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Autoridades en Santiago de Cuba buscan a estudiante desaparecido en el mar

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MADRID, España.- Autoridades del Ministerio del Interior (MININT) en Santiago de Cuba activaron la búsqueda del estudiante de segundo año de Biología en la Universidad de Oriente, Gabriel Calante Álvarez, reportado como desaparecido este sábado. 

“El día 14 de mayo un profesor y tres estudiantes del departamento de Biología-Geografía de la Facultad de Ciencias Naturales y Exactas, por decisión personal y sin constituir una actividad académica, realizaron una visita a la Playa Sardinero ubicada en las cercanías del Reparto Abel Santamaría de Santiago de Cuba”, explicó a través de la red social Facebook el centro universitario.

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En la tarde del propio sábado, el resto de los participantes en la excursión reportaron al Ministerio del Interior la desaparición de Gabriel Calante Álvarez, que fue visto por última vez por sus compañeros dentro del mar.

Según la información, varias autoridades institucionales se encuentran en el lugar acompañando a los organismos que realizan las tareas de búsqueda y rescate.

Playa Sardinero, conocida por sus fuertes corrientes

De acuerdo a la explicación del usuario Alain Paneque Martínez en comentarios a la publicación de la Universidad de Oriente, Playa Sardinero es un área de baño “No Declarada” y en ocasiones las corrientes marinas son extremadamente fuertes y a pocos metros de la orilla existe ya una profundidad elevada.

En este lugar el pasado 18 de abril dos adolescentes cubanos murieron ahogados después de ser arrastrados por una corriente marina.

Los fallecidos fueron Elio Febrier Sain Felix, de 15 años de edad, y Elizabeth Cisneros Bou, de 17 años. Ambos residían en la ciudad de Santiago de Cuba.

Los dos adolescentes disfrutaban en familia en el pequeño balneario localizado en el litoral Este de la urbe santiaguera.

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Oleada de sargazos afecta a la costa más occidental de Cuba

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Sargazo en playa de Guanahacabibes (foto Parque Nacional Guanahacabibes)

LA HABANA, Cuba. – Una oleada de sargazos sin precedentes invade desde febrero pasado la península de Guanahacabibes, el extremo más occidental de Cuba, con efectos dañinos en la flora y la fauna marina de esa zona costera de la isla caribeña.

El sargazo es un alga de color pardo que se origina en el Mar de los Sargazos, en el océano Atlántico, entre las costas de Estados Unidos y Europa, y que en los últimos tiempos ha disparado las alarmas en buena parte del Caribe, señalan este lunes medios estatales.

Desde 2015 hay un incremento de sargazos en la zona este cubana y en lo que va de este año, un seguimiento sistemático ha determinado la aparición temprana de grandes volúmenes, así como su “alarmante” presencia en sitios donde no se había reportado antes, indicó el director del Parque Nacional Guanahacabibes, Lázaro Márquez.

Esa situación incide particularmente en el sector litoral extendido desde La Bajada hasta Cabo Corrientes, precisó el especialista.

Explicó que en algunas playas de la península se han formado bancos de sargazos de hasta 1,4 metros de alto que obstaculizan la llegada de las tortugas para anidar, por lo que ha sido necesario abrir brechas de unos dos metros de ancho a los “muros” del alga invasora para que los animales puedan entrar a depositar sus huevos y volver a salir.

Además, las aguas costeras han perdido por momentos su color azul y se han teñido del marrón de las algas pertenecientes a dos especies de la familia Phaeophyceae.

Los efectos de los sargazos han provocado en dos ocasiones la muerte masiva de peces, así como daños a los arrecifes coralinos y los pastos marinos, dos de los ecosistemas más importantes para el desarrollo de la vida bajo el agua.

El directivo del Parque Nacional Guanahacabibes explicó que en las últimas semanas ha disminuido la llegada del sargazo, aunque advirtió de que se trata de un proceso “anómalo”, con fluctuaciones temporales, por lo cual pudiera volver a incrementarse con “intensidad” en cualquier momento.

Entre las hipótesis sobre las posibles causas de las enormes cantidades del alga en la zona se baraja la elevación de las temperaturas a causa del cambio climático.

Asimismo el especialista citó investigaciones que ven una relación de este evento ambiental con alteraciones en el patrón de distribución de las corrientes oceánicas y los vientos predominantes, o con el incremento de los nutrientes que llegan al mar a través de los ríos, incluyendo fertilizantes nitrogenados.

Para enfrentar la situación, Márquez comentó que se ha estructurado un sistema de “alerta temprana” en toda el área para obtener información actualizada, a partir de los reportes del personal que por razones de trabajo recorre cada día la zona litoral, entre ellos los cuerpos de guardabosques y guardaparques.

Los especialistas de esa área protegida ejecutan una inspección sistemática mediante exploraciones a varios sitios de la península más occidental de Cuba, para documentar y valorar la magnitud total, los alcances y consecuencias de este problema ambiental.

