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La dictadura está ampliando el “diapasón”

dictadura cubanos Miguel Díaz-Canel

LA HABANA, Cuba.- Cada día que pasa la dictadura inventa cómo reprimir más, usa los mismos métodos de hostigamiento, pero cada vez los profundiza en sus acciones. Un ejemplo de ello son las sanciones a los presos por las manifestaciones del pasado 11 de julio.

Los juicios iniciales, que fueron sumarísimos en su mayoría, comenzaron con sanciones de entre ocho meses y un año de privación de libertad, incluso algunos casos fueron subsidiados con trabajo correccional con y sin internamiento. Pero las nuevas peticiones fiscales son muy distintas y están entre los seis y 15 años de privación de libertad; no solo a conocidos disidentes, también a personas que nunca estuvieron vinculadas a la política. El objetivo es sacar de circulación por algunos años a aquellos que se atreven a enfrentarse a la dictadura de una forma u otra, ya que cada vez la Seguridad del Estado tiene más objetivos de interés dentro de la población que no disiente ni se opone.

De igual forma las multas, sanción administrativa que ha sido usada en un por ciento considerable contra personas que fueron apresadas, comenzaron por valores  de 1 000 pesos y fueron incrementándose hasta cifras en la actualidad que se van por encima de los límites establecidos en la Ley.

Sucede lo mismo con las fianzas. Hace apenas unos días se pagó —por una mujer sin recursos financieros de ningún tipo, residente en el municipio de Cárdenas, en Matanzas— una fianza de 10 000 pesos, gracias a la generosidad del exilio, en particular de la Fundación Rescate Jurídico.

Tampoco ha perdido el tiempo la dictadura reprimiendo a los familiares de los presos, a quienes ni siquiera permiten contacto con los opositores, que podemos brindarles ayuda económica y legal, así como apoyo político. Esto hace que los que reprimen mantengan una holgura con un número considerable de los presos de esa ocasión, que incluye a ciudadanos con doble nacionalidad.

No obstante, lo expuesto con anterioridad es indicativo del índice de terror que le tienen los cubanos a la dictadura, ya que prefieren estar indefensos a que la policía política los hostigue con algún otro tipo de medida, entre ellas la pérdida del trabajo.

En un momento determinado, muy cercano a la fecha, hubo familias completas presas, algunas de ellas salieron con fianza y se encuentran en espera de juicio. Hemos conocido de casos en los que no quedó nadie en la casa sin estar preso.

Aunque la protesta comenzó por San Antonio de los Baños, en la provincia de Artemisa, hay otros lugares en que la cantidad de presos ha dejado vacíos en la localidad. Por ejemplo, determinados municipios de la provincia de Matanzas; en Villa Clara, en particular en Placetas, y lo sucedido al día siguiente de los hechos, o sea el 12 de julio, en la Unidad Policial de La Güinera, en la que resultó muerto Diubis Laurencio Tejeda, de 36 años de edad, cuya madre se suicidó posteriormente.

El barrio de La Güinera es una de las zonas más pobres de la ciudad capital. En su intento por mantener de alguna forma el hostigamiento y la vigilancia, y sobre todo “el terror”, el designado Presidente hizo hace como un mes una visita a esta localidad, y como siempre prometió lo que nunca va a proporcionar.

¿Por qué la dictadura ha dado esta vuelta de rosca para apretar aún más al pueblo? La mayoría de las personas responderían diciendo: “tienen miedo”. Sin lugar a dudas esa es una respuesta; pero hay otras, y en opinión de muchos analistas lo peor que está sucediendo es que no tienen nada, ni en la mano, ni para el futuro inmediato; lo que implica que no hay una solución a la vista a la cantidad de problemas económicos, sociales y políticos que tiene el país.

El poder se tambalea, y para mantenerlo hay que endurecer el hostigamiento. Entre los aspectos más importantes que se está planteando la dictadura se encuentra minimizar la oposición; lo que implica sacar de circulación a las figuras más conocidas de forma internacional y dentro del país, las que más se vinculan con el propio pueblo.

