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Jubilados en Cuba: engaños, magra pensión y altos precios

HOLGUÍN, Cuba.- “Tiene que tener calma. Se están analizando todos los casos a nivel nacional”, la respuesta dejó pasmada a Estela Pérez, una jubilada que escribió al Instituto Nacional de Seguridad Nacional (INASS). Ella reclama el pago íntegro de su pensión. Desde enero, según lo estipulado, debía cobrar 1 528 pesos, pero a punto de finalizar el año, todavía le pagan 1 105, un error de 423 pesos mensuales que no se subsana.

“El ministerio me pide calma y eso es muy cómodo para ellos que no les falta nada”, dice la señora que cuando leyó la respuesta sintió pesimismo, abandono y despreocupación del gobierno. Ha escrito a todos “los niveles” y hasta ahora su problema no está resuelto. No encuentra sosiego en medio de la indetenible y leonina subida de los precios de los productos básicos.

El incremento de las pensiones es una de las medidas de la Tarea Ordenamiento (TO), vigente desde enero de este año que fijó en un mínimo de 1 528 y en 2 100 pesos la pensión y el salario, respectivamente.

Sin embargo, la mayoría de los jubilados no han recibido el dinero fijado para su chequera. Las reclamaciones han escalado hasta llegar al Instituto Nacional de Seguridad Social (INASS) y al Ministerio de Trabajo y Seguridad Social (MTSS). “Se ha cometido un error que será subsanado”, es una promesa institucional incumplida. Los pensionados sufren una visible afectación económica. Los precios de los productos de primera necesidad se han quintuplicado a causa de una galopante e indetenible inflación por el mal manejo gubernamental de la economía.

A esto se suma un errático trabajo y la desorganización en los bancos, reflejado en la tardía ubicación del dinero de la pensión en las cuentas bancarias asociadas a las tarjetas magnéticas, y largas e interminables colas de los pensionados que los obliga a estar horas de pie, bajo el riesgo de contagio de la COVID-19. Irregularidades y retrasos en la entrega de la chequera en la Dirección de Trabajo y Seguridad Social completan el mal que aqueja a los jubilados cubanos.

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Jubilados en una cola. Foto Fernando Donate

La mala concepción de la Tarea Ordenamiento, la insensibilidad y la burocracia han sido aliadas.

Numerosas insatisfacciones obligaron a la ministra de Trabajo y Seguridad Social, Marta Elena Feitó Cabrera, a abordar el tema en un espacio televisivo de la Mesa Redonda en el mes de mayo. Por oficio se daría solución a la situación y se completaría el pago con carácter retroactivo, fue la respuesta de Feitó Cabrera, pero hasta hoy persiste el problema.

Las viudas que viven solas, como Estela, llevan la peor parte. Ella se dirigió a la INASS municipal. “Me informaron que el 12 de febrero enviaron mis datos al ministerio y desconocían la razón del por qué no estaba solucionada mi afectación”. La respuesta no le satisfizo y después de gestionar la dirección electrónica de Virginia Marlén García Reyes, directora general del INASS, la jubilada le escribió a través del e-mail de su nieto. “Me pidió calma y paciencia después de cinco meses de espera y sin darme una fecha fija de solución. La píldora tranquilizadora fue que se me pagará retroactivo”, dice Estela, quien es una de las tantas viudas que está padeciendo por los errores del gobierno.

“No tienen en cuenta que trabajé 32 años y que ahora los precios han subido”, se lamenta Estela, que pone en dudas el repetido discurso gubernamental de que nadie quedará desamparado y que se atenderán a los más vulnerables. “Es todo una mentira y una propaganda política barata”, afirma.

Estela no ha encontrado apoyo institucional. “Pertenezco a un sindicato de jubilados, pero no me defiende. Solo me pide la cotización y mi participación en los desfiles”.

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Colas en el banco. Foto Fernado donate

Cambio de método que trae dificultades

En 2008 se autorizó que las viudas se acogieran al importe de la chequera de su fallecido esposo en caso de que esta última fuera mayor. Ahora es diferente: se suman las dos chequeras.

