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Convocan a la primera reunión de la Comisión de Apoyo a la Transición Cubana

Cuba, ARC, elecciones

MIAMI, Estados Unidos.- Empresarios, académicos de varios países expertos en transiciones, líderes de la oposición cubana de dentro y fuera de Cuba, artistas y activistas del exilio participarán el próximo lunes 21 de marzo en la primera reunión de la Comisión de Apoyo a la Transición Cubana convocada por la Asamblea de la Resistencia Cubana.

De acuerdo a un comunicado emitido este viernes, la reunión tendrá lugar en “momentos en que el Régimen comunista de Cuba ha aumentado las sanciones y los encarcelamientos de los cubanos que luchan y protestan por la libertad en Cuba”.

“Ante este hecho, docenas de diputados latinoamericanos han dirigido cartas a la Unión Europea pidiendo el cese del Acuerdo de Cooperación con el Régimen comunista de Cuba por las continuas violaciones a los derechos humanos en Cuba”, agrega el documento.

La reunión se realizará en la sede de la Brigada 2506, en el 1821 de la calle 9 en el suroeste de Miami el lunes a las 12:00 del mediodía.

Varias organizaciones internacionales e incluso dentro de la isla han pedido el cese de los acuerdos de cooperación entre la Unión Europea y el régimen cubano. Sin embargo, este no es el único convenio bajo las críticas.

Este viernes el senador estadounidense Rick Scott condenó el tratado que existe entre el Club de París y el régimen cubano, y aseguró que este “debe terminar”, ya que el mundo libre no debe cooperar con dictadores.

En varias publicaciones en su cuenta de la red social de Twitter, Scott llamó la atención sobre los acreedores del gobierno de Miguel Díaz-Canel, y aseguró que mientras el convenio sigue en pie, el régimen de La Habana sigue reprimiendo a sus propios ciudadanos.

“Mientras Castro y Díaz-Canel continúan atacando, matando, secuestrando y torturando a manifestantes pacíficos, creando caos e inestabilidad en LATAM —Latinoamérica— y sentenciando a los cubanos a más años de opresión, el #ParisClub alimenta al régimen y viola los términos de su acuerdo”, escribió el senador de Florida.

“En un mundo libre NO puede haber cabida para la cooperación ni los acuerdos con dictadores, el pacto del #ParisClub con Cuba debe TERMINAR. TODOS debemos apoyar a quienes luchan por la libertad y la democracia en Cuba y en toda América Latina”, agregó.

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“Queremos que el país funcione durante la transición a la democracia”

LA HABANA, Cuba.- Estado de Sats ha lanzado una propuesta sobre las transformaciones que deberán realizarse cuando llegue el cambio hacia la democracia en Cuba. CubaNet entrevistó en la sede del Fórum por los Derechos Civiles y Libertades, al coordinador del proyecto Antonio Rodiles,  quien explicó los objetivos del “Programa para un nuevo ordenamiento político, jurídico y económico en una transición democrática en Cuba”.

“Esta propuesta se enfoca en los temas vitales para que el país pueda funcionar durante la transición. Estamos trabajando sobre el tema de soberanía y democracia, la organización del poder estatal, derechos de participación en cuestiones gubernamentales, instituciones de protección de Derechos Humanos, relación entre el derecho internacional y el derecho interno, derecho a la libertad y a la seguridad personal, libre ejercicio de la abogacía, libertad de opinión y prensa, libertad de asociación, libertades económicas, temas fundamentales para que el país pueda salir del atolladero en que se encuentra. También el derecho a sindicalización, a la salud, educación y seguridad social”.

Rodiles enfatizó que la propuesta demuestra por qué el sistema cubano no se puede rescatar y tiene necesidad de transformaciones profundas.

“Debemos conocer cuáles son las cuestiones que vamos a derogar y a cuáles se les puede poner un parche para que sea funcional el país. En el caso de medidas económicas, qué debemos destrabar para que realmente el país eche andar.”

Rodiles citó como ejemplo de enmiendas a las leyes actuales, la Ley de Asociación que restringe las asociaciones a un solo tipo que cumpla con los objetivos gubernamentales. “Uno de los detalles principales a enmendar de esta legislación, es la permisibilidad de organizaciones y eliminación del monitoreo gubernamental.”

El programa es una primera versión que Estado de Sats pretende enriquecer con debates y lanzamientos de resúmenes para dar a conocer el contenido.

“Queremos que se conozca la idea de cuál es la Cuba que estamos visualizando desde un sector de la oposición y de la sociedad cubana.”

Sobre la novedad del programa, Rodiles recordó que existen propuestas de transformación del propio sistema actual.

“Nuestra lógica no es esa. Nosotros no creemos que el sistema es reformable. Consideramos que se debe caer el sistema para entrar en un proceso de este tipo. Tampoco tenemos el enfoque de la propuesta del gobierno de los EEUU hace unos años atrás, que era más como un plan de emergencia para evitar la ingobernabilidad del país. Nuestro enfoque es cómo llevar al país en un proceso hacia una real democracia.”

La propuesta elaborada por Estado de Sats y profesionales de diferentes ramas de la sociedad esta abierta al debate a todo lo largo del país. A decir del coordinador del fórum la participación de los cubanos es lo que desarrollará la propuesta final del “Programa para un nuevo ordenamiento político, jurídico y económico en una transición democrática en Cuba”.




Estado de Sats lanza programa para una transición democrática en Cuba

Antonio Rodiles y Ailer González, coordinadores de Estado de Sats (diariolasamericas.com)

MIAMI, Estados Unidos.- El proyecto opositor Estado de Sats ha lanzado el “Programa para un nuevo ordenamiento político, jurídico y económico en una transición democrática en Cuba”.

A continuación reproducimos su introducción de forma íntegra:

Programa para un nuevo ordenamiento político, jurídico y económico en una transición democrática en Cuba

Una vez desterrada la dictadura, el proceso de transición hacia la democracia en Cuba implicará transformaciones de gran complejidad. Para dar paso, de manera efectiva, a un Estado de Derecho, es imprescindible conocer las dinámicas y estructuras que existen hoy en nuestra nación.