No importa si se hacen convocatorias o no, la salida a la calle a protestar es un hecho que se puede repetir en cualquier momento, de forma espontánea. Esperamos 62 años para poder ver algo como lo del 11 de julio, podemos esperar 62 días, u otro tiempo cualquiera. El mal llamado proyecto “Revolución” está muerto, y no tiene marcha atrás; incluso los más viejos van a poder presenciar su entierro.

La dictadura va a tratar de llevar a prisión al mayor número de personas del pueblo que se le oponga, pero tiene dentro de sus propias filas a quienes con decisiones mal tomadas influyen más en el malestar de la sociedad. He ahí en estos momentos el mayor problema: ¡el cáncer está dentro!

ARTÍCULO DE OPINIÓN
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Cuando el poder se debilita, cobra valor la cárcel

Cuba poder represión
Represión en una marcha en Cuba. Foto archivo

LA HABANA, Cuba.- La represión en Cuba continua su preocupante camino hacia el encarcelamiento político. La sanción penal de un año de cárcel impuesta al abogado y periodista Roberto Jesús Quiñones Haces es el último ejemplo que describe el irrespeto del régimen por los derechos de los cubanos.

Cuba es el país de América con las leyes más restrictivas para castigar la libertad de expresión y prensa, según el Comité de Protección a los Periodistas (CPJ). Los métodos represivos de la policía están secundados por la parcialidad del sistema judicial hacia la ideología en el poder que, durante seis décadas, legisló disposiciones penales para castigar las opiniones críticas.

El régimen de la isla convirtió en una especialidad castigar el disenso con delitos tan controvertidos como Propaganda Enemiga, o el polémico Desacato hacia los dirigentes del país. Cuando no les alcanzan las leyes escritas para encarcelar, promulgan nuevas como la Ley de la Dignidad de 1997, diseñada para reprimir a quien “colabore con los medios de comunicación del enemigo”.

En tiempos de debilidad en el poder, las cárceles cobran valor y la represión extrema sus esfuerzos por escuchar el silencio. Pero no es solo bajo la amenaza de leyes mordazas que los periodistas negados a humillarse ante la censura ejercen su derecho a la libertad de expresión.

Los métodos coercitivos de la policía política en Cuba se extienden con mayor impunidad a los familiares y el ambiente social de los reprimidos, invade el ámbito laboral, religioso, educativo y los derechos sobre la libertad de salir y entrar del país.

Cuando el régimen ordena reprimir o encarcelar a un periodista, está dejando al pueblo sin la voz que se alza para señalar los excesos del poder. Si un gobierno que cumple escrupulosamente las leyes de hegemonía social encarcela a un periodista, es porque la verdad les duele.

El último gobierno de los hermanos Castro, arrendado por Miguel Díaz-Canel, está dejando claro que su debilidad es proporcional a la represión en aumento. Es el fin de una utopía que mantiene el discurso desconectado de la verdad que viven los cubanos, a quienes la revolución prometió mejoras sociales a cambio de silencio y obediencia cada vez más difícil de controlar.

Para quienes, como el periodista Roberto Quiñones, expresan su opinión, el régimen no muestra la más mínima señal de respeto, atribuyéndose el derecho a reprimir sin pudor en nombre del pueblo y la soberanía nacional.

Para quien no comulgue con la ideología del Partido Comunista de Cuba, la Constitución no garantiza protección, mucho menos las instituciones del Estado que deben velar por la salud constitucional del país. Toda una maquinaria represiva dedicada a eliminar el ejercicio de las libertades plenas de los cubanos.

La pena de cárcel impuesta contra Roberto Quiñones forma parte del manual represivo que mantiene funcionando débilmente el régimen. Todos los cubanos estamos expuestos al actual destino del abogado y periodista, a quien ahora envían a la cárcel.

Menciono a todos los cubanos porque puedo afirmar que todos llevan el disenso amarrado en la lengua. Aunque el lógico temor que causa la represión inmoviliza el deseo de liberar la palabra, y luego ser consecuente con ella para alcanzar ya sea la libertad individual o de nuestra nación.

Resulta cada vez más incomprensible que el régimen utilice el mismo manual represivo para los cubanos identificados por hacer uso de sus libertades, y utilicemos la liberación que hemos logrado para definirnos en corrientes ideológicas perseguidas en la isla.