Cuando en 2009 fallece el esposo de Gladis González, ella se acoge a la pensión de su esposo. Una decisión que ahora le trae dificultades. Para subir el importe de su chequera tiene que dejar de cobrar como viuda y hacerlo como trabajadora jubilada. “En la Mesa Redonda la ministra dijo que por oficio eso se arreglaría y se les pagaría a las viudas como trabajadoras, pero no se ha cumplido la promesa. En el INASS municipal me dijeron que a nivel nacional se ha beneficiado una minoría”, dice González.

Las dos afectadas coinciden en que estas incongruencias también son el resultado de la improvisación y apresuramiento en las medidas tomadas para aplicar la llamada Tarea Ordenamiento. En la oficina del INASS en Holguín hay desinformación: no atinan a responder preguntas elementales. “No sabían algo tan elemental como cuánto nos iban a pagar. No les pedí que realizaran un cálculo complejo. No sabían algo tan sencillo como cuál sería el importe de mi chequera. Es increíble”, comenta Estela.

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Jubilados en una cola. Foto Fernando Donate

Dice sentirse engañada. “Antes de aplicar la TO se dijo que capacitarían al personal, pero la realidad demuestra lo contrario. Están trabajando mal”, dice Estela, quien además considera que la TO se aplicó apresuradamente y con cabos sueltos; así como que se eligió en el peor momento para su puesta en práctica: en pleno auge de la COVID-19 y la agudización de las carencias.

Ante una evidente violación de lo establecido, Estela se pregunta: “¿a quién puedo demandar si los abogados también son del gobierno?, ¿quién cuida mis derechos?, ¿por qué demora tanto que nuestra voz sea escuchada?, ¿es otro fallo de la democracia en Cuba?”.

¿Afortunados?

Eliecer Velázquez es uno de los “afortunados” que ya recibe su pensión. Sin embargo, se siente insatisfecho: los 1 528 pesos de jubilación son insuficientes. Dice que se necesita más de tres nuevos salarios mínimos para cubrir sus necesidades. Además, su vecina, que nunca tuvo desempeño laboral, cobra como viuda una pensión similar. “Eso es injusto si se compara con los más de 40 años de trabajo que acumulé”, dice Velázquez.

Margot Fuentes, una jubilada del sector textil, siente disgusto con los 1 528 pesos que al fin recibe. “Soy licenciada en Contabilidad y Finanzas y mi vecina cobra la misma jubilación que yo, a pesar de que ella solo tiene un noveno grado porque no quiso seguir estudiando y siempre fue una auxiliar de limpieza”.

Todo esto se desenvuelve en un contexto dramático por el aumento del envejecimiento poblacional. Según el censo de 2012, el 18.3% de la población cubana tiene 60 años o más. En 2020 creció a 21.3%. En este momento Holguín refleja el 20.6 % de envejecimiento poblacional.

Estela dice que seguirá escribiendo. “No puedo esperar al año 2022 a que me paguen lo que me pertenece por ley. El INASS me pidió paciencia, que me pagarían retroactivo y que se estaba trabajando por un plan. Pero mientras el plan se cumple, ¿cómo yo sobrevivo a los precios altos?”.

Cajero automático roto. Foto Fernando Donate

Obstáculos para cobrar la pensión

Los inconvenientes para el cobro de la pensión son otros de los obstáculos que afectan a los jubilados.

Antonia llegó a la seis de la mañana a la oficina del Correo Central. Hizo el número 20 en la cola. Un jubilado estaba desde las cuatro de la madrugada e hizo el número tres.

Para evitar las colas, Antonia solía cobrar el sábado porque había menos personas a la espera. Pero ese día ahora lo dedican al despacho de la paquetería internacional como medida para solucionar los atrasos de las entregas.

Sin embargo, la espera de Antonia y los demás jubilados fue en vano, “caminé 25 minutos ida y vuelta por gusto. No pudimos cobrar, en toda la mañana no hubo corriente”.