Comprender cómo rige el totalitarismo en la Isla implica también conocer los mecanismos que han creado los cubanos para sobrevivir al sistema, que abarcan comportamientos en lo político y social hasta estructuras de la economía informal. Así mismo, el crecimiento y fortalecimiento de la mayor parte de nuestra diáspora, a solo 90 millas hace de nuestra nación un caso sui generis.

En este texto identificamos en el espurio aparato legal y jurídico del castrismo las bases formales de las violaciones de los derechos y libertades fundamentales y exponemos nuestra visión y propuestas para la construcción de la democracia en nuestra nación.

Asumimos las relaciones interestatales e internas de cada nación, en términos de Estado de Derecho, democracia, legitimidad, derechos y libertades fundamentales como el conjunto de principios y valores que deben expresar la dignidad plena del hombre y el imprescindible equilibrio ciudadano-poderes públicos.

Tomamos como referencia la letra de los Pactos de Derechos Humanos de la ONU y otros instrumentos jurídicos internacionales, comentarios generales e informes de órganos de Tratados y fundamentos de nuestra historia para enmarcar nuestras propuestas.

Partimos del hecho, de que, en un momento inicial, un gobierno de transición debe reconformar con celeridad y carácter transitorio algunas de las llamadas instituciones y sistema jurídico y legal que operan en la actualidad, en aras de evitar la ingobernabilidad y disfuncionalidad.

Visualizar ese escenario futuro, requiere dar respuesta a un grupo de cuestionamientos fundamentales:

• ¿Qué pasos urgentes dar ante el fin de la dictadura?
• ¿Qué derogar, transformar o mantener del “sistema jurídico y legal” operante y de las estructuras estatales?
• ¿Cuáles serían los elementos básicos a implementar en cuanto a derechos y libertades fundamentales?
• ¿Qué pasos dar en el sector económico para impedir un colapso y remontar el estado paupérrimo de la economía?

Mostramos un mapeo y nuestras propuestas en sectores y tópicos claves como:

1) Soberanía, democracia y organización del poderestatal
2) Derecho a participar en la gestión gubernamental, directamente o por medios de representantes, mediante procesos electorales democráticos
3) Instituciones nacionales de protección y promoción de Derechos Humanos
4) Relación entre el Derecho Internacional y el Derecho Interno. Sistema de incorporación
5) Derecho a la libertad y a la seguridad personal. Debido proceso
6) Libre ejercicio de la abogacía
7) Libertad de opinión, expresión y prensa
8) Libertad de reunión, manifestación y asociación
9) Libertades Económicas: derechos de propiedad y liberalización
10)Derecho a la sindicalización y a la negociación y acciones colectivas 11) Derecho a la educación y a la diversidad ideológica
12)Salud, pensiones y seguridad social

El presente estudio plasma una visión y estrategia que evolucionará de acuerdo a los posibles escenarios que se desarrollen en nuestro país. Es decir, estamos frente a un texto vivo.

La presente versión es una primera entrega de este programa. Para una segunda o subsecuente, añadiremos algunos temas que se encuentran en elaboración y constituyen columnas de la transición:

a) Partidos políticos
b) Sistema Electoral
c) Justicia transicional
d) Fuerzas Armadas
e) Ministerio del Interior y Seguridad del Estado

Es preciso aclarar que, a pesar del carácter ilegitimo del actual sistema imperante, haremos alusión a los órganos de poder, organismos y cuerpos jurídicos por sus denominaciones oficiales con el propósito de una lectura comprensible y fluida.

DESCARGA EL PDF DEL PROGRAMA




Transición a la cubana

Raúl Castro, Miguel Díaz-Canel, Mercedes López Acea y Bruno Rodríguez en la Plaza de la Revolución este Primero de Mayo (cubadebate.cu)

LA HABANA, Cuba.- Desde que el pasado 19 de abril se produjo el traspaso del gobierno de manos del General Raúl Castro a Miguel Díaz-Canel Bermúdez, mucho se ha especulado en los medios extranjeros acerca del posible inicio de una transición política en Cuba. Por alguna inexplicable razón ciertos colegas –quizás bienintencionados, aunque mal orientados– identifican al nuevo mandatario cubano como una suerte de timonel que conducirá a la Isla náufraga hasta el venturoso puerto de la democracia.

Los defensores de esta tesis se basan tanto en cuestiones objetivas, entre ellas la imperiosa necesidad de efectuar aperturas al interior de la Isla que permitan oxigenar la agónica economía nacional y mejorar las difíciles condiciones de vida de los cubanos, como en razones más subjetivas, especialmente el cambio generacional de la dirección política del país –que eventualmente acabaría sustituyendo al resto de la mermada generación histórica de los cargos que todavía ocupan–, con el beneficio adicional de que los nuevos dirigentes al frente del Gobierno, si bien no tomaron parte de la épica del Moncada, del Granma y de la Sierra Maestra en la que se basaba la supuesta legitimidad del poder autocrático del castrismo, tampoco cargan sobre sí el peso de los paredones de fusilamiento, del despojo de las propiedades, de los campos de trabajo forzado y de todas las atrocidades cometidas por la dictadura cubana en las últimas seis décadas.

En defensa de esta pretendida agenda transicional –hasta el momento más deseada que posible– a la que se refieren algunos alucinados medios foráneos, podría mencionarse que en la Cuba actual existen, en efecto, similitudes sociopolíticas con países que en el último tercio del siglo pasado protagonizaron procesos de transición democrática tras largas dictaduras. Tales son los casos de Portugal y de España, las dictaduras más longevas de Europa, aunque no tan perdurables como la cubana.

De hecho, la casi sexagenaria autocracia castrista no es sino una fallida tentativa de transición que terminó siendo traicionada: la deriva de la revolución pro-democrática llegada al poder en enero de 1959 so pretexto de derrocar la dictadura anterior, impuesta por el golpe de estado de Fulgencio Batista, en marzo de 1952. Esto convierte a los cubanos en poseedores del deshonroso privilegio de haber vivido ininterrumpidamente bajo condiciones de dos dictaduras consecutivas durante los últimos 66 años.

