1

Cuba: ¿Palos por apolítico y palos por político?

Intelectuales, Fidel Castro, Cuba, político, apolítico

MIAMI, Estados Unidos. – La Cuba posterior a 1959 tiene una historia extremadamente monótona. Todo se reduce a las maniobras de permanencia en el poder de los jefes del Movimiento 26 de Julio y de aquellos que se ganaron sus favores. De tal suerte, la historia y función principal de las instituciones (culturales, educativas, bancarias, financieras, etc.) y de las organizaciones (gubernamentales y no gubernamentales), así como de la sociedad toda ha sido la defensa de la Revolución. Obviamente, ellos son la Revolución y también son el Estado.

En los primeros años del triunfo castrista, en Cuba se podía apreciar una maratón de lealtad en la que todo el mundo se decía ser revolucionario. En este ambiente de fanatismo generalizado se fue propagando el marxismo. Ya no bastaba con ser revolucionario, también había que ser marxista. En 1961, Fidel Castro declaró públicamente el carácter socialista de la Revolución que encabezaba. A partir de ahí quedó certificado el camino del socialismo marxista o comunismo. La evolución de revolucionarios a comunistas estuvo acompañada de la politización pura y dura del ciudadano. Todos debían ser políticamente activos y por política se entendía la ideología revolucionaria: el marxismo. 

Lógicamente, la cacería de brujas dirigida contra los “apolíticos” no se hizo esperar. Quien era apolítico, quien no mostraba interés por la política, el apático ―también así llamado―, no se consideraba comprometido con la Revolución, era en la práctica un no revolucionario. Gente así terminó por labrarse un destino fatal. La mayoría del pueblo y de la intelectualidad, en cambio, se comprometió, se enredó y colaboró de una manera u otra con la política revolucionaria. Recuerdo haberme ganado el San Benito de “El teórico” en la Universidad de La Habana. Era la nueva manera que tenían de estigmatizar a los políticamente incorrectos, herederos de la apatía política de antaño. 

Pasados los años y bajo nuevas circunstancias, se experimentó una pérdida paulatina de interés en la política que alcanzó incluso a muchos militantes de fila del PCC. Fue entonces cuando el régimen de La Habana decidió virar la tortilla y comenzar a perseguir y hostigar a los políticamente radicales dentro y fuera de la Isla. Si antes por “política” se entendía” la ideología oficial del Estado revolucionario, ahora la palabra se llenaba subrepticiamente de otro sentido. Por “política” comenzó a entenderse la actividad de la derecha anticastrista, particularmente en el exterior. Así de simple, los revolucionarios cambiaron del bando de los politizados al de los apolíticos sin el menor reparo.

Y cabe destacar que en ambas etapas del desarrollo de estas políticas de supervivencia revolucionaria un lugar destacado lo ocupó y todavía ocupa el sector académico-artístico-intelectual, que resumiré con la palabra “intelectuales”. Fueron los intelectuales la vanguardia de la politización de la sociedad cubana y son ellos ahora, una vez más, las puntas de lanza de la despolitización. Ahora el régimen comunista entiende que mejor se vende al mundo a la manera del oxímoron del socialismo democrático, velador de los valores de la izquierda internacional. En correspondencia con ello se presenta inclusivo y abierto al diálogo a los ojos de los incautos.

En esta nueva oleada autoapologética sus intelectuales ―hoy globalizados bajo la sombrilla de la oposición leal― siguen siendo sus mejores fichas. Todo indica que el régimen de La Habana tiene como objetivo priorizado un lavado de imagen y el desmantelamiento de los proyectos de derecha (los verdaderamente anticastristas) que cargan ahora con el estigma tanto de “politizados” como de “politizadores”. Esta es la razón por la cual parece una insultante incongruencia eso de reprimir durante décadas a los apolíticos para terminar abogando por ser apolítico y comenzar a reprimir a los politizadores. En realidad, no hay tal incongruencia. El principio fascista que rige la Revolución y que Fidel enunciara por primera vez justo en presencia de la intelectualidad cubana sigue vigente: “Dentro de la Revolución todo; contra la Revolución nada, ningún derecho”. 

Lo que ha sucedido y sigue sucediendo es que se ha venido ampliando el concepto “dentro de la Revolución” con el propósito de incluir y diluir hostilidades asimilables. Desde el punto de vista de la intelectualidad apologética sí que cabe hablar de incongruencias y falsedades. Un buen ejemplo, para terminar, sería el caso del opositor leal Yunior García Aguilera. De adolescente fue Testigo de Jehová y, por tanto, apolítico desafecto. Luego se bajó de la religión y tomó el camino del interés por la política cuando apenas la Revolución lo necesitaba. Y todo para terminar siendo opositor leal y dialoguero, enemigo de los politizadores de la derecha anticastrista. En otras palabras, terminó siendo un apolítico afecto. Si se bajó de la religión para oponerse frontalmente al régimen, lo que en realidad hizo fue involucionar como opositor.

En resumen, podemos decir que que tanto el posicionamiento como la narrativa misma de la despolitización (que es la del diálogo) de la oposición leal (de raíz intelectualoide), tanto dentro como fuera de Cuba, son una continuidad del principio rector de la Revolución que, ajustado las circunstancias actuales, ha ampliado el concepto “dentro de la Revolución”, solo que de manera engañosa, como no puede ser de otro modo tratándose de un principio fascista totalitario. Dentro de la Revolución caben ahora los dialogueros y todos aquellos que ―sin ser necesariamente comunistas militantes― aboguen por la colaboración con la dictadura cubana. Ejemplos sobran.

Fidel identificó ―al mejor estilo fascista, nazi y comunista― el Estado con su movimiento (la Revolución). Las nuevas hornadas intelectuales de la oposición leal parecen no entender que un Estado socialista (sea fascista, nazi o comunista) nunca será inclusivo ni abierto al diálogo más que con aquellos que previamente se conviertan a su religión totalitaria o la justifiquen al menos ante sus verdaderos enemigos. Ya lo dijo el Duce: “Todo dentro del Estado, nada contra el Estado, nada fuera del Estado”.

ARTÍCULO DE OPINIÓN
Las opiniones expresadas en este artículo son de exclusiva responsabilidad de quien las emite y no necesariamente representan la opinión de CubaNet.

Recibe la información de CubaNet en tu celular a través de WhatsApp. Envíanos un mensaje con la palabra “CUBA” al teléfono +1 (786) 316-2072, también puedes suscribirte a nuestro boletín electrónico dando click aquí.




