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El referendo del Código de las Familias

Código de las Familias

LA HABANA, Cuba. — El pasado viernes, la Asamblea Nacional del Poder Popular de Cuba aprobó la Versión 25 del Código de las Familias. Esta variante final no presenta grandes diferencias con la precedente, la cual fue sometida a discusión de los ciudadanos. También se acordó someter el texto a referendo en Cuba el 25 de septiembre, y para los gobiernistas residentes en el extranjero, una semana antes.

Como cabía esperar, la propaganda castrista se ha deshecho en elogios al nuevo cuerpo legal. Según el texto oficial publicado en Granma, el presidente designado, Miguel Díaz-Canel, en la primera parte de su alocución final ante la Asamblea, llegó a calificarlo como “un gran libro de cabecera que deberían tener a mano nuestros educadores”; asimismo “como texto de referencia para la formación cívica de mujeres y hombres del mañana”.

Haciendo una caracterización final de esta nueva ley del castrismo, el también Primer Secretario del único partido legal, entre aplausos de los disciplinados legisladores, proclamó: “¡Es un código de amor, un código de paz!”. Y terminó ese trozo de su discurso con una nota sentimentaloide: “Me siento conmovido y orgulloso al convocar a nuestro pueblo a decir ¡Sí por el Código de las Familias!”.

En otro pasaje de su alocución, Díaz-Canel también afirmó: “Con la consulta popular hemos ganado todos”. Y menciona en primer lugar al “pueblo”, del que afirma que ha sido “partícipe directo” en la redacción. No obstante, resulta ineludible constatar que, de las 25 versiones que ha tenido la nueva ley, esa masa a la que ahora se le da el solemne título de “Soberano” sólo ha conocido un par. ¿Y las otras 23 qué! A lo largo de los años, el nuevo potaje se guisó de modo clandestino, entre comunistas, en las exclusivas cocinas del castrismo.

¿Qué podemos decirle a ese mismo pueblo sobre el trabajo realizado por los juristas que de uno u otro modo participaron en esa cocción! Forzoso es reconocer que, en el texto publicado y ahora aprobado, esos colegas de quien esto escribe demuestran haber estudiado de modo exhaustivo la legislación comparada en materia de Derecho Familiar.

La evidencia de ese estudio exhaustivo llevado a cabo por los juristas del castrismo nos obliga a preguntarnos: ¿Desconocían esos especialistas lo dispuesto en el apartado tercero del artículo 26 de la Declaración Universal de los Derechos Humanos! Allí se proclama: “3. Los padres tendrán derecho preferente a escoger el tipo de educación que habrá de darse a sus hijos”.

Sin embargo, este último aspecto, que es vital, brilla por su ausencia en el más de medio millar de artículos del flamante Código de las Familias. Lo anterior incluye el tema de la instrucción religiosa, que resulta fundamental para la mayoría de creyentes, que no comulga con el “ateísmo científico” del marxismo-leninismo.

La conclusión ineludible de todo lo anterior es una, y resulta indignante: si se desconoce el derecho preferente de los progenitores a determinar qué clase de educación recibirán sus hijos, ello se debe no a desconocimiento, sino al deliberado propósito que abrigan los comunistas de mantener el absoluto control sobre esa faceta fundamental de la formación de las nuevas generaciones.

En mi opinión, esto último es el defecto fundamental del nuevo texto. A lo anterior se suma la abrogación del término “patria potestad”. Para eliminarlo, se invocan mendazmente argumentos lingüísticos. Se afirma que, supuestamente, el concepto más adecuado en el derecho contemporáneo es el de “responsabilidad parental”, algo que no deja de resultar curioso bajo un régimen que, en los años sesenta, acusaba de calumniadores a quienes afirmaban que “la Revolución” deseaba abrogar la patria potestad.

A esas deficiencias intrínsecas del documento, de por sí gravísimas, se suman las que con seguridad se derivarán de la aplicación práctica de sus preceptos. Se pretende proyectar una imagen: que el Código de las Familias servirá para proteger a todos los desamparados. Que los jueces del régimen siempre harán resplandecer la justicia.

Quieren que los ciudadanos incautos olviden que esos funcionarios pertenecen a la misma camada que los que, respondiendo a las consignas gubernamentales, condenan a decenios de cárcel a ciudadanos que hace poco más de un año salieron a la calle a proclamar su carencia de miedo, demandar libertad y expresar su repudio al presidente “puesto a dedo”.

Si en algo sí pueden confiar los cubanos es en que, cuando en un pleito familiar se introduzca la política (o, para hablar con mayor propiedad, la cochina politiquería castrista), cuando haya que escoger entre un “compañero integrado” y un “desafecto al sistema” (“un gusano”), no hará falta tener demasiada imaginación para saber de qué lado se inclinará la balanza.

Pero más allá del carácter antipopular del articulado del Código y de las previsibles arbitrariedades de los parcializados jueces comunistas, el referendo convocado para el venidero 25 de septiembre brinda una oportunidad de oro para que el pueblo se pronuncie sobre el inepto gobierno que se ha visto forzado a padecer durante decenios. En concreto, ¿qué pueden hacer los electores anticomunistas el 25 de septiembre? ¿Abstenerse de acudir a votar, anular la boleta o sufragar por el “no”?

El retraimiento parece inadecuado por varias razones. En primer lugar, porque esa opción resulta más dificultosa para la clara mayoría de electores que, aunque repudia el sistema imperante, no desea “señalarse”. Es que el régimen insta a acudir a votar, y la actitud contraria —que puede ser comprobada con facilidad— implica asumir una actitud que difiere de la “orientada” por el gobierno.

