron y fueron encontrados flotando cerca de la costa de Güiria”.

Güiria, al nororiente de Venezuela, está a tres horas en barco de las costas de Trinidad y Tobago, “pero el trayecto marítimo es muy peligroso por las corrientes marinas, los piratas y las operaciones de narcotráfico”, afirma el Herald.

Una embarcación con al menos 33 venezolanos que viajaban a Trinidad y Tobago también naufragó en abril de 2019, un viaje, de acuerdo, texto, que se sospecha era de contrabando de personas.

Según la ACNUR en Trinidad y Tobago hay actualmente más de 40 000 venezolanos que hay escapado de la crisis que azota su país.

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Policía mata a cubano en Trinidad y Tobago de un disparo en el pecho

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Foto Real Talk

MIAMI, Estados Unidos.- El pasado viernes 2 de octubre la Policía de Trinidad y Tobago disparó y mató a un ciudadano cubano en Princes Town, después de que este atacara a un oficial de esa fuerza pública, informó el diario local The Guardian.

El ciudadano de la Isla fue identificado como Carlos Manuel Olivere, de 53 años, de quien el programa Real Talk with Saieed Ali recogió imágenes en la calle y relatos de lo sucedido.

Según dio a conocer el programa, dos policías estaban patrullando alrededor de las 10:15 a.m. la zona cuando vieron a Olivere y a otro hombre peleando. Cuando se detuvieron para investigar los hombres huyeron.

Sin embargo, uno de los oficiales persiguió a Olivere y lo alcanzó. Los informes revelan que el cubano comenzó a luchar con el oficial de policía golpeándolo varias veces en el brazo y la cabeza, hasta que el otro uniformado terminó disparándole una vez en el pecho.

Según The Guardian, en un video que muestra el cuerpo del hombre en el suelo, se escucha a otro hombre pronunciarse en contra de lo sucedido: “Ese hombre no tenía arma, nada. Dispara a un hombre a quemarropa”.

La nota de prensa asegura que la investigación está en curso, y que las autoridades tomaron posesión de una cadena de 45 centímetros de largo.

Asimismo, varios oficiales se encuentran en la escena y los testigos del hecho están siendo entrevistadas por la policía.

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Buque-hospital US Comfort opera a hijo de refugiada cubana en Trinidad y Tobago

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Yaquelín Vera (Foto: OCB)

MIAMI, Estados Unidos. – Yaquelín Vera, una refugiada cubana de la ONU  en Trinidad y Tobago, desplegó la bandera cubana a bordo del buque-hospital Comfort, informó Radio Televisión Martí.

Vera, que llegó a  Trinidad y Tobago hace 4 años, se encontraba a bordo del buque-hospital de la Armada norteamericana como acompañante de su hijo Erick “Cuco” Reyes, de 20 años, que padece de una hernia umbilical que necesitaba ser operada.

La intervención quirúrgica se le practicó en el Comfort, a 3 millas del puerto de Brighton.

“En Trinidad solo podemos asistir como refugiados a un hospital público, un turno médico puede demorar años, imagínate una operación”, dijo Vera a Martí.

La cubana confesó que vivía angustiada por el padecimiento de su hijo.

“Me partía el alma verlo retorcido en el piso por los dolores abdominales y yo sin poder hacer nada”, recuerda.

La mujer, desesperada, protagonizó varias protestas frente a la sede de la Agencia de Naciones Unidas  para los Refugiados (ACNUR) en reclamo de los beneficios que le corresponden y el reasentamiento.

Cuando Vera supo que el buque hospital Comfort de la US Navy Armada había emprendido una misión de atención médica  por  varios países del Caribe, enseguida hizo la solicitud para la operación de su hijo.

El joven fue aceptado. Fue el único paciente cubano atendido durante la estancia del buque hospital en Trinidad.

Yaquelín Vera y su hijo se sienten muy agradecidos e impresionados por la excelente atención que recibieron a bordo del Comfort.

“Eran militares, pero llenos de amor”, comentó Vera  sobre la tripulación, integrada por más de 200 médicos, enfermeras y técnicos militares y civiles estadounidenses y de otras naciones.

“Son perfectos, todo a su tiempo, bien planificado, y sobre todo el trato esmerado, la dedicación a cada paciente y sus acompañantes”.

Explicó Vera a Martí que desplegar la bandera cubana a bordo del buque, cosa que hasta ahora no se le había ocurrido a ningún otro refugiado cubano, fue el modo que halló de mostrar su gratitud.