Hay muchas formas de ser consecuentes con nuestras ideas cuando se trata de lograr la libertad individual del pensamiento, pero cuando es la nación quien necesita firmeza, resulta imprescindible resumir todas las ideas en una sola. Cuando eso suceda será evidente el repliegue de los excesos represivos contra la libertad de expresión y pensamiento, como la desatada contra Roberto de Jesús Quiñones Haces.

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Derecho y brisa

LA HABANA, Cuba, agosto, 173.203.82.38 –La semana pasada, los medios oficialistas cubanos informaron sobre el juicio celebrado en Holguín a antiguos dirigentes y altos funcionarios del Ministerio de la Industria Básica y la Empresa Cubaníquel involucrados en malos manejos relacionados con el proceso de inversiones en la Planta Pedro Sotto Alba, de Moa.

Fue así que recibimos una información oficial sobre este nuevo escándalo del régimen. El periodiquito Granma y los noticieros nacionales de radio y televisión habían guardado silencio hasta ahora sobre la ola de arrestos realizados meses atrás en la región niquelífera. Si nos enteramos del encarcelamiento de esos personajes fue sólo gracias a la aguerrida prensa independiente cubana, que informa lo que la oficialista no se atreve a hacer mientras no recibe órdenes.

Salvo en lo referente a los nombres, la nota informativa parece copiada de otras anteriores, consagradas a otros escándalos de corrupción suscitados en el país. Esto indica, o bien torpeza y falta de imaginación en los burócratas del Departamento Ideológico del Comité Central partidista encargados de redactarla, o bien el deseo del régimen de alertar sobre lo sucedido, pero sin brindar datos concretos a la ciudadanía.

Hay una pretenciosa alusión al “amplio material probatorio” que, según la nota, hubo en el juicio (curiosamente, el material probatorio, aunque nunca se da a conocer, siempre es “amplio”); pero el hecho cierto es que lo informado al público ha sido algo bien estrecho. En concreto, ¿cuáles fueron los hechos? ¿Por qué fueron juzgados funcionarios con nivel de viceministros, pero no el encargado de la cartera de la Industria Básica? La nota oficial no ofrece una respuesta.

Algunos corresponsales extranjeros acreditados en Cuba han esbozado posibles explicaciones sobre lo acontecido, pero en puridad se trata de simples especulaciones. Como no hubo acceso al expediente del caso ni al acto del juicio oral, no se cuenta con elementos para brindar una información más completa acerca de los hechos justiciables.

Radica ahí una de las grandes debilidades inherentes al sistema. Si los interesados en el tema hubiesen contado con una cobertura integral, tal vez todos entenderíamos ahora por qué motivos la persecución judicial no alcanzó en este caso el nivel de ministro. Quizás lo mismo es válido para otros affaires recientes, como el del Instituto de Aeronáutica Civil o el del exterminio de veintenas de pacientes en el Hospital Psiquiátrico.

El secretismo inherente al sistema de corte estalinista no sólo impide que los ciudadanos puedan hacerse una idea clara de lo acaecido, sino que también propicia que estos actos de corrupción en gran escala proliferen durante un tiempo considerable, con absoluta impunidad para sus presuntos responsables.

En los países libres, los corruptos saben que la prensa, fiel a su verdadero papel, no elude hacer reportajes investigativos que desenmascaren sus malos manejos (como todos sabemos, en Estados Unidos llegó a provocar la renuncia de un presidente). En Cuba no; aquí, para los impuros, el único peligro proviene de los mismos organismos del inepto estado, que unas veces —como sucedió ahora— reprimen a una banda de malversadores y traficantes de influencias, pero otras prefieren o deciden no hacerlo.

Porque en los regímenes de este tipo no sólo el estado suele tener el monopolio de la función acusadora, sino que el órgano encargado de esa tarea —la Fiscalía— suele responder a criterios políticos más que técnico-jurídicos. En este contexto, las indicaciones de quienes ostentan el poder constituyen el elemento determinante para saber si se procede o no, hasta qué punto y contra quiénes.

