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Inundaciones y destrozos: así quedó Manzanillo tras fuertes lluvias del lunes

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LA HABANA, Cuba. ─ Inundaciones, destrozos y daños materiales fue el saldo de las fuertes lluvias que afectaron al municipio de Manzanillo, en la provincia de Granma, según reportes de medio oficiales de la Isla.

El diario provincial La Demajagua dio cuenta de “derrumbes totales y parciales” en varias zonas de la ciudad de Manzanillo, entre ellas “los consejos populares Horacio Rodríguez, Paquito Rosales, Celia Sánchez y Nuevo Manzanillo”.

Manzanilleros sacan el agua acumulada en sus hogares (Fotos: Facebook/Roberto Mesa Matos)

Las imágenes difundidas a través de las redes sociales muestran cómo las  inundaciones obligaron a no pocos residentes de Manzanillo a sacar sus pertenencias a la calle para poder sacar con cubos el agua acumulada en sus hogares.

Estaciones meteorológicas de la provincia señalan que en apenas tres horas las precipitaciones alcanzaron los 94.5 milímetros, lo que generó inundaciones en al menos siete barrios de la urbe.

Lluvias, Manzanillo
Inundaciones Manzanillo durante la tormenta del pasado lunes (Fotos: Facebook/Roberto Mesa Matos)

La información añade que grandes cantidades de basura y lodo fueron desplazadas hacia la zona del malecón de Manzanillo y otras zonas bajas de esa ciudad.

El medio oficialista informó, además, sobre daños en el alumbrado público, en la fábrica de acumuladores y en zonas cercanas a la terminal de ómnibus y el ferrocarril.

Los fuertes vientos y descargas eléctricas que acompañaron la tormenta dañaron el servicio eléctrico en toda la zona. En ese sentido, la empresa eléctrica Granma trabajaba desde ayer para restablecer servicio.

Los reportes meteorológicos precisan que la mayor racha de viento se registró a las 5:20 p.m., con una fuerza de 58,8 kilómetros por hora en dirección este-sudeste.

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Con poca comida, a la espera de la tormenta

tormenta Santa Clara comida

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Foto del autor

SANTA CLARA, Cuba.- El mercado principal de Santa Clara, conocido como Buen Viaje, amaneció este sábado atestado de personas que esperaban sentadas en la acera colindante por la llegada de algún camión que surtiera de productos el lugar antes de que llegue a la Isla la tormenta Eta. Dentro de la plaza techada solo se encontraban a la venta varios pomos de vinagre y jugo de limón.

“Nos dijeron que iban a traer plátano y yuca después del mediodía”, comenta Susana Padrón, una mujer que dice haber esperado por más de tres horas. “En mi casa lo único que tengo es un pedazo de calabaza y la mortadella que vino a la casilla. Si empieza a llover, no sé cómo van a organizar esta cola tan grande porque la gente no se va a ir sin comprar qué comer”.

Desde que se emitió el aviso del paso inminente de la Tormenta tropical Eta por el centro del país, la preocupación principal de los santaclareños ha sido la búsqueda de víveres. En la mayoría de las bodegas y carnicerías del centro de la ciudad la gente se precipita para comprar los “mandados” de este mes y garantizar el alcohol o el keroseno para encender fogones y reverberos criollos en caso de que falte la electricidad.

“Yo me movilicé desde ayer”, cuenta Ignacio Perera, también en la cola del mercado. “Compré galletas para los muchachos y estoy esperando por las viandas para ahorrar el arroz porque el de la libreta no alcanza, como en todas las casas. Lo que más preocupa es que se vaya la corriente porque no tengo gas y somos cinco para comer, incluyendo una persona encamada”.