Ahora bien –y salvando las razonables variaciones de matices–, entre las semejanzas de la realidad actual cubana con las condiciones de los países antes mencionados en los momentos en que se produjeron sus respectivas transiciones se cuentan la presencia de un poder autocrático basado en una ideología única (y personalista), la intensa y permanente propaganda del pensamiento gubernamental unida a la más inflexible censura sobre cualquier opinión o corriente política alternativa, el culto oficial al líder –que en el caso cubano se intenta prolongar más allá de la muerte de éste–, la exaltación de un pasado histórico heroico que supuestamente justifica la ideología y el liderazgo del Poder dictatorial y que, además, marca la pauta nacional hasta el presente y hacia el futuro, el control social a través de la policía política represiva y de las organizaciones pro-gubernamentales (represión selectiva para sembrar el miedo y el silencio en la sociedad), y el corporativismo económico del Estado, que en Cuba es también, a la vez, Gobierno y Partido único.

Sin embargo, son las diferencias las que –pese a ser quizás cuantitativamente menores– resultan más profundas y determinantes a la hora de explicarnos el retraso (por no decir, la inexistencia) del largamente esperado proceso de transición democrática en Cuba.

En el caso de Portugal, el derrocamiento de la dictadura salazarista fue resultado de un levantamiento militar que trascendería como Revolución de los Claveles (abril de 1974), protagonizado por el Movimiento de las Fuerzas Armadas (MFA), una fracción rebelde del ejército encabezada por un grupo de oficiales descontentos con el Gobierno debido, fundamentalmente, al estancamiento de la guerra en las colonias portuguesas de África y Timor Leste.

Precisamente por la importancia de la élite militar para la conservación de sus colonias, el ejército constituía un importante pilar político para el gobierno portugués, de ahí que la posibilidad de una conspiración militar de grandes proporciones en Portugal no solo parecía contradictoria o casi imposible para el régimen sino que tomó por sorpresa a la poderosa policía política, el más eficaz guardián del salarcismo. La capacidad de organización, la disciplina militar y la extensión del MFA hicieron posible que en solo cuestión de horas se extendiera la revolución, la dictadura fuera derrocada y –tras dos años de turbulencias políticas–, se estableciera la democracia en el país.

La transición española, por su parte, iniciada en 1975 a raíz de la muerte del dictador Francisco Franco, fue un proceso civil complejo en el que, además de la voluntad de cambios del rey Juan Carlos I como sucesor previamente designado por el anciano caudillo para la jefatura del Estado,  jugaron un papel esencial los amplios apoyos recibidos por el nuevo monarca tanto de un sector importante de capitalistas dentro de España como de numerosos países occidentales, así como los consensos alcanzados por los partidos políticos de las más disímiles tendencias ideológicas –incluyendo elementos del añejo régimen franquista– que eventualmente permitieron la elaboración de la nueva Constitución, el referéndum  que la aprobó y su definitiva entrada en vigor en diciembre de 1978, quedando consagrado el Estado de Derecho.

Cierto que no faltaron escollos a lo largo del proceso, pero en el éxito de la transición española también jugó un papel fundamental el apoyo de sectores y personalidades del antiguo régimen franquista que apostaron por la evolución pacífica y gradual hacia la democracia y trabajaron por su consolidación.

Basta una mirada general para descubrir que, mientras las semejanzas entre la realidad cubana actual y los escenarios que favorecieron las transiciones democráticas de Portugal y España han estado determinados por sus respectivas dictaduras, la salida del Poder de los autócratas y los procesos de evolución hasta la democracia en ambos países europeos los han hecho posibles actores sociales y políticos que no existen (o al menos no se han revelado hasta ahora) en Cuba. A saber: sectores élite de militares descontentos debidamente organizados y dispuestos a cambiar el orden político, elementos reformistas dentro del propio poder político que favorezcan una transición ordenada, grupos de poder económico nacionales capaces de influir en los cambios pro-democracia, una oposición debidamente articulada y dispuesta a generar consensos políticos en interés de un destino democrático común y –no menos importante– una comunidad internacional positivamente interesada en apuntalar el surgimiento y consolidación de una verdadera democracia en Cuba.

Ante la orfandad de derechos y la escualidez cívica de la sociedad cubana, y ante la demostrada ausencia de consensos entre los sectores de la oposición, el tardocastrismo –ahora representado en una nueva generación de servidores– tiene todas las cartas a su favor para prolongarse en el Poder. Para ello se apresta a legitimar la nueva era de la dictadura a través de una también nueva Constitución que en tiempos venideros deberá someterse a referéndum y que –como era de esperarse– ya ha comenzado a marcar otro cisma entre los opositores: de un lado, aquellos que asumen el reto como una oportunidad de decir “NO” al régimen, al unipartidismo y al socialismo obligatorio; del otro, aquellos que no solo niegan esa posibilidad, sino que eligen desgastarse en la descalificación de los primeros acusándolos de pretender “legitimar” la dictadura.

No parece razonable, en medio de tan lamentable escenario, hablar de una transición cubana. En lo que a muchos cubanos respecta, Miguel Díaz-Canel Bermúdez no más que el heredero y continuador del régimen dictatorial hasta tanto demuestre lo contrario. En todo caso lo que se ofrece actualmente a la vista es una “transición a la cubana”, proceso equivalente a transitar de una dictadura de gobierno vitalicio a una de gobierno con relevo, pero dictadura a fin de cuentas.

Salvo que (¡quién sabe!) por el camino aparezcan nuevos actores y circunstancias, se produzca el milagro de un consenso entre los demócratas cubanos y, sorpresivamente, comience al fin en la Isla la soñada transición hacia la democracia.

Pero sepan esos entusiastas colegas de la prensa extranjera, tan ajenos a las aspiraciones de los cubanos como desconocedores de nuestra realidad, que hasta tanto ese momento maravilloso llegue –si es que lo hace– no es lícito ni realista hablar de transición política en Cuba.