Al día siguiente, frente a la Casa de Cambio (CADECA), hay una extensa cola de jubilados. Son las 11:30 de la mañana. Después de una larga espera bajo el sol un jubilado comenta: “Cuando me jubilé pensaba que iba a descansar y no ha sido así. Es una locura muy grande hacer esta cola. Es peor que si estuviera trabajando”, dice el anciano con el rostro visiblemente cansado.

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Cajero roto banco de Vista Alegre. Foto Fernando Donate

También son frecuentes las roturas de los Cajeros Automáticos. El del banco del reparto Vista Alegre de la ciudad de Holguín hace más de dos meses está sin prestar servicio. “Para cobrar camino muchísimo hasta el centro de la ciudad. Los coches y los bicitaxis están muy caros”, dice Manuel Gámez, un jubilado que recibe su pensión a través de una tarjeta magnética, y que en el trayecto teme enfermar de COVID-19.

Por su parte, Emilio González ha sufrido la inestabilidad del depósito bancario de la pensión en su tarjeta magnética. “Este mes he ido en tres ocasiones al Cajero Automático y mi tarjeta no tiene dinero. Todavía el banco no me ha dado respuesta”, se lamenta, mientras un vendedor callejero pregona a toda voz un nuevo récord: el precio del plátano a 12 pesos la unidad.

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Morir de hambre o de coronavirus, los retos de los ancianos en Cuba

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Francisco González. Foto Fernando Donate

HOLGUÍN, Cuba.- A sus 85 años, Francisco González tiene que caminar casi seis kilómetros todos los días, cojeando y apoyándose en un rústico palo que usa como bastón, para poder subsistir.

Pese a su avanzada edad, aún tiene que trabajar vendiendo jabas de yarey que él mismo confecciona durante las tardes y noches en su casa, después de una agotadora jornada de venta ambulante bajo el intenso sol y el sofocante calor de esta ciudad del oriente cubano.

Su andar es lento, pues además del improvisado bastón que agarra con su mano izquierda, sostiene una vara sobre el hombro derecho de donde cuelga las jabas que vende a 20 y 30 pesos, según el tamaño.

Sale de su casa poco después del amanecer y regresa pasada la una de la tarde, en ocasiones sin lograr vender ni una jaba, que son bolsas hechas de hojas de palma, ideales para cargar.

“La doctora me dijo que no saliera a la calle”, cuenta González, que también sufre sordera en ambos oídos. “Por mi avanzada edad tenía que mantenerme en casa, pero la necesidad me obliga”.

El anciano pertenece al amplio grupo de personas que en Cuba siguen trabajando después de jubiladas, pues la pensión que recibe del Estado es de 310 pesos cubanos al mes, unos 12 dólares que no le alcanzan para sobrevivir los 30 días.

Como él, miles de adultos mayores tienen que buscar un ingreso adicional para poder vivir dignamente en la Isla, y lo hacen asumiendo trabajos informales en la calle, o vendiendo golosinas y periódicos, lo que los expone a contagiarse con el nuevo coronavirus.

Desde que estalló la pandemia de la COVID-19, la Organización Mundial de la Salud ha alertado que la edad es el factor de riesgo más importante de contagio del virus. En Cuba, siete de cada diez fallecidos por la pandemia hasta la fecha tenían 65 años o más, según reportó el diario oficialista Granma.

Francisco Durán, director nacional de Epidemiología del Ministerio de Salud Pública (MINSAP), afirmó que el rango de edad de las personas fallecidas a causa de la COVID-19 está entre los 60 y 89 años, con predominio de los hombres.

Sin embargo, la necesidad de trabajar de muchos adultos mayores pesa más que el miedo al contagio, y su presencia en las calles pone de relieve la precaria situación que enfrenta un grupo poblacional que, sin embargo, es uno de los más numerosos: la quinta parte de la población cubana tiene al menos 60 años.

Estadísticas de envejecimiento poblacional Cuba. Foto cortesía del autor

Los ancianos cubanos dependen de pensiones exiguas y programas de asistencia social mucho más débiles que el sistema de salud de la Isla.

