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La suerte de las personas negras en Cuba

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Hanoi Morán Dime (derecha) se encuentra esperando juicio en el VIVAC, de acuerdo con la más reciente información difundida (Foto: Facebook)

LA HABANA, Cuba. – ¿Por qué Hanoi Morán Dime es un “negro mareado” para la Policía? Desde que vi el primer post en Facebook denunciando su detención en La Habana Vieja me llamó la atención ese detalle. A su amigo Darío Dioses lo soltaron cinco horas después del arresto, y a Hanoi lo dejaron esperando un juicio en el que podría ser condenado a un año y medio de prisión supuestamente por reincidir en el mal uso del nasobuco. 

“Era la 1:00 de la mañana e íbamos de casa de una amiga a mi casa a buscar unas luces”, cuenta Dioses. “Cuando íbamos por Monte estaba el camión de policías que siempre está ahí y que me ha pedido carnet de identidad como cuatro veces en una semana, pero esta vez iba con Hanoi”.

De acuerdo con el fotógrafo y realizador audiovisual, los oficiales los detuvieron entre amenazas de golpes y complicaciones legales. 

“A Hanoi le salió una multa de 2.000 pesos cuando lo tiraron por la planta, pero era una multa que había pagado; la había reclamado y le habían devuelto el dinero”. 

Dicha sanción, impuesta también por el supuesto delito de usar incorrectamente la mascarilla, no debía constar como récord delictivo. la noche de la detención, aunque Morán no habló, ambos fueron conducidos a la estación de Cuba y Chacón. 

El delito de Hanoi Morán Dime esa noche fue ser negro. Ahora no importa que sus amigos se estén movilizando ni que digan que es “un pan de gloria” o que nadie puede recordar un momento de amargura de “El Bolo”, como le dicen los más allegados, aunque es flaco y largo. Aun así podría ser condenado a un año y medio de prisión.

El primer paso de una condena para una persona negra en Cuba es encontrarse con una patrulla y casi en el acto ser declarado culpable: apenas encajas en los perfiles que maneja la Policía o te pareces a otro que cometió un delito y estás condenado. 

La lista del 2020 es larga. En solo medio año fueron procesados 1.285 coleros, en su mayoría mujeres negras y afrodescendientes de muy bajos recursos. Los nombres de Hansel Hernández Galiano y de Denis Solís trascendieron a los medios oficiales por el afán del régimen para demostrarnos que eran “delincuentes” con los que no debía haber ninguna condescendencia. 

Hernández Galiano fue baleado por la espalda por un oficial de la Policía al que, supuestamente, le tiró unas piedras y le dislocó un hombro. En la narración oficial de los hechos que resultan aun hilarantes, si no hubieran terminado en tragedia, lo único que parece coherente es que lo hayan detenido porque llevaba una lámpara de luz en las manos (cualquier artículo, bolso o cámara fotográfica que lleve un hombre negro por la calle, para la Policía, tiene una alta probabilidad de ser robado). 

Sin acceso a un abogado y tras días de desaparición forzada, Denis Solís fue detenido y acusado en juicio sumarísimo a siete meses de prisión. Solís pertenece al Movimiento San Isidro y su activismo desde el arte fue criminalizado, pero entre los argumentos del régimen para condenarlo pesó el color de su piel. 

Ambos casos levantaron protestas, ninguno recibió justicia: la suerte para los negros cubanos es la misma.

Virgilio Mantilla Arango es un activista miembro de la Coalición Unitaria de Compromiso Democrático en Camagüey y preso de conciencia en la cárcel Cerámica Roja, donde cumple una sentencia de siete meses por el supuesto delito de “acaparamiento”. Su condena está asociada a su activismo porque, coincidentemente en los días en que fue apresado, salió a manifestarse a favor de los acuartelados de San Isidro. 

Roberto Jiménez Sol era gerente de una tienda Adidas de la corporación Cimex en Matanzas y estaba siendo investigado por un presunto “delito económico”. Tras un mes de incomunicación, le entregaron el cuerpo sin vida a su familia. 

“Lo mataron a golpes y dicen que se cayó en el baño”, denunció en su momento Dunieski Gutiérrez, familiar de la víctima. Jiménez Sol pertenecía al Partido Comunista de Cuba, pero tampoco encontró piedad ni presunción de inocencia. 

Para la Policía, los negros y las negras cubanas son “mareados” si deciden ser artistas, “malagradecidos” si se oponen al régimen o “delincuentes” si escuchan reguetón, llevan muelas de oro y están a la moda.

Darío Dioses, el amigo de Hanoi Morán, regresó a la estación de la Policía al día siguiente del arresto, pero no pudo hacer nada: su colega será procesado en juicio sumario por el supuesto delito de “propagación de epidemias”, sin importar que se presente un habeas corpus a su favor o que los abogados defensores ya estén trabajando en el proceso. Hanoi ya no es Hanoi, sino la denuncia número 5.692 o el “negro mareado” que apresaron los policías en la madrugada del 31 de enero.

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El régimen contra el CIR: amenazas y ataques racistas

Juan Antonio Madrazo Luna (derecha) (Foto: Facebook)

LA HABANA, Cuba. – “Faltan tres días para el 19/11 a un año de anunciar el Programa de Gobierno para enfrentar el racismo y la discriminación”, así dice la primera publicación del día del Comité Ciudadano por la Integración Racial (CIR). La cuenta regresiva, que han mantenido durante el último mes, ha provocado un golpe represivo contra su coordinador nacional, Juan Antonio Madrazo Luna, y algunos de sus colaboradores.

“Sigan destacándose en las redes sociales con esos posts con fotografía sobre el racismo…”, así introdujo sus amenazas de mayor represión uno de los oficiales que interrogó recientemente a Madrazo Luna.

Según el activista, durante el monólogo que resulta muchas veces de tales interrogatorios, el oficial le dijo que “debería ser más agradecido con la Revolución por vivir en un barrio y un apartamento donde no podría estar antes del 59 por ser negro”.

“Madrazo, se acabaron los tiempos en que no pasa nada con ustedes”, agregó el agente del MININT, según el testimonio del activista antirracista, quien acota que el CIR jamás ha podido realizar su trabajo sin acoso mediante.

La madre de Madrazo Luna y de su hermana Jacqueline murió porque no pudo ser hospitalizada a tiempo. El cerco policial al que son sometidos frecuentemente los dos activistas, les impidió llevarla al policlínico cercano. 

Por su parte, otra de las integrantes del CIR, la activista feminista Nancy Alfaya recibió nueve meses de acoso sostenido mientras el régimen intentaba construirle una causa común para procesarla en los tribunales. Su compañera Marthadela Tamayo ha sido secuestrada en plena vía pública. Hace menos de una semana, en Holguín, a los activistas Esber Rafael y Braulio Hastie les fueron confiscados sus medios de trabajo, igual que a Madrazo Luna.