Oscar Elías Biscet, una visión para el cambio

El doctor Oscar Elías Biscet y sus colaboradores del Proyecto Emilia (babalublog.com)
El doctor Oscar Elías Biscet y sus colaboradores del Proyecto Emilia (babalublog.com)

FORT PIERCE, Estados Unidos.- Haber recibido la Medalla Presidencial de la Libertad de manos de George W. Bush en 2007 ha sido uno de los más grandes momentos en la vida de Óscar Elías Biscet, líder en la oposición cubana devenido símbolo de varios movimientos políticos disidentes de la isla.

Sus recientes intervenciones ante el Congreso de los Estados Unidos se unen a su ejemplar trayectoria política, que incluye casi diez años en prisión y una labor encomiable en pos de la unidad del pueblo cubano, de manera especial a través del Proyecto Cívico Emilia, que ha conseguido más de 3 000 firmas de aquellos que quieren una democracia y acabar con el régimen comunista.

En su reciente visita a Radio y TV Martí, expresó que los gobernantes cubanos están “preparando el cambio evolutivo” del régimen, lo que merece ser analizado detenidamente.

Con el paso del poder a Raúl Castro, muchos tuvieron cierta visión acerca de un futuro con cambios. Otros, sumergidos en el escepticismo y el pesimismo que el propio sistema origina, se resistieron a creerlo. Lamentablemente, multitudes siguieron el curso de sus vidas sin pensar en lo que esto significaría para su país, ya sea por pura enajenación o por la pérdida de aquella capacidad inherente al hombre, el pensar, algo que se disipa y se pierde con frecuencia en los sistemas totalitaristas.

Pocas veces tienen lugar en la historia cambios radicales contundentes, las dos grandes guerras mundiales y otros tantos conflictos bélicos que se han extendido en el tiempo han sido precedidos por una serie de condicionantes, capaces de desencadenar finalmente un suceso. Es decir, dada la existencia de premisas no solo de carácter objetivo, sino desde el imperceptible pensamiento de los hombres.

Los cambios que revolucionaron a Europa Oriental hacia el último tercio del pasado siglo veinte, se gestaron durante un largo período de tiempo; hasta que los países involucrados estaban en su agonía, cual sombras espectrales, al comparárseles a sus vecinos del occidente, los que lograron poner bien alto sus economías y alcanzar grandes logros en numerosas áreas. Solo así advino el cambio, con rapidez desde la precepción de la apariencia,  pero muy lentamente en el tiempo cuando se le analiza con profundidad.

En el caso de Cuba, a pesar de que algunos no logran percibir los cambios a través de lo sutil, estos están teniendo lugar. Con una lentitud extrema, pero están ocurriendo, y la mayor prueba es el inicio de las relaciones con los Estados Unidos, algo prácticamente increíble y que con seguridad no hubiera ocurrido jamás bajo el mandato del delirante y olvidado viejo dictador. Este es, tal vez, uno de los tantos elementos preparatorios de ese cambio evolutivo para el que se prepara el propio gobierno cubano, que aunque se resiste a la transformación radical no le queda otra opción que aceptar un devenir histórico que trae consigo la desaparición de aquel ideal, por el que –se supone– lucharon hace más de medio siglo.

Biscet, con un discurso preciso y seguro, respaldado por la agudeza de su pensamiento previsor, ha sido capaz de teorizar –sin desprenderse de su práctica visión de siempre– en uno de los más polémicos puntos del entorno político cubano: el futuro no muy lejano del país, una vez que el dictador de turno deje su poder como ya ha anunciado públicamente.

Una de sus hipótesis consiste en un posible levantamiento armado de los propios militares, algo que pudiera parecer una utopía, pero no deja de ser una opción en un país donde todo es posible, y del cual han salido militares de alto rango y funcionarios de larga trayectoria dentro del régimen, estableciéndose en otros países y hasta uniéndose a ciertos movimientos políticos del exilio. Así, estos militares que Biscet reconoce como dignos, darían la merecida libertad al pueblo cubano.

Otra hipótesis consiste en que sea el pueblo quien le ponga fin a la dictadura, lo que se infiere sea a través de la no violencia, según los preceptos defendidos por el opositor desde que creara la Fundación Lawton por los Derechos Humanos, en 1997, con el objetivo de promover pacíficamente la defensa de los derechos, tomando como base el respeto a la vida; lo que está sustentado en el principio de la desobediencia civil no violenta, cuya fundamentación es más filosófica y antropológica que política, pero de utilidad indudable en el contexto de la modernidad de estos tiempos.

Gene Sharp, el político estadounidense contemporáneo, desarrolló su teoría de la acción no violenta como forma de lucha apropiada para el presente. La modernidad implica cambios en las opciones estratégicas, y la lucha pacífica que lentamente está asumiendo el pueblo cubano protagonizado por movimientos como las Damas de Blanco, UNPACU, Opositores por una Nueva República,  Fundación Lawton, Cuba Independiente y Democrática, entre otros grupos, son muestras convincentes de la realidad política de la isla.

La desobediencia civil pacífica propuesta por Sharp, y asumida inteligentemente como modelo por Biscet, es la forma ideal para derrocar a la dictadura. Desde el momento en que los gobernantes no tengan a quien dar órdenes por cuanto sus súbditos han dejado de obedecer, tendrá lugar una paralización del país, y ya  “hay un pueblo que está despertando, un pueblo que está pensando, y con ese pensamiento creo que el final está próximo”, ha declarado Biscet al abordar el tema del futuro de Cuba.

La terrible represión del gobierno cubano podrá impedir un levantamiento armado, que no es la propuesta ideal en nuestros tiempos, pero no podrá detener a todo un pueblo que se quede en sus hogares o que decidan sentarse en los parques durante días y noches en vigilia. La no cooperación se impone: no a desfiles y concentraciones, no a reuniones convocadas por el régimen, no cotizaciones de sindicatos y “organizaciones de masa”, no participar en los simulacros de elecciones, entre otras tantas acciones que son formas sutiles de ofrecer resistencia, siguiendo los principios de la desobediencia civil no violenta.

