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Cubano pone a la venta pelota firmada por estrellas del béisbol para ayudar a su familia

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MADRID, España.- El cubano Aramís Rosillo Padrón puso a la venta una pelota firmada por leyendas del béisbol en la Isla, con el objetivo de poder ayudar a su familia con ese dinero.

“Esa pelota tiene gran valor para mí, pero ahora mismo el bienestar de familia es la prioridad”, dijo Rosillo Padrón, quien perdió hace poco la facultad de caminar, y con ello el trabajo.

Entre las firmas que aparecen en la esférica se encuentran las de Armando Capiró, Luis Giraldo Casanova, Pedro José Rodríguez, Pedro Medina, Alfonso Urquiola, Agustín Marquetti, Rodolfo Puente, Fernando Sánchez, Wilfredo Sánchez, Lourdes Gourriel, Braudilio Vinent, Rogelio García y Antonio Muñoz.

De igual modo cuenta con las rúbricas de Pedro Jova, Alberto Martínez, Leonardo Goire y los exlanzadores Carlos Mesa, José Luis Alemán, Rafael Castillo, Juan Carlos Oliva y Jesús Guerra, entre otros.

La pelota corresponde a la Copa Intercontinental de 1979; primer torneo de este tipo que jugó, organizó y ganó Cuba. La Copa tuvo como sede principal al estadio Latinoamericano y la selección cubana ganó de manera invicta.

Para difundir la venta, Aramís Rosillo Padrón pidió ayuda a Swing Completo. El medio deportivo precisó que Padrón viven cerca de la Ciudad Deportiva, en el municipio capitalino Cerro; y se puede contactar a través del teléfono móvil +5352956439 o de su cuenta personal de Facebook.

El pasado año trascendió que las medallas de oro olímpicas de los campeones cubanos Iván Pedroso y Leuris Pupo habían sido vendidas en decenas de miles de dólares por una casa de subastas en Estados Unidos.

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Cuba queda fuera de la Serie del Caribe: ¿de quién es la culpa?

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Higinio Vélez, presidente de la Federación Cubana de Béisbol (Foto Cubadebate)

ESTADOS UNIDOS. – Primero fueron declaraciones y comunicados. Ahora llegó la noticia real: Cuba no estará en la Serie del Caribe.

Así lo confirmó la Confederación de Béisbol Profesional del Caribe (CBPC) a la Federación Cubana de este deporte (FCB), por lo cual se elimina la presencia del equipo ganador de la 59 Serie Nacional en la Serie del Caribe a celebrarse del 1 al 7 de febrero, en San Juan, Puerto Rico.

Según la comunicación enviada por el Comisionado del béisbol caribeño Juan Francisco Puello Herrera, la causa del problema es que no tienen el tiempo disponible para tramitar los visados estadounidenses para que los peloteros cubanos viajen a Puerto Rico.

“De ninguna forma son el pueblo cubano, ni sus atletas y autoridades deportivas, la razón de esta decisión. La solución escapa a mi control’’, dijo Puello Herrera.

Al no poder asegurar el visado de la delegación deportiva cubana, el propio Comisionado informó a la Federación Cubana que la Asamblea decidió invitar a Colombia, un país que sí tendrá garantizada su asistencia.

Sin embargo, Cuba responsabilizó a Herrera. “Cedió a las presiones del gobierno de Estados Unidos y dicha decisión se suma a otras acciones arbitrarias de este organismo que ha impedido la membresía plena de Cuba en esta organización genuinamente caribeña. Es una injusticia y una discriminación’’, declaró la FCB.

Si por historia beisbolera hablamos, Cuba merece estar presente en la Serie del Caribe y ser miembro fijo de este organismo. Pero si hablamos de injusticia y discriminación, la defensa de las autoridades cubanas es muy pobre.