Durante el interrogatorio, las fuerzas represivas también deslizaron amenazas hacia Tamayo. “Deja a Marthadela que siga provocando, que para ella también hay manera de enfrentamiento”, dijeron a Madrazo Luna. 

Antes del interrogatorio, el CIR fue despojado de todos sus medios de trabajo. 

Luego de varias horas de allanamiento, Madrazo Luna pudo escuchar una llamada de los agentes. “Dice el jefe que con lo que se tiene en la mano es suficiente. Las computadoras también son parte de la investigación. Hay que ocuparlas”.

Los oficiales del MININT confiscaron una impresora Cannon, un data show marca Cannon, dos computadoras, una grabadora, cinco cámaras pequeñas de video, dinero, carpetas de factura y documentos de trabajo, libros y tres discos duros externos (dos de ellos con películas en alta definición).

Por su parte, de la habitación de Jacqueline ocuparon “unas facturas de compras de desincrustante, desinfectantes y otros útiles de limpieza hechas en Habana Mall por parte de Redamu”, como parte de un programa que atiende a mujeres vulnerables en La Habana.

Sin embargo, tales documentos, tomados por los represores como probables pruebas incriminatorias, solo demuestran que la organización ha previsto acciones de apoyo en varias direcciones, debido a la realidad paupérrima en que se encuentran fundamentalmente las personas negras cubanas.

Durante su detención, Madrazo Luna sufrió más de tres interrogatorios y, según cuenta, cada uno demostró que, si existe un programa del Gobierno para enfrentar el racismo y la discriminación, no ha llegado aún ni a los medios ni a sus represores. 

Cada detalle que cuenta contiene evidencias del racismo institucionalizado en Cuba. Que si “ustedes continúan trabajando para fragmentar la unidad de este país”; que si “ustedes se han cuidado mucho de no juntarse con la mierda que hay en la oposición”; que si “ustedes ya son del fango”, más el aparataje policial para detenerlo: “dos oficiales que se identificaron como de la Contrainteligencia, una perito, dos policías que se quedaron en el primer piso, más un oficial retirado de la CI que vive al doblar de la casa y que forma parte del personal de confianza junto a la vecina que les abrió la puerta”. 

El CIR es una de las organizaciones que intentó legalizar su estatus en 2016. Desde su fundación no ha desistido de establecer alianzas, no con el Gobierno, sino con otros actores que no se consideran oposición, pero que están unidos en la lucha contra la discriminación racial, más allá de ideologías políticas.

Por eso no es extraño ver a Madrazo Luna en fotos donde comparte espacios de capacitación y activismo intelectuales cubanos negros y afrodescendientes. Contra esa integración también fueron.

“Alerta: si pisan una de nuestras instituciones lo vamos a tomar como una provocación”, le dijo el represor de turno, uno de los que toma el conocimiento como señal de peligro y que ordenó confiscar “literatura” asociada a los derechos humanos en la sede del CIR. 

“Le estamos pidiendo respuestas a la Comisión José Antonio Aponte de la UNEAC, quien acompaña el programa que anunció Díaz-Canel ante el Consejo de Ministros el 19 de noviembre del 2019, y quizás ellos (los represores) imaginaron que para ese día el CIR iba a realizar alguna actividad”.

“El ensañamiento es porque ellos consideran que al tener acompañamiento de alguna institución de Cooperación Internacional respondemos a una agenda construida desde el exterior”, argumenta Madrazo, a quien el régimen ha acusado de ser la “afroderecha” o de “formar parte de la afroderecha regional”. Mientras, el activista está consciente de que sus acciones solo están vinculadas al “respeto por la dignidad humana”.

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La FNCA denuncia en carta abierta el racismo y la violencia policial en Cuba

Cuba, Prisoners Defenders, Presos políticos

Cuba ONU racismo
Represión Damas de Blanco en Cuba. Foto archivo

MIAMI, Estados Unidos.- La Fundación Nacional Cubano Americana (FNCA) publicó este miércoles una carta abierta en la que denuncia el racismo y la violencia policial en Cuba, y asegura que “la dictadura post castrista no puede ser de ninguna manera referente en términos de equidad racial”.

En el texto, firmado por la Junta Directiva de la Fundación, se acusa al gobierno de La Habana de utilizar la violencia policial como una política de Estado, “concebida y ejecutada como herramienta de terror, enfocada especialmente contra los ciudadanos de la raza negra, el sector más numeroso y desfavorecido de la población”, como ha sido documentado por activistas de dicha raza dentro de la Isla.

Asimismo, la FNCA señala en la carta abierta la preocupación que los alberga por “el despliegue en estas manifestaciones de imágenes de Ernesto ‘Che’ Guevara, un connotado misógino, homofóbico, etnocentrista y racista, quien en su diario personal escribió: ‘el negro es indolente y soñador; gasta su exiguo salario en frivolidades o en beber”.

A continuación, reproducimos de manera íntegra el texto de la FNCA:

CARTA ABIERTA SOBRE EL RACISMO Y LA VIOLENCIA POLICIAL EN CUBA

Miami, 14 de octubre de 2020.

La siguiente carta abierta fue escrita como parte de una campaña de la FNCA para denunciar el racismo institucional en Cuba.

Vivimos en una época crucial para el futuro de la civilización. Recurrir a la violencia u optar por la discusión abierta como forma de solucionar los problemas que nos aquejan es la gran disyuntiva de estos tiempos. La reciente ola de protestas en Estados Unidos y alrededor del mundo en contra del racismo y la violencia policial ha sacado a flote dos asuntos de vital importancia para la convivencia democrática. Estos temas no pueden ser ignorados, ni tampoco abordados de forma superficial o parcializada.

Nosotros los cubanos, que hemos experimentado la dictadura más longeva de este hemisferio, conocemos de primera mano lo que se sufre cuando predomina la intolerancia y se criminaliza la libertad de expresión. Por ello, defendemos el derecho de los ciudadanos a manifestarse, de forma ordenada y no violenta, como una de las libertades fundamentales consagradas en la Constitución de los Estados Unidos y la Declaración Universal de los Derechos Humanos. Dicho esto, entendemos necesario llamar la atención sobre algunas verdades de cara al debate que, de una forma u otra, está emergiendo en torno a esta problemática.

El gobierno cubano es una entidad represiva. La violencia policial en Cuba es una política de Estado, concebida y ejecutada como herramienta de terror, enfocada especialmente contra los ciudadanos de la raza negra, el sector más numeroso y desfavorecido de la población, como ha sido documentado por activistas de dicha raza dentro de Cuba.