En segundo lugar, porque, en puridad, actuar de ese modo no trasluce una postura claramente opuesta a la propugnada por el régimen. Los que dejen de ir a sufragar se confundirán, en las cifras, con los que estén enfermos, los indolentes deseosos de ahorrarse la molestia y algunos fundamentalistas religiosos. En definitiva, ellos no estarán votando a favor de la propuesta gubernamental, pero tampoco en contra.

En tercer lugar, porque en el plano internacional ese abstencionismo masivo no sería percibido como una muestra de rechazo al régimen. Por desgracia, en países democráticos —como los Estados Unidos o los de Europa— no es raro que acuda a votar una minoría de los ciudadanos habilitados para ello. Si algo parecido llegara a suceder en Cuba, la opinión pública internacional identificaría esa situación con la que en ocasiones se experimentan en sus propios países (la cual tiene que ver con la indiferencia ante el resultado comicial, y no con el rechazo al gobierno imperante).

Algunos partidarios del retraimiento expresan que de ese modo se evita que el castrismo disminuya las cifras de quienes votan por el “no” y aumenten artificialmente los sufragios afirmativos. Este argumento es insostenible. ¿Acaso piensan ellos que para el régimen resulta más difícil aumentar el respaldo del “sí” inflando el número de los que, supuestamente, fueron a votar! De hecho, esto último es más fácil, ¡pues basta con rellenar boletas afirmativas; no hace falta, además, destruir las marcadas con el “no”!

Para quienes acudan a votar, no le veo mucho sentido a anular la boleta o dejarla en blanco. Esto no expresaría una clara oposición al castrismo. Además, dejaría libre el camino para que una minoría de los votantes logre imponer la aprobación del antipopular Código de las Familias.

Eso deja, como la opción aconsejable, la de ir a votar y hacerlo por el “no”. Esto reflejaría una clara postura en contra de la referida ley y del gobierno imperante que la propone. No desconozco que existe un peligro: que las autoridades electorales, a nivel nacional, provincial o incluso local, adulteren los verdaderos resultados del proceso.

El riesgo es real, pero el costo político, dentro de sus propias filas, sería altísimo para los castristas. Quienes participen en los escrutinios conocerán las adulteraciones perpetradas. Los verdaderos resultados siempre serían conocidos por la dirigencia, y esta, aunque algunos piensen lo contrario, no es monolítica. Enquistados dentro de ella hay partidarios anónimos de iniciar los cambios que el país necesita con desesperación.

Un número considerable de votos por el “no” permitiría que en Cuba, al igual que ha sucedido en las docenas de países euroasiáticos que felizmente se han librado del comunismo, se inicien dentro del mismo partido único esos cambios imprescindibles. ¡Propiciemos con nuestros votos que esto suceda, para bien de nuestra Patria!

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Régimen pospone Censo de Población y Viviendas por falta de recursos

Cartel del Censo de Población y Viviendas de 2012

MIAMI, Estados Unidos. — El Censo de Población y Viviendas, ejercicio estadístico que se realiza cada diez años para contabilizar la población del país y otras variables sociodemográficas, no se desarrollará en septiembre como estaba previsto, informó este martes el diario Granma.

Diego Enrique González Galbán, director del Centro de Estudios de Población y Desarrollo (Cepde) de la Oficina Nacional de Estadística e Información (ONEI), declaró al medio oficialista que el Censo ha sido pospuesto debido a atrasos provocados por la pandemia de COVID-19 y al “recrudecimiento del bloqueo económico (…), que limitó disponer de los recursos para esta tarea”.

Según el funcionario, los condicionantes antes mencionados han impedido el trabajo previo que debe realizarse ante un estudio de semejante envergadura.

En ese sentido, la situación epidemiológica “impidió realizar las acciones de terreno relacionadas con la actualización cartográfica (mapificación del territorio nacional a nivel de manzanas), entre otros factores”, apuntó González Galbán.

Añadió el directivo que ese trabajo se está realizando justo ahora, cuando ya es posible “un levantamiento sin omisiones ni duplicidades en la información”.

“Todos estos elementos indican que tomará un tiempo llevar a vías de hecho el Censo de Población y Viviendas, que en principio correspondía realizarse en septiembre de este año”, expresó González Galbán.

Asimismo, el funcionario dejó claro que ejercicios como el Censo de Población y Viviendas “son complejos y costosos para cualquier nación”.

En sus declaraciones a Granma, el especialista indicó que Cuba cuenta con “un sistema robusto para el cálculo de la población anualmente, a partir de censos con una elevada cobertura, además de los sistemas de registro de nacimientos, defunciones y migraciones existentes”.

Para el venidero Censo, cuya fecha está aún por definir, la Isla contará con unos 1 400 tabletas electrónicas donadas por organizaciones colaborativas como el Fondo de Población de las Naciones Unidas, el Fondo de las Naciones Unidas para la Infancia y la Unión Europea.

Se espera, además, que para la realización del censo se contrate una fuerza de trabajo de 40 000 profesionales.

Los últimos censos realizados en Cuba datan de 2012, cuando se registraron en la Isla 11.26 millones de habitantes, y 2002, con un registró de 11,2.

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El efecto Lotus de los colectivistas

Comunistas, Fascistas, Socialismo, Efecto Lotus

ESTOCOLMO, SUECIA. — Vi por primera vez el intrigante efecto Lotus en un nenúfar en Laos durante un viaje por el sureste asiático. Los científicos se refieren al efecto Lotus como la propiedad de auto-limpiarse producto de ultra hidrofobia, donde las partículas de mugre son capturadas por goticas de agua debido a la arquitectura nanoscópica de las hojas de loto. No entiendo eso, pero el lector puede ver el fascinante efecto Lotus en breves videos en YouTube.