Como aspectos favorables debemos decir que Cuba fue desde principios del pasado siglo hasta 1961, la segunda potencia beisbolera a nivel profesional sólo superada por las Grandes Ligas de Estados Unidos. La Habana fue la sede de la primera Serie del Caribe en 1949 y conquistó el título en siete ocasiones de las 12 en que participó.

Pero los factores negativos sobran: Cuba, ordenado por Fidel Castro, eliminó el béisbol profesional cortando una rica tradición que tuvo su primer campeonato en 1878. Después de aquella absurda medida en 1961, las Series del Caribe se interrumpieron hasta 1970.

Mientras que estuvo dominando la pelota amateur a nivel mundial, a Cuba no le interesó la Serie del Caribe. Pero después de la fuga de cientos de sus peloteros buscando jugar en Grandes Ligas su béisbol nacional perdió nivel, lo que obligó a las autoridades deportivas a buscar medidas para neutralizar la crisis.

Durante seis décadas, Cuba ha discriminado a los peloteros por su manera de pensar. Si no se ajustaban a los llamados “principios revolucionarios’’ eran excluidos de la selección para eventos internacionales.

Desde 1962, Cuba le ha negado a varias generaciones la historia de sus grandes leyendas del pasado. Dentro de la isla prácticamente estaba prohibido hablar de las hazañas de Orestes Miñoso, Camilo Pascual, Tony Pérez, Luis Tiant, Miguel Cuéllar, Tony Oliva, José Canseco, Rafael Palmeiro y algunas otras estrellas de Grandes Ligas que nacieron en la isla.

Cuba no permite que los jugadores que actúan en Grande Ligas vistan el uniforme de la selección nacional para el Clásico Mundial de Béisbol.

Estas mismas autoridades cubanas que hoy hablan de injusticia y discriminación en contra de ellos, nunca les importó cometerlas con los demás.

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Renuncia Víctor Mesa como mánager de Industriales

Víctor Mesa (JIT)

MIAMI, Florida.- El polémico pelotero cubano Víctor Mesa anunció este lunes durante una entrevista con la emisora oficialista Radio Rebelde que no dirigirá el conjunto de Industriales en la venidera 58 Serie Nacional.

Mesa explicó que su decisión se debe a que las autoridades deportivas de la Isla lo dejaron fuera de la Serie Especial y de los Juegos Centroamericanos de Barranquilla.

“No me han tomado en cuenta para ninguno de los tres equipos que están en la Serie Especial, ni para los Juegos Centroamericanos y del Caribe”, confesó Mesa, quien luego de una brillante carrera en Villa Clara pasó a dirigir ese conjunto durante diez series nacionales, pasando luego a Matanzas (con quienes se mantuvo durante seis series) y más tarde a Industriales, el equipo de La Habana, con el que ha estado apenas un año.

El expelotero aclaró que su renuncia no está relacionada con que sus hijos, los jóvenes peloteros Víctor Víctor Mesa y Víctor Mesa Jr., hayan abandonado el país para jugar en las Grandes Ligas de EEUU.

Bajo la dirección de Mesa, Industriales se colocó en el cuarto puesto  Serie Nacional de Béisbol.

Mesa también ha estado al frente de los conjuntos nacionales que han disputado torneos en varios países. Considerado un jugador brillante, como mánager ha causado no pocas críticas debido a su actitud explosiva en el terreno lo mismo contra peloteros que contra árbitros.

Hasta el momento no se tiene certeza de quién podría sustituir al villareño, pero entre sus sucesores podría contarse al industrialista Javier Méndez, quien ya fue mánager del equipo pero tuvo que abandonar el puesto “por razones personales” y se ha mostrado dispuesto a volver.

Otros candidatos son los también industrialistas Lázaro de la Torre y Enriquito Díaz, dos carismáticas figuras del equipo en la década 1990 y 2000 que han mostrado interés en dirigir a los también llamados “leones de la capital”.