“Me sentí libre y con la protección que un refugiado anhela como ser humano (…) Fue como un gesto de agradecimiento por los servicios prestados a mi hijo, que de una vez y por todas lo libraron de los tormentos que padeció por mucho tiempo a causa de una enfermedad que en Trinidad , simplemente, no tenía cura inmediata”, dijo la cubana.

El buque, de 272 metros de eslora, fue originalmente un tanquero. Convertido en hospital en 1987, está habilitado para atender a heridos en conflictos bélicos y también brindar ayuda humanitaria en casos de desastres naturales o atentados como el del 11 de septiembre de 2001 en Nueva York.

También estuvo en el Golfo Pérsico durante la “Operación Tormenta del Desierto” (1990-1991). Sirvió como centro para procesar a inmigrantes haitianos en 1994. Intervino en la guerra de Irak (2003) y ayudó a víctimas del huracán Katrina (2005), del terremoto de Haití en 2010 y del huracán María en 2017 en Puerto Rico.

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Inmigrantes cubanos en Trinidad y Tobago no quieren regresar a Cuba

(Foto de la autora)

LA HABANA, Cuba. – La “cosa” en Cuba estaba mala, pero en Trinidad y Tobago la “cosa” está peor para los cubanos. Dos, tres años pidiendo el estatus de refugiados. Las organizaciones que debieran otorgarlo no se pronuncian, escamotean las ayudas humanitarias, las retrasan, se aprovechan, negocian con lo que no les toca. Y si protestan, van presos, igual que en Cuba.

No se sabe cuándo comenzó el rumor de que Trinidad y Tobago era un buen destino para los cubanos, pero se difundió y ahora, los que quedan, los que tienen sus razones para no subir por la selva del Darién, los que no pueden regresar a Cuba, están sufriendo las consecuencias de las reuniones secretas entre Bruno Rodríguez Parrilla y el primer ministro trinitario. Al final, como mismo está ocurriendo con los venezolanos, los cubanos han perdido el acceso a la educación y a la contratación legal.

“Los cubanos quedamos fuera porque si nos daban permiso de trabajo a nosotros, lo más probable es que se quedaran los médicos cubanos de la misión también y se les jode el negocio”, especula Yaquelín Vera Morfa.

Alguna razón debe tener porque, si de dinero se trata, al régimen no hay quien le ponga un pie delante. Sin embargo, hay que tener muchas ganas de no estar en Cuba para querer quedarse en un país donde “secuestran a las latinas y las violan”, y allí todas son latinas, “nadie anda con un cartel en la frente”, asegura la refugiada que ha padecido personalmente la discriminación.

Los cubanos que quedan y que han querido dar su testimonio han vivido hasta lo que no se imaginaron que vivirían y saben que si regresan a Cuba puede haber más sufrimiento que reencuentros felices.

Danieska Espinosa, Yaniuska Reyes Verdecia, Leamsys Casabona González, Yaquelín Vera Morfa, Dilaila Ríos Ricardo o Adiel León son algunos de los nombres de los que han decidido permanecer en Puerto España, pese a las condiciones inhumanas.

Otros, según cuentan, “se fueron huyendo porque debían multas y tenían miedo ir presos de nuevo porque si te cogen trabajando, inmigración mismo lo dice, te ponemos una multa de hasta 5000 titis, 714 USD”.

Con cuatro testimonios es suficiente para saber qué ha pasado en Trinidad y Tobago y por qué no pueden regresar a Cuba.

Dalila Ríos

Dalila viajó a Puerto España pensando que encontraría un paraíso donde, por ser negra y rastafari, no sería discriminada, pero encontró un infierno.

“Nos han engañado siempre, desde el inicio. Primero con los tiempos que duraría el proceso y después en el juicio”, recuerda Dalila Ríos, que estuvo presa por haberse manifestado frente a la sede de la ONU en Puerto España.

“Nos dijeron que íbamos a estar registrados en amnistía internacional y nos engañaron. Lo peor era que nos querían deportar pese a haber pedido asilo político”, explica la mujer. Ella cree que esa es una de las grandes contradicciones que hay en el mundo con respecto a los cubanos.

“Nos critican si decimos que nos vamos por problemas económicos, pero si declaramos que es por temas políticos, entonces es peor”, aseguró Ríos hace dos meses. Dice que, aunque han recibido la ayuda, lo que vivió fue “terrible”.

Dalila junto a otros cubanos vivió en un platanal, a la intemperie, después de haber pasado por un almacén que le proporcionó un trinitario y del que fueron desalojados por no tener el estatus de refugiados políticos.

Danieska Espinoza

Danieska Espinosa Mustelier, en Santiago de Cuba, se metió “en una reyerta entre la policía y los cuentapropistas” porque “se cansó de perder cosas”.