Días antes había visitado en Cambodia uno de los infames campos de asesinatos de los fanáticos de la ideología comunista de Pol Pot que resultó en el genocidio de cerca del veinticinco porciento de la población en escasamente tres años. Emocionalmente, la serenidad del efecto Lotus contrastaba con la previa sombría experiencia de los campos de muerte, y me pregunté por qué las atrocidades cometidas por los regímenes comunistas simplemente desaparecen en la mente de sus seguidores. Los colectivistas parecen haber desarrollado su propio efecto Lotus que auto purifica la asesina historia de su ideología. Nada se les pega.

El Libro Negro del Comunismo ofrece un estimado conservador de cien millones de inocentes asesinados por los comunistas en el siglo 20. A esto podemos añadir  aproximadamente veinte millones de víctimas de los nacionalsocialistas de Hitler. El paisaje siempre es el mismo, sea China bajo Mao, Corea de Kim Il-Sung, Vietnam con el Tío Ho, Cuba bajo los Castro, Etiopía bajo Mengistu, Angola con Neto, Afganistán bajo Najibullah, y otros.

Pero las imágenes horripilantes de este paisaje de asesinatos colectivistas están dibujadas con pinceladas de justificación donde la culpa no reside en el colectivismo, sino en sus oponentes. Nada se les pega. ¿Por qué no juzgamos al colectivismo por sus resultados? Del otro lado, el capitalismo no tiene efecto Lotus y los colectivistas lo juzgan por sus imperfecciones.

Cuando son confrontados con las catástrofes económicas y criminal historia del colectivismo, los colectivistas astutamente silencian tales críticas. Considere las revelaciones del informe 2017 “Libertad de palabra bajo ataque” de The Economist Intelligence Unit. El informe desarrolla un Índice de Libertad de los Medios para 167 países cubiertos por el Índice de Democracia de la organización. El Índice de Libertad de los Medios mide en una escala de 0 a 10 de la siguiente manera: 9-10, medios totalmente libres; 7-8 medios parcialmente libres; 5-6, medios esencialmente no libres; 0-4, medios no libres.

De acuerdo a las calificaciones, solamente 30 de 167 países cubiertos clasifican con medios totalmente libres (representando el 11% de la población mundial). En el otro extremo, 47 países son clasificados con medios no libres (representando 35.9% de la población mundial). Los países con mayores calificaciones son todos democracias, mientras que con calificaciones de cero encontramos a China, Cuba, Corea del Norte y otros regímenes represivos.

La calidad de vida en cualquier país puede evaluarse, en gran medida, por la capacidad de la ciudadanía de expresarse por sí misma. “Libertad de expresión es lo que nos permite ser individuos autónomos capaces de involucrarnos con ideas y decidir en cuáles creemos” (Índice Democracia 2017).

Libertad de palabra, acceso a información y a medios libres es lo necesario para un buen gobierno, no un quimérico auto purificador efecto Lotus. Estas son libertades que facilitan a los ciudadanos cuestionar y criticar sus gobiernos. Una sociedad fortalece sus valores sociales intercambiando ideas y argumentos. La libertad de expresión es nuestra libertad más importante: sostiene todas las demás. Pero los colectivistas rechazan la libertad de expresión para evitar ser juzgados por los terribles resultados de implantar ideologías colectivistas.

En los campos de muerte de Cambodia yacen entre dos y tres millones de víctimas: no solamente camboyanos, sino también etnias vietnamitas, tailandesas, chinas  chams, cristianos y monjes budistas, que fueron objetivos del Khmer Rojo por sus “estilos de vida y delitos pre-revolucionarios”. Tales crímenes normalmente incluían tener alguna educación o practicar alguna actividad de libre mercado.

Increíblemente, solamente un puñado de funcionarios del Khmer Rojo fueron juzgados por tales crímenes. Los colectivistas parecen ser maestros del efecto Lotus. Nada se les pega.

Nota: El último libro del Dr. Azel es “Libertad para novatos”

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El valor de la libertad

Fiscalía, Luis Manuel Otero, Cuba, preso político, Libertad, Libres

MONTANA, Estados Unidos. — A los estudiantes universitarios de filosofía les fascina el precepto “Nada viene de la nada” que Parménides discutiera por primera vez. Para Parménides, la materia no había sido creada y era eterna; por tanto, el universo no tenía principio. En cambio, en el libro de Génesis se establece que el universo no siempre había existido. Para sus autores, el universo fue creado por un Dios todopoderoso. Hasta 1929, muchos científicos se alineaban con Parménides y creían que el universo era eterno.

Este punto de vista, de un universo eterno no creado, fue cuestionado por el astrónomo Edwin Hubble, que observó que el universo se expandía. La hipótesis de Hubble fue confirmada en 1965 por astrónomos que demostraron que el universo se encuentra en un estado de expansión cósmica y debe haber tenido un comienzo: Esta teoría, del Big Bang, concuerda con la doctrina teológica de la creación a partir de la nada. Es decir, Dios creó el universo con el Big Bang.

Le agradezco, lector, que siga conmigo después de esta sombría introducción. La discusión filosófica de “nada viene de la nada” está fuera del alcance de esta columna, pero encuentro la frase aplicable para discutir cuestiones más terrenales como el origen de la libertad.

Si nada viene de la nada, ¿de dónde viene la libertad? Una respuesta perezosa es que viene de Dios. Esto lleva a preguntarse ¿por qué un Dios amoroso no ha permitido que la libertad florezca en la mayor parte de su mundo?  Después de todo, como nos recordaba Jean-Jacques Rousseau, “El hombre nace libre; pero en todas partes está encadenado”.

