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Joven habanero convierte bache con agua en un “jacuzzi privado”

Joven, Jacuzzi, Bache, Cuba

(Foto: Captura de pantalla/Facebook)

MIAMI, Estados Unidos. – Un joven cubano se ha hecho viral en redes sociales tras “convertir” un bache con agua de un salidero en un “jacuzzi privado”.

Se trata de Pedro Pumarino Miñoso, quien “aprovechó” el mal estado de la calle y una avería en las redes hidráulicas para disfrutar de una “piscina natural”.

“Ya que no tengo amigo coronel tengo jacuzzi privado”, escribió Pumarino Miñoso en su cuenta de Facebook.

El suceso tuvo lugar en el barrio de Buenavista, en el municipio habanero de Playa.

“Eso es para que vean el clase de salidero que hay aquí en 74 y 23”, dijo uno de los presentes mientras grababa la escena.

El propio Pumarino Miñoso comentó en su publicación que llevaba más de un mes alertando sobre la avería y el mal estado de la calle.

“Llevo un mes en esto y no han venido. Si no vienen mañana lo hago un estanque de clavado. Ya verás”, escribió.

Varios usuarios le advirtieron que corría grave peligro acostándose en el bache. Sin embargo, el joven recordó que en Cuba la salud es gratuita y que, de enfermar, se recuperaría sin problemas.

“Yo tengo de todo. No sé tú, pero yo no tengo problemas con eso de la medicina, aquí es gratis los hospitales (sic) y me curo sin problema ninguno”.

Pese a las graves condiciones higiénico sanitarias que atraviesa el país, muchos cubanos, incluso niños, continúan desafiando enfermedades ante la ausencia de ocio y entretenimiento.

En ese sentido, los baches con agua suelen ser una diversión para muchos menores de edad, fundamentalmente en zonas del interior del país, donde no abundan las piscinas y las ofertas recreativas.

La exposición a las infecciones tampoco parece ser un problema para algunos adultos, tal y como se evidenció la pasada semana en la ciudad de Cienfuegos, donde un hombre se sumergió en una fosa y pescó más de una docena de clarias para paliar el hambre y la escasez de alimentos.

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Mueren madre e hija en derrumbe de inmueble en La Habana

La Habana; Derrumbe; Playa;

(Foto: Twitter/Ismario Rodríguez)

MIAMI, Estados Unidos. – Un edificio declarado inhabitable se derrumbó el pasado domingo en el municipio habanero de Playa, informaron diversas fuentes en redes sociales.

Según los reportes, el inmueble, ubicado en la calle 21, entre 30 y 34, sufrió la pérdida de parte de su estructura alrededor de las 10 de la noche.

“Derrumbe en zona de Playa, en La Habana, un edificio inhabitable, en donde residía una anciana y su nieta de 13 años”, escribió en Twitter Ismario Rodríguez, fotorreportero de Periodismo de Barrio.

Según las fuentes, vecinos de la zona confirmaron el fallecimiento de la madre y su hija.

El periodista criticó la falta de solidaridad de muchos de los residentes en la zona, quienes solo se dieron cita en el lugar para grabar el desastre y filmar el suceso.

“Cientos de personas alrededor obstaculizando la labor de rescate, mientras dos o tres intrusos filman el dolor ajeno (…) Hasta qué punto nos hemos deshumanizado que filmamos la vida de una persona ya moribunda”, agregó.

El mal estado del fondo habitacional en La Habana continúa siendo uno de las asignaturas pendientes del régimen de la isla.

La situación se hace más grave en municipios como Centro Habana, La Habana Vieja, Cerro y Diez Octubre, donde decenas de familias residen en inmuebles en peligro de derrumbe a la espera de que el Estado tome cartas en el asunto.

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Guanabo, crónica de otra desdicha cubana

LA HABANA, Cuba.- En la parada de la avenida del puerto, en La Habana vieja, se han formado dos filas tupidas a la espera de un mismo ómnibus. La señora que reparte los tickets, sucios y manoseados, le explica a un par de muchachos que una de las colas, la más grande, es para los que quieren ir sentados, que a los de la otra, les corresponde inevitablemente el pasillo del carro. Son las tres de la tarde y el sol castiga sin misericordia a la multitud reunida en el lugar, que se dirige en masa hacia las playas del este. A unos metros de la parada, los taxistas establecen sus tarifas a nacionales y extranjeros: dos, tres y hasta cinco CUC por persona. “Tómalo o déjalo”, advierten.

