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Denuncian “terrorismo de estado” contra periodistas independientes en Cuba

Foto Archivo

José Antonio Fornaris, director de la Asociación Pro Libertad de Prensa (APLP), con sede en La Habana, dijo en una entrevista a Martí Noticias que “la policía política cree que está por encima de la ley, y por ello continúa utilizando las detenciones arbitrarias, la intimidación y otras artimañas para reprimir a las voces disidentes en la isla”.

La APLP documentó las detenciones arbitrarias de 13 periodistas en el mes de agosto en diferentes partes de Cuba, y según aclaró Fornaris, la cifra de arrestos e interrogatorios a periodistas en ese período puede ser mayor, pues son múltiples los pretextos de la Seguridad del Estado para realizarlos.

El director de la APLP señaló que la Seguridad del Estado llega al extremo de chantajear y atemorizar a los familiares de los periodistas y activistas de derechos humanos, un recurso que calificó de “terrorismo de Estado”, porque, subrayó, es el Gobierno quien está detrás de estos abusos.

Entre los periodistas detenidos se encuentran Mario Echeverría Driggs, de la agencia Dos Mundos; Osniel Carmona Breijo, de Cubamedia Press; Adriana Zamora y Ernesto Corralero, y Borís González Arenas, colaboradores de Diario de Cuba; Henry Constantín e Iris Mariño, de La Hora de Cuba; Dagoberto Valdés, director del proyecto y revista Convivencia; Alejandro Hernández Cepero, Roberto Rodríguez Cardona y Luis Cino Álvarez, de CubaNet; Oscar Padilla Suárez, de la Red de Periodistas Comunitarios; Odalina Guerrero Lara, asesora jurídica de la APLP, y José Antonio Fornaris Ramos, periodista de la APLP.

El Institute for War and Peace Reporting publicó en agosto pasado un manual para periodistas en Cuba, en el que señala que “ejercer y defender la libertad de expresión” en la isla es peligroso.

“Las y los periodistas de la isla son víctimas constantes de intimidaciones, agresiones físicas, interrogatorios ilegales, detenciones arbitrarias, allanamientos de oficinas y casas, confiscación de equipo e información, ataques digitales, intercepción de comunicaciones, limitaciones de viaje e incluso encarcelamiento”, subrayó el instituto entonces.

Las agresiones contra periodistas “buscan generar miedo”, y tienen como objetivo “imponer censura a medios y autocensura a periodistas”, dijo Fornaris. El régimen cubano no reconoce a los medios independientes, ni tampoco a sus periodistas, a quienes persigue y acusa de realizar una actividad ilegal.




Un daño irreparable

CIENFUEGOS, Cuba, agosto, (Jagua Press,  173.203.82.38 ) – Uno de los pilares sobre los que en el pasado descansaba la retórica propagandística del régimen, era el de los programas sociales que había implementado y que utilizaba como paraban para ocultar, tras el brillo cegador de las gratuidades y el igualitarismo, los desmanes del poder. La  podredumbre de la corrupción y el el autoritarismo, era atenuada por el perfume del falso humanismo con que se enmascaraba la irascible revolución.

Para quienes contemplaban y trataban de interpretar nuestra experiencia allende los mares, los programas de salud, educación, y seguridad social, entre otros, constituían el ejemplo más cercano del Paraíso en la Tierra. De la vieja y culta Europa venían a visitarnos exóticos intelectuales de la siniestra que extasiados cantaban loas al régimen, poniendo su granito de arena en la construcción del mito.

Sin embargo, la percepción que estos buenos señores tenían –y difundían- de Cuba andaba muy alejada de la realidad. Tal vez el primer despertar lo tuvieron algunos cuando supieron lo que acontecía en esta ardiente tierra del trópico con los “flojitos” (término peyorativo con el que calificaban los comunistas a los homosexuales).  Muchas de las plumas que narraban la epopeya de la forja del Hombre Nuevo, pertenecían a ese grupo que la moral comunista consideraba un vergonzoso rezago del pasado pequeño burgués.

Con los campos de trabajo forzado de las UMAP, primero, la cárcel bajo la tipificación de peligrosidad social, o el exilio forzoso a través del puente marítimo del Mariel, en 1980, el régimen buscó deshacerse de quienes, por amar a alguien de su mismo sexo eran considerados por los comisarios políticos, guardianes de la moral revolucionaria, como entes aberrados.

El homosexualismo era considerado entonces por las escuelas de psicología de la extinta Unión Soviética, – de las cuales copiamos – como una enfermedad, una desviación en la conducta humana que tenía que ser curada medicamente. Todavía recuerdo cuando siendo yo un niño, los padres de Pedrito, un compañerito del barrio de mi misma edad, lo llevaban al psicólogo para tratar de curarlo de la “grave enfermedad” que le haría la vida imposible en nuestro paraíso socialista.

Por supuesto que fracasaron. Al final lo único que lograron fue que Pedrito hablase una voz algo más grave y perdiese para  siempre, su autoestima y su dignidad.

Pachucho, “El Viejo espigón” como se le conocía en el mundo gay, la pasó peor. Fue sorprendido en la década de los setenta, en el baño público de la terminal de ómnibus local, en un apasionado encuentro con un desconocido y fue a dar con sus huesos, a la tenebrosa Prisión Provincial de Ariza.

Que las cosas fueron así lo testifica el mismo Fidel Castro, quien durante una entrevista concedida el año pasado a la reportera del diario mexicano “La Jornada” nombrada Carmen Lira Sade, reconoció tácitamente que hubo persecución en Cuba a los homosexuales. Al intentar explicar por qué permitió él los abusos, lo único que logró fue enlodar aun más, la imagen liberadora y liberal con que quiso siempre disfrazar su dictadura, que algunos insisten en llamar “proceso revolucionario”. Sin embargo no se equivocó cuando reconoció que el daño era irreparable.