Según la santiaguera, a la abuela le habían quitado las tierras, y luego les “demolieron la casa en la  calle Patria”.

“Fuimos obligados a irnos para los barrios más malos de Santiago”, denuncia la mujer, que en la reyerta recibió un golpe que la dejó “grave de muerte”.

Según ella, de lo ocurrido la querían acusar de Atentado, pero salió huyendo con el poco dinero que tenía, dejando detrás a su hijo de 4 años y a su abuela, que murió antes de que pudiera volverla a ver.

A los 6 meses de estar viviendo en el platanal “la ACNUR no quiso creer que estábamos viviendo en esas condiciones. Le mandamos videos y ni siquiera se molestaron por saber dónde quedaba aquel lugar”, denuncia Espinosa, que agradece a la dueña del lugar que les permitiera quedarse allí el tiempo que necesitaran.

Leasmys Casabona y Adiel León

“El platanal estaba fuerte, pero estábamos libres”, recuerda Leamsys Casabona, quien antes había estado preso en una prisión de máxima seguridad por haber protestado frente a la sede de la ACNUR en Puerto España. Adiel León describe las condiciones de la prisión de hombres a la que fueron llevados.

“Había gente que tenía tres o cuatro muertos, narcotraficantes, vendedores de drogas. Las paredes estaban llenas de mierda y tuvimos que dormir en literas sin colchón. Pasamos seis días sin agua. El mismo director de la prisión se preguntaba qué hacíamos nosotros allí. Nos debieron de haber mandado para el centro de inmigrantes, no para una prisión de máxima seguridad”, señala.

Ahora que ha recibido algo de ayuda gracias a la presión ejercida por la prensa cubana independiente, se debe sentir al menos más dichoso.

Leamsys Casabona era técnico en una empresa de semilla en Matanzas.

“Me empezaron a acosar porque querían que colaborara con ellos y yo preferí irme. Vendí mi casa y me le perdí al Mayor Roberto Gil Hernández, que decía que me metería preso”.

Pareciera increíble, pero no es el primer caso que decide abandonar la isla para no seguirles el juego de “chivatear” a amigos y familiares.

“Al cabo de los seis meses de estar aquí, en Trinidad, mi madre recibió una citación”. En la misma, dice, se incluía el nombre su esposa “y decía que nos habían cogido vendiendo droga ese fin de semana en Matanzas. Sacamos la cuenta rápida de que, en realidad, estaban buscándonos. Ahora dicen que cuando lleguemos a Cuba tenemos que informarlo”, cuenta Casabona. El hombre piensa que en Cuba le esperan al menos 10 años por un delito que no cometió porque no estaba en la isla hacía tiempo.

En cada caso, los “vínculos con el régimen cubano”, dice Vera Morfa, “y las instituciones internacionales que debieran protegerlos son muy fuertes”. Por eso, después de haberse plantado frente a las Naciones Unidas y haber protagonizado la protesta, todos están seguros de que si hubiesen sido deportados hubiesen llegado a Cuba para ser encarcelados nuevamente.




Cubana en Trinidad y Tobago: “He sufrido demasiado en este país, hasta racismo”

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Yaquelín Vera y su hija (foto del autor)

LA HABANA, Cuba. – Ojalá la historia de Yaquelín Vera Morfa se pudiera contar completamente en pasado, pero ella sigue siendo, junto a su familia, una cubana con estatus de refugiada política en Trinidad y Tobago. Desde hace cuatro años Vera Morfa espera por ayuda humanitaria y por un “reasentamiento” que la oficina del Alto Comisionado de las Naciones Unidas para los Refugiados (ACNUR) le sigue negando.

“Mi hija tuvo una reunión con un funcionario de ACNUR que se llama Andrew. Él le dijo que, aunque nos viera viviendo debajo de un puente, no nos iba a dar la ayuda, que si queríamos un reasentamiento teníamos que nombrar un abogado, pero nosotras no tenemos economía para eso”, explica la solicitante de asilo cubana.

Vera Morfa está convencida de que se han tomado el caso “como algo personal” en contra suya, mucho más después de descubrir que varios documentos que formaban parte de su expediente de refugiada se “extraviaron” de las oficinas de Living Water Community.

“Todo comenzó a partir de las protestas frente a la oficina de ACNUR”, explica la cubana. Ella fue una de las principales fuentes de Televisión Martí, el canal que viajó a Puerto España y mostró a los solicitantes de asilo cubanos en Trinidad y Tobago.

