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Cuba: el amargo Sistema de Atención a la Familia

Cuba ancianos

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Comedores del Sistema de Atención a la Familia (SAF). Foto del autor

LA HABANA, Cuba.- El programa social llamado Sistema de Atención a la Familia (SAF) consiste en fondas o comedores comunitarios para los sectores vulnerables de la población: jubilados, ancianos sin amparo familiar, embarazadas con alto riesgo, personas discapacitadas y casos sociales críticos, con insuficiencia de ingresos y carentes de “familiares obligados en condiciones de prestar ayuda”. Para acceder al sistema, primeramente, se hace la petición ya sea al trabajador social de la comunidad, al delegado del Poder Popular, en la dirección de la Juventud y el Partido o en los propios comedores. Una vez recibidas las solicitudes, el Consejo de la Administración Municipal (CAM) somete cada caso a un riguroso análisis.

Antes del 31 de diciembre de 2020 el precio de cada comida en estos programas oscilaba entre 1 y $2.50 pesos, para lo cual el beneficiario recibía la suma de 45 pesos mensuales, independientes de su pensión. Desde el 1º de enero de 2021 este supuesto beneficio cuesta 806 pesos mensuales ($13.00 por almuerzo y $13.00 por comida, en un mes de 31 días, sin incluir desayuno). En caso de ser aprobada la solicitud, se verifica, con la intervención del Ministerio del Trabajo y la Seguridad Social (MTSS), si la persona cuenta con los recursos económicos para costearse la asistencia. De no tenerlos, se aprueba una subvención mensual para aquellos declarados insolventes.

En muchos de estos lugares la higiene es tan deficiente que difícilmente se cumple el principio básico de la inocuidad de los alimentos. Una vez completados los trámites, los infortunados ancianos que acuden al SAF se ven enfrentados a un rancho de escaso valor nutritivo, mal condimentado y mal elaborado, apenas preferible a la alternativa de morir de hambre. El arroz se cocina sin limpiarlo, los frijoles frecuentemente quedan duros, y la comida en general está desabrida. Los comensales prefieren llevarse sus dos raciones diarias de una vez para evitarse el viaje, que a su edad ya no es fácil, pero principalmente para intentar mejorar los guisos en casa.

Para colmo, una gran cantidad de estos comedores carecen de las condiciones idóneas. Son locales sucios y deprimentes, improvisados en antiguos bares o cafeterías que nunca fueron debidamente acondicionados ni son reparados con regularidad. Más de una vez los propios medios oficialistas han expuesto además otros fallos como su insuficiente capacidad para acomodar a todos los censados, la escasez de combustible, ollas y demás utensilios de cocina, el desabastecimiento de condimentos y la irregularidad en el suministro de vegetales frescos. En ocasiones no hay bandejas, platos o cubiertos, por lo que los ancianos tienen que traer los suyos (claro está que algunos eligen hacerlo debido a la inadecuada higiene).

Sistema de Atención a la Familia (SAF). Foto del autor

A esto se suma que la ración fue reducida. Una fuente que solicitó el anonimato aseguró a CubaNet que acostumbra a comprar “por la izquierda” arroz cocinado para sus mascotas en una de esas fondas. Nos mostró el último que había conseguido, lleno de cáscaras e impurezas. “Antes me cobraban 4 pesos, ahora 6”, se queja. “También me sirvieron menos, y cuando reclamé, la vendedora me contestó que les habían mandado a recortar la ración”.

Rafaela es una anciana que vive sola. Recibe de la Seguridad Social una pensión de 1200 pesos. Pasa trabajos para comer, pero no sabe si acogerse al SAF o no. “Si tengo que pagar 806 pesos mensuales por almuerzo y comida, 180 por la balita de gas (más los 30 pesos que cobra el mensajero), solo me quedaría dinero para los mandados de la bodega, sin incluir el pollo y los huevos. ¿Con qué pago entonces la electricidad, el agua, mis medicinas? ¡Y ni hablar de condimentos, vegetales, viandas, detergente, jabón o pasta de dientes! Ahora estoy peor”.

