1

“Modelar el municipio”: la nueva receta del castrismo

Cuba, Castrismo, Municipio
Un cartel en Holguín, Cuba, con Fidel y Raúl Castro (Foto: The New York Times)

LA HABANA, Cuba. ─ El pasado sábado, el diario oficialista cubano Granma publicó un material de título truculento y manipulador: Un congreso para defender las prioridades del pueblo. Figura como su autor el o la colega Yudy Castro. (Me expreso así porque con esta moda de la “Generación Y”, uno no sabe a ciencia cierta el sexo de la persona que lleva uno de esos nombres inventados).

El largo párrafo inicial del extenso trabajo incluye el solecismo que aparece en una oración lamentable: “Esas propuestas tienen que estar en concordancia con lo que aspira el pueblo de los debates”. Aclaro que la sintaxis pedestre no es atribuible a Yudy, pues se trata de una cita extraída de un documento perpetrado en las altas esferas del único partido. ¡Así anda el nivel de los plumíferos del régimen!

El evento se describe como un encuentro, celebrado “en las provincias de La Habana y Matanzas, de las sesiones de estudio de los documentos que serán debatidos en el 8vo. Congreso del Partido”. Castro (el periodista) menciona a una serie de mayimbes del más alto nivel, pero lo hace de manera tan desordenada que, al leer, a menudo uno no sabe a ciencia cierta cuál de ellos ha dicho qué.

Si hacemos caso omiso de esas indefiniciones, y nos centramos en lo dicho, considero que sería oportuno comenzar por lo expresado por “el mandatario”: “La economía es el principal desafío que enfrentamos, en medio de una situación cada vez más compleja, agudizada por el recrudecimiento del bloqueo y los impactos de la COVID-19”.

Como se ve, ese señor, en la oración citada, omitió mencionar el factor más desequilibrante del panorama económico actual en la Isla: la llamada “Tarea Ordenamiento”. Se trata de una iniciativa que yo —no me canso de repetirlo— prefiero denominar “Tarea Desquiciamiento”, pues esta frase revela con precisión mucho mayor el desastre entronizado en el país por las medidas implantadas a partir del inicio de este año.

A todo lo largo del denso escrito menudean los lugares comunes. Mientras Cuba se hunde a pedazos, los altos jefes comunistas siguen hablando de “los Lineamientos”, “la planeación estratégica del país”, “la Política de Cuadros”, “la búsqueda de respuestas a los problemas desde la ciencia y la innovación” y “un modelo de formación de los cuadros sin rigidez ni dogmatismos”.

El desfile de frases hechas no para ahí: “las ideas de Fidel, del Che”, “la continuidad histórica de la Revolución”, “la construcción de un país mejor”, un “momento histórico para todos los cubanos”, “un llamado a la heroicidad, a la resistencia”. Y siguen: “todavía queda mucho por hacer”, “vamos a continuar construyendo nuestro Socialismo”; “sí se puede”.

A quienes, pese a esos botones de muestra, todavía se sientan con ánimos, sólo puedo invitarlos a acometer la lectura del denso escrito de Yudy Castro. Al propio tiempo, acompaño esa exhortación con mis mejores deseos: “¡Buen apetito!” y “¡Buen provecho!”.

Según el autor, el mayimbe que habla (que parece seguir siendo Díaz-Canel, aunque el texto no explicita ese dato) aludió a “cómo vamos a superar las ineficiencias, los problemas estructurales de la economía y cómo vamos a modelar el municipio para que pueda potenciar los sistemas productivos locales”.

De la lectura de esa frase se hace evidente que los bolcheviques criollos, al hablar de “problemas estructurales”, están reconociendo —¡al cabo de una sesentena de años!— que los métodos de dirección económica aplicados hasta hoy son insostenibles. Pero siguen renuentes a ensayar las recetas que tan buenos resultados han arrojado en el resto del planeta (en particular, en países tan poco sospechosos de anticomunismo como sus grandes aliados: China y Vietnam).

Es esa frase la única del mamotreto de la cual se puede extraer algo novedoso (lo cual no quiere decir necesariamente que sea bueno). Parece ser que los castristas, poniendo a prueba una vez más el aguante del pueblo cubano, piensan iniciar otro experimento: la “municipalización de la economía”.

Dicho de otro modo: en lugar de los grandes monopolios nacionales, de las empresas sometidas a los ministerios y otros organismos centrales, van a centrar sus esfuerzos en el nivel local. O sea: que el gigantesco aparato burocrático que abarca el país entero piensan reemplazarlo por 168 aparaticos locales. Una especie de feudalización del país.

El intento no es nuevo. También en la antigua U.R.S.S. —meca de la funesta secta— el papel preponderante de los ministerios “de toda la Unión” fue reemplazado por los llamados “consejos de economía” (“sovnarjózy”, según el acrónimo ruso). Dada la inmensidad del país, estas estructuras se establecieron a nivel de las repúblicas federadas más pequeñas, así como en provincias y territorios de las mayores.

En definitiva, en 1957 Jruschov dispuso la creación de 105 consejos de ese tipo. Por ende, en términos comparativos, se trata de un experimento que presenta una notable similitud con la “municipalización” diazcanelista. Pero, ¿qué se obtuvo de aquella gigantesca reestructuración de la economía nacional en el País de los Soviets?