Arístide

obama y la pelota aristide




El Titán regresa a casa

LA HABANA, Cuba, febrero, 173.203.82.38 -El insigne pelotero José Ariel Contreras regresó a Cuba para visitar a su familia, y en particular a su madre que se recupera de la amputación de una extremidad  operada, en el hospital Salvador Allende de La Habana. El Titán fue el sobrenombre adjudicado por Fidel Castro para comparar sus proezas con las de Antonio Maceo, conocido como el Titán de Bronce,  cuando lo recibió al regresar de Estados Unidos en marzo de 1999  de un juego en que propinó 10 ponches sin permitir carreras a los Orioles de Boston, en el primer torneo de un club cubano con un equipo de las Grandes Ligas desde  hacía muchos años.

Sin embargo, al abandonar la Selección Nacional en Monterrey, México, en 2002, a fin de procurarse un futuro mejor en las Grandes Ligas -donde triunfó-, el Titán fue declarado traidor, pero siempre donde haya estado ha proclamado su cubanía, al igual que las decenas de deportistas nacionales que se han visto obligados a marcharse del país, en ocasiones con peligro para sus vidas. Como prueba de ello, al iniciarse en Estados Unidos con los Yankees de Nueva York, en el contrato  donde recibió 32 millones de dólares por cuatro temporadas, reclamó una cláusula que establece que “contra Cuba no jugaría”, según  manifestó a la prensa durante en su actual viaje a Cuba. Durante las 10 temporadas en que ha participado en las Grandes Ligas se estima que ha recibió 67,5 millones de dólares, con relevantes actuaciones, además de los Yankees, con los Medias Blancas de Chicago, los Rocky de Colorado, y los Philies de Filadelfia.

Durante su estancia en Cuba fue aclamado por los cubanos que lo encontraron a su paso.  Asi ocurrió en la Peña Deportiva del Parque Central en la Habana Vieja, donde los fanáticos le dispensaron inmensas muestras de cariño.  Mayor aun fue su encuentro con los habitantes y fanáticos de la ciudad de Pinar del Río, y como un hijo muy querido por los vecinos de su pequeño poblado natal Las Martinas, en el extremo occidental de Cuba. Asimismo Contreras compartió alegrías y experiencias con sus antiguos compañeros del  equipo provincial de Pinar del Río, como Pedro Luís Lazo.  “Siento un poquito de nostalgia, es duro pasar diez años sin ver a mi hermano, pero es bueno que haya podido venir y estoy disfrutando este momento”, señaló José Ariel.

La visita de este gran deportista coincide con un momento de declive de la pelota cubana, al caer notablemente su calidad, entre otras cosas por la falta de competencia con equipos de alto nivel, junto con la política de declarar traidores a todos los deportistas que hayan deseado probar suerte en las Grandes Ligas, u otros escenarios deportivos en el exterior  para, lógicamente, alcanzar  reconocimiento y mejorar sus niveles a tenor del  talento y el esfuerzo, algo que en cualquier parte del mundo (menos en la esquizofrénica Cuba actual) resulta no solo comprensible, sino hasta deseable, resaltándose los triunfos deportivos de los connacionales en otras tierras con orgullo. Por supuesto, la penosa situación del beisbol y la mayoría de los deportes es, ante todo,  consecuencia de la perenne crisis general existente en Cuba, unida a  políticas oficiales dirigidas a dividir a los cubanos, sembrar el odio y enarbolar consignas de disyuntivas absurdas y tremendistas, como “patria o muerte”.

Ahora casi todos los equipos que participarán en el Tercer Clásico Mundial, a celebrarse en marzo, están integrados por jugadores de práctica nacional, pero también internacional, incluidos estrellas de las Ligas Mayores, como Miguel Cabrera, orgulloso de defender el pabellón venezolano.  Esto se aprecia en otros deportes, como básquetbol y futbol, de manera que las estrellas se unen orgullosamente a defender su bandera, como hacen hasta los jugadores chinos de la NBA.  En el próximo Clásico se dará la irónica situación de que cubanos integrarán teams de España y Brasil.