Entendemos la libertad como independencia de la voluntad arbitraria de otro. Si reconocemos que el futuro es desconocido e incognoscible, nuestra supervivencia dependerá de la capacidad de reaccionar ante circunstancias imprevistas. Esto lo podemos hacer en las sociedades libres. La libertad nos permite tomar decisiones que afectan nuestro futuro, cometer errores y aprender de ellos. La libertad permite nuestro crecimiento moral.

Algunos ataques filosóficos a la libertad invitan a la reflexión. Por ejemplo, si la libertad viene de Dios, y Dios es omnisciente, él sabe lo que va a pasar en el futuro. Esta línea de pensamiento conduce a la noción de predestinación. Si nuestro futuro está predestinado, la libertad humana es un engaño. La libertad y la predestinación son conceptos irreconciliables.

Otro enfoque filosófico afirma que, dado que el universo se rige por leyes de causa y efecto, el futuro ya está decidido de forma determinista. Es decir, todas las decisiones que tomamos están predeterminadas por leyes físicas. Según los incrédulos de la libertad, la predestinación o la predeterminación hacen que la libertad sea una ilusión.

Una tercera visión sobre la libertad humana razona que nuestra idea de libertad no es más que un producto arbitrario de nuestro entorno. Estos argumentos, y otros, han sido utilizados por los detractores de la libertad para socavar nuestras responsabilidades y justificar la eliminación de nuestras libertades. Como dijo George Bernard Shaw “La libertad significa responsabilidad. Por eso la mayoría de los hombres le temen”.

En 1958, el teórico político Isaiah Berlin complicó aún más la cuestión de la libertad con su conferencia “Dos conceptos de libertad”. Berlín hizo una distinción entre las libertades negativas y positivas. En el análisis de Berlin, la libertad negativa se entiende como la libertad “de” la interferencia de otros, y la libertad positiva, o la libertad “para”, se entiende como la libertad para actuar.

La libertad “para” está ejemplificada por opiniones marxistas en las que ser libre —en el sentido de “para”— implica que los individuos no son responsables de decidir lo que es mejor para ellos y el Estado debe decidir en su nombre. Esto justifica el uso de la opresión por parte del Estado para lograr la distribución deseada de la producción de la sociedad. Así, para los marxistas, la libertad viene del gobierno.

Sin embargo, nada viene de la nada, y como personas libres tenemos la oportunidad de tomar decisiones y asumir las consecuencias de nuestras elecciones. La libertad es un misterio, pero no es una ilusión. La libertad proviene de nuestras selecciones.

Nota: El último libro del Dr. Azel es “Libertad para novatos”

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Los sabelotodo y el efecto Dunning-Kruger

Sabelotodo, Efecto Dunning-Kruger

MONTANA, Estados Unidos. — Ya conoces a este tipo de personas. Son aquellas que creen tener todas las respuestas y nunca se han encontrado con un problema que no supieran resolver. Son los sabelotodo. Desprecian las opiniones de los demás, se sienten superiores y no están dispuestos a escuchar a nadie. Piensan que ya tienen todo el conocimiento que podrían necesitar, y creen sinceramente que saben más que nadie sobre cualquier tema. ¿Los reconoces? Los sabelotodo abundan en mi tribu.

Los sabelotodo sufren un sesgo cognitivo que los psicólogos llaman efecto Dunning-Kruger. Según los psicólogos sociales David Dunning y Justin Kruger, este sesgo es el resultado de una ilusión de personas incapaces de reconocer esa carencia. Es decir, sobrestiman su baja competencia con un exceso de confianza. En los estudios del efecto Dunning-Kruger, las personas que obtuvieron las puntuaciones más bajas en las pruebas de razonamiento lógico y gramática tenían una opinión muy elevada de sí mismos.

Consideremos el caso ya clásico de McArthur Wheeler. En 1995, McArthur Wheeler robó dos bancos, uno detrás del otro, a plena luz del día. Wheeler no llevaba máscara ni ocultaba su rostro. La policía puso su foto en las noticias de la televisión local, lo que condujo a su inmediata detención. Wheeler se sorprendió de haber sido identificado, y le dijo a la policía: Pero, si yo me embarré la cara con jugo de limón.

Durante el interrogatorio, Wheeler dijo a la policía que se había frotado la cara con zumo de limón para hacerla invisible a las cámaras de seguridad. Wheeler se enteró que el zumo de limón podía utilizarse como tinta invisible y supuso que haría su cara invisible a las cámaras.

Los psicólogos Dunning y Kruger obtuvieron el premio Ig Nobel (premio Innoble) por su trabajo en el caso Wheeler. El premio Ig celebra investigaciones que al inicio hacen reír y luego hacen pensar.

Consideremos también el extraño caso de la Universidad de Liberia, una institución de enseñanza superior de 18,000 estudiantes fundada en 1862. La Universidad de Liberia es la escuela más antigua en África Occidental y está acreditada por la Comisión de Educación Superior de Liberia.

En 2013, casi 25 000 estudiantes se presentaron al examen de ingreso para la universidad, y ninguno lo aprobó. No sé qué pensar de ese impresionante fracaso, pero el efecto Dunning-Kruger debe estar en juego en alguna parte del sistema educativo de Liberia.

Con frecuencia encontramos sabelotodos en los debates sociopolíticos y económicos, donde exhiben su prisa por excluir y su personalidad autoritaria. Los estudiosos, como la economista del comportamiento Karen Stenner, que investigan rasgos de la personalidad, han identificado una predisposición autoritaria en quienes favorecen la homogeneidad y el orden.

Esto contrasta con la predisposición libertaria que favorece la diversidad y la diferencia. En la terminología de Stenner, el autoritarismo no es político y es distinto al conservadurismo. El autoritarismo atrae a los sabelotodo porque ellos tienen dificultades con la complejidad. Los sabelotodo buscan soluciones políticas que los haga sentir más seguros. Stenner sostiene que aproximadamente un tercio de la población de cualquier país tiene esta predisposición autoritaria. Yo añado que los sabelotodo tienen una predisposición autoritaria hostil a la democracia.