“He sufrido demasiado en este país, hasta racismo por ser latina. Es una tortura psicológica saber que mis hijos están creciendo y que no pueden estar en una escuela”, empieza a Vera Morfa a desgranar sus penurias. “Aquí no hay economía ni legislación para los refugiados. Este siempre fue un país de puente”.

El primer ministro de Trinidad y Tobago lo dijo hace más de un año, aclara Vera Morfa: “Los tenemos aquí de paso, no podemos acoger refugiados porque tenemos una economía pequeña”. Según la solicitante de asilo es la ACNUR quien debe responder por la situación de los solicitantes de asilo.

A la cubana le escupieron la cara mientras caminaba por el centro de la ciudad junto a Laura, su hija más pequeña. “No protesté, no dije nada, llegué corriendo a la casa y me metí debajo de la ducha a llorar”. Vera Morfa ahora se da cuenta de que “el castrismo” –que la señaló como “contrarrevolucionaria” y no le aseguró “un futuro mejor a sus hijos en su propio país” – es responsable de todas las penas que ella padece.

Después de las protestas frente a la oficina de ACNUR, donde participaron unos 200 cubanos, Vera Morfa y su familia recibieron la ayuda de un abogado que les “consiguió” un almacén para vivir hasta cambiar su estatus legal.

“Estando en el almacén la ACNUR usó una estrategia bajísima y puso mi vida en peligro”. Vera Morfa también asegura que la organización divulgó la noticia falsa de que ella recibiría el “reasentamiento”.

“Acabaron con la unión que había, a tal extremo que una persona quería explotar dos balitas de gas dentro del campamento, sin tener en cuenta que eso es un acto de terrorismo”, explica la cubana.

“Otro que se llama Eduardo Ernesto –continúa Vera Morfa– me dijo que se iba a comprar una pistola por si sacaban del almacén solo a los que tuvieran estatus [de refugiado]. Ese tipo ni siquiera quiso dar la cara cuando Televisión Martí estuvo aquí”.

Desde ese momento Yaquelín no se atreve a salir sola a la calle. La miopía progresiva que padece no le permitiría de las amenazas, dice. “Quien no puede, manda, y de mí dependen mis hijos y mi madre”.

“Lo que yo pasé no se lo deseo a nadie”, también asegura. “Comprobado, allí había oficiales del Ministerio del Interior. Había militantes del Partido Comunista de Cuba que crearon esos conflictos. Era gente que se había ido sumando por el camino como de casualidad, pero yo sé cómo funcionan los socialistas”, dice.

Luego de casi un mes de denuncias sobre la realidad cubana y a punto de ser desalojada, Vera Morfa ha comenzado a recibir algunas respuestas. La Organización Internacional para las Migraciones y la Embajada de Estados Unidos en Trinidad y Tobago han sido las primeras en brindarle ayuda. Living Water Community comienza apenas a reaccionar: le pidió que enviara nuevamente algunos documentos porque “se les habían extraviado”.

Sin dejar de ser la “madraza”, la “hija de Obbatalá”, la que ha “entendido que la pelea hay que librarla en Cuba contra los Castro”, la que no se arrepiente de haber protestado, aprendió que no podía descuidar su batalla personal. “Aquí me ves, lo que demuestra que todo lo que inventaron contra mí era pura infamia. Sigo sin reasentamiento y acogida a un programa de refugiados en donde nos engañaron totalmente”. Mientras, “los demás cogieron su propio camino”.

“Nada ha sido fácil. Ahora mismo me dicen ʻVamos para otro paísʼ y me voy con lo que tengo puesto”. Yaquelín Vera Morfa no olvida a quienes le han ayudado hasta hoy, pero la idea de huir a un futuro mejor la obsesiona igual que cuatro años atrás, cuando salió de Cuba.




Alejandra Lares y su familia: una razón para que triunfe la oposición en Venezuela.

Alejandra Lares

Alejandra Lares
Alejandra Lares (Foto cortesía de la autora)

LA HABANA, Cuba. – Venezuela debe volver a ser libre por gente como Alejandra Lares, a quien le viene quedando como alternativa el suicidio. Ella habla como si estuviera desgastada: por momento tiene fuerzas, por momentos se disculpa. “No puedo hablar sin llorar”, dice, y cuenta su historia y la de su familia atrapada entre la dictadura venezolana y la burocracia del Alto Comisionado de las Naciones Unidas para los Refugiados (ACNUR) en Puerto España, Trinidad y Tobago.

“¿Cómo veo mi vida de aquí a dos años?”, así empieza la entrevista de una mujer sin esperanzas de vida. “No le voy a dar mucha vuelta. Muerta. Mi vida va en involución”, y cuenta que cuando llegó a Puerto España tenía trabajo para mantener a su hija y sostener su hogar junto a su esposo. Sin embargo, “ahorita, por el incremento de personas, se redujeron las jornadas laborales, ya no hay trabajo y te quieren pagar por debajo del mínimo”, que por ley, son 15 titis la hora, aproximadamente 2,14 dólares americanos.

