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La narrativa de la violencia: la versión castrista de la guerra del Escambray

Guerra Escambray, Guerrillas

LA HABANA, Cuba. — Los primeros años de la revolución de Fidel Castro fueron los años de los cuentistas: los que vivían del cuento de la revolución y los que pretendían contarla.

En la década de 1960,  jóvenes escritores vestidos de milicianos se arrogaron el derecho de narrar la épica revolucionaria. Fue lo que se conoce como la narrativa de la violencia. Sus autores más destacados fueron Jesús Díaz (Los años duros, de 1966), Norberto Fuentes (Condenados de condado, de 1968, y Caza-bandidos, de 1970), Eduardo Heras León (Pasos sobre la hierba, de 1970, y La guerra tuvo seis nombres, de 1968) y Manuel Granados (Adire y el tiempo roto, 1967).

Era una narrativa dura, áspera, en ocasiones brutal. Influenciada por Isaac Babel y Ernest Hemingway, reflejó descarnadamente como el nuevo régimen enfrentaba con puño de hierro a sus enemigos contrarrevolucionarios.

Aunque algunos obtuvieron premios o fueron mención en los concursos de la Casa de las Américas, tales relatos no fueron del agrado del Poder, que aspiraba a héroes al estilo soviético.  Personajes como Grigori Melejov, el protagonista del “Don apacible” de Mijail Sholojov no podían morar en el Escambray: era mejor que, luego de fusilados, los enterraran en una tumba anónima. Y los milicianos y soldados de las Fuerzas Armadas Revolucionarias que combatían a los alzados no podían equivocarse, arredrarse ni tener debilidades, como las que tenían algunos personajes de los cuentos de Jesús Díaz, Heras León y Norberto Fuentes. Tenían que ser de hierro, sobreponerse a todo, como el Pavel Korchaguin de Así se forjó el acero (Nikolai  Ostrogov) o el piloto de Un hombre de verdad (Boris Polevoi).

Los relatos de la contrainsurgencia en el Escambray costaron a la mayoría de sus autores prohibiciones, castigos y ostracismos más o menos largos.

A Heras León lo enviaron a purgar sus culpas trabajando como hornero en la Antillana de Acero y a Manuel Granados lo expulsaron de la UNEAC por ser “un negro pájaro y bocón”.

Y tampoco —aunque luego lo rehabilitaran convirtiéndolo en escriba de la corte verde olivo— vacilaron en castigar a Norberto Fuentes, que había calificado de “ejército de fábula” a la tropa contrainsurgente que comandaba Tomasevich. A los mandamases les disgustó el sádico regodeo en los fusilamientos que mostró Fuentes, quien decía que al bandido (como llamaban los castristas a los alzados) había que matarlo y “probar su sangre, como hacían los hombres de Panfilov”.

La narración de la guerra en el Escambray al gusto oficial debió esperar a que en el Decenio Gris la escribiera Manuel Cofiño, dentro de los cánones del realismo socialista, en libros como La última mujer y el próximo combate.

ARTÍCULO DE OPINIÓN
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Régimen cubano niega expulsión a Héctor Luis Valdés y Esteban Rodríguez

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MADRID, España.- El representante permanente de Cuba en Ginebra, Juan Antonio Quintanilla Román, manifestó este lunes que “en Cuba no se expulsa del país a sus ciudadanos”, tras la reacción internacional por el exilio al que se vieron obligados el pasado 4 de enero los periodistas Héctor Luis Valdés Cocho y Esteban Rodríguez

El funcionario rechazó un tweet de la relatora especial de Derechos Humanos de la ONU, Mary Lawlor, en la que la diplomática expresaba su preocupación por los “periodistas y defensores de derechos humanos”, que en el momento de la publicación se encontraban “varados tras haber sido expulsados de Cuba”.

Quintanilla Román dijo además: “Debería preocuparse por defender otros lugares bajo verdadero riesgo; al replicar campañas anticubanas viola el Código de Conducta”.

   

En el día de ayer también pidieron solidaridad con Héctor Luis Valdés Cocho y Esteban Rodríguez  la Comisión Interamericana de Derechos Humanos (CIDH), el Programa de las Américas del Comité para la Protección de los Periodistas, Human Rights Watch, la Embajada de Estados Unidos en La Habana, entre muchos otros.

“Nos es preocupante que el régimen de Cuba haya obligado a destierro a los periodistas de ADN Cuba Esteban Rodríguez y Héctor Luis Valdés, que ahora están obligados a estar fuera de su país. (…) Este es otro método de acoso a los periodistas, de reprimir a los que difieren pacíficamente, y [otra muestra] del desprecio por la Declaración Universal de DD. HH. Nunca debieron haber sido reprimidos y no debieron haber sido obligados [a ir] fuera de Cuba”, tuiteó la Embajada de Estados Unidos en La Habana.

En la tarde de este miércoles, los periodistas independientes cubanos lograron salir del aeropuerto de El Salvador acompañados por el director de Migración de este país centroamericano, Ricardo Cucalón, y Apolonio Tobar, titular de la Procuraduría para la Defensa de los Derechos Humanos de El Salvador.

Apolonio Tobar dio a conocer que tenían instrucciones del presidente Nayib Bukele “para darles el apoyo que requieran para que se tranquilicen, se sientan seguros y luego estudien su caso para su regularización”.

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El racismo histórico del régimen cubano que a Black Lives Matter no le importa

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MIAMI, Estados Unidos.- En días recientes, la dirigencia del movimiento Black Lives Matter respaldó al régimen cubano eximiéndole de toda culpa ante la crisis que vive Cuba. Culpó, y no nos sorprende, al mal-llamado “bloqueo” americano de todas las penurias que sufren los cubanos, y también de las protestas que a partir del domingo 11 de julio se hicieron oír en toda Cuba.

