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Pisando sombras

LA HABANA, Cuba, noviembre (173.203.82.38) -Émulos de aquel necio que se entretenía tratando de pisar su propia sombra, los caciques de Cuba ilegalizaron oficios, costumbres y prácticas sociales bien comunes y de arraigada tradición en el pueblo, para volver a legalizarlas después de mucho tiempo, cuando ya no resulta posible seguir justificando la necedad.

El colmo es que este ejercicio de pisadores de sombras sea presentado hoy por los voceros del régimen -y aun por la mismísima prensa extranjera- como novedad reformista, e incluso como pasos hacia el perfeccionamiento de un sistema al que, quizá por falta de otro nombre más aturdidor, insisten en llamar socialismo.

Es como si caminaran de espaldas para hacernos creer que se acercan mientras se alejan.

Dentro de esa esperpéntica tendencia se incluyen por igual la recién aprobada ley de compra-venta de casas, o la de automóviles, y la liberación –dicen- del trabajo particular, todas variantes pobres y amañadas para descongelar la tradición, pero que, extrañamente, conquistan elogios y crean falsas expectativas por allá lejos, en el mundo real, cuando debieran ser objetos de rechifla.

Más aún si comprobamos –y es comprobable a ojos vista- que a la hora de devolverle al pueblo esas prácticas, menudas y corrientes en su tradicional cotidiano de vida, ni siquiera se las devuelven tal como eran hace medio siglo, sino pasadas por el filtro de su totalitarismo y su manía soberbia de no ceder ni cediendo.

Pero como cada pecador lleva dentro de sí el propio infierno, precisamente en esa postura de pisadores de sombras vuelven a encontrar hoy los caciques su hándicap.

El ejemplo más aplastante se aprecia en el trabajo particular. Extienden con bombo y platillo la existencia de timbiriches diminutos, vendedores ambulantes y mesas de merolicos, sin ningún peso para el desarrollo económico del país, a la vez que intentan apartar la atención de la inexplicable ausencia de empresas privadas pequeñas y medianas, o de otras variantes, como las cooperativas de profesionales y de productores de bienes y servicios, que no sólo ayudarían a enfrentar la crisis económica, sino que también son considerables fuentes de empleo.

Sin embargo, el hecho cierto es que tales empresas privadas se están formando ya, sin la aprobación ni el concurso de los caciques, desde luego, sino entre las sombras de la ilegalidad, como es de ley que suceda, dadas las circunstancias.

Tal vez resulte inconveniente abundar en detalles, aunque no sea más que por no darle luz a la policía, pero algo sí podríamos afirmar, convencidos de que es verdad tan grande como el Capitolio: De la misma manera que ahora se han visto obligados a tragarse el buche amargo de la legalización del trabajo por cuenta propia, más temprano que tarde tendrán que abrir espacios a la pequeña y media empresa privada, así como al cooperativismo creador, no el demagogo.

Y por supuesto que lo harán como lo hacen todo: regularizando con leyes “reformistas” lo que ya existe en la concreta, o sea, siempre detrás del palo, pisando sombras.

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Pequeñas y medianas empresas

LA HABANA, Cuba, abril (173.203.82.38) – La ampliación a 178 categorías para ejercer el trabajo por cuenta propia en septiembre de 2010, en procura de canalizar el desempleo de 500 mil personas hasta abril, y en total 1,3 millón en tres años, y complementar la economía estatal, ha probado ser un fracaso en los escasos meses desde su aprobación, tanto por no abrirse a actividades y producciones notables, como por los elevados impuestos, la inexistencia de mercado mayorista y las prohibiciones en general.  El VI Congreso del Partido Comunista, basado en las experiencias fallidas, debería despojarse de los dogmas y miedos para liberalizar realmente la capacidad creativa de los cubanos.

Entre las iniciativas que podrían hacer una gran diferencia en la debacle económica con profundas repercusiones socio-políticas,  está el verdadero auge del trabajo por cuenta propia y, sobre todo, admitir el derecho a la propiedad privada y las ganancias correspondientes, que restituyan el valor social del trabajo honesto y el nivel de vida correspondiente, ajenos a los compromisos políticos resultantes en grandes diferencias sociales, la doble moral y la pérdida de valores éticos.

Análisis, recomendaciones e iniciativas de especialistas empleados en instituciones vinculadas al Estado o economistas independientes dentro del país, prestigiosos cubanos asentados en el exterior, gobiernos y organizaciones no gubernamentales, denotan el empeño por contribuir a impulsar la recuperación y fomentar el desarrollo. Si en alguna ocasión las autoridades cubanas han contado con contribuciones para emprender acciones sólidas en provecho del pueblo y la nación, es ahora.  No existe justificación para continuar imponiendo el retroceso y la opción de procurar un futuro en el extranjero.

Entre las propuestas sólidas se encuentra el desarrollo de las pequeñas y medianas empresas (PYMES) -cuyo embrión cubano sería el “cuentapropismo”-, importantes para el crecimiento económico y la creación de empleos en todo el mundo. Para su progreso se requiere fundamentalmente capital inicial, así como entrenamiento e insumos, incluido equipamiento. Aunque el gobierno anunció en marzo la concesión de ciertos créditos, parecen insuficientes para los requerimientos de un vasto empeño.

La iniciativa “Apoyo a la pequeña empresa en Cuba: recomendaciones para líderes del sector privado y público”, lanzada por el Cuba Study Group con sede en Washington DC, el 7 de abril, pretende crear un fondo de 50 millones de dólares con el objetivo de suministrar a ciudadanos cubanos el capital para operar empresas por cuenta propia. No tiene el propósito de ganancia ni está financiado por ningún gobierno. Se trata de un proyecto asentado en  sólidos estudios de necesidades y posibilidades, auspiciado básicamente por cubanos residentes en Estados Unidos con raíces en Cuba.

Dos componentes esenciales para el progreso de esta iniciativa son el alcance de las reformas aprobadas en el VI Congreso del PCC y la continuación de una política proactiva por parte de la Administración de Estados Unidos.

En las declaraciones de la Casa Blanca el 14 de enero se anunciaron cambios con la intención de “ampliar la independencia económica del pueblo cubano”,  plasmados en las medidas del 28 de enero que, entre otras, benefician el autoempleo al ampliar el envío de remesas por cualquier ciudadano estadounidense a personas no miembros de su familia en Cuba, y la creación de una categoría de licencia específica para remesas a personas o entidades no gubernamentales independientes, con el fin de apoyar el desarrollo de empresas privadas.

Independientemente del embargo, el Presidente norteamericano posee aún capacidad discrecional para otras acciones, pero obviamente se requieren actitudes racionales desde La Habana, con prioridad inmediata la liberación del contratista Alan Gross.

Existe gran sensibilidad entre personas, instituciones y gobiernos por contribuir a insertar a los cubanos en las oportunidades que brindan los conocimientos y el desarrollo mundial. La encrucijada está en decidir entre el camino del progreso o el despeñadero.  El sentido común debe vencer para bien de todos.