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“El Caballo” ya cabalga por las pantallas cubanas

El Caballo, Lilo Vilaplana

LA HABANA, Cuba. – Luego de una producción millonaria con la película “Plantados”, el director Lilo Vilaplana, sin quitarse el polvo del camino, se lanza con la realización de “El Caballo”, con lo que ayuda a mover a los excelentes actores cubanos radicados sobre todo en Miami.

Ambos elencos se componen de actores y actrices de la diáspora, que están esparcidos por el mundo e intentan encaminar sus vidas y sus artes. Quizá sea esto también otra de las grandes emociones, volver a juntar a artistas talentosos errantes, amados por el pueblo cubano que, de una u otra manera, salieron de Cuba a buscar sueños económicos, profesionales y de libertad. Muchos de ellos pensaron que la oportunidad de hacer cine estaba muy lejana, hasta que Lilo tocó sus puertas.

Con mucho profesionalismo y ubicando locaciones que ayuden a pensar los hechos en Cuba, Lilo nos ofrece una historia que cada cubano conoce bien, tanto por experiencia personal como por la de algún familiar o conocido. El filme reconoce esa actitud antagónica de anhelar ingerir carne de res y saber que en el acto mismo se comete una ilegalidad, pues por comprarla en “bolsa negra”, única vía para obtenerla, te podrían condenar a prisión por varios años.

Sin embargo, el cubano a través de su vida, en estas seis décadas de prohibiciones, calamidades y persecuciones, donde todos somos culpables hasta que no se demuestre lo contrario, hemos aprendido a convivir con ese miedo pegado a los huesos, por lo que no hay manera de escapar de esa ansiedad del vigilado que vemos en pantalla, y que tanto nos recuerda a nosotros mismos.

Y no puede escapar, en medio de esa barahúnda existencial de pueblo que lucha por la subsistencia y que aparece al fondo, como en esas grandes obras donde lo importante apenas se ve y que solo pasa como una sombra inexacta que se desdibuja con la trama central, la del opositor a la dictadura y los desmanes contra él. Un acto de repudio de los oportunistas y el abuso policial.

Uno de esos actores talentosos y de mucho éxito en Cuba que participaron en la película fue el recién fallecido Abel Rodríguez, quien participara en varias de estas aventuras con Lilo desde sus tiempos en Bogotá, Colombia, y que su prematura partida solo nos deja con el consuelo de sus recientes actuaciones para cine en “Plantados” y “El Caballo”.

Para mi gusto, una de las escenas icónicas en “Plantados”, una actuación que me exprime el interior, es la de Abelito cuando les dice a los otros plantados que no puede acompañarlos en una determinada protesta pues existe el chantaje que le impediría ver a sus hijas tras varios años de no permitírselo. Camina hasta la claraboya y el sol lo alumbra, un silencio conmovedor en los demás hombres que lo miran con ese dolor evidente que solo causa la humillación y la injusticia. Así siempre lo voy a recordar, cuando por varios segundos se robó la pantalla para la eternidad.

Esto me recuerda que la última actuación del maravilloso actor leyenda Reynaldo Miravalles también fue la producción de Lilo “La casa vacía”, junto a la también leyenda del cine y la televisión cubana Susana Pérez. Momentos que siempre tendremos que agradecerle al director Lilo Vilaplana, que no olvida las temáticas históricas, sensibles y ocultas, que ha logrado sacar a la luz pública para que muchos cubanos no olviden y el mundo conozca.

Como mismo ocurrió con la película “Plantados”, el filme “El Caballo” ha ido pasando de una a otra memoria flash en el archipiélago cubano. Algo así como los llamados Samizdat en la Unión Soviética y demás regímenes del bloque comunista, aquellos libros prohibidos por los gobiernos totalitarios que los lectores se pasaban con la cubierta forrada con alguna página de revista pro-socialista. Pero ya los tiempos han cambiado, la internet ha revolucionado las mentes y, por mucho que la dictadura persiga a sus ciudadanos, las redes permiten un resquicio de libertad que no pueden apagar las voces de tantos que claman por sus derechos individuales.

Y es cierto que estos materiales fílmicos brindan, además de un conocimiento histórico para que los cubanos y el mundo sepan las atrocidades que se cometieron y se continúan ejerciendo contra aquellos que piensan diferente, una esperanza basada en las personas que no olvidan y se preocupan por el destino y la suerte de los que habitan la Isla.

Varios proyectos ya están preparados. Este año se comienza en la preproducción de la película “Plantadas”, los horrores que le cometieron a las mujeres, pero creo –estoy seguro– que con ellas fueron más severos y abusadores que con los hombres. La película está basada en el testimonio de mujeres gloriosas que cumplieron cárcel por muchos años, donde fueron torturadas, al punto de no reconocer a sus hijos cuando se los presentaban delante.

Se estima que para finales de este año 2022, ese filme estará en los cines de Miami. Y esperemos que en cada presentación logremos concientizar, siempre a través del arte, que los cubanos merecen la libertad definitiva. Los artistas estamos comprometidos con esa libertad, y Lilo Vilaplana así lo ha demostrado a través de muchos años, exponiendo el carácter asesino del régimen de Fidel Castro, continuado luego por su hermano Raúl y ahora por Miguel Díaz-Canel. Como bien ellos dicen, “son continuidad” de la barbarie, de la censura y el abuso constante para todos los que exigen sus derechos.

En días recientes se supo que Lilo ganará su segundo Emmy con el capítulo “Ya viene llegando” sobre la vida del cantautor cubano Willy Chirino, de la serie “Leyendas del exilio”, que se suma al premio del público en el pasado Festival de Miami, lo que nos llena de júbilo y asegura la siembra de futuras producciones. ¡Bienvenidas sean!

ARTÍCULO DE OPINIÓN
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Equipo de “Plantados” hace llegar una silla de ruedas a joven cubano con artritis reumatoide

Pupo Quiala

LA HABANA, Cuba. – Aunque el mayor anhelo de Héctor Luis Pupo Quiala es vivir sin dolor, una de sus mayores necesidades acaba de ser satisfecha: tras la reciente publicación de su historia en CubaNet, Lilo Vilaplana, director de la película Plantados, y el resto del equipo de trabajo del filme, le hicieron llegar el dinero necesario para sustituir su antigua silla de ruedas por una nueva, que le permita mantenerse en una posición más cómoda.

Con el dinero enviado a Cuba, el opositor Fabio Corchado y el escritor Ángel Santiesteban Prats (coguionista de Plantados) se encargaron de buscar, comprar, embalar y enviar a Pupo Quiala la nueva silla eléctrica de ruedas, así como algunos medicamentos (diclofenaco, cefalexina, algesal) para contener el dolor.

Vivir sin dolor: el mayor anhelo de Héctor Luis Pupo

“Hay una máxima de Shakespeare que yo aplico en mi vida y me encanta: la felicidad ajena es un espectáculo maravilloso, por eso nos unimos a Fabio Corchado y Ángel Santiesteban para apoyar el sueño de Héctor en nombre de todos los del equipo de trabajo, el elenco y demás de la película Plantados”, declaró a CubaNet el cineasta Lilo Vilaplana.

Asimismo, el realizador cubano radicado en Miami, dirigió un mensaje a la disidencia y al pueblo cubano: “No están solos, pueden contar con nosotros”.

Por su parte Ángel de Fana, exprisionero político y asesor histórico de Plantados, asegura que todas las personas involucradas en la película están con el pueblo tanto en la resistencia como en la atención de casos humanitarios semejantes al de Pupo Quiala.

Apenas a los 11 años, al joven holguinero le fue diagnosticada artritis reumatoide, una enfermedad inflamatoria crónica que afecta las articulaciones y sus tejidos, y que provoca mucho dolor y rigidez. Su estado de salud ha empeorado con el paso del tiempo, debido a malas prácticas médicas y la poca atención recibida en Mayarí.

Sus necesidades más urgentes no solo se debían a la artritis reumatoide, sino también a la osteoporosis que padece como consecuencia de una sobredosificación de medicamentos.

Para su madre, Maricela Quiala, el nuevo sillón de ruedas es “una bendición”: su hijo “está como si le hubieran regalado un juguete que no pensó tener” porque no podía comprárselo.

Pupo Quiala, que “ya había perdido las esperanzas” de tener una silla de ruedas “digna”, dice que aprendió rápido a manejarla, aunque todavía tiene miedo “porque se mueve mucho y relincha como un caballo”.

“Quiero darle las gracias a Fabio Corchado, porque por él los conocí a todos, a Ángel Santiesteban, a Lilo Vilaplana y a su equipo, a todos quienes me dieron esperanzas, y en especial a Dios porque me los puso en el camino”, confiesa el joven.

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Visión de los plantados

Plantados, presos políticos, castrismo

LA HABANA, Cuba. – Yo los vi. Los tuve junto a mí y descubrí por primera vez el color de los héroes. Parecía una visión insólita, irreal, una aparición sobrenatural. Pero se movían, hablaban como seres vivos, tantas veces muertos, más vivos que nunca. 