¿Será que para BLM, nuestro pueblo black and brown no es ni black, ni brown?  No hacía falta binoculares para ver que –digamos– la mitad de los manifestantes que gritaban “¡Libertad!”, “¡Patria y vida!”, y “¡Abajo la dictadura!” eran black and brown.

Tampoco hacía falta binoculares para distinguir que gran parte de los revolucionarios con palos en la mano, convocados por el presidente-dictador Miguel Díaz-Canel a reprimir a un pueblo desarmado, también eran black and brown. Miguelito, el mayoral blanco, ordenó a sus esclavos por televisión a que dieran leña a sus hermanos de patria y raza.

El régimen que preside Díaz-Canel, y vice-preside Ramiro Valdés, a quien la multitud le gritó “¡Asesino!” en Santiago de Cuba, tiene un consejo de ministros de 31 cubanos blancos y apenas cuatro afrodescendientes. Esto en un país donde la mitad de la población es black and brown. ¿Es o no es el régimen cubano un órgano de control blanco-supremacista? ¿Lo entenderá así la dirigencia de BLM?

Es cierto el refrán: “No hay peor ciego que el que no quiere ver”. Esa ceguera parece ser endémica de la dirigencia actual de BLM. Según explica Kaylee McGhee en su columna del Washington Examiner (julio 15): “[BLM] la fundó un grupo de ‘revolucionarios marxistas’, colaboradores de individuos y organizaciones comunistas (…), uno de ellos, excandidato a la vice-presidencia de EE.UU. por el Partido Comunista USA (…) y dos “marxistas entrenadas” –Alicia Garza y Patrisse Cullors– que así se describieron en una entrevista de 2015, y que se han dado de baja de la organización (…)”. Dichos orígenes explican, pero no justifican, el apoyo cómplice de BLM al régimen de sus camaradas “compañeros de viaje”.

Según Manuel Cuesta Morúa, acosado vocero del Partido Arco Progresista y coordinador de la plataforma Nuevo País: “Hoy el racismo afecta estructuralmente a la nación, el 80 porciento de la población penal es negra mientras en las universidades son un porcentaje ínfimo”. ¿Conoce alguien en BLM al cubano black and brown Manuel Cuesta Morúa?

La dictadura no admitirá cómo ha censurado, encarcelado y fusilado a cubanos black and brown. Hoy, los integrantes del Movimiento San Isidro, muchos de ellos black and brown, están asediados, bajo arresto domiciliario o detenidos; Luis Manuel Otero Alcántara, en una prisión en Guanajay. Hay que repetírselo –aunque se haga oídos sordos– a la dirigencia de BLM.

II

Hubo 5 732 fusilamientos los primeros años de revolución, afrodescendientes al menos siete: Aníbal Correoso, de Holguín; Francisco “Pancho” Sosa, de Camagüey; Eladio Caro, de La Habana; Armando Pérez, de Santa Isabel de las Lajas, de 40 años; Margarito Lanza Flores, “Tondike”, de Quemado de Güines, de 23 años; Bienvenido Infante Suárez, de La Habana, de 21 años; y Alberto de la Rosa, “Elegua”, de Camagüey, de 17 años.

Desde 1959 se proyectó la obligatoriedad de una cultura y moral “socialistas”. Socialista y eurocéntrica. Walterio Carbonell (Jiguaní,1920-La Habana, 2008), el entonces intelectual negro más brillante de Cuba, fue castigado por su obra “Cómo surgió la cultura nacional” (1962); señalaba que el racismo seguía vigente en la Cuba revolucionaria. Lo enviaron a las UMAP, a un hospital psiquiátrico y finalmente a trabajos menores en la Biblioteca Nacional.

Fueron censurados en los sesenta la cineasta Sara Gómez (Guanabacoa, 1942-La Habana, 1974), el historiador Pedro Deschamps Chapeaux (La Habana, 1913-La Habana, 1994), el antropólogo Rogelio Martínez Furé (Matanzas, 1937), y los dramaturgos Eugenio Hernández Espinosa (La Habana, 1936) y Gerardo Fulleda León (Santiago de Cuba 1942). Gastón Baquero (Banes, 1918-Madrid, 1997), poeta y célebre periodista, tuvo que refugiarse en una embajada.

A las UMAP enviaron al cantautor Pablo Milanés (Bayamo, 1943). El cineasta Nicolás Guillén Landrián (Camagüey, 1938-Miami, 2003) fue arrestado periódicamente; en el Hospital Psiquiátrico Mazorra lo sometieron a ocho tratamientos de electro-shock, tortura que le afectó permanentemente.

Esteban Luis Cárdenas (Ciego de Ávila, 1945-Miami, 2010), poeta y narrador, expulsado de la universidad por diversionismo ideológico en 1966, fue condenado en 1978 a 15 años por intentar asilarse en una embajada. Emigró en el éxodo de Mariel.

Treinta años duró el presidio político histórico. Muchos de los presos fueron black or brown. Cumplieron por su anti-castrismo: Eusebio Peñalver Mazorra, ex teniente del Ejército Rebelde (28 años de prisión); Antonio López Muñoz, (27 años); Ramón San Román, (24 años); Roberto Azcuy, 21 años; Rolando Gastón, 21 años… entre otros.

Al organizarse un movimiento opositor se ha hostigado, detenido periódicamente, y obligado al exilio a periodistas independientes como Tania Quintero; su hijo Iván García Quintero; el ex preso político y activista Luis Felipe Rojas Rosabal; la activista y ex presa política Sonia Garro; Victoria Ruiz-Labrit, feminista fundadora del Comité Cubano de Opositores Pacíficos Independientes; y Berta Mexidor y Ramón Humberto Colás, fundadores de las Bibliotecas Independientes.