Por eso, quienes no cuentan con ayuda familiar o parientes que les envíen dinero del extranjero deben trabajar exponiéndose a una enfermedad latente en el país, con recientes rebrotes y muertes en La Habana y Artemisa.

González, por ejemplo, se encuentra divorciado, tiene tres hijos y vive solo. “En la casa cocino, lavo y hago todos los quehaceres”, asegura.

En un país en el que 2.3 millones de personas tienen más de 60 años, solo algo más de la mitad (1.2 millones) recibe su pensión.

Los demás reciben un tipo de subsidio no contributivo llamado “asistencia social”, aún más bajo, que va de los 217 a los 260 pesos mensuales (entre 9 y 11 dólares), una cantidad insuficiente para cubrir las necesidades básicas cuando se sabe que medio kilo de arroz cuesta 30 pesos (1.2 dólares). Esto es poco incluso en comparación con los reducidos salarios estatales cubanos.

En 2018, el salario medio mensual fue de 777 pesos (32 dólares), según la Oficina Nacional de Estadísticas e Información (ONEI).

Así, la mayoría de los adultos mayores se ubican por debajo de lo que las instituciones internacionales como el Banco Mundial consideran el umbral de la pobreza: ingresos de menos de 1.90 dólares diarios.

Ante esta situación, el gobierno tuvo que tomar varias medidas para que jubilados y personas dependientes del sistema de asistencia social puedan comer todo el mes. Una de ellas fue permitir que quienes ya se jubilaron (65 años en los hombres y 60 en las mujeres) se reincorporen a un puesto de trabajo y puedan devengar al mismo tiempo pensión y salario.

Muchos hombres son contratados como vigilantes nocturnos en almacenes o instalaciones estatales. Esto ha propiciado una escena que cada noche se repite en muchos lugares de Cuba: ancianos que abandonan sus casas para hacer sus turnos de trabajo mientras el resto de la familia descansa.

 

Felipe Hernández, de 71 años de edad, trabaja desde la noche hasta el amanecer del siguiente día cuidando un mini restaurante estatal perteneciente a la Empresa Municipal de Gastronomía y los Servicios de Holguín.

Junto a otro compañero, de edad similar, comparte dos noches de trabajo y dos noches de descanso por un salario básico de 235 pesos, más 20 pesos de nocturnidad que suman un total de 255 pesos mensuales (10 dólares).

“Mi pensión de 310 pesos no rinde para comprar las cosas básicas que necesito y hace dos años trabajo aquí”, dice Hernández, que vive con su esposa, dedicada a los quehaceres hogareños, y es jubilado del sector de la Educación.

“Nuestros dos hijos nos ayudan en lo que pueden, pero no es mucho, porque ellos tienen una familia que mantener”, afirma el anciano.

Otra de las políticas adoptadas para completar pensiones y subsidios fue crear el Sistema de Atención a la Familia (SAF), surgido el 28 de diciembre de 1998, que consiste en una red de comedores en los que pueden alimentarse las personas más vulnerables.

Además, en Cuba existen 155 hogares de ancianos y 295 casas de abuelos en las que se presta atención a los mayores, según datos del Anuario Estadístico de Salud de 2019.

Estas políticas públicas adolecen de lo mismo que muchos de los servicios estatales en Cuba: carecen de la suficiente financiación, al igual que el sistema sanitario que en 2020 recibió una inversión de 12 740 millones de pesos.

Sin embargo, el presupuesto de otras políticas sociales es mucho menor. En los subsidios y otros programas de asistencia social como los hogares de ancianos, en 2018, Cuba gastó 300 millones de pesos cubanos, según se registra en las Cuentas Nacionales que lleva la Oficina Nacional de Estadísticas.

Esto provoca que programas como el SAF y otros semejantes, destinados a los adultos mayores, disten de ofrecer una cobertura universal, convirtiéndolos en foco constante de quejas por sus deficiencias.

En toda la provincia de Holguín la red de comedores SAF tiene unos 5 800 afiliados, de los cuales más de 3 000 son personas de edad avanzada, según han publicado medios estatales. Sin embargo, los mayores de 60 años son casi 210 000, de acuerdo a datos oficiales.