En los últimos meses el recale masivo de sargazo ha impactado también a varios países de América Central y la costa sureste del Caribe mexicano, donde el arribo de toneladas del alga provocó una situación crítica.

Trece países centroamericanos y caribeños se reunieron en Cancún este verano para tratar sobre el tema del sargazo y acordaron un programa de cooperación regional para la creación de un “mecanismo de gobernanza” para la protección del medioambiente.

(EFE)

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Mi Cayito, una playa de tolerancia en Cuba

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LA HABANA.- Nadie sabe con exactitud quién la bautizó con tal nombre o desde cuándo. Tampoco nadie ha inscrito de forma oficial que esos pocos metros de agua y arena sean un espacio exclusivo para una comunidad cada día más numerosa y plural, aunque eso suponga otra variante discriminatoria. La costumbre, con esa fuerza intrínseca, se ha encargado de otorgarle notoriedad.

Los integrantes del colectivo LGBTI (lesbianas, gais, bisexuales, transgénero e intersexuales) habanero se adueñan de este segmento de playa y gozan a su manera este paraíso libertario, al cual todos son bienvenidos.

Mi Cayito, la playa gay más famosa de la Isla, se ubica en una zona conocida como Boca Ciega, entre los balnearios Santa María y Guanabo, al este de la capital cubana. Para muchos, una porción de litoral bastante “tranquila” donde no son comunes las reyertas.

Una duna de arena, cubierta de vegetación y flanqueada por la bandera nacional, la multicolor y la del orgullo transgénero, dan la bienvenida a los bañistas, advirtiéndoles sutilmente que entran en territorio no apto para homofóbicos.

“Aquí uno puede ser verdaderamente libre, como en realidad se sienta, nadie lo juzgará”, dice un bañista, recostado en una tumbona, a pocos metros de las cristalinas aguas.

“En otras playas de Cuba te miran raro si vas de la mano con un hombre, porque la sociedad cubana aún es machista y no ve nuestra condición sexual como algo normal. Todavía falta por lograr”, lamenta.

La batalla en Cuba por la igualdad de las personas de esta comunidad en todas las esferas constituye aún una asignatura pendiente, aunque el Centro Nacional de Educación Sexual (CENESEX) lance campañas para sensibilizar en este tema. Hasta el momento, uno de sus mayores logros resulta la no discriminación del colectivo en los escenarios laborales, lo cual quedó legislado en una nueva versión del Código de Trabajo, aprobado por la Asamblea Nacional en 2013.

Quienes integran el grupo LGBTI en la Isla ansían una reforma en el Código de Familia que les permita adoptar o aplicar otras variantes para conformar una familia. Asimismo, solicitan la puesta en práctica del matrimonio igualitario, lo que supondría modificaciones en la anquilosada Carta Magna de la nación (1975), solamente modificada en dos ocasiones: 1992 y 2002. Ahora, con una próxima reforma supuestamente al doblar de la esquina, la comunidad cruza los dedos y piensa en positivo.

Mientras, en Mi Cayito, esas preocupaciones se desvanecen momentáneamente para entregarse al divertimento dominical con bocinas portátiles, que reproducen a Bad Bunny a todo volumen, con botellas de ron o vino, que “calientan” ánimos dentro y fuera del agua, con miradas agresivas o furtivas, en busca de conquistas efímeras o con ese apetito sexual, que esta zona exterioriza sin demasiados disimulos.

“Muchos llegan con sus novios o novias, pero la mayoría viene a empatarse aquí. El flirteo es constante y si se ‘cuadra’ con alguien, cuando el sol se esconde, se van pa’ las dunas pa’ la apretadera, o pa’ otras cosas”, comenta Miguel Peña, un asiduo visitante del balneario rosa.

“También hay quien viene a trabajar”, advierte Claudia Montes de Oca. “Por aquí se pasean los ‘pingueros’ (hombres que se prostituyen) en busca de ‘yumas’ (extranjeros) o de cualquier temba (hombre de mediana edad) que tenga dinerito, que les pague por estar con ellos. Si prestas atención, los verás en acción. Una ve de todo”.

Y en efecto, el panorama en Mi Cayito es intenso, demasiado en ocasiones. Las sombrillas resguardan de una tarde nublada, mientras son cómplices de besos y caricias superlativas. Unos bailan a ritmo de reguetón, rozando las diminutas prendas de baño, húmedas o sudadas por tanto movimiento de caderas. Otros, prefieren “exhibirse” por toda la orilla, presumiendo hinchados músculos o voluptuosas entrepiernas afeitadas.