Están Jorge Luis García Pérez “Antúnez”, 17 años en presidio, prisionero de conciencia de Amnistía Internacional (AI), veterano de huelgas de hambre. Su hermana, Berta Antúnez Pernet, fundadora del Movimiento Nacional de Resistencia Cívica “Pedro Luis Boitel”, fue constantemente hostigada. También Francisco Herodes Díaz Echemendía, preso político desde 1990, quien ha denunciado el racismo que sufren los presos negros en las cárceles.

Luego de varios arrestos condenaron en 1999 al doctor Oscar Elías Biscet a 25 años por “crímenes contra la soberanía nacional”. AI lo declaró prisionero de conciencia. Seguridad continúa acosándolo y no le permite viajar fuera del país.

En 1995, organizaciones disidentes fundaron Concilio Cubano y convocaron un congreso en febrero de 1996. La Seguridad del Estado no lo permitió. Arrestaron a su presidente, el abogado Leonel Morejón Almagro, y a su cofundadora, Mercedes Parada Antúnez, ambos afrodescendientes. Morejón Almagro, sentenciado a seis meses de cárcel; por razones de salud, Parada Antúnez fue hospitalizada.

En 1997, Félix Bonne Carcassés (1939-2017) y Vladimiro Roca Antúnez (La Habana, 1942), coautores del documento “La Patria es de todos”, fueron detenidos, y en 1999 condenados por sedición a cuatro años. AI los declaró prisioneros de conciencia. En 2005, Bonne fue detenido cuando organizaba la primera reunión de la Asamblea para Promover la Sociedad Civil. Roca, exmilitar y economista, fundaría el Partido Social Demócrata de Cuba, aún ilegal.

Otro cubano negro prisionero de conciencia de AI fue Guillermo “Coco” Fariñas (Santa Clara, 1962), psicólogo, opositor y periodista independiente, prohibido de ejercer como profesor y confinado en hospitales psiquiátricos. Fue condenado a 20 meses en 1995 y en 1997 a 18 meses adicionales. En 2002, fue sentenciado a siete años. Fariñas ha realizado 23 huelgas de hambre y ha cumplido más de 11 años de presidio.

Y cómo olvidar a Cecilio Monteagudo Sánchez, periodista independiente y ex preso político, objeto de detenciones arbitrarias por su trabajo con el Movimiento Cubano Reflexión.

III

De los “75 de la Primavera Negra” (2003), al menos diez eran afrodescendientes: el sindicalista Iván Hernández Carrillo; los periodistas independientes Ángel Moya Acosta, Jorge Olivera Castillo, Osvaldo Alfonso Valdés y Omar Pernet Hernández; los activistas Eduardo Díaz Fleitas, Arnaldo Ramos Lauzerique, Alejandro González Raga, Alfredo Domínguez Batista y Manuel Valdés Tamayo, este último, sentenciado a 15 años, murió por negligencia médica el 10 de enero 2007.

El 11 de abril 2003 reactivaron el paredón de fusilamiento. Ese día fueron fusilados tres cubanos black and brown por intento de secuestro de una lancha. No hubo muertos ni heridos en el intento. El paredón fue un escarmiento. Juicio sumario (tres días), apelación denegada (un día), ejecución nueve días después. Sin volver a ver a sus madres –sin que esas madres pudieran despedirse de sus hijos– fusilaron a Lorenzo Enrique Copello (31 años), Bárbaro Leodán Sevilla García (22 años) y Jorge Luis Martínez Isaac (40 años).

¿Sabe algo de esto la dirigencia de BLM?

Tampoco saben de Orlando Zapata Tamayo (Santiago de Cuba, 1967-La Habana, 2010), obrero de la construcción y activista político, veterano de varias huelgas de hambre, condenado a 36 años en 2003. AI lo declaró prisionero de conciencia. Murió luego de ochenta y cinco días en huelga de hambre el 23 de febrero 2010.

Berta Soler, presidenta de las Damas de Blanco, es hostigada y violentada perennemente, como también Nancy Alfaya, Asunción Carrillo, Jacqueline Bony, María Josefa Blanco, Jacqueline Heredia, Marta Sánchez Sánchez, y Aymara Nieto Muñoz. También es Dama de Blanco Ivonne Malleza Galano, arrestada en una protesta y declarada prisionera de conciencia por AI, encarcelada 45 días. Y Xiomara Cruz Miranda, condenada en 2018 a un año y cuatro meses, donde contrajo tuberculosis por negligencia médica.

¿Hizo algo por esta brown cubana la dirigencia de BLM?

También cumplió una condena de cuatro años, por “desacato” y “desorden público”, el activista de Damas de Blanco y preso de conciencia de AI Silverio Portal Contreras.  Está el caso de Adrián Coroneaux Stevens, miembro del Movimiento Opositores por una Nueva República (MONR), detenido el 23 de mayo 2020.

Desde 2013 se encuentra preso el opositor Bianko Vargas Martín, prisionero de conciencia de AI; en 2016 fue condenado a otros 15 años. Activista de UNPACU y Cuba Decide, se ha declarado en huelga de hambre. También en 2016, Yosvany Sánchez Valenciano fue sentenciado a cinco años y nueve meses por supuestos delitos de “desacato” y “desorden público”.

El periodista independiente Reinaldo Escobar y el equipo de doce periodistas de 14yMedio son objeto de acoso y detenciones arbitrarias. Luz Escobar está siendo acosada por Seguridad desde el 11 de julio.

Desde su fundación en el año 2000 la Federación Latinoamericana de Mujeres Rurales (FLAMUR) ha sido perseguida; a partir de 2017 han sido detenidas las campesinas negras Paula Araceli Girón Castro, Yenisleidis Peralta Álvarez, Yuneisis Amaya Arias y Osmayda Estrada Rivery. Desde 2013 a las guajiras black and brown se les decomisan las donaciones para su trabajo por cuenta propia.