A lo anterior debe sumarse la existencia de tribunales que carecen de independencia. Esto último no es sólo una valoración de la realidad, sino que obedece a un precepto constitucional, el cual establece que el Partido Comunista es “la fuerza dirigente superior de la sociedad y del Estado”. Esto sirve a los jueces como pretexto —si es que alguno necesitan— para obedecer las indicaciones emanadas de quienes mandan.

La nota informativa reconoce que queda abierta la puerta para que los considerables castigos repartidos por la corte holguinera sean reducidos —o aumentados— por el Tribunal Supremo. No en balde se recuerda que la sentencia puede ser recurrida no sólo por los acusados, sino también por la Fiscalía. Pero lo más probable es que no haya cambio alguno a este respecto. Veremos, en este caso, hacia dónde sopla el viento.




Terrorismo, Lazo y flores

LA HABANA, Cuba, julio (173.203.82.38) –  El  26 de junio concluyó en Irán un evento denominado “Conferencia Mundial contra el Terrorismo.” Esteban Lazo fue representando al gobierno de Cuba.

El mundo parece estar cambiando. ¡Quién iba a decirnos hace unos años que en Irán se efectuaría una conferencia internacional con ese tema! La reunión, que según los medios oficialistas en La Habana contó con la participación de representantes de 50 países, concluyó con una declaración de condena al terrorismo en todas sus formas y manifestaciones.

Tras esa declaración, que, sin dudas, la delegación de alto nivel de la isla, aplaudió y suscribió, se pudiera suponer que los “actos de repudio”, expresión de terrorismo de Estado contra los opositores pacíficos y Damas de Blanco, terminen.

Pero eso es suponer mal, porque los gobernantes de Cuba tienen su propia escala de valores acerca del terrorismo. Ellos tienen muy bien definido cuando el  terrorismo es bueno y cuando es malo, y a cada rato dan prueba de ello.

Un día después de la clausura de la mencionada Conferencia en Irán, se efectuó en La Habana el sepelio del general de brigada Demetrio Montseny Villa.  En las honras fúnebres participaron varios altos jefes de las Fuerzas Armadas, miembros a su vez del Buró Político del Partido Comunista. Fidel y Raúl Castro mandaron ofrendas florales.

A su vez, el diario oficial Granma publicó datos referentes a la vida y obra del fallecido General. En esa especie de breve biografía se leía lo siguiente:

“Durante una visita de Frank país a Guantánamo para organizar el Movimiento 26 de Julio, se incluyó a Montseney en la primera célula de ese territorio como jefe de acción y sabotaje”.

Es bien conocido que esas “acciones” iban desde poner bombas en cualquier lugar hasta “ajusticiamientos” de simpatizantes del gobierno de Fulgencio Batista en las puertas de sus propias casas. Y lo de “sabotaje”, no es necesario ni explicarlo, la propia palabra lo define. Todo eso no era otra cosa que terrorismo, no hay otro calificativo para ese tipo de actos.

Así que, por un lado condenan “cualquier forma de terrorismo” , y al día siguiente le rinden honores a un terrorista.

La realidad es que nuestros gobernantes no renuncian a su esencia, sólo que, para uso exclusivo en el exterior, tienen una licencia especial que les permite negarla y hacer cualquier tipo de declaraciones o firmar cualquier acuerdo que de antemano saben no cumplirán. Mientras, en casa, todo sigue igual, y continuamente manifiestan su verdadera naturaleza represiva y terrorista.

En gente así, es siempre un error confiar, sobre todo cuando tienen en sus manos  los medios y el poder para hacer daño.

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La trampa de la democracia socialista

LA HABANA, Cuba, mayo (173.203.82.38) – Intenté mantener la boca cerrada durante la celebración del Congreso y analizar el evento con mente positiva, pero no pude. No soporto cuando los comunistas hablan de democracia, donde existe el monopartidismo y la unidad de poder.

Teóricamente, la explicación de estos principios es muy pesada, pero en la práctica tiene una demostración sencilla. Basta referirse a las notas oficiales publicadas en el periódico Granma, donde el Consejo de Estado, un órgano constitucional y subordinado al parlamento, actúa a propuesta del Buro Político del Partido.