El equipo de Cuba está formado.  No caben dudas de que nuestros jóvenes peloteros harán su mayor esfuerzo por hacer un buen papel,  a pesar de las difíciles condiciones que afrontarán.  No obstante, si no ocurre un milagro, es posible que no sobrepasen ni la primera etapa del torneo.  Un paso importante en el mejoramiento del deporte cubano en general sería que todos los cubanos independientemente de donde compitan y residan, puedan integrarse en los equipos, de manera que se rescaten nuestras glorias pasadas.  Como manifestó José Ariel Contreras: “Y ese es mi sueño, tener la oportunidad de jugar por Cuba antes de retirarme.  Pasa lo mismo con el resto de los peloteros que vivimos fuera. Pero no depende de uno…”.  Unas palabras nobles y sencillas, que contienen la solución para que el deporte cubano avance y se haga justicia a sus notables exponentes.




Un cuadrado mágico por toda la ciudad

LA HABANA, Cuba, septiembre, 173.203.82.38 -Es un extraño y simple dibujo que generalmente no miramos, pero cuya presencia a veces nos sorprende en un lugar que pudiera parecer a primera vista poco conveniente. Casi todos sabemos qué significa ese cuadrado, siempre en un plano vertical, en ocasiones con una X o un círculo dentro; nunca dudamos de quién lo ha grabado, casi siempre sobre muros y paredes, lo mismo al borde de una tumultuosa avenida que en el oscuro fondo de un solar yermo, que en el mínimo espacio entre dos edificios o en medio de un pasillo apenas transitable, e incluso en una columna de un viejo garaje o de un portal desvencijado.

Para estamparlo —tanta es la prisa—, basta una crayola, un pedazo cualquiera de yeso o de alquitrán, y aun los más apurados llegan a usar excremento de perro si no tienen otro recurso a mano. Pues de eso se trata exactamente: de la premura. Los hay que se conforman con tomar el primer trozo de vidrio o la primera piedra afilada que encuentren y entonces rayan, sobre la superficie escogida, esa forma básica del espacio, el cuadrado, símbolo por excelencia de lo terreno.

No hay tiempo que perder para labor tan urgente, acaso la más importante del día. El juego. Ese cuadrado que tanta emoción concentra es el home para un béisbol callejero, ferviente y frugal como ninguno: dos, cuatro muchachos, llegan y graban con una arista de yeso el mágico signo, y sus cuatro líneas afirman un orden repentino que niega todo lo demás: hacia su centro debe ir la pelota improvisada con cualquier material y el bateador, con un palo también primordial, tratará de evitar ese acierto al blanco golpeando la bola hacia el más importante de sus cuatro horizontes: el que tiene ante sí. Y cuanto más lejos logre lanzarla, mayor será el logro y mejor será él mismo.

No importa que alrededor de ellos camine sin tregua la gente en uno u otro sentido, ni que transiten por decenas los vehículos (alguno de ellos tendrá que sonar el claxon o frenar ante el chiquillo concentrado solo en capturar una pelota demasiado voladora), porque, sencillamente, el entorno ha desaparecido y ahora la realidad se concentra toda en este desafío donde ambos rivales, por cierto, tienen idénticos propósitos y las mismas posibilidades. Todo depende únicamente de la propia destreza y del empeño que se ponga. Ya no importa cómo fue el juego de ayer ni si habrá otro partido al día siguiente, ni qué dirán en la escuela por la escapada antes de tiempo, ni en la casa por la demora y la mochila sucia.

Quizás ninguno de ellos volverá a sentir nunca —como en este rito público y furtivo a la vez— que asiste a la plena luminosidad del aquí y el ahora que viene desde esa edad imprecisa a la cual llamamos, a falta de mejor nombre, la noche de los tiempos. Puede que luego esos muchachos pasen la vida buscando esta misma revelación en otros menesteres y en ceremonias diversas. Puede que ya nunca vuelvan a encontrarla. O a sospecharla siquiera.