“Yo vine con un grupo de amigos”, señala Yoandris Martínez, “porque es una opción barata para pasar el fin de semana. Además, uno se divierte mucho, saluda a los amigos que coinciden, nos damos unos traguitos y yo que vine con mi pareja puedo tomarla de la mano sin problemas o darle un beso entre las aguas si quiero. ¿No hay una canción que dice que en el mar la vida es más sabrosa? Pues aquí estamos para comprobarlo”, concluye sonriente.

Esta tarde, el mar luce frío y tempestuoso, sin embargo, no se ha quedado sin adeptos, quienes bajo sus olas dan rienda suelta a esas pasiones que reprimen en otros contextos. La sociedad cubana bajo la gastada excusa de “aún no estar preparada” los distancia, de formas menos agresivas, pero aún los segrega.

Una joven pareja heterosexual camina por el borde de la playa. Van tomados de la mano, como para que no haya confusiones. Admiran curiosos la atmósfera, que no deja de ser pintoresca y acceden a darnos sus criterios.

“Realmente nosotros no tenemos ningún problema con esta playa. Acompañamos a unos amigos que nunca habían venido. Para mí”, manifiesta Yoel Carrazana, “la sexualidad no importa, sino los valores que tenga la persona. Si todos nos tratamos con respeto, no tiene que haber ningún problema”.

Su novia, Patricia Fuentes, aclara que son las personas mayores las que más prejuicios conservan hoy día, mientras los más jóvenes celebran y viven la vida sin tantas ataduras mentales.

“Que te vacilen otras mujeres, no importa, eso pasa en la calle también. Las playas son públicas en Cuba y todos tenemos derecho a disfrutarla como queramos. Hay gente que le tiene miedo a Mi Cayito, porque piensan que les van a tocar o algo así, pero a nosotros nunca nos ha pasado nada de eso”, refiere Patricia.

Ya va cayendo la tarde. En la arena, una niña juega mientras su madre conversa distraída con tres hombres. Un transexual entrecruza su brazo con un hombre y caminan al compás de la brisa marina. Dos chicos brindan en copas con una bebida naranja, que les provoca risa. Detrás, la apretada línea de tumbonas, mantas, sombrillas y toallas; enfrente, el mar infinito, azulísimo, diverso.




Una extraña bacteria invade las playas de Gibara

HOLGUÍN, Cuba.- Visitar Gibara y no bañarse en sus playas es como si nunca hubieras estado  en el lugar, dicen los habitantes de la Villa Blanca de los Cangrejos, apelativo que identifica a esta ciudad costera situada en la costa norte del oriente cubano y a 33 kilómetros de Holguín.

Pero una disposición reciente de las autoridades sanitarias pone en peligro la tradición gibareña, y de paso su principal atractivo turístico.

Hace más de15 días están suspendidas todas las actividades acuáticas debido a una contaminación de bacterias del género coliforme, confirmó a CubaNet un especialista del Departamento Provincial de Salud Ambiental bajo identidad reservada.

Por su parte Oscar Infante, pescador gibareño, comentó que las investigaciones sanitarias comenzaron cuando varios bañistas fueron al hospital con ronchas y quemaduras por todo el cuerpo. “Dicen que es un gusanito que te pica y te hace quemadura en la piel”.

Según Infante, todo comenzó por El Init, una de las cinco playas de la ciudad. “Allí hubo gente que le picaron. El salvavidas pensaba que era Caribe, que es un bichito que sale cuando llueve y te pica y te hace una ronchita y ya; pero dicen que no, que esa gente fueron al hospital porque le picaba un bicho y se llenaron de ronchas y quemaduras por todo el cuerpo”.

Infante asegura que la contaminación de la bahía también afecta a la fauna marina.  “Yo veía todos los días la manchita de peces muertos. Le pregunté a los pescadores y dicen que toda la bahía estaba llena de peces muertos hasta la playa de Caletones. No sé si la causa era la bacteria, lo cierto es que aparecen los pescaditos muertos e inflados”, afirma.

Los salvavidas, para alertar a los bañistas, han colocado banderas rojas cerca de  las playas advirtiendo el peligro.

“Los especialistas vinieron a hacer la prueba y tomaron muestra del agua y dicen que es una bacteria, y el director de higiene mando a suspender esto”, comenta un salvavidas.

A pesar de la gravedad del asunto, la prohibición de las actividades acuáticas en Gibara no se ha hecho pública por ningún medio de comunicación.

“Hay temor de que sea afectado el turismo internacional”, dice a CubaNet Aurelio Santiesteban, cuya vivienda está muy próxima a la playa El Boquerón.

“El primer paso para solucionar un problema es reconocerlo”,  sostiene Santiesteban, quien cree que no es suficiente con poner las banderas rojas. “También es importante la divulgación”, para crear una percepción de riesgo.

La suspensión de las actividades acuáticas está afectando económicamente a la sede del Campismo en Gibara, sucursal que obtiene sus principales ganancias a través del alquiler de las bicicletas acuáticas y los botes, a un precio de 20 pesos la hora.