Muchas veces había imaginado su pequeño mundo subterráneo, como un filme de colores grises, ellos como fantasmas, olvidados por muchos, recordados por tantos.

Comenzaba el año 1987. Julio 9, 4:00 de la tarde. Eran los plantados. Una mujer llamada Esperanza realizaba su segunda boda con un plantado, que muchos años antes había sido su amor eterno. ¿Qué hacía yo allí junto a ellos, descubriendo lo que una vez había dicho nuestro José Martí: “Los hombres se dividen en dos bandos: los que aman y fundan, los que odian y deshacen”.

¿Quién era el tirano que había construido aquella visión tan dantesca de los plantados, a unos pasos de La Habana? ¿Cuál era el nombre de aquel cobarde que encerraba a los que lo combatían de frente, a los que levantaban la bandera de la verdad?  

Estuvieron encerrados como animales en celdas tapiadas, en gavetas. ¡Tanto les temía el malvado! Unos no pudieron llegar al final y protagonizaron las escenas más tristes, porque ya no están. Fueron muertos por las balas del malvado. 

Más de 20 000 eran en un principio, entre hombres y mujeres por separado; 20 000 valientes en representación de todo un pueblo perdido y engañado. 

Dicen mis vecinos que por estos días ven el filme con la historia de los plantados en sus celulares. Y me preguntan si lo vi y yo les digo que lo vi todo, que mi corazón no me cabía en el pecho cuando me sonrieron, agradecidos de mi presencia: Fibla el médico, Huesito el obrero, Peñalver el bueno…

“¿De verdad que viste la película?”, me preguntan de nuevo. Yo les respondo que lo vi todo desde mucho antes, cuando recién despertaba a la realidad de mi país. 

Los vi bien cuando, de aquellos 20 000 hombres y mujeres ―muchos sentenciados de por vida por oponerse al comunismo― solo quedaban unos 300 en la prisión Combinado del Este, que fueron convertidos en rehenes y ofrecidos a políticos extranjeros. 

Yo tengo su historia en mi memoria, junto a mis cartas de amor. Yo lo vi todo, lo supe todo. Vi a los sobrevivientes, ya viejos, volar al fin a la libertad. Los vi alejarse desde lo alto de mi ventana y me quedé aquí, porque no hay destino más triste que vivir demasiado para recordar.  

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Plantados en el cine del exilio

Plantados exilio
Filmación de Plantados. Foto plantadosfilm.com

MIAMI, Estados Unidos.- Hay más fotos de la reconcentración de Valeriano Weyler, en la Cuba de 1896, que imágenes de la represión sistemática y continúa dirigida y puesta en práctica, personalmente, por el dictador Fidel Castro.

Se sabe del pavor que causó la apertura de los archivos de la policía política alemana, la tenebrosa Stasi, al derrumbarse el socialismo.

Es muy probable que sus discípulos aventajados, el G2 cubano, guarden de alguna manera esa memoria del pánico y en el futuro se puedan sumar hallazgos gráficos en la isla a la historia universal de la infamia.

Con escaso apoyo, pero muy consciente de sus razones con respecto a la libertad de la nación, el exilio cubano comenzó a dejar fe de la distorsión y manipulación histórica castrista, desde el primer día.

Fundó instituciones, editoriales, asociaciones, cursos académicos, premios, entre otras posibilidades de supervivencia espiritual frente a un poderoso enemigo, que no solo contaba con el apoyo propagandístico del llamado campo socialista, sino del resto de la izquierda funcional e intelectual en su propio traspatio.

La dictadura creó muy temprano el Instituto Cubano de Arte e Industria Cinematográficos (ICAIC), su brazo armado publicitario, desmontó la industria audiovisual que ya existía, e impidió cualquier expresión alternativa en este campo artístico e informativo. Lenin había advertido que el cine era la más importante de las artes.

Para evitar totalmente este secuestro de la imagen cubana y comprendiendo la importancia de desafiar la mítica y seductora iconografía creada por la dictadura, o debido, sencillamente, a una perentoria necesidad de expresión, realizadores entrenados y otros aficionados comenzaron a manifestarse en el universo cinematográfico, desde muy temprano, hasta nuestros días.

El arco de esa producción, sobre todo del cine político, tan caro a los exiliados de diversas generaciones, va de “Cuba, satélite 13”, de Manuel de la Pedrosa, producido por Eduardo Palmer, del año 1963, al filme de ficción “Plantados”, dirigido por Lilo Vilaplana, de reciente estreno, y que comienza a exhibirse comercialmente el 26 de marzo.

Entre estos dos momentos acontece una numerosa filmografía donde se quiere reconstruir lo que el castrismo ha obliterado con saña. Ese cine del exilio es verdaderamente independiente, subvencionado a como de lugar, sin compromisos editoriales que coarten su contenido, y muy impaciente por mostrar la verdad.

Ahí figuran, desde Manolo Alonso a Oscar Ernesto Ortega, pasando por Orlando Jiménez Leal, Jorge Ulla, Camilo Vila, León Ichaso, Andy García, Iván Acosta, Néstor Almendros, Mari Rodríguez Ichaso, Sergio Giral, Nicolás Guillén Landrián, Miñuca Villaverde, Rafael Lima y muchos otros de arribo relativamente reciente o nacidos en los Estados Unidos que han seguido explorando, incansablemente, la huella de la isla, como son: Eliecer Jiménez, Juan Carlos Cremata, Jorge Egusquiza, Rolando Díaz, Luis Guardia, Orlando Rojas, Joe Cardona, Ricardo Bacallao, Bill Teck, Emilio Oscar Alcalde, Ricardo Vega, Magdiel Aspillaga, Ernesto Fundora, Rubén Lavernia, Lisandro Pérez, Javier Echevarría, Carlos Gutiérrez, Jorge Soliño y Agustín Blázquez, entre otros.

“Plantados” es ahora un nuevo paradigma de tan ambiciosa aventura artística. Thriller político, de brío humanista, histórico, en esencia, perteneciente al género de prisiones.

Vilaplana domina las mañas de las series televisivas, tan en boga, y se las aplica a su opera prima. El argumento, sobre presos políticos que se rebelaron, en la peor de las circunstancias, es debido al propio director y a los escritores Angel Santiesteban y Juan Manuel Cao. En términos generales, el filme atañe más a la emoción que a la voluntad y la mediación estética.

En la premura por dejar claro que los presos políticos cubanos, hombres valientes y decorosos donde los hubiera, empeñados en no dejarse doblegar como si fueran meros delincuentes, Vilaplana ha priorizado una suerte de anecdotario encadenado de tan tenebrosa jornada, reconstruido a partir de la memoria de los héroes.

Es una película claustrofóbica y violenta. No podía ser de otra manera cuando está lidiando con la impunidad y el desprecio al prójimo que discrepe, consustancial al comunismo.

Pertenece también al modelo de cine cultivado por otras comunidades históricas que han sufrido pasados agobiantes. Un expreso político, viviendo en el exilio, se encuentra casualmente con su torturador, visión que desencadena perturbadores recuerdos.

El personaje siente la obligación moral de tomar cartas en el asunto para hacer justicia y decide desestimar el sistema legal. La intriga de este desafío se mantendrá hasta el final.

En “Plantados” se suceden viñetas de horror que pudieran beneficiarse de pausas reflexivas y subtramas que arrojen más luz sobre la vida de las víctimas. Los propios acontecimientos, sin embargo, no parecen abrir brecha para el sosiego.

Testimonios referidos en varios documentales y libros, sobre la realidad específica de estos presos, cobran vida, por primera vez, en “Plantados”, mediante la verosimilitud de las artes de la ficción cinematográfica, con imperfecciones estructurales que no hacen mella significativa en su poderoso contenido.

Actores cubanos, de varias generaciones, se esmeran en interpretaciones naturalistas para retratar seres humanos comunes, sin mayores pretensiones personales, que se transmutan en héroes ante nuestros ojos cuando asumen una insólita batalla en el más desventajoso de los escenarios.

“Plantados” es la metáfora turbulenta de la represión sistémica que ha mantenido en el poder al castrismo hasta nuestros días. Es, por otra parte, denuncia y deliberación, franca, sin medias tintas, lo cual se agradece.

En un futuro no lejano, la intelectualidad nacional e internacional que dio el visto bueno a tanto crimen, sin denunciarlo, sentirá la misma vergüenza de quienes apoyaron las vilezas fascistas y comunistas en el pasado.

Otras películas vendrán para seguir infundiendo verdad sobre la lucha incansable del exilio cubano. Por lo pronto, “Plantados” retoma y enriquece el legado de anteriores empeños.

Cine Cubano en Trance con Alejandro Ríos.

Dilucidar la isla y su cultura a partir del séptimo arte que la denota. La intensa quimera de creadores, tanto nacionales como foráneos, que no cesan de manifestar una solidaria curiosidad por tan compleja realidad, es parte consustancial de esta sección.

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Leopoldo Fernández Pujals: “Cuba está lista para un cambio de verdad”

LA HABANA, Cuba.- “(…) el hombre siempre tiene dos hambres”, la del pan y la del espíritu, según refiere Onelio Jorge Cardoso en su cuento “El caballo de coral”. Para Leopoldo Fernández Pujals el pan está seguro hace más de 40 años, pero su otra hambre, y su legado, inició con la película “Plantados”, para la cual facilitó 2 millones de dólares de su fortuna.