En sociedades cerradas, el paso a la democracia puede ser, como dice Stenner, complejo y aterrador para quienes no están acostumbrados a la disidencia pública. Además, las instituciones clásicas de la democracia se desarrollaron durante una época con tecnologías de la información limitadas y muy diferentes a las de hoy. Esas instituciones democráticas no fueron diseñadas para tratar con los sabelotodo de hoy en día, que prefieren una única narrativa autoritaria.

Todos tenemos puntos ciegos en nuestros conocimientos y opiniones. Pero los sabelotodo, afectados por el sesgo cognitivo del efecto Dunning-Kruger, son ciegos a su propia ceguera. La falsa certeza de sus juicios les impide cambiar sus posiciones cuando encuentran pruebas contradictorias. Como nos recordaba Charles Darwin, la ignorancia motiva más confianza que conocimiento . Ya los conocemos.

Nota: El último libro del Dr. Azel es Libertad para novatos

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Código de las Familias: ¿Quién le pone el cascabel al gato?

Código de las Familias, Cuba

LA HABANA, Cuba. — El amplio revuelo despertado en la población por el anteproyecto del nuevo Código de las Familias genera críticas a favor o en contra, pero también deja margen a ciertos asuntos imposibles de normar con leyes, como los sentimientos y hábitos individuales de las personas.

La ciencia médica afirma que cada ser humano es único e irrepetible, aun si se clonara. Lograr la compenetración y el cariño entre las personas depende no solamente de acciones y conductas a regular, sino a través del ejemplo que brinden las almas que rodeen a ese individuo.

La sociedad es también un elemento fundamental como vehículo de enseñanza, pero siempre estarán presentes tanto las emociones como el amor, el respeto hacia sus semejantes, la actitud que siga ese hombre o mujer ante los suyos, aquellos a los que se vincule y la relación que establezca en su medio social.

El pensar genera una guía a seguir. A todo esto se añade el medio de vida, en el cual entran a jugar factores como la economía, la sociedad, el ejemplo de los convivientes en el hogar y las amistades más cercanas, entre otros aspectos más.

La tolerancia entra a jugar un papel importante en la convivencia. Ahora, ante las múltiples situaciones agobiantes en que vivimos los cubanos, este es un aspecto fundamental y difícil.

¿Qué se pretende entonces con este basamento legal?

En primer término, una de las tareas perennes de todo estado totalitario, como es el castrista, es controlar al máximo a su pueblo. Normar en cada ciudadano su comportamiento sirve para afianzar su poder. En este caso, desde la propia raíz, o sea, la familia.

Otro concepto inducido en esta legislación es usar a los miembros de una familia en contra de los suyos si estos no responden a los principios ideológicos del gobierno. Esta forma de intervenir en la vida personal de cualquier miembro de la familia con carácter oficial respalda la represión que pueda llevarse a cabo por las autoridades policiales.

El Código de las Familias serviría también como vía de control del Estado sobre la educación que den los padres a sus hijos. Las leyes expuestas en el proyecto permitirían ese control, llámese “patria potestad”, “responsabilidad parental” o cualquier otro término con el cual se nombre. Esto garantiza que en los menores prevalezcan los ideales “revolucionarios” antes que los filiales.

Recordemos como desde los inicios de la Revolución la ideología conllevó a la separación de las familias cubanas, bien sea porque una parte marchó hacia el exilio o por la incomunicación entre sus miembros dentro del país. Las discusiones entre aquellos que vivían bajo un mismo techo ocasionaron no pocas veces agresiones físicas entre sus miembros, que llegaron a lamentables consecuencias en ciertos momentos. Vecinos y amistades cercanas que eran como parte de una gran familia vieron rotos sus vínculos afectivos por motivos políticos.

La propaganda oficialista actual promulga hoy restablecer esa unión rota por causas políticas, no importa donde se hallen los miembros de esa comunidad familiar. Queremos borrar el pasado con el olvido.

Una sociedad democrática puede instituir leyes que ayuden a la unificación familiar con respeto a normas de pensar y actuar individual sin contradecir las conductas sociales, con acciones propias para una convivencia pacífica y de respeto entre todos, lo cual aquí no existe.

La fórmula perfecta de hacer un verdadero reglamento que ayude a la unificación de todas las personas son el amor, el afecto, la amistad, la hospitalidad, aun entre aquellos convivientes que no tengan un vínculo consanguíneo natural. Esa conducta no se logra con leyes, sino con instintos humanos.

Por ejemplo, ¿cómo se va a legislar el trato a los ancianos y conseguir que no sean relegados y arrinconados por sus parientes? ¿Cómo conseguir por decreto el afecto y el cariño?

Ante estas sencillas consideraciones sostengo mi pregunta: ¿quién le pone el cascabel al gato? Pienso que no será el Código de las Familias.

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¿Por qué me opongo al Código de las Familias?

Código de las Familias, Cuba

LA HABANA, Cuba. — A pesar de la abrumadora campaña propagandística a favor lanzada por los medios oficiales cubanos, el proyecto de Código de las Familias ha encontrado resistencia en algunos sectores de la población.

En las llamadas “consultas populares” a las que está siendo sometido el proyecto desde el primero de febrero —y que se extenderán hasta abril—, en las redes sociales y en las conversaciones que se escuchan en las calles, muchas personas (particularmente los miembros de iglesias cristianas), expresan sus dudas y preocupaciones, cuando no su franco desacuerdo, con el enfoque dado a temas como la sustitución de la patria potestad por la responsabilidad parental, la autonomía progresiva de los menores de edad, la gestación solidaria y el matrimonio igualitario.