El saldo neto fue un nuevo fiasco del comunismo. Sólo que, en aquel caso, el renovado fracaso no se hizo evidente de inmediato. El inmenso país continuó vegetando e involucionando durante varios lustros más. Hasta que, hacia finales del decenio de los ochenta, los fracasados intentos reformistas de Mijaíl Gorbachov y el reto que significó la “Guerra de las Galaxias” planteada por la Administración Reagan, desembocaron en la extinción del inviable sistema.

También en Cuba este experimento castrista de la “municipalización” terminará en un nuevo fracaso. Y parece razonable pensar que será muchísimo menor el tiempo que deberemos esperar para que esto quede esclarecido y para que el pueblo logre el cambio de sistema que nuestra Patria necesita desesperadamente.

Recibe la información de CubaNet en tu celular a través de WhatsApp. Envíanos un mensaje con la palabra “CUBA” al teléfono +1 (786) 316-2072, también puedes suscribirte a nuestro boletín electrónico dando click aquí.




Tarea Ordenamiento: demandas sociales vs. políticas públicas

(Foto: EFE)

MADRID, España. ─ En el diseño eficiente de políticas públicas cobra especial importancia estudiar con detalle las demandas sociales. La opinión de los ciudadanos resulta una materia prima esencial antes de proceder a elaborar los instrumentos de política dirigidos a lograr los objetivos. Los gobiernos democráticos actúan de este modo, reforzando así su vínculo con los electores.

Para ello, se suelen utilizar técnicas de investigación cuantitativas y cualitativas que sirven no sólo para ajustar los porcentajes numéricos relativos a las preferencias sociales, sino para aportar contenido y discurso al enfoque de las políticas. Esta práctica es desarrollada por todos los gobiernos que quieren acertar en sus actuaciones, atender las demandas sociales y asegurar el logro de los objetivos. El conocimiento de la demanda social es, en tales condiciones, fundamental para el proceso.

Sin embargo, a veces se suelen cometer errores graves en esta tarea, y son muchos y muy variados. Como por ejemplo, pensar o creer que la opinión de determinados colectivos o segmentos de la población es representativa del total. Este error suele provocar amplios rechazos del conjunto de la sociedad en torno a las decisiones de los políticos una vez que se ponen en marcha.

Otro error es atribuir a un grupo técnico de “expertos” un conocimiento superior o diferencial de las necesidades sociales y elaborar las políticas en base a sus recomendaciones y/o sugerencias. También en estos casos suele producirse rechazo social.

Por todo ello, lo ideal es investigar la demanda social a partir de estudios que tengan en cuenta los parámetros de representación que el muestreo aleatorio asegura para la investigación social. Por ejemplo, muchos gobiernos diseñan muestras representativas de 1 000 casos y con ello se obtienen resultados mucho más representativos y de calidad que cuando se reciben sugerencias del público de forma directa y abierta. Se tiende a producir en este último caso una participación más elevada de aquellos colectivos altamente motivados, mientras que los sectores sociales más amplios se mantienen en silencio. Luego, cuando las políticas se ponen en marcha, surgen los rechazos.

Es por ello que, en la gestión de políticas públicas, la tarea previa y fundamental de investigación social cobra una importancia fundamental, y los gobiernos que no dedican especial atención a esta tarea o equivocan los procedimientos a seguir, acaban cometiendo graves errores que se traducen en rechazo social, protestas o incluso estallidos sociales contra sus políticas.

Si se evalúa lo ocurrido con la Tarea Ordenamiento en estos dos meses y medio de su aplicación, se podría estar ante un caso práctico de actuación deficiente por el gobierno de Miguel Díaz-Canel en materia de investigación y conocimiento de las demandas sociales. Los comunistas cubanos tienden a creer que las opiniones recabadas en las asambleas de cualquier tipo que utilizan como mecanismos de obtención de información social son representativas de la mayoría. Grave error. Convencidos de una idea falsa e inexistente de unidad y jerarquía de la sociedad en torno al único partido autorizado no se percatan de que la sociedad cubana es plural, diversa, variada y con numerosas posiciones respecto de las demandas sociales hacia la acción pública.

Por ello, la Tarea Ordenamiento ha tenido que ser transformada a toda prisa, en sus principales actuaciones y propuestas, y lo que queda actualmente, tiene poco  que ver con el diseño original de aquel torrente de 1 000 páginas de decretos, resoluciones y normativas publicadas en la gaceta oficial en el mes de diciembre del pasado año.

Las autoridades se escudan en que las modificaciones en las tarifas eléctricas, del gas licuado, del queroseno, precios de los comedores y transporte obrero, y las acciones para el control de precios abusivos, el incremento de subsidios en numerosos productos, son medidas tomadas “a partir de escuchar sistemáticamente las opiniones de la población”.

Y, realmente puede que lo sean, pero vienen a confirmar que la elaboración de las medidas no siguió un esquema eficiente, tomando en cuenta las demandas sociales desde el primer momento, o en el peor de los casos, solo se atendieron las opiniones “asamblearias” o de los “expertos” del gobierno. Mal asunto, por lo que han tenido que dar marcha atrás a la Tarea Ordenamiento, y en su actual diseño y ejecución tiene muy poco que ver con lo que se implementó el pasado 1ro de enero. Por mucho que se empeñen en decir lo contrario.