La familia de Leopoldo Fernández Pujals se exilió en 1960 cuando él tenía apenas 13 años de edad. Al salir de prisión su tío, José Pujals, después de cumplir 25 años como preso político “plantado” en Cuba, Leopoldo era ya un exitoso empresario en España. Después de 20 años anhelando producir una película sobre los vejámenes que su tío y cientos de presos de conciencia padecieron en Cuba, le llegó la oportunidad con “Plantados”, película dirigida por Lilo Vilaplana, que ganó el Premio del Público en el recién concluido Festival de Cine de Miami.

¿Por qué apoyar, financiar esta película “Plantados”? ¿Qué importancia tiene este filme en el actual contexto cubano?

La historia de la película “Plantados” comienza en el año 1996, cuando ya yo había sacado la compañía Telepizza a bolsa. Me encontraba con dinero suficiente para apoyar a un grupo reducido de “plantados” históricos, uno de ellos era mi tío, otro era Mario Chanes de Armas, Ernesto Díaz Rodríguez y Ángel de Fana. Yo les estaba apoyando para que pudieran viajar por el mundo y contar los horrores que habían pasado en las cárceles, y nos encontramos con que muchas veces las personas que iban a escuchar eran 10 o 15. Entonces dije: tenemos que dar a conocer la vida de ustedes, el sufrimiento del pueblo cubano por otra vía; y empezamos a buscar a un guionista. Llevábamos ya cuatro guionistas, desde el año 1997 en adelante, un francés y tres norteamericanos, pero ninguno de ellos, como decía mi tío, quería ponerle el cascabel al gato, o sea, no querían poner a Fidel Castro como el malo de la película. Recuerdo al francés decir: es que Fidel Castro era mi ídolo cuando yo era un adolescente, cómo voy a criticarlo ahora.

Ha sido un camino largo, pero nunca es tarde si la dicha es buena. Yo creo que, hoy día, Cuba está lista para un cambio de verdad. La canción “Patria y Vida” está resonando mucho, la película está resonando mucho, sobre todo en el exilio, en Miami, y por todos lados, están pirateandola en todo el mundo, lo cual a mí no me preocupa si yo lo que quiero es que vean la película, yo no he hecho la película para enriquecerme.

Ha tardado, pero ha tardado porque no encontrábamos a un guionista adecuado hasta que un día, después de que Lilo Vilaplana había hecho varios (capítulos de la serie) “Leyendas del exilio”, Ángel de Fana y Ernesto Díaz Rodríguez me dicen: creo que hemos encontrado a alguien que puede hacer la película. Entonces viajé a Miami, nos presentaron, y media hora después nos dimos la mano y le dije: empieza.

Plantados Cuba
Filmación de Plantados (Foto: plantadosfilms.com)

Mencionaba que habían encargado varios guiones antes hasta que dieron con este que era el que satisfacía sus inquietudes. ¿Qué es lo que diferencia a este guión de los anteriores?

Los anteriores eran, o mentiras, porque era Hollywood, o no le querían poner el cascabel al gato, es decir, no querían decir que Castro era malo. Recuerdo que el título de la película del guión que escribió el francés —solo fueron dos páginas para llegar a un acuerdo con él o no, no llegamos al acuerdo— era “Hombres mansos”, porque se encontró con que no tenían ningún rencor, porque la verdad es que cuando te tiras 25, 26, 27 años en presidio y siete u ocho años de esos en solitario, en las tapiadas, te conviertes como en un santo, solo te tienes a ti mismo para poder conversar. Recuerdo que alguien le preguntó a mi tío, después de que vino a una conferencia en Madrid, “¿cómo usted aguantó tanto tiempo?” Mi tío metió la mano en su bolsillo, sacó el rosario y le dijo: mi fe en Dios. Cuántas veces no habrá rezado él el rosario en ocho años en las tapiadas, en (la prisión de) Boniato.

Ángel de Fana ha dicho en varias ocasiones que usted consideraba que esta película era su asignatura pendiente, es decir, era un anhelo de hace muchísimos años que pudieron materializar…

Hasta lo tengo en un libro que escribí sobre mi vida en el año 2014 (“Apunta a las estrellas y llegarás a la luna”) y resulta que puse ahí lo de una asignatura pendiente. La verdad es que el libro fue escrito en gran parte para mi descendencia, yo quería que mi descendencia supiese algo de mi familia, de mis antepasados, de mis raíces cubanas, de mis raíces españolas; y quería explicarles cómo llegué yo a hacer fortuna, que no fue ni robando ni ganándome la lotería, fue con conocimiento, aprendizaje, horas, días, años de dedicación, hasta que por fin di con un producto que llegó a España en el momento correcto. Fue una idea principalmente para mis hijos, pero cuando termino el libro, la versión solo en español, ya tenía norteamericanos amigos míos que querían leerlo, entonces tuve que traducirlo al inglés y eso me obligó a lanzarlo al público.

Pero la asignatura pendiente gorda que me queda ahora es la misma que tienes tú: la libertad de Cuba.

Después de haber tenido tanto éxito en el mundo, un éxito que, de alguna manera, le negaron en Cuba, pues usted vive en el destierro desde los 13 años, ¿por qué volver al tema Cuba?, ¿por qué recurrir a rescatar esta parte de la historia que abarca la película?

He de ser agradecido, ser bien nacido. Tengo mambises por el lado de mi madre, por el apellido de Mederos y Cabañas. Después mi tía abuela, Elena Mederos, dedicó toda su vida a los pobres, fundó el Liceo en Cuba, y a ella, básicamente por su trayectoria social, la nombraron ministra (de Bienestar Social en Cuba) en el primer gobierno de Fidel Castro. Duró seis meses, se dio cuenta de que eso iba por mal camino, que Castro era un mentiroso.

Entonces, mi madre, de apellidos Pujals y Mederos, era arquitecta y fue profesora de la carrera de Arquitectura de la Universidad de La Habana desde el año 1940 aproximadamente, hasta que llegó a ser subdecana de la Universidad en el año 1959, cuando entró Fidel Castro. Después, por el lado de mi padre, de apellidos Fernández Centurión, Centurión era un coronel que se casó con Francisca Maceo, quien era sobrina de Francisco Maceo Osorio, un revolucionario de la guerra de 1868 que quería la libertad de Cuba; el incendio de Bayamo empieza por la farmacia de uno de los Maceo.

Por los dos lados, cuando yo era niño, siempre escuché hazañas del pasado de la familia.

Usted proviene de una época en la que las dictaduras se desafiaban de manera violenta, muchos de los presos políticos “plantados” fueron a prisión por alzarse en armas contra el comunismo, contra el castrismo. Sesenta y dos años después ha cambiado el contexto, estamos en un momento en el que no está Fidel Castro, Raúl Castro está por retirarse, y hay muchos de esta nueva generación de personas que enfrentan a la dictadura que están hablando de diálogo con el poder. ¿Cómo usted ve, analiza o valora estas circunstancias?

La libertad de Cuba tiene que llegar a través de una forma digna. Dialogar con unos asesinos no nos va a llevar por buen camino a la larga. Yo sí creo que la libertad de Cuba debe venir de la forma menos violenta posible. Lo idóneo, para mí, sería que el pueblo entero saliera a la calle y que el régimen no tenga otra cosa que hacer que lo mismo que hizo (Fulgencio) Batista: montarse en un avión e irse de la Isla.

¿Usted opina entonces que la vía sería esa, lograr una movilización general del pueblo?

Eso sería lo idóneo porque creo que no matarían a millones de personas, ni a uno. Todos ellos ya tienen mucho dinero fuera del país, no tienen necesidad de quedarse en Cuba para enriquecerse más; consecuentemente, esta es una vía.

¿Qué aconsejaría entonces a esta nueva generación de cubanos, fundamentalmente jóvenes, que dentro de Cuba se enfrentan a la dictadura?

Que el primero que se rinde, pierde.

Su éxito ya muchos lo conocen, ¿qué le queda por hacer en esta vida a Leopoldo? ¿Lograr la libertad de Cuba, como me dijo antes?

Esa es una de ellas, me encantaría cerrar los ojos por última vez y saber que Cuba es libre, soberana e independiente, bajo la Constitución de 1940, la última legal que existe.

¿Volvería usted a Cuba? ¿Invertiría en una Cuba libre? ¿Ayudaría a reconstruir el país?

Una vez un amigo me preguntó por qué yo no invertía en Cuba y le dije que eso sería como ser parte de un capitalismo sanguinario.

En una Cuba libre, sí lo haría. Así es.

¿Y usted se va a quedar en Cuba, cuando sea libre?

Yo estoy viviendo en Cuba, en dictadura, y estoy luchando porque Cuba sea libre y por supuesto que voy a seguir viviendo en Cuba, aunque los dictadores quieren por todos los medios echarme de mi país pero, hasta ahora, no lo han logrado.