“Nosotros recibimos clientes no solo de Holguín, también de Las Tunas y de Granma. Tuvimos que cancelar todas las excursiones y no se sabe hasta cuándo, y esto afecta nuestro plan económico”, afirma un empleado estatal bajo condición de anonimato por temor a represalias.

A pesar de la prohibición, turistas extranjeros disfrutan del baño en la playa El faro, perteneciente al restaurante-bar del mismo nombre del grupo turístico Cubanacán.

“Si le decimos que está prohibido el baño, entonces se marchan y no consumen nuestras ofertas gastronómicas”, dice Sonia, una dependiente del lugar.

La contaminación de la bahía se debe a que todas las aguas albañales de la ciudad van hacia el mar.

El problema es histórico. La necesidad de construir la infraestructura necesaria en Gibara se ha planteado a todos los niveles gubernamentales, “pero hasta hoy los gobernantes han hecho oídos sordos. No les interesa la salud del pueblo gibareño”, lamenta Sonia, vecina de la calle Julio Grave de Peralta.

Esta es la segunda vez que se prohíbe el baño en las playas de Gibara. El año pasado se suspendió por un brote de cólera.

“Todavía aquí recordamos los enfermos de cólera del año pasado por la contaminación de la bahía, pero los dirigentes nos tienen desprotegidos con el riesgo de sufrir otro brote”, lamenta Sonia.

Por otro lado, la playa es el único entretenimiento para los niños gibareños que en su mayoría no pueden entrar al “Ocio club”, el único lugar de esparcimiento en la ciudad con diferentes opciones de juegos electrónicos, pero con precios prohibitivos en CUC, moneda a la que sus padres no tienen acceso.




Al sol y sin salvavidas

LA HABANA, Cuba.- Luego de una razzia hecha recientemente contra salvavidas en las playas al este de La Habana, los bañistas han quedado desprotegidos del sol y de cualquier accidente en el agua. La ofensiva de autoridades contra el alquiler de sombrillas y otros medios de playa acabó nada menos que con los salvavidas.

Esos miembros de la Cruz Roja Cubana se encargaban de alquilar medios para la comodidad de los que vienen a darse un baño en medio del insoportable calor, pero el inicio del verano marcó el fin de su negocio.

Yosvany Domínguez Reitor —alias “el Calvo”— y cuatro colegas suyos fueron detenidos recientemente y conducidos a la Estación de Guanabo. Todos ellos salvavidas, les impusieron multas de mil pesos, casi el doble de su salario mensual, despojándolos de sus costosos bienes recreativos, ahora confiscados.

Decomisaron hasta sus toldos, de confección casera, para protegerse un poco del sol, la lluvia, viento, porque las torres de observación y protección del salvavidas, obligación del gobierno para la seguridad de los bañistas, desaparecieron por falta de mantenimiento. El salvavidas de hoy, sentado sobre la arena, tiene la responsabilidad  —incluso penal— de descubrir entre tantas lejanas cabezas en el mar a la persona en trance de ahogarse, para salvarla.

Pero quizá no deba sorprender que el propio salvavidas alquile de forma encubierta tumbonas, sillas, sombrillas, patas de rana, snorkel, tablas de surf, balsas, compradas muy caras en tiendas dolarizadas o traídas “de afuera”.

“Se sabe que arrendar esos medios no está entre las funciones del salvavidas, pero es un recurso casi obligado para la subsistencia familiar. El salario mensual de 630 pesos, incluyendo el pago por condiciones agresivas de trabajo. Eso apenas alcanza para comer, así como para necesidades del hogar. Y los turistas necesitan ese servicio que el Estado no da. Pagan satisfechos y hasta se convierten en cómplices. Si el policía pregunta por la procedencia de algún medio con toda naturalidad afirman que lo trajeron de sus casas”, comenta el salvavidas Daniel Sabatier, de 53 años, residente en Guanabo.

Justo Sánchez Izquierdo, de 37 años y también salvavidas de Guanabo, dice: “Son las mismas autoridades las que se empeñan en mantener la ilegalidad, perseguir, sancionar al salvavidas o cualquiera otro atrapado infraganti. El gobierno no da licencia a facilitadores del servicio al turista, tampoco está interesado en brindar ese servicio masivo, del que se ocupa la corporación estatal Marlins, pero solo en algunos hoteles de lujo y áreas de playa exclusivas frecuentadas por extranjeros”.




Pa’ la playa… ¿cómo?

LA HABANA, Cuba.- El mes de julio en Cuba no sólo viene acompañado de mucho calor, sino que también trae consigo el fin del curso escolar y las vacaciones del estudiantado en todo el país y de la mayoría de los trabajadores estatales.

El bajo costo del transporte público, la cercanía de la ciudad a los balnearios y la posibilidad de llevar comida desde la casa –motivos mayoritariamente económicos–, convierten a la playa en el principal destino de miles de familias durante los meses estivales.