¿Ya te dieron el café?

Cubanos, residencias, fidel castro, militar

MIAMI, Estados Unidos.- Aquellos que hoy te mandan hicieron una revolución violenta y terrorista. ¿Edulcorada? ¿cool? ¿tropical? ¿humanista? ¿comunista? ¿justiciera?, todo ello es materia de opinión. Pero, lo que no se puede negar es que hubo terror, crímenes, asesinatos y sangre a borbotones por ambas partes contendientes. Los revolucionarios extendieron las ejecuciones sumarias incluso a la época de paz. También las purgas internas, que se habían originado durante el período de guerra, se sistematizaron con la toma del poder por parte del Movimiento 26 de Julio.

El mismo 9 de enero de 1959, entrando a La Habana, Fidel Castro declaró públicamente su intención de desarmar al Ejército Rebelde y, por extensión, a todo el pueblo. A partir de ahí el cubano quedaría privado no solo de armas, sino de muchos alimentos, medicinas, productos de todo tipo. Y esta privación se extendió también a sus propiedades, a sus derechos todos y a las libertades individuales de que gozaba aun en época de Batista. Paralelamente, se fueron constituyendo y equipando las Fuerzas Armadas Revolucionarias. Estas llamadas FAR no fueron más que el resultado del golpe de Estado que Raúl le dio a Camilo, hasta ese momento líder indiscutible del Ejército Rebelde.

El asalto a las residencias

Lo primero que tuvo lugar tras la llegada de los mau mau a La Habana fue el reparto del botín. Lo que sigue a continuación es un hecho hasta ahora no recogido en la historia de la Revolución y pudo haber sido su final apenas comenzando, según las propias palabras de quien me narró este interesante episodio.

Camilo Cienfuegos había establecido su Estado Mayor en el Cuartel Columbia, el más importante enclave del ejército derrotado. Los oficiales rebeldes se asentaron en las antiguas casas de los oficiales de Batista, ubicadas dentro del perímetro de dicho cuartel. Sin embargo, no tardaron en salir a incursionar por los más lujosos repartos de la capital con el propósito de apoderarse de las viviendas vacías. De ese modo muchos se instalaron en la zona conocida como El Laguito y sus paradisiacos alrededores. Como se sabe, Fidel Castro, tras su tardía entrada a La Habana, se había ido directamente a vivir al hotel Havana Hilton, en la esquina de 23 y L. Asumo que, guajiro al fin, pensó que el hoy Habana Libre era lo más codiciado de la capital cubana en términos de vivienda. Pero al enterarse de que buena parte de los rebeldes se habían apropiado ya de muchas buenas casas su pesquisa lo llevó a la zona de El Laguito y ordenó un desalojo inmediato de aquellos intrépidos rebeldes. Asumo también que con el propósito ya de establecerse él mismo en la codiciada zona. Y es entonces cuando viene la parte buena de esta narración inédita: los rebeldes —todavía armados hasta los dientes— llegaron al punto de empotrar ametralladoras en las ventanas de las residencias y le dijeron al mismísimo Fidel Castro que únicamente muertos saldrían de allí. La tensión no podía ser mayor. Entiéndase que parte de la oficialidad del Ejército Rebelde (probablemente también sargentos y hasta soldados) se le había insubordinado al Comandante en Jefe.

Los ocupantes argumentaban que era su derecho, ya que habían luchado a tiro limpio por conquistar el triunfo y que su sacrificio no podía ser en vano. Fidel, entre tanto, se veía ante el inminente fracaso de la Revolución: una guerra entre los propios rebeldes podía dar al traste con ella. Fidel se lo pensó y abortó la idea de sacarlos por la fuerza. Fue entonces que acudió a su alter ego: la indispensable Celia Sánchez Manduley. Así las cosas, los insubordinados solo cedieron ante la mediación de Celia. Fue ella quien logró convencerlos con una oferta nada despreciable: serían reubicados como propietarios en excelentes casas, pero fuera de El Laguito y sus alrededores. De ese modo, se esparcieron por Miramar, Nuevo Vedado y Altahabana, principalmente. Hay que decir que los rebeldes tuvieron oportunidad de elegir la residencia de su preferencia entre el montón de casas abandonadas por sus legítimos dueños. Zanjado el asunto y ya desalojado el lugar, el Comandante en Jefe se lo apropió y estableció su residencia en lo que hoy conocemos por Punto Cero.

Esto de apropiarse las casas sin más —pero ya con la anuencia del apellido Castro— se convirtió en una rutina de la cúpula militar cubana. A medida que sus familias crecían y se multiplicaban, el generalato y otros altos oficiales expandían sus conquistas. Y, obviamente, dado que el número de buenas residencias es finito, se vieron obligados a ordenar la construcción de nuevas viviendas para sus hijos, parientes y amantes. Claro, que los terrenos en buenas zonas también son limitados. De modo que llegaron al punto de levantar un enorme y suntuoso edificio en el reparto Kohly y que se dio a conocer como El edificio de los generales. ¿Generales viviendo en edificios? A ver, que tampoco no era un edificio cualquiera. Y, a decir verdad, lo que más abundaba allí eran familiares y amantes no solo de generales, sino de altos dirigentes del Partido. Sin embargo, estos piratas revolucionarios dieron un paso más, puesto que no solo emergían nuevos generales, sino que a los oficiales de menor graduación también había que beneficiarlos. De esta suerte, pusieron sus miras en las casas del pueblo, del cubano de a pie, en tu casa. Como muchos recordarán, durante un tiempo los militares controlaron las viviendas en Cuba incluso hasta niveles de modestos apartamentos en cualquier barrio de La Habana. Es de todos conocido que quien abandonaba el país era desalojado de su propiedad una semana antes del viaje para garantizar la toma de posesión del militar de turno.

La continuación del saqueo

Como resultado de aquella peligrosa disputa inicial entre rebeldes sobre el tema de las viviendas, los Castro establecieron una burocracia militar que se ocupó de administrar las zonas residenciales más exquisitas de la capital, las cuales fueron declaradas de este modo “zonas congeladas”.