No solo los gobernantes han de prepararse para el cambio evolutivo, sino el pueblo, que debe continuar con ese despertar al que se ha referido Biscet, que lo conducirá de manera inevitable a los cambios que sí están ocurriendo, aunque algunos se resistan a admitirlo.




La transición no comenzará hasta que Fidel Castro muera, según expertos

Fidel Castro durante el cierre del VII Congreso del Partido Comunista de Cuba (Foto: Cubadebate/AP)
Fidel Castro durante el cierre del VII Congreso del Partido Comunista de Cuba (Foto: Cubadebate/AP)

MADRID, España.- El liderazgo “bastante limitado” del presidente cubano Raúl Castro hace que una transición en el país no pueda comenzar hasta que fallezca su hermano y expresidente (1976-2006) Fidel Castro, explicaron hoy en Madrid expertos en política internacional.

“La verdadera transición cubana comenzará con la muerte física de Fidel Castro. La muerte física del líder histórico es lo que va a detonar un cambio sin máscaras”, argumentó el profesor-investigador cubano de Ciencia Política de la Universidad Iberoamericana de México, Carlos Manuel Rodríguez Arechavaleta.

En el debate “Escenarios posibles del futuro cubano” organizado por la Facultad Latinoamericana de Ciencias Sociales (Flacso) en Casa de América de Madrid, Rodríguez destacó la intención de Raúl Castro de “cambiar, en un primer lugar, la concepción económica” del país, algo que constituye un “elemento alentador”.

La profesora alemana de Relaciones Internacionales de la Universidad Autónoma de Madrid, Susanne Gratius, destacó además el papel del actual presidente en el cambio de un “régimen más totalitario” a un “autoritarismo militar” que se ha producido en el país, aunque reconoció que le falta el “liderazgo carismático” de Fidel.

“En el fondo, en Cuba no hay un problema económico, sino un problema político”, dijo Gratius, a lo que añadió que los cambios y “un cambio presidencial antes de 2018” están “en la agenda” del Gobierno cubano.

“Se van a realizar bastantes cambios y reformas políticas e institucionales. (Rául Castro) va a entregar el poder”, aventuró la profesora.

Estos cambios, sin embargo, deben realizarse progresivamente y sin influencias exteriores, argumentó el director del Observatorio de Política Exterior de la Fundación Alternativas, Vicente Palacio.

“Los actores externos tienen claro que este es un asunto de los cubanos. Aquí ya no vale interferir, precisamente por no provocar el efecto contrario al deseado. La injerencia ya no funciona”, explicó.

Los factores externos, como el reinicio de las relaciones institucionales entre la Isla y Estados Unidos, o el acuerdo firmado entre la Unión Europea (UE) y el país caribeño en marzo de este año, tienen que actuar “paso a paso”, de manera que se puedan “acompasar las reformas políticas a las económicas”, según Palacio.

Gratius cree que esta “lentitud” en las reformas se hace para “mantener la estabilidad de este régimen autoritario”.

Si el Partido Comunista de Cuba (PCC) se debilita, expuso Rodríguez, la transición será “más desordenada y caótica”.

Por tanto, añadió, “el escenario más previsible para evitar el caos sería un gobierno burocrático autoritario, formado, en el plazo inmediato, por militares de confianza” de Raúl Castro.

(EFE)




La Nación Cubana y la Cuba de los hermanos Castro

Obra de una bienal de La Habana, en el malecón capitalino (foto de archivo)
Obra de una bienal de La Habana, en el malecón capitalino (foto de archivo)

BELEM, Brasil.- Cuando el actual y voluminoso noticiero mundial habla sobre “Cuba”, se sobrentiende que está hablando sobre “la Cuba de los hermanos Castro”. Esto, desde luego, para la cuarta parte de la población cubana –aquella que vive en el extranjero– es una generalización inexacta. La Cuba real, aquella que está conformada por todos sus hijos, es la suma de dos mundos separados: la isla gobernada por el castrismo, más los cubanos que viven esparcidos por el resto del Mundo.

En realidad, “La Nación Cubana” es una dicotomía: la Cuba que sobrevive dentro de la isla, cuya aspiración básica es irse al extranjero para liberarse de una dictadura empobrecedora; y la Cuba que ha renacido lejos de su Patria, en otras latitudes, que la añoran y veneran. En realidad son dos “Cubas”: una sometida y pobre y otra pujante y rica, como era la isla antes –y lo será en el futuro. De alguna manera, Miami es lo que la Habana hubiera sido sin Fidel Castro.

Es importante decir que la Cuba anterior a la dictadura castrista tenía los mayores índices de desarrollo económico y social de toda la América Latina: el segundo mayor PIB por habitante; el mayor consumo de electricidad por habitante; la menor tasa de analfabetismo; el mayor volumen de periódicos diarios publicados; el mayor índice de autos por habitante; la mayor tasa de consumo de proteínas; el mayor salario medio; el mayor índice de reses por habitante; más cines que Paris y un largo etcétera que incluye haberle hecho la música al Mundo de entonces.

Es verdad que antes de la dictadura castrista actual existió otra dictadura, pero esta se circunscribió a limitar las libertades políticas, permitiendo un desarrollo económico, social y humano típico de los padrones del Primer Mundo. Como lo anterior implicaba una fuerte contradicción, el pueblo de Cuba luchó contra la anterior dictadura, pero nunca para implantar una sociedad empobrecedora y totalitaria como el absurdo impuesto por los hermanos Castro.

Hay que decir por otra parte que “lo mejor” de la sociedad cubana esta fuera de la isla. Es una verdadera vergüenza reconocer que los mejores deportistas, artistas, literatos, ingenieros, arquitectos, intelectuales, periodistas, comediantes, músicos, profesores, políticos, entre otros profesionales –o simples trabajadores– viven fuera de la isla, obligados por el mandato de obediencia y castración que se ha implantado militarmente dentro de Cuba por el castrismo.