En La Habana, las playas más cercanas y populares son, sin lugar a dudas, las de Habana del Este, ya sea Marazul, Santa María o Guanabo. Pero cabe la pregunta de dónde está el transporte para llevar y traer diariamente a tantas personas.

Con un parque automotor de 51 vehículos y una frecuencia de entre 13 y 15 minutos, el paradero de ómnibus metropolitanos de Guanabo, con sus múltiples rutas, es el principal encargado de la transportación de pasajeros desde diversos puntos de La Habana hacia las populares Playas del Este.

Como en años anteriores, mochila en mano y desde horas muy tempranas, la primera parada del ómnibus 400, uno de los que llega a Guanabo, y de los más utilizados en la etapa estival, comienza a recibir a cientos de personas.

Según una fuente de la Dirección Provincial de Transporte (DPT) que pidió no ser nombrada, a pesar de los recientes problemas de la racionalización del petróleo, estos no afectarán al transporte de pasajeros en la capital, sin embargo, se tiene establecido un conjunto de medidas para controlar más las rutas de las guaguas, principalmente los de la Base de Transporte de Ómnibus Urbanos de Guanabo.

Boteros: oportunistas de la oferta y demanda

Ante la escasez de transporte público y en búsqueda de más rapidez, muchos ciudadanos acceden a otras alternativas como los conocidos “boteros”, aunque les cueste mucho de sus bolsillos.

El transporte público a esta zona es demasiado insuficiente como para evitar que disminuya la demanda de los taxis particulares. La ruta desde Habana Vieja hacia Guanabo mediante los “almendrones” es costosa, de hasta dos CUC por pasajero, en un país donde el salario medio escasamente rebasa los 20 CUC.

En tiempos de verano estas cifras aumentan considerablemente según el mercado, y con los cambios que ya vienen afectando al transporte privado en toda Cuba –el cual depende de la venta ilegal de combustible entre trabajadores estatales a privados–, se espera que estos costos aumenten.

Un motivo más para la violencia

A pesar de que en las horas de la mañana la afluencia de personas en búsqueda de un trasporte es bien alta, no es hasta bien entrada la tarde cuando empiezan los verdaderos problemas, en especial la ruta de la 400 que trae de regreso hacia el centro de la capital a la mayoría de los bañistas.

Pasadas las cinco de la tarde, y de manera casi masiva, las paradas se repletan con miles de personas que han estado un tiempo prolongado en la playa, quemados por el sol, aturdidos por el calor, y, sobre todo, con algunos tragos de más. A esta situación se le suma la desesperación en las paradas y los hacinamientos en las guaguas, provocando un sinnúmero de enfrentamientos entre los usuarios que convierten a las rutas de Guanabo como las más conflictivas de todos los recorridos de guaguas en la capital.

Este verano podría ser aún más difícil que años anteriores. La escasez de combustible, unida a los pocos ómnibus que cubren las rutas de las Playas del Este, complicarían aún más la situación, añadiendo a esto el costoso pasaje en un taxi particular.

Mientras tanto, los cubanos tendrán que conformarse con “seguir ahorrando y resistiendo” como bien dijeran algunos parlamentarios a los medios oficialistas después del discurso de Raúl Castro en la Asamblea Nacional el pasado sábado, y así pasar otro verano bajo los efectos de días calurosos.




¿Quién salvará las playas del oeste de La Habana?

Entrada al Club Naútico (foto del autor)
Entrada al Club Naútico (foto del autor)

LA HABANA, Cuba – Miramar era una de las principales zonas residenciales de la capital de Cuba donde se crearon balnearios antes del año 1959, que funcionaban como clubes de yates y centros sociales para la recreación de las familias acaudaladas y de la clase media. Todos estos centros recreativos fueron nacionalizados, y muchos se convirtieron en los llamados Círculos Sociales Obreros, emplazados en la franja costera del oeste, desde el Torreón de La Chorrera, llegando hasta Jaimanitas, en el municipio Playa.

Pero el gobierno revolucionario, tras cumplirse más de media centuria en el poder, jamás se ha preocupado por implementar un mantenimiento sistemático, y mucho menos de ocuparse en serio por la reconstrucción de dichas instalaciones, que a estas alturas ya muestran distintos niveles de depauperación. Ahí están, para demostrarlo, por sólo mencionar algunos casos, el “Feliz Elmuza” (Club Náutico), el “José Ramón Rodríguez” (Casino Español de La Habana), el “Julio Antonio Mella” (Havana Yatch Club), y el Braulio Coroneaux (La Concha).

