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La dictadura cubana viola todas las Reglas Mandela de la ONU

Cuba, cárceles

CIUDAD DE MÉXICO. – Desde hace 33 años, la Cruz Roja Internacional no puede visitar las cárceles cubanas. La última vez que lo hizo, en noviembre de 1989, solicitó ver a todos los encarcelados, pero la dictadura no accedió a esa petición. En 2013, el Gobierno de la Isla anunció que permitiría la visita a las cárceles de los relatores sobre la tortura de la ONU, pero no se concretó la promesa: el acceso a las prisiones sigue vedado a los organismos internacionales, a las organizaciones de derechos humanos internacionales y a la sociedad civil independiente en Cuba. El Gobierno cubano es Estado parte de la “Convención contra las torturas, tratos crueles y degradantes” desde 2009, pero no permite el monitoreo en sus cárceles. 

Esta posición es un hecho reiterado por todas las dictaduras; el problema está en que la violación sistemática de los derechos de todos los reclusos ―en particular los de presos y presas políticas― condena a miles de personas a una muerte lenta, en absoluto desamparo. En el caso de Cuba, esta arbitrariedad es evidente desde hace seis décadas.

Actualmente, la Isla tiene la mayor cantidad de presos y presas políticas en el mundo. Otros países como Irán, Belarús, Venezuela y Nicaragua, señalados entre los más violadores de derechos humanos, tienen contabilizados menos presos políticos. 

Varias organizaciones de derechos humanos internacionales, como Amnistía Internacional, el Observatorio Cubano de Derechos Humanos y Prisoners Defenders, han denunciado la cantidad de presos políticos en Cuba que se incrementa cada año, en especial luego del 11 de julio del 2021. Prisoners Defenders contabiliza en su más reciente informe (septiembre de este año) 1 026 presos y presas políticas, de ellos 36 menores de edad.

Gracias al acceso a internet en los móviles desde diciembre de 2018, ha sido posible precisar de manera más clara y directa la cantidad de violaciones a los derechos humanos en las cárceles cubanas, aun a pesar de la prohibición de la dictadura para acceder a ellas. Más de 100 presos han dado sus testimonios directos a la organización Prisoners Defenders, mientras la redes sociales se colman a diario del testimonio de familiares de los reos.

Estos denuncian insalubridad, ausencia de agua potable, falta de asistencia médica, comida en mal estado y precaria, prohibición de salir al sol a diario, robo de los alimentos por parte de las autoridades, malos tratos, incomunicación durante meses, humillaciones, celdas de castigo y torturas.      Al revisar la página oficial del Gobierno cubano en el Consejo de Derechos Humanos, consta que la dictadura jamás ha reconocido la existencia de presos políticos. El régimen lleva negando la existencia de estos durante seis décadas. 

En las más recientes Evaluaciones Periódicas Universales de Cuba en la ONU (2009, 2013 y 2018) el régimen de la Isla ha sido evaluado y condenado por todas las violaciones de derechos de los reclusos. El Comité de relatores sobre la tortura y los malos tratos y degradantes de la ONU le ha señalado reiteradamente a La Habana los patrones de violaciones de derechos contra los reclusos.  

Ningún país puede ser excluido de las visitas permanentes de los relatores de Naciones Unidas, procedimiento jurídico internacional adoptado por 128 miembros de la ONU. Tampoco, ningún Estado puede impedir la visita de las organizaciones internacionales de derechos humanos como Amnistía Internacional o la Cruz Roja Internacional, entre otras. En reiteradas ocasiones, el Gobierno cubano ha dicho que habla con la Cruz Roja Internacional, pero no le permite inspeccionar las cárceles. 

La dictadura cubana, que ha secuestrado desde hace seis décadas los medios masivos de comunicación, no informa a la ciudadanía de los cientos de señalamientos de las Naciones Unidas sobre la violación sistemática de derechos civiles y políticos; tampoco de los señalamientos sobre las reiteradas violaciones y los patrones represivos que utiliza contra los presos políticos y los presos comunes.