¿Y qué del constante acoso y los arrestos arbitrarios de los activistas del Comité de Integración Racial (CIR), sus coordinadores Juan Antonio Madrazo Luna y Juan del Pilar Goberna, la periodista independiente y miembro también de la Red Femenina de Cuba Marthadela Tamayo, y Dunia Medina? ¿Y el acoso a los abogados Laritza Diversent, Yaremis Flores y Julio Ferrer, fundadores de la asesoría jurídica Cubalex?

IV

Es relevante al caso de George Floyd el arresto de Daniel Llorente Miranda, opositor negro que el 1ro de mayo 2017 corrió por la Plaza de la Revolución envuelto en una bandera americana. La policía trató de ahogarlo. Al quejarse de que lo estaban asfixiando le contestaron: “Eso queremos, que te mueras”. Llorente fue llevado al Hospital Psiquiátrico Mazorra; estuvo internado bajo tortura psiquiátrica un año. Fue deportado a Guyana, donde la oficina protectora de refugiados de la Organización de Naciones Unidas lo amparó.

Relevante al caso Floyd es el del joven Hansel E. Hernández, de 27 años, a quien la policía de Guanabacoa baleó por la espalda el 24 de junio 2020, un mes después de los acontecimientos en Minneapolis. ¿Ha protestado por el asesinato de este brown Cuban la dirigencia de BLM?

Los músicos de hip hop y rap sufren acoso. Las Krudas Kubensis y Gente de Zona tuvieron que emigrar. Enfrentan represión desde hace años David Omni (Omni Zona Franca), Amaury Pacheco (Poesía sin fin) y los creadores del Movimiento San Isidro, particularmente Luis Manuel Otero Alcántara, Maykel “Osorbo” Castillo, El Funky, Denis Solís y Enix Berrio Sardá.

¿Y qué de los niños y niñas black and brown de Cuba? A Ángel Izquierdo Medina, de 14 años, de Mantilla, un teniente de la Seguridad lo asesinó de un balazo por robar frutas. Tres niñas negras -María Carla Fuentes (12 años), Lisnavy Valdés (12 años) y Rocío García (11 años)- murieron aplastadas por el desplome de un balcón en el barrio black and brown de Jesús María.

¿Recapacitará la dirigencia de BLM? ¿Hasta cuándo habrá que esperar para que, al menos, las black and brown vidas cubanas le importen a BLM? El Observatorio Cubano de Derechos Humanos indica que fueron detenidos el 11 de julio 757 cubanos. No se sabe aún cuántos son black and brown. ¿Abogará por ellos la dirigencia de BLM?

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Cuba-EEUU: ¿A quién culpar por el embargo?

GUANTÁNAMO, Cuba. ─ Desde la década de los noventa del pasado siglo el castrismo ha tenido en la campaña contra el embargo un objetivo permanente de su política exterior. Antes lo había denunciado, pero jamás con la intensidad advertida a partir de 1991 debido a que la crisis estructural del sistema castrista se agudizó con la reducción del campo socialista y la desaparición de la Unión Soviética (URSS), su principal socio comercial y sostenedor de su ineficacia y aventuras militares.

Cuando el castrismo contaba con la ayuda interesada de la URSS, los comunistas cubanos se mofaban del embargo y minimizaban sus efectos. Siendo una especie de sanguijuela económica, es obvio que esa actitud era simple bravuconería y así quedó demostrado con el derrumbe del socialismo en el gigante euroasiático. Entonces, las burlas fueron sustituidas por el discurso plañidero, hasta hoy.

Desde que la administración del presidente Joe Biden llegó al poder no cesan los reclamos de los grupos defensores de la dictadura y enemigos del pueblo cubano para que se levante el embargo, aunque se continúen violando elementales derechos humanos. De otra parte estamos quienes apoyamos el levantamiento del embargo con la condición de que previamente la dictadura restablezca la democracia en el país.

Muchos quizás se pregunten por qué se ha llegado a un extremo donde las sucesivas administraciones de EE. UU. –desde 1961 hasta la fecha- y la dictadura cubana no han podido resolver sus diferencias. Creo haber respondido esa interrogante en un artículo publicado por CubaNet el pasado 4 de enero del 2021 con el título Cuba y EE. UU. en los caminos que se bifurcan, por eso ahora deseo detenerme en el análisis del posible origen de la situación.

Coincido con quienes consideran que el agente potenciador de la crisis que nos agobia fue Fulgencio Batista al dar el golpe de estado del 10 de marzo de 1952, que interrumpió el cauce democrático cubano. Cuba no era entonces un país perfecto porque había desigualdades notorias y corrupción. Elementales derechos humanos como el acceso al trabajo, la salud y la educación no recibían cobertura universal. Pero los cubanos sentían orgullo de su identidad y en muchas áreas económicas se mostraban avances a la par de los de otras naciones del continente. Ni por asomo las cifras de cubanos que salían rumbo al extranjero en busca de mejores horizontes se asemejan a las de ahora.

Al tomar el poder y comprometerse a honrar los tratados y compromisos internacionales contraídos por la República, la revolución castrista tenía el derecho de hacer la Reforma Agraria y nacionalizar empresas extranjeras previo pago de la correspondiente indemnización. A lo que sí no tenía derecho Fidel Castro ─como lo hizo─ era a imponer un régimen comunista violando sus promesas al pueblo cubano y los principios constitutivos de la Organización de Estados Americanos (OEA), específicamente de la Declaración de Caracas de 1954, donde los países miembros se opusieron a la penetración comunista en el continente.

La primera fricción entre el gobierno de EE. UU. y la naciente revolución surgió a consecuencia de los juicios sumarios realizados en enero de 1959 por tribunales espurios llamados “revolucionarios”, formados por miembros del Ejército Rebelde que no tenían conocimientos jurídicos.