La dictadura post castrista no puede ser de ninguna manera referente en términos de equidad racial. Sin democracia ni estado de derecho, no se puede ni siquiera discutir estos temas de manera libre y abierta. Nos preocupa además el despliegue en estas manifestaciones de imágenes de Ernesto “Che” Guevara, un connotado misógino, homofóbico, etnocentrista y racista, quien en su diario personal escribió, como destaca Faji Toure: “el negro es indolente y soñador; gasta su exiguo salario en frivolidades o en beber; el europeo tiene la tradición de trabajar y ahorrar” (Che’ Guevara a Racist? A Glimpse Into His Diary | AFROPUNK).

No se puede transitar hacia el futuro sin examinar el pasado, con una mirada racional y desprovista de prejuicios. Los regímenes dictatoriales como el que impera en Cuba o el que intentó implantar Che Guevara en otras tierras son un foco permanente de propagación de la intolerancia. Radical no significa extremista, sino ir a la raíz de los problemas, y en este caso el origen del mal yace en la filosofía de la eliminación física de quien es diferente, ya sea por raza, credo, opinión política, orientación sexual o diferencia de cualquier índole. “Ojo por ojo y el mundo acabará ciego”, sentenció muy acertadamente Mahatma Gandhi. El verdadero enemigo es la violencia.

Junta Directiva de la Fundación Nacional Cubano Americana.

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La justicia no alcanza a los negros en Cuba

Cuba, Población, Silverio Portal, Negros

A diferencia de otros presos políticos, Silverio Portal no fue incluido en el listado de los presos políticos que han sido excarcelados a causa de la pandemia. Al contrario, su situación se ha agravado (Foto: Claudio Fuentes)

LA HABANA, Cuba. – Al preso político Silverio Portal Contreras lo golpearon en la prisión 1580 y lo dejaron tirado en el suelo. Los guardias pensaron que se estaba haciendo el enfermo. A los 45 minutos lo levantaron con la boca virada y sin poder mover las extremidades. En el hospital llamaron a la esposa para decirle que a Silverio le había dado un infarto cerebral provocado por los golpes y la severa hipertensión arterial que padecía antes de llegar a prisión.

El padecimiento de Silverio se agrava con la epilepsia y la diabetes, más una trombosis, dos isquemias transitorias, la pérdida progresiva de la visión y los golpes que continúa recibiendo porque los cambios de humor que le provocan los infartos cerebrovasculares están siendo malinterpretados por sus carceleros. Las autoridades médicas de la prisión han recomendado la excarcelación y la Sala Quinta de lo Penal del Tribunal Provincial Popular de la Habana se la ha negado.

En el sistema penitenciario cubano hay sobrepoblación negra porque “las prácticas de la policía se elaboran a partir de perfiles raciales, porque manejan una teoría lombrosiana en la que las personas afrodescendientes aparecen como propensas a cometer delitos contra el patrimonio, como hurto, robo con fuerza, robo con violencia, y eso puede indicar que encontrará menos piedad”, analiza la abogada Laritza Diversent Cámbara, fundadora en 2010 del Centro de Asesoría Legal Cubalex.

Hansel Hernández, de 27 años, fue asesinado por la Policía el pasado 24 de junio en Guanabacoa, La Habana. Las autoridades de La Isla tardaron tres días en informar sobre su muerte
Hansel Hernández, de 27 años, fue asesinado por la Policía el pasado 24 de junio en Guanabacoa, La Habana. Las autoridades de La Isla tardaron tres días en informar sobre su muerte (Foto: Facebook)

Las últimas cifras oficiales sobre las cárceles cubanas son de 2012. Los más de 57 000 reclusos -unos 510 por cada 100 000 habitantes- situaban a Cuba, según World Prison Brief, en el sexto lugar a escala mundial y en el segundo de la región, por debajo de El Salvador. Prisoners Defenders, en su informe de enero de este año, asegura que las cifras de personas privadas de la libertad se han duplicado. En su base de datos, de los 132 presos políticos, el 58 % son afrodescendientes.

A pesar de que recientemente el Consejo de Ministros aprobó un programa nacional contra el racismo y la discriminación racial, esta es la hora en la que no se sabe con certeza a qué políticas públicas hacían referencia ni cuándo serán aplicadas. Además, el cronograma legislativo hasta el 2028 no contempla ninguna ley que desglose en todos sus matices la discriminación racial. La primera línea de investigación de la policía continúa siendo indagar sobre las personas negras que han sido sancionadas y las evidencias probatorias se basan en la información adquirida o la huella de olor recogida por perros entrenados, lo que solo prueba que la persona estuvo en el lugar y no que es culpable. La policía es un elemento importante en una estructura creada para criminalizar según estereotipos raciales.

Ángel Moya, ex preso político recluido durante la llamada Primavera Negra en 2003. Su condena fue de 20 años de privación de libertad y fue excarcelado en 2011 gracias a la presión ejercida por la iglesia católica y el gobierno español (Foto: Twitter)

Bajo esos perfiles no solo ocurren encarcelamientos, sino también muertes. Según reflejadas por la Oficina Nacional de Estadísticas (ONEI), de los 11,2 millones de habitantes de la Isla, apenas el 9,3 por ciento es población negra, mientras que el 26,6 por ciento es mestiza. Sin embargo, estas estadísticas no recogen cifras sobre las cárceles ni hace una caracterización oficial de la población penal.

La muerte del disidente Orlando Zapata Tamayo, en 2010, mostró el alcance del racismo sistémico en Cuba. Zapata era albañil y su oposición política lo llevó a prisión, donde comenzó una huelga de hambre que duró ochenta y seis días. Tras su muerte, el Gobierno comenzó una campaña de descrédito donde se decía que era un “negro delincuente”.

En 2011, un adolescente de 14 años, Ángel Izquierdo Medina, fue abatido por subirse a una mata de mamoncillos en un patio ajeno y luego, en el juicio, varios testigos aseguraron que el ex policía que le disparó dijo: “Mata al negro de pinga ese”. José Luis Zubmaguera Miranda, en 2013, a sus 45 años, recibió siete impactos de bala mientras lo detenían en su casa en Matanzas porque encajaba en el perfil de un ladrón de bicicletas.

En 2019, el rostro en un féretro de Raidel Vidal Caignet recorrió las redes sociales: la policía le había disparado mientras negociaba con los productores independientes de café en Holguín. En junio de este año, Hansel Hernández Galiano, un joven negro de 27 años, fue asesinado mientras caminaba en la oscuridad, en un barrio periférico, con un objeto bajo el brazo que la Policía supuso que era robado. Se defendió con piedras y recibió un balazo por la espalda.

Cualquier intento de debate sobre el racismo en Cuba en torno a estos casos queda silenciado por los antecedentes penales de los asesinados. El caso más reciente, Hansel Hernández Galiano, ocurrió poco después de la ola de protestas en Estados Unidos por el asesinato de George Floyd. Al igual que en ese país, el recurso para intentar acallar los reclamos fue hacer público su récord criminal, difundir una versión inverosímil de los hechos y, por último, presentar a la madre del difunto ante los medios de comunicación con un discurso que daba muestras de conformidad ante la muerte de su hijo.