A Lares la vida la puso en esta situación y “tuvimos que darle el pecho”. Cuenta que entró como turista, aunque en Venezuela vivía bien. Pertenece a una familia de  profesores, pero su esposo y su tío eran políticos: el primero decidió refugiarse con ella y al segundo lo busca el servicio de seguridad de Maduro, el Sebin.

“Pedimos asilo. Yo soy “Refugee” desde junio del 2017. Mi proceso duró 8 meses, imagínate cómo es mi expediente que aquí hay gente que los reconocen como refugiados a los 2 o 3 años”. Sin embargo, la ACNUR, por mediación del funcionario A. Welch, le ha hecho saber que no clasifica “para nada”.

“He ido a la ACNUR para ver si consigo algo de comida y no clasifico, y le he preguntado mil veces cuál es el criterio que ellos tienen” y le han respondido con que es “confidencial”, como tampoco clasifica para el “reasentamiento” porque Lares no es “ninguna inútil. Yo soy una profesional”, asegura -y habla de sus estudios- “soy Licenciada en Educación, con inglés como segunda lengua, una maestría en Tecnología Educativa, trabajé 12 años para el Ministerio de Educación en Venezuela e hice un diplomado en la Carolina State University, Estados Unidos”.

Dada las circunstancias que le han tocado vivir no se reprocha que haya tenido que lavar platos o limpiar piso, aunque ahora no puede trabajar porque está enferma y no tiene dónde dejar a sus hijos.

En estos dos años “tuve un embarazo, me salió un fibroma, vivo anémica (…) tengo 38 años y parezco una anciana”, dice Lares, que también asegura que lo que más le preocupa es el futuro de sus hijos.

Hasta el mes de enero tuvo a su hija de 10 años en un colegio privado, aunque “era ilegal porque no tiene derecho a estudiar. Yo hice un sacrificio. Me aguanté la boca y aprendió inglés (…) yo crecí en una familia económicamente estable. Pude estudiar fuera de Venezuela. Vivía bien. Crecí con casa de playas. Y me siento tan mal conmigo misma y tan frustrada de que no se lo pueda dar a mis hijos. ¿Por qué ellos tienen que pagar por errores de otros? Esperar cinco años más cuando mi hija tenga 15 ¿Crees que va a estar apta para estudiar primaria?”, reflexiona.

“El trabajo que consiga ahora me paga máximo 150 titis al día, y me cobran, solo por cuidarme al niño, 1200 titis al mes”. También hay agravantes: “si dejo sola a la niña en la casa, me zumban al Children´s views y me la pueden quitar. Aparte, no me siento cómoda dejando a un niño solo aquí en la casa porque incesto y violación aquí hay a las dos manos. Y si es contra latinos, más rápido”, explica la mujer, que conoce de cerca las experiencias que han tenido otras venezolanas que no quieren dar testimonio ninguno de sus vivencias.

“Para poder amortizar lo que debo reduje la comida. Les tengo prohibido levantarse antes de las 12 del día. Se despiertan y me da rabia. Después de las 12 para que agarren el almuerzo y se acuesten temprano. A mi hijo le he sancochado arroz con un poquito de azúcar”, dice Alejandra, que no entiende que no clasifique en un programa de las Naciones Unidas donde ninguno de sus funcionarios “saca plata de sus bolsillos para darle a un refugiado”. Lo único esta venezolana es que se sensibilicen con su caso.

“Solo les pido que me saquen de aquí”, explica, como si tuviera la oportunidad una vez más de estar frente al funcionario de la ACNUR que tanto la ha maltratado. “No quiero una ayuda porque no puedo vivir eternamente de la caridad. Quiero producir y con mi trabajo mantener a mis hijos, comprar una casa como lo hice en Venezuela, poder decirle a mi hijo un fin de semana, vamos a comprarte un helado”. Hace mucho que su hija viene pidiéndole un chocolate de 5 titis y le ha tenido que decir que no porque no es una prioridad.

Alejandra se pregunta “¿por qué tanto odio?” si “somos pocos los que nos hemos parado frente a ellos a decirles las cosas. Esto ya es algo personal”, señala. Incluso, gente que recibió la “ayuda” para la que ella no clasifica le cuestionan por qué no la recibe.

“¿Sabes qué me dijo la psicóloga? Tu problema es económica y emocional por todo lo que estás sufriendo. Con solo la mitad, yo estaría muerta”, relata.