El Reglamento Penitenciario vigente en Cuba incumple todas las Reglas Mandela de la ONU. Estos son sus rasgos más visibles:

-No existe autoridad independiente al PCC que pueda acceder a la inspección de las cárceles: ni la sociedad civil independiente, ni los organismos internacionales. Solo instituciones creadas y controladas por el PCC pueden acceder.

-El régimen no especifica la temporalidad de cada derecho, permitiendo que cada autoridad penitenciaria viole de manera discrecional o arbitraria los derechos de los reclusos. Por ejemplo, la comunicación con sus familiares, la salida al sol diaria, la atención médica o el acceso a la luz natural en las celdas. También, la dictadura condena a celdas de castigo a presos políticos a los cuales no se les respetan sus derechos. No se puede protestar por las condiciones infrahumanas que sufren los presos: los que protestan son golpeados y castigados, mientras los carceleros quedan impunes.

-El sesgo hacia los presos políticos facilita el abuso de poder de las autoridades contra estos, de manera impune. En seis décadas no hay un solo abuso de poder de las autoridades carcelarias que haya llegado a los tribunales y haya sido condenado. Así, miles de presos inocentes languidecen en las cárceles cubanas. Los abogados defensores no pueden enfrentarse a la impunidad de las autoridades carcelarias, fiscales, jueces y tribunales. En definitiva, no pueden ejercer su profesión.

El sistema penitenciario cubano se comporta como una corporación cerrada, opaca, donde reina la arbitrariedad y la discrecionalidad de las autoridades sin derecho a réplica. Cada día conocemos en las redes la impunidad de reclusos comunes orientados a atacar a presos y presas políticas a cambio de algún beneficio; o tenemos noticia del papel de las propias autoridades carcelarias, máximas violadoras de los derechos de los reclusos.

¿Nos dejará así la comunidad internacional? A la dictadura cubana hay que exigirle que abra todas las cárceles para una inspección internacional de acuerdo a las Reglas Mínimas o Reglas Mandela de la ONU. Hasta ahora, en seis décadas solo han existido breves “visitas dirigidas”, una o dos, de algunos periodistas extranjeros a cárceles seleccionadas por la dictadura; “visitas dirigidas” que ocultan las violaciones de los derechos de los reclusos y presentan una situación idílica del sistema penitenciario en Cuba.

ARTÍCULO DE OPINIÓN
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Yaxis Cires: “El castrismo no quiere que los cubanos conozcan las Reglas Mandela”

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MIAMI, Estados Unidos. — La violación de las Reglas Mínimas de las Naciones Unidas para el Tratamiento de los Reclusos, también conocidas como Reglas Nelson Mandela, y el irrespeto a los derechos humanos son dos de los pilares en los que se sostiene la represión política en Cuba. Así lo aseguró el abogado Yaxys Cires, director de Estrategia del Observatorio Cubano de Derechos Humanos (OCDH).

Aunque la censura y la desinformación han hecho que las Reglas Mandela no sean muy conocidas en la Isla, el trabajo de los medios independientes y de organizaciones de derechos humanos han ayudado a socializar normas y conceptos que son universalmente aceptados.

En entrevista ofrecida a CubaNet, Cires aseguró que el castrismo no quiere que los cubanos sepan lo que son las Reglas Mandela, de ahí la censura constante y la ofensiva contra la libre información.

Según el abogado, el régimen de La Habana ha mantenido históricamente un doble estándar en temas de derechos humanos: suprime las libertades al interior de la Isla, pero es firmante de protocolos y convenciones internacionales.

“Cuando vas a Ginebra, a Naciones Unidas, ves a gente que está muy clara de lo que pasa en Cuba. Sin embargo, muchos se sorprenden de las violaciones del régimen ya que este es firmante de numerosos mecanismos en favor de los derechos humanos”.