Del resto de los casos, aunque las noticias han circulado en los medios independientes, no ha habido ningún tipo de pronunciamiento oficial. A diferencia de la atención que prestaron a Floyd, los activistas por la igualdad racial que coquetean con la política del Estado no se han pronunciado, por esas ni por ninguna otra injusticia que pueda ser interpretada como contraria al Gobierno.

El activismo selectivo también ha quedado mudo ante el caso de Silverio Portal Contreras. Ello, pese a que el recluso es considerado preso de conciencia por Amnistía Internacional y pese a que la Comisión Interamericana de Derechos Humanos (CIDH) dictó una medida cautelar porque teme por su vida. Tampoco se pronunciaron el pasado 30 de junio cuando la policía detuvo a más de cincuenta personas que intentaban hacer una marcha pacífica para protestar contra el abuso sufrido por Hansel Hernández.

La ausencia de políticas públicas que cubran la brecha de más de 200 años de esclavitud ha llevado a que hoy los niveles de pobreza de la población negra cubana sean notorios: solo el 11 por ciento de una cuenta bancaria y apenas el tres por ciento ha viajado al exterior, según estudios realizados en 2019 por el Instituto alemán GIGA.

El activismo por la igualdad de los afrodescendientes no siempre señala a los responsables. Esos silencios perpetúan la discriminación racial que va de los detalles de la cotidianidad al acceso a las universidades o a los centros de trabajo con mejor remuneración.

Yosvany Arostegui murió el pasado 4 de agosto, luego de 40 días en huelga de hambre (Foto: Redes sociales)

En su informe “Negación, Exclusión y Represión”, presentado ante la CIDH, el Comité Ciudadanos por la Integración Racial (CIR), organización de la sociedad civil independiente, denunció cómo los afrodescendientes que no se han plegado al Estado son acusados por el mismo Gobierno de “afectar la unidad nacional” por intentar profundizar en la realidad paupérrima de los barrios periféricos, donde la población es mayoritariamente negra. Sus estudios revelan que de los 3 000 millones en remesas que entraron al país en 2013, solo el 5,8 por ciento llegó a la población afro. Esta no es la última cifra sobre la entrada de remesas a Cuba, pero sí la última que contempla la variable de ingresos a afrodescendientes.

Para abordar el racismo en los medios de comunicación oficiales, el Gobierno, a finales del año pasado, creó una comisión gubernamental presidida por Miguel Díaz-Canel, y en la que participan los ministerios de Cultura (MINCULT), Relaciones Exteriores (MINREX), Ciencia, Tecnología y Medio Ambiente (CITMA), más la Unión de Artistas y Escritores de Cuba (UNEAC). Las cuatro sesiones que han tenido hasta ahora no han sido difundidas y el tema del racismo, según las declaraciones del Gobierno, sigue abordándose como un rezago del pasado o como una cuestión cultural.

La gran contradicción del sistema se presenta cuando es la Constitución misma, en su artículo 42, la que reconoce la igualdad de todos los ciudadanos ante la ley. Los ciudadanos cubanos “reciben la misma protección y trato de autoridades y gozan de los mismos derechos, libertades y oportunidades”. Además, el artículo 295.1 del Código Penal contempla los delitos contra el derecho de igualdad, donde se asevera que “incurre en sanción de privación de libertad de seis meses a dos años o multa de doscientas a quinientas cuotas o ambas”. A juzgar por la realidad, parece letra muerta.

Las personas que han sido juzgadas bajo preceptos racistas no han podido ampararse en esta legislación porque los tribunales no son independientes al Estado. Además, en los juicios pesan más los intereses estatales y sus procesos no son basados en las evidencias científicas que respalden los delitos, sino en los criterios valorativos de autoridades que responden a perfiles que criminalizan. Bajo estas condiciones, la justicia difícilmente alcanzará a personas como Orlando Zapata, Silverio Portal o a Hansel Hernández.

Este reportaje se realizó en alianza editorial con Connectas, una iniciativa periodística que promueve el intercambio de información sobre temas claves para el desarrollo de las Américas

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Comité Ciudadano de Integración Racial, 12 años contra la desigualdad en Cuba

racismo cuba estados unidos floyd Comité Ciudadano de Integración Racial (CIR)

racismo cuba estados unidos floyd
(Foto de archivo)

MIAMI, Estados Unidos. – El pasado sábado, el Comité Ciudadano de Integración Racial (CIR) cumplió 12 años de “trabajo ininterrumpido” y “activismo ciudadano” con una jornada de actividades para niños, informó en redes sociales Juan Antonio Madrazo Luna, activista fundador del proyecto.

Los coordinadores del CIR celebraron la fecha en actividades con infantes del municipio de San Miguel del Padrón, en La Habana, y en Antilla, provincia de Holguín.

“Estamos enamorados de nuestro trabajo y como el primer día seguimos comprometidos con la lucha contra la discriminación racial y el racismo en Cuba y en cualquier rincón del mundo. Para nosotros es fundamental la dignidad y el respeto de todos los ciudadanos”, escribió Madrazo Luna en Facebook.

El activista apuntó que “el camino no ha sido fácil, ni lo será” mientras el trabajo del CIR “sea criminalizado por los agentes del estado” y aseguró que la motivación de sus integrantes por mantener el proyecto sigue intacta.

“Aquí estamos y continuamos comprometidos con los condenados de siempre”.

A través de un comunicado publicado en su página web, el Comité Ciudadano de Integración Racial recordó que la base de su trabajo radica en “el reconocimiento y la preocupación de la situación de marginalidad estructural y de las múltiples expresiones de desigualdad”.

La nota destaca además el aporte de la organización en la lucha por la igualdad de género y en la defensa de los derechos de las minorías.

“Para ello continuamos desarrollando acciones divulgativas sobre la multiculturalidad, el respeto y la igualdad que merecen todas y todos los ciudadanos”.

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Cubano en Kentucky denuncia amenazas de Black Lives Matter contra su negocio

cubano Fernando Martínez

cubano Fernando Martínez
Foto Twitter

MIAMI, Estados Unidos.- El cubano Fernando Martínez, dueño del restaurante La Bodeguita de Mima, en Louisville, estado de Kentucky, fue uno de los socios del Olé Restaurant Group que denunció amenazas de manifestantes de Black Lives Matter contra su negocio.

De acuerdo a una nota del diario local Louisville Courier-Journal, la comunidad cubana de Louisville se unió el pasado domingo para apoyar a Martínez, que aseguró haber recibido una misiva de los manifestantes en la que demandan mayor diversidad en el área, y además le exigieron que pusiera la carta en la puerta de su establecimiento para que “su negocio no se j…”.