Ante semejante realidad, es improcedente pretender resolver “el problema cubano” sin contar con el esfuerzo, el capital, la capacidad emprendedora y de liderazgo de la cuarta parte de la población cubana en el exterior. No importa el esfuerzo de los EUA para tratar de inyectar el virus emprendedor y/o democrático dentro de la isla, si la mejor parte de la población cubana le es impedido participar, invertir, liderar e incluso gobernar, la Nación Cubana del futuro.

No nos llamemos a engaño, ninguna Nación se levanta del estatus de “haitianización” a que está sometida la Cuba actual sin el concurso de sus mejores hijos. De aquellos que han triunfado en las condiciones del exilio –no sólo en EUA– sino en los cuatro confines del Globo. La intelectualidad cubana insistirá en sus valores patrios, quiéralo o no la dictadura y su aliados. El reconocimiento de cada cubano es la única fórmula para formar la Nación Cubana del futuro.




¿Vendrá la debacle del Partido Comunista?

Raul-y-Maduro
Raúl Castro y Nicolás Maduro (foto tomada de internet)

LA HABANA, Cuba.- El descalabro electoral sufrido el 6 de diciembre por Maduro y sus partidarios en Venezuela ha levantado una marejada de opiniones y expectativas en Cuba, especialmente acerca de la necesidad o la posibilidad de que en la isla ocurra algo similar para poner fin a más de medio siglo de voluntarismo político y mala administración.

¿Cómo lograr que los cubanos se llenen de valor y exijan comicios democráticos para elegir directamente a sus gobernantes? Entre tantas opiniones diversas, con una hay que concordar: existe una falta de cohesión congénita; pues para el pueblo cubano la unidad solo es necesaria y realizable cuando se trata de “hacer frente al imperialismo”, reclamar a algún “inocente” espía preso en Estados Unidos, o acudir cada primero de mayo a la Plaza de la Revolución. “Unidad” es quizás la segunda palabra más martillada en las sienes de generaciones de cubanos (después de “venceremos”), pero nadie se atreve a utilizarla para modificar un status quo que está literalmente ahogando al país.

¿Cómo hacerle entender a quienes fueron mozos en los años más rojos de la revolución cubana, que el sistema al que sacrificaron su juventud, su honra, su conciencia y sus esperanzas, los ha hundido en la abyección? Esas personas ya atraviesan la tercera edad y representan casi la mitad de la población cubana actual. ¿Con qué fuerzas cuenta Cuba para unirse y obligar al gobierno a efectuar elecciones democráticas? Los cubanos votan por el delegado de la circunscripción porque es un hábito adquirido, aunque sepan de antemano que no va a resolver ningún problema y que ese mismo delegado, con igual indolencia y renovado oportunismo votará más tarde por otro incompetente a nivel municipal y así sucesivamente, en una verticalidad perpetua que tiene como fin el sostén de la autocracia.

Los viejos, que son mayoría en Cuba, no van a luchar porque no tienen fuerzas ni ánimo para hacerlo. Ya han sido devorados hasta el tuétano por el sistema y –para vergüenza de los cubanos honrados– malviven a base de pensiones miserables que a muchos han llevado a la mendicidad o al escamoteo.

Por otra parte, antes de ser optimistas, urge observar las tendencias de la juventud cubana actual, que podrían resumirse en cinco: delincuencia o apatía social, alcoholismo, hedonismo ilimitado, voluntad de emigrar lo antes posible y pasividad sujeta al sistema que, cuando conviene, sabe distribuir sus migajas entre los enajenados militantes de la Unión de Jóvenes Comunistas.

¿Qué probabilidades de cambio hay en semejante contexto? La mayoría de los jóvenes cubanos no podrían, aunque quisieran, transformar la realidad del país porque no tienen verdadera cultura política. Gracias a la eterna crisis económica, las recientes generaciones de cubanos han sido moldeadas al calor de antivalores: rapacería, engaño, ignorancia, corrupción, holgazanería, indolencia, egoísmo y vulgaridad.

Los pocos jóvenes sensatos y aprovechables que quedan no piensan en luchar por Cuba, sino en emigrar para darse la oportunidad de vivir con decoro la única vida que existe. Han sufrido el estrepitoso fracaso de sus padres y abuelos, quienes lo dieron todo por la revolución y hoy deben decidir qué hace más falta: una botella de aceite de cocina o un calzoncillo. ¿Quién puede reprocharles el querer alejarse de tanta mugre física y espiritual?

Si en Venezuela triunfó el partido de la oposición fue porque allí, aunque maltrecha, aún sobrevive la tradición de pluripartidismo. La oposición venezolana pudo llegar al pueblo a través de internet y los medios de comunicación, y mostrar la otra versión de los hechos. Basta conocer a Cuba desde dentro para saber que las revoluciones socialistas en el Tercer Mundo son una falacia. Quien se tragó el cuento de una Venezuela eternamente chavista carece de pensamiento objetivo. Nada más hay que ver cómo han calcado la parafernalia del fracasado socialismo cubano: el mismo discurso, idéntica filosofía y hasta la estética deplorable de vallas y murales políticos en cualquier lugar.

Venezuela tiene, además, el precioso regalo natural de ser tierra grande, bien poblada y adherida a la masa continental. Cuba, en cambio, es una isla. Ello implica una condición natural de aislamiento y vulnerabilidad que ha sido muy bien aprovechada por dos gobernantes en medio siglo. La justificada emigración ha tenido un impacto desastroso en la economía, reduciendo la población a millones de adultos mayores, miles de discapacitados, una juventud propensa a la holgazanería y una infancia escasa y mal alimentada.

