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Julián del Casal: 30 años de eternidad

Postal de Julián del Casal

GUANTÁNAMO, Cuba. – Este 21 de octubre se cumplen 128 años de la muerte de Julián del Casal, uno de los más grandes poetas cubanos de todos los tiempos.

Del Casal nació en La Habana el 7 de noviembre de 1863 y cursó sus primeros estudios en el colegio de Belén, al que ingresó en 1870. Diez años después se graduó de bachiller y cursó estudios de derecho, pero no llegó a terminarlos.

Siendo estudiante fundó junto con otros compañeros el periódico clandestino y manuscrito “El Estudio”, donde –se asegura– publicó sus primeros versos, aunque su primera colaboración conocida en un órgano de prensa fue publicada en el semanario de ciencias, artes y literatura “El Ensayo”.

Fue Nicolás Azcárate –reconocido abogado, amigo de José Martí e intelectual habanero, alguien de quien muy poco se conoce actualmente en nuestro país–  el que introdujo a Casal en el mundo cultural al invitarlo al Nuevo Liceo, donde el poeta conoció a importantes intelectuales cubanos del momento, entre ellos al novelista Ramón Meza. Esa invitación le permitió acceder a la literatura de los principales autores de la época.

En 1888 viajó a España, pero poco tiempo después regresó a Cuba casi en la inopia.

En La Habana obtuvo empleo como corrector  de pruebas y periodista de “La Discusión”. Fue en ese período cuando comenzó su amistad con la familia Borrero, que tan significativa huella dejó en la cultura cubana.

Colaboró con importantes medios de prensa de la época como “La Habana Elegante”, “El Fígaro”, “La Habana Literaria”, “El Hogar” y “La Unión Constitucional”, entre otros.

Cuando Rubén Darío visitó La Habana, Casal logró conocerlo y cultivar su amistad. Darío le dedicó el texto “El clavicordio de la abuela” y el cinco de enero de 1893 Casal publicó en “La Habana Elegante” un artículo sobre Darío.

Casal está  considerado, junto con José Asunción Silva y Manuel Gutiérrez Nájera, fundador del movimiento modernista, que renovó la literatura castellana, y entre sus obras más destacadas se encuentran “Hojas al viento”, “Nieve” y “Bustos y Rimas”, aunque sus artículos y crónicas sobre la sociedad habanera constituyen ejemplos de la perfección formal que también alcanzó en su prosa.

Algunos estudiosos de nuestra literatura consideran a Julián del Casal como el típico intelectual aislado de la sociedad, pendiente de sus emociones y más preocupado por los hallazgos de una estética proyectada hacia la pureza formal que por su vinculación con la realidad.

En su obra “Lo cubano en la poesía”, Cintio Vitier lo consideró la antítesis de José Martí. Al respecto escribió: “Si Martí encarna entre nosotros las nupcias del espíritu con la realidad, con la naturaleza y con la tierra misma, Julián del Casal significa todo lo contrario. Su incapacidad radical para asumir la realidad, que unas veces interpreta como signo de idealismo, de pureza y anhelo irreconciliables con lo mezquino de la circunstancia, y otras, las más, como fatal impotencia de su ser, se resuelve en un estado de ánimo dominante: el hastío”.

El arte fue para Casal –sobre todo en la última década finisecular que terminó marcando su muerte– un refugio, una especie de urdimbre espiritual inevitable capaz de alejarlo de la cruda realidad.

Sin embargo, esa inclinación hacia la perfección formal que marcó toda su obra y algunos le critican por estar aparejada a la evasión de la realidad, no impidió que en determinado momento Casal escribiera un artículo sobre el Capitán General Sabás Marín y su familia, que provocó su despido como escribiente en la Intendencia General de Hacienda.

¿Qué habría hecho Casal de haber estado vivo cuando estalló la guerra necesaria el 24 de febrero de 1895? ¿Habría continuado practicando su habitual alejamiento de la realidad o le hubiera plantado cara, como hizo Carlos Pío Uhrbach?

Responder esas preguntas sin que exista el riesgo de la equivocación es imposible, porque siempre existirá la duda, siempre tendremos ante nosotros las cartas de la imaginación muy lejos de la certeza y cerca de la elucubración.

Pero de esas especulaciones sí escapa la obra de Casal, quien en solo 30 años logró vincularse por siempre a la historia cultural de la nación cubana.

ARTÍCULO DE OPINIÓN
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“El mar y la montaña”, obra cumbre de Regino E. Boti

Regino E. Boti, Cuba, El mar y la montaña

GUANTÁNAMO. — El 9 de agosto se cumplieron cien años de la publicación del poemario El mar y la montaña, del poeta guantanamero Regino E. Boti, quien junto con José Manuel Poveda está considerado uno de los renovadores del panorama poético cubano de inicios del siglo XX.

La última década del siglo XIX asestó golpes demoledores con las muertes de Julián del Casal y José Martí. A esas pérdidas irreparables se sumaron las de Juana Borrero y Carlos Pío Uhrbach, dos jóvenes promesas unidas por el amor y la tragedia.

Se ha señalado con justicia que fueron esos dos provincianos, orientales por más señas, quienes se encargaron de colocar a la poesía cubana nuevamente junto con la vanguardia hispanoamericana.

La impronta botiana en la lírica nacional comenzó con Arabescos mentales. Desde la publicación de Bustos y Rimas, de Julián del Casal, en 1893, y hasta el momento en que Boti publicó su primer poemario transcurrieron veinte años que algunos estudiosos han calificado como un lapso de acusada pobreza poética.

Aunque El mar y la montaña fue el segundo poemario publicado por Boti, cronológicamente es el tercero en haber sido escrito, pues La torre del silencio, publicado en 1926, contiene poemas escritos entre 1912 y 1919.

La diferencia entre los poemas publicados en Arabescos mentales y los de El mar y la montaña es evidente, pues en los últimos Boti demostró que se deslindaba de su anterior estética en busca de nuevos rumbos donde las esencias filosóficas y las vivencias del poeta —marcadas indeleblemente por su vocación pictórica— se mostraron más reconcentradas.