A pocos metros del sitio, los vendedores por cuenta propia trataban de liquidar la mayor cantidad de sus productos almacenados. A pesar de que estos intermediarios comercializan las viandas y hortalizas a precios bastante altos para el bolsillo, los puestos no se han vaciado desde esta mañana. “La gente prefiere dar 25 pesos por una col que hacer la cola del mercado”, sentencia Orlando Hernández, uno de los vendedores. “Aquí se ha vendido mucho desde ayer porque los campesinos trataron de recoger sus cosechas antes que venga esa agua pa´ arriba de los campos. Lo que viene después no lo sabe ni dios. Ni plátano va a haber”.

En el mismo mercado, la libra de manteca de cerdo alcanza el precio de 40 pesos y la de limón y tomate verde a 2 CUC o 50 pesos. Estos carniceros, desde la última redada ocurrida hace un mes en el lugar, dejaron de vender bistecs y chuletas por el alto costo que deben asignarle al producto si lo proponen de esta forma. “Si quieres comprar carne, tiene que ser un pedazo grande, con hueso y todo”, espeta uno de estos cuentapropistas.

Mientras, las tiendas en MLC, a las que puede acceder un porciento bajo de la población también fueron “saqueadas” antes de la llegada de la tormenta. “La gente ha comprado de todo lo que había, por caro que fuera. Están acaparando porque nunca se sabe”, refirió una dependiente de la tienda Praga, situada en el boulevard de la ciudad. Actualmente, en Santa Clara, ya suman más de 10 las destinadas a este tipo de moneda. Las pocas que quedan abiertas en CUC no sacaron a la venta ningún producto indispensable que pudiera ayudar a la población a surtir sus neveras este fin de semana.

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Una tormenta que deja más miedos y desigualdades

Cuba
La tormenta solo hubiera arrojado más desesperanza de la que ya existe. Foto Cortesía

LA HABANA, Cuba.- La tormenta tropical Laura tocaba tierra por el extremo oriental de Cuba, habiendo causado estragos a su paso por República Dominicana y Haití, pero las celebraciones de la Federación de Mujeres Cubanas (FMC) y las loas a Vilma Espín fueron las “noticias” que encabezaron los titulares de prensa y no la inminente afectación del evento meteorológico.

Incluso la habitual conferencia de las 9 de la mañana sobre el comportamiento de la epidemia de COVID-19, impartida por el Jefe de Epidemiología del Ministerio de Salud, no comenzó este 23 de agosto lamentando el fallecimiento de dos mujeres a causa del coronavirus sino con una empalagosa y forzada apología sobre la FMC.

No importa que las personas anduvieran enloquecidas buscando clavos, sogas y sacos de arena para asegurar techos, puertas, ventanas y otras propiedades personales, haciendo filas y pidiendo dinero prestado para comprar algo de comida, acarreando agua potable y rezando por un poco de piedad divina. Al noticiero de la televisión y a los funcionarios del Partido Comunista que lo “orientan”, les apremiaba más la divulgación de la ceremonia de la FMC.

Observando las imágenes que mostraron en la televisión de los “actos políticos” frente a la tumba de Vilma, logro calcular que debieron haber gastado unos cuantos cientos de dólares en las rosas amarillas, rojas y blancas de las ofrendas, y que otras cantidades mayores también se habrán empleado tan solo en el traslado en avión desde La Habana hacia el lugar del acto, así como en el alojamiento de las funcionarias de la FMC en hoteles o “casas de visita”.

Un derroche de recursos en momentos de crisis económica agudizada que contrasta por sus excesos con el modo ruin de manejar la situación de alarma ciclónica en que ni siquiera se ofreció un poco más de alimentos sino que apenas nos fue “adelantada” la cuota mensual de arroz, azúcar y frijoles que “nos toca” por la libreta de racionamiento.

Ni una onza más de lo que la “ciencia cubana” pudo haber establecido como suficiente para que nadie muera de inanición pero también ni un centavo menos en los precios de venta, sin hablar de gratuidades que puedan beneficiar a personas que, como se sabe, para finales de mes ya nos les queda absolutamente nada de la pensión o del salario estatales, mucho menos cuando han estado durante meses recluidos en casa, algunos incluso percibiendo el 60 por ciento de los ingresos y otros abandonados a su propia suerte debido al caos profundizado por la pandemia.