El juego de pelota, tan intrascendente en su apariencia, está saturado de emblemas esenciales y graves por ser vestigio de antiguas liturgias cuya importancia social es imposible desdeñar. Esta ceremonia que, como no está dirigida a nadie, es para todos, revela una alternancia intensa y repetitiva y una alteridad implacable para enfrentar al otro. Porque los dos somos otro, somos el mismo, somos algo más real de lo que a diario somos y, sobre todo, más real de lo que seremos luego. Se busca una jugada más, un batazo mayor, otra carrera sumada, un buen golpe de suerte, un triunfo indudable, un júbilo, un acto inequívoco, un sí irrebatible. Como es uno el riesgo de perder, uno será el éxtasis de la victoria. Pero también, como reminiscencia de antiguas y a veces terribles celebraciones, el juego de pelota es guerra, sacrificio, caos, espionaje, miedo, violencia desbordada, traición, abuso, humana locura.

Y, por supuesto, caricatura también de aquel lado de la política romana ―sí, la Roma Quadrata― que le daba a su pueblo pan y circo. Caricatura, además, porque en ocasiones el poder siente la tentación de dar sólo circo y más circo, quizás por satánica referencia al dicho del Nazareno: No sólo de pan vive el hombre. Pero esto es otra historia. Por el momento el juego se basta a sí mismo. No ocurre ahora, sino en ese presente mítico que, más que en la noche se hallaba en el alba de los tiempos. Y nada puede ser más real que un mito.

Al cabo, terminado el juego, dejamos de ser ese algo más real de lo que ordinariamente somos, y que esperamos volver a ser, aunque luego, con el paso de los años, nos vayamos desrealizando poco a poco mientras nos vamos sintiendo más y más hechos a lo cotidiano, y llegue incluso el momento —inconcebible cuando ocurría la magia del juego— en que pasemos con total indiferencia junto a ese cuadrado y no veamos prodigio alguno en él. Es sólo una cosa de muchachos. Quizás ni lo miremos.




¿Pelota revolucionaria?

LA HABANA, Cuba, enero, 173.203.82.38 -El 14 de enero de 1962, el líder cubano Fidel Castro confiscó el béisbol y, con él, todo el deporte nacional. Ese día, hace ya 50 años, se inició la Primera Serie Nacional de la llamada pelota revolucionaria, con cuatro equipos, para lo cual el Comandante lanzó la primera bola.

Previamente, había procurado convencer a algunos peloteros amateur, próximos a firmar en las ligas profesionales, para que no lo hicieran. Los persuadidos se quedaron en la miseria, los que no, tuvieron que marcharse con su riqueza para siempre.

Al conmemorar la efemérides, el vice-presidente del INDER, Alberto Juantorena, un producto de esta manera del deporte, ex recordista mundial y olímpico de atletismo, declaró en la TV, rodeado de niños, que ese día Fidel había puesto fin al profesionalismo y su corrupción, donde los atletas se venden, y venden los juegos en provecho de los magnates. Señaló que a partir de entonces, surgió en Cuba un deporte limpio, masivo, con principios éticos. Y claro, pidió un aplauso para el Comandante.

La enseñanza privada, anterior al triunfo de la revolución de 1959, se caracterizó por el fomento del deporte. Era muy difícil encontrar una escuela que no tuviera al menos un equipo de pelota. En los años 60, la revolución mantuvo esa costumbre en los centros de becarios que proliferaron por todo el país. Y es correcto hablar de masividad deportiva en estas dos décadas, por la creación de  escuelas  de iniciación deportiva y de perfeccionamiento  atlético, como afianzamiento del auge deportivo  en el país.

Pero la militarización de los centros de enseñanza media y superior, a finales de los años 60, puso fin al auge deportivo escolar. Y las escuelas en el campo que le siguieron, terminarían de rematar la masividad deportiva. No había una sola escuela que tuviera equipos deportivos. Y como consecuencia, el deporte también murió en la poca enseñanza media que quedaba en las ciudades y las universidades.