De poco valen las explicaciones y argumentos a favor del Código de las Familias de juristas y psicólogos en la TV, la radio y los periódicos. Mientras más tratan de convencer, menos lo consiguen. La gente desconfía y teme las consecuencias que se pueden derivar para sus vidas privadas una vez que sea implantado el Código de las Familias.

Y es lógica la desconfianza. En 63 años hemos aprendido que detrás de casi todo lo que hace este nada diáfano régimen, siempre hay propósitos ocultos que terminan haciendo más controladas y opresivas nuestras vidas.

¿Cómo creer en las buenas intenciones —aun en el difícil caso de que pudiera tenerlas— de un régimen que desde que se instauró, en 1959, se la ha pasado mintiendo y manipulando?

El Código de las Familias pudiera ser loable si sus muchos aspectos positivos –que los tiene— no vinieran convoyados con los negativos. Y es muy poco probable que estos últimos sean eliminados o modificados luego de escuchar los planteamientos en contra hechos en las “consultas populares”. Las modificaciones serán mínimas. Los mandamases, cuando se les antoja algo, voluntariosos como son, no suelen dar marcha atrás por atender los reclamos y quejas de la población. Recordemos lo que pasó –o mejor, lo poco que pasó- con los debates del anteproyecto de la actual Constitución.

Por lo pronto, el régimen, aunque dice estar a favor de la pluralidad de opiniones en las consultas, ya culpa a “la contrarrevolución” de las muchas objeciones hechas por la población al Código de las Familias.

Muchos cubanos, al oponerse al nuevo Código de las Familias, exageran con sus prejuicios y su conservadurismo, propios de una sociedad machista, patriarcal y héteronormativa que poco ha cambiado, pese a lo que diga el CENESEX. Nada tiene de malo, sino todo lo contrario, garantizar los derechos de los niños y adolescentes, los ancianos y los miembros de la comunidad LGBTIQ. El problema está en la intromisión estatal en la vida familiar.

No es que queramos reeditar aquellos rumores de inicios de la década de 1960 de que el Estado iba a quitar la patria potestad de sus niños a los padres para enviarlos a Rusia y que dieron lugar a la triste Operación Peter Pan. Pero asusta, es para preocuparse, el hecho de que, en virtud del nuevo Código de las Familias, el omnipotente Estado aumente sus facultades para, “en circunstancias especiales”, intervenir y separar a los hijos de sus padres “en aras del interés superior del niño”, “de conformidad con la ley y los procedimientos establecidos”.

El nuevo Código de las Familias, avanzado, inclusivo, es digno de un país del Primer Mundo, no de uno del Tercer Mundo, agobiado por las necesidades materiales más básicas y regido por un régimen dictatorial donde no existe estado de derecho, a no ser en la letra muerta de una constitución espuria donde le endilgaron el apellido “socialista”.

En cuanto al aumento del control estatal sobre la vida de los cubanos, el nuevo Código de las Familias servirá para complementar a la Constitución, que hipócritamente simula conceder derechos que en realidad no solo escamotea, sino que consagra que sean violados, y al draconiano nuevo Código Penal de inspiración nazi-estalinista que nos impondrán, no tengan dudas, porque ese sí no será sometido a “consulta popular”.

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Svalbard, un lugar donde no se permite morir

Svalbard, Noruega

MONTANA, Estados Unidos. — Cuando me enteré de las inusuales leyes de Svalbard, una de las cuales es que no se permite morir allí, mi esposa y yo hicimos planes para visitarla. Desgraciadamente, la pandemia de COVID-19 postergó la visita.

Svalbard es un archipiélago noruego situado en el Océano Ártico, entre Noruega continental y el Polo Norte. Es el asentamiento más septentrional del mundo. En su capital Longyearbyen viven 2 400 personas de más de cincuenta países. Tras haber visitado en 2019 el confín más meridional, la Antártida, para nosotros tenía sentido hacer de Svalbard nuestro próximo destino.

El territorio ha sido parte del Reino de Noruega desde 1925, sin embargo, administrativamente no es parte de ningún condado noruego. Es una zona administrada por un gobernador nombrado por el gobierno noruego y sujeta a la jurisdicción especial del Tratado de Svalbard (1920) y la Ley de Svalbard (1925). Estos tratados establecieron a Svalbard como zona económicamente libre y desmilitarizada.

El permanente suelo congelado (permafrost) de Svalbard y sus bajas temperaturas durante todo el año la hicieron ideal para la instalación de la Bóveda Global de Semillas, que almacena casi un millón de semillas de todo el mundo como reserva en caso de catástrofe mundial. La temperatura más cálida registrada en Longyearbyen ha sido de 70,3 F (21.3 C) y la más fría de -51,3 F (-46.3 C). Durante el invierno cae la noche durante tres meses, a veces con temperaturas por debajo del impresionante punto en el que las escalas Fahrenheit y Celsius se igualan: -40 grados.

La multietnicidad de Longyearbyen se debe a que es una sociedad de fronteras abiertas en la que los ciudadanos de cualquier país son bienvenidos a establecerse en Svalbard sin necesidad de visado, siempre que tengan un trabajo y un lugar donde vivir. El Tratado de Svalbard incluye una cláusula que exige no hacer ninguna distinción entre noruegos y extranjeros.

El tratado también exige que Svalbard no grave a sus residentes con más impuestos que el mínimo necesario para el funcionamiento del gobierno. En la actualidad, se trata de un impuesto sobre ingresos del 8 %, muy por debajo del impuesto noruego de casi el 40 %. La versión del control de armas en Svalbard es sorprendente: cualquiera que salga de los límites de la ciudad debe llevar un rifle para protegerse. Esto se debe a que, adyacente a la población humana de Longyearbyen de 2 400 personas, hay unos 3 000 osos polares.