Fue debido a esos juicios, celebrados en contra de garantías procesales esenciales y cuyas únicas sanciones eran el paredón de fusilamiento o largas condenas de cárcel, que el 4 de febrero de 1959 Washington informó a la dictadura cubana que rebajaría la cuota azucarera si continuaba con tales desmanes. Pero Fidel Castro continuó usando esos tribunales y comenzó su progresivo acercamiento a la URSS mientras daba luz verde a la infiltración de elementos del Partido Socialista Popular en todas las estructuras del Estado a la par que continuaba afirmando que su revolución no era comunista.

El 13 de octubre de 1960 el Consejo de Ministros promulgó las leyes 890 y 891 mediante las cuales nacionalizó los bancos nacionales y extranjeros, excepto los canadienses y 382 empresas.

Dos días después Fidel Castro proclamó en la televisión que el programa anunciado en “La historia me absolverá” había sido cumplido, algo totalmente falso, porque no había restablecido la Constitución de 1940 ni se habían realizado elecciones generales y libres, dos de los objetivos esenciales de la revolución.

El 19 de octubre de 1960, cuando ya era inequívoca la traición de Fidel Castro a los ideales democráticos que dieron origen a su revolución, fue que el gobierno de EE. UU. dictó las primeras medidas iniciando la prohibición de exportaciones norteñas a Cuba.

El 3 de enero de 1961 EE. UU. rompió sus relaciones diplomáticas con la dictadura. 14 días después prohibió a sus ciudadanos visitar Cuba, salvo casos de excepción autorizados por el Departamento de Estado.

El 16 de abril de 1961 Fidel Castro consumó su traición a los ideales democráticos de la revolución cubana al proclamar el carácter socialista de su revolución.

El 17 de abril de 1961 comenzó la invasión de la Brigada 2506 por Playa Girón y el 25 de abril de 1961 –ayer se cumplieron 60 años─ el presidente Kennedy impuso el embargo total a las mercancías destinadas a Cuba.

El 31 de enero de 1962 la OEA suspendió a Cuba como miembro de la Organización y, por último, el 3 de febrero de 1962 el presidente Kennedy emitió la proclama 3447 imponiendo el embargo comercial a Cuba.

Como puede apreciarse, la responsabilidad por la existencia del embargo estadounidense a Cuba recae directamente sobre la dictadura castrista, que se desentendió del cumplimiento de los compromisos previamente pactados durante la República en importantes documentos jurídicos internacionales y, sobre todo, traicionó las bases ideológicas de la revolución cubana, surgida para derrocar a la dictadura de Batista y restaurar la democracia.

El castrismo podrá manipular la historia e inculcar su mensaje a quienes jamás buscarán la verdad en fuentes alternativas. Quienes sí lo hagan comprobarán la validez de ese proverbio africano que afirma “lo que la mentira recorre en mil años la verdad lo hace en un segundo”.

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Odio, descrédito y terrorismo (III)

Homenaje a víctimas del remolcador “13 de marzo” (Foto: EFE)

LA HABANA, Cuba. – Aunque han transcurrido 62 años desde que la dictadura castrista se instaló en el poder, algunos jóvenes sí están al tanto de lo que sucedió en los primeros años de revolución, a la que nunca le quisieron llamar Golpe de Estado porque Fulgencio Batista huyó de Cuba, dejando el camino libre a los rebeldes.

El régimen triunfante estableció el odio contra los que trabajaban para Batista, tanto hacia el ejército como hacia los chivatos, conocidos como 33.33, que era salario que devengaban.

Comenzaron los procesos sumarios contra ellos y, acto seguido, los fusilamientos, sin garantías jurídicas. Bastaba para ser ejecutado la acusación de haber cometido crímenes en la dictadura de Batista.

El terror y el odio se convirtieron en una política de Estado. Al Che Guevara, miembro de llamada Comisión Depuradora y jefe de La Cabaña, se le achacan algunos de estos fusilamientos. El castrismo siempre justificó los asesinatos como actos de justicia revolucionaria.

En fecha reciente, Pablo Iglesias, vicepresidente del Gobierno Español y líder de la formación de izquierdas Unidas Podemos, también justificó aquellos procedimientos.

En febrero de 1959, el gobierno instalado sancionó una nueva Carta Magna, que sustituyó la Constitución del 40 (Ley Fundamental) y que incluía un artículo, redactado de forma especial para el Che Guevara; otorgando la ciudadanía a los que hubieran combatido a Batista dos años o más. Poco días después, el presidente de entonces, Manuel Urrutia Lleó, declaró al Che ciudadano cubano.

Es muy difícil conocer el número exacto de personas que fueron fusiladas, porque ni los mismos rebeldes llevaban esas cuentas. No obstante, algunas organizaciones que han computado cifras, plantean que en más de medio siglo fueron fusiladas 3 116 personas y otras 1166 fueron ejecutadas extrajudicialmente.

Otro escándalo internacional fue el fusilamiento en 1989 de cuatro militares acusados por narcotráfico, entre ellos el general de división Arnaldo Ochoa. Los últimos fusilamientos registrados en la historia fueron los de los tres integrantes del secuestro a la lanchita de Regla, en el año 2003.

Se conocen otras barbaries, algunas de ellas poco difundidas, como la masacre del río Canímar, en la provincia de Matanzas. Sucedió el 6 de julio de 1980, cuando una pequeña embarcación nombrada XX Aniversario, con entre 60 y 100 personas, fue hundida por el buque de guerra “23 de mayo”.

Más recordados son los sucesos del Remolcador “13 de Marzo”, ocurridos el 13 de julio de 1994. La pequeña embarcación, con 72 personas a bordo, fue embestida por dos navíos del régimen, falleciendo 41 cubanos, entre ellos 10 menores de edad. Los agentes del régimen también negaron auxilio a las personas que estaban en el agua, a unas siete millas de la Bahía de La Habana.

El 24 de febrero de 1996, pilotos de combate de la fuerza aérea cubana derribaron dos aviones civiles en aguas internacionales, los cuales no se encontraban armados. En la acción represiva fallecieron cuatro pilotos de la organización Hermanos al Rescate.