Las escuelas deportivas cubrieron esa falta de base, y se perfeccionaron, al punto de lograr altos resultados a partir de la selectividad de los cazadores de talentos.

Se creó una industria de atletas. Pero éstos dejaron de ser naturales para convertirse en algo sintético, una creación de laboratorio.

Por paradójico que pueda parecer, Cuba es uno de los países de América que tiene menos instalaciones deportivas y que da un menor uso a las mismas; con uno de los porcientos poblacionales más bajos, por atletas de base, y a la vez, con el mayor índice de atletas de alto rendimiento per cápita.

La inmoralidad está institucionalizada, especialmente en la pelota, que llaman amateur, cuando es profesional y fraudulenta. Lo primero, porque el atleta recibe un salario por jugar, que va aumentando con arreglo a sus logros. Y lo segundo, porque, para pagarles a esos atletas, se les ubica (simbólicamente) en un empleo que desconocen por completo. Así se les puede ver en una plantilla de un hospital, como médicos, o en una industria, como ingenieros, sin serlo realmente. Que sean profesionales mal pagados, es otra cosa.

Los equipos de pelota de las series nacionales cuentan con un oficial de la contrainteligencia militar para que vigile a los peloteros y para echar a un lado al que considere susceptible de intentar desertar hacia las Grandes Ligas. Cuando viajan al extranjero, no los dejan moverse, y les quitan el pasaporte para impedirles que se escapen.

En Cuba, se puede ver en la TV a los clubes profesionales del fútbol: Real Madrid, Barcelona, Boca Junior, etc… Pero no es posible ver la pelota de Grandes Ligas.

No obstante, los peloteros se fugan hacia las ligas mayores con más frecuencia cada día. El equipo habanero Industriales se quedó sin pítcher, y todos padecen de la misma erosión.

Gracias precisamente a esos atletas que han abandonado la mal llamada pelota revolucionaria, mejoró aquí, en prudente medida, la consideración a los peloteros, como un intento de impedir el éxodo. Ahora los alojan en buenos hoteles, les regalan automóviles, les dan buenas casas y otras prebendas. Pero aún así, nuestros peloteros han echado a andar, pero en dirección distinta a la que anunciara el Che Guevara, porque ellos no pararán…. hasta las Grandes Ligas.




Medio siglo de un sueño devenido en pesadilla

LA HABANA, Cuba, enero, 173.203.82.38 -El 14 de enero se cumple medio siglo de que el beisbol inició una nueva historia en Cuba con el nacimiento de las Series Nacionales amateurs, con las que el gobierno revolucionario, a partir de ese momento regente único y plenipotenciario del pasatiempo nacional, pretendió enterrar en el olvido las glorias y grandezas de varias décadas de pujante pelota profesional.

A partir de aquella tarde de 1962 se dobló la última página de una historia que había tenido estrellas y héroes excepcionales como José de la Caridad Méndez “El diamante negro”, Alejandro Oms, Miguel Ángel González Cordero, Adolfo Luque, Fermín Guerra, Camilo Pascual, Agapito Mayor, Pedro Formental, Martín Dihigo, Orestes “Mini” Miñoso, Willie Miranda, Héctor Rodríguez, Roberto Ortiz, Conrado Marrero y tantos otros que harían interminable esta lista de hombres de origen generalmente humilde que con talento y entrega pusieron el nombre del beisbol cubano bien alto en escenarios nacionales y foráneos.

Llama poderosamente la atención como al hacer referencia al hecho en los medios de difusión nacional varios comentaristas especializados e incluso algún protagonista de aquel momento reiteraron como una necesidad u objetivo de la naciente pelota “revolucionaria” era que los aficionados olvidaran a las luminarias de la suprimida Liga Profesional Cubana.