Cualquier movimiento de permuta dentro del perímetro de las zonas congeladas como Miramar o Nuevo Vedado, por ejemplo, estaba sujeto a la autorización del militar jefe de la zona congelada. Ese era el auténtico administrador en cada uno de los repartos más selectos, cuyo trabajo consistía en asegurar que todas las residencias bajo su jurisdicción fueran a parar a manos de los combatientes y de los revolucionarios de rango, incluyendo a la parentela.

Siguiendo esta misma tónica surgió por aquella etapa temprana de la Revolución otra entidad que dio en llamarse “Recuperación de valores”. En dos palabras la describo como el censo y apropiación por parte del Ministerio del Interior de cuanta cosa de valor dejaron los ricos y no tan ricos que abandonaron el país tras el triunfo revolucionario. Yo mismo, siendo niño, los vi en acción con el tema de los carros que quedaron en los garajes de algunas viviendas de Nuevo Vedado. No importa si en ellas permanecían familiares de los dueños o la antigua servidumbre. Simplemente, tras un censo previo (seguramente producto de un chivatazo) llegaban un buen día y expropiaban los carros. Posteriormente, surgirían instituciones como Cubalse y el Fondo de Bienes Culturales que conservarían aquel instinto corsario de “Recuperación de Valores”.

También merecen mención las archiconocidas “casas del Oro y la Plata”. Es un fenómeno más reciente, pero bastante distante de la juventud cubana de hoy. En un extraño frenesí alimentado por largos años de interminables carencias la gente trocó su oro y su plata en plástico, aluminio y tela, fundamentalmente. Mediante el ardid (estafa sería la palabra correcta) de aquellas casas de cambio Fidel Castro le sacó al cubano lo poco que le quedaba de algún valor. De ese modo el pueblo, ya indefenso, quedó en la más absoluta penuria.

¿Cómo seguir esquilmando al cubano después de aquella colosal estafa de La Casa del Oro y la Plata? Los que permanecían en la Isla ya no tenían nada, ni de valor ni sin valor: nada. En esas condiciones Fidel Castro los dejó, no sin antes poner la mira en la creciente cantidad de cubanos emigrados. Hoy las tiendas en MLC vinieron a sustituir aquellas colonizadoras recaudaciones de oro y plata. Hoy, como ayer, la Revolución —vale decir, la cúpula revolucionaria y sus estructuras de poder— sigue viviendo a expensas de los cubanos que no la quieren ni la necesitan, para usar una expresión del estafador en jefe.

Y esa cúpula que te gobierna, ¿cómo vive?

No solo en las mansiones de los burgueses más ricos de la Cuba pre revolucionaria, sino amasando fortunas que engordan insaciablemente mediante sus hoteles, la venta de tu sangre y de tus órganos, de tu trabajo en el exterior como profesional de la salud y de otras áreas. Pero también expoliando a los emigrantes y exiliados, estableciendo negocios con fachadas dentro de los propios Estados Unidos y un sin fin de cosas más dentro de las que pudieran caber incluso los propios Grants que el gobierno de los Estados Unidos destina al empoderamiento del anticastrismo. Aquellos que te mandan saben que se trata de varios millones al año y cada vez es mayor la sospecha de que la dictadura viene accediendo a esas subvenciones. Tan bajos y despreciables son tus dueños.

En su labor de rapiña no conocen límites. Y mientras te esquilman donde quiera que estés (dentro y fuera de Cuba) te entretienen con la narrativa del bloqueo norteamericano. Esos que te mandan también ruedan los mejores carros, pasean en lujosos yates, tienen propiedades en el exterior, viajan constantemente alrededor del mundo en misiones de recreo y esparcimiento, visten ropa y zapatos de las mejores marcas, comen y beben como reyes, se atienden en clínicas especiales equipadas igual que las del primer mundo y envían a sus hijos a estudiar al extranjero.

Pero eso lo sabes tú, cubano, y lo sabe el resto del planeta. Lo que tú al parecer no alcanzas a ver claramente es que ellos no trabajan y nada producen. Eres tú el que mal o bien trabajas. Por lo tanto, eres tú quien los mantiene a ellos. Y lamentablemente no solo con tu trabajo, sino también con tu sometimiento, tu docilidad y tu silencio cómplice. La pregunta es, entonces: ¿Cómo es posible que seas tú el que trabaja y mal vive mientras ellos siguen disfrutando todo lo que te han venido arrebatando desde el día mismo en que triunfó la Robolución? ¿Cómo —tú que los mantienes— te puedes preguntar todavía si ya cogiste el café o ya te dieron el pollo?

ARTÍCULO DE OPINIÓN
Las opiniones expresadas en este artículo son de exclusiva responsabilidad de quien las emite y no necesariamente representan la opinión de CubaNet.

Recibe la información de CubaNet en tu celular a través de WhatsApp. Envíanos un mensaje con la palabra “CUBA” al teléfono +1 (786) 316-2072, también puedes suscribirte a nuestro boletín electrónico dando click aquí.




Lo que queda de la Revolución Cubana 

Revolución Cubana

LA HABANA, Cuba. – Lo que queda de la revolución castrista es poca cosa: el casco y la mala idea de Raúl, el hermano menor del “Comandante en Jefe”.

Es posible que desde el Período Especial, tras la caída de la URSS, ya se hubieran marchitado para siempre las flores que intentó cultivar Fidel en la Ciénaga de Zapata, junto con el arroz y los frijoles. 

También queda el hambre, decretada mediante la “libreta de racionamiento”, que todavía nos sugiere cuánto deberíamos comer. Los cubanos quedamos convertidos en mendigos, obligados a hacer largas colas para comprar una mirringa de pollo una vez al mes y un puñado de picadillo de no se sabe qué: lo mismo que ofrecía el rico al menesteroso, cuando este tocaba a su puerta pidiendo una limosna.

Pues bien, tanta es el hambre en Cuba que los cubanos sueñan más con la langosta enchilada, el camarón en salsa, el emperador o el bonito, que con vivir en el “imperio”. Esos animales que habitan en el mar están prohibidos en Cuba: ni el bolsillo ni la libreta de racionamiento los cubren.

Pero de la Revolución de los dos hermanos Castro queda, eso sí, una millonaria deuda externa con la fenecida URSS, el recuerdo de las experimentaciones genéticas bovinas, el ensayo fracasado de un cinturón de cultivos en los alrededores de La Habana, siembras de arroz en zonas salobres, plantaciones de viñedos en tierras impermeables, granjas gigantes para cabras y cocodrilos; y leyes, muchas leyes para hacer más mísero el país. 