Un libro renovador

El mar y la montaña está considerado como el mejor libro del poeta guantanamero y un texto renovador de la poesía cubana.

Quien se adentre en las lecturas de esos poemas comprobará que no solo es menester para su comprensión y disfrute una lectura atenta, sino que también resulta imprescindible comprometer el alma con las resonancias de un lenguaje preciso, sugestivo e inquietante. No en balde el autor escribió en la introducción: “No debe ni puede leer este libro quien no sea artista y filósofo”.

Una de las características de El mar y la montaña resulta la concisión de los textos, la presentación de ideas como rayos que no desaparecen con la fugacidad de su destello sino que permanecen como resonancias inquietantes en el alma del lector porque Boti se apartó de toda ampulosidad para apostar por la brevedad formal y la contundencia del mensaje.

Como su nombre lo indica, Guantánamo y sus zonas colindantes adquieren peculiar relevancia en un texto donde puede advertirse una marcada influencia de la poesía japonesa, tan proclive a la brevedad.

Poemas de sorprendente plasticidad, como el titulado Vuelo, son nítidos ejemplos de esa nueva estética botiana:

“La gama de la tarde

me invita a soñar:

Blanco y azul:

un vuelo de gaviotas

sobre el ras del mar.

Ora es una Z,

ora un pez que va a saltar,

se aleja, se achica,

se acerca, se va…

 

Blanco y azul:

un vuelo de gaviotas

sobre el ras de la mar”.

Defensor de sus orígenes siempre retornó a su aldea natal, Guantánamo, inmortalizada en poema homónimo del poemario en estos cuatro versos:

“Aldea, mi aldea,

mi natal aldea,

término que clavó entre el mar y la montaña

la flecha siboney!”

Quien ha tenido la oportunidad de visitar la hoy deteriorada casa de Boti y en algún momento ha quedado solo con sus pensamientos en algunos de sus patios sembrados de plantas, seguramente ha imaginado junto a él la presencia del poeta, porque la casa es otra presencia indeleble en el poemario. Así pienso cuando recuerdo su poema “Luz” y su lugar de trabajo.

Lo imagino sentado entre el silencio y el último mensaje de la tarde, pensativo, anotando la idea para algún poema, cuya esencia, por mucho que se esfuerce, tampoco podrá aprehender. No en balde escribió para presentar su célebre poemario:

“Quien pueda y deba leer este libro, luego de gustarlo, que lo tire al fuego;-<<la llama es bella>>-porque le quedará errando en el espíritu la convicción íntima de que nuestro lenguaje como transmisor de las ideas y los sentimientos, y como expresión artística, es un miserable vaso tosco, incapaz por su estrechez y su rudeza de contener el matiz y la emoción. Amén”.

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Puente a la Vista convoca al Premio de Poesía Dulce María Loynaz 2021

(Foto: Puente a la Vista)

MIAMI, Estados Unidos. – El proyecto Puente a la Vista y sus amigos convocan al Premio de Poesía Dulce María Loynaz 2021, un evento que tiene como principal objetivo promocionar la poesía y a los poetas cubanos más allá de sus afiliaciones o lugar de residencia.

Según una nota difundida por sus organizadores, en el concurso podrán participar todos los poetas cubanos residentes en Cuba o fuera de ella, aunque solo se podrá presentar un libro por autor, que tendrá que ser original e inédito.

La información añade que quedarán excluidos de la convocatoria aquellos volúmenes que hayan sido premiados en cualquier otro certamen. La extensión mínima será de 1 500 versos y la temática libre.

El original, a enviarse por correo electrónico, será encabezado con el título del libro y un seudónimo del autor. En un segundo archivo (datos del autor) adjunto al mismo correo el concursante incluirá su nombre completo, dirección de domicilio, teléfono, dirección de correo electrónico y currículo.

Puente a la Vista destaca que los libros se enviarán en formato Word y con tipografía a discreción del autor.

Las obras deben ser remitidas al email [email protected] con el asunto o encabezamiento CONCURSO DE POESÍA 2021. De enviarse con otro asunto o encabezamiento en el email, serán descalificadas.

Las obras presentadas al concurso no podrán estar comprometidas para publicación ni participación en otro certamen. Asimismo, la utilización de formatos PDF u otros que no sean Word, o de ilustraciones o fotos junto a los poemas, llevará a la descalificación.

Los autores serán informados de su participación en el concurso a través de su correo electrónico, tras recibirse sus obras.

El primer premio del concurso recibirá $1 000 USD y el segundo $500 USD. El premio en metálico será único e indivisible en ambos casos e implicará, además, la publicación de la obra por Puente a la Vista Ediciones –con todos los derechos cedidos al autor de la misma– y 10 ejemplares gratuitos.

El plazo de admisión cierra el 31 de agosto de 2021. Los resultados se darán a conocer en octubre de 2021. Los organizadores no mantendrán correspondencia con los participantes y solo se dirigirán a los ganadores para anunciarles el resultado.

El jurado que analizará las obras a concurso estará integrado por escritores, críticos y/o editores radicados en la Isla y el exterior.

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Carolina Barrero: entre la poesía, el diálogo y la resistencia

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Carolina Barrero. Foto cortesía de la entrevistada

LA HABANA, Cuba.- La sensibilidad y sencillez de Carolina Barrero Ferrer enamora, seduce, incluso sin conocerla personalmente. El 27 de enero de 2020, frente al Ministerio de Cultura de Cuba, era ella quien sostenía, como un talismán, el libro de Poesías Completas de José Martí. Lo leía una y otra vez; era esa su principal arma contra la censura y la represión: Martí y la poesía.

En su prolífero currículum destaca por su trabajo tanto en Cuba como en España. Estudió la carrera de Física durante dos años, en la Universidad de La Habana, luego se trasladó a la Facultad de Artes y Letras de la misma Institución, donde se graduó como Licenciada en Historia del Arte; poco después obtuvo un Máster en Instituciones Culturales por la Universidad Complutense de Madrid.