El régimen de Maduro, a imagen y semejanza del cubano, ha cerrado sus puertas a los venezolanos que no comulguen con su ideología, por lo que la Embajada de su país tampoco es una salida a la tragedia que le ha tocado vivir.

“Como soy refugiada política, opositora, ñángara, apátrida, traidora y todos los adjetivos que ellos me quieran poner, no puedo renovar mi pasaporte. Ellos solo atienden a residentes, ciudadanos con doble nacionalidad o con permiso de trabajo o turista”. Alejandra Lares no clasifica en ninguna de esas categorías.

“No puedo viajar ni siquiera a los países que no me exigen visa y que pudieran acogerme como refugiada”, pero tampoco puede regresar a su país. “Cuando le dije a mi madre que me regresaba, me dijo: ni jugando, porque sabe que en eso me puede ir la vida también”.

Ahora, entre las gestiones de la ACNUR y una patria en dictadura, Alejandra ha caído en un callejón sin salida. El país que la acoge se convirtió en una trampa, cuando pudo haber sido una puerta de salida a la libertad.




Naufraga bote con más de 30 venezolanos que se dirigían a Trinidad y Tobago

Peñero, embarcación como la que utilizaron los venezolanos para intentar llegar a Trinidad y Tobago. Foto internet

MIAMI, Estados Unidos.- Al menos 33 venezolanos están desaparecidos y dos fueron rescatados luego de que naufragara la precaria embarcación en la que viajaban a Trinidad y Tobago, en un viaje que se sospecha era de contrabando de personas, informó el Nuevo Herald hace algunos minutos.

Según un informe de la Zona 53 de la Guardia Nacional, las dos personas rescatadas fueron identificadas como Yusmary Lezama y el capitán del barco Francisco Martínez, quienes fueron localizados en la Isla de Patos, cerca de las costas de Venezuela.

Conocida como peñero, la embarcación, de 10 metros de eslora, zozobró por el fuerte oleaje en la zona, de acuerdo a declaraciones de Martínez, los pasajeros usaron las bombas de gasolina para flotar, pero la corriente marina los alejó del área.

El hecho ocurrió este miércoles, después de que el bote zarpara el día martes desde Güiria, en el estado Sucre, Venezuela, hacia Trinidad y Tobago. La isla se encuentra a solo tres horas en barco de las costas venezolanas, pero el trayecto marítimo es muy peligroso por las corrientes marinas, los piratas y las operaciones de narcotráfico.

De acuerdo a declaraciones ofrecidas al Herald, la embarcación “Yonaili José”, zarpó desde el puerto de Las Salinas, en Güiria. Así mismo, la información asegura que, del total de pasajeros, 22 eran mujeres de entre 18 y 20 años de edad.

“La embarcación zarpó con 35 personas de las cuales están desaparecidas 33. El bote salió de forma irregular, ni siquiera tenía un listado oficial de los pasajeros”, informó Nayrobis Rodríguez, periodista del medio Noticiero Digital.

Ante la grave crisis económica, social y política que enfrenta Venezuela, la peor de su historia, los venezolanos se ven forzados a emigrar a países vecinos, entre los que se encuentran las islas del Caribe, justo frente a las costas de Venezuela.




Cubano apuñala a su esposa en la cara en restaurante de Trinidad y Tobago

MIAMI, Estados Unidos.- Las patronas de un restaurante en Diego Martin, Trinidad y Tobago, habrían salvado la vida de una mujer cubana ayer después de que un hombre, también cubano, la apuñalara en la cara.

Reporta el diario local Newsday que, según informes de la policía, alrededor de las 9:30 am, el hombre fue al trabajo de su esposa en Al’s Diner en Crystal Stream, Diego Martin, y los dos tuvieron una discusión. La policía dijo que el hombre sacó un cuchillo del restaurante y la apuñaló en la cara antes de intentar huir. Los ciudadanos que presenciaron el incidente persiguieron y detuvieron al hombre fuera del restaurante. Fue atrapado en el suelo y sus manos y pies atados con cordel hasta que llegó la policía.

El video del hombre sometido y el sangrado de la mujer se compartió en las redes sociales. Se escuchó a un hombre en la grabación castigando al atacante diciéndole que huyeron de su país por una vida mejor, solo para ir a Trinidad y Tobago y hacer algo así. Primero se pensaba que la pareja era venezolana. Hasta las 7:30 de la tarde, la policía no pudo identificar a la víctima, ya que tenían dificultades para encontrar un traductor.