El 16 de febrero de 1959 Fidel Castro dijo que el estándar de vida del cubano en pocos años sería más elevado que el de los residentes en Estados Unidos. En el 64 aseguró que Cuba tendría 5 000 expertos en industria ganadera y alrededor de ocho millones de vacas y terneras, y que habrá tanta leche que se podría llenar la bahía de La Habana.

Y dijo también, en el 65, que los cubanos podrían contar con “60 millones de huevos cada mes”.

¿Qué hubo, qué hay de todo eso?

Lo que legaron los Castro es un pueblo desposeído de todo derecho, una masa obrera improductiva, indefensa, sin el amparo de sindicatos que luchen por las garantías laborales. Eso es lo que queda de esta Revolución que un día fue.

ARTÍCULO DE OPINIÓN
Las opiniones expresadas en este artículo son de exclusiva responsabilidad de quien las emite y no necesariamente representan la opinión de CubaNet.

Recibe la información de CubaNet en tu celular a través de WhatsApp. Envíanos un mensaje con la palabra “CUBA” al teléfono +1 (786) 316-2072, también puedes suscribirte a nuestro boletín electrónico dando click aquí.




Sesenta y tres aniversarios de la Revolución cubana

MIAMI, Estados Unidos.- Vale la pena pasar balance de lo sucedido en Cuba en los meses precedentes. Año tras año, y ya vamos por el 63 aniversario, dije que estábamos cerca del final. Lo creía, pero no era cierto. Pensé que a Fidel le interesaba el destino del pueblo cubano y no solo hacer su voluntad. Sebastián Arcos, desde Florida International University, en declaraciones para BBC, opinó lo contrario. Tenía razón. Fidel estaba dispuesto, como durante la Crisis de los Misiles, a que todos murieran, con tal de no dar su brazo a torcer. Yo pensaba que la realidad lo forzaría a rectificar. En noviembre del 89 desapareció el comunismo, y en diciembre 25 de 1991 la propia URSS hizo mutis por la historia y parecía que la dictadura cubana se quedaba íngrima y sola.

Fue la época de las limosnas y de las conspiraciones. Salinas de Gortari le echó una mano política junto a Carlos Andrés Pérez (CAP) y César Gaviria. Eso ocurrió en Islas Mujeres, en el México caribeño, y me lo contaron Salinas de Gortari y Beatrice Rangel, entonces Ministra de CAP. Felipe González le diseñó una reforma y envió secretamente a Carlos Solchaga, su economista de confianza, a ejecutarla. El Departamento de conspiraciones quedó a cargo del Foro de Sao Paulo y Lula da Silva invitaron hasta al ingeniero Marcelo Odebrecht, personaje mayor de la corrupción. (En Internet hay una foto en la que están, Raúl Castro, M. Odebrecht, Ramiro Valdés, y otros cómplices de la corrupción en una foto del Foro de Sao Paulo.)

El 2021 fue la eclosión del Movimiento San Isidro y de su cabeza más visible, Luis Manuel Otero Alcántara. Es un grupo de jóvenes artistas, muy pobres, la mayor parte mestizos, como casi la totalidad del pueblo cubano, surgido en el 2018 para luchar contra el decreto 349 que intentaba aherrojar aún más a los jóvenes artistas. Tania Bruguera enseguida se hizo eco de las protestas. Y los raperos se volcaron en contra del presidente Díaz-Canel agregándole un epíteto: “si…gao”, que hasta una cotorra repetía incesantemente sin saber que corría el riesgo de acabar como el gallo de Morón: sin plumas y cacareando.

Pero el golpe mayor a la dictadura cubana se lo propinaron en Las Vegas, Estados Unidos, el 18 de noviembre, pese a las presiones en contra de ese muy bien relacionado gobierno. Fue ahí, en las “Galas” donde “Patria y  Vida” obtuvo dos Grammy latinos (no uno, sino dos: el premio a la mejor canción urbana y a la mejor canción del año). Lo cantan y lo han compuesto Yotuel Romero, Descemer Bueno, Maykel Osorbo, El Funky y Gente de Zona. La canción se la escuché cantar a Yotuel, junto a Mario Vargas Llosa, durante una distinción especial que la Fundación Internacional por la Libertad le otorgaba a los creadores de lo que han llamado “el segundo himno de Cuba”.

¿Qué ha sucedido en Cuba para que el descalabro sea mayúsculo e irreversible? Mil trescientos presos políticos, casi todos jóvenes, por pedir la libertad de Cuba en las manifestaciones del 11 de julio. Una inflación para el año que termina del 740 %, reporta el Diario de Cuba, citando los estudios por países de The Economist. Esa es una cifra obscena que refleja la incompetencia de la cúpula que dirige a ese pobre país. No hay dinero ni nada que comprar en Cuba. Ha disminuido en un 44 % la producción de la carne de cerdo, informa el diario digital 14yMedio y verifica la denuncia Pedro Monreal, un economista “de ellos”. No en balde CubaNet titula una de sus crónicas: “Refrigeradores vacíos y sueños rotos, así se pasó Nochebuena en Cuba”. Esto viene, muy bien seleccionado, en el “paquete” diario que confecciona Miguel García Delgado, exoficial del Segundo Frente Nacional del Escambray.

Reinaldo Escobar, un periodista independiente, experto en marxismo, teme que Díaz-Canel quiera revivir el marxismo-leninismo para escapar de la crisis. Pero solo hay una manera de huir de ese desbarajuste: repetir, más o menos, lo que dijo Gorbachov el 25 de diciembre de 1991, hace 30 años. El marxismo conduce al fracaso y a la dictadura. No queda otro remedio que cancelarlo totalmente.

Esto lo sabía Marx desde 1870, cuando William Jevons, un joven catedrático británico publicó sus conclusiones “marginalistas” sobre la teoría del valor (luego reiterada, independientemente, por el austriaco Carl Menger y por el francés León Walras). Por eso Marx no publicó los tomos 2 y 3 de Das Capital. Era inútil. Si su teoría del valor era falsa, como en su momento demostró el economista austriaco Eugene von Böhm-Bawerk, también lo era la plusvalía y se derrumbaba toda su hipótesis. Así de simple.

ARTÍCULO DE OPINIÓN
Las opiniones expresadas en este artículo son de exclusiva responsabilidad de quien las emite y no necesariamente representan la opinión de CubaNet.