Entre 2013 y 2014 formó parte del equipo curatorial de la XII Bienal de La Habana. En 2015 fue becaria del Museo Nacional del Prado, uno de los más importantes del mundo; y desde 2016 ha trabajado en galerías de arte de Madrid, como “Elba Benítez” y “Travesía Cuatro”. En 2019 fue invitada a participar en la organización del programa de coleccionistas de la feria Drawing Room, la única feria de dibujo contemporáneo de España, la cual reúne a numerosos galeristas nacionales e internacionales.

¿Qué te llevó el 27 de enero de 2020 a protestar frente al Ministerio de Cultura?

Esa mañana yo no iba al Ministerio de Cultura, iba a la estatua ecuestre de Martí que está en la Avenida del Puerto. Tampoco iba a protestar, sino a recordar, a no ser que la memoria del poeta ofenda a alguien. Lo he contado en el testimonio que escribí para Rialta. A esa hora, bajo el influjo de no sé qué suerte de inquietud, la Seguridad del Estado cubana decidió impedirlo con el despliegue de una nueva serie de detenciones a artistas y periodistas, entre los que te encontrabas tú.

Es inaceptable que continúe este tipo de reacción por parte del Estado. Nosotros, los ciudadanos, tenemos el derecho pero también el deber de impedirlo. La violencia institucional y la represión no caben en ninguna idea de país que queramos defender o construir. Por eso llegué hasta las puertas del Ministerio.

Ese día leían el poema de José Martí “Dos Patrias”. ¿Por qué leer poesía en medio de una protesta pública?

La poesía tiene la potencia de conjurar lo que escapa al lenguaje llano. La forma poética exprime las posibilidades de la palabra hasta destilar esencias inefables. En esa posibilidad, la poesía derrama sobre el orden aparente de las cosas una sustancia que visibiliza los contornos desgastados de la forma bajo la lima de la costumbre; una ráfaga que destapa volúmenes cubiertos por el velo siniestro de la indiferencia y el hastío. Como un conjuro que de golpe irrumpe para quebrar el hechizo, tal es la potencia de la poesía sobre el orden del mundo.

Eso queríamos, en última instancia, frente al Ministerio: hacerlos despertar.

¿Ha sido esta la primera ocasión que has resultado detenida, interrogada, amenazada y, en definitiva, sometida a tratos crueles, inhumanos y degradantes? ¿Qué ha significado para ti esta experiencia?

No era la primera vez. Hace muchos años, cuando yo era estudiante de bachillerato tuve un encuentro con la Seguridad del Estado. Era una clase de Cultura Política sobre la democracia, un recuento que partía de los orígenes atenienses para muy rápido desembocar en la ley electoral cubana. Mi respuesta de estudiante causó tal preocupación a la Seguridad del Estado que terminaron por cerrar el preuniversitario urbano Manolito Aguiar, y casi me cuesta mis estudios de Física, la carrera que entonces quise estudiar y que me había sido preotorgada por concurso.

Recuerdo que, como ahora, no sentí miedo, pero sí tristeza; un dolor que se me mezclaba con el impulso de una fuerza. En ese entonces no me detuvieron, pero sí me interrogaron. Venían acompañados del mismo repertorio de fabulaciones delirantes que todavía sostienen. Tan difícil les resulta aceptar la respuesta simple, clara y serena que mueve el sentido de lo justo y bueno.

Luego te sumaste a la iniciativa del 27N y del MSI de exigir la renuncia del Ministro de Cultura Alpidio Alonso Grau, por los violentos sucesos que él desencadenó el 27 de enero. Tres días más tarde, pese a todo el operativo policial, lograste llegar al Capitolio Nacional, sede del Parlamento cubano, para continuar con esta exigencia. Ese día resultaste detenida igualmente; el 4 de febrero fuiste secuestrada en la vía pública, y en esta ocasión te amenazaron con imponerte un delito. ¿Qué sucedió ese día? ¿De qué se te acusa? ¿Por qué crees que te estén amenazando de esta manera los órganos represivos cubanos? ¿Cómo piensan afrontar esto?

El Ministro Alpidio Alonso Grau debe dimitir. Y si no tiene el decoro de hacerlo, la Asamblea Nacional debería de cesarlo. Mucho me preocupa que algo así se tenga que explicar. Las imágenes que muestran su comportamiento hablan por sí solas. Cualquier estado que se precie de serlo no puede permitirse aceptar la violencia por parte de los funcionarios públicos que representan a la ciudadanía. Solveing Font y yo acudimos ante la Asamblea Nacional de Cuba el día 3 de febrero para entregar una petición legal amparada por la legislación vigente, según el artículo 8 de la Ley de Revocación de Mandato y el artículo 61 de la Constitución, en representación de más de mil personas que suscribieron la petición. Un número que a día de hoy continúa creciendo.

Al día siguiente, el 4 de febrero, cerca de las nueve de la mañana, la Seguridad del Estado me detuvo mientras caminaba por la calle Aguiar. Lo hicieron sin un mínimo de respeto, sin que mediara una palabra que explicara el motivo de la detención. De la nada, un hombre vestido de civil vino por la espalda, me arrebató el teléfono y me tiró dentro de una patrulla. Parecía más un asalto o un secuestro que una detención policial.

En el camino a la estación de Infanta y Manglar sucedió algo sobre lo que no dejo de pensar. Todavía en la Habana Vieja la patrulla se detuvo un momento a media cuadra, otro carro bloqueaba el paso. En ese momento un hombre que parecía octogenario se acercó a pedir auxilio, alguien le había arrebatado algo que al parecer llevaba en las manos. Los policías que me llevaban no lo dejaron terminar de explicarse, con condescendencia y atrofia, dijeron que reportarían su caso, que ya vendría alguien. No llamaron a nadie desde la patrulla, no lo reportaron al llegar a la estación. En lo que quedó de trayecto varias veces intenté que reaccionaran, que hicieran lo que efectivamente es su trabajo. No tuve respuesta.