De modo que estamos ante un ejemplo de la necesidad de implementar políticas escuchando antes de forma correcta (lo que significa utilizar criterios representativos) las demandas sociales. El rechazo de la Tarea Ordenamiento entre los cubanos es un buen ejemplo de ello, y la reacción de las autoridades a esas quejas, que se acercan a un sentimiento de malestar desconocido en la Isla desde los tiempos del “período especial” llega tarde, se ha aplicado de forma inadecuada y en algunos casos, como las actuaciones en materia de salarios, están creando agravios comparativos que no pueden acabar bien.

Los dirigentes comunistas se han equivocado en sus planteamientos, pero no lo van a reconocer. Escudándose en los mensajes clásicos de “fórmulas más justas y equitativas, o de respeto a los principios de justicia social, y de no dejar abandonados a los vulnerables”, han promovido un giro de la Tarea Ordenamiento en los principales ejes, como la reforma de salarios, la fijación de precios por las entidades jurídicas y la reducción de subsidios y gratuidades, que resta credibilidad a la política misma y pone a amplios sectores de la población en su contra. Como consecuencia de ello, el déficit público se dispara y se aleja de una senda de corrección estructural que tendrá consecuencias negativas sobre la recuperación de la economía.

Está bien lo que afirma Marino Murillo sobre la Tarea Ordenamiento en el sentido de que “se manifiesta la voluntad de ajustar todo lo posible”, pero existen dudas sobre los objetivos planteados inicialmente y los ajustes realizados teniendo en cuenta esas opiniones de la población y de la base productiva y las empresas. Posiblemente, si las cosas se hubieran hecho bien desde el primer momento (y han tenido tiempo suficiente para ello) no serían necesarios estos cambios de última hora, que acaban trastocando lo que se pretendía alcanzar, con pérdida de credibilidad y confianza en las políticas económicas. Nada bueno.

Recibe la información de CubaNet en tu celular a través de WhatsApp. Envíanos un mensaje con la palabra “CUBA” al teléfono +1 (786) 316-2072, también puedes suscribirte a nuestro boletín electrónico dando click aquí.




Alejandro Gil: lo que va a solucionar la crisis en Cuba es “más planificación”

Alejandro Gil, Cuba, salarios, inflación

Alejandro Gil economía
Alejandro Gil, ministro de economía en Cuba. Foto archivo

MIAMI, Estados Unidos.- El ministro de economía cubano Alejandro Gil dijo en el programa Mesa Redonda, este jueves, que lo que va a solucionar la crisis en la Isla y a reactivar la economía tras la parálisis por la pandemia del coronavirus es “más planificación”.

De acuerdo a la reseña publicada por el diario oficialista Granma, Alejandro Gil asegura que “aun cuando todavía no es posible valorar todos los daños, las contracciones en los países desarrollados y el incremento de la pobreza en América Latina y en otras regiones son palpables”, y, por supuesto, Cuba también está “sometida a esos factores”.

El Ministro de Economía y Planificación dijo que en la Isla se van a implementar nuevas fases dirigidas a encaminar al “país hacia la nueva normalidad”, y que el plan de economía para el actual año se ajustará bajo la premisa de “no acomodarla al nuevo contexto, sino imponerse a él. Para ello, mantener las exportaciones en los sectores no paralizados es un punto clave”.

El funcionario cubano aseguró que entre las cuestiones a rediseñar luego de la actual crisis está “fortalecer el ahorro, generar más ingresos en divisas, y utilizar más eficientemente los recursos del país”, sin que explicara en qué consiste esa utilización eficiente.

Así mismo, Gil habló de “defender la exportación y la producción nacional”, y confirmó que la producción de alimentos es la gran prioridad.

“Frente al nuevo contexto, necesitamos una estrategia innovadora, audaz, capaz de encontrar vías para una transformación profunda de la economía que nos permita imponernos con éxito. La idea no es solo resistir, sino continuar desarrollándonos”, puntualizó.

En el programa Mesa Redonda, conducido por el vocero oficialista Randy Alonso, el régimen abordó las medidas que emplearían tras meses de confinamiento y estrictos controles sanitarios, para que Cuba emprenda “el camino hacia la mayor normalidad posible”.

En el programa televisado, en el que también participaron Miguel Díaz-Canel y el primer ministro Manuel Marrero Cruz, aseguraron que las nuevas medidas “intentarán impedir un rebrote de la enfermedad en el país”.

Recibe la información de CubaNet en tu celular a través de WhatsApp. Envíanos un mensaje con la palabra “CUBA” al teléfono +1 (786) 316-2072, también puedes suscribirte a nuestro boletín electrónico dando click aquí.