Instalaciones deshabitadas en la playa La Concha (foto del autor)
Instalaciones deshabitadas en la playa La Concha (foto del autor)

El Club Náutico se inauguró en 1936, por su propietario Carlos Fernández. Se pagaba una cuota modesta y llegó a poseer más de cinco mil abonados. Ahora su acceso es sólo para aquellos trabajadores vinculados al transporte, la informática, las comunicaciones y la aeronáutica civil. Tuvo en el pasado, además del disfrute de una corta playa, una concurrida pista de baile, apreciada por la juventud, con su área para la orquesta. En estos momentos el pobre servicio que brinda está limitado a las canchas y al consumo gastronómico.

Al lado del Náutico, también por la calle 152, se encuentra el círculo social “José Ramón Rodríguez” (antes fue el Casino Español de La Habana), que hoy atiende exclusivamente a los trabajadores de la administración pública, por lo que no se permite la entrada al resto de los ciudadanos. Allí, hace unos pocos días, una funcionaria le prohibió a este periodista que tomara una foto exterior del mismo. Una fuente anónima que labora en las cercanías asegura que la estructura trasera de este club se desplomó hace tiempo, a causa de un incendio, y a nadie le interesa repararla.

A continuación se alza el Havana Yatch Club (edificado en estilo ecléctico hacia 1886). Es una instalación de recreo con dos muelles de concreto para los yates, convertida en el Círculo Social Obrero “Julio Antonio Mella”. Según refiere Luz María, una anciana que fue socia del mismo: “Hace poco me llevaron al club, y se me aguaron los ojos al ver tanto desastre”. En la actualidad, según comenta un trabajador del Club que prefirió el anonimato, “toda la edificación está clausurada por peligro de derrumbe. Ya no funcionan la discoteca, ni el Salón de los Espejos, ni la cafetería original. Los fondeaderos están al hundirse. Y los bancos y muros que limitan la playa, así como el quiosco de alimentos, los construimos con nuestros propios recursos”. Al presente, sentenció, este círculo, aunque lo administra el Poder Popular, es patrocinado por el Ministerio de la Construcción.

El antiguo Havana Yacht Club se convirtió en un "Círculo Social Obrero" y hoy se halla en peligro de derrumbe (foto del autor)
El antiguo Havana Yacht Club se convirtió en un “Círculo Social Obrero” y hoy se halla en peligro de derrumbe (foto del autor)

Sobre el balneario La Concha, incluyendo el parque de diversiones Coney Island, tenían como dueños a tres abogados. CubaNet entrevistó a un salvavidas de este lugar con más de 30 años de experiencia: “Aquí ya no funciona nada, y como ves, esto son ruinas que duermen en medio de la soledad, el sol y la arena. Para mí, ésta fue la playa más linda de todas. Te contaré lo que me dijo un viejo que trabajó desde su juventud en este centro. Aquí había un bar donde se tomaban los mejores mojitos, más el casino de juegos, el restorán, la enfermería, el espacio de las taquillas donde guardar la ropa bajo llave, las canchas de tenis y hand ball, los terreros para el volibol. La entrada valía un peso, y nunca se discriminó a las personas por el color de la piel, cosa que no ocurría con los demás balnearios. Fíjate, desde esta zona playera podemos observar el desastre costero del otrora aristocrático Havana Yatch Club (donde se rumora que rechazaron el ingreso al magnate Hornedo y al dictador Batista), y en mayor medida se evidencia la destrucción total que muestran las instalaciones del “José Ramón Rodríguez”. Es como si el dios Neptuno las hubiera agredido con su tridente, y de paso, nos destrozó la plataforma de salto donde se elevaba la gigantesca Botella de Terry Malla Dorada, que yace ahora en el lecho marino”.

Así de destruido está el "José Ramón Rodríguez" (foto del autor)
Así de destruido está el “José Ramón Rodríguez” (foto del autor)

Alega Julio César, un economista que viene los fines de semana a bucear en la playita de La Concha, que “hace falta que alguien haga alguna cosa por salvar los Círculos Sociales Obreros”. Y añade su esposa Casandra, que es arquitecta: “Claro, porque no todos están a punto de abatirse. Como tampoco se puede obviar el exclusivismo que ha generado el propio sistema totalitario, como por ejemplo, la Casa Central de las FAR, pues los militares se apropiaron del Miramar Yatch Club, bautizándolo primero con el nombre de Patricio Lumumba. Y además, el Havana Biltmore Yatch and Country Club, construido en 1928, que poseía caballerizas, campos de golf e idóneas dársenas para yates de gran calado, está hoy destinado al turismo y a la élite dirigente”.

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Guantánamo y la militarización de sus playas

Familias enteras, como esta, son frecuentemente molestadas por guardias fronterizos (foto de archivo)
Familias enteras, como esta, son frecuentemente molestadas por guardias fronterizos (foto de archivo)

GUANTÁNAMO, Cuba – Entre las opciones veraniegas preferidas por los cubanos está ir a la playa, y los guantanameros no son la excepción. Pero siendo la suya una de las pocas provincias cubanas con costas al norte y al sur, a los habitantes de la capital provincial y a los que residen en los municipios de El Salvador, Niceto Pérez, Manuel Tames y Yateras les resulta muy difícil darse un baño en el mar.