Quienes sostienen que la solución para acelerar el cambio es un cierre total de todo: “no viajes, no remesas (…) el hambre puede ser una motivación para la sublevación” (comentario de un lector llamado Ángel en un texto aparecido en Cubanet), deberían considerar que si eso sucediera, mientras el pueblo se desangrara tratando de robarse unos a otros, los gobernantes Cuba y sus partidarios no pasarían hambre. Barajarán el modo de paliar la situación mediante convenios con Rusia, China, Irán o Saturno, cosa que Estados Unidos no podría impedir. Más hambre que la de 1994 no pasará el pueblo cubano, y en aquella fecha no hubo rebelión, solo unos pocos disturbios que fueron aplacados con las Brigadas de Respuesta Rápida y la presencia del caudillo.

Visto así, la solución no es el aislamiento, el cierre de todo; primeramente porque cada cubano que tenga seres amados en la isla no lo va a permitir, y porque dicha acción –tan radical como inhumana– podría hasta generar un problema interno en el estado de Florida. Si la oposición cubana quiere realmente impulsar un proyecto de cambio, debe llegar al pueblo con un programa económico-social digno y realizable por un partido alternativo. Nadie hará caso de los disidentes que aleguen que el mayor problema de Cuba es la falta de internet, con tanto pueblo pasando hambre, tantos ancianos desatendidos y tanta corrupción en todos los niveles.




¿Tiene relevo el exilio histórico?

la peña oK OK OKLA HABANA, Cuba. –Hace dos décadas, el Canal de las Bahamas se llenó de cubanos  intentando llegar a Estados Unidos. Los que arribaron, jóvenes en esa época, son el sostén de sus familiares que quedaron en la Isla.

Hoy Cuba avanza hacia el futuro caminando a ciegas, como muchos de nosotros durante las noches de apagón en 1994. A Raúl Castro y su corte de generales les conviene esa ceguera. Les conviene que los cubanos no vean que la transferencia de poderes  ya está en marcha.

Los ancianos militares pasan el mando a una nueva clase militar y gerencial corrupta. Y el pueblo que –por medio siglo– los apoyó, que gritó “paredón”, que fue a las Zafras del Pueblo, a las misiones de guerra en África, que tiró piedras y escupió a los que se iban por el Mariel en 1980, serán (ya lo son) la mayoría empobrecida a la que les fusilaron el futuro en el paredón de la utopía.

En Cuba, la gente joven, oscila entre el desencanto total, las ganas de irse y la imposibilidad de labrarse un futuro, en la lucha por la supervivencia. La conciencia de vivir bajo un régimen dictatorial se grita a voz en cuello. Pero no hay fuerzas para luchar, hay cansancio, apatía. Y hay que seguir viviendo, luchar el plato de comida, la ropa, y hasta un poco de alegría.

En Miami

Varios senadores y congresistas cubano-americanos, sostienen una posición vertical a favor de no ceder ni un ápice, en el embargo al régimen cubano. Pero Miami no es la misma de hace tres o cuatro décadas. Su demografía ha cambiado. El exilio histórico ha envejecido. Y su herencia política y espiritual no ha echado anclas en los jovenes que llegan de la Isla.

Muchos que hoy están prosperando y creciendo económicamente en la comunidad cubana de La Florida, no se sienten parte del exilio histórico. Para estos americanos-cubanos resultan distantes, las vivencias tenebrosas de sus padres y abuelos en la otra orilla. En un futuro inmediato, pudieran acompañar a la nueva clase militar y gerencial a entronizarse en la Isla.

El futuro

En Miami, prósperos hijos y nietos de los fundadores del exilio, ven la solución del diferendo cubano-estadounidense, en un reacomodo vinculado a las nuevas circunstancias que surjan del tránsito en Cuba. Lo cual, no necesariamente Versallesimplicará una real apertura democrática y la refundación de la república.

En la Isla, un país económicamente en ruinas y gravemente dañado en lo antropológico, caerá en manos de una clase heredera poderosa y voraz. Que no dudará en acelerar los cambios, y barrera los vestigios que queden del clientelismo político del “ancient regime”….

Lo harán para echar tierra sobre los crímenes de sus padres y abuelos. Se asegurarán de poner mano dura contra quienes interfieran críticamente en sus planes.

Recogerán el fruto de un pacto mutuamente ventajoso con los colegas de 90 millas al norte. Un pacto que ya está funcionando.

Mientras tanto, la “habanizacion” de la emigración cubana sigue su curso.

En el futuro, los nacidos en Estados Unidos percibirán las historias de sus abuelos llegados de la isla, del mismo modo en que se escuchan las historias de terror en las noches de Halloween.




Raúl Castro: la “transición” que no es

Raul Castro cover
Raúl Castro podía marcar la diferencia entre el estancamiento económico de aliento “fidelista”, y una política aperturista

LA HABANA, Cuba -Cuando finalmente caiga el telón sobre el castrismo, Raúl Castro habrá perdido la oportunidad de erigirse en guía de una transición que hubiera llevado a Cuba a un camino de apertura hacia la prosperidad y la democracia. De haberla emprendido, quizás muchos cubanos hubiesen estado dispuestos a perdonarle su participación y su complicidad con esta larga decadencia que algunos insisten en llamar “revolución”. Ya no será así.

Por supuesto, transitar de buen grado hacia la pérdida del poder sería pedir demasiado a quien fue corresponsable de la satrapía y el descalabro entronizados en la Isla desde 1959. Para una tarea tan responsable y magna no solo se requeriría de inteligencia, desprendimiento y amor a Cuba y a los cubanos, sino también de una valentía y grandeza humana imposibles en un dictadorzuelo de reciclaje. Ninguna de estas cualidades adorna al General-Presidente.

Raúl Castro asumió el poder, sí por designación y no por voluntad explícita de los cubanos, pero lo cierto es que tanto las circunstancias en que se produjo su ascenso, como ciertas transformaciones que se habían originado bajo su dirección dentro del Ministerio de las Fuerzas Armadas desde la década de los 90’, le habían granjeado un nimbo de “reformista” y de “hombre práctico, con los pies en la tierra”, muy diferente de las colosales fantasías fracasadas de Castro I. Esto era motivo suficiente para alentar moderadas esperanzas de cambios en algunos sectores de una población agobiada por las carencias, creándose ciertas expectativas sobre el advenimiento de tiempos más promisorios, al menos en el plano económico.