Aparentemente, en la toma de decisiones intervienen diferentes órganos. Sin embargo, con la nueva elección del Buró Político, 10 de sus 15 miembros, integran también el Consejo de Estado. Eso se llama concentración del poder, pero a los comunistas les gusta llamarlo con el eufemismo “centralismo democrático”.

A pesar de que Raúl Castro, en tres años de mandato, destituyó de la dirección del Estado a personajes políticos de renombre, que habían sido designados por su hermano, 20 de los 31 miembros del Consejo de Estado, integran el Comité Central del PCC, y el 72 % de los integrantes del órgano partidista, son también diputados.

De hecho, está previsto que el nivel de coincidencia aumente con el próximo mandato del Parlamento, que comienza en 2013. En enero de 2012, se celebrará la Conferencia Nacional del PCC, que reestructurará la composición del Partido, y de donde saldrán los precandidatos, de las próximas elecciones generales para renovar los cargos del Estado.

No obstante, los parlamentarios, por ley, deben aprobar las directrices que le encomiende el Partido, por medio de su Buró Político. La Constitución de 1976 reconoce al PCC como “la fuerza dirigente superior de la sociedad cubana y del Estado”. Ese mismo reconocimiento está en el primer artículo del reglamento de la Asamblea Nacional.

Lo más preocupante en torno al tema, es el lugar que ocupa, en la agenda de estos dirigentes la representación política de sus electores. Por ejemplo, Raúl Castro es Jefe de Estado y de Gobierno, y Primer Secretario del Buró Político del Comité Central del PCC. ¿Tendrá tiempo para preocuparse por los problemas del municipio Segundo Frente, en Santiago de Cuba, que supuestamente representa como diputado?

Esteban Lazo resultó electo diputado por Arroyo Naranjo. Aparte de integrar el Consejo de Estado, es miembro del Buró Político y del Secretariado del Comité Central del PCC. ¿Sabrá este señor que el territorio por donde fue electo es el más pobre de la capital y el de mayor índice de violencia?

La estructura e integración partidista coincide y se confunde con la estatal. En esas condiciones no es extraño que las decisiones políticas de la minoría partidista, casi 800 mil miembros, sean aprobadas por unanimidad en la Asamblea Nacional, el órgano que supuestamente representa y expresa la voluntad de más 11 millones de cubanos. Es ahí donde está la trampa de la democracia socialista.




¿Árboles caídos?

LA HABANA, Cuba, marzo (173.203.82.38) – Como la clásica bola de nieve, parece agrandar sus proporciones, según rueda, el efecto ninguneo que hoy pone en solfa a los más antiguos opositores políticos cubanos de filiación pacífica.

Es otra zancadilla que nos auto-infligimos, con el aplauso del régimen, presionados tal vez por la impaciencia. Y por si fuera poco, estimulados por ciertas revelaciones de WikiLeaks, según las cuales en los Estados Unidos se ha modificado el enfoque, digamos, oficial sobre la importancia de estos disidentes.

Dicen que dice Wikileaks, que la Sección de Intereses de Estados Unidos en La Habana ha descartado que nuestros viejos opositores pacíficos puedan llegar al poder en Cuba, así que ahora apuesta por la rebeldía de los más jóvenes.

Además de muy dañino, sería torpe que nos dejáramos influir por criterios como de esta índole que, en principio, se basan en un error de enfoque, sea quien fuera el que lo hizo.

Porque esencialmente el objetivo de nuestros viejos opositores (y en ello coinciden cien por ciento con las nuevas hornadas de la disidencia) no es, no ha sido nunca conquistar el poder, sino demostrar que es posible y necesario enfrentar a la tiranía, y que es viable, además de racional y justa, la aspiración de echar por tierra lo que los caciques consideran la irreversibilidad de su sistema totalitario.

De cualquier modo, antes de perder la brújula estableciendo distinciones de superficial apariencia, y lo que es todavía peor, sacándonos de la manga posibles rivalidades entre las antiguas y las jóvenes generaciones de nuestra oposición pacífica, nos convendría observar la actitud respetuosa y solidaria que los segundos manifiestan siempre ante los primeros, públicamente, sin ambages.