Los oficiales de la Fuerza de Tareas de la División Oeste respondieron a la llamada y arrestaron al sospechoso. La mujer fue trasladada al centro médico de St. James y trasladada al Hospital General de Puerto España. El atacante se encuentra en la estación de policía de Four Roads y será entrevistado con la ayuda de un traductor. Cpl Mohammed, de la comisaría de Four Roads, continúa las consultas. La policía dijo que la División de Inmigración está ayudando a determinar la legalidad de la pareja.

Los cubanos han estado en el centro de atención recientemente después de que 78 solicitantes de asilo acusados ​​de participar en una protesta ilegal frente al edificio de las Naciones Unidas, Chancery Lane, fueron condenados a dos días de prisión.

El 20 de noviembre, el grupo fue condenado después de pasar cinco días en prisión. Fue el segundo grupo encargado de obstruir el paso libre fuera del edificio durante el año, que fue una de las consideraciones tomadas por la magistrada Sanara Toon-McQuilkin. El grupo se declaró culpable de la ofensa después de cinco días bajo custodia y enfrentó una sentencia máxima de una multa de $ 200 o hasta un mes de prisión.




Los médicos que hacen suyo el juego del gobierno

médicos cubanos
Médicos Cubanos. Foto Archivo

LA HABANA, Cuba.- No transcurrió un mes desde que el diario Granma, órgano oficial del Partido Comunista de Cuba, enterara a sus lectores de las fuertes lluvias que estuvieron afectando en octubre a Trinidad y Tobago; la nota, ni siquiera suscrita por algún redactor del periódico, está fechada el 22 de octubre del año en curso, y unos días después otra noticia, sin mucha trascendencia para la realidad cubana, nos volvió a relacionar con esas islas; para entonces nos advirtieron que veintiocho equipos de Cuba y Trinidad y Tobago participaban, en la universidad de las ciencias informáticas (UCI), en una competición internacional universitaria de programación y en la que Cuba resultaría vencedora.

Porque suelo ser testarudo seguí hurgando en la prensa nacional; busqué alguna noticia que relacionara de nuevo a “nuestras” islas, pero la búsqueda resultó infructuosa cada vez, aunque en muchos sitios del mundo se estuviera comentando de los cubanos varados en la isla de la rapera Nicki Minaj, y del cantante Billy Ocean, a quien tanto escucharan los cubanos en la década ochenta del pasado siglo. Ninguna noticia advertía el empeño de muchos cubanos de establecerse por allí, y mucho menos de las exigencias que hacían en la sede de las Naciones Unidas, en aquella capital caribeña, para que atendieran a sus reclamos.

Nada supimos hasta hoy, al menos no a través de la prensa oficial, del empeño de esos compatriotas de afincarse en esas tierras y luego conseguir la nacionalidad trinitense, trabajar. Nada nos advirtieron los informadores “públicos” de las agresiones, los robos, que los cubanos sufren en esa isla tan cercana a esta, nada se dijo, ni se dice aún, de esos compatriotas que apostados en los alrededores de la sede de las Naciones Unidas en la capital, reclaman que se les conceda una residencia legal para disfrutar del trabajo y los bienestares que por aquí no consiguieron nunca.

En estos días la prensa oficial tiene otra primicia. Ahora se esfuerza en describir las supuestas bondades de los médicos cubanos que formaron parte del “Programa Más Médicos para Brasil” y las “patrañas” del presidente electo. El jueves 15 de noviembre, la primera página del “Granma”, el periódico de mayor circulación en el país, hizo pública una declaración del Ministerio de Salud Pública, sin dudas dictada por el Partido, llena de cifras y estadísticas de las que no podremos comprobar su veracidad, y que al parecer son “actualizadas” cada día para, llegado el momento, convertirlas en notorias y dar muestras del gran altruismo de la “nación cubana”.

El Granma, jactancioso, menciona la cifra de colaboradores de la salud que se desempeñaron en el gigante del sur; un número cercano a los veinte mil, y también que fueron atendidos 113 millones 359 000 pacientes brasileños en gran parte de la geografía nacional, lo que demuestra las aptitudes del gobierno cuando de dar cifras se trata. Ahora, desde que comenzó el regreso, la televisión cubre cada llegada y entrevista a muchos de los implicados, quienes ofrecen discursos idénticos, erigidos sobre la supuesta solidaridad de la “revolución” y lo “fértil” del socialismo cubano…

Y nadie menciona lo que sucede en Trinidad y Tobago, aunque estemos más cerca, aunque nos asista la misma “caribeñidad”, a pesar de que seamos tan cercanos culturalmente y tengamos allí una embajada con funcionarios que debían tener entre sus funciones el cuidado de los nacionales que llegan a esa geografía. ¿Para qué sirve entonces ese CARICOM del que tanto se habla en Cuba? ¿Qué significan esos cuarenta y seis años de relaciones diplomáticas entre Cuba y Trinidad Tobago que se cumplirán el próximo 8 de diciembre? ¿Le importa algo al gobierno cubano el destino de los nacionales que están siendo vejados en aquella isla?