A pesar de ello, Cires recordó que el castrismo también ha apoyado abiertamente violaciones de derechos humanos en la arena internacional, hecho que se demostró con el apoyo de La Habana a la guerra en Ucrania y los pronunciamientos contra las sanciones de Occidente a Rusia.

“El régimen cubano no solo viola los derechos humanos dentro de la Isla, sino que ha apoyado actuaciones contrarias al libre ejercicio de estos en otros países.

Cires llamó también a no invisibilizar los casos de los presos políticos, ya que sería incurrir en una doble violación.

“El pueblo cubano está sufriendo mucho, pero los familiares de los presos están sufriendo el doble o más, porque la situación se agrava con esta injusticia de tener un familiar encarcelado por haber ejercido sus derechos humanos”.

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Las violaciones a las Reglas Mandela en la prisión de Guantánamo (III)

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GUANTÁNAMO, Cuba. ─ La Regla 47.1 establece la prohibición del uso de cadenas, grilletes y otros instrumentos de coerción física que por su naturaleza sean degradantes o causen dolor. Si comparo mi experiencia carcelaria del período 1999-2003 con la última ocurrida entre septiembre del 2019 e igual mes del 2020, no dudo en afirmar que en Guantánamo ha habido un franco retroceso en cuanto a lo prescripto en esta regla, pues ahora las autoridades de la prisión usan la famosa “Shakira” ─cadenas enredadas en la cintura y pies─ para trasladar a los reclusos fuera del penal y hasta en zonas dentro de él cuando antes solo usaban las esposas. En cuanto al uso de estas, es evidente la intención de maltratar a los reclusos políticos al apretarlas más allá de lo normal.

En la prisión de Guantánamo no se respeta la intimidad de los reclusos políticos durante la visita de sus familiares. En muchas ocasiones, los reos son sometidos a registros corporales humillantes e injustificados y son obligados a ir a la visita en el edificio administrativo, fuera de la prisión, bajo la custodia permanente de hasta cuatro militares a menos de dos metros. Hasta allí son trasladados esposados y bajo fuerte custodia militar, como si fueran capos de la droga.

Los registros regulados en la Regla 51 se realizan con una presencia desmesurada de militares y policías y hasta con perros ─sobre todo los que se efectúan a fin de año─, desentendiéndose de lo establecido, pues resultan aparatosos y están dirigidos a intimidar a los reclusos, humillarlos y privarlos de pertenencias que resultan muy preciadas en la prisión, como un simple abanico de plástico para paliar el calor insoportable del recinto.

Las pertenencias de los reclusos son lanzadas al piso, sus escritos y libros revisados rigurosamente y en ocasiones ocupados y jamás devueltos sin dejar constancia documental de ello. Las autoridades de la prisión de Guantánamo prohíben la entrada de libros relacionados con los derechos humanos aunque hayan sido publicados por la dictadura. No pocas veces se ha visto a militares usando algunas de las pertenencias ocupadas.

En la prisión de Guantánamo no se les entrega a los sancionados la legislación penitenciaria que se les va a aplicar para que la conozcan. Tampoco se les informa sobre cómo reclamar sus derechos, cuáles son ni los métodos o vías que debe usar para informarse. Se les obstaculiza el acceso al Departamento de Control de la Legalidad en Establecimientos Penitenciarios (CLEP) de la Fiscalía Provincial, aunque en realidad quienes trabajan en él dejan mucho que desear debido a su complicidad con las autoridades de la prisión.

Las quejas de los reclusos no son atendidas ni respondidas con la prontitud dispuesta en la Regla No.57. Se viola igualmente la Regla 57.2, porque los reclusos carecen de garantías que les permitan presentar sus quejas de forma segura sin recibir represalias, una práctica muy común empleada contra los reclusos considerados contrarrevolucionarios, a quienes se les discrimina en los tribunales y en la prisión por sus ideas políticas.