Fuera de su escaso alcance, estos programas también son criticados por deficiencias en el servicio. Debilidades reconocidas por las propias autoridades.

La contralora provincial, Irma Sánchez Cruz, en reiteradas ocasiones ha calificado de ineficiente la gestión de la Empresa de Gastronomía del territorio, encargada de suministrar los alimentos a los comedores.

Aníbal Carrizo, un vecino de Holguín, de 79 años, explicó que acude a una de estas instalaciones desde hace cuatro años. Allí recoge el almuerzo y la cena. “La comida es poca y de mala calidad. Este problema lo hemos planteado al gobierno, pero la situación persiste”, dijo.

Róger Hidalgo, asiduo comensal del SAF, situado en el Distrito Lenin de la ciudad de Holguín, dice que “los alimentos no tienen higiene por mala manipulación”, así como otras violaciones de las normas más elementales de bioseguridad en momentos de pandemia.

Con pensiones bajas y las deficientes políticas públicas, el bienestar de los ancianos cubanos suele depender del apoyo familiar. Los que carecen de asistencia de parientes son los más desfavorecidos, y los que se ven obligados a trabajar.

En Holguín es común ver a personas mayores realizando todo tipo de trabajos en las calles. Jorge Rodríguez, de 80 años, revende cajas de cigarros que compra en establecimientos estatales a ocho pesos para sobrevivir.

“Vendo la caja a 12 pesos a granel, a 1 peso cada uno”, dijo. “No es mucho lo que gano, pero con eso voy ‘tirando’ (sobreviviendo)”.

Rodríguez recién regresó a su casa después de comprar un antihistamínico en una farmacia distante. Cojea debido a una fractura en la pierna derecha causada por el impacto de una motocicleta.

“Me jubilé en 2001”, dice mientras apoya en su axila derecha una muleta que produce un sonido seco cada vez que toca el piso. “Al principio cobraba una pensión de 270 pesos, pero ahora me la subieron a 320. Si compro un litro de aceite gasto los 50 pesos que me incrementaron. Sé que corro el riesgo de enfermar por coronavirus. Pero vivo solo y mis hijos nunca me han ayudado ni tan siquiera a comprar un medicamento”.

A los 32 años Oscar quedó ciego por un desprendimiento de retina. Trabajó en un taller de artesanías donde obtuvo una jubilación de 320 pesos. También paga un crédito bancario que le facilita la compra de materiales de construcción para reparar su casa.

El dinero no le alcanza, por eso hace siete años vende pasta de maní que elaboran varios integrantes de la familia. “Unos tuestan el maní, otros lo envuelven y yo vendo cada pastica a cinco pesos”. Oscar asegura que vende un promedio de 100 pasticas diarias que le reportan una ganancia de 40 centavos cada una.

Para ello sale de la casa a las 9 de la mañana y regresa pasadas las 3 de la tarde. Camina más de 10 kilómetros diarios para ganar solo 40 pesos (1.60 dólares).

Romárico Aguilar, con 81 años, realiza desde hace 40 un oficio casi en extinción: afilador callejero de tijeras y cuchillos.

En cuanto comenzó la desescalada post coronavirus en Holguín lo primero que hizo fue salir a trabajar.

“Estoy obligado a salir porque la vida está muy cara y tengo que seguir trabajando”, dice Aguilar, que vive en el reparto Pueblo Nuevo y para llegar al centro de la ciudad camina dos kilómetros empujando su rudimentario taller.

De pocas palabras, y de hablar casi en susurros, a Aguilar se le nota un leve temblor en la mano derecha causado por la enfermedad de Parkinson. Sin embargo, logra sujetar con firmeza las tijeras cuando las afila.

“La tijera está muy deteriorada”, le dice amablemente a una clienta mientras con un martillito da unos golpes precisos para ajustar el remache. Después saca un retazo de tela y comprueba el filo. El precio de cada tijera afilada es de 5 pesos.