Recibe la información de CubaNet en tu celular a través de WhatsApp. Envíanos un mensaje con la palabra “CUBA” al teléfono +1 (786) 316-2072, también puedes suscribirte a nuestro boletín electrónico dando click aquí.




La “Revolución” nunca pudo ocultar sus harapos

Grafitis en homenaje a la "Revolución"

LA HABANA, Cuba. – ¿Podrá seguir andando el comunismo, sin comida para ofrecer al pueblo, con escuelas sin higiene, sin uniformes, sin libros, sin libretas, sin lápices, y con casi 2 000 personas en la cárcel tras el 11J y el 15N? 

No lo creo. Pero si alguien lo sabe bien es Raúl Castro y los ancianos generales que están tirando sus últimos cartuchos.

La revolución de Fidel y Raúl Castro pudo sobrevivir por sus fusilamientos, concretamente más de 6 000, la prisión política de miles y el exilio forzoso de otros.

Alguien me dice que ahora la Revolución se quedó desnuda, desde el momento que Miguel Díaz-Canel utilizó una fuerte represión contra el pueblo, que se niega a continuar inmerso en el fracaso y quiere salvarse del diluvio.

Se equivoca: la Revolución siempre ha estado desnuda; nunca pudo ocultar sus harapos, su conciencia arrugada de tanta ignominia y horror, su pasado de mentiras y secretos, sus estrategias diabólicas y sus trampas, hoy ya conocidas. 

Veremos qué hará ahora Díaz-Canel con los casi 2 000 nuevos presos, todos del pueblo, en su mayoría jóvenes. ¿Un segundo Mariel? Imposible. Hay un presidente en Estados Unidos con valor, que no se ha dejado engañar por el régimen castrista. 

En 1988 también hubo lucha política-pacífica en grande. Se fundó un Partido Pro Derechos Humanos de Cuba, se reunieron miles de firmas para pedir un plebiscito y elecciones libres en aras de saber quién quería o no el socialismo. También se organizó una marcha ante la Embajada Soviética en La Habana a favor de la Perestroika, que fue disuelta por el Ministerio del Interior. Muchos de los potenciales participantes terminaron en prisión y tuvieron que salir al exilio, donde continuaron luchando por Cuba. 

Hace unos días, Yunior García Aguilera logró salir de Cuba con un solo propósito: continuar la lucha en los países libres, una misión fundamental pacífica al estilo de Mahatma Gandhi. A su llegada, el joven dramaturgo calificó al régimen cubano como “una casta conservadora que explota a los obreros y utiliza el capitalismo más salvaje”.

En otro momento de su conferencia de prensa, al día siguiente de su llegada a España, llamó “fascismo” a lo que existe en Cuba. “No se puede llamar de otra manera lo que viví en los últimos días”, dijo.

En Cuba le esperaba “una muerte en vida”, apartado de la sociedad, encerrado en su casa y rodeado de palomas decapitadas.

ARTÍCULO DE OPINIÓN
Las opiniones expresadas en este artículo son de exclusiva responsabilidad de quien las emite y no necesariamente representan la opinión de CubaNet.

Recibe la información de CubaNet en tu celular a través de WhatsApp. Envíanos un mensaje con la palabra “CUBA” al teléfono +1 (786) 316-2072, también puedes suscribirte a nuestro boletín electrónico dando click aquí.




Tania Bruguera a los cubanos: “Ha llegado el momento de que se unan”

Tania Bruguera, Cuba

MIAMI, Estados Unidos. – La activista y artista Tania Bruguera aseguró en el Oslo Freedom Forum que no pasará mucho tiempo antes de que el pueblo cubano salga a las calles nuevamente, como ocurriera el pasado 11 de julio.

En la segunda y última jornada del evento, que por primera vez se celebra en Miami (Estados Unidos), Brugueras se refirió a los encarcelamientos de activistas como Luis Manuel Otero y Maykel Osorbo, y al destierro al que han sido sometidos otros, como Hamlet Lavastida.

En el caso de este último, Tania Bruguera declaró a la Agencia EFE que estuvo involucrada en la negociación para su liberación, que culminó con la salida de este a Polonia, país donde vive su hijo.

La artista comentó que su partida fue una de las condiciones de la policía política para la liberación de los activistas, y posibilitó la salida de 24 de ellos, incluidos Lavastida y todos los menores de edad que fueron detenidos durante los sucesos del 11 de julio.

“Es una de las primeras veces en la historia de Cuba que un activista es la persona que lleva las negociaciones de la liberación de otro activista, normalmente eso se hace de gobierno a gobierno, pero nosotros (la disidencia) fuimos los intermediarios”, sostuvo Bruguera.

Sin embargo, pese a su mediación, el régimen de la Isla no permitió la liberación ni de Luis Manuel Otero Alcántara ni del rapero Maykel Osorbo, quienes permanecen en cárceles de la Isla a la espera de juicio.

Tania Bruguera explicó que el momento es el idóneo para exigir transformaciones, más aún en un momento en que el régimen cubano se muestra más débil que nunca.

“La revolución se ha convertido en un ‘bluff’”, refirió la artista sobre el estado de cosas en Cuba.

Bruguera también dejó claro que la lucha por el cambio democrático en Cuba pasa por la unión de los cubanos de dentro y de fuera de la Isla.

“Se que es difícil lo que voy a decir y no es popular, ha llegado el momento de que se unan”, indicó Bruguera, conocedora de las diferencias existentes entre las fuerzas políticas que se oponen abiertamente al régimen de la Isla y las que mantienen posiciones más reformistas.

Para la artivista, son necesarios al menos “dos o tres puntos de coincidencia” para encaminar el cambio democrático, una tarea que –subrayó– no corresponde solo al exilio de Miami.

Recibe la información de CubaNet en tu celular a través de WhatsApp. Envíanos un mensaje con la palabra “CUBA” al teléfono +1 (786) 316-2072, también puedes suscribirte a nuestro boletín electrónico dando click aquí.




La Revolución de 1959 se fue a bolina

Revolución Cubana

LA HABANA, Cuba. – ¿Tuvo alguna vez éxito la Revolución Cubana? Desde sus inicios, más precisamente el 14 de junio de 1961, Fidel Castro anunció el racionamiento de las grasas para la alimentación de los cubanos, sin dar más explicaciones.   