Así, la célebre Proclama del 31 de julio de 2006 pudo haber sido –aunque no fue– la línea de arrancada para una transición gradual y pactada entre el gobierno y los cubanos. Porque Raúl Castro no pasa de ser justamente eso: un administrador de mercado medianamente exitoso, pero no el político talentoso que necesita con urgencia la crítica situación cubana.

Un optimismo efímero

Oficina de Intereses La Habana
La reforma migratoria excluye a los profesionales, los atletas, los médicos, así como directivos, ejecutivos, científico-técnicos del país”

Podría asegurarse que el optimismo por la llegada al poder de Castro II fue moderado. De hecho, los sectores políticos desafectos al gobierno, si bien se mantuvieron atentos al proceso de “traspaso de poderes” y a las ulteriores movidas que acabaron sacando de la cúpula a los “fidelistas” designados por Castro I para que compartieran el mando con su hermano menor, nunca sucumbieron a la tentación de las promesas del “nuevo” gobernante.

Sin embargo, para ciertos sectores de emprendedores que estaban esperando la oportunidad de lanzarse al mercado nacional como empresarios autónomos, el General Raúl Castro podía marcar la diferencia entre el estancamiento económico de aliento “fidelista”, y una política aperturista que impulsara el mercado interno a partir de reformas efectivas.

Los nativos aspirantes a empresarios no eran los únicos esperanzados. En el imaginario de ciertos analistas de la economía cubana,  el General Raúl era un reformista, un hombre práctico y un administrador nato, con un sentido más realista de la situación. Quizás, en una postrera inspiración, decidiría cubrirse de gloria y pasar a la Historia como el artífice de la reconstrucción de la democracia en Cuba. ¡Vaya un desvarío!

Por su parte, los primeros discursos del nuevo gobernante encerraban, a la vez que veladas críticas a la administración económica de su hermano, algunas promesas de cambios. “No es posible que a estas alturas cada cubano no pueda desayudar con un vaso de leche”, espetó en medio de un discurso, y la ovación que siguió a la frase –después omitida en la transcripción taquigráfica publicada en la prensa– fue harto elocuente. La miseria material y moral ha calado tan hondo en la conciencia de las masas que la oferta de un humilde vaso de leche pude constituir toda una meta.

Cuentapropistas
La cuarta parte de los cuentapropistas que estaban registrados por la ONAT en 2012-2013 han devuelto sus licencias

Sin embargo, la percepción de un Raúl Castro como administrador eficaz no resultaba totalmente infundada. A finales de los años 80’ muchas empresas del MINFAR habían comenzado a funcionar con mayor eficiencia gracias al “Sistema de Perfeccionamiento Empresarial” (SPE), instaurado por él. El procedimiento otorgaba mayor autonomía a las empresas e incentivos materiales a sus trabajadores y a sus administraciones, bajo principios estrictos de confiabilidad contable, control y disciplina, demostrando claramente más y mejores resultados que el de las empresas estatales civiles.

Lamentablemente, el SPE quedó circunscrito solo a los espacios empresariales militares debido a la renuencia de Castro I a generalizarlo en las empresas civiles. Así, con el tiempo, se reforzó la aureola de “reformista” en torno a la figura de Raúl Castro y se consolidó un importante sector empresarial entre los militares de alto rango, que en la actualidad cuenta con una vasta experiencia y una posición marcadamente ventajosa en el marco de las transformaciones económicas. Ellos monopolizan hoy las áreas más rentables y mejor posicionadas dentro de la precaria economía cubana y, en consecuencia, nos guste o no, constituyen potencialmente un grupo de influencia ante un probable proceso de transición en un futuro mediato, de la misma forma que ciertos estratos y personalidades políticas y económicas importantes del régimen franquista jugaron un importante papel en la transición española y en otras que sucedieron en el proceso de desplome del “campo socialista europeo”..

Es decir que, si algún capital político pudo cosechar el General-Presidente entre los cubanos, se debió justamente a esas expectativas de cambios y no a una supuesta voluntad de “continuar defendiendo los logros de la revolución” o a ninguna otra gazmoñería de aliento comunista. Puede que el General sea un tipo práctico, pero los cubanos lo son también. Con tanta más razón por cuanto han precisado de toda la habilidad e inteligencia imaginables para sobrevivir a lo largo de más de medio siglo de carencias, sin perder su principal recurso: los deseos de prosperar.

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¿Vendrán los inversionistas extranjeros sin una ley que garantice sus inversiones?

La burbuja rota

Transcurridos ocho años después del cambio de gobernante –que no de gobierno– no quedan trazas de aquellos tímidos optimismos por el inicio del “raulismo”. Ni los “Lineamientos” de la nueva política económica del gobierno; ni las reformitas de candonga con su marcha de tortuga, sus limitaciones y sus retrocesos; ni las flamantes leyes de entrega de tierras en usufructo, de “Inversión Extranjera” –inversión sin inversores–; ni el nuevo Código Laboral (¿Carolingio?), han logrado romper el nudo gordiano. Ninguna medida económica de media tinta será fecunda, puesto que lo estéril es el sistema en que se generan. Finalmente resultó que el general-Presidente no era ni tan práctico ni tan reformista. En cuanto a sus cualidades como administrador, quizás las conoceremos en un futuro, cuando trasciendan las noticias sobre su fortuna personal.

Tampoco ha sido mucho el desencanto social. Después de todo era de esperarse un fiasco, porque, ¿qué “actualización” podría venir de la mano de un anciano déspota y timorato? Al menos ahora ya ha quedado claro para todos –y esto debe incluir al hipotético sector reformista dentro del poder– que un camino de verdaderos cambios en Cuba solo será posible sin los Castro. Las transformaciones, para ser efectivas, han de ser también políticas.

Cierto que todavía no sabemos quiénes enrumbarán por buen camino una posible transición cubana; pero al menos tenemos la certeza de quiénes no están preparados para hacerla posible. Y vale recordar que en una nación estancada y recelosa, toda certidumbre constituye un avance.