La razón es simple. Su experiencia, en el breve tiempo que han vivido como disidentes, permite a los jóvenes comprender el enorme sacrificio que le ha costado a los viejos el ejercicio de la oposición política durante largos años y en medio de las circunstancias más adversas: aislamiento a nivel nacional e internacional, difamación sistemática, cárcel, violencia institucionalizada, miedo de la población, asedio, descrédito, marginación social y represiones de todo tipo.

Hay algo que no se tiene suficientemente en cuenta a la hora de calificar a nuestra oposición política como apocada o pusilánime, y es que en el plano personal cada uno de sus miembros es un corajudo neto, y que todos en conjunto extienden una lección de valentía humana y política como se han visto pocas en la historia de Cuba. Pues al tiempo que defienden consecuentemente la no violencia como alternativa de lucha, ellos viven expuestos, junto a toda su familia, a las más sucias formas de violencia real y psicológica con que el régimen trata de aniquilarlos.

Quizá, a fin de cuenta, esta nueva ola descalificatoria no responda sino a otra de las tácticas diseñadas por los caciques contra nuestra vieja disidencia. Y si no lo es, no hay nada que se le parezca tanto. Observemos que ni siquiera se trata del socorrido vicio de hacer leña con el árbol caído. Es más bien una clara intención de derribar al árbol con el premeditado propósito de convertirlo en leña.

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Romance otoñal

LA HABANA, Cuba, enero (173.203.82.38) – Ramiro Valdés pasó junto mi lado en su Peugeot 307, azul plateado. Iba sentado al lado del chofer escolta, un hombre joven, vestido de verde olivo. Ramiro se mostraba tranquilo y concentrado.

Su reciente designación como súper ministro para la industria básica y las comunicaciones, tiene confundidos y enfrentados a los expertos en asuntos cubanos. Para unos, su elección, a principios de enero, significa el fortalecimiento de la agenda política de Raúl Castro.  Para otros, es la deconstrucción de su figura, debido a la presencia de nuevos y poderosos actores.

Para los raulistas, designar a Ramirito como súper ministro es una forma de desinflarlo. Ellos ven en Raúl las bondades del político modernizador, atrapado en el voluntarismo de su hermano.

Raúl le quita al implacable ex ministro del Interior el poder que tenía como ministro de Informática y Comunicaciones, y  lo sustituye por Medardo Díaz Toledo,  un joven General de las Fuerzas Armadas, especialista en ese campo y ex jefe de comunicaciones del cuerpo armado. Se trata –dicen los raulistas- de un golpe maestro.

Además mantiene a Díaz Toledo bajo el paraguas disciplinario de Julio Casas, Ministro del Ejercito y jefe de la poderosa V sección de las Fuerzas Armadas Revolucionarias (FAR), dedicadas a las esfera económica.

Para los seguidores de Ramiro Valdés, el ascenso al super ministerio, que controla comunicaciones, exportación de minerales e importación y extracción de combustibles (además de la vicepresidencia que mantiene en el Consejo de Estado), lo reafirma en la línea sucesoria de la monarquía castrista, toda vez que su protagonismo mediático de supervisión y control está a máxima capacidad.  Y no son pocos los que olvidan su actuación en la década del sesenta. De esa manera se sitúa en el imaginario popular como el hombre fuerte que necesita la nación.

Tomando de uno y otro, Raúl Castro y Ramiro Valdés encontraron en el ocaso de sus vidas razones suficientes para reencontrarse y proyectarse hacia sus respectivos panteones. La cima que los dividía y enfrentaba desapareció del escenario.  Sin charangas ni reggaetones, que provoquen sobresaltos o alteren sus diseños personales, Castro y Valdés hicieron las paces y están en pleno romance.

Valdés, más mediático, entrando a los solares de Santiago de Cuba, dejándose poner la mano en el hombro, explicando “humildemente” al pueblo las razones del poder para tanta miseria. Pero a la vez, aplicando su férrea mano por donde pasa, siempre fiel a su maestro Feliks Dzerzhinski, fundador de la Cheká, como hizo con Yadira García y los problemas de corrupción en el norte del oriente. Castro, metido en la cueva de la conspiración, siempre apagado y alejado de los medios. Se trata, pues, de un romance sin pasión, un romance de viejos.

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