En un video publicado por Martínez en su cuenta de la red social de Facebook — según Louisville Courier-Journal— el inmigrante cubano, que llegó a Estados Unidos en una balsa con solo 18 años, afirmó que las demandas de la carta son comparables a “tácticas de la mafia” utilizadas para intimidar a los dueños de negocios en el área.

“Si usted y yo podemos sentarnos como seres humanos que somos, sin gritarnos el uno al otro, sin ofendernos, podemos llegar a un acuerdo”, dijo a varios manifestantes que lo cuestionaron el domingo. “¿Cómo la destrucción de nuestro negocio traerá justicia?”.

cubano
Foto Twitter

Martínez agregó que no está en contra del movimiento BLM, que esta “ssta no es una pela racial”, y que “necesitamos unirnos como comunidad. No somos enemigos de la comunidad negra. Somos todos personas y venimos en todos los colores”.

“La Bodeguita está abierta a todos. Si eres gay, este es tu hogar. Si eres negro, este es tu hogar. Si eres blanco, este es tu hogar. Si eres humano, este es tu hogar. Somos soñadores, somos personas que amamos la libertad y amamos a este país”, dijo.

El cubano, que asegura que vino a Estados Unidos a trabajar y huyendo del socialismo, rechazó acusaciones de intolerancia y racismo. “¿Cómo puedo ser llamado intolerante y racista cuando mi familia es negra, cuando mi hijo es gay? (…) Soy el orgulloso padre de un hijo gay y voy a luchar por él contra cualquiera”.

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A la hora de pelear y de morir, primero los negros

Negros, Cuba
Un grupo de personas se reúne bajo una bandera cubana (Foto; Reuters)

LA HABANA, Cuba. – La manía cubana por la muerte en las consignas fue heredada de España. Dos siglos antes del “patria o muerte” que en 1960 les impuso Fidel Castro a sus milicianos en el sepelio de las víctimas de la voladura de “La Coubre”, la Corona española exigía la victoria o la muerte.

Pero el color de la piel de los soldados era determinante a la hora de morir por el Rey. El lema de los Batallones de Morenos, como llamaban a los negros que servían a la Corona española en los siglos XVIII y la primera mitad del XIX, era: “Vencer o morir”, pero la divisa de los Batallones de Pardos (mulatos), que llevaban en su bandera la cruz de Borgoña, era menos extrema: “Siempre adelante es gloria”.

Los batallones de negros y mulatos, apresuradamente reclutados, tuvieron una destacada participación en la defensa de La Habana contra las tropas británicas en 1762.

La milicia de Pepe Antonio, también mayoritariamente integrada por negros y mulatos de Guanabacoa, complementó la resistencia de la guarnición española que defendía La Habana, al hostigar sin tregua a los invasores ingleses.

Los Batallones de Pardos y Morenos fueron enviados posteriormente a pelear contra ingleses y franceses en New Orleans y Santo Domingo, y contra los indios seminolas en la Florida.

Las filas de los batallones de negros y mulatos siempre estuvieron nutridas, debido a que los alistados gozaban de algunos privilegios y de cierta movilidad en la rígida escala social de la colonia.

Estos batallones fueron disueltos tras la represión de la Conspiración de La Escalera, en 1844, cuando las autoridades descubrieron que muchos de sus integrantes estaban complotados contra España. Comprendieron que ya no podían contar con los negros para la defensa de sus intereses.

No obstante, durante las guerras de independencia, hubo negros y mulatos entre los guerrilleros que combatían a los mambises con más saña que los españoles. Fue uno de estos guerrilleros, mulato, quien mató a José Martí en Dos Ríos, el 19 de mayo de 1895.

La utilización del negro para la defensa de sus amos blancos se remonta a los inicios de la época colonial. Espejo de Paciencia, de Silvestre de Balboa, es considerada la primera obra literaria cubana, a pesar de las dudas sobre su autoría y autenticidad. Basada en un hecho supuestamente real, ocurrido en el siglo XVII, es algo así como nuestra modesta Ilíada. Narra, en tono épico, la lucha contra los piratas franceses capitaneados por Gilbert Girón que secuestraron al obispo Juan de las Cabezas Altamirano. El momento culminante del relato es cuando el esclavo Salvador Golomón decapita de un machetazo a Girón.

Para los amos españoles, era perfectamente natural recurrir a sus esclavos y libertos para que les sacaran las castañas del fuego. Luego, pasado el peligro, de vuelta al látigo y los barracones.

Sus descendientes del socialismo castrista heredaron la misma filosofía del negro como carne de cañón.

La muerte, como alternativa a la patria, en consignas coreadas en multitudinarios mítines, era para todos los revolucionarios, pero especialmente para los negros, porque según decían los mandamases, de un modo paternalistamente cruel e intrínsecamente racista, si algún cubano tenía que estar presto a pelear y morir por la Revolución, “que acabó con la discriminación racial y los hizo personas” eran los negros.

No solo resultaba una abominación inimaginable que un negro fuera desafecto al régimen, sino que, por agradecimiento, debía estar dispuesto a dar su vida por “la Revolución”.

Y no solo en Cuba, sino también en misiones bélicas en el exterior. En 1965, diez años antes de la guerra de Angola, soldados negros de las FAR fueron enviados a combatir, dirigidos por un jefe blanco, extranjero y que mal disimulaba que no los tenía en mucha estima, Ernesto Guevara, a una supersecreta operación en el Congo. Eran idóneos para la misión: el color de su piel dificultaría que el enemigo descubriera que eran cubanos y no congoleses.

Quizás, si no era por motivos religiosos, tenía razón Fidel Castro cuando, para justificar la presencia militar cubana en Angola, afirmaba que estaba en deuda con África.

Probablemente, la mayoría de los cubanos muertos en guerras, desde los tiempos de la Colonia hasta hoy –incluidos, por supuesto, los miles de masacrados en la represión del levantamiento de los Independientes de Color, en 1912-, son negros. Pero historiadores y sociólogos no muestran interés en investigar el asunto, pese a lo saludable que sería para nuestra conciencia como nación.

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Los prejuicios raciales: ¿herencia genética o adquisición cultural?

Antirracismo

Antirracismo
La igualdad es imprescindible para el equilibrio de una sociedad (Foto: El Planeta)

MIAMI, Estados Unidos. – ¿Por qué persisten los prejuicios raciales en la sociedad cubana?

Empecemos por decir que ciudadanos de muchas naciones se niegan a aceptar que su conducta social está anquilosada, detenida en el tiempo, cargada de viejos prejuicios. No importa cuán irracionales puedan ser esa conducta y esos conceptos, cuán pasados de moda, cuán irrelevantes, cuán infundados, cuán injustos. Mientras más cerrada ―o sea, inflexible e intolerante― es la sociedad controlada por el grupo dominante que se aferra a esos prejuicios, y mientras más sentido de superioridad ―o sea, arrogancia― posea ese grupo, más profunda serán la negación y más insuperables las exclusiones que se practican.