El primer obstáculo radica en que las mejores playas se encuentran dentro del territorio ocupado por la base naval norteamericana. El segundo, que aquellas bajo administración cubana situadas cerca también se encuentran militarizadas para mantener bien controlado lo que las autoridades denominan “perímetro fronterizo”.

La militarización de las playas guantanameras comenzó poco después del triunfo del castrismo. Primero los propietarios de fincas aledañas a la base fueron obligados a reubicarse en otras zonas, y luego fueron confiscadas las casas de veraneo.

Los huracanes y la falta de mantenimiento han vuelto ruinas las antiguas instalaciones (foto del autor)
Los huracanes y la falta de mantenimiento han vuelto ruinas las antiguas instalaciones (foto del autor)

Ahora esos lugares son un coto exclusivo para militares y dirigentes cubanos de alto rango. Vienen a cazar venados o reses que viven en estado salvaje, algo que para un cubano común constituiría “delito de sacrificio ilegal de ganado mayor”.

Hasta finales de la década de los años ochenta del pasado siglo, se podía viajar desde Guantánamo hacia Baconao, en la vecina Santiago de Cuba, por una carretera que bordeaba la costa sur de ambas provincias. Pero desde entonces los militares tomaron el control de esta zona de espectacular belleza. Quien sea visto en ella es detenido y acusado de inmediato de intentar una “salida Ilegal del país”, es decir, otro delito.

Inclusive Yateritas, un balneario situado a unos 40 km de Guantánamo, está vedado. No sólo los ciclones y la indolencia se han ensañado con sus instalaciones, sino que además cualquiera que se aventure a penetrar en ella puede ser interceptado por un guardia fronterizo. Lo menos que puede pasar es que le militar ordene marcharse de allí, aunque no existe un cartel que prohíba la estancia ni nada que identifique la zona como militar.

Las playas de San Antonio del Sur e Imías están lejos de Guantánamo Ciudad, y un pasaje cuesta entre 15 y 30 pesos por persona (0.70 y 1.25 dólares, para un salario promedio mensual de 21 dólares). El resto son pequeñas y pedregosas, y balnearios abandonados.

Las playas de Guantánamo sufren, entre los militares, el abandono y la contaminación (foto del autor)
Las playas de Guantánamo sufren el impacto de la militarización, el abandono y la contaminación (foto del autor)

Pero incluso allí, a pesar de ser zonas autorizadas para el baño, es común que los militares de fronteras hagan a los bañistas salir del agua para que se identifiquen, y quien se niegue a hacerlo puede ser detenido y acusado por desobediencia. De esto no se libran tampoco los miembros de la Federación Cubana de Pesca Deportiva que suelen ir al lugar.

En varias oportunidades los pescadores se han quejado ante la dirección del MININT de la provincia por el proceder de las autoridades quienes, de manera incorrecta y a sabiendas de que pertenecen a una organización no gubernamental, autorizada por el gobierno cubano, les prohíben pescar en “El Batebate”, área rocosa al este de Tortuguilla, la única donde pueden hacerlo. Pero esto, como casi todo en las playas de Guantánamo, sólo se hace si los militares lo permiten.




Verano a lo cubano: sin CUC no hay paraíso

Estos fueron afortunados y pudieron rentar la bicicleta acuática (foto del autor)
Estos fueron afortunados y pudieron rentar la bicicleta acuática (foto del autor)

LA HABANA, Cuba.- Dudosas condiciones higiénicas en la manipulación de alimentos y altos precios se encuentran las familias que van a disfrutar de un día veraniego en la capitalina playa El Mégano.

Las atracciones playeras no están diseñadas para el cubano trabajador, el de a pie. Los precios en el Punto Náutico Mégano, perteneciente a Náutica y Marinas MARLIN de la Marina Hemingway, según el jefe del establecimiento, se mantienen vigentes desde 1997. “Además, estos servicios son caros en cualquier playa del mundo” sentenció.

Alquilar todo el día una sombrilla o una cama de playa equivale a 50 pesos (2 CUC), una carpa 250 pesos (10 CUC), la mesa 25 pesos (1 CUC), cada silla 25 pesos (1 CUC) y un juego de snorkel 100 pesos (4 CUC).

Por otro lado, el alquiler del catamarán cuesta 300 pesos (12 CUC), una tabla de vela 250 pesos (10 CUC), una bicicleta acuática 175 pesos (7 CUC), el kayak 100 pesos (4 CUC), “sólo por 60 minutos”.

Con respecto a los “cursos” ofrecidos, una hora del curso de Ski Náutico cuesta 1750 pesos (70 CUC) y el curso de velas 1250 pesos (50 CUC).