El 11 de febrero de 1962, también anunció el recorte de medicinas y el 12 de marzo impuso la cartilla de racionamiento de los productos alimenticios y de vestir, aún vigente hasta el día de hoy. Entonces cada cubano recibía 33 kilos de arroz y frijoles al año. Hoy, solo se cuenta con tres kilos al mes y en ocasiones algo adicional. 

Nada más y nada menos que Ernesto Che Guevara, el 16 de marzo, criticó duramente a la Dirección Revolucionaria por la falta de calidad en la  producción. En respuesta, Fidel dictó severas normas contra el ausentismo laboral y estableció granjas de trabajo para la rehabilitación de los presos políticos. 

En ese mismo tiempo, la URSS reconoció al Gobierno cubano como un régimen marxista-leninista y comenzó la construcción de 20 plantas industriales soviéticas, poco después convertidas en chatarra.

El 15 de junio de ese mismo 1962, decenas de mujeres dieron un “cacerolazo” como protesta ante la escasez de alimentos, haciendo sonar los calderos de cocina por las calles de Cárdenas, provincia de Matanzas. Las Fuerzas Armadas reprimieron con violencia a dichas mujeres.

Días después, Fidel ofreció un discurso en el que reconoció fallos en la Revolución, anunció la formación del Partido Unido “para que la Revolución recupere la confianza popular perdida” y solicitó un nuevo acuerdo comercial con la URSS, con el fin de obtener más alimentos.

En 1966, volvió a comentar sobre la necesidad de aumentar la producción de alimentos. El entonces ministro del Trabajo, Martínez Sánchez, intentó suicidarse de un disparo. En ese periodo se crean las UMAP ―campos de trabajo forzado principalmente para homosexuales― y Fidel se nombró presidente del Instituto Nacional de Reforma Agraria. 

Un poco antes había firmado un acuerdo comercial con China para recibir productos alimenticios, pero todo fracasó cuando el 13 de marzo, en otro de sus discursos públicos, calificó a Mao como “monarca absoluto, fascista y viejo senil”.

En el Congreso de la CTC celebrado por esa época se hizo pública la baja productividad y la tendencia al absentismo de los trabajadores. Enfurecido y contra su voluntad, Fidel se declaró a favor de los estímulos morales para aumentar la productividad. 

Pero, ¿qué ocurre en marzo de 1968 cuando, en medio de un clima político desfavorable para el castrismo, este terco líder toma una decisión que sorprende a muchos e inicia la Gran Ofensiva Revolucionaria, bajo la consigna de crear “el hombre nuevo”? Nacionaliza más de 50 000 pequeños comercios y todos los servicios privados. El resultado no se hizo esperar: una merma aún mayor en la distribución y disponibilidad de alimentos y servicios.

Así llegamos al “Año del Esfuerzo Decisivo”, que comenzó con el racionamiento del azúcar y el anuncio de una movilización masiva para asegurar una zafra de 10 millones de toneladas del producto. El 20 de mayo de 1970 Fidel anuncia que no se alcanzarán los 10 millones e inicia una campaña de “acercamiento a las masas”.   

En los años 60, el periódico Granma critica duramente las deficiencias en fábricas y talleres propiedad del Estado y ataca las ineficiencias en el curso de la zafra.

El horizonte de la Revolución se ve cada vez peor a partir de 1980 y Fidel se decide por declarar que “no desea una política de confrontación con Estados Unidos”, pero sin renunciar a la ayuda de las revoluciones antiimperialistas. ¿Cómo se entiende eso?

La respuesta la da el pueblo: un ómnibus repleto de personas penetra en la Embajada del Perú en busca de asilo político. A los jardines de la sede diplomática acuden más de 11 000 cubanos que luego marchan hacia Estados Unidos durante el éxodo del Mariel. 

Como represalia, el régimen atacó a los artesanos de la Catedral y a los campesinos libres, muchos enviados a prisión. Ese mismo año, 1982, Estados Unidos denuncia al castrismo por el tráfico de drogas y armas en América Latina y se suicida el expresidente Osvaldo Dorticós Torrado.

En el curso de varias intervenciones Fidel se lamenta de las dificultades para encontrar solución a los problemas de desarrollo de la economía, acusa de corruptos a los campesinos de los mercados libres y pide un inventario de las plantas comestibles por si hubiera que alimentarse de ellas.

Lo que ocurre a continuación es por todos conocido: se desintegra el Imperio Soviético en 1989, llega el “Período Especial” y Fidel afirma que “primero se hundirá la isla antes de arriar la bandera del Socialismo”.

 

ARTÍCULO DE OPINIÓN
Las opiniones expresadas en este artículo son de exclusiva responsabilidad de quien las emite y no necesariamente representan la opinión de CubaNet.

Recibe la información de CubaNet en tu celular a través de WhatsApp. Envíanos un mensaje con la palabra “CUBA” al teléfono +1 (786) 316-2072, también puedes suscribirte a nuestro boletín electrónico dando click aquí.




Revolución cubana: la estrepitosa caída de un mito

BOSTON, Estados Unidos. — Nada más ilustrativo que la imagen de una anciana de tez negra en plena catarsis anticastrista diciéndole al mundo: “Vivimos más de 60 años en la mentira y engañados y esto tiene que acabarse. Nos quitamos el ropaje del silencio”.

Esas frases lapidarias, expresadas con inusitado fervor en las inmediaciones del Capitolio habanero en medio de las manifestaciones antigubernamentales que tuvieron lugar los días 11, 12 y 13 del presente mes en varias ciudades del territorio nacional, son suficientes para echar por tierra toda la iconografía redentora y humanista del socialismo real, a seis meses de cumplir su sexagésimo tercer aniversario.

https://www.youtube.com/watch?v=vwMR5JOZt_g

Lo que quedaba de la aureola mística del modelo unipartidista con sus extraordinarias capacidades de multiplicar las ruinas y sistematizar las tribulaciones fue pulverizado con una secuencia de hechos como éste, llamados a figurar en el repertorio de evidencias palpables de un rechazo generalizado, oculto entre la parafernalia de consignas patrióticas y spots publicitarios que describen un país modélico y rondas de promesas que terminan apolillándose en las gavetas en detrimento de la vida de millones de personas, obligadas a continuar bajo el mandato de las vicisitudes.