Sin embargo, aunque los precios del SAF hayan aumentado en el marco de la Tarea Ordenamiento, ello no significa que el gobierno haya dedicado recursos a mejorar sus condiciones. No los reparan, no los abastecen, no amplían su capacidad ni aumentan el volumen de inscripciones. No hay quien garantice la seguridad de los ancianos, ni mecanismos que obliguen a los dirigentes y empleados a cumplir con rigor las buenas prácticas. Quienes deberían velar por ello se dedican en cambio a perseguir a los cuentapropistas.

El SAF fue creado con la finalidad de amparar a los desvalidos. Hay que tener en cuenta que las personas que necesitan de ese servicio viven por lo general en la indigencia extrema. No puede ser casual que a raíz de la aplicación de los nuevos precios muchos censados hayan dejado de acudir a estos comedores en las provincias donde la situación epidemiológica no requiere implementar la entrega a domicilio.

La función del Estado es la de servir a los ciudadanos, y no a la inversa como los dirigentes cubanos pretenden hacernos creer. Pero aun si no lo fuera, los ciudadanos desvalidos sí son obligación ineludible del Estado. La verdadera muestra de voluntad gubernamental de favorecer a los más necesitados sería que, como parte del proceso de revisión emprendido en el marco de la Tarea Ordenamiento, el Sistema de Atención a la Familia fuera gratuito.

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Sistema de Atención a la Familia (SAF). Foto del autor

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Firmas extranjeras pagarán a 2 pesos el CUC

pesosLos trabajadores de empresas con capital extranjero recibirán solo dos pesos cubanos por cada CUC que pague en salarios la compañía, y ésta deberá negociar con la “agencia empleadora” del Gobierno los montos de las remuneraciones, según nuevas disposiciones que entran en vigor este martes, informa el diario oficial Granma.

Los trabajadores recibirán dos pesos cubanos por cada peso convertible (CUC) que pague la empresa extrajera. Sin embargo, la tasa oficial de cambio es 1 CUC por 24 pesos cubanos.Es decir le estarían pagando a los trabajadores sólo el 8.3 por ciento del valor del CUC.

Las nuevas resoluciones del Ministerio de Trabajo y Seguridad Social (MTSS), de Economía y Planificación (MEP), y de Finanzas y Precios (MFP), establecen normas sobre la contribución a la Seguridad Social y las funciones de las entidades empleadoras estatales.

La bolsa empleadora negociará con la empresa extranjera el monto de los salarios teniendo en cuenta los que “se abonan a cargos de similar complejidad en entidades de la misma rama o sector”, además de “algunos pagos adicionales que por ley correspondan”.

La empresa empleadora cobrará hasta el 20% del salario de cada cargo por sus servicios, pero la directora general de Inversión Extranjera del Ministerio de Comercio Exterior, Deborah Rivas, aseguró que esa cantidad “no se deduce del salario de los trabajadores”.

Las negociaciones entre los funcionarios cubanos y la empresa serán en pesos convertibles y seguirá siendo el Gobierno quien pague a los trabajadores tras recibir el dinero de la compañía.

Hasta el momento, las entidades extranjeras debían entregar en divisas al Gobierno el monto destinado a salarios. Las agencias empleadoras pagaban a los trabajadores en pesos cubanos según las “escalas salariales” establecidas en el país.

Las entidades empleadoras cobrarán adicionalmente a las empresas extranjeras los importes correspondientes a la Contribución para la Seguridad Social por trabajador, “sobre la base de lo pactado en CUC por concepto de salario”.

Por último, una resolución Ministerio de Finanzas y Precios regula la aplicación de la Contribución Especial a la Seguridad Social por parte de los trabajadores contratados a través de las entidades empleadoras que, a razón de las nuevas medidas, perciban un aumento en sus salarios mensuales superior a los 200 pesos cubanos (aproximadamente 8 cuc).