Pero Vilma Espín sí tuvo rosas importadas y hasta rosas cultivadas exclusivamente para atender el sitio donde reposan sus restos, aún cuando en las funerarias de Cuba —esos sitios de espanto donde se reciclan los cristales, maderas y clavos de los ataúdes y donde estos no son mejores que un cajón de bacalao— se vuelve imposible conseguir un puñado de “flor de muerto” para adornar un féretro.

Cuba FMC
Homenaje a Vilma Espín en el aniversario de la FMC. Foto ACN

Sobre estos “contrastes” no se habla ni se hablará jamás (al menos no con el tono que debiera abordarse) en los medios de prensa oficialistas, como tampoco se critica el soberano absurdo de que puedan crear y producir en tres meses una vacuna contra el nuevo coronavirus cuando en las farmacias, durante años, no ha habido una aspirina, un condón o una curita.

No sé si se habrán enterado ya pero, además del coronavirus, una epidemia de sarna se propaga en los barrios pobres por falta de higiene, y no hay medicamentos para detenerla, no obstante, los médicos, esos para los cuales el régimen reclama el Nobel de la Paz, aseguran a los pacientes que con solo untarse cocimiento de hojas de guayaba sanarán en unos días. Pero la vacuna contra la COVID-19 está en desarrollo y me imagino que alguien ya ha estado negociando los contratos para exportarla, aunque con ese dinero que posiblemente ganarán jamás a nadie se le ocurra en el Ministerio de Salud adquirir varios lotes de Permetrina para que el pueblo alivie la picazón o de Aspirina para que el dolor de cabeza que produce el comunismo sea más “pasajero”.

Lo cierto es que cada día se vuelve más evidente, menos disimulada, esa dura realidad que aún algunos se resisten a reconocer o que prefieren ignorar para “no buscarse problemas”. Una realidad dolorosa que no se reduce solo a la naturaleza servil y manipuladora de los “medios de prensa” del régimen —un fenómeno de cualquier contexto más allá de nuestras fronteras—- sino la cruda verdad sobre las prioridades del Gobierno, y que ya sabemos no son el bienestar de las personas, mucho menos la prosperidad del país “con todos y para el bien de todos” pues cada día andamos peor y más asediados por miedos y desesperanzas.

¿De qué otro modo entender que no haya dinero para importar alimentos o siquiera producirlos en abundancia pero en cambio la construcción de nuevos hoteles se haya mantenido a igual ritmo que antes de la pandemia, aún cuando se sabe, por datos divulgados por la CEPAL, que el turismo decrecerá a niveles nunca antes experimentados en la región?

El rascacielos de cristal que se levanta en plena Rampa, y que busca superar en tamaño a cualquier otro edificio del país, comienza a crecer así como aumentan las aglomeraciones en todos los barrios de Cuba para comprar pollo, aceite, pan o “lo que saquen”, nos sea agradable o no al paladar o perjudicial para la salud.

En la parcela de calle 1ra. entre D y E, en el Vedado, están a punto de ser concluidas dos estructuras gemelas que han consumido tanto acero y cemento como hubiesen sobrado de haber sido empleados para asegurar que todos los balcones de Centro Habana y Habana Vieja permanezcan en su sitio sin causar más muertes de inocentes.

En definitiva ninguno de esos dos hoteles, en la “nueva normalidad” mundial, con las principales economías en recesión, servirán de algo que no sea la mera vanidad, la prepotencia, la proyección de una imagen de prosperidad que no se corresponde con la realidad.