La tiranía ha sido retada en las mismas calles que supuestamente solo pertenecían a quienes comulgaban con las ideas de una revolución, hija del fracaso y la desidia. Miles salieron a mostrar sus sentimientos, escondidos durante largos años, entre sospechas, miedos y acomodos. No mediaron órdenes ni previas articulaciones. El hastío de vivir huérfano de esperanzas, bajo la hosca mirada de los policías y arrastrados por una espiral de carencias en perpetuo crecimiento, bastaron para decir ¡basta! Sencillamente, la sociedad mostró en vivo y en directo su desilusión.

Aunque los mandamases hayan conseguido restaurar el orden, a partir de un alza exponencial en el ejercicio de la fuerza bruta, hay que tener cuenta que se trata de un proceso de descomposición social y económica irreversible y en sus postrimerías, nada que ver con un evento fortuito, ni tampoco, como alegan los voceros del régimen, de una rebelión llevada a cabo por delincuentes y pagada desde el exterior.

A partir de estos episodios, es válido admitir la gestación, quizás no inminente, pero sí probable de cambios que den al traste con los pilares del sistema.

Es imposible mantener el control a través de la represión, en niveles que requieren un altísimo costo, dado el número creciente de personas involucradas en acciones contestatarias y las que, sin dudas, se sumarán de ahora en adelante, a pesar del recrudecimiento de las medidas punitivas. Para lograr esos propósitos tendrían que convertir la Isla en un remedo de Corea del Norte.

Por otro lado, el retroceso económico no se detiene. Las expectativas de salir de la crisis a corto y mediano plazo son nulas. Una realidad que incentivará el descontento, potenciando nuevos conflictos que darán lugar a más violencia desde el poder y entre personas empeñadas en procurar lo indispensable para la existencia.

No es descartable un éxodo masivo o una cadena de hechos sangrientos, protagonizados por las fuerzas represivas, que conduzcan a un golpe de Estado si persiste el afán de garantizar la continuidad del socialismo en vez de emprender transformaciones medulares que ayuden a instaurar un modelo racional y sustentable.

Cuba ya no es la misma, después de los multitudinarios ejercicios cívicos, considerados el punto de giro de una historia llena de sinsabores y mentiras. El parto de una nueva república ha comenzado. No será fácil el alumbramiento, pero definitivamente llegará.

No hay dudas que el cubano de a pie se sacudió y cayó el ropaje del silencio. En el recuerdo aún se percibe la desnudez de aquel coro gigantesco clamando por el fin de la dictadura.

Recibe la información de CubaNet en tu celular a través de WhatsApp. Envíanos un mensaje con la palabra “CUBA” al teléfono +1 (786) 316-2072, también puedes suscribirte a nuestro boletín electrónico dando click aquí.




Cómo fueron los primeros meses del castrismo

Fidel Castro, castrismo, Revolución Cubana

LA HABANA, Cuba. – Con el pasar de los años, muchos han olvidado cómo transcurrieron los primeros meses de la llamada Revolución triunfante de Fidel Castro. Aunque algunos lo duden, no todo fue coser y cantar para aquel joven de 33 años, que, por caprichos del destino, sin ninguna experiencia en las lides políticas, de la noche a la mañana obtuvo el poder de Cuba, provocando un torbellino de acontecimientos.

Una de sus primeras novatadas, alocado como era, fue declarar una huelga general bajo el pretexto de impedir un arreglo cívico-militar, cuando era evidente su triunfo y luego de haber anunciado dos huelgas fracasadas. También nombró a Santiago de Cuba capital de la República y designó a su hermano Raúl, seis años menor que él, como jefe superior de Santiago y de toda la provincia de Oriente, para que fusilara con juicios rápidos a los militares, policías y civiles vinculados al régimen depuesto, algo que le costó una larga explicación al mundo llamada “Operación Verdad”.

El día 4 de enero de 1959, Fidel sufrió su primer revés, después que el Directorio Revolucionario 13 de Marzo, dirigido por el comandante Faure Chomón, lo acusara de robarse todo el triunfo. Chomón había salido a la defensa de sus compañeros de lucha, que no fueron tenidos en cuenta en la integración del nuevo gobierno de facto. 

Más adelante, en su primer discurso televisado, Fidel pregunta: “¿Armas para qué?”, y organiza un mitin político en apoyo a las ejecuciones de La Cabaña. Luego, se sabe que pide armas a la URSS, hasta convertir a Cuba en un arsenal. 

A continuación, nombra presidente de Cuba el magistrado Manuel Urrutia Lleó, modifica la Constitución de 1940 e impone la pena de muerte por delitos políticos. Ante la tumba del líder ortodoxo Eduardo Chibás, Castro jura no ser comunista, promete realizar elecciones generales en dos años y termina derogando la Constitución de 1940, una de las más progresistas del continente en ese momento.

En un mitin de la Confederación de Trabajadores, rechazó el derecho de huelga por “innecesario”.  

El 15 abril, invitado por la Sociedad de Editores de Periódicos, visita Estados Unidos y comete el error de confesar haber engañado al periodista H. Matthew en la Sierra Maestra. En la Casa Blanca, el presidente Eisenhower se niega a recibirlo.

Ya en Cuba, afirma de nuevo que “esta Revolución no es roja, sino verde olivo” y niega que sea comunista, pero continúa rechazando públicamente la idea de celebrar elecciones, ahora bajo el pretexto de “eliminar el desempleo y el analfabetismo”. 

Crea el Instituto Nacional de Reforma Agraria y califica de traidores a quienes critiquen el derecho de expropiación de tierras. 

El 30 de junio comienza una campaña de prensa contra el presidente Urrutia, acusado injustamente de enriquecimiento ilícito. Poco después Fidel renuncia como primer ministro, una jugada populista que lo devolvió de inmediato a su cargo, y determina que quien se manifieste contra las medidas fundamentales del gobierno y se pronuncie como anticomunista será considerado contrarrevolucionario. 

En la Universidad, bajo la consigna de “candidatura de unidad”, Rolando Cubela es elegido presidente de la FEU, una maniobra que aparta al dirigente estudiantil Pedro Luis Boitel, muerto en prisión más tarde.

El año termina con malos augurios: Raúl Castro es nombrado jefe del Ministerio de las Fuerzas Armadas, el Comandante Hubert Matos es condenado a 20 años de prisión, desaparece el comandante Camilo Cienfuegos, llega a La Habana el agente soviético Alexander Alexeyev y son fusilados en La Fortaleza de La Cabaña 553 “contrarrevolucionarios”. 