Pues mantente firme y cualquier apoyo que necesites de mi parte puedes comunicarte con los “plantados”, que normalmente se comunican conmigo.

Muchas gracias.

Encantado. Y saludos a todo el pueblo de Cuba.

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Ángel Santiesteban: un escritor bien “plantado” (Segunda parte)

Ángel Santiesteban Prats, Plantados, Seguridad del Estado

―Eres el único de los guionistas de Plantados que vive actualmente en Cuba. ¿No temes que el régimen tome alguna represalia contigo?

―Quien tiene mucha preocupación con eso es Lilo Vilaplana. Hemos hablado varias veces de ese asunto. No tengo un plan B. No sé si ellos van a tomar alguna represalia conmigo. De todas formas, si no es por la película sería por otra cosa, ya las han tomado antes. Vivir en dictadura es vivir siempre bajo represalias por cualquier cosa. Conmigo se vienen ensañando desde hace mucho, desde que comencé a escribir. Me han suspendido muchas veces, me han sacado de antologías, de dosieres, porque según ellos no encaja mi temática literaria.

En 1998 fui a República Dominicana, y Lilo estaba en Colombia, ya se había ido de Cuba, hablamos por teléfono y me dice: “Angelito, ahora mismo te voy a pagar un pasaje y tú vienes para acá, no vuelvas a Cuba. Tengo el presentimiento de que terminas preso”. Y yo me negué a irme. Cuando voy a Miami me dice igual: “No regreses”. Le dije que no quería irme de Cuba, aunque me sucediera lo peor. No le voy a huir a esas represalias de la tiranía, estoy en este camino y no es ningún acto de locura, ni quiero ser un mártir, no es el objetivo. Mi objetivo es ser artista en mi país.

―Cuando hablas de Lilo Vilaplana le profesas admiración profunda y cariño, ¿cómo es tu relación con él?

―Conozco a Lilo desde que era un fideo, un muchacho muy delgado. Él vivía alquilado en La Habana, había venido de Nuevitas. Siempre lo admiré por la valentía que tuvo al abandonar su pueblo natal y venir a La Habana para así consagrarse como el artista que ya era. Vino para acá y era asistente de dirección, yo había acabado de pasar ese curso también, además del de guion y el de dirección de cine. Nos pusieron a trabajar con Villar en la programación de aventuras. Eso habrá sucedido en el 86 o 87, ya por ahí comenzó nuestra amistad. Luego se fue para Colombia.

Siempre estuvimos conversando. De hecho, cuando ya empieza la policía política a abusar, que no me dejaba trabajar, no me dejaba ganar, Lilo me ayudaba también económicamente, me enviaba algún dinero y libros. Siempre ha estado muy al tanto de mí. Cuando yo estuve preso fue una de las personas que, si no el que más, aparte de mi hermana, gritó por mi libertad. No se cayó nunca, no se cansó nunca. Lilo se mantuvo esos dos años y medio diariamente pidiendo, exigiendo que me liberaran, que era injusta la causa por la que yo estaba preso.

Ángel Santiesteban, con una gorra de Plantados (Foto: Cortesía)

―Decías anteriormente que la dictadura tomó represalias contigo desde que comenzaste a escribir. Sabemos que ya te censuraban antes de involucrarte por completo en la política, pero, qué sucedió específicamente, con tu libro Sur Latitud 13 y el premio Casa de Las Américas, en 1992.

―Fue terrible. Para cualquier escritor el sueño es que su obra se conozca. Yo tenía 25 años, mando al concurso y me avisan que soy el premio Casa de Las Américas. Estamos hablando de 1992, pleno Período Especial. El jurado era Rigoberta Richo, una italiana que vivía en Cuba, Abilio Estévez y Luisa Valenzuela, una argentina amiga del régimen. Ellos me avisan, yo en la tarde noche me encamino a Casa de Las Américas y cuando voy subiendo me llaman a un lado y me explican que ya no soy el premio, que se había cambiado el voto. Me quedé estupefacto, no sabía a qué atinar.

Subí para el salón donde entregan el galardón y me presentan a Abilio Estévez. Él estaba muy nervioso, no sabía cómo explicar aquello que había ocurrido, me daba aliento, que siguiera escribiendo, que no me amilanara. Llegó Luisa y se sorprendió al conocer la edad que yo tenía y me dijo: “Si es un niño, tú te vas para Argentina conmigo, tienes la edad de mi hija”.  Pero bueno nunca me he querido ir de Cuba, ni en aquella oportunidad ni en ninguna otra.

A ese mismo libro (Sur Latitud 13) en el año 95 le cambio el título, le pongo Sueño de un día de verano y lo envío al premio de la Unión de Escritores y Artistas de Cuba (UNEAC). Se lo cambio tratando de burlar a la policía política, para que no lo reconocieran por si lo habían marcado. Y gano el premio UNEAC, pero no se publica hasta tres años después.

En 1998 es que sale el libro porque Abel Prieto, que era el presidente de la institución en ese momento, me llama y me dice que en su mandato él nunca había dejado de sacar un libro de los premios, y que el único libro que él tenía arrastrando con esa situación era el mío. Me pregunta: “¿Tú tienes auto?”. Le dije que sí. “¿Y apartamento? Te doy un apartamento”. En ese momento yo lo necesitaba porque la madre de mi hijo estaba embarazada, entonces pensé: este hombre me está sacando cinco cuentos del libro y me está dando un apartamento que yo necesito a cambio. Y acepté.

Me dijo que el cuento Los Olvidados no podía salir ni en el 2025 porque las Fuerzas Armadas Revolucionarias nos iban a fusilar a los dos. Después ese cuento lo pongo en el libro Los hijos que nadie quiso, que precisamente se llama así porque reúno todos los cuentos que me habían censurado; lo mando al concurso Alejo Carpentier, lo gano, y están obligados a publicarme el libro. El libro sale, y cuando se lo dedico a Abel le pongo: “24 años antes”.

Años más tarde Abilio Estévez hace un escrito donde explica qué y cómo fue lo sucedido con el Premio Casa. Contó que estaba en el Valle Picadura (en ese tiempo los premios iban a Matanzas), cerca del río Ariguanabo, y lo llamaron por el audio para presentarse en una habitación. Cuando abren la puerta, se encuentra con tres oficiales de la Seguridad del Estado quienes se identifican y le dicen que mi libro no puede ser publicado porque me iban a dañar, que ellos lo que querían era protegerme, que no me sucediera nada ideológicamente, porque los libros eran muy fuertes en ese sentido. Así es como ellos convencen también a las dos mujeres (que eran el) jurado internacional.

Abilio lo confiesa, tenía temor, el miedo ese que se estila en los regímenes totalitarios, y cedió. Él se avergüenza de esta injusticia que cometió y confiesa que nunca ha podido tener paz. Finalmente lo ha podido explicar.

―Sin embargo, en el año 2006 sí recibes el Premio Casa…

―En el 2006 recibo el premio Casa de las Américas, pero ya a uno le queda ese trauma de que podía llegar y que no me lo dieran. Realmente hasta que no me llamaron por el audio y yo subí a buscarlo no me lo creí. Psicológicamente me estaba preparando para lo peor.

Pero también se me trató de quitar este premio. En el jurado había un mexicano, un colombiano, un argentino, un uruguayo y estaba Laidi Fernández, la hija de (Roberto Fernández) Retamar, que estaba de jurado por ser su hija, porque en realidad ella no tenía currículum para serlo.

El propio jurado extranjero me comenta que los llamaron para pedirles que no me premiaran, y no sucedió como en 1992, ellos no tranzaron y dijeron que yo era el premio, el libro fue Dichosos los que lloran.

Ángel Santiesteban Prats, Plantados
Ángel Santiesteban Prats (Foto: Tomada de su perfil de Facebook)

―Después del Premio Casa… recibes en 2013 el Franz Kafka de Novelas de Gaveta, por El verano en que Dios dormía. Tres años después se te concede el Reinaldo Arenas por el libro El regreso de Mambrú, y el pasado año eres distinguido con el Václav Havel para la disidencia creativa, que te reconoce como un “valiente escritor en riesgo”, no solo por toda tu obra sino por tu guion de Plantados. ¿Crees que pueda proporcionarte alguna protección el hecho de que te hayan otorgado este reconocimiento?

―Para mí es un orgullo haberlo recibido sobre todo por la figura de Václav Havel, que todos admiramos y que ha sido un símbolo para la libertad de los países en dictadura.

El premio siempre protege, el Václav protege porque es un premio internacional precisamente para los artistas que están en peligro, que podrían sufrir represalias de un sistema político totalitario en el que están viviendo. Creo que es efectivo porque precisamente está hecho para detener cualquier acto de abuso contra este artista.

Ellos valoraron en mi caso que era parte del guion de Plantados y que por eso podría estar en peligro o sufrir alguna represalia porque la película critica al régimen, y nadie sabe lo que a ellos (el gobierno) pudiera ocurrírseles para castigarme.

―He leído, y sé que tú también, críticas duras a la película. Algunos comentan sobre una “extrema criminalización” de los guardias de las prisiones castristas. Dicen que la intensa y constante crueldad ha dado al traste con el valor artístico del largometraje, ¿qué opinas al respecto?