No debe haber mayor orgullo para un gobierno que el de hacer del país un lugar cómodo, seguro, agradable para absolutamente todos los ciudadanos, y lo que tenemos hoy en Cuba es, quizás, uno de los países menos confortables para quienes lo viven a diario y sin dólares en los bolsillos. Una nación poco atractiva y que en consecuencia repele a sus propios hijos, los conmina a escapar agobiándolos con temores, asfixias, desesperanzas, aunque años después los reciba con un abrazo, en un gesto disimulado para meterles las manos en los bolsillos y sustraerles la cartera.

Si la tormenta Laura hubiera atravesado la isla con la fuerza y poder destructor que se anunciaba, en medio de tanta escasez, quizás habría sido para Cuba el final de un camino tortuoso. Pero tal vez así de grave andamos como país que, al menos por esta ocasión, la naturaleza nos concedió el pequeño milagro de no agregar otro capítulo a la “mala racha” que arrastramos.

Si a una desgracia menor se le puede llamar “milagro”, entonces el paso poco devastador de la tormenta tropical Laura por territorio cubano lo sería. Aunque es uno de esos milagros que solo un condenado al infierno esperaría del mismísimo demonio, porque si el sistema eléctrico quedó en pie asegurando que tengamos suficiente luz para, entre apagón y “alumbrón”, contemplar nuestra miseria, por otra parte nos ha dejado la desgracia de las lluvias, el agua suficiente para que, dentro de unos días, cuando el sol intenso seque la piedra, comiencen los derrumbes de edificios y las demás tragedias que estos representan.

Un alivio el que la tormenta Laura no fuera todo lo terrible que se esperaba y además el que nos haya “perdonado la vida” pero, sin dudas, una “desgracia menor” que se agrega a la otra “desgracia nacional” de ser un país secuestrado por un partido político y, en consecuencia, un contexto rebosante de miedos e incertidumbres.

Las horas previas al paso de la tormenta vinieron a infundirnos otros temores además de los que ya tenemos sembrados dentro desde muchísimo antes de la pandemia. Incluso esta llegó como refuerzo a un cúmulo de pesimismos que nublan la mente de la mayoría de cubanos y cubanas, y que los hace pensar apenas en términos de la más básica supervivencia donde no valen los sueños de futuro y donde el mañana es algo tan pedestre como la espera de una remesa por llegar —para los más afortunados— o el encontrar algo de comer, cualquier cosa, cuando al día siguiente hagamos la cola en la bodega de la esquina.

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La Tormenta del Siglo en Cuba

LA HABANA, Cuba, marzo, 173.203.82.38 -Tiene el presuntuoso nombre de Tormenta del Siglo, en un archipiélago víctima de esos fenómenos naturales. Barrió la Isla, hace ahora veinte años, en la madrugada del 12 y el 13 de marzo de 1993, y dejó a su paso un rastro de destrucción indescriptible, en la costa de La Habana.

Entre los días 10 y 11 de marzo de 1993, se formó en el suroeste de los Estados Unidos un ciclón extra tropical. En pocas horas se organizó y cubrió hasta la costa este de América del Norte. Cuando la “baja presión”, llamada también complejo convectivo, arrancó en su recorrido hacia el sur este, abrazó la costa del Golfo de México, las penínsulas Yucatán y Florida, la isla de Cuba hasta Ciego de Ávila, y el archipiélago de las Bahamas.

Aquel aciago año era deficitaria la electricidad, la alimentación y todo lo demás, encerrado en un eufemismo: Periodo Especial en Tiempo de Paz.  El viernes 12 de marzo fue un  día caluroso. Fuertes brisotes batieron la Isla desde el sur, por eso de “sur duro, norte seguro”. Los cubanos se fueron a dormir, con ventanas y puertas abiertas, para refrescar la calurosa noche que cayó como tantas, con el estómago vacío.  Al vaso de agua con azúcar, le decían Prisma, porque un esperado programa televisivo con ese nombre comenzaba 15 minutos antes de la media noche.