Ya en la estación me dejaron en una oficina bajo la custodia de dos oficiales vestidas de civil, del cuerpo que llaman Marianas. Pasaron cerca de tres horas, yo seguía sin saber el motivo de la detención. Ahí me paré. Le dije a las mujeres que iba a salir, y que la única manera de pararme era diciéndome el motivo de mi detención o moliéndome a golpes. Les dije también que aunque ellas siguieran órdenes no estaban obligadas a pegarme, tenían la opción de decir que no. Estuvimos diez minutos forcejeando, yo empujaba con fuerza, no las tocaba, ellas me tiraban contra la pared y me apretaban las muñecas hasta cortarme la circulación, en un punto me miraron cansadas, desesperadas, se sentían mal. Buena parte de la estación vino a ver qué pasaba, entre ellos la agente (Teniente Coronel) Kenia (Kenia María Morales Larrea). Poco después me interrogó.

Tenía mucha rabia, no entendía “por qué yo había incluido los versos de Dos Patrias en lugar de los Zapaticos de Rosa, por ejemplo”. No entendía nada. Me di cuenta muy rápido de que Kenia había decidido hacerme la denuncia por el delito de Clandestinidad de Impresos antes de dejarme hablar. El tiempo del interrogatorio fue básicamente para gritar, insultar y amenazar. Cuando terminó le dije, “haz lo que tengas que hacer, sé que no he cometido delito, lo volvería a imprimir mil veces más”.

Ya he contado que el día 6 de febrero me citaron a la estación de la calle Picota para informarme que se había abierto un expediente de investigación penal por el delito de clandestinidad de impresos, que el proceso duraría hasta diez días hábiles durante los cuales se me recomendaba abandonar el país. Una sugerencia inaudita por parte de la policía, se sabe que una investigación penal acaso sea la única razón por la que a una persona se le puede impedir abandonar el territorio nacional. El día 19 de febrero se cumple ese plazo. Hasta ahora nadie ha venido a devolver el iPad que me requisaron ese día, ni a notificarme sobre la fecha de inicio de la instrucción judicial o la retirada de la denuncia. Quiero decir que no voy a aceptar una opción intermedia, ni haré otra cosa de lo que ya he declarado públicamente.

Merecemos vivir en un Estado de Derecho, donde se respete la presunción de inocencia, el derecho a que la parte acusada se reconozca como parte del proceso de investigación y pueda nombrar un abogado desde el momento de la acusación, el derecho a tener un juicio en toda regla y no un juicio político que se trasviste en la forma sumaria.

Desde noviembre de 2020, fundamentalmente desde el 27, en Cuba los artistas, intelectuales y periodistas independientes están exigiendo al Ministerio de Cultura y al gobierno cubano una serie de demandas, sobre todo relacionadas con el reconocimiento y respeto de la libertad de expresión, el cese de la censura y la represión. Pero, ¿qué hacer cuando las instituciones se niegan a la apertura y al diálogo con la sociedad civil independiente y, además, recurren a campañas de descrédito en los medios oficiales y a amenazas como las que te han hecho?

Creo que debemos aparcar la apatía, la resignación, la indiferencia, el extremismo estéril e inexacto, pero, sobre todas las cosas, debemos de aparcar el miedo. Hablo de todas las partes, y de todos los miedos. En Cuba tenemos que tejer una conversación común, un estado de reconciliación. Yo creo que nos unen más cosas de las que nos separan. Se lo dije a los agentes que me interrogaron después de Kenia ese día, y que acaso parecían escuchar mejor.

¿Cómo, desde el arte, se pudiera contribuir a esa cultura de resistencia y transformaciones definitivas y necesarias en Cuba?

No creo que Cuba necesite una cultura de la resistencia, creo que necesita una cultura de participación ciudadana. De eso es de lo que se trata una República, de mantener viva una conversación sobre lo común, sobre cómo queremos, en definitivas, organizarnos en sociedad. El proyecto social del 59’ muy pronto invirtió este orden social para colocar, en primer lugar, el derecho de la Revolución a existir, por encima de cualquier derecho ciudadano, por encima del pueblo para el cual se suponía había nacido. El arte, la poesía, tienen la capacidad de transitar por encima del lenguaje, de increpar con asertividad la persistencia de los símbolos, las fábulas, los mitos. Ahí reside en última instancia su capacidad de creación, su potencia generadora.

“Dos patrias tengo yo: Cuba y la noche”, dice el poema de Martí, ¿qué es para ti la patria?

Muchas veces la pregunta vale más que la respuesta. Este es, sin duda, uno de esos casos. La patria es un telos, una búsqueda de los fines de la vida común en la espléndida diferencia. La territorialidad se hace aquí inevitablemente estrecha, la patria crece siempre allá donde viaje la memoria, en el mapa de afectos que une los orígenes de los pueblos.

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Gastón Baquero, un poeta imprescindible

Gastón Baquero, Cuba

Gastón Baquero, Cuba
Gastón Baquero (Foto: Isliada)

LA HABANA, Cuba. – No fue hasta el año 2001, cuatro años después de su muerte en el exilio, cuando permitieron la impresión por la editorial Letras Cubanas de La patria sonora de los frutos, una antología de poemas de Gastón Baquero realizada por Efraín Rodríguez Santana,

Desde 1959, Baquero, uno de los mejores poetas que tuvo no solo este país, sino Hispanoamérica toda en el siglo XX, estuvo prohibido en Cuba. Fue borrado de los anales literarios, como si nunca hubiese escrito un verso, como si no existiera su poesía inmensa. Incluso hoy no es tenido en cuenta por la cultura oficial. Su culpa fue haber ocupado un puesto oficial en el régimen de Batista. Para no ser enviado a la cárcel, como si se tratara de un criminal de guerra y no de un simple funcionario de un ministerio, tuvo que ocultarse hasta que consiguió, en marzo de 1959, gracias a las gestiones del gobierno de España y yendo resguardado hasta el aeropuerto por tres embajadores, irse de Cuba.

Radicado en Madrid, trabajó en el Instituto de Cultura Hispánica y en Radio Exterior de España, lo que durante muchos años le robó tiempo para dedicarse a la poesía. Ya eso le había ocurrido en Cuba, en los años 50, cuando luego de escribir algunos de sus mejores poemas (Testamento de un pez, Palabras escritas en la arena por un inocente) como integrante del Grupo Orígenes, para ganarse el sustento, tuvo que dedicarse al periodismo y a trabajar como funcionario gubernamental.