―Los seres humanos, sobre todo los artistas, infaliblemente tienden a partir de una historia contada como la del filme Plantados, para crear la suya: conceptos, escenas, maneras de hacerlas desde sí mismos y eso es válido. Es parte de la esencia del arte y del mismo ser en sí. Todos tienen su película y me agrada escuchar e imaginar esas múltiples maneras. Pero esta película es de, y para, los plantados históricos. Es un viaje al infierno donde se tenían tantas cosas para expresar que dos horas eran insuficientes. Teníamos esta sola oportunidad en 60 años, para contar la otra parte oculta después de la saturación y el adoctrinamiento de la dictadura sobre varias generaciones. Estas aún creen que los alzados eran “bandidos” y “asesinos”, cuando la mayoría procedía de las filas del Ejército Rebelde en el poder y, al parecer, desconocen estos “críticos” que desde el mismo 1 de enero de 1959 comenzaron a fusilar a todo el que pensara diferente. En todo caso, hubo desmanes de un lado y del otro, pero los de quienes lucharon por un cambio en Cuba jamás se acercan a los de Fidel Castro.

Una amiga me decía que la película apenas le había permitido respirar. Justamente eso fue lo que quisimos captar y trasmitir, el dolor y la agonía que vivieron esos hombres durante sus largas condenas de 20 y 30 años donde cada día, cada minuto, fue una tortura física y sicológica tanto para ellos como para sus familias. Desgraciadamente es así. No había de otra. Todo lo que encontramos cuando comenzamos a estudiar los libros y testimonios vivos, fue un sufrimiento infinito donde por momentos teníamos que detenernos para limpiar los ojos.

Se pudo hacer de mil maneras, pero esto es también lo que los plantados y el inversor de la película buscaban en un proyecto aplazado por 25 años y Lilo, Cao y yo los complacimos. Era lo menos que podíamos hacer después de deberles tanto.

Creo que es válido que le guste a unos y a otros no. Solo que no confío mucho en las críticas y comentarios que he visto hasta ahora. Para mí estos, por disímiles razones, son sospechosos desde hace mucho tiempo.

―¿Qué crees de los vientos de diálogo que soplan actualmente?

―Yo vengo de una postura más intransigente: nosotros no queremos dialogar con el régimen. No soy de los que apoyaría un diálogo con la dictadura, yo apoyo que el régimen abandone el poder. Es la exigencia que por lo menos tengo pensada y por la que siempre he luchado. Pero tampoco niego ni ataco que haya otros grupos que quieran y exijan tener ese diálogo. Son diferentes caminos, podemos luchar por lo mismo usando diferentes vías. Yo no entraría en ese discurso, en esa plataforma del diálogo, pero ojalá les vaya bien, ojalá esa sea la forma para que el totalitarismo termine su mandato, abandone el gobierno y volvamos a la democracia.

―¿Ves más cerca la libertad de Cuba?

―Cuando estaba Trump la veía cerca, estaba convencido de que en un segundo mandato la íbamos a tener. Ahora no podría decirlo porque no sé cuáles son las exigencias que Biden va a tener contra el régimen; ojalá sean tan recias como las que tenía Trump. El régimen solo va a abandonar el poder con fuerza. Ellos se acomodan y fortalecen con políticas como las de Obama, las cuales considero fallidas. Pienso que solo con una política frontal y de exigencia, se podría lograr la libertad de Cuba.

No obstante, pienso que el cubano está a unos pasos de perder el miedo. Se puede palpar el deseo de libertad en muchas personas. Cada vez se suman más a la causa. Incluso hay una presencia importante de la izquierda en la oposición, jóvenes que creían en el régimen y sus dirigentes y ya no lo hacen. Somos nosotros, los que hemos perdido el miedo, los encargados de inspirarlos con nuestros ejemplos.

Lee aquí la primera parte de “Ángel Santiesteban: un escritor bien ‘plantado'”

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Leopoldo Fernández Pujals: “Plantados era una de mis asignaturas pendientes”

Camila Acosta conversa con Leopoldo Fernández Pujals, director de Plantados (Foto: CubaNet)

MIAMI, Estados Unidos. ─ “Ha sido un camino largo, pero nunca es tarde si la dicha es buena”. Así definió la realización de la película Plantados su productor, el empresario hispano-estadounidense de origen cubano Leopoldo Fernández Pujals.

Sobrino de José Pujals Mederos, uno de los presos políticos plantados en cárceles del régimen cubano, Fernández Pujals reveló que el proyecto era un viejo sueño que tuvo su origen hace más de 20 años.

“La historia de la película Plantados comienza en el año 1996 (…) Ha tardado porque no encontrábamos a un guionista adecuado”, sostuvo el empresario, quien contó en exclusiva a CubaNet cómo rechazó guiones por considerar que se apartaban a la verdadera historia de los presos políticos.

Según Fernández Pujals, “los guiones anteriores eran o mentiras o no querían ponerle el cascabel al gato. No querían decir que Castro era malo. De la película”.

“Uno de los títulos que alguna vez nos propusieron fue ´Hombres mansos´”, un enfoque que, en su parecer, no hacía justicia con el sufrimiento de los reclusos en las tapiadas castristas.

La realización del filme tomó forma hace algunos años, cuando Fernández Pujals conoció del trabajo de Lilo Vilaplana, quien por aquel entonces ya había realizado la serie de televisión Leyendas del Exilio, un proyecto que resultó del agrado del empresario español y su equipo.

Fernández Pujals aseguró que la película está teniendo resonancia y que una prueba de ello es que ya ha circulado de forma clandestina en todo el mundo, hecho que, lejos de preocuparle, le entusiasma.

“Están pirateando la película en todo el mundo. A mi esto no me preocupa. Yo lo que quiero es que vean la película. Yo no he hecho la película para enriquecerme”, destacó.

“Plantados era una de mis asignaturas pendientes y así lo registré en mi libro, publicado en el año 2014. El libro está escrito para mi descendencia, para que conocieran de mis raíces cubanas, españolas. Quería que mis descendientes supieran como construí mi fortuna, que no fue ni robando ni ganándome la lotería”, añadió el empresario.

Nacido en La Habana el 12 de marzo de 1947, Fernández Pujals es el fundador de Telepizza, una cadena multinacional de origen español de pizzerías con presencia en varios países del mundo. Es considerada la mayor compañía de ese tipo fuera de Estados Unidos.

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Ángel Santiesteban: un escritor bien “plantado” (Primera parte)

LA HABANA, Cuba. – Ángel Santiesteban Prats es, al decir de muchos, el cuentista cubano más importante de los que aún residen en la Isla. Además de su producción literaria, lo avalan sus premios UNEAC (1995), Alejo Carpentier (2001), Casa de las Américas (2006), Franz Kafka (2013) y Reinaldo Arenas (2016), entre otros. Es, además, el marinero que no abandona el barco: un luchador incansable contra la dictadura cubana.

Como si fuera poco, es también quien, sin hacer alarde, ayuda constantemente a las familias de presos políticos. Lo hace porque es su naturaleza, asegura.

Ángel Santiesteban pudo vivir de las prebendas y dádivas del régimen, pero se decidió por la honestidad, aunque eso lo llevara a ser víctima de algunas de las mayores injurias que pueda enfrentar un ser humano, y prefirió denunciar a quienes hacen las leyes, pero no las obedecen.

Sus vivencias, trágicas a veces, lo han vuelto incondicional con los demás, pero desconfiado en extremo. Santiesteban tiene un exquisito sentido del humor; y es recto y sentimental como pocos imaginan.

Su otra gran pasión, además de escribir y luchar por la libertad de Cuba, es ayudar y servir a los otros, incluidos sus hermanos masones. Por eso, el no nunca fue una opción cuando el director de cine Lilo Vilaplana le propuso hacer el guion de la película Plantados.

―El pasado 12 de marzo se estrenó en el Miami Film Festival Plantados, el largometraje que rememora las atrocidades del presidio político en Cuba a partir de los años 60 del pasado siglo, y del cual eres guionista junto a Juan Manuel Cao y Lilo Vilaplana, el director. ¿Qué significado tiene la película en estos momentos?

―Por lo menos históricamente lo que ha ocurrido es que, cuando termina una dictadura, salen los testimonios de los horrores de esta. Creo que, si tiene un valor que Plantados esté saliendo ahora mismo, es que nos estamos adelantando al final. Ya desde ahora le estamos diciendo al mundo los horrores que cometieron, que cometen; y que mientras más se demore en caer esta dictadura, van a seguir cometiendo estas injusticias, estos abusos, contra los presos políticos en Cuba.

Aunque la película está basada en recuerdos del pasado, yo creo que tiene vigencia en la actualidad también porque en estos momentos hay más de 130 presos políticos en Cuba siendo abusados. Recientemente, José Daniel Ferrer estuvo en el piso de una celda de castigo cerca de tres meses o más; a Aimara Nieto también la han tenido por meses en una celda de castigo sin ver a su familia; Ernesto Borges, que lleva 22 años encarcelado, se está quedando ciego, tiene varias enfermedades y no ha podido atenderse.