Acerca de la investigación de las golpizas y la aplicación de tratos o penas crueles, inhumanas o degradantes, además de que casi nunca se realizan ─y cuando se hacen son parcializadas─, los reclusos temen hacer tales denuncias o quejas para evitar represalias.

En referencia al contacto con el mundo exterior, solo existe la posibilidad de recibir visitas una vez al mes para los primarios, cada 45 días para los reincidentes y cada cuatro o seis meses para quienes están en régimen severo. La programación de actividades fuera de la prisión es totalmente nula. La correspondencia es revisada y muchas veces censurada sin comunicárselo a los reclusos y las llamadas son grabadas en una oficina del edificio administrativo, sobre todo a los presos políticos.

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Entrada a la Prisión Provincial de Guantánamo (Foto: Captura de pantalla)

No hay posibilidad de leer la prensa oficialista, sencillamente porque no se distribuye y debido al estado técnico de los televisores y a la bulla que siempre existe en el comedor resulta extremadamente difícil informarse por el bodrio ideológico que los comunistas llaman noticiero.

Se permite una vez al mes la entrada a la prisión del representante de la religión profesada por el recluso, pero estos carecen de un lugar apropiado a donde ir a orar o hacer en comunidad las lecturas del día. Cada visita de esos representantes se hace bajo la vigilancia de uno o varios militares. En muchas ocasiones se niega al recluso el derecho a reunirse con ese representante o a participar en las actividades mensuales de su comunidad religiosa.

La Regla 68 establece que todo recluso tendrá derecho a informar inmediatamente a su familia de su traslado a otro establecimiento o sobre cualquier enfermedad, pero este derecho se restringe con respecto a los presos políticos.

Las Reglas 69 y 70 regulan lo concerniente al fallecimiento de los reclusos, pero en Cuba el cuerpo de los fallecidos en prisión es propiedad del Estado. Consecuentemente, los familiares no tienen derecho a verlo y si este fue un preso político no se les permite que hagan un funeral normal.

Se viola la Regla 73.1, 2 y 3 porque los reclusos son trasladados desde la prisión al tribunal en furgonetas cerradas y calurosas.

En cuanto al personal militar, todavía son empleados en la prisión de Guantánamo personas con un bajísimo nivel cultural y técnico-profesional, con evidente tendencia al uso de la violencia como vía para dirimir las diferencias, reproductores de códigos de conducta muy similares a los de los delincuentes, quienes gustan de maltratar de obra y de palabras a los presos, sobre todo a los políticos. Sin embargo, puede señalarse como algo positivo el aumento de la presencia femenina, aunque ello también sea fuente de conflictos.

En la prisión de Guantánamo no hay trabajadores sociales que faciliten las relaciones de los reclusos con sus familiares ni la solución  de los problemas que causan la separación y el internamiento, lo cual viola la Regla 88.2. Tampoco existe un tratamiento individualizado de los reclusos y hay fallas evidentes en la reeducación de los sancionados por delitos comunes, pues muchos reclusos no logran desprenderse de hábitos antisociales.

Las Reglas Mandela, como ese engendro que los comunistas llaman Constitución, ya fueron promulgadas. Ahora falta que se cumplan.

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Las violaciones a las Reglas Mandela en la prisión de Guantánamo (II)

GUANTÁNAMO, Cuba. ─ En cuanto a la higiene personal, regulada en las Reglas 18.1 y 18.2, las autoridades no entregan todos los productos necesarios para el aseo personal. Durante el primer semestre del año 2020, la pasta dental ofrecida a los reclusos estaba vencida. A pesar de que se conoce que los reclusos tienen una asignación de maquinillas de afeitar, estas jamás llegan a sus manos.

Cuando los internos son trasladados fuera del penal no se les permite que usen ropa de civil, sino el uniforme de recluso, algo que provoca rechazo en las áreas que visitan bajo fuerte custodia militar, otra violación de las Reglas Mandela.