La economía cubana, un reto cada vez menos alcanzable

Cuba; Economía;

economía cubana
En la economía cubana el trabajo por cuenta propia continúa estrangulado (Foto archivo)

LA HABANA, Cuba.- En algunos sectores ha tenido repercusión el discurso del presidente Miguel Díaz-Canel el pasado 14 de junio en la clausura del 8vo. Congreso de la ANEC (Asociación Nacional de Economistas y Contadores). Y es que como el dirigente habla a diario, ya sea en actividades oficiales o en reuniones de diferentes sectores, es muy difícil seguir el ritmo de oírlo o leerlo todo. Sin embargo, hay algunos aspectos relevantes en el discurso en cuestión que sería bueno analizar.

Les derramó una lata de pintura de brillo dorado a estos profesionales y los instó a que siguieran trabajando y ofreciendo soluciones, aunque no se aplicaran. Los economistas, que son personas que para mantener su nivel técnico tienen que estudiar a diario y nutrirse de todos los efectos sociales en el mundo son los primeros que conocen que el cubano –que vive en el país– ha sido declarado por la dictadura como un ciudadano de segunda clase, porque para poder invertir, tiene que irse al extranjero, entonces sí se acepta su capital, y se convierte en un ciudadano de primera.

Es por eso que algunos de ellos se han preguntado si son las ideas un “recurso” de poder de los economistas, de la misma manera que cuestionan la posibilidad de la descentralización del plan 2020.

Hay un número de especialistas en la materia económica y financiera que trabajan en instituciones oficiales, y que han demostrado su lealtad al sistema, que escriben en internet solicitando toda una serie de cambios –que declaran necesarios– para poder enderezar la economía.

Sin embargo, el régimen hace caso omiso a lo que recomiendan. Entre ellos se pueden señalar a Pedro Monreal y Humberto Pérez, este último nombrado presidente de la Junta Central de Planificación en 1975-86, vicepresidente del Consejo de Ministros en 1979-86 y miembro del Comité Central, después defenestrado por Fidel Castro.

Según afirma el propio Díaz-Canel, él lee los análisis que proliferan en las redes y comparte la angustia de los que quieren apurar la salida a los mayores problemas, pero lo único que se puede hacer es valorar los criterios y tomar su validez en cuenta, en lo que se decide y se proyecta.

Claro, algunas de estas evaluaciones, que juzgan duramente todas las decisiones del Gobierno, no toman en consideración los elementos de juicio, por ejemplo, los recursos cada día se manejan a punta de lápiz, aquellos que la “persecución” del “bloqueo” no llega a quitarle a la dictadura, y que en estos momentos son 15 o 20 veces menor que los que demandan.

Entretanto, para de decir que no va a hacer lo que le sugieren, de manera tajante el presidente planteó, de forma textual: “¿será que pueden decirnos cómo repartir todo lo que nos falta?”

Hay que explicar que, entre los tantos temas abordados en este 8vo. Congreso, el más importante es el de la planificación 2020, sobre la cual llamaron a hacer un plan “flexible y participativo”.  Es a partir de esa expresión que cabe preguntarse si esto va a ser un paso a la descentralización de la planificación, o es un recurso dentro del plan centralizado.

Siempre ha existido un debate teórico sobre la centralización de la planificación en el socialismo, y existen diferentes formas de interpretar cómo debe hacerse, dentro de los propios seguidores del sistema.

Pero en Cuba, con toda la situación de descontrol empresarial, falta de contabilidad y de técnicos en la materia en la base es muy difícil llevar a cabo la descentralización de la planificación, por lo que existen toda una serie de definiciones que no están claras, entre ellas, la explicación de Díaz Canel de lo que sucede con los recursos que se señalan tan escasos.

Cabría preguntarse ¿cómo se controlará el plan por los trabajadores que se suponen lo diseñen? O, ¿de qué manera se va a traducir este control en el plan?

De cualquier forma, parece algo fuera de lugar, y cabe decir que no es el mejor momento económico para un experimento como este.

Se pudieran recordar las palabras del fallecido Fidel Castro (hecho piedra) en la clausura del III Congreso del PCC en 1986, cuando dijo: “Los mecanismos económicos no son la vía fundamental para la construcción del socialismo y el comunismo”.

Será por eso que nunca se le prestó atención a la contabilidad y los costos, ni mucho menos se respetaron los planes de la economía. No resultó jamás importante el cumplimiento de la “productividad del trabajo”, ni siquiera se estimuló con los salarios, que se han mantenido tan bajos que no permiten al cubano de a pie tener una vida digna.

Hay que decir que cada vez que la dictadura se plantea un reto de este tipo –pueden leerse los Lineamientos del VI Congreso del Partido Comunista de Cuba– se convierte en una solución inalcanzable. Solo por recordar una medida que dijeron resolvería todos los problemas de la agricultura: UBPC (Unidades Básicas de Producción Cooperativa). Alguien puede decir ¿dónde están?




La “planificación desde abajo” solo será un acto formal

Miguel Díaz-Canel cuba economía planificación

Miguel Díaz-Canel cuba economía planificación
Miguel Díaz-Canel en la jornada final del jornada final del VIII Congreso de la ANEC (Foto Agencia Cubana de Noticias)

LA HABANA, Cuba. – Los gobernantes cubanos son maestros en el ardid de vaciar de esencia un acontecimiento y transformarlo en un mero ejercicio formal.  Así sucede, por ejemplo, con las decisiones supuestamente emanadas de la Asambleas Nacional del Poder Popular, las cuales en realidad son “cocinadas” previamente por los altos mandos del Partido Comunista. De igual forma cuando cualquier organización política o de masas “elige” a su nuevo jefe. Un jefe que seguramente ya había recibido el visto bueno de José Ramón Machado Ventura y su tropa.