  • DIARIO GRANMA / MARTINOTICIAS



Emperadores del reagetton

LA HABANA, Cuba, abril, 173.203.82.38 -Hace 50 años fue creado, como parte del Consejo Nacional de Cultura, el Instituto Cubano de la Música. Esta entidad ha sido la encargada de aplicar la política cultural del gobierno cubano para el área de la creación musical. Con rango gubernamental de viceministerio, a este instituto se supeditan las empresas de contratación artística musical y los centros provinciales de la música. Pero es significativo que sus funciones sean cada vez más decorativas.

Su principal foco de atención se centra en la protección de la denominada música culta o de concierto. También ofrece trato preferencial a determinadas figuras bendecidas por el “urbi et orbi” del castrismo.

Recientemente, tuvo lugar en La Habana un evento de carácter internacional dedicado al Danzón. Según la tradición, este es el baile nacional cubano. Pero en Cuba es donde menos se baila. El festival fue una vitrina concebida para engatusar y sacarle algunos dólares a turoperadores e invitados extranjeros.

En las últimas décadas, los cubanos han cambiado su manera de relacionarse con la música. Esta relación se ha reflejado en el reinado casi absoluto de determinadas tendencias musicales en el gusto popular. En los noventa reinó la denominada timba dura, flanqueada por el fenómeno de la música dance o de discotecas. Fueron los tiempos en que la UJC Nacional asignó módulos de sonido a sus sedes provinciales. El objetivo de estos módulos era garantizar el funcionamiento de las denominadas “discotecas móviles”.

Por su parte, agrupaciones como NG La Banda, Manolín, El Médico de la Salsa, e Isaac Delgado, entre otros, dominaron el espacio sonoro de buena parte de la última década del siglo XX en la Isla. Lo dominaron hasta la saturación. Con la llegada de empresas discográficas extranjeras a Cuba, la timba se convirtió en un producto más o menos exportable y en un rubro comercial interno y extra fronteras.

Sitios como el célebre Palacio de la Salsa, del capitalino Hotel Riviera, se convirtieron en bastiones del género y símbolos de status social y monetario. El precio récord de entrada a un concierto en ese lugar lo obtuvo El Médico de la Salsa. Los asistentes de aquella noche de 1994 pagaron 45 dólares por la entrada. En esos momentos el dólar era cotizado a 150 y 200 pesos cubanos.

Actualmente, para un sector de los cubanos dentro de la Isla, el precio de un concierto equivale a la mayor o menor calidad del músico. También pesa en la balanza la presencia de éste en los medios de difusión masiva. En estos momentos, el reinado lo ostentan no más de cinco figuras o agrupaciones locales del polémico, popular y  casi dictatorial reagetton. Los productores de este género musical han comprado, mediante soborno, a directores provinciales de cultura, directores de centros provinciales de la música y programadores de casi todo el país.

El procedimiento es bien conocido en los corrillos de la farándula. Un productor o representante conecta con quienes deciden sobre la contratación de artistas en las capitales de provincia. Éstos cobran por detrás del tapete un mínimo del 10% de la cifra que autorizan para el pago del artista contratado. Mientras más alta sea la cifra a pagar, más dinero va al bolsillo de los funcionarios correspondientes. La sombrilla legal bajo la cual transcurre todo es el innegable poder de convocatoria que han logrado los intérpretes de reagetton.

El presupuesto para pago a artistas de toda una provincia puede ir a parar casi completo a las manos de un reagettonero famoso. Recientemente, la provincia de Artemisa le pagó a Osmani García 90 mil pesos cubanos por actuar en fiestas populares. Por otra parte, artistas de otros géneros de la música casi tienen que rogar de rodillas para que les paguen 3mil o 5mil pesos.

Las grabaciones musicales se mueven en la Isla a nivel de redes informales de distribución y venta de CD y DVD. Un extranjero de visita en La Habana puede conseguir por trasmano música cubana a precio mucho más barato que en las tiendas oficiales. Para ello, solamente tiene que ubicar donde están los vendedores de los denominados “discos quemados”. Gracias a las nuevas tecnologías, Cuba es el paraíso de la piratería musical. Es el escenario de un modo peculiar de las dinámicas del mercado y el consumo de la música.