Baquero, un hombre pacífico, tolerante, “en el buen sentido de la palabra, bueno”, como de haberlo conocido lo hubiese definido Antonio Machado, se vio obligado por circunstancias de la historia a transitar consecutivamente por tres dictaduras: la de Fulgencio Batista, la de Fidel Castro y la de Francisco Franco. Por suerte, pudo vivir sus últimos 22 años en democracia, pero lejos de su tierra, en el exilio.

Nunca se dejó vencer por las adversidades. Teniendo en contra las circunstancias de ser negro, provinciano, de origen humilde y homosexual, logró abrirse paso sin complejos ni amilanamientos.

Gastón Baquero fue un hombre de derechas, conservador, que rechazaba las revoluciones. Pero jamás excluyó ni rehuyó a alguien por motivos políticos. Todo lo contrario. Cuando en los años 40 y principios de los 50 fue jefe de redacción del Diario de la Marina, no tuvo reparos en compartir espacios con su colega el poeta comunista Nicolás Guillén (lo cual, teniendo en cuenta que la Marina era un periódico muy conservador, dice mucho de la libertad de prensa existente en Cuba antes de 1959.

Pero cuando más se puso de manifiesto su nobleza, tolerancia y espíritu ecuménico, fue en el exilio. Lejos de amargarse y emponzoñarse, siguió viendo y defendiendo a la cultura cubana como un todo inseparable (su libro Poemas Invisibles, de 1991, lo dedicó a los apasionados por la poesía “en cualquier sitio de la plural geografía de Cuba”). Sin rencores, siguió en contacto con sus colegas de la Isla y no rompió con los amigos de antaño que se integraron a la cultura oficial. Durante sus últimos años, y hasta su muerte, ocurrida en 1997, abogó y participó en reuniones entre escritores de la Isla y del exilio. Porque como Baquero no se cansaba de repetir, para él era una satisfacción y un honor pertenecer a una colectividad que consideraba muy valiosa e importante, con un significado y un sentido, y siempre presente, aun “en los momentos más oscuros de la historia nuestra”: la de “los poetas cubanos donde quiera que se encuentren”.

Decía Baquero: “El orgullo común por la poesía nuestra de antaño, escrita en o lejos de Cuba, se alimenta cada día al menos en mí, por la poesía que hacen hoy -¡y seguirán haciendo mañana y siempre!- los que viven en Cuba como los que viven fuera de ella. Hay en ambas riberas jóvenes maravillosos. ¡Benditos sean! Nada puede secar el árbol de la poesía”.

Para Baquero, la poesía estaba por encima de todo sectarismo político. Decía que los que sometían la apreciación de un poeta a circunstancias políticas “son unos enemigos mortales de la poesía y sembradores sempiternos de guerras civiles”.

No obstante, nunca dejó de ser un anticomunista convencido, que recitaba en voz alta a Mallarmé, “mientras el camarada Stalin leía monótonamente su informe anual al Partido”, y que, en los momentos en que el dictador soviético enumeraba tanques, cañones y tractores, decía, “nevar blancos racimos de estrellas perfumadas”.

No renunció a denunciar al castrismo y a refutar sus artimañas, como cuando respecto a la manipulación fidelista del pensamiento martiano, escribió: “No hay comparación posible entre Martí y la realidad cubana actual. Es algo de pena que alguna persona se atreva a equiparar la personalidad de Martí o a poner a Martí como precursor de todo esto: de las colas, del hambre, de la dictadura”.

Cintio Vitier, que conocía a Gastón Baquero desde los tiempos de Orígenes y lo describía como “un mulato con rostro de príncipe africano”, definió su obra como “deslumbrante isla tras la niebla que oscila entre la vida y la imagi­nación, entre la emoción y la invención, entre la poesía y la persona”.

Pero Baquero, un poeta imprescindible, con su habitual modestia, confesaba: “A mí me da mucha pena no haber hecho la poesía que yo realmente apreciaría más, de ruptura, el gran himno, el gran grito, la poesía en grande, en una palabra, sin prejuicios, sin trabas, sin lastre”.

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Dan a conocer ganadores del primer Premio de Poesía Intertextual José Martí

poesía premio
Dan a conocer ganadores del primer Premio de Poesía Intertextual José Martí (Foto archivo)

MIAMI, Estados Unidos.- El proyecto Puente a la Vista dio a conocer este martes 7 de julio los resultados del Premio de Poesía Intertextual ‘José Martí’ 2020, basado en los Versos sencillos del célebre poeta y político cubano.

Los miembros del jurado, constituido por los poetas y editores María Eugenia Caseiro, Adalberto Guerra y J.L. Serrano, otorgaron los cinco primeros lugares a los concursantes José Alberto Velázquez, Ghabriel Pérez, Rafael Vilches, Eduardo Clavel Rizo y Lester Flores López.

La ideología brutal / nos rompe el sueño y la casa. / La fiebre del miedo arrasa / el tétrico carnaval. Rezan los versos del poeta y narrador José Alberto Velázquez (Las Tunas, Cuba, 1978), quien obtuvo el primer lugar: Pocos salieron ilesos /  del odio del dictador. / La patria, más que un dolor, / era un puñado de presos.

Un total de 13 finalistas superaron el primer corte: Alain de León, Eduardo Clavel Rizo, Ghabriel Pérez, José Alberto Velázquez, José Rodolfo Rodríguez, La Hoguera (seudónimo), Laura de Cuba (seudónimo), Lester Flores López, Madeline Pedroza, Marlene Denis, Nelson Machín Viera, Rafael Vilches y Rob Marquez.

El jurado tuvo en cuenta, de cara a la evaluación de los poemas finalistas, elementos como la sencillez, el humor, la novedad y la actualidad.

Los versos premiados

Además del poema ganador del premio principal, de José Alberto Velázquez, otros cuatro premios fueron otorgados por el jurado, según estipulaban las bases del concurso.

A continuación, los otros poemas ganadores:

Pediste un ramo en la losa

de flores y una bandera

no la ortiga ni la osera

al costado de tu hermosa

mansión, una mariposa

cruza trémula la mar,

llora Ifigenia y Pilar,

contra el cruel que la fulmina,

le dice a la bailarina:

No sé, yo no puedo entrar.