La ideología de supremacía blanca (o europea), que persiste aún, consciente o inconscientemente, en los países donde se mantuvo la esclavitud de africanos durante más de 300 años, es el andamiaje que sostiene el racismo hacia los afrodescendientes. Ese universo abarca el continente americano completo, desde Canadá hasta la Patagonia. Se sostiene, quizás, porque no se enseña desde temprana edad a los futuros ciudadanos, con fervor y pasión, la verdadera historia, la que nos puede infundir nobleza y justicia. Mirémosnos ante un espejo y hablemos de tú a tú. No será agradable ni fácil.

Si aprendiéramos desde el preescolar que hubo un cubano excelso que se llamó Joaquín de Agüero, que en enero de 1843 liberó a sus esclavos, otorgándoles además terrenos e instrumental de trabajo para que pudieran subsistir, y declarando que lo hacía “cumpliendo un deber de humanidad y de conciencia”, la empatía y un sentido prematuro de orgullo y de amor al prójimo haría latir corazones.

Si se recalcara más, comenzando en el segundo o tercer grado, que el 10 de octubre de 1868 Carlos Manuel de Céspedes emancipó ―aunque con limitaciones― a sus esclavos, y que en diciembre proclamó en Bayamo que “Cuba libre es incompatible con Cuba esclavista”, sería muy difícil sentirse buen cubano y seguir abrigando rencores de índole racial.

Y si en cuarto o quinto grado se enseñara que en febrero de 1869, en Sibanicú, representantes de la insurrección, encabezados por Ignacio Agramonte, dispusieron la abolición total de la esclavitud en la Isla (la disposición fue ratificada dos meses más tarde en Guáimaro, el 10 de abril al redactarse la primera Constitución de la República en Armas, que especificaba que “todos los habitantes de la República son enteramente libres”), ¿qué cubano o cubana podría llegar a la adultez anidando desprecios raciales?

¡Cuán orgullosos de ser cubanos nos sentiríamos si aprendiéramos que aquellos camagüeyanos se adelantaron por 17 años a la metrópoli española en cuestión de libertades humanas! España no se pronunciaría sobre la abolición de la esclavitud hasta el 13 de febrero de 1880, y no la aboliría hasta el 7 de octubre de 1886. Esa “madre patria” con sus etnofobias y demonios a cuesta ¡desde el siglo XIV!

El Ejército Libertador estuvo encabezado por oficiales blancos y negros. La intelectualidad de la época contó con José Martí, pero también con Juan Gualberto Gómez y Martín Morúa Delgado, ambos “de color”. Los mambises que nos dieron la independencia eran blancos y negros, probablemente a partes iguales o tal vez en su mayoría negros recién emancipados. Claramente, no hay estadísticas. Pero lo que sí sabemos es que los veteranos del mambisado negro terminaron siendo excluidos de las esferas del poder ―que era blanco― y de los beneficios que merecían por su desempeño en pro de la independencia nacional.

En su estudio titulado “Mirada crítica a la historiografía cubana en torno a la marginalidad del negro en el Ejército Libertador (1868-1898)”, Ismael Sarmiento Ramírez (Universidad de París III – Sorbonne Nouvelle) explica: “Lo más que se dice es […] que negros y mulatos formaron la proporción mayor de este ejército”. Según Sarmiento Ramírez, el Partido Independiente de Color aseguraba que “hasta el 85 por ciento del total de los soldados que integraron el mambisado” era negro y mulato. Y también el historiador estadounidense, Charles Chapman, quien afirma que “de seguro los negros habían proporcionado la mayoría del Ejército Libertador”.

¿Cómo conciliar, cómo aceptar, entonces, que los sentimientos racistas ―que se manifiestan en los persistentes prejuicios cotidianos, en un hablar despectivo, y que se perpetúan en el racismo institucionalizado― sigan vivitos y coleando en esa Cuba cuya independencia, progreso e identidad se deben en gran parte al trabajo, el sacrificio y la sangre de miles de cubanos afrodescendientes?

¿Cómo es que se sigue diciendo que “la mona, aunque se vista de seda, mona se queda”; que “el negro, si no la hace a la entrada, la hace a la salida”; que “hagámoslo bien, como los blancos”; que “la mulata es el mejor invento de los gallegos” sin pensar por un segundo en las implicaciones de violación sexual que semejante afirmación conlleva; que “la culpa la tiene el totí”, que es un ave negra; que “la cosa está color de hormiga”, o que “el futuro está negro”, ambos comentarios de negatividad; que “hay que adelantar la raza” aparejándose con alguien de la raza blanca, o que “la raza se atrasa” hablando del blanco en unión interracial; que el café es el néctar de “los dioses blancos”…?

En mi columna más reciente (“Cuba: donde las vidas negras no importan”) hice un recuento de atropellos y violaciones de derechos humanos del actual régimen contra la población afrodescendiente en las últimas seis décadas. La lista incluía siete cubanos de color fusilados sumariamente en los primeros años de la Revolución (1959-1965), y tres fusilados en 2003; al menos tres intelectuales confinados en los campos de trabajo forzado de las UMAP; dos víctimas de electroshock punitivo; docenas de presos políticos, incluso de presos plantados; una larga lista de cubanos ―y cubanas― declarados prisioneros de conciencia por Amnistía Internacional; decenas de opositores y activistas golpeados; otros tantos censurados y acosados continuamente; al menos un cubano negro fallecido durante huelga de hambre; miles de afrodescendientes confinados al sistema carcelario cubano (el 80% de los presos).

De los comentarios recibidos, solo tres expresaron asombro y dolor ante el despiadado racismo del régimen. Aclaro: si como escritora, una le llega a tres lectores, ¡enhorabuena! Es una gran satisfacción que alguien entienda, se detenga en la información y se solidarice con las víctimas. Quiere decir que el mensaje les llegó, y que sus corazones aspiran a una sociedad más justa. El resto de los comentaristas esgrimió la crítica destructiva, y eso es lamentable: “¿Por qué no un artículo sobre el racismo de los negros contra los blancos?”; los negros “manipulan el sistema para vivir de eso”; “se hacen las víctimas”; “solo ven y aprovechan conveniencias”; el “enfoque [es] tan racista”; “están enhebra[ndo] teorías truculentas que si en Cuba hay racismo”; “vea los grupos de turbas y actos de repudio: la mayoría de la raza negra”, “ahora quieren promover el racismo que no existe en Cuba”; “están siguiendo el guion de los EE. UU.”.

¿Será que no tendremos remedio?