Estos son algunas de las acciones de la dictadura contra quienes pensaban diferente, historias necesarias para recordar el odio que se ha desplegado contra el pueblo cubano.

A inicios de la mal llamada revolución se comenzó a fragmentar la familia. No se podía tener contacto con los que salían al extranjero, con quienes apenas había correspondencia. Los pioneros comenzaron a ser como el Che y no como sus padres y se destapó todo un ambiente de odio por parte de aquellos que vigilaban a sus vecinos a través de los Comités de Defensa de la Revolución (CDR).

No menos trascendencia tiene el éxodo del Mariel, enmarcado entre el 15 de abril de 1980 y el 31 de octubre de ese mismo año, que terminó con la salida del país de unos 125 000 cubanos, muchos de ellos humillados por el propio régimen.

Por esas fechas, los disidentes eran exhibidos por las calles, amarrados con soga y en calzoncillos. A las personas gay las hacían caminar delante de una turba que le gritaba numerosas ofensas debido a su orientación sexual.

Hoy, después de 62 años, se mantiene ese mismo odio contra quienes piensan diferente. El descrédito como una forma de quitarle valor a la lucha pacífica por la democracia. Tampoco faltan las acusaciones de mercenarismo y terrorismo contra quienes se atreven a contradecir la dictadura.

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Cuba, donde no pensar como los Castro es un gran delito

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En la Cuba de los Castro está criminalizada la oposición o disidencia (Foto: EFE)

LA HABANA, Cuba. – Hace varios días, la diputada y presidenta de la Comisión de Relaciones Internacionales de la Asamblea Nacional del Poder Popular, María Yolanda Ferrer Gómez, respondió a las críticas del Parlamento Europeo hacia la Isla, alegando que Cuba era un país libre “donde nadie es sancionado por su forma de pensar”.

¿Será que esta diputada nunca supo que a lo largo de 60 años miles de cubanos han ido a prisión solo por criticar y enfrentarse de manera pacífica al régimen cubano? ¿Será que no conoce las sanciones contra decenas de periodistas independientes durante todo ese tiempo, solo por su forma de pensar?

Citar nombres sería para nunca acabar. Con dos o tres me bastaría: Huber Matos, el comandante de la Sierra Maestra que se rebeló sin disparar un tiro y cumplió 20 años de cárcel, así como Mario Chánez de Armas y Gustavo Arcos Bergnes, asaltantes del Cuartel Moncada. En la misma lista incluyo al viejo comunista y defensor del Movimiento de los Derechos Humanos Ricardo Bofill Pagés, fallecido hace poco en el exilio, con quien más de 30 profesionales fundamos el Movimiento de los Derechos Humanos, en 1988 (luego muchos fuimos llevados a prisión o a un exilio obligado). 

Al parecer, María Yolanda no lo sabe. Éramos, señora, personas decentes: periodistas, abogados, médicos, escritores y obreros. 

Esta diputada ahora le responde a una titular de la Subcomisión de Derechos Humanos del Parlamento Europeo que eso que ellos llaman “Movimiento”, refiriéndose al grupo de San Isidro, no pasa de ser “un grupúsculo financiado por Estados Unidos”.

Esa era y es la acusación de siempre, señora: “grupúsculos financiados por Estados Unidos” es el pretexto usado por su régimen para criminalizar la libertad de pensamiento. También José Martí, que vivió en ese país, hoy pudiera caer en la misma trampa.

Es más, nada raro es que quien encabeza el Movimiento San Isidro sea un individuo que tiene un abultado expediente de “provocaciones”, pues el jefe de la Revolución calificó desde el primer momento a sus enemigos como mercenarios, vendepatrias, delincuentes, gusanos y cucarachas.

O sea, que según usted, en la Cuba de los Castro no puede haber oposición ni disidencia alguna, mucho menos estallidos sociales, puesto que, los 12 millones de cubanos que viven en la Isla tienen que pensar igual que los hermanos Castro. Tampoco se pueden expresar opiniones distintas, ya que según usted, el Estado propicia un intercambio permanente entre quienes lo apoyan, para así lograr que el pueblo participe de la conducción del país.  

Suena bonito eso, pero no se ajusta a la realidad del mundo de hoy. Solo se puede conocer el apoyo político de un pueblo mediante unas elecciones generales, libres y democráticas. 

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Homofobia: el arma de la prensa oficial cubana contra Almagro y Otaola

Otaola Almagro

Otaola Almagro
Luis Almagro y Alex Otaola. Foto captura de pantalla

MIAMI, Estados Unidos.- La prensa oficial cubana, particularmente el portal estatal CubaSí y su director, el vocero del régimen cubano Manuel Henríquez Lagarde, han aspirado esta semana a “denigrar” ―con más ahínco del habitual― al secretario general de la Organización de Estados Americanos (OEA), Luis Almagro, a propósito de su intervención en el programa en vivo “COVID-19 y Cuba: Apoyamos al pueblo y no a la dictadura”, presentado por el influencer cubano Alexander Otaola.

Sin embargo, los intentos de La Habana por “desprestigiar” al político uruguayo se volvieron en contra del propio régimen: con una sarta de referencias homofóbicas relacionadas con Otaola, Henríquez Lagarde no pudo más que demostrar los prejuicios contra la orientación sexual que persisten en la élite política cubana que él representa.

El hecho sería pasajero y hasta superfluo en un mar de actos homofóbicos concretos contra miles de personas LGBTI+, si no denotara los mismos prejuicios que llevaron a la Asamblea Nacional del Poder Popular de la Isla a postergar el derecho de las personas no heterosexuales ni cisgénero a contraer matrimonio y, peor aún, someterlo al designio de la mayoría a más tardar en abril de 2021.