(Ghabriel Pérez)

 

Martí vio vivir a un hombre

con el puñal al costado,

no supo que aborregado

vivo hasta hoy en su nombre.

Sus ideas de prohombre

tergiversan a su antojo.

Yo, vivo-muerto, me arrojo

junto a la estrella apagada

y calculo mi estocada

contra un poder viejo y rojo.

(Rafael Vilches)

Odio la máscara, el hado,

el oprobio del poder,

la hipocresía de vender

un Martí sincretizado.

Denle al tirano el placer,

la gloria al verdugo que ata,

a mí, la que alumbra y mata

luz de un nuevo amanecer.

(Eduardo Clavel Rizo)

Yo soy un hombre siniestro

de donde imprimen el Granma

y antes que leerlo muestro

al censor con rayos gamma.

La imagen martiana es ley,

porta la doble moneda,

ni el “patria o muerte” me queda

si en dólar recauda el rey.

(Lester Flores López)

 

“En tiempos de Internet, la poesía intertextual es también poesía interactiva”, apuntaban las bases del certamen. “La intertextualidad, relacionada con la paráfrasis y la parodia, pasa por la interacción entre textos de diferentes autores tanto en la creación como en la comprensión del mensaje directa o indirectamente sugerido”.

El Proyecto Puente a la Vista y su directora, Idabell Rosales, agradeció al jurado y a todos y cada uno de los participantes que atendiendo a la convocatoria del Premio de Poesía Intertextual José Martí enviaron sus trabajos. Por una cultura en libertad.

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Puente a la Vista convoca al concurso de poesía intertextual José Martí 2020

premio literatura poesía josé Marti cuba cubana

premio literatura poesía josé Marti cuba cubana
(Toma de pantalla)

MIAMI, Estados Unidos. – El proyecto independiente Puente a la Vista convoca al Primer Premio de Poesía Intertextual José Martí 2020 con base en los Versos Sencillos, una de las obras poéticas más relevantes del Apóstol de la independencia cubana.

Según las bases del concurso, divulgadas mediante una nota de prensa de Puente a la Vista, podrán participar todos los internautas, cubanos o extranjeros, residentes o no en Cuba, a través de sus cuentas en Twitter o Facebook.

Solo se podrá presentar una obra por autor, que tendrá que ser original e inédita. La extensión mínima será de cuatro versos y la máxima de ocho. Las obras deberán cumplir el formato de cuarteta o redondilla.

De acuerdo con la convocatoria, el jurado que analizará los versos en concurso estará integrado por poetas, editores y humoristas radicados en Cuba y el extranjero, y tendrá en cuenta “elementos como la sencillez, el humor, la novedad o la actualidad”.

Asimismo, los versos concursantes deberán abordar temas como la liberación de Cuba, la denuncia contra la represión cultural en la Isla (Decreto 349, secuestros y encarcelamientos, “regulados”, etc.), y las tergiversaciones del pensamiento martiano y su utilización como soporte propagandístico del régimen cubano.

En el caso de los versos publicados en Twitter, Puente a la Vista orienta mencionar al final al usuario @PuentealaVista y la etiqueta #Marticoncursa.

En Facebook, mientras tanto, se podrán publicar los versos directamente en la página Puente a la Vista (https://www.facebook.com/puentealavista/ ), también con la etiqueta #Marticoncursa.

La nota también aclara que las obras presentadas al concurso no podrán estar comprometidas para publicación ni participación en otro certamen. Puente a la Vista determinará cinco ganadores y otorgará un primer premio dotado con 200 dólares americanos. Los otros cuatro recibirán 100 dólares cada uno.

El plazo de admisión cierra el 1 de junio de 2020. Los resultados se darán a conocer en julio de este año en Facebook, Twitter y varios medios de prensa.

Puente a la Vista justifica el certamen en el valor de la poesía interactiva en tiempos de internet. La convocatoria ofrece los siguientes ejemplos a los potenciales participantes:

Si ves un monte de bruma

no es un monte lo que ves:

Es la censura, el estrés,

el comunismo que abruma.

(Puente a la Vista)

Abruma el vil desamor

sembrado por el tirano,

abruma el susurro vano

del cómplice trovador.

(Dashel Hernández)

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Poetisa cubana Lina de Feria recibe el Premio Nacional de Literatura 2019

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Lina de Feria (foto: En24)

LA HABANA, Cuba. – La poetisa y ensayista cubana Lina de Feria Barrio mereció el Premio Nacional de Literatura 2019, concedido en reconocimiento a una de las voces de la poética femenina actual con mayor relieve en Cuba, anunció este viernes el Instituto del Libro de la isla.

Lina de Feria, graduada de Filología en la Universidad de La Habana, en 1976, ya había estado nominada en el año 2005 al Premio Nacional de Literatura de Cuba.

La escritora, nacida en Santiago de Cuba en 1945, cuenta con una veintena de libros publicados, ha trabajado como redactora y editora en diversas publicaciones en serie, a la vez que ha realizado una profunda labor como creadora.

En su trayectoria acumula otros galardones como el David de la Unión de Escritores y Artistas de Cuba, en 1967, por su libro “Casa que no existía”, y el premio Nicolás Guillén (2008), convocado por el Instituto Cubano del Libro y la Editorial Letras Cubanas, por el cuaderno “Ante la pérdida del Safari a la jungla”.

También ha recibido en cuatro ocasiones el Premio Nacional de la Crítica, tras la publicación de los poemarios “A mansalva de los años”, 1990; “El ojo milenario”, 1995; “Rituales del inocente”, 1996 y “A la llegada del delfín”, 1998.

A ello sumó en 1999, el Premio Internacional de Poesía Raúl Hernández Novas por su título “El libro de los equívocos”.

Lina de Feria ha sido asesora y crítica literaria, editora e investigadora, y está considerada una de las voces más peculiares de su generación.

Además de haber ofrecido recitales de su poesía en Canadá, México y Estados Unidos, figura en múltiples antologías poéticas publicadas en esos países y otros como España, Francia, Gran Bretaña, Austria, Suiza, República Checa, Venezuela, Argentina, Chile, Uruguay y Nicaragua.