Yo creo que la película defiende ese espacio de los presos políticos de hoy. Y creo que también les dice a los sicarios de ahora que aquellos, de alguna manera, están pagando con la película, están pagando a través del arte esos abusos que cometieron.

Lilo Vilaplana, director de Plantados, y Ángel Santiesteban (Foto: Cortesía del dentrevistado)

―Con Plantados, el exilio ha mostrado un interés por recuperar parte de la historia, llevarla a la pantalla grande y hacer justicia. ¿Por qué crees que no se había hecho antes una producción como esta?

―Creo que el interés estuvo siempre, pero el proyecto particular del cine es muy costoso, por lo que hacen falta muchos interesados en ese fin. Desde que llegó Lilo Vilaplana a Miami, arrastró ese ánimo de hacer justicia histórica. Lilo es un patriota, y desde esa admiración comenzó a acercarse a los “plantados”, todos esos hombres que habían sufrido en carne propia todo el abuso del régimen de Fidel Castro. Comenzó con la serie “Leyendas del Exilio”, entre otros proyectos.

Los “plantados” Ángel de Fana y Ernesto Díaz Rodríguez le conversan a Lilo sobre el afán de Leopoldo Fernández Pujals, sobrino de José Pujals y empresario próspero, por hacer una película sobre esos presos legendarios en las cárceles cubanas. Por lo que llevan a Lilo a conocer a Pujals, quien ya había pagado un intento con un guionista de Hollywood, pero que no lo había convencido. Pujals da luz verde, y comenzamos el libreto con toda la investigación que Lilo ya había hecho. Finalmente, a Pujals le gusta el guion y se comienza el proyecto millonario.

Con el financiamiento millonario que recibió la película de los espías (La Red Avispa), nosotros hacemos cinco largometrajes y de mejor calidad. Lo digo convencido porque ya tenemos nuestro primer intento; y ahora los críticos y el pública dirán.

Estoy muy contento con el producto de arte final. También me alegra que sea una película hecha para un público universal. Son conflictos humanos que atañen a cualquier ciudadano del país que fuere.

―A pesar de que ya conocías el libreto, estabas llorando durante el estreno de la película…

―Cuando veo la película me conmueve como si yo no hubiera sido parte del guion. No te puedo negar que mientras lo escribía me era muy difícil. Altamente difícil. Y cuando veo la película se me agolpan todos los recuerdos que tengo desde aquella prisión a mis 17 años.

Yo estuve en las famosas “gavetas” de La Cabaña; les decían en mi época “la ratonera”, apenas un pasillo donde no cabíamos ni de pie. Ahora pudiera dar risa, pero en el día nos íbamos rotando quiénes se agachaban y quiénes se quedaban parados, y en la noche nos exigíamos una compostura heroica: establecíamos horarios con turnos de sueño acostados y de pie, pero infaliblemente al amanecer caíamos desmayados, inconscientes por la vigilia, y nos sorprendíamos en un  retorcijo de cuerpos humanos, donde lo mismo podíamos despertar con los dedos del pie de otro en el rostro o la saliva de alguien humedeciendo al de abajo; entonces nos acomplejábamos y cada cual se recogía, y advertíamos que eso no podía volver a suceder, pero siempre amanecíamos igual.

Una vez me pusieron con los (condenados a) penas de muerte, que eran presos comunes. Dos de ellos habían matado a dos policías. Como sabían que iban a morir, odiaban a todos los demás. Tuve una trifulca con ellos y me golpearon por un rato; nunca he sabido como resistí tantos golpes. Esa experiencia la convertí en un cuento que está en el libro Dichosos los que lloran. De todas maneras, antes de llegar a la celda, ya los guardias me habían dado otra golpiza con las mangueras de gomas que usaban, y a veces les parecía poco y sumaban patadas y piñazos. Si mal no recuerdo, a esa edad se es de goma, creo.

Por supuesto que todo eso me conmueve cuando lo escribo o cuando lo veo actuado en la película. No lloro por mí, lo hago por los presos, principalmente (por) los políticos que se encuentran cautivos en la actualidad, pero en general por todos de los que abusan, que, aunque sean comunes, son seres humanos.

Pienso en Aimara Nieto, en Ernesto Borges, en Denis Solís, entre muchos otros. Estos dos últimos me llamaron por teléfono hace poco. Trato de mantenerme en contacto con los que sufren. Pienso que no se hace suficiente por ellos y sus familiares.

―¿Con Plantados se busca reivindicar y dar a conocer a estos héroes que inconcebiblemente han estado por tantos años en el anonimato histórico?

―En principio, la película es un acto de justicia histórica. Muchos de ellos han muerto, no podrán verla, pero otro grupo podrá verse reflejado en los personajes. Plantados busca, sobre todo, que con ese acto de justicia se haga público todo el abuso que se cometió y que, aún hoy, se comete contra los que encarcelan por pensar diferente. Necesitamos que el pueblo de Cuba abra los ojos, que los ingenuos conozcan la realidad de la Cuba de ayer y de hoy. Lo que necesitamos sacar del anonimato es el abuso del régimen.

Estoy convencido de que la herramienta de las redes es el arma más devastadora contra la dictadura. Ya nada queda en el silencio. Cualquier injusticia que cometan se puede ver en el acto mismo. También las noticias viajan en tiempo real. Es lo mejor que le puede suceder a la oposición. El totalitarismo se desacredita constantemente con sus propias acciones abusivas.

Plantados está inspirada en aquellos presos políticos que se enfrentaron al régimen y por eso fueron torturados y fusilados. Más allá de estas historias esenciales, ¿plasmaste parte de tu vida personal en el guion?

―Yo estuve encarcelado en dos ocasiones, la primera vez un año y dos meses y la segunda dos años y seis meses. Es imposible no volcar todas las experiencias de uno en sentimientos que le afloran a la hora de escribir los personajes. Independientemente de que tenía los testimonios de muchos de los presos políticos, de los “plantados” reales, también puse experiencias vividas por mí; y una vez que salió la película fue algo raro, la vi de una manera más distante. Cuando uno la escribe la ve de una forma y ya cuando sale parece de otra persona, es la magia del cine. Esas partes que conozco perfectamente me conmovían igual.

Plantados hace justicia histórica, asegura Santiesteban (Foto: Cortesía del entrevistado)

―Fuiste preso político. En 2013 cumpliste dos años y medio de privación de libertad por los supuestos delitos de “violación de domicilio” y “lesiones” contra una expareja. En el juicio en tu contra, el periodista Iroel Sánchez podría haber sido uno de tus testigos. ¿Cuál es la relación que tiene esta persona con tu última imputación?

―Iroel Sánchez es un talibán, un hombre dañino para la cultura cubana. Llega ahí a través de la Unión de Jóvenes Comunistas (UJC). Él es un cuadro del Partido, un cuadro ideológico que llega a la cultura para dirigir el Instituto Cubano del Libro. Es un hombre muy trabajador y nefasto. Un ser que no tiene conciencia de la justicia. Iroel puede, en nombre de su Revolución, cometer las injusticias más grandes sin remordimiento alguno. Por salvar al régimen, a lo que él considera su ideal, es capaz de las bajezas más inverosímiles.

El 28 de enero de 2013 entré a prisión sancionado a cinco años por “violación de domicilio” y “lesiones”. En el juicio no hubo una prueba contra mí, de hecho, el día en que se suponía que yo había entrado a ese domicilio, estaba en una logia y, en esa logia, había más de 50 personas esa noche que podían ser testigos de que eso no era posible porque no podía dividir mi persona para estar en tantos lugares a la vez. Pero las pruebas no eran importantes y en el juicio quedó más que demostrado; lo importante era sacarme de las calles.

Precisamente Iroel Sánchez fue testigo de que la acusación que me hacían (en 2013) era injusta. En la Feria del Libro de 2009, yo había ido a apoyar afuera de La Cabaña un libro que el escritor Orlando Luis Pardo Lazo había lanzado extramuros. Iroel y yo conversábamos y llega esta persona que después es la que me acusa de que yo había entrado a su casa. Él fue testigo de una situación de acoso hacia mí por parte de la misma, se sorprende al verla así y me lo comenta. Sin embargo, después se presta para la firma de la carta de ocho mujeres que iniciaron una campaña en mi contra.

Es una gente sin escrúpulo, sin conciencia, al final él era el presidente del Instituto (Cubano del Libro) y nosotros sus escritores. Más tarde escribe en Ecured (es el coordinador de esta enciclopedia), y da a entender que yo fui sorprendido in fraganti realizando el vil acto del que se me acusó. En el juicio no hubo ninguna prueba contra mí, sin embargo, todo el que lee Ecured se debe llevar la impresión de que yo sí cometí el delito, y más que eso que fui sorprendido. Ojalá yo pudiera denunciar eso algún día. Es un tipo de mala saña, una mala persona y un perseguidor de los escritores en Cuba.

Ya está más que desenmascarado todo aquello que sucedió. Estuve dos años y medio encarcelado y nunca dejé de hacer activismo. Fueron como años sabáticos que tuve para trabajar en mi literatura y también para denunciar y defender a los presos. Donde yo estuviese los guardias no cometían abuso, se cuidaban de no hacerlo porque inmediatamente yo hacía la denuncia a nivel internacional y no les gustaba.