Finalizado el trabajo, recoge la polea y convierte el afilador en una carretilla que empuja. A medida que se aleja, con pasos lentos pero firmes, Aguilar comienza a sacarle melodía a una pequeña armónica que anuncia su presencia.

En las calles de Holguín también es común ver a los adultos mayores vendiendo ristras de ajo o agua, que es lo que hace Jacinto Leyva, de 77 años, en los repartos Vista Alegre y Piedra Blanca.

Su pensión de 320 pesos lo obliga a realizar esta agotadora labor. Para llegar a sus clientes recorre un kilómetro desde un pozo estatal. Conduce una carretilla de cuatro ruedas donde carga diez bidones con agua que después vende a cinco pesos cada uno.

La venta de periódicos es otro de los oficios dominados por los adultos mayores. Uno de ellos es Miguel, quien ha ubicado su negocio en un tramo del bulevar de la ciudad.

Trata de protegerse del sol debajo de una reducida sombra proyectada por la pared de un local, pero el resplandor reflejado en el piso de granito hace mella en su rostro.

Sin embargo, no se mueve del sitio porque “es una esquina buena para vender rápido los periódicos”, dice, mientras sostiene un ejemplar del diario Granma, que vende por el valor de un peso.

Miguel no quiere que su identidad se revele porque padece de la presión alta, una de las enfermedades que más comúnmente se ha asociado a los casos graves y fatales de la COVID-19.

Tiene 66 años y trabajó como ayudante de mecánico en los talleres de la empresa de transporte hasta su jubilación por problemas de salud. Ahora recibe 280 pesos mensuales. “Lo que me pagan es una mierda”, dice.

“Al principio de mi jubilación vendí maní, pero era muy trabajoso y la salud no me acompañaba. Ahora vendo periódicos. Si no lo hago paso más hambre”.

A pocos metros, su colega Gerardo no le hace competencia porque, a diferencia de Miguel, su negocio es vender periódicos viejos “que la gente usa cuando va al baño porque no hay papel higiénico”, dice en tono burlón.

Muy cerca de allí, casi frente a una parada de ómnibus en la calle Aguilera, entre las calles Libertad y Maceo, Mercedes Calzadilla Estrada también vende periódicos y revistas.

Ella ha improvisado su puesto de venta en el escalón que da entrada a un local cerrado. “Mientras esté viva todos los días venderé periódicos y revistas en este lugar”, asegura la mujer, de 79 años.

Calzadilla compra la mercancía en los establecimientos estatales, donde los periódicos cuestan 20 centavos y las revistas un peso. “Después yo revendo los periódicos a un peso y las revistas a cinco”, dice.

La holguinera se protege con una mascarilla y es consciente de que en la calle está expuesta a enfermar con la COVID-19. Pese a ser más propensa a sufrir complicaciones derivadas del nuevo coronavirus por padecer diabetes, problemas de circulación y tiroides, ella tiene que seguir trabajando.

Se jubiló como costurera en la fábrica textil “Lidia Doce” y su pensión de 200 pesos no es suficiente para pagar los gastos del hogar donde vive con una hermana enferma de 68 años.

“Siento que ya no tengo la fuerza de antes. No sé qué será de nosotras cuando ya no pueda trabajar”, dice afligida.

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Jubilarse en Cuba: miseria a la vista

Cuba natalidad población

Jubilados en Cuba (Archivo)

LA HABANA, Cuba.- En recientes disposiciones oficiales se consideró el aumento de 70 pesos en moneda nacional a aquellas personas que reciben asistencia social y así llevar la pensión mínima a 242 CUP. Para los 99 mil núcleos familiares en los que alguno de sus miembros se ven incapacitados de trabajar significa un incremento de casi 3 CUC en sus ingresos; y para los cerca de 446 mil jubilados un aumento de su seguridad social hacia un total de 10 CUC al mes. Esto implica un reconocimiento oficial de los altos niveles de pobreza en el que viven más de seiscientas mil personas en Cuba, el 5,5% de la población.