Recibe la información de CubaNet en tu celular a través de WhatsApp. Envíanos un mensaje con la palabra “CUBA” al teléfono +1 (786) 316-2072, también puedes suscribirte a nuestro boletín electrónico dando click aquí.




Enero sigue siendo un mes muy cruel

Entrada de los rebeldes a La Habana (Imagen: Internet)

LA HABANA, Cuba. – No sé por qué supone T.S. Eliot, y con él sus lectores, que abril es el mes más cruel. No tengo dudas de que el peor de todos los meses, el más feroz, el desalmado, es enero; y de eso ya escribí alguna vez, pero insisto nuevamente. La verdad es que ando triste otra vez, la verdad es que ando triste con frecuencia, y más ahora que ya transcurrieron todos los días que completan ese primer año desde la muerte de mi madre, desde ese día en que la dejé allí, bajo la fría loza de un panteón ajeno. La verdad es que enero es un mes bien triste, y ahora más, mucho más. Enero es un espanto, es un mes de muerte.

Enero será siempre el mes más triste. Enero se llevó a mi madre. Enero es un mes atroz para mí, pero también para casi todos los cubanos. Enero es el mes más cruel, aunque Eliot suponga las mayores crueldades en abril. En enero murió mi madre, y también los comunistas fijaron en enero su victoria. ¿Algo podría ser peor que la muerte de una madre y la instauración del comunismo? El primer día de aquel año sería el escogido porque en las horas previas se largó Batista, y eso bastó para que ellos decidieran, no sin astucia, que el primer día del año coincidiera con el triunfo. Ellos debieron sopesar, mirar de cerca las ventajas que ofrecía la fecha. Un triunfo fijado en el primer día del año podría entenderse como buen augurio.

El primer día de un año coincidiendo con el primer día de un “triunfo”. Esa fue una buena treta y quizá, para muchos, un buen augurio, hasta que se demostró lo contrario. Luego vendría la caravana, una multitud de hombres de rara apariencia, peludos, adornados con collares, tan barbudos como los reyes magos. Una multitud tan escandalosa como la gente reunida en los carnavales se hizo visible. Así comenzó aquel enero, ese “triunfo” que también pretendieron coronar con la celebración del nacimiento de Martí en La Habana, esa ciudad donde la caravana tendría su fin, para establecerse allí para siempre, o al menos mientras durara su gobierno. Una caravana en La Habana con barbas y pelos largos, una caravana adornada con collares de Santa Juana, toda una profecía, el mejor vaticinio, el gran augurio.

La Habana se llenó de gritos y consignas,La Habana fue fiestera, escandalosa; los “humildes” tomaban la ciudad capital, se convertían en los nuevos dueños, se mudaban gracias a los “salvadores”, a esos “redentores” que expurgaron todo cuanto les molestaba, todo lo que consideraron traición, todo lo que les pareciera abuso, y para conseguirlo, abusaron. Y habló Fidel en enero a una multitud carnavalesca. Y en medio de aquel discurso una paloma se posó en el hombro del rebelde, del barbudo. Un gran augurio, la paz posada en uno de los hombros del “profeta”, ahora no recuerdo si la “posada”, si aquel forzoso aterrizaje, fue en el hombro izquierdo o sobre el derecho, no sé si el ave fue atraída por alpiste, por alguna extraña luz en el hombro, en la charretera del barbudo en jefe, pero sucedió, y fue reproducida hasta el cansancio aquella imagen, y todavía… 

Enero fue el mes de la “victoria”, incluso para aquellos que se fueron a la Sierra sin saber muy bien por qué lo hacían, y otros sí que lo sabían, como aquel guajiro oriental del central Miranda, aquel guajiro que se fue a la Sierra sin muchas convicciones, cuando ya estaban los barbudos. Aquel guajiro subió a la Sierra desde aquellos predios en los que estuvo enclavado el central Miranda, ese que hoy se llama Mella, pero las razones de su alzamiento nada tenían que ver con las tropelías de Batista, y tampoco con una identificación con Castro y los rebeldes.

Aquel guajiro se unió a los rebeldes para salvarse de la muerte, se unió a los rebeldes porque si no “ponía pies en polvorosa” se convertía en cadáver, “estiraba las patas” para siempre. Y es que ese hombre fue sorprendido mientras daba “ofrendas de varón” a la esposa de un guardia rural, y “salió echando” para salvar su vida, para evadir la muerte, jamás porque simpatizara con los rebeldes, con los propósitos de esos rebeldes comandados por Fidel Castro. Aquel hombre que bajó de la Sierra con grados militares no subió por “convicciones”, subió para salvar su pellejo, para evadir la muerte. Aquel hombre fue sorprendido por un marido celoso, batistiano, y subió a la Sierra, huyendo…, pero aun así bajó luego como un héroe.

Y ese hombre debió estar también en esa caravana que hizo en enero el camino hacia Occidente, ese hombre debió estar entre los que acompañaron a Fidel mientras vencía esa distancia que lo separaba de La Habana, y quizá lo acompañó también aquel día del discurso en Columbia, aquel discurso en el que una paloma ganara tanto protagonismo. Aquel hombre se convirtió, por casualidad, por miedo a la muerte, en revolucionario, y ganó poderes. Aquel hombre, gracias a la casualidad, se convirtió en héroe, aquel hombre, gracias al miedo que tuvo a morir a manos de un marido celoso y traicionado, se convirtió en un “héroe revolucionario”.

Y así debieron llegar muchos a La Habana, así debieron llegar muchos hasta el día hoy, mintiendo, teatralizando epopeyas y victorias. Así se sigue haciendo el camino, por casualidad, por conveniencia, y hasta por miedos. Así se hizo ese enero tan cacareado, así se consiguió la eterna crueldad de ese primer mes del año, el más devastador de entre todos los meses que forman el año cubano. Quizá por eso no comulgaré jamás con Eliot, porque para mí, el mes más cruel será siempre enero, porque en enero triunfó una “revolución” que no me gusta, porque en enero murió mi madre, a quien la “revolución” no le propició los medicamentos que precisaba, no le propició la salud que la mantendría en vida y junto a mí. ¿Harán falta otras razones para creer en la crueldad de enero, de esa “revolución” de enero? 

Recibe la información de CubaNet en tu celular a través de WhatsApp. Envíanos un mensaje con la palabra “CUBA” al teléfono +1 (786) 316-2072, también puedes suscribirte a nuestro boletín electrónico dando click aquí.