Dentro del ómnibus, un grupo de adolescentes prenden su bocina portátil con las letras ininteligibles de Bad Bunny. Una mujer protesta por el mal olor del vecino. Ha empezado a correr el sudor, la amalgama de fluidos humanos, el aliento caliente de cien personas que se dispersa en un área comprimida. Dos mujeres avientan en alta voz sus problemas maritales y un desconocido las aconseja. Son 30 kilómetros, casi una hora de viaje aferrados a un tubo metálico para llegar a la playa, como vacas al matadero, como sardinas enlatadas, como tres en un zapato.

En Guanabo hay zonas de gente pudiente, villas para oficiales y altos dirigentes del gobierno, casas con piscinas y hoteles de lujo para extranjeros. “La playa está muy linda, todo el mundo está en la playa”. Tres alemanas, blanquísimas, han sido llevadas al mar cubano por primera vez. Son custodiadas por par de mozos morenos que les ofrecen tragos largos de Habana Club y les acarician el pelo con caras lascivas.

“Coditos tostados”, “mazorcas”, “tamales”. Lázaro Ulloa camina kilómetros de arena caliente para tratar de vender todo lo que contiene su saco de nylon. Dice que vino desde Moa para instalarse con unos primos en La Habana, que trajo a sus dos hijos y que viven con cuatro personas más en el centro de la ciudad. Lázaro viaja a diario a Guanabo para “hacer negocio”. Casi nunca se va con las manos vacías porque “la playa da mucha hambre”, apunta. “Lo que más me resuelve la vida son los pomitos de agua congelada a 25 pesos cada uno. Aquí se pasa tremendo trabajo, pero La Habana es La Habana y yo pa´ Oriente no regreso más”.

El cielo en Guanabo ha comenzado a nublarse. Una de las alemanas ha salido rodando cuesta abajo desde las dunas en su intento por sostenerse en pie. El mozo que la acompaña la levanta en peso y la lleva al agua para refrescarle la cabeza. El otro se frota las manos y sabe que han hecho la tarde con las “yumas”, mientras les ofrece otro trago largo a las dos sobrias restantes. Ha comenzado a relampaguear y la gente recoge presta sus sombrillas.

A las seis de la tarde un aguacero infernal ha dejado la playa vacía. El gerente de uno de los establecimientos cercanos cierra la reja del kiosco y prohíbe la entrada al lugar. “No me dejes pasar a nadie”, le grita al dependiente. “Que se mojen, como si los parte un rayo, que después me dejan todo esto aquí lleno de arena”. Una mujer corre en vano con su hijo pequeño en brazos para que no les alcance la lluvia y se queja por la falta de solidaridad. El único taxista disponible pide 25 CUC hasta el Vedado. Las alemanas y sus jineteros alquilan el vehículo.

En una garita del parqueo colindante se aglomeran más de quince personas. El agua penetra sin compasión por los agujeros del cuartucho y los truenos asedian cada cocotero cercano. Un ómnibus recoge a tres de los guarecidos y les niega refugio y transporte a los demás porque “la guagua es de una empresa y está alquilada”. En un espacio de tres metros los cuerpos buscan protección sobre los otros.

En el paradero de Guanabo hay reunidas más de quinientas personas y ha llegado un vehículo repleto de policías. La muchedumbre desesperada toma por asalto el único ómnibus disponible y una muchacha cae suspendida en un charco de agua. Otros jovenzuelos ebrios sacan una navaja para defender su hombría y los obligan a penetrar en una de las patrullas. “Al menos estos se van de aquí”, comenta alguien. Los oficiales tratan en vano de organizar la cola y se escucha a un borracho gritar improperios del presidente.

Una señora comienza a sollozar del miedo, de la incertidumbre para volver a su casa. “Tú no querías playa, coge playa”, le espeta el marido. Son las ocho de la noche dentro del ómnibus que llega hasta Guanabo y retorna a la urbe “maravilla” de 500 años. Hay arena dispersa en el pasillo, mujeres desprovistas de ropa, sudor salado que se mezcla con el olor nauseabundo del alcohol y el humo de cigarro. Guanabo no es lugar para pobres, es sitio para extranjeros, gente pudiente, hoteles de lujo, villas para funcionarios con autos modernos.