Algo parecido sucede con la elaboración del plan de la economía nacional para el año 2020. Hace varios días, con bombo y platillo, los medios de difusión oficialistas dieron a conocer declaraciones de funcionarios relacionados con la economía, entre ellos el propio gobernante Miguel Díaz-Canel Bermúdez, en el sentido de que el referido plan, a nivel de empresa, iba a confeccionarse de abajo hacia arriba. Es decir, elaborado por los colectivos laborales y sin directivas específicas ni límites. Todo en el contexto de aumentar la autonomía de las entidades estatales.

De inmediato nos asaltó la duda. Porque esos gobernantes, que aspiran a controlarlo todo, que se quejan a menudo de que las empresas cuentan con planes flojos que les permiten sobrecumplir las metas con facilidad, y que mantienen su orientación estricta de exportar más e importar menos, ¿estarían dispuestos realmente a permitir un accionar democrático por parte de los trabajadores?

La respuesta a tal interrogante no ha demorado en llegar.  En su edición del pasado 18 de junio, el periódico Granma publicó el artículo “¿Cómo lograr una planificación más flexible de la economía cubana?”, el cual recoge declaraciones del ministro de Economía y Planificación, Alejandro Gil. Después de reconocer las restricciones que presenta la economía, y que es el momento de sacar las reservas internas, el Ministro apuntó que “Hay que discutir bien en la base con los trabajadores e identificar, diseñar y buscar para 2020 una economía más eficiente, defendiendo esos conceptos. Para lograrlo, hay que prepararse bien. Las discusiones con los trabajadores ya se están dando, y hay tiempo para trabajar”.

A buen entendedor, con pocas palabras.  Ya los mandos superiores están en las empresas “discutiendo” acerca de cómo debe ser el plan en cada una de las entidades de base. Después, cuando llegue el momento de presentar el plan a los trabajadores, dirán que fueron estos últimos quienes elaboraron el documento. Y para finalizar la comedia, Ulises Guilarte de Nacimiento y sus secuaces de la CTC se vanagloriarán de que aquí el poder se halla en manos de la clase obrera.

El ministro Gil, además, fue portador de una mala noticia para los consumidores cubanos. Quizás haya menos importaciones, incluso, que las pensadas inicialmente. Lo anterior se deriva de la siguiente declaración: “A la hora de asignar los recursos en la economía vamos a llevar a la práctica el concepto de que primero va la industria y después la importación; y por tanto se podrá importar no lo que el país demanda, sino lo que permitan los recursos”.

Se entiende que el país aspire a contar con nuevas industrias en aras de aumentar ciertas producciones nacionales, pero el intento de revitalizar a toda costa muchas industrias con obsolescencia tecnológica y carentes de las materias primas necesarias para llevar a cabo el proceso productivo, hará que aumente la escasez de bienes de primera necesidad, y que los consumidores accedan —cuando puedan— a artículos de más baja calidad.




La dañina planificación que heredamos del Che Guevara

CHE 3LA HABANA, Cuba -El semanario Trabajadores, en su edición del lunes 30 de junio, dedica su sección de Economía al tema de la planificación. Entre las ideas expuestas me llamó la atención una, que sintetiza una de las contradicciones en que se debate la economía cubana: “La planificación constituye un proceso político-ideológico que expresa la voluntad de priorizar el aporte a la sociedad por encima de cualquier interés colectivo o individual”.

O sea, que uno de los pilares de la actualización del modelo económico, la autonomía de las empresas, que supone la puesta en primer plano del interés material de los colectivos empresariales, debe de subordinarse a las directivas de la planificación centralizada, que responde a la voluntad del aparato de poder.

Para colmo no nos hallamos aún en presencia de una planificación financiera, portadora de un control indirecto sobre las empresas, sino que seguimos anclados en la planificación material, la que preconizaba el Che Guevara en los años 60, y que no dista mucho de esa especie de “economía de guerra”, en la que los niveles superiores dejan poco margen de maniobra a las entidades de base.

Otra de las incongruencias de la planificación es que, a pesar de presentarse como un mecanismo que tiende al ahorro de recursos, deviene con frecuencia en un episodio de despilfarro, unas veces por desconocimiento de los planificadores, y otras por acciones premeditadas.

Esto último lo podemos constatar, entre otros casos, en la labor de los planificadores de las empresas. Ellos, con tal de asegurar los recursos que permitan cumplir las metas asignadas, y quizás considerando los muchos imponderables que puedan aparecer— falta de medios de transporte, incumplimiento en las contrataciones, etc.—, informan sus necesidades sobredimensionadas.