La homofobia del director de CubaSí sobresale en enunciados que intentan relacionar un supuesto comportamiento “histérico” (atribuido históricamente a las mujeres y los homosexuales), así como el aspecto, a rasgos de debilidad y corrupción de los participantes en el programa transmitido este jueves con la participación de Luis Almagro y John Barsa, el actual administrador de la USAID, entre otros políticos, activistas y periodistas.

“El mundo de la política parece haberse cabaretizado y los llamados influencers histéricos, con turbantes y gangarrias, le sirven de voceros a los funcionarios de la actual administración estadounidense”, dice Henríquez Lagarde en uno de sus artículos, publicado este 6 de mayo.

Sin embargo, ese no es su peor momento: “Al menos que Almagro se disfrace de (la cantante de samba) Carmen Miranda ―algo que no hay que descartar teniendo en cuenta la nueva tribuna del secretario de la OEA―, y nos deleite con un buen meneo de caderas, su presencia, y la de los demás invitados en el vodevil de la infamia, solo confirma lo que ya todo el mundo desde hace mucho sabía: la subordinación de ese tipo de programas a lo más retrógrado y fascista de la mafia anticubana de Miami”.

En otro artículo publicado este 8 de mayo en CubaSí, más allá de sus enunciados homofóbicos, Lagarde intenta otra asociación superflua, que vincula a Otaola y al resto de los participantes en el programa de este jueves con hechos que, si bien ocurrieron en Estados Unidos, no están relacionados (no existe ninguna evidencia) con ninguno de los actores, políticos o comunicadores, atacados por el régimen de La Habana.

Asimismo, el vocero de la dictadura cubana confunde, intencionalmente, los hechos y sus responsables: “¿Por qué Estados Unidos, en vez de dedicarse a enfrentar el virus, ha aprovechado la pandemia para desmarcarse de la OMS, difamar a China, aumentar la presencia de sus tropas en Siria, amenazar e invadir a Venezuela, tirotear la embajada cubana en Washington?”.

Las notas “periodísticas” que acostumbra a publicar Lagarde en su propio medio, con la venia del régimen, no solo son superfluas y manipuladoras sino también, para mayor desgracia, homofóbicas.

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Familiares denuncian humillaciones a Roberto Quiñones en prisión

Prisión; Roberto Quiñones; Cuba; Represión;

Prisión; Roberto de Jesús Quiñones; Cuba; Represión;
Roberto de Jesús Quiñones Haces (Foto de archivo)

MIAMI, Estados Unidos.- Según denunciaron sus familiares, el abogado y periodista independiente Roberto Jesús Quiñones Haces es víctima de humillaciones en la prisión provincial de Guantánamo, donde se encuentra recluido por el régimen castrista desde el pasado mes de septiembre.

Roberto Quiñones hijo aseguró a Radio y Televisión Martí que su padre, “cada vez que tiene una visita, lo hacen desnudarse, es una humillación tremenda, está muy delgado, dice mi mamá que las visitas son supervisadas por un guardia, es decir, lo tienen con una vigilancia tremenda, para que no escriba, para que no saque ningún escrito”.

Así mismo, el hijo de Quiñones, que reside en Estados Unidos, aseguró que “las condiciones son pésimas, la cantidad de presos que hay en la celda donde él está …, es muy triste y estoy muy molesto por todo lo que está sucediendo, es una situación de desesperación y de impotencia de no poder hacer nada contra esta gente”.

De acuerdo a Martí, que citó las declaraciones de otros miembros de la familia desde Cuba, las llamadas telefónicas de 10 minutos que le dejan hacer a Quiñones los lunes son a discreción de las autoridades del penal, y cuando son autorizadas siempre son bajo custodia.

Quiñones “permanece recluido con afecciones respiratorias debido a las condiciones de humedad y el hacinamiento en el que los reclusos se encuentran en la cárcel provincial de Guantánamo”.

Roberto Jesús Quiñones Haces, periodista de CubaNet, fue condenado el pasado mes de agosto por el Tribunal Municipal de Guantánamo a un año de privación de libertad bajo los cargos de desobediencia y resistencia. El 11 de septiembre varios oficiales de la Seguridad del Estado y la policía política castrista lo sacaron de su casa hacia la prisión provincial de esa ciudad oriental.

Quiñones fue condenado en Cuba por el régimen castrista por querer cubrir en abril de este año el juicio a los pastores Ramón Rigal y Ayda Expósito, quienes trataron de educar a sus hijos en casa. Este motivo fue suficiente para que la dictadura sentenciara a los religiosos y los enviara a la cárcel.

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Muere Faure Chomón Mediavilla, comandante del régimen castrista

Faure Chomón Mediavilla régimen castrista

Faure Chomón Mediavilla régimen castrista
Faure Chomón Mediavilla, comandante del régimen castrista. Foto Juventud Rebelde

MIAMI, Estados Unidos.- Faure Chomón Mediavilla, uno de los comandantes del régimen cubano, falleció en La Habana este jueves 5 de diciembre a los 89 años, informó el medio oficialista Cubadebate.

Chomón Mediavilla murió a causa de un síndrome de disfunción multiorgánica, dijo la prensa oficial, y su cadáver será cremado al igual que otros dirigentes del régimen castrista.

El dirigente comunista nació el 15 de enero de 1929 en Manatí, antigua provincia de Oriente, y desde joven se destacó en actividades opositoras. Fue miembro de la Federación Estudiantil Universitaria y el Directorio Revolucionario, y participó en el asalto al Palacio Presidencial, el 13 de marzo de 1957.

Fue ascendido a comandante del Ejército Rebelde en 1958 luego de desembarcar una expedición por la zona de Nuevitas y constituir el Frente Guerrillero del Escambray, y poco después formar parte del Frente de Las Villas bajo las órdenes de Ernesto Che Guevara.

Faure Chomón Mediavilla fue embajador del régimen castrista, tras el triunfo de Fidel en 1959, en la antigua Unión Soviética, en Ecuador y en Vietnam.