Al nacer el nuevo torneo nacional la pasión por la pelota no murió, en realidad los nuevos y desconocidos jugadores mostraron el talento, la entrega y el amor a la camiseta que mantuvo los estadios llenos y la motivación intacta. Con el tiempo todas las provincias del país tuvieron representación en la Serie Nacional, la afición respaldó con entusiasmo incluso los encuentros de inferior categoría como las series provinciales y sobre todo fueron surgiendo las figuras que volvieron a tejer la leyenda.

A lo largo de estas décadas se inscribieron con letras de oro en los anales del beisbol nacional nombres como los de Manuel Alarcón, Miguel Cuevas, los hermanos Wilfredo y Fernando Sánchez, Agustín Marquetti, José Antonio Huelga, Santiago “Changa” Mederos, Braudilio Vinent, Orlando “el Duque” Hernández, Antonio Muñoz, Rey Vicente Anglada, Pedro José “Cheito” Rodríguez, Víctor Mesa, Antonio Pacheco, Germán Mesa u Orestes Kindelan, quienes junto  a muchas otras estrellas han escrito la historia que ha llegado al medio siglo.

Una larga cadena de éxitos en la arena internacional tejió el beisbol cubano,  que por tres décadas afianzó su hegemonía en los torneos de la categoría amateurs. Sin reparar en que  Cuba competía en esos certámenes, con toda su tradición y sus mejores atletas, frente a jugadores universitarios o verdaderamente amateurs, aficionados y funcionarios nos llenamos de vanidad y orgullo por los veinte cinco campeonatos mundiales, tres juegos olímpicos, y otras tantas victorias.

A partir de la década de los 90 dos hechos significativos provocaron un cambio esencial en la dinámica de la pelota cubana. La admisión de los profesionales a los torneos internacionales subió el techo del beisbol internacional e hizo mucho más real la confrontación atlética. Por otra parte, en 1991, el lanzador capitalino René Arocha inició la larga lista de jugadores que han abandonado el país para mostrar su talento y buscar el éxito en los circuitos profesionales del emocionante deporte.

En estos veinte años figuras como Livan Hernández, Rolando Arrojo, Orlando “el Duque” Hernández, Kendry Morales, Yuniesky Betancourt, Reynaldo Ordoñez, José Ariel Contreras, Alexei Ramírez yAroldis Champan han abandonado las series nacionales para brillar en las ligas mayores de los Estados Unidos.

En los últimos años la calidad del beisbol cubano se ha resentido sensiblemente, lo cual encuentra reflejo en los resultados internacionales. Desde 2006 les ha resultado prácticamente imposible a las representaciones nacionales acariciar la victoria en eventos de máximo nivel.

Las autoridades cubanas se empeñan en mantener al beisbol cubano apartado del ambiente de fogueo e interrelación competitiva que ha impulsado el desarrollo del centenario deporte alrededor del mundo, fogueo que ha llevado a naciones sin tradición, como Holanda, a ganar inobjetablemente el último campeonato mundial, venciendo en dos ocasiones al representativo nacional.

Estadios vacíos en el torneo élite, ostensibles deficiencias técnicas en todos los renglones de juego ante los retos internacionales, éxodo permanente de figuras establecidas y talentosos prospectos, y sobre todo la reticencia de las autoridades para hacer los cambios que necesita con urgencia la pelota cubana, han ensombrecido una conmemoración que no puede ser de ninguna manera feliz porque, al igual que todas nuestras familias, la familia del beisbol cubano está dividida y el pasatiempo nacional en franca crisis.

En días pasados comentaristas especializados llamaban la atención sobre el hecho de que ya muchos jóvenes cubanos demuestran mayor preferencia por el futbol que por el deporte nacional.

Como tantas otras cosas la pelota cubana se deshace entre nuestras manos mientras las autoridades no demuestran voluntad de hacer los cambios necesarios para que renazca la principal fiesta del deporte nacional y la pasión de los cubanos no muera definitivamente.