Quiero pensar lo contrario: quiero pensar que sí tenemos remedio. Los psicólogos culturales ―como la profesora Michele Gelfand (Universidad de Maryland)― afirman que se puede reconfigurar el cablerío del cerebro humano y crear nuevas vías neuronales ―o reforzar las existentes― que generan conductas compasivas y tolerantes. El campo de la epigenética ha corroborado que los hábitos se crean cuando el cerebro repite una conducta, una práctica, por cierto período de tiempo. Así es que se crean las vías neuronales, o sea, las vías de la memoria. Las vías que el cerebro utiliza frecuentemente, se fortalecen; las que no, se debilitan y eventualmente se borran. Los expertos de este campo científico estiman que para cambiar malos hábitos hay que activar hábitos positivos que contrarresten los negativos que se siguen repitiendo.

Si enfocamos los prejuicios ―que son muchos: por razón de clase, de edad, de raza, homófobos, nacionalistas, sexistas, y xenófobos― como “malos hábitos”, entonces poner en práctica sentimientos y conductas contrarios, o sea, hábitos positivos, crearía en el cerebro nuevos surcos de memoria, que llevarían a lograr cambios sociales. Y más: el cerebro se caracteriza por su plasticidad, lo que quiere decir que es maleable y los cambios en las vías de la memoria pueden durar toda una vida, e incluso ser transmitidas a nuevas generaciones epigenéticamente.

Se dice que las culturas desequilibradas producen cerebros desequilibrados. Lo contrario tiene necesariamente que ser cierto. Una cultura racista es una cultura desequilibrada. Una cultura inclusiva, tolerante y desprejuiciada sería una cultura equilibrada. Lograr nuevos surcos de memoria que favorezcan la aceptación y la comprensión humana, esa sería la meta. Puede que lleve muchos años, tantos como los siglos que ha tomado consolidar el racismo y sus prejuicios. Pero visto desde esta óptica, hay remedio. Mas, lo primero que hay que hacer es aceptar que en Cuba hay racismo y dejar de negarlo. Solo cogiendo ese toro por los cuernos, se podrá superar esa lacra.

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El racismo en Cuba no es “involuntario”

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LA HABANA, Cuba.- “En Cuba los negros tenemos como meta ser obreros calificados y técnicos medios”, así describió a CubaNet el racismo y las limitaciones de los afrocubanos el periodista Jorge Enrique Rodríguez.

“Con cada negro en el barrio que rompe ese esquema, que se gradúa como profesional, que no comete delito o no cae preso, hay una victoria de la comunidad negra. Esa es una de las formas de transcender el racismo”. El comunicador opina que la desigualdad entre los diferentes grupos poblacionales narra el racismo estructural existente en la Isla.

En 1962 el gobierno revolucionario intentó “barrer” con decretos el racismo estructural. Los artículos 41 y 42 de la Constitución proclaman la igualdad de derechos de los seres humanos; y el Código Penal en el Artículo 295: 1 y 2, contempla como delito el daño contra estos derechos.

Sin embargo, a las cuotas de cambio antirracista prometidas al sector negro, desde la toma del poder en 1959, le falta voluntad para establecer políticas de afirmación que impulsen el progreso legislativo a favor de la equidad racial.

La esperanza de progreso en el tema atravesó en silencio seis décadas de espera, a costa de la autoestima de los afrocubanos, identificados con el sector más pobre de la sociedad.

El poder negro

Para asegurar el silencio, y la actual ausencia de un movimiento nacional contra la discriminación negra, el régimen eliminó las sociedades independientes de negros (las chinas y las españolas no). Las demandas contra la igualdad racial no volverían a trascender en enfrentamientos como la masacre de 1912, contra el Partido Independiente de Color.

Reducido el poder negro a los favores de la revolución, el avance antirracista quedó en manos del poder político constituido por blancos; y aunque en los últimos años la estructura gobernativa muestra mayor representación afrodescendiente, cada una de las designaciones simbólicas está subordinada a los intereses ideológicos empotrados en la silla presidencial.

En 2009 el régimen creó la Comisión José Antonio Aponte, una interpretación del racismo en Cuba: trasfondo cultural o “racismo involuntario”, según define las raíces psicológicas de la discriminación el vicepresidente de la comisión Rolando Rensoli. La organización fue señalada como avance para los afrodescendientes cubanos en el informe de la Comisión Interamericana de Derechos Humanos, emitido en febrero del actual año.

“Existe una criminalización del movimiento antirracista independiente”, declaró a CubaNet Juan Antonio Madrazo, coordinador nacional del Comité Ciudadanos por la Integración Racial (CIR), y añadió que “el gobierno desde su cultura de privilegio político deja en desamparo legal a las organizaciones y al activismo antirracista independiente. La lucha se describe como acción política y ciudadana, lo que provoca el enfoque represivo en contra del movimiento, ubicándolo en el mercenarismo al servicio de la agenda de Washington y el exilio en Miami”.

En el 2018 el CIR entregó a las instituciones del gobierno varias recomendaciones para iniciar políticas sociales a favor de los afrocubanos, pero la estrategia conservadora del régimen se niega a reconocer el racismo estructural que proclamó eliminado.

Reglas de convivencia, no equidad racial

Por su parte, el rapero Osvaldo Navarro, conocido como NavyPro, es activista en campañas por los derechos de la mujer y los afrodescendientes en Cuba.

“En una ocasión decidimos reunirnos varios afrodescendientes en una cafetería del Mónaco. Queríamos compartir el almuerzo con la charla de un libro que debatiríamos al día siguiente (…) Cuando pedimos la comida nos percatamos que habían puesto dependientes para vigilarnos de forma extrema. Pensaban que no teníamos dinero para pagar la cuenta (…) Tengo amigos a quienes les han negado la entrada a bares privados, de forma sutil, ‘por falta de capacidad del local’, pero después ven como pasan a otras personas. A eso es lo que llamo miedo al negro”.

Las agresiones racistas en Cuba carecen de respuestas. La negación frontal de la desigualdad racial impide la articulación de mecanismos que desinstalen las estructuras discriminatorias de la sociedad en que vivimos.

Manuel Cuesta Morúa, licenciado en Historia y miembro del CIR, tiene su propia perspectiva contra la discriminación. “El mejor enfoque para resolver el problema es el posracial. La integración del fenómeno desde la identidad de cada quien, poniendo a todos en el mismo plano legal e institucional”.

El gobierno de la Isla divulga la imagen de integridad multirracial de la Nación, pero la sociedad que la integra solo se sostiene de frágiles reglas de convivencia que la ayudan a sobrevivir. Para contrarrestar esta realidad Cuesta Morúa plantea la realización de profundas reformas económicas, en la pequeña y mediana empresa, con el objetivo de crear posibilidades para los sectores desfavorecidos.

“Casi todos los que venden frutas y viandas en La Habana son carretilleros afrodescendientes. Si se les da la posibilidad de crear una pequeña empresa, les darán espacio a los sectores marginales”.

La Revolución destruyó la estructura económica del país, y con ello la perspectiva de prosperidad para los cubanos de a pie. La dependencia económica de la Isla y el sistema político excluyente mantienen la pobreza afincada en los afrodescendientes. En tanto, desde el poder político, la negación del racismo conserva el aplazamiento de la agenda pública para la integración racial.