Lo más interesante es que en la década de 1950, cuando los científicos exhumaron los cadáveres de los fallecidos en la pandemia de gripe de 1918, se descubrió que los cuerpos preservados por el permafrost no se habían descompuesto. A partir de ese momento no está permitido morir en Longyearbyen, no hay opciones de entierro. Los residentes que están a punto de morir son trasladados a Noruega. No sólo no se permite morir, sino tampoco dar a luz. Las embarazadas a pocas semanas de alumbrar, deben viajar al continente.

Pero esta no es una columna turística. Comento sobre Svalbard porque hay mucho que podemos aprender de esta temeraria sociedad. Una propuesta política clave para nosotros en Estados Unidos gira en torno a las preguntas de ¿en qué cuantía y condiciones políticas se debe permitir la llegada de personas de otros países a Estados Unidos?

En Svalbard, la pertenencia a la sociedad se basa en la residencia y el consentimiento, y no en el nacimiento o la ascendencia. Dado las dificultades extremas de este entorno, los residentes de más de cincuenta países diferentes deben adoptar nuevos puntos de vista por encima de sus calcificados prejuicios.

Durante 100 días al año, los habitantes de Svalbard se sumergen en una oscuridad que llaman su “noche polar”. Vivir en Svalbard debe ser como la descripción que hace E. L. Doctorow de la escritura “… es como conducir de noche en la niebla. Sólo puedes ver hasta los faros, pero puedes hacer todo el viaje así”.

Para vivir en Svalbard hay que separar el pasado del presente y acoger la incomodidad de la duda sobre la comodidad de la convicción. Esta debería ser nuestra aspiración intelectual en materia de inmigración.

Nota: El último libro del Dr. Azel es “Libertad para novatos”.

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Pueblo contra pueblo no puede ser la solución

Cuba, Pueblo Policía, Régimen cubano

LA HABANA, Cuba. — Lo leí en un grupo de intercambio de divisas en Facebook. En un comentario a una publicación de venta de dólares, un usuario amenazaba a un vendedor con denunciarlo a la policía si no le rebajaba la tasa de canje a menos de 70 pesos cubanos, a pesar de que esta última cifra igual superaba la tasa oficial de 24 por 1, de modo que aún así el acto de compra-venta, en su carácter clandestino, continuaba siendo castigado por la ley.

Es decir, un cubano oprimido que está violando la ley y que, sin dudas, pretende emigrar o revender los dólares que adquiere de manera ilegal en el mercado negro, amenaza a otro cubano oprimido con entregarlo a la policía si no se pliega al chantaje. Un acto mezquino, sin dudas, pero no un hecho aislado, y en esto radica mi principal preocupación porque, en la misma publicación, más de uno apoyó la idea de denunciar al vendedor que propusiera los dólares a más de 70, incluso bajo el argumento de que vender a mayor precio “es un abuso contra los pobres cubanos que solo quieren comprar dólares para salir de este país”.

Un “razonamiento” (por llamarle de algún modo) que no solo se equivoca al descargar todas las responsabilidades —culpabilidades— sobre lo malo que hoy sucede en Cuba en los hombros del sujeto equivocado, sino que traduce la irracionalidad y la hipocresía que se han vuelto práctica común de una parte considerable de la población, esa que, curiosamente, se debate en una disyuntiva infernal: la de escapar de la Isla o permanecer en ella bajo un sistema político opresivo.

Gente que, pretendiendo huir de un régimen policial, recurre a la denuncia ante las fuerzas represivas como chantaje contra un semejante. Gente carente tanto de dignidad como de sentido común que, paradójicamente, se escuda en la represión para conseguir escapar de esta.

Una aberración similar fue la disputa entre una “colera” y una “revendedora” que presencié no hace mucho en uno de los tantos tumultos frente a una tienda donde habrían de vender pollo congelado y aceite. Aunque las mujeres se dedican a dos trabajos marcados no solo como ilegales, sino, además, mediáticamente criminalizados (y, por tanto, estratégicamente responsabilizados por la dictadura con la crisis de desabastecimiento que nos azota desde mucho antes de la pandemia, producto del manejo de la economía en beneficio de una élite militar), ambas en medio de la trifulca se amenazaban con delatarse, apelando a la complicidad de cierto “amigo policía”, gracias al cual se las dejaba delinquir “en paz”.

También por estos días, cierta “figura pública” me ofreció, casi como en un acto de suprema “bondad”, su fórmula personal para “no buscarse problemas”. Algo similar a lo que hace el conocido e intocable super negociante de barrio al que la policía le perdona la vida porque los 26 de julio cuelga una bandera rojinegra en su balcón y, lo que es mejor, siempre está disponible para “combatir al enemigo”.

Ambos “métodos para permanecer a flote”, por cuanto llevan de obediencia extrema, fingimientos y actos de cobardía, no son muy diferentes a lo que sucede con el delator chantajista y las coleras apadrinadas por represores.

Todos son modos de actuar que, aun como consecuencia de los devastadores efectos sociales de una dictadura prolongada en el tiempo, no se justifican como actos de sobrevivencia, no en este punto crítico al que hemos llegado como pueblo oprimido, explotado, silenciado. Estamos en una situación “terminal” donde es posible determinar a las claras quién en realidad tiene la culpa de cada cosa buena o mala que nos sucede, pero, sobre todo, de definir precisamente ese estado conclusivo de la dictadura, cuán cerca estamos del fin de la opresión y, por tanto, que ya es hora de echar a un lado definitivamente esas “estrategias” que acrecientan el “pantano nacional”.