El “apartheid” en Guanabo

playas-de-este 500x400LA HABANA, Cuba. (Juan Carlos Díaz Fonseca) -La playa de Guanabo, perteneciente al municipio Habana del Este, en la capital, es un lugar turístico, a donde también acuden visitantes de diferentes países, con el propósito de disfrutar sus bondades. Ellos, sin embargo, tienen más derechos allí que los propios cubanos.

Allí hay un establecimiento gastronómico nombrado “La Cocinita”, que está ubicado en la 5ta Avenida entre 478 y 480, el cual es custodiado por la Policía Nacional Revolucionaria (PNR), con el fin de evitar el contacto de los cubanos de la isla con los turistas que van al lugar.

El pasado 13 de octubre, dos jóvenes de raza negra fueron detenidos, a las 9:00 pm aproximadamente, por dos agentes de la PNR, solo porque se encontraban caminando cerca del lugar.

Los dos muchachos se dirigían a La Cocinita a tomar una cerveza, siendo vecinos de la zona y bajo amenaza de ser trasladados a la Estación de Policía, tuvieron que retirarse, después de haber sido amenazados por los agentes.

Madeleine, quien reside en el barrio, explicó que esto sucede casi todos los días a cualquier hora y no es sólo con los hombres, también con las mujeres. De hecho algunos se han negado a ceder, son esposados con las manos en la espalda y maltratados con empujones al montarlos en los autos patrulla de la PNR.

Una orden es una orden y estos oficiales la cumplen sin importarles los derechos de los detenidos.




Verano en La Habana

LA HABANA, Cuba, julio (173.203.82.38) – El malecón habanero es el lugar privilegiado por  niños, adolescentes y jóvenes para escapar del aburrimiento del domingo y de las altas temperaturas del mediodía.

“Vengo los domingos a bañarme  en el malecón porque no tengo otro lugar adonde ir. Como vivo por aquí no me cuesta nada. Ayer no vine porque llovió mucho, pero hoy el día está bueno y hay que aprovecharlo -dice Yusleany Vega, un chico de 14 años-, y así voy pasando mis vacaciones”.

“Vine con unos amigos que me embullaron. Estaba en la casa viendo la televisión, pero me aburría porque las películas que ponen hoy no me gustan”, apunta Rudy Menéndez, de veinte años.

“A la heladería Coppelia vamos algunas veces, pero preferimos esto del Malecón o esperar para ir a las playas del este con mis padres, pero ir allá cuesta dinero y no tenemos para eso”, expresa David Ríos, para quien bañarse en el malecón es  una aventura.

Hay jóvenes que prefieren visitar el Pabellón Cuba, en La Rampa, donde en julio y agosto se instala la feria Arte en la Rampa.

“Es un sitio agradable porque en las tardes siempre hay música grabada o en vivo, para gente joven y pasamos el rato. Además, allí se pueden comprar algunas cosas, aunque los precios son altos, pero es un buen lugar para ir con mi novia” -dice Dayron Cabrera, estudiante de arquitectura.

Existe una nueva opción que se está imponiendo este verano entre los habaneros, y es la de ir a las playas del este en los ómnibus de algunas empresas. Por 30 pesos (poco más de un dólar), recogen a los bañistas temprano en la mañana en un punto del barrio donde viven, y al caer la tarde los devuelven al punto de partida.

También se organizan excursiones a la playa de Varadero, a un costo de 100 pesos (alrededor de 4 dólares). Se sale a las 6 de la mañana y se regresa a las 5 de la tarde. Los excursionistas llevan la comida de la casa, o la compran en la playa. La mayoría prefiere prepararla en la casa y llevarla; porque sale más barato.

A las piscinas de los hoteles es prácticamente imposible ir a bañarse, porque, aunque ya los cubanos pueden entrar en los hoteles, hay que pagar en divisas, y aquí los dólares no abundan.

Los lugares de esparcimiento escasean, sobre todo para los más jóvenes, no obstante, los chicos en busca de diversión buscan alternativas para no aburrirse.

Vacaciones escolares, mucho calor, poco dinero y poco que hacer para entretenerse; es verano en La Habana.