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No hay peor ciego

LA HABANA, Cuba, julio (173.203.82.38) – La ya larga saga de derrotas y desilusiones del beisbol cubano en la arena internacional parece no tener fin. En los últimos cinco años se ha convertido en cosa de excepción que la selección nacional, otrora potencia hegemónica en cuanto certamen participara, obtenga una convincente victoria a cualquier nivel.

En esta ocasión fue el tradicional torneo de las ciudades con puerto que cada dos años se celebra en Rotterdam, Holanda. Ahora la representación cubana tampoco pudo hacerse justicia, a pesar de acudir con jugadores de excelente rendimiento en el recién concluido campeonato nacional, y no contar entre los contendientes de turno con grandes potencias como Japón, Corea del Sur  y Estados Unidos, ni con ninguna otra selección latinoamericana, las de mayor tradición beisbolera.

Tres derrotas frente a la representación de China Taipéi, mejor equipo de la lid y potencia asiática, generalmente derrotada por Cuba, cerraron el camino a la medalla de oro para un conjunto cubano. Sin embargo, lo que más llamó la atención fue la derrota ante Curazao.

Resulta preocupante para los entendidos la victoria pírrica frente a la selección de Alemania, un país en el que la pelota apenas se conoce.

Una vez más factores como la ofensiva y la defensa mostraron deficiencias. El capricho oficial de mantener al beisbol de la Isla separado de los circuitos profesionales, y el avance que alcanzan naciones de poca tradición, han mellado la capacidad de los jugadores cubanos para enfrentar los retos de los nuevos tiempos.

Así enfrentamos los aficionados cubanos los próximos retos del beisbol, seguros de que sufriremos, gracias a la empecinada ceguera de los que mandan, nuevas desilusiones y más justificaciones.

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Pobrecito el fútbol cubano

LA HABANA, Cuba, julio (173.203.82.38) – El equipo nacional de fútbol de Cuba acaba de realizar una actuación decepcionante en la Copa de Oro, evento celebrado del 5 al 25 de junio en varias ciudades estadounidenses. El conjunto cubano permitió dieciséis goles y anotó uno.

Un artículo aparecido en el periódico Granma, además de lamentar el descalabro, afirma que la calidad del fútbol cubano sólo se hará presente cuando ese deporte se convierta en un fenómeno de masas; cuando haya cientos de miles de niños practicándolo, y si el Instituto Nacional de Deportes, Educación Física y Recreación (INDER) logra concebir un proyecto que aglutine a las escuelas, empresas y organizaciones de masas, con el objetivo de estructurar un calendario competitivo donde participen las instituciones del país. Además, el articulista no concibe cómo la amplia cobertura futbolística internacional que ofrece la televisión cubana (cinco programas semanales durante todo el año) no ha logradoel despegue definitivo de ese deporte hacia planos estelares.

Resulta conveniente sugerirle al articulista que ponga los pies sobre la tierra, y no olvide que vive en un país con escasos recursos materiales y financieros, y que es más lógico que todo ese andamiaje que solicita para el desarrollo del fútbol, el país lo destine a especialidades en las que brilla más a escala mundial: el béisbol, el voleibol y el atletismo. No tiene sentido descuidar deportes que cuentan con más tradición entre nosotros, para intentar sobresalir en otro que nos es ajeno, y en el que siempre, o al menos por largo tiempo,  seremos cola de león.

Ah, y muy importante, el articulista obvia que el exceso de fútbol en la televisión cubana pretende, en buena medida, engatusar a los televidentes, para que olviden la desinformación existente acerca de otros eventos deportivos internacionales, como el béisbol de las Grandes Ligas, que si interesa mucho a nuestro pueblo y donde cada vez más peloteros salidos de la isla se desempeñan con éxito.

Cuando algún día se escriba la historia de las maniobras de los gobernantes cubanos para modificar o destruir las tradiciones de nuestro pueblo, el deporte también figurará en esa relación, junto a las Navidades, los Reyes Magos y una interminable lista.

Mas, tal y como ha sucedido, o sucederá, en otras esferas de nuestra vida social, en los deportes las aguas también tomarán su curso.