Así mismo, se desempeñó como ministro de Comunicaciones y del Transporte, primer secretario del Comité Provincial del Partido en Las Tunas, así como asesor del presidente de la Asamblea Nacional del Poder Popular.

Chomón Mediavilla fue fundador del Partido, integró el Comité Central desde 1965 y fue miembro del Secretariado, y fue diputado a la Asamblea Nacional del Poder Popular desde su constitución.

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Así fueron las intervenciones armadas del régimen castrista en América Latina

Fidel Castro junto a Daniel Ortega
Fidel Castro junto a Daniel Ortega (Foto AP)

MIAMI, Estados Unidos. – Guatemala, Haití, Nicaragua, El Salvador, Panamá, República Dominicana, Colombia, Venezuela, Perú, Bolivia y Argentina. Son esos algunos de los países que padecieron el intervencionismo del régimen castrista en la región durante los últimos 60 años. Incursiones que van desde pequeñas expediciones a grandes despliegues militares. Arranques y excesos impropios de un pequeño país del tercer mundo.

No pasó un año del triunfo rebelde de enero de 1959 para que el joven Fidel Castro comenzara a mostrar sus intenciones de exportar la Revolución por todo el continente americano. Así, llegaron, en muy poco tiempo, expediciones rumbo a Panamá, Nicaragua y República Dominicana. En todos los casos, incursiones armadas que contaron con la participación de varios cubanos y que buscaban el cambio de régimen. En todos los casos, sonados fracasos y muy pocos sobrevivientes.

En el caso de República Dominicana, llama la atención la fijación de Castro por el dictador dominicano Rafael Leónidas Trujillo, a quien el cubano ya había intentado derrocar a finales de la década de los años cuarenta en una expedición en la que se enroló personalmente y que, finalmente, fracasó.

“En 1959 solamente quedaban cuatro dictaduras en América Latina”, de las cuales tres estaban en el Caribe y Fidel Castro se había propuesto eliminarlas pues “quería crear un mundo que fuera seguro para la Revolución”, comentó a BBC Mundo Jonathan Brown, profesor de Historia Latinoamericana en la Universidad de Texas y autor del libro “Cuba’s Revolutionary World”.

También en agosto de 1959, un grupo de unos 30 hombres armados –en su mayoría cubanos y haitianos junto a dos venezolanos-  zarparon de Baracoa, en la costa oriental de Cuba, rumbo a Haití con el fin de derrocar el gobierno de François “Papa Doc” Duvalier. Resultado: prácticamente todos los invasores fueron aniquilados, con algunas excepción de cuatro adolescentes cubanos que deportados.

El 3 de octubre de 1960, el gobierno de Guatemala, encabezado por el presidente Miguel Ydígoras Fuentes, divulgó un comunicado donde revelaba que su Fuerza Aérea había atacado una embarcación cubana que aparentemente estaba desembarcando armas en la costa atlántica del país.

El alzamiento fue sofocado por el gobierno de guatemalteco, que exigió a la Organización de Estados Americanos a tomar medidas contra el régimen cubanos, cuyos aviones se encargaban de aprovisionar a los alzados.

Hubo también, en los primeros años de la década de 1960, otra intentona injerencista en Perú, cuando unos 200 jóvenes izquierdistas peruanos que recibieron entrenamiento guerrillero en territorio cubano entraron en acción por separado, realizando ataques en diversas partes del país.

En 1967 tocó el turno a Venezuela. Ese año, un grupo de guerrilleros procedentes de Cuba desembarcó cerca de la playa de Machurucuto, en el oriente del país suramericano, dejando al descubierto los intentos de injerencia armada de La Habana.

Héctor Pérez Marcano, uno de los protagonistas de aquella operación, puntualizó a BBC que el plan original era el desembarco de ocho combatientes -cuatro venezolanos y cuatro cubanos- que se iban a unir a un foco guerrillero del MIR que operaba en una zona montañosa a unos 160 kilómetros al este de Caracas.

Sin embargo, la captura de tres tripulantes cubanos de la lancha que les había llevado hasta la orilla puso al descubierto la expedición, la cual derivó en la ruptura de las relaciones diplomáticas entre Caracas y La Habana.

De todas las gestas interventoras, una de las más conocidas es la del Che Guevara en Bolivia. Impulsado por Fidel Castro, el guerrillero argentino, acompañado por un comando “élite” formado en su mayoría por cubanos, creyó ver en el país andino un trampolín perfecto para su asalto a la Argentina, donde años antes había fracaso una avanzada encabezada por su compatriota, el periodista Jorge Ricardo Masetti, quien fuera ultimado mientras intentaba crear condiciones para un foco guerrillero.

El Che intentó hacer lo mismo y terminó fusilado el 9 de abril de 1967. Su intentona intervencionista no contó con el apoyo esperado. Ni las comunidades rurales ni las organizaciones políticas de izquierda dieron la “bienvenida” a Guevara en un país que, apenas un año antes, había elegido como presidente, en elecciones libres y democráticas, al general René Barrientos.

Tras el fracaso guerrillero de los años sesenta, las intervenciones cubanas en la región disminuyeron de intensidad, entre otras cosas, por el rechazo de la Unión Soviética a ese tipo de acciones.

“Moscú estaba en contra de estas intervenciones en el resto de América Latina que no se ajustaban a la doctrina soviética acerca de cómo el comunismo iba a apoderarse del mundo. Ellos siempre se opusieron pese a que Castro siguió haciéndolo durante la década de 1960. Al final, él tuvo que darse cuenta de que no iba a tener éxito. Y eso ocurrió después de la muerte del Che”, explica el profesor Brown.

Se registran también expediciones en Colombia y otras naciones. Pese a los sonados fracasos, el régimen castrista volvió con más fuerza en la década de los setenta, con nuevas incursiones en Nicaragua y la República Dominicana.