La Regla 22 establece que la alimentación que reciban los reclusos debe ser de calidad. Durante el año de internamiento que este corresponsal pasó en esa prisión, la alimentación fue pésima debido a la mala calidad de los alimentos ofrecidos, a su deficiente elaboración y a la presencia permanente de gusanos y gorgojos, pedazos de huesos, cartílagos y plumas de gallina, a lo que se une la mala higiene en su manipulación y en lavado de las bandejas. El desayuno consistía en un vaso de cocimiento de albahaca o jengibre, un vaso de agua de arroz ─el famoso chorote─ o uno de chocolate muy aguado más un pancito de 6cm de largo por 4 de ancho. La comida es servida habitualmente entre las 4 y las 5 pm, un horario totalmente inadecuad que viola lo establecido en las reglas.

El tiempo para tomar sol y practicar ejercicios al aire libre, establecido en la Regla 23.1, no se cumple cabalmente. En muchas ocasiones no llega a una hora de duración y siempre se cumple en la solera, un lugar estrecho y encajonado. Tampoco existen instalaciones deportivas como pistas de atletismo o un gimnasio donde los reclusos puedan ejercitarse bajo la dirección de un especialista.

La Regla 24.1 establece que los reclusos gozarán de los mismos estándares de atención sanitaria disponibles en la comunidad exterior. Si nos basamos en el evidente deterioro que presentan los servicios médicos en Cuba, el lector podrá imaginar cómo deben de estar los de la prisión. Hay médicos ─jóvenes recién graduados enviados a cumplir  el servicio social─, pero no medicamentos ni el equipamiento necesario para ofrecer una atención de calidad. Durante mi internamiento conocí a reclusos que llevaban meses clamando por ser llevados ante un especialista y otros que necesitaban sacarse una muela y llevaban hasta dos meses con dolor sin que se resolviera el problema. A pesar de la carencia de medicamentos, se obstaculiza que los familiares de los reclusos se los lleven, pues el procedimiento exige que el médico lo autorice. Luego, en las requisas, esos medicamentos son ocupados y nunca devueltos a los familiares de los reclusos.

La dependencia de los psicofármacos demostrada por algunos reclusos y el tráfico ilegal de ellos dentro de la prisión resulta un problema serio, causante de incidentes violentos. Los militares son los principales proveedores de esos fármacos, como quedó evidenciado después de haber sido suspendidas las visitas por causa del coronavirus. Fue en ese período cuando más consumo ilegal de psicofármacos hubo en la prisión.

El servicio de Psicología existe, pero no ocurre así con el de Psiquiatría, pues no se cuenta con especialistas a tiempo completo. Todo lo mencionado no permite que se cumpla a cabalidad lo establecido en la Regla 27.1, que establece que todos los establecimientos penitenciarios facilitarán a los reclusos acceso rápido a la atención médica en casos urgentes, algo que sólo ocurre con relación a las víctimas de actos violentos que son trasladadas de inmediato a la sala de penados del hospital provincial.

La Regla 30 establece que el contacto médico-recluso deberá ser cercano y tan a menudo como sea necesario. Se indica la realización de una entrevista inicial cuando el recluso llega a la prisión, pero también que sea continuada por una atención constante, sobre todo con respecto a los adultos mayores, algo que no se cumple.

La Regla 32.1 prohíbe al personal médico de los establecimientos penitenciarios participar activa o pasivamente en actos que puedan constituir una tortura u otros tratos o penas crueles, inhumanos o degradantes. Sin embargo, es en la enfermería de la prisión donde se ejecuta la tortura conocida como “la fijación”, explicada precedentemente. Durante mi internamiento en la prisión provincial de Guantánamo, ningún trabajador del área médica denunció esa crueldad. En caso de hacerlo, saben que serían expulsados inmediatamente o acusados por la Seguridad del Estado por revelar lo que ellos consideran un secreto, tanto que no se permite a ningún recluso acercarse al área donde están los fijados para que no vean un acto tan inhumano y deprimente como este corresponsal pudo constatar en una oportunidad debido a un descuido de un militar. Esta impunidad se mantiene por la cobardía o complicidad de quienes trabajan en el área de salud de la prisión de Guantánamo, quienes no gozan de la independencia profesional que defienden las Reglas Mandela.