(EFE)

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El gran poema radial a La Habana

La Habana

(Foto: Facebook/Cortesía del autor)

MIAMI, Estados Unidos. – Luces… Sonido… Se alza el telón de la memoria… Así comienza Memoria de La Habana, que se describe como una “rebelión contra el olvido”.

En 2019 se festeja el 500 aniversario de la fundación de San Cristóbal de La Habana y en la ciudad se habla mucho de eso, pero los homenajes son oscurecidos por los nuevos días de crisis. Mientras tanto, en la Cuba de Miami se realiza una de las más efectivos celebraciones de la fecha: un programa de radio que no fue concebido con ese propósito y que, además, se transmite desde hace cuatro años.

De hecho, Memoria de La Habana nació en 2001 al otro lado del Atlántico, junto al Mediterráneo europeo, en Barcelona, gracias a que el poeta Ramón Fernández-Larrea quiso rescatar la ciudad de nuestros antepasados, cuando era una auténtica maravilla según todos los testimonios y no una broma de la fundación suiza New7Wonders.

En un artículo de esa época, Fernández-Larrea, hablando del naciente programa musical, cita a Alejo Carpentier: “La Habana es la ciudad de lo inacabado, de lo cojo, de lo asimétrico, de lo abandonado”. Así que todo comenzó por una nostalgia, pero desde el principio quiso ir mucho más allá.

(Foto: Facebook/Cortesía del autor)

“En la infinitud de la distancia, surgió la sed de conocer qué decían los susurros que vi siempre, de niño, en los labios de mi madre. Bajo qué cielo caminaban mis abuelos, o qué música les hizo tocarse las manos por vez primera”, contaba el poeta y realizador radial: “La curiosidad de saber a dónde iba me obligó, serenamente, a investigar de dónde venía. Entonces comenzó el descubrimiento de una gran ciudad”.

Y ahí está la clave. Lo que se nos propone no es, por tanto, una operación de nostalgia, sino una incursión de descubrimiento, una inmersión a las profundidades de un mundo hundido en las aguas del tiempo. Porque, naturalmente, La Habana es la metáfora de todo un país en cierta época.

Cuando en la capital confluían la música, el arte, la creatividad de toda una nación, y la vibrante urbe incluso se desbordaba alrededor y contaminaba con sus canciones las noches de México y de Estados Unidos, y hasta en la lejana Europa sonaba la banda sonora de la leyenda habanera. A la capital del Golfo acudían a triunfar primero los que luego saldrían a conquistar el mundo.

Ya está en escena la música cubana…

Pero Memoria de La Habana, apoyándose en la música —un reservorio alucinante de viejos números—, nos lleva en cada edición a recorrer un tema, un personaje, un lugar, un suceso de relieve que, por milagroso empalme de la producción y del guion, guarda relación con las piezas sonoras que se nos regala.

Y pasan por nuestros oídos las voces de Beny Moré, Pacho Alonso y Anacaona; de Senén Suárez, las D’Aida, Vicentico Valdés y el Trío Matamoros; de Esther Borja, Los Compadres, Celia Cruz y Ñico Saquito; de Rolando Laserie, Armando Bianchi, Celina Cruz, Rosita Fornés y Barbarito Diez…

Y entre canciones se nos cuenta sobre Liborio, el personaje creado por Ricardo de la Torriente en 1900; sobre el Hospital Calixto García, la institución hospitalaria de mayor importancia histórica en el país, y sobre el béisbol que introdujeron hacia 1860 cubanos que estudiaban en Estados Unidos y marineros americanos que hacían escala en nuestros puertos…

Sobre la Corte Suprema del Arte, mítico programa radial que resultó un semillero de grandes figuras, sobre la legendaria Tremenda Corte que esculpió a sus protagonistas en la historia del humor cubano, sobre la Constitución del 40, sobre ese ‘rey de los campos de Cuba’ que se llamó Manuel García o sobre el primer samurái que desembarcó en La Habana…

Aunque el espíritu que anima el proyecto radial sigue siendo el mismo de Barcelona, en su versión de Miami, como es natural, han cambiado algunas cosas. En primer lugar, ahora la audiencia es otra. Nada menos que el mayor asentamiento de cubanos fuera del país: la Cuba de Miami. Por otro lado, el nuevo equipo resultó, por fortuna, no tan nuevo.

Ramón Fernández-Larrea grabando MLH en Barcelona, año 2001 (Foto: Cortesía del autor)

La voz elegante y otros cómplices

“Tengo acompañándome y protegiéndome la voz elegante de un cómplice de muchas aventuras, Danilo José”, declaró Fernández-Larrea al principio de esta segunda temporada del proyecto, refiriéndose al lamentable fallecimiento del gran locutor. No obstante, quedaron suficientes grabaciones suyas como para no tener que recurrir a otra voz.

Al poeta y humorista —que escribe, produce musicalmente, conduce y dirige Memoria de La Habana— lo acompaña otro viejo colaborador, Jaime Almiral Jr., “el mago de la edición”, quien, lo mismo que Danilo José, formó parte de esa leyenda de la radio cubana que fue El programa de Ramón. Completan el equipo Herick de Haro Pineda (Web Master y Development) y Miguel Grillo, que, demostrando gran olfato, compró el espacio y se atrevió con la producción.

Otros detalles marcan la diferencia. Uno determinante es que este programa no se apoya en el gusto musical del oyente y, sin pretender excluir ni remotamente al público más joven, se basa por completo en una sonoridad que tiene más de medio siglo, porque se trata de un viaje en el tiempo. Toda esa música, confiesa el realizador, “gracias a Dios, la tengo porque la he ido coleccionando”.

La información la consigue en su propio archivo o en internet y “lo único que me hace falta es un micrófono y una computadora para grabar”. Y, claro está, flotando en la atmósfera todo el tiempo, hay un toque de humor.

Esta es la memoria de una ciudad

“Para saber qué somos tenemos que conocer lo que hemos sido”, dice otro eslogan del programa, y aquí insiste Fernández-Larrea con una cita de José Martí: “Cuando se está contento con su pasado, se habla de él. Cuando no se habla de él es porque su recuerdo pesa y avergüenza”.