Quizás algunos años atrás, cuando sin Internet ni redes sociales no nos dejaban explorar la cruda realidad más allá de la familia y el barrio, cuando la “información” nos llegaba de a poquitos y por las vías controladas por el Partido Comunista, se justificaran —aunque solo a la luz de la ignorancia total— ciertas “ingenuidades” que hicieran de los actos de repudio y la “chivatería” un ejercicio de “normalidad”. Pero al día de hoy, cuando ya sabemos de lo que son capaces contra una multitud que toma las calles para protestar de manera pacífica, y cuando es evidente que les importa más construir hoteles que viviendas, comprar patrulleros y no ambulancias, es condenable prestarse, desde la condición de oprimidos, a la delación y persecución policiales.

Tal como van las cosas de excedidas en asuntos de represión, tan evidentes y sobrados en actos de prepotencia —lo cual traduce desesperación—, incluso fingir que nada nos afecta y quedarnos callados (“no meternos en política”) nos debiera mover al desprecio de tales actitudes porque, ya sin apoyo expreso, verdadero, el régimen se conforma (porque gana tiempo) con nuestros silencios, nuestra inmovilidad y, mejor aún, con nuestra complicidad aunque esta llegue bajo la forma de un “simple acto de sobrevivencia”.

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Cuba y la nave de Teseo

La Habana, Cuba

MONTANA, Estados Unidos. — Teseo fue un mítico rey y fundador de Atenas. El historiador griego Plutarco relata numerosos mitos en torno a Teseo y sus viajes. Entre ellos se encuentra la leyenda en que Teseo mata al Minotauro, mitad hombre, mitad toro, y el experimento mental que hoy conocemos como la nave de Teseo

Según Vidas paralelas, de Plutarco, el barco que Teseo y los jóvenes de Atenas utilizaron para retornar a Creta fue conservado varios siglos por los atenienses como recuerdo. Plutarco escribió:

“La nave de treinta remos en que navegó Teseo con los mancebos y volvió a salvo, la conservaron los Atenienses… quitando la madera en mal estado y poniendo madera nueva…”.

Es decir, el barco se conservó como pieza de museo y, a medida que las piezas de madera se deterioraban, se sustituían por otras nuevas, de modo que con el tiempo todas las partes del barco se reemplazaron. Entonces Plutarco nos pregunta: ¿sigue siendo el mismo barco aunque haya sido sustituido por completo pieza por pieza?

Siglos más tarde, el filósofo inglés Thomas Hobbes (1588-1679), considerado uno de los fundadores de la filosofía política moderna, introdujo una nueva complicación en el rompecabezas de la nave de Teseo. Se preguntó cuál sería el caso si los tablones del barco original se recogieran, se repararan y se utilizaran para construir un segundo barco. Hobbes se preguntó entonces ¿qué barco, si es que alguno, sería el barco original de Teseo?

¿Cuándo es que la nave de Teseo deja de ser la nave de Teseo? Los filósofos también utilizan este experimento mental para explorar cuál “tú” eres tú. ¿Quién eres hoy, quien fuiste hace diez años o quien serás dentro de diez años? En otras palabras, ¿qué hace que “tú” seas tú?

El barco de Teseo es un experimento intelectual que propone una cuestión de identidad: ¿Una entidad que tiene todos sus componentes reemplazados sigue siendo fundamentalmente la misma entidad? Y si no es así, ¿en qué momento la entidad deja de ser la misma entidad? Cuando un grupo de rock, como Sangre, sudor y lágrimas, sustituye a todos sus miembros, ¿sigue siendo Sangre, sudor y lágrimas?

Ruego a los lectores que sean indulgentes con esta digresión filosófica, pero sirve para establecer el espíritu metafísico de esta pregunta: Después de más de seis décadas de Cuba ser desmontada pieza a pieza por el régimen totalitario, ¿sigue siendo Cuba?

Como los tablones de la nave de Teseo, las instituciones sociales, políticas, educativas y económicas de la Cuba republicana han sido desmontadas desde 1959. Además, alrededor del veinte por ciento de la población cubana ha abandonado el país, se han redistribuido las propiedades, se ha introducido una nueva ideología sociopolítica y económica y se ha reescrito la historia de Cuba para que las nuevas generaciones tengan una visión distorsionada del pasado. Entonces, ¿Cuba sigue siendo Cuba?

Hago la pregunta como alguien que dejó el país hace más de sesenta años y nunca ha regresado. Ciertamente, el tiempo no se detiene, y la Cuba de hoy no puede ser la Cuba de mi juventud. Quizás sea una observación intelectualmente poco interesante, pero mi argumento va mucho más allá; creo que la identidad fundamental de Cuba ha cambiado.

Al igual que el barco de Teseo, Cuba ha experimentado una pérdida gradual de su identidad a medida que sus partes han sido reemplazadas. En otras palabras, lo que hacía a Cuba, Cuba, ha cambiado y no para bien.

Los de mi generación que sueñan con la Cuba que dejaron hace décadas, pueden desesperarse ante esta evaluación pesimista de que la Cuba que conocimos, de hecho ya no existe. Sin embargo, me consuela la observación de Thomas Hobbes sobre el enigma de la nave de Teseo. Recordemos que Hobbes se preguntó cuál sería el caso si se recogieran los tablones del barco original, se curaran de su podredumbre y se utilizaran para construir un segundo barco. Hobbes se preguntaba entonces cuál sería la nave original de Teseo, si es que alguna lo es.

Eso ha sucedido ya. Y la Cuba auténtica es la que los cubanos han construido en el sur de Florida.

Nota: El último libro del Dr. Azel es “Libertad para novatos“

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