Poco tiempo después de entrar la madrugada, se desató una gran tormenta eléctrica sobre La Habana y la lluvia y el viento forjaron la leyenda. Se dice que en la sede del Instituto de Meteorología, en la loma de Casablanca, se registraron  rachas de más de 100 kilómetros por hora, mientras la memoria habla de un tornado que azotó el barrio de San Miguel del Padrón.

Amaneció sin mayores muestras de la tormenta, pero ya en la tarde las olas comenzaron a descifrar la segunda parte de la tragedia, que se avecinaba sobre la costa. Un viento fuerte y frío recorría la ciudad, y desde cierta altura se divisaba el largo de la cresta de la ola, que en términos marineros se traduce como su profundidad.

Al caer la tarde en Alamar, algunos vecinos se atrevieron a acercarse a la costa y quedaron atrapados por las riadas de agua salada que inundaron atropelladamente las zonas bajas. Los aventureros regresaron a los oscuros edificios con la señal de alarma en sus rostros. El mar tenía mal carácter, y lo demostraría esa noche.

En las zonas cercanas al malecón, en El Vedado o Centro Habana, la tragedia era igual. Las olas se estrellaban contra el formidable muro republicano. Pero el aire fuerte del norte hacía penetrar el agua en la ciudad. Los pocos automóviles que circulaban por ese tiempo se alejaron rápido del viaducto y los vecinos quedaron a merced del magnífico y terrorífico espectáculo de ver y sentir el mar penetrar por las calles, inundar barrios, túneles y garajes, destruir muros y edificios en una bacanal de miseria, hambre y desesperación.

Aproximadamente a las 12. 30 de la noche, del domingo 14, el “meteorólogo en jefe” (saben de quien hablo), se dirigió a la nación a través de la radio.  Hiperbolizó la tragedia y la ayuda que daría a los damnificados, que aun sufrieron una madrugada de frío y pánico, con el retumbar de las olas contra los muros.

El amanecer del domingo 14 recordó los amaneceres post huracanes: frescos, soleados y agradables.  Como si la naturaleza viera los destrozos causados como algo propio a los que tratan de modificarla, y por lo cual nadie debe preocuparse. Pero para el ojo humano los destrozos eran inmensos. Uno llamativo fue el de la grúa viajera, que, situada en las faldas de la Loma de la Cabaña, hasta ese momento era la encargada de despachar los buques graneleros. La instalación de más de veinte metros de alto y otros treinta de largo, aparecía ante los ojos de los habaneros como un amasijo de hierros.  Como si un Hércules tropical hubiera jugado con unas varillas de güin…  Los túneles de la bahía y del río Almendares estaban inundados hasta la boca, y se presagió que estarían, como estuvieron, muchos meses cerrados.

Las tareas de reconstrucción fueron lentas y muchas familias debieron esperar largo tiempo para reconstruir sus vidas, en temas tan sencillos como tener una cama para dormir, un asiento para sentarse, un televisor que observar.  Otros muchos perdieron en la inundación todos sus recuerdos tangibles, esos que nunca se recuperaran.

¿Fue la tormenta del 13 de marzo la mayor que azotara Cuba en el siglo XX?  La Doctora en Ciencias Maritza Ballesteros, del Instituto de Meteorología, dice que no. Más importantes, afirma, fueron por su rango meteorológico las de 1926 y 1944,  y en destrozos humanos y materiales, las de 1933 (Santa Cruz) y 1963 (Flora).  Pero así y todo, el mayor huracán que afectó a la isla fue el de 1846 (la tormenta de San Francisco).

No obstante, en la fecha de la llamada Tormenta del Siglo Cuba sufría la peor crisis económica y social de su historia. Por eso, aunque solo nos separan veinte años de la tragedia, existen pocas imágenes del desastre. Tampoco existen datos fiables de la destrucción causada o de la pérdida de vidas humanas.

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