Este realizador, que no se considera especialista de música tradicional cubana ni musicólogo, sino amante dedicado y musicógrafo, se ve más bien como “un coleccionista de música y de recuerdos” que ha hecho “el programa que yo mismo quería escuchar”.

Pero debemos subrayar que no se trata de un ejercicio de nostalgia ni de un lamento. Puede haber un reproche por la sombra que se abate sobre la que fuera la bella capital azul del Caribe, pero tampoco deviene visión arqueológica del perito que desentierra cadáveres. Memoria de La Habana resulta, sí, una alabanza agradecida, una constancia de la suave tristeza ante lo irrevocable de la historia y una advertencia firme contra la amnesia que nos hace extraviar el rumbo.

Pero, sobre todo, este programa es una interminable canción de amor a La Habana. Evocando la ciudad perdida e irrecuperable, el poeta inventa una Habana que podemos llevar con nosotros a cualquier parte y que ya nunca muere.

Juglar que anduvo las urbes del mundo, Ramón Fernández-Larrea, con este gran poema radial, épico y lírico a la vez, le canta a La Habana perdida en el tiempo y en la geografía que él ha sabido guardar para sí mismo. Y para nosotros.

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Vale más un planeta sin dictadores que toda la poesía de este mundo

Miguel Barnet Cuba

cuba castro
Miguel Barnet y Raúl Castro. Foto archivo

LA HABANA, Cuba.- Hace unos días, en el periódico comunista de Raúl Castro, el poeta Miguel Barnet publicó un extenso artículo donde dice que un minuto de poesía vale más que todas las armas del mundo.

Entre el 27 de abril de 1959 y hasta 1989, con el desplome del campo socialista, el poeta no hubiera podido publicar ese escrito. Fidel y Raúl Castro establecieron la guerra en América Latina a través del envío de armas en avión, invasiones y guerrillas, por espacio de largos años.

En fecha bien temprana, el antes mencionado 27 de abril de 1959,  los Castro enviaron a Panamá una expedición compuesta por ochenta cubanos y decenas de panameños bien armados quienes desembarcaron en la aldea de Nombre de Dios. La invasión fracasó, fueron capturados los hombres y Fidel negó públicamente su participación.

Otra segunda expedición armada de revolucionarios cubanos partió el 13 de junio del mismo año desde Oriente hacia Santo Domingo, y fue derrotada. Trece días después República Dominicana rompió relaciones con Cuba.

El 14 de agosto del mismo año (1959) fracasó otra invasión, esta vez a Haití, también organizada y dirigida por Fidel y Raúl Castro. Días después también Haití rompió relaciones con Cuba.

Tres años después, en 1962, Cuba se llenaba de misiles, con un alcance superior a las mil millas, y Fidel Castro pidió a la URSS que atacara primero en una guerra nuclear contra EE.UU.

¿Este principio lo recordará el poeta, cuando él no escribía versos de barricadas, sino sobre piedras finas y pavos reales?

A los hermanos Castro más les interesaba la guerra que el bienestar económico de la isla. Nunca se dieron por vencidos. El 2 de febrero de 1989, unos días antes de que regresaran las tropas cubanas de África —el régimen admitió unas dos mil 300 bajas, la mayoría en Angola— y Etiopía devolvió varios contingentes de la Isla, y oscuros nubarrones de la economía cubana se veían en el cielo cubano.

Fidel viajó a Venezuela ese año 89 para la toma de posesión de Carlos Andrés Pérez, en su segundo mandato, pero su propósito no era asistir a la toma de gobierno, sino establecer reuniones secretas con líderes izquierdistas con el objetivo de que dieran un golpe de estado. Para eso, el Iluminado llevaba en tres aviones de Cubana de Aviación numerosas cajas de armas —rifles de francotiradores en su mayoría—, depositadas en el Hotel Eurobuilding, tomado por el G2 días antes para la seguridad de Fidel.

El 27 de ese mes se desató el trágico Caracazo, donde murieron miles de venezolanos, y cuyo autor principal fue Fidel Castro.

Derrotadas las guerras de los dos hermanos comenzó el Período Especial. Impedidos de financiar a los antiguos y desgastados guerrilleros, decidieron mandar médicos para obtener buenas ganancias de los mismos, en franca violación de la trata de personas.

Pero dime, ya para terminar: ¿quiénes son los que han decidido tomar las riendas de nuestro destino, si no los comunistas en el poder, los villanos? ¿Acaso se han hecho verdaderas elecciones directas, libres, democráticas, generales, como Dios manda, para saber cuántos cubanos prefieren el socialismo, fracasado desde el siglo pasado?

Dices que cuando no hay arte en la política ocurren catástrofes. Bien Barnet, te contaré de las catástrofes nuestras, por si lo has olvidado:

Cinco mil fusilados, diez mil presos políticos a partir de los primeros años de la Revolución, éxodos masivos…

Escritores y poetas presos bajo el castrismo por disentir: Francisco Riverón Hernández, Heberto Padilla, Belkis Cuza Malé, José Lorenzo Fuentes, Raúl Rivero, Jorge Valls, Ángel Cuadra, Manuel Vázquez Portal, María Elena Cruz Varela, Lina de Feria, Manolo Vallagas, Reinaldo Arenas, René Ariza, Teo Espinoza y quien escribe esto, presa por espacio de año y medio 1989-90 y amenazada  con fusilamiento.

Luego tenemos otra larga lista de intelectuales que marcharon al exilio, huyendo del comunismo.

Te pregunto Barnet:

¿Qué piensas de los “quedaítos” en países extranjeros, que son millones de cubanos desperdigados por el mundo, que votarían contra la dictadura castrista? ¿De verdad que crees que un régimen que reprime y encarcela por disentir no es una dictadura? ¿Has olvidado la verdadera vida de monarca autoritario que se dio El Iluminado, como lo llamaste? Cuando la dictadura castrista termine, como han terminado todas las dictaduras de este mundo, ¿podrás perdonarte ante el espejo? ¿Los próximos te perdonarán?

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