Precisamente, en la más reciente reunión del Consejo de Ministros, la contralora general de la República, Gladys Bejerano, incluyó esa deficiencia entre los hechos de indisciplina, ilegalidad y corrupción administrativa. Bejerano indicó que al no partirse de una base objetiva para la planificación, “se propicia la sobreestimación de la demanda de insumos y materias primas, la que en un inadecuado ambiente de control favorece la creación de productos excedentes que nutren el desvío de recursos y la apropiación indebida”. Y aunque no lo dijo, es muy probable que la Contralora estuviese pensando en el hipotético desvío de esos recursos estatales para el trabajo por cuenta propia, una de las acusaciones de las autoridades a ese sector emergente de la economía.

Uno de los mitos referidos a la planificación, y que se desinfla año tras año, es la participación de los trabajadores en la confección de los planes de las entidades. Ellos participan en asambleas y sugieren cifras en las distintas categorías del plan; cifras que casi nunca son tomadas en cuenta cuando los organismos superiores les bajan los planes directivos a las empresas.

A propósito, la edición extraordinaria no. 21 de la Gaceta Oficial de la República de Cuba, de reciente aparición, contempla siete indicadores directivos que las empresas deben cumplir en lo adelante: las ventas netas totales, las utilidades del período, el encargo estatal, las ventas para la exportación, el aporte por el rendimiento de la inversión estatal, la rotación del capital de trabajo, y el aporte en divisas. Como puede apreciarse, lo esencial del trabajo de una empresa se resume en estas metas que provienen “de arriba”

Al parecer, los gobernantes cubanos no quieren aprender la lección china o vietnamita. Esas naciones han demostrado que para acceder al bienestar económico, en el binomio planificación-mercado, es menester que el segundo elemento lleve la mejor parte.




¿De quién es la mala leche?

LA HABANA, Cuba, diciembre, 173.203.82.38 -Es risible que las hortalizas y las legumbres cuesten más baratas en la zona congelada de Miramar que en pueblos de la periferia habanera donde son cosechadas estas verduras. Lo que no tenga un carretillero (vendedor ambulante autorizado por el gobierno) en El Vedado o en el Casco Histórico de la Habana Vieja, lo puedes dar por perdido en el resto de la capital.

Desde el 26 de julio de 2007, el presidente Raúl Castro insiste que la alimentación del pueblo es un asunto de “máxima seguridad”. A cinco años de aquel discurso, aún esperamos el famoso vaso de leche prometido a cada cubano por el “pragmático” mandatario.

Desde que el menor de los Castro tomó el poder, el 24 de febrero de 2008, cada nuevo diciembre se disparan los precios del frijol, la carne de cerdo y las hortalizas, a pesar de que su administración supuestamente apuesta por el reordenamiento económico e invierte en la industria alimentaria y la agroindustria. Su gobierno estimula la producción agrícola independiente y, al mismo tiempo, prevé invertir, para el venidero año, 2 mil millones de dólares en importación de alimentos, 300 millones más que en 2012. Al menos es lo que dice la prensa oficial

En diciembre de 2011, la carne de cerdo se compraba a 28 pesos la libra

(1.30 dólares), y así se mantuvo hasta principios del mes en curso. Hoy la libra cuesta 35 pesos (1.65 dólares). Sin embargo, el frijol, en todas sus variedades, aumentó, de 12 a 25 pesos (o sea, de 50 a 90 centavos de dólar), en localidades como la Güinera y Párraga, barrios de la periferia capitalina.

Respecto al frijol -producto especialmente demandado por los cubanos en fin de año-, la periodista oficial Talía González comentó el 4 de diciembre, en el noticiero de la televisión: “Para satisfacer esa demanda, se tiene que producir no menos de 100 mil toneladas de frijoles anualmente. Sin embargo, hoy se producen sólo unas 20 mil toneladas. Aun cuando más del 90 % de las tierras en Cuba, unas más fértiles que otras, tienen condiciones para producir frijoles, no se aprovechan al máximo”.

Según Talía, “hace unos pocos días fue aprobado un programa de desarrollo de granos, con inversiones para sembradoras, cosechadoras, sistemas de riego, plantas de beneficios y hasta embalajes adecuados”. Esto coincide con lo expresado por Lina Peraza, Ministra de Finanzas y Precios, en el informe del Proyecto de Ley de Presupuesto de Estado para el 2013: “se incluye la creación de un Fondo de Desarrollo por 535 millones de pesos, que deberá respaldar las decisiones del Gobierno con el propósito de estimular el sector productivo y de servicios”.

Pero este es el panorama al cierre de cada año. Más control y menos comida, más flexibilización y el doble de corrupción e ilegalidades.

En las sesiones ordinarias de la Asamblea Nacional del Poder Popular se monta la misma escena de lamentos. El presidente Raúl Castro básicamente repitió el discurso del pasado año, al que adicionó la prórroga del impuesto sobre los salarios, la propiedad de la vivienda y el presupuesto emergente para la recuperación de Santiago de Cuba, provincia abatida recientemente por el huracán Sandy.

¿Cuál es tu mala leche?, dice un estribillo del popular cantautor Nasiri Lugo.  Parafraseándolo, habrá que preguntarse, de quién es la mala gestión de la leche, las legumbres y todo lo demás. ¿De Raúl Castro, de los organismos incumplidores o de quienes trabajan la tierra?

[email protected]




¿Tendremos pasta dental en el 2013?