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Arrestos y amenazas impiden protesta contra violencia policial

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Patrulla de policía en La Habana (Foto: Internet)

MIAMI, Estados Unidos. – Este martes, activistas y miembros de la sociedad civil independiente cubana que habían expresado sus intenciones de participar en una manifestación pacífica contra la violencia policial, en protesta por el asesinato del joven Hansel Hernández, han sido detenidos o amenazados por la Seguridad del Estado.

Con la etiqueta #30JunioCuba, usuarios de Facebook y Twitter han denunciado el arresto de la artista Tania Bruguera. Su página oficial de Facebook publicó a primera hora de este martes que la artista había sido arrestada a las 6:17 a.m. cuando salía de su casa “por militares o policías vestidos de civil”.

Bruguera había condenado el asesinato de Hansel Hernández a manos de la Policía y había confirmado previamente su participación en la protesta contra la violencia policial.

https://www.facebook.com/taniabruguera/photos/a.740621856027390/3036187899804096

Juan Antonio Madrazo Luna, coordinador nacional del Comité Ciudadanos por la Integración Racial (CIR), denunció en Facebook que había pasado “una noche fría de calabozo” en la Unidad de la Policía Nacional revolucionaria (PNR) de Zapata y C.

“Acabo de ser depositado en mi domicilio como un bulto. Anoche cuando salí a botar la basura aproximadamente las 10:30 p.m. fui secuestrado por agentes del Estado, un oficial del departamento de Enfrentamiento de la Seguridad del Estado con un agente de la Policía me identificaron y me llevaron para la unidad”, publicó Madrazo Luna poco después de las 7:00 de la mañana de este martes.

El activista antirracista también denunció que la Policía política le había impuesto una orden de limitación de movimiento. “No van a permitir protestar (por)que no hay rebeldía de ningún tipo, quien proteste hoy se va (preso) hasta por propagación de epidemias”, indicó Madrazo Luna que le había comunicado el mayor Alejandro, conocido por encargarse d ela represión contra activistas, periodistas y artistas en la capital cubana.

“Ahora fui escoltado hasta mi casa. De salir en las próximas horas puedo ser procesado penalmente pues así lo dispone la Ley en tiempo de emergencia y de guerra. La Avenida 23 ahora es un panal de patrullas policiales y agentes (que están) identificando (a las) personas que les pueden resultar sospechosas”, detalló Madrazo Luna.

https://www.facebook.com/madrazoluna/posts/2990152954365078

La periodista de CubaNet, María Matienzo, también denunció en su cuenta de Facebook que tanto ella como la activista Kirenia Yalit Nuñez Pérezse han sido notificadas de que no pueden abandonar su hogar.

https://www.facebook.com/maria.matienzo1/posts/3246805335340352

Desde este lunes, varios usuarios de Facebook confirmaron inusuales movimientos policiales en La Habana, supuestamente motivados por la convocatoria de la oposición y la sociedad civil para protestar de manera pacífica este martes en las afueras del cine Yara.

La noche de este lunes la actriz Lynn Cruz alertó en su muro de Facebook: “Acabo de ver pasar camiones antimotines por la calle 17 en El Vedado. Una hilera larga”.

También en la noche de este 29 de junio, la Dama de Blanco Leticia Ramos Herrera, residente en Matanzas, denunció un operativo policial que le impedía salir de su casa. “Hace apenas unas horas llegó este operativo a las cercanías de mi vivienda para impedir que salga de la provincia y menos de mi vivienda. Como mi casa no es calabozo, cuando tenga que salir lo haré. Todos sabemos que es por la convocatoria de mañana. Esto se llama MIEDO DEL RÉGIMEN a un estallido social”, escribió.

También el activista y fotógrafo Ariel Maceo Tellez denunció en su perfil de Facebook que dos agentes de la Seguridad del Estado lo habían despertado este martes. “Estoy de arresto domiciliario en mí casa durante ocho horas y no sé porque. Yo no he hecho nada malo”, escribió.

Sobre las 9:15 a.m. fue detenido frente a su casa, en la Habana Vieja, el rapero Maykel Osorbo. “Vamos a salir para que ustedes vean al momento cómo proceden las patrullas”, dijo el activista poco antes de ser conducido por los oficiales de la policía.

El activista y productor Michel Matos, del Movimiento San Isidro, también reportó la presencia de agentes de la Seguridad del Estado frente al edificio donde vive.

A través de un video compartido en su cuenta de Facebook, Matos alertó de la situación y denunció el operativo policial para impedir la protesta pacífica.

“Estoy avisando que en este momento voy a salir y, evidentemente, voy a ser detenido. No voy a llegar al cine Yara, en 23 y L, donde fue convocada la protesta. Bajo mi casa en estos momentos hay vigilancia… motos de la Seguridad del Estado”, dijo el joven.

A esta hora también se reporta la detención del artista Luis Manuel Otero Alcántara, interceptado por agentes de la Seguridad del Estado en Línea y 10, Vedado.

Un video compartido por la activista Iris Ruiz muestra como los agentes condujeron a Otero Alcántara a un auto con matrícula particular y se lo llevaron del lugar.

Este lunes, el artista ya había advertido que participaría en la protesta pacífica y que estaba listo para ser detenido por las fuerzas del régimen.

Al menos otra decena de periodistas, activistas y artistas independientes han confirmado en sus redes sociales amenazas, despliegue de operativos policiales o arrestos domiciliarios que les impiden salir de sus casas y participar en la protesta contra la violencia policial.

La cifra de detenidos en diversas provincias del país ya asciende a 24. Así lo confirmó hace pocos minutos la abogada Laritza Diversent, directora de Cubalex.

La lista la conforman, en su mayoría, activistas y opositores de organizaciones como Movimiento San Isidro y la Unión Patriótica de Cuba (UNPACU).

  1. Alejandro Uganda
  2. Amaury Pacheco OmniPoeta
  3. Cándido Chacon
  4. Carlos Alberto Alvarez Roja
  5. Dunia Medina Marrero
  6. Ebert Hidalgo Cruz
  7. Evert Luis Hidalgo Ladrón de Guevara
  8. Hector Luis Valdés Cocho
  9. Iam Gamez Gell
  10. Iliana Hernandez
  11. Ismael Boris Reñí
  12. José Daniel Ferrer Cantillo
  13. José Daniel García Ferrer
  14. Jorge Enrique Rodríguez
  15. Juan Antonio Madrazo Luna (liberado en la mañana)
  16. Luis Manuel Otero Alcantara
  17. Maria Josefa Acón Sardiñas
  18. Maykel Osorbo
  19. Michel Matos
  20. Oscar Casanella
  21. Bruguera Tania
  22. Yoel Bravo López
  23. Yordanys Labrada
  24. Anamely Ramos González

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