Supongo que no, porque ellos hacen el viaje a la inversa de esos médicos que ahora regresan de Brasil. Estos, los que piden asilo en esas islas del Caribe son, para el discurso comunista, lo mismo que los médicos desertores que abandonaron sus puestos desde cualquier punto de África, América o Asia, cuando decidieron algún rumbo que los alejara de Cuba, aunque jamás los mencionen. Al gobierno cubano le molesta la contratación individual que propone Bolsonaro, porque de esa manera sus arcas se verían tremendamente reducidas.

El viaje de esos médicos no tiene nada que ver con la generosidad. No son filántropos nuestros trabajadores de la salud; ellos, como los otros, se procuran el viaje para mejorar sus economías. Nuestros médicos viajan sabiendo que desatenderán durante años a sus hijos, que no participarán de una formación que suplirán, únicamente, con pacotillas, con el sobrante que el gobierno les entrega. El viaje de los médicos “internacionalistas” solo hace diferencia con ese que hacen los “desertores”, en el hecho de que los primeros salen con la anuencia del gobierno, pero también son parecidos, porque todos buscan la sobrevida.

Dice Billy Ocean en la última estrofa de “Caribbean Queen”: “Estaba buscando pasarla bien/solo jugando a mi juego/El amor estaba más allá…”. Y eso, jugar su juego, el del gobierno, es quizá lo que hacen esos médicos que descuidan el amor a sus hijos, esos médicos no consiguen reconocer el avance o el retroceso en los estudios de sus pequeños, y no los miran al despertar ni los cubren en la noche si tienen frío, y están lejos a la hora de secar los sudores, y no consiguen hacer desparecer los rastros de la sangre después de la caída, aunque vuelvan como “héroes”.




Desalojan a refugiados cubanos de sede de ACNUR en Trinidad y Tobago

Autoridades de Trinidad Tobago desalojan en autobuses a más de 80 cubanos que estaban acampados en protesta frente a la sede local de la ACNUR (Foto Martí Noticias)

MIAMI, Estados Unidos.- Policías y agentes de Inmigración de Trinidad Tobago arrestaron este viernes a más de 80 cubanos acampados frente a la sede del Alto Comisionado de Naciones Unidas para los Refugiados (ACNUR) en Puerto España, informó el portal digital Martí Noticias.

Según el reporte, los cubanos se negaron a deponer la protesta que mantenían desde finales de octubre, por lo que ahora serán acusados de obstruir la vía.

En el momento del operativo un total de 84 cubanos se encontraban frente a la sede de ACNUR, mientras que otros habían ido a lavar y a utilizar los baños públicos.

Jacqueline Vera Morfa, portavoz de los cubanos en la nación caribeña, comentó a Radio Televisión Martí que las autoridades llevaron tres autobuses y cerraron las calles, aunque aclaró que los arrestos se desarrollaron en forma pacífica.

“Decidimos no levantar la protesta porque es una realidad que todos los derechos humanos aquí se han violado: se les niega la educación a los niños (hay unos quince en el grupo); no tenemos permiso de trabajo; es una isla con una economía pequeña y ya el primer ministro ha dicho que no puede hacer nada por los refugiados. Entonces es una situación muy crítica”, apuntó Vera Morfa.

Tras el operativo, los refugiados fueron trasladados a una dependencia del gobierno en el barrio de Belmont, en el noreste de la capital trinitaria, donde se les comunicó que tendrán que responder ante un magistrado por el cargo de obstrucción de la vía pública.

El jueves, una funcionaria de ACNUR y una activista de la organización cristiana Living Waters Community (LWC), que ha venido ofreciendo ayuda humanitaria a los cubanos, comunicaron a los refugiados que las oficinas de ACNUR cerrarían  por dos meses, por lo que, si no se retiraban, iban a ser arrestados a la mañana siguiente, como terminó sucediendo.

El desalojo de los refugiados del edificio de ACNUR suma otro capítulo al drama de los cubanos en Trinidad y Tobago. En la madrugada del pasado martes, una pareja de cubanos había sido asaltada a punta de pistola en una avenida de Puerto España, mientras que hace una semana otra ciudadana de la mayor de las Antillas sufrió un infarto tras pasar dos días esperando en una cola para recibir la ayuda de Living Water.