LA HABANA, Cuba, diciembre, 173.203.82.38 -Una de las tareas más complejas que afrontan los dirigentes de la economía en cualquier país es la planificación. Ello es así debido a lo imposible que resulta prever los imponderables que con frecuencia alteran los comportamientos estimados. Aquellas economías de mercado, donde el plan asume un menor protagonismo, se ven menos expuestas a los episodios del azar. Lo contrario sucede en naciones como Cuba, que se obstinan en mantener la planificación como ente supremo de la actividad económica. Aquí, además del azar, se ponen de manifiesto las imperfecciones de los planificadores, las que a menudo aumentan las escaseces y las penurias de la población.

Y, precisamente, una de esas imperfecciones humanas fue la causante de la calamitosa situación que hoy exhibe el mercado de las frazadas de piso. Ya conocemos que, en lo fundamental, todo no fue más que un error de planificación. Es bien sabido que la producción nacional de ese renglón de aseo no satisface la demanda, razón por la cual es necesario importar anualmente determinada cantidad de frazadas para cubrir las necesidades sociales y las ventas a la población. Sin embargo, en el año 2011, cuando se confeccionaba el plan de la economía para el 2012, los planificadores del Ministerio de Comercio Interior (MINCIN) calcularon que tenían en inventarios todas las frazadas que precisaba el país para el 2012. Por tanto, al conciliarse los planes de las distintas ramas y sectores, el Ministerio de Comercio Exterior decidió no incluir las frazadas de piso en su plan de importaciones para ese año. Y comoquiera que los cálculos del MINCIN fueron desacertados, el país se vio, de momento, sin un artículo imprescindible para conservar la higiene de nuestros hogares.

La oferta de las frazadas no ha podido estabilizarse a pesar de algunas compras extraplan que las autoridades efectuaron de manera emergente. De vez en cuando arriba un contenedor al país, ocasión que aprovechan los revendedores para adquirir grandes cantidades de frazadas, las cuales prácticamente “vuelan” de las tiendas estatales. A la postre, al abrumado consumidor no le queda más remedio que acudir a la bolsa negra para acceder al producto, con el consiguiente perjuicio para su deprimida economía. Dicen que la situación mejorará para el 2013, ya que las frazadas, por fin, fueron incluidas en el plan de importaciones.

Sin embargo, el entrante 2013 podría depararnos otra desagradable sorpresa con el desabastecimiento de otro renglón sumamente demandado: la pasta dental. Sucede que en una de las Comisiones de Trabajo de la Asamblea Nacional del Poder Popular, la dedicada a la Industria y las Construcciones, se acaba de informar que la Industria Ligera no producirá todas las cantidades previstas de crema dental debido a que el MINCIN disminuyó su demanda al estimar que posee altos volúmenes de inventario. Es decir, que los planificadores de este último organismo, que es el encargado de comercializar la pasta dental, le han solicitado al productor, en este caso la Industria Ligera, que fabrique menos pasta dental, pues los inventarios satisfarán la demanda.

Si la planificación del MINCIN fallara nuevamente, observaremos el mismo espectáculo de siempre: la escasez, la zozobra de la población, la bolsa negra, los precios disparados, así como la ruina del bolsillo de los más necesitados. Y, al final, el gobernante Raúl Castro dando un puñetazo en su buró, y alzando la voz amenazadoramente para tratar de hallar al culpable de semejante caos.

Mas no. Confiemos en que, al menos por esta vez, los planificadores hayan hecho bien su trabajo. De lo contrario, no alcanzarán todos los estomatólogos de la isla para garantizar la salud dental de la población.




El verdadero obstáculo

LA HABANA, Cuba, agosto, 173.203.82.38 -Antecedido por una oscura celebración del 26 de julio y de un Pleno del Partido Comunista de Cuba (PCC) caracterizado por la ausencia de información sobre sus debates y decisiones, se efectuó el VII Período Ordinario de  Sesiones de la Asamblea Nacional el 1 de agosto.

La piedra central de esa reunión resultó  el discurso de conclusión pronunciado por el presidente Raúl Castro. El objetivo principal fue subrayar que el mayor obstáculo para el cumplimiento de los acuerdos del VI Congreso del PCC “es la barrera psicológica formada por la inercia, el inmovilismo, la simulación y la doble moral, la indiferencia e insensibilidad”.   El mensaje que se quiere destacar es la necesidad de un cambio de mentalidad que permita realizar las transformaciones aprobadas. Estas,  probadamente insuficientes, están lastradas por viejos dogmas contra la propiedad privada y el mercado, y en adición, por la  pretensión de mantener la fracasada planificación centralizada y la supuesta empresa socialista como “célula básica” del sistema, todo lo cual impide que las transformaciones puedan funcionar. A ello se suma que los sectores más conservadores del gobierno oponen trabas para que los cambios acordados en el congreso no puedan aplicarse, o que tengan todas las limitaciones posibles.