Lo anteriormente dicho es apenas una idea de los dilemas de tener una pensión en Cuba, la cual no alcanza tan siquiera para las necesidades básicas de vida. Rebasar los trámites para la jubilación, por ejemplo, pueden convertirse en una historia de ciencia ficción por la cantidad de trabas burocráticas a las que se enfrenta un trabajador.

Un ejemplo es el de Lázaro Jesús Ávila Sotolongo, vecino de Avellaneda No.8N, en el municipio de Colón, provincia de Matanzas, a quien, en plena gestión de retiro, por problemas administrativos, no se le reconocen 7 años de los 14 años de trabajo como técnico meteorológico que realizó en el CITMA (Ciencia, Innovación, Tecnología y Medio Ambiente). Un error que lo hará perder el 14% de su pensión por antigüedad, que equivale a un monto de 90 a 100 pesos mensuales.

El problema es muy sencillo. El CITMA solo tiene los archivos actualizados del año 2002 en adelante, por lo que, según ellos, no se pueden certificar los años que Ávila Sotolongo trabajó, de 1982 a 1996, en la Estación Meteorológica de Gispert.

Como él tenía su expediente laboral fue a reclamar con los documentos oficiales que existían en aquella época, con lo que elaboraron el Dictamen No.46 de junio de 2018, pero solo reconociendo 7 años del total de 14 que estaba demandando.

En su afán por resolver el problema se dirigió a la Fiscalía Municipal, donde lo refirieron a la Fiscalía Provincial, y allí dictaminaron que había transcurrido el término legal establecido para la protección y conservación de la documentación, en virtud de lo cual no puede la Fiscalía instar la reconstrucción de la predicha documentación.

A Lázaro se le han caído las alas del corazón, porque como vive en Cuba, no tiene a quién reclamar; solo aceptar que perdió 7 años de su vida laboral por la indolencia de un sistema que no funciona.

Pero el caso de Lázaro no es el único, el tema de la jubilación es recurrente y en algunas ocasiones se hace alusión a ello incluso en los medios de prensa oficiales; como por ejemplo en el semanario Trabajadores, donde se publicó recientemente el caso de varios jubilados del municipio de Contramaestre, en la oriental provincia de Santiago de Cuba, a quienes después de 6 meses de terminados los trámites de la pensión no le ha llegado la chequera.

Según el Decreto Ley 351/17, la Ministra de Trabajo y Seguridad Social debe decidir sobre todos los expedientes de jubilaciones de las UBPC (Unidades Básicas de Producción Cooperativa) del país, lo que ha hecho que hasta el momento existan más de 1 300 casos pendientes. Esto, como es lógico, causa afectaciones a los interesados y a sus familias. Pero lo más absurdo es que en la antes mencionada legislación no se establece el término para responder de esta alta funcionaria.

Así entonces, si ya usted tiene su jubilación y debe cobrarla en un cajero automático, ¡prepárese!, pues le puede pasar cualquier cosa. Desde que no hay dinero en efectivo que respalde su transacción; hasta que, por motivos de mantenimiento, se quede en medio de una transacción sin dinero y sin tarjeta. Las variantes pueden ser muchas, pero lo que si no cambia es el hecho de que no recuperará su “calderilla”, aunque dé todas las vueltas habidas y por haber a los organismos vinculados.

Con todas estas dificultades, que son públicas en su mayoría y de total conocimiento de los funcionarios gubernamentales, cabría preguntarse: ¿Y dónde está la Sección Sindical? Pues allí, en los centros de trabajo, defendiendo la “Revolución”, condenando “el bloqueo”, discutiendo el Proyecto de Constitución, propiciando la actualización del modelo económico, y haciendo cualquier otra cosa, menos respaldar al trabajador que lo necesita.

Aunque hay que decir que los gastos del Presupuesto Estatal aumentan, también las nuevas medidas para los cuentapropistas menguarán el ingreso de los contribuyentes, algo que al parecer a la dirección del país no le preocupa tanto, como el no permitir que haya concentración de capital en manos de los privados.

Si usted piensa que en Cuba jubilarse es algo fácil, por favor vuelva a leer este artículo.