La Regla 37.1 establece que ningún recluso será sancionado dos veces por la misma causa y que las sanciones aplicadas ─según la Regla 43.1─ no pueden impedir el contacto del recluso con su familia.

A pesar de ello, sufrí la amarga experiencia de que en solo cinco meses de encierro me privaron de llamadas telefónicas, visitas familiares y pabellones conyugales. Ello ocurrió porque continué enviando noticias al extranjero, pero conocí casos de otros presos políticos que también sufrieron idénticas represalias.

La Regla 44 establece que por aislamiento se entenderá el aislamiento de los reclusos durante un mínimo de 22 horas diarias sin contacto humano apreciable y por aislamiento prolongado el lapso que se extiende a un período de 15 días consecutivos. Si tenemos en cuenta que la Regla 45.1 establece que el aislamiento solo se aplicará en casos excepcionales y que no se impondrá en razón de la condena, resulta inadmisible que en la prisión de Guantánamo haya reclusos que permanecen en el régimen de máxima severidad por 2, 4 y hasta más años, medida que se aplica sobre todo a los reclusos que se manifiestan contra el régimen una vez sancionados, así como a los que cometen delitos violentos.

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Las violaciones de las Reglas Mandela en la prisión de Guantánamo (I)

Camejo Corrales Cuba, COVID-19, Coronavirus, Prisión Provincial de Guantánamo, Recluso, Preso

GUANTÁNAMO, Cuba. ─ La Comisión de Prevención del Delito y Justicia Penal de la ONU, reunida en Viena del 18 al 22 de mayo de 2015, aprobó un importante documento sobre las normas que deberían seguir todos los establecimientos penitenciarios. Es el titulado “Reglas Mínimas de las Naciones Unidas para el Tratamiento de los Reclusos”, conocidas como “Reglas Mandela”.

Ahora que la nueva Constitución ha consagrado en su artículo 60 que “el Estado cubano favorece en su política penitenciaria la reinserción social de las personas privadas de libertad, garantiza el respeto de sus derechos y el cumplimiento de las normas establecidas para su tratamiento en los establecimientos penitenciarios”, sería de esperar que desaparecieran las violaciones que cotidianamente se cometen en las cárceles. Lamentablemente no es así en la prisión provincial de Guantánamo.

Ese importante documento hace énfasis en el respeto de los derechos humanos y en que las personas privadas de libertad deben conservar esos derechos, que son inalienables, así como todos los demás derechos y libertades fundamentales, algo que no ocurre en esa prisión.

En Cuba no se celebra el “Día Mandela en favor de los Derechos de los Reclusos”, que es el 18 de julio y cuyo objetivo es promover condiciones de encarcelamiento dignas. Si se analiza el documento apreciamos que la Regla 1 establece que todos los reclusos serán tratados con el respeto que merecen su dignidad y valor intrínsecos como seres humanos; sin embargo, en la prisión de Guantánamo hay militares que tratan despóticamente a los reclusos, los ofenden y torturan o les aplican tratos crueles, inhumanos o degradantes y los internos no tienen ninguna posibilidad de defenderse ante tales abusos.

Entre esos tratos abusivos está aplicar medidas arbitrarias contando únicamente con el decir de los informantes. Entre las torturas que se aplican a los reclusos están “la fijación”, consistente en amarrar de pies y manos a los internos en una cama maloliente de la enfermería por 72 horas o más; el “balancín”, consistente en colocar al recluso boca abajo y amarrarle las manos junto con los pies y “la bicicleta”, que consiste en esposar al recluso y empujarlo escaleras abajo. También se practican las golpizas contra los opositores políticos.