―¿Crees que se hace suficiente por los presos políticos en Cuba?

―Creo que se pudiera hacer más por la libertad de los presos políticos en la actualidad. Estoy convencido. No me gustan los egos de las personas que tratan de sobresalir asumiendo lideratos y que, sin embargo, se olvidan de los prisioneros de conciencia. Creo que la primera exigencia que tiene que tener toda plataforma política es la libertad de ellos. En cada encabezamiento lo primero que se debe exigir es eso. No sé si en mi caso sea porque de alguna manera tengo adentro ese dolor de haber sido encarcelado injustamente por pensar diferente, pero tengo la misión de gritar por todos esos presos políticos.

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Indoblegables: los presos políticos Plantados

Plantados, Prisioneros, Cuba

Plantados, Prisioneros, Cuba presos
Fotograma de Plantados. Presos en una galera (Foto cortesía)

MIAMI, Estados Unidos.- En 1976, mientras yo fungía de vice-directora del Centro Cultural Cubano de Nueva York, decidimos –Iván Acosta, Rubén Rabasa, Omar Torres, José Corrales, Enrique Encinosa, Clarita Hernández y yo– diseñar programas poético-musicales para presentar en universidades y entidades del área metropolitana de la ciudad, por invitación de grupos universitarios, de miembros de la Agrupación Abdala, y de entidades cívicas del exilio cubano. En ese momento cayó en nuestras manos un libro revelador, recién publicado por Ediciones Universal en Miami. Su autor era uno de miles de presos políticos cubanos: el escritor Miguel Sales Figueroa. El título del tomo era Desde las rejas: Escrito en las cárceles de Cuba.

Ese fue el día que supe de la existencia de docenas de presos-poetas que llevaban muchos años en los calabozos de la dictadura de Fidel Castro. Ese día conocí de la existencia de Ángel De Fana y de Ernesto Díaz Rodríguez, ambos nacidos en 1939 y presos desde 1962 y 1969, respectivamente. De Fana cumplió 20 años de cárcel, Ernesto cumplió 22. Me tocó traducir, leer e interpretar algunos poemas de Angelito –como siempre le he llamado– en aquellos programas docentes del CCC. No sería hasta 1985, durante una estancia de trabajo en Miami y respondiendo a la invitación de La Voz del CID para grabar un programa sobre la censura en Cuba, que tuve el honor y la suerte –y la inmensa sorpresa– de conocer en persona al autor de aquellos poemas. Ángel De Fana conducía desde hacía un año esos programas. Angelito y yo nos hicimos colaboradores y amigos. Lo somos hasta el día de hoy.

A Ernesto lo conocería unos años más tarde, recién salido de la cárcel y recién llegado al exilio. Volamos juntos para Italia con un grupo de participantes y organizadores de un simposio sobre derechos humanos en Cuba, a celebrarse en junio de 1991 en Roma. Europa llama a Cuba se tituló esa conferencia de tres días, organizada por la activista de derechos humanos por Cuba en Italia Laura González, y el periodista de Corriere de la Sera Valerio Riva, ambos italianos y ambos ya difuntos. Luego volvimos a coincidir Ernesto y yo en noviembre de ese mismo año en Madrid, con motivo de otra conferencia sobre derechos humanos. En ambas se denunció la situación de los presos –y de las presas– plantados, el atropello del régimen contra el pueblo de Cuba, el turismo sexual, y la necesidad de libertad y democracia en nuestra patria.

Menciono a Angelito y a Ernesto porque ellos han servido de asesores historiográficos de la película Plantados, del cineasta Lilo Vilaplana, y que ha financiado el empresario cubano-español Leopoldo Fernández Pujals. Las historias de presos políticos cubanos que sirven de fondo y base al guión son muchas: las de Angelito y Ernesto, las de Mario Chanes de Armas, Eusebio Peñalver Mazorra, Aniceto Cueto, Antonio López Muñoz, Rodolfo Rodríguez San Román, Ignacio Cuesta Valdés, Luis González Infante, y muchos otros que cumplieron entre 15 y 30 años de presidio en las peores mazmorras de Cuba a partir de 1959. Incluso, dos de los tres guionistas –Juan Manuel Cao y Ángel Santiesteban-Prats–, fueron presos políticos también durante tres y cinco años, respectivamente, en épocas más recientes.

Digo todo esto para dar por sentado que el presidio político cubano, y la experiencia y vivencia de muchos presos plantados, fueron referencia directa y personal en la creación de este guión cinematográfico. Y a pesar de lo fuerte y desgarradora que resulta esta película, incluso para una conocedora del tema y de muchos de los y las protagonistas como yo –o tal vez por eso– faltan detalles en el guión que, aunque aparenten pasar inadvertidos, no lo son porque no entrelazan con el rigor necesario los acontecimientos que de por sí son verídicos y espeluznantes.

Es preciso, en primer lugar, destacar y elogiar el buen y acertado manejo del tema racial en la película, un matiz de lo cubano que casi nunca se aborda. Más o menos la mitad de los presos, y un buen número de plantados, fueron cubanos afrodescendientes, tanto negros como mulatos. Lo mismo sucede hoy. Es justo representar la realidad así, como fue: la población negra cubana, desde el principio del experimento comunista, fue específicamente maltratada y vejada por el color de su piel. En las filas del presidio, negros y blancos siempre se han sentido compatriotas de igual a igual, y han ido juntos al paredón. Es más, el primer hombre que se fusila en Plantados es un joven mulato; luego se fusila al negro Alfredo, y a otros, todos inocentes de los delitos que se le imputan. Pero el odio racial de la dirigencia supremacista queda claramente plasmado: “A ustedes los bajamos de los árboles y les cortamos el rabo…”. A un cubano afrodescendiente contrarrevolucionario siempre se le consideró un malagradecido y un traidor, además de delincuente.

Tú eres un negro loco”, le dice el cabo (interpretado con soltura por Roberto Escobar) a Alfredo (interpretado mesuradamente por Conrado Cogle, más conocido como Boncó), “y ahora estás en lo tuyo, en la mierda”. Al negro Alfredo y a una docena de plantados los llevan castigados a limpiar con sus manos “la mojonera”, una lagunilla que recibe, por caños, los desperdicios y heces fecales de la prisión. Los guardias y el jefe de la guarnición, el teniente Mauricio, le llaman despectivamente “negro” mientras que en los subtítulos en inglés se le llama “Alfredo” en vez de “nigger”, la palabra precisa, ofensiva y denigrante que se debió usar para comunicar exactamente el desprecio del teniente –o del poder– blanco hacia un ciudadano negro. Por no ofender al público angloparlante y respetar el “political correctness”, ese crudo dato de la realidad cubana se pierde.

Se perdió, también, la oportunidad de ilustrar, aunque apenas fuese un pantallazo, una prisión de mujeres donde hubo miles de presas plantadas y condenadas hasta a 22 años de cárcel. Todos los relatos y testimonios sobre el presidio político femenino coinciden en que ese fue mil veces peor y más cruento que el presidio de los hombres. En los años sesenta llegó a haber más de 6 000 presas políticas en las cárceles de mujeres de Guanabacoa, Guanajay, Nuevo Amanecer, Manto Negro, América Libre, entre otras por toda la isla. Hay en el guión una breve coyuntura para cubrir esa casi desconocida historia del presidio político cubano, y bien se pudo haber introducido una cárcel de mujeres, un grupo de presas golpeadas o requisadas, en celdas de castigo, o privadas de la visita familiar donde sus madres eran sometidas a múltiples atropellos y vejaciones.

Pudieron ser simbólicamente representados los casos de Cary Roque, Lidia Pino, Nilda Díaz, de la Niña del Escambray, de Reina Peñate, Nereida Montes de Oca, Carmina Trueba, las doctoras Isabel Rodríguez, Ana Lázara Rodríguez y Martha Frayde; de Polita Grau, Aleida Escandón, Marilú Jiménez, Aracelis Rodríguez San Román, Gloria Argudín, entre muchísimas otras. Pero la película, lamentablemente, no aprovechó el momento para ampliar la mono-sexualidad de su enfoque. Quizás fue un problema de presupuesto, de tener que diseñar y construir una escenografía adicional, otro vestuario, otra utilería, otro maquillaje de golpes y heridas, o de coreografiar verosímilmente las trágicas e inhumanas golpizas y tortura de mujeres.

Hay otros pequeños detalles que menoscaban las nobles, valientes y patrióticas intenciones de todos los involucrados en la producción de este filme. Desde el principio mismo nos damos cuenta, por las torrecillas de piedra con vista al océano, de que la trama se desarrolla en la prisión de La Cabaña, fortificación adyacente a El Morro que protegió durante siglos la Bahía de La Habana de ataques foráneos y piratas. Ese castillo-fuerte, de piedra y mampostería, fue almacén y prisión durante la colonia, y, en el castrismo, gran cárcel y escenario de unos 500 fusilamientos que realizó Ernesto “Che” Guevara entre enero y junio de 1959 –¡apenas seis meses! – por órdenes de Fidel Castro. El guión pone en boca del teniente Mauricio que sus cimientos están dinamitados para reventarlo en caso de una invasión norteamericana y así aniquilar a la población política penal.