En tanto, el Punto de Venta Gastronómico “5ta Avenida”, ubicado en este lugar, expende el refresco instantáneo caliente y en vasos desechables que los propios dependientes exigen les sean devueltos como condición para poder ofrecer el servicio.

En este local, la venta de “cajitas de comida” incluye arroz salteado, vianda y chuleta de cerdo al precio de 50 pesos, según afirmó la propia dependiente. Sin embargo, el precio expuesto al público (en lugar poco visible) en la propia tablilla del puesto de venta es de 35 pesos.

Un dependiente del lugar declaró: “A pesar de ser un establecimiento estatal, las cajitas de cartón donde despachan la comida y los vasos por sólo citar dos ejemplos, tienen que ser comprados por los dependientes pues la Empresa no los provee. Los vasos los tenemos que comprar en divisa”.

Un matrimonio que prefirió comprar el refresco en divisa, aseguró, bajo condición de anonimato: “Somos cuentapropistas, tenemos una cafetería con comida y todos los días atravesamos un suplicio con el tema de la higiene y los inspectores de salud pública, lo que hacen con nosotros es un ensañamiento con premeditación y alevosía”.




Cierran playas cienfuegueras por contaminación

Aunque es pleno verano, la playa estaba vacía este jueves. (Foto: Las Villas Press)
Aunque es pleno verano, la playa estaba vacía este jueves. (Foto: Las Villas Press)

CIENFUEGOS, Cuba – El pasado 28 de julio cerraron los centros recreativos Rubén Martínez Villena y La Punta, debido a la contaminación de sus playas. Desde la semana pasada se venían reportando, en los diferentes centros de atención médica del municipio de Cienfuegos, casos aislados de personas que llegaban con lesiones en piel.

Pero para el fin de semana anterior, el número de pacientes con mismos los síntomas fueron en aumento. Los médicos que los asistieron notaron la coincidencia de que todos se habían bañado en las playas mencionadas antes. Esta inquietud fue transmitida al Centro Provincial de Higiene y Epidemiologia (CPHE), que de inmediato comenzó las indagaciones, dando como resultado que las instalaciones cerraran este miércoles.

Una trabajadora por cuenta propia que laboró en el Círculo Juvenil –una de las playas afectadas– y que se negó a identificarse dijo a Cubanet que el pasado 5 de julio, cuando se inauguró la temporada veraniega, a la arena le habían echado un relleno consistente en una tierra rocosa.

“Varios días después se veían peces muertos en la playa y se olía mucha fetidez”, dijo la fuente, y agregó: “A mi hijo lo llevé el viernes pasado al policlínico pues tiene toda la parte interna del muslo, hasta los testículos, enrojecida, y ya le estaba llegando incluso a las nalgas”.

Según el testimonio de la entrevistada, la doctora le puso tratamiento pensando que se trataba de una dermatitis por hongo. “Pero en realidad no sabía de qué se trataba”, sospecha esta madre. “Luego supe que varios amigos de mi hijo que acudieron al Círculo Juvenil tenían lo mismo”, puntualizó.

Dahimy, vecina del reparto La Juanita, visitó la playa La Punta y cuenta que “el agua estaba verde y se veía turbia, como si tuviera moho”.

El Hospital Pediátrico local Paquito Gómez Toro ha destinado un pediatra, un dermatólogo y un epidemiólogo para examinar a los menores que hayan acudido a estas playas y llegan con lesiones en la piel.

Un trabajador del CPHE que se negó a ser entrevistado solo alcanzó a decir que el organismo donde labora había cerrado las playas y comenzado un estudio medioambiental que incluiría el muestreo del litoral.

Ayer 30 de julio, la emisora provincial “Radio Ciudad del Mar” informó a los radioescuchas sobre el cierre de las playas. Según ese medio, las afectaciones pudieran provenir de un alga capturada en la zona que expele una toxina fuerte. Esto no ha quedado demostrado por cuanto las investigaciones emprendidas de manera conjunta por el CPHE, el Centro Provincial de Estudios Medioambientales y la Delegación Territorial del Ministerio de Ciencia Tecnología y Medio Ambiente continúan.

En los hombres, las lesiones se registran en el área de los testículos, presentando una dermatitis caracterizada por el enrojecimiento, la inflamación y el endurecimiento. En casos avanzados aparecen lesiones con pústulas y humor. En las mujeres se dan los mismos síntomas en el área de los glúteos y la vulva.

De momento se conoce que los casos reportados en los centros asistenciales de salud rebasan los 50 y que los bañistas provienen de las playas mencionadas, aunque en las últimas 24 horas el Hospital Pediátrico Provincial Paquito Gómez Toro llegaron dos casos provenientes del balneario Rancho Luna, dijo a la emisora radial el Dr. Yenislandi Sánchez. Rancho Luna se encuentra fuera de la bahía, a decenas de kilómetros de la ciudad, lo que podría suponer que el agente dañino haya extendido su presencia.

(María Elías Mur)