A quienes se declaran en huelga de hambre les colocan comida delante de las celdas para que cedan, o les prometen acceder a sus peticiones. Cuando el recluso suspende la huelga es castigado con la suspensión de vistas, llamadas telefónicas o con la prohibición de progresar en el régimen penitenciario. Las autoridades nunca cumplen lo prometido, contando con la complicidad de la Fiscalía. Otro trato cruel consiste en trasladar a los reclusos a prisiones situadas a cientos de kilómetros de distancia de sus domicilios, obstaculizando las visitas de los familiares y gravándolas económicamente.

La Regla 2 establece que esas normas deben ser aplicadas imparcialmente. Sin embargo, en la prisión de Guantánamo se diferencia a los presos comunes de los políticos, aunque se les obliga a convivir juntos para mantener vigilados a los segundos. Los presos políticos son discriminados y aunque mantengan buena conducta no siempre progresan al régimen de mínima severidad u obtienen la libertad condicional, pues la concesión de esos beneficios está supeditada a la condición de que renuncie a sus ideales. Esa discriminación política es la misma que se aplica en la sociedad cubana en cuanto al acceso al trabajo, a puestos de dirección o mejor remunerados, así como a posiciones sociales que, para ser ocupadas, exigen sumisión absoluta a los comunistas.

Uno de los objetivos de las Reglas Mandela es lograr la reinserción social de los sancionados. En tal sentido, la Regla 4.2 establece que las administraciones penitenciarias y otras autoridades competentes deberán ofrecer educación, formación profesional y trabajo a los reclusos. Sin embargo, la educación que se ofrece en la prisión de Guantánamo queda limitada al aprendizaje de contados oficios y es de baja calidad, según la opinión de los sancionados; algunos de ellos reciben certificados acreditativos de una supuesta calificación que no adquirieron. No hay cursos para aprender computación, no hay salones de computación, no se ofrecen cursos para aprender idiomas y tampoco existe la posibilidad de hacer estudios universitarios, ni siquiera a distancia. Tampoco hay biblioteca.

En cuanto a la gestión de los expedientes de los reclusos, regulado por las Reglas 6, 7, 8, 9 y 10, no existe la práctica de dejar constancia en ellos de los malos tratos, golpizas y violaciones de sus derechos. Tampoco se archivan sus quejas y peticiones.

Al acreditar la causa de muerte de los reclusos jamás se consigna cuándo esta ocurre por negligencias médicas o demora del guardia en llevarlo ante el médico. En estos casos se oculta la verdadera causa de la muerte consignando en los documentos oficiales que el recluso falleció por “empastillamiento” ─consumo de drogas─ y no se permite que los familiares tengan acceso a su cuerpo ni que le practiquen la autopsia. Los reclusos carecen de acceso a la información que sobre él contienen esos expedientes y tampoco reciben una copia certificada de ellos al recibir la libertad, que es lo establecido en las Reglas Mandela.

Las reglas regulan lo concerniente al alojamiento de los reclusos desde la 12 hasta la 17. Al respecto podemos asegurar que en verano los locales colectivos de la prisión de Guantánamo son en extremo calurosos y la iluminación natural jamás permite la lectura y la artificial sólo a quienes duermen debajo o cerca de ella. Cada celda tiene capacidad para 24 reclusos en un reducido espacio y solo algunas de ellas cuentan con dos huecos para hacer las necesidades fisiológicas ─el resto solo uno─, bajo pésimas condiciones higiénico-sanitarias porque las autoridades de la prisión no entregan los productos necesarios para mantener la limpieza. No hay duchas y en invierno el agua está muy fría porque es bombeada directamente de un río cercano, siendo esa la misma agua que se ofrece para beber a los reclusos.

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