Pero los cimientos –la roca bajo el mar– de La Cabaña nunca fueron dinamitados ni se pensó volar la fortaleza histórica mediante una masiva explosión. La única cárcel que sí fue dinamitada con explosivos soviéticos luego de la fallida invasión de Playa Girón fue el Presidio Modelo de Isla de Pinos, inaugurado en 1926 por el presidente Gerardo Machado, y que el régimen utilizó como atestada prisión de presos políticos hasta que la cerró en 1967. De haber sido detonados los explosivos, hubieran perecido más de 7 000 presos políticos.

La trama de Plantados abarca historias que tuvieron lugar en las cárceles castristas desde inicios de la década del 60, y hasta casi los 80. En el filme se marca incluso la muerte en 1972, el 25 de mayo, del líder estudiantil Pedro Luis Boitel, en el día 53 de su última huelga de hambre. Los plantados mencionan a Pedro Luis, claman su nombre a gritos, hasta que vemos que su cadáver es sacado de su celda en una camilla, su brazo derecho colgando sin vida. Pero Boitel no murió en la prisión de La Cabaña, sino en la enfermería de la prisión del Castillo del Príncipe, otra fortificación colonial convertida por el castrismo en cárcel. Tal pifia no debió haber ocurrido.

No muy plausible que la población penal de La Cabaña, ni nadie en Cuba o el exilio, se enterara de las negociaciones absolutamente secretas entre Washington y La Habana sobre la liberación de los presos políticos en las noticias por un pequeño radio de “onda corta” (Radio Martí no se fundará hasta 1985); o que el jefe de la guarnición, el teniente Mauricio, y los guardias bajo su mando recuerden al “Che” como dueño y señor de La Cabaña 14 años antes, habiendo sido el verdugo-en-jefe que ordenaba muertes y daba el tiro de gracia durante los primeros seis meses de 1959. Del desempeño sanguinario del “Che” Guevara no se supo tanto hasta muchos años después de su muerte en Bolivia en 1967. La foto del “Che” detrás del escritorio del teniente Mauricio durante un interrogatorio y el comentario entre presos sobre “si el ‘Che’ hubiera seguido fusilando”, eran innecesarios.

Era usual que cada cárcel tuviera su pelotón de fusilamiento solamente para ejecutar, aparte de los guardias de la guarnición. Pero los guardias en esta película –el hecho de que siempre sean los mismos disminuye la posibilidad de que la trama se desarrolle en diversas cárceles– fungen como una especie de equipo de asalto multifuncional: propinan las golpizas, conducen las requisas, reparten la comida, meten a los plantados en las gavetas o en las celdas tapiadas, supervisan e implementan los castigos, los transportan a los trabajos obligatorios y los vigilan, ultiman a cualquiera que se revire, registran a las madres e hijas que visitan a los presos, fusilan a los condenados a muerte, y le dan la bienvenida a dirigentes de otros departamentos del gobierno. Es posible que, en el imaginario del filme Plantados, los mismos guardias fueran los enterradores de sus víctimas.

Y en lo que respecta a los trabajos forzados “en el campo”, cortando caña a machete limpio o desyerbando terrenos con guatacas, la prisión de La Cabaña, un fuerte militar, al fin y al cabo, no contaba con esos espacios al aire libre. No es el caso del resto de las cerca de 200 prisiones de Cuba, definitivamente el caso de Combinado del Este, localizada en el KM 13½ de la Vía Monumental, zona agraria de La Habana.

Plantados retrata con exactitud y descarnadamente el efecto destructivo y doloroso que el presidio y las largas condenas tuvieron sobre las familias de los presos. No podemos sino compadecernos del joven Gabriel, que no pudo conocer a su padre –el poeta muerto en presidio–, o del preso llamado Ricardo, a quien el teniente Mauricio chantajea con la posible visita de su madre y de sus dos hijas. Ricardo no ve a nadie de su familia hace 13 años, lo que indica que ha estado preso desde 1959. Prácticamente no conoce a sus hijas, que eran unas niñas cuando él cayó preso. Llega el día de la visita y se aparecen las tres mujeres, una de ellas con una bebé en brazos. Ricardo abraza a su madre pero no reconoce a sus hijas, y luego de abrazarlas y besarlas ellas le dicen que él ya no es su padre.

Si usted fuera mi padre”, le reprocha la más joven, “y si nos adorara tanto como dice mi abuela, usted nunca nos hubiera abandonado… Usted nos abandonó a mi mamá, a mi abuela, a mi hermana y a mí”. Y añade la mayor: “Y a la Revolución. ¿Usted sabe lo difícil que es crecer con un padre contrarrevolucionario?” Ricardo es un preso político a quien el régimen le ha quitado no solo la posibilidad de una vida normal, sino le ha quitado también las hijas, la esperanza, el deseo de vivir. Conozco de otros casos en que tanto hijos como hijas le han reprochado los largos años de cárcel y separación a un padre –o a una madre– por su vinculación a la lucha contra la tiranía. Este pueblo nuestro ha sufrido demasiado, lo inimaginable. ¿Hasta cuándo?

Si bien faltan las cucarachas, los cuartos fríos, las fracturas de huesos y cráneos después de las golpizas, los hematomas y abscesos, los espantosos dolores de muela –las extracciones de muelas con una cuchara–, las congestiones pulmonares, las heridas infectadas, las hemorragias y gangrenas, sí se logran, a la perfección, las heridas descuidadas, la asquerosidad de las celdas, el asco general, el abuso sexual de presos menores de edad; se logra sentir la peste, la falta de higiene y sanidad, lo que eran las gavetas y las celdas tapiadas, los castigos, la rebeldía, el orgullo y la tenacidad necesarios para ser un preso plantado y resistir hasta el final. Se logran, hasta su más cruda realidad, los bayonetazos asesinos, los fusilamientos reales y los falsos plenos de sadismo que sirvieron de tortura psicológica para intentar presionar al preso a delatar a sus compañeros, o a darse por vencido y entrar en el plan de reeducación.

Se logra prender en el espectador unos deseos incontenibles de venganza. ¿Perdonar? Nunca. Se le inspira una ira incontrolable. Se produce una angustia insoportable. Sin duda, Plantados es una película que hace llorar… llorar de tristeza, de rabia, de frustración e impotencia. Obliga a pedir a todos los santos que uno no se entere de que en su vecindad vive uno de esos asesinos –en Union City, en Chicago o en Hialeah–, porque uno sería capaz de cualquier cosa. Lo que se logra es resultado de nítidas actuaciones: un Gilberto Reyes magistral en su papel de Ramón adulto ya exiliado; un Carlos Cruz muy convincente en su papel de Mauricio, ya no más jefe de la guarnición, sino un anónimo y cínico residente en Miami desde hace cinco años; un Conrado Cogle conmovedor en el papel del negro Alfredo; Ariel Texidó en su papel de Gabriel; Abel Rodríguez en el papel de Ricardo; Jeffry Batista en el papel de Mario. En fin, un elenco a la altura del difícil tema. Y la dirección de Lilo Vilaplana, cuidadosa e insuperable. Sí advierto que la intensidad de los palos, los machetazos, los atropellos, el ensañamiento y la violencia, sin atenuantes visuales –una ducha, un plato aceptable de comida, una visita sin pormenores, aunque corta, una estancia en la enfermería– aliviaría la desesperación que causa la película.

Desesperación o no, así hay que verla. Es parte de nuestra historia, retrata a muchos cubanos héroes y a una parte detestable de nuestra fauna. No nos queda de otra si queremos entender esta parte del trauma nacional que hemos vivido durante 62 años.

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Plantados gana Premio de la Audiencia en Festival de Cine de Miami

Plantados

Filmación de Plantados (Foto: plantadosfilms.com)

MIAMI, Estados Unidos. ─ El filme Plantados, dirigido por el realizador Lilo Vilaplana y producido por Leopoldo Fernández Pujals, se alzó con el Premio de la Audiencia del 38vo Festival de Cine de Miami, según trascendió en la tarde hoy.

“Gracias a todos los que prefieren Plantados en todo el mundo. Gracias por respaldarnos y querer hacer justicia histórica”, escribió Vilaplana en su perfil de Facebook.

El pasado domingo Vilaplana realizó fuertes críticas contra el Festival de Cine de Miami, asegurando que sus organizadores habían irrespetado al exilio histórico al no premiar a su película.

“El irrespeto del Festival de Cine de Miami al Exilio Histórico y su complicidad con la dictadura castrista es una ignominia”, señaló el realizador.

En recientes declaraciones ofrecidas a CubaNet, Vilaplana cuestionó que se reconociera el documental Cuban Dancer en detrimento de Plantados.

“Esas películas que invitan a ir a Cuba son materiales cómplices con la dictadura, y ese régimen hay que tumbarlo, porque les ha hecho mucho daño a los cubanos”, declaró el cineasta.

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