Los sectores talibanescos cuentan para ello con una larga experiencia en ardides y trampas para tratar de sobrevivir y resguardar sus intereses, unido a muchos años de burocratización de la sociedad, que han creado reflejos condicionados.  Ciertamente se han  acumulado hábitos que dificultan las transformaciones, máxime cuando el sector conservador mantiene  fuertes posiciones en toda la estructura estatal y del PCC desde los niveles altos hasta los escalones más bajos;  un verdadero ejército de burócratas y parásitos, que han disfrutado de las ventajas del  poder por decenios y saben que un cambio hacia una sociedad más abierta y democrática sería el comienzo del fin de la hegemonía mantenida por tanto tiempo. No obstante, aunque  la reticencia al cambio de la mentalidad es real y juega un papel importante, el problema central  radica en acometer transformaciones  profundas en la sociedad que anulen las posiciones y el poder que ese sector aún mantiene.

Lamentablemente los pasos para aplastar o al menos disminuir la influencia conservadora son todavía escasos y tímidos, casi inexistentes.  De hecho toda la densa estructura de ministerios y organismos centrales -reproducida en provincias y municipios-, con su intricado laberinto burocrático e inmensa cantidad de inútiles funcionarios,  continúa vigente, con sus gastos colosales y masiva producción de  directivas innecesarias y obstruccionistas.  Al mismo tiempo se mantiene una dirección económica centralizada que nunca ha funcionado, y continúa sin funcionar. Una camisa de fuerza que ahoga progresivamente al pueblo cubano, cuando los recursos son aún más escasos.

En esta reunión se vieron ejemplos del boicot a los cambios, originados por los intereses burocráticos. Así, cientos de miles de hectáreas de tierras ociosas fueron ocultadas y han aparecido con el balance de la superficie agrícola recién realizado.   No menos impactante fue la noticia brindada por el vicepresidente Marino Murillo Jorge de que en un estudio se halló que en las casas de visita de los organismos estatales existen 16 000 habitaciones, muchas con óptimas condiciones, incluido aire acondicionado, para el disfrute de los cuadros/dirigentes; una cantidad que representa prácticamente la tercera parte de la capacidad actual de hospedaje de las instalaciones  turísticas.  Por supuesto, durante decenios esto ha implicado destinar cantidades enormes de recursos en alimentos, transporte, personal de servicio y otros, para la atención de los “ilustres huéspedes”.  No sería ocioso recomendar al vicepresidente cuantificar  los autos asignados a la burocracia, muchas veces utilizados para resolver asuntos personales y de sus familias.  Seguramente podían dedicarse a tareas más beneficiosas para la sociedad, con el ahorro de cantidades apreciables de combustible,  piezas de repuesto y otros recursos.

No obstante, lo ideal sería una  restructuración radical de los organismos centrales que evite la duplicación de funciones existente, y cuya  simplificación logre eficiencia, fundamentalmente económica, devuelva miles de locales que podrían ser arrendados para negocios particulares o viviendas, y destine su  personal con calificación a otras labores, como la educación, donde los funcionarios seguramente se sentirían más realizados intelectual y humanamente, en lugar de hacer papeles inútiles e irrelevantes.

En la pasada reunión de la Asamblea Nacional, el ministro de Economía y Planificación ofreció una breve información sobre el desenvolvimiento de la economía en el primer semestre de 2011.  Adel Yzquierdo indicó que el PIB creció en 1,9%, previéndose que en todo el año llegue al 2,9%,  por debajo del 3,1% previsto.  Este magro incremento de acuerdo con las características de la economía cubana, donde los servicios tienen un papel sobredimensionado, podría indicar que realmente no existió aumento en el primer semestre. En cuanto al pronosticado 2,9%, tendría que existir una fuerte expansión en el resto del año, pues por las características de la economía cubana, las principales actividades, como la azucarera, tabaco, turismo, minería, construcción  y otras agrícolas, se desarrollan fundamentalmente durante el primer semestre. La  segunda parte del año además coincide con la etapa de vacaciones, mayores probabilidades de huracanes, lluvias torrenciales y otros fenómenos meteorológicos.

Entre las actividades con mayores incumplimientos se encuentran la agricultura, las industrias alimentaria, sideromecánica y ligera, la construcción, la informática y las comunicaciones, sin darse datos concretos sobre los retrocesos que existieron.  En la agricultura se anunciaron dificultades en la producción de arroz, frijoles, carne de vacuno, leche y ajo, lo cual motivó la importación adicional de alimentos para compensar los déficits.  Esto provocará que  las importaciones de alimentos vuelvan a sobrepasar los 1500 millones de dólares, en el marco de una coyuntura con precios de estos rubros al alza.  La información brindada sobre la ejecución del primer semestre del año fue muy reducida; la producción de la Zafra 2010-2011 continúa sin publicarse al igual que la precedente.  Incluso, los datos del 2010 del sector exterior y sobre las principales cuentas nacionales no han sido ofrecidos por la Oficina Nacional de Estadísticas (ONE).  Ese secretismo en primer lugar le resta credibilidad al país y crea una atmosfera de incertidumbre sobre la verdadera situación.

Las modificaciones y la flexibilización en la entrega de tierras en usufructo y del trabajo por cuenta propia, informadas por el  viceprimer ministro Murillo, deberían acelerarse.   Los apresuramientos usualmente no conducen por buen camino, pero las demoras excesivas en aplicar los cambios, en el contexto de una coyuntura internacional crecientemente más compleja, podrían tener efectos  mucho peores.