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Pagador de promesas: prueba de fe para unos, camuflaje para otros

Omar Quintero pagador de promesas

LA HABANA, Cuba.- Omar Quintero Montes de Oca, el “Pagador de Promesas”, se halla muy cerca de cumplir su cometido. Ya en la ciudad de Santiago de Cuba, este padre cubano solo tiene en su pensamiento llegar a los pies de la Virgen del Cobre y agradecerle por la vida de su hijo, que ha vivido más de lo esperado con un tumor en el mediastino. Omar Quintero ha recogido ofrendas en su recorrido por toda Cuba, ha ayudado a los necesitados y despertado una solidaridad y empatía colectivas que se creían desaparecidas, o muy mermadas en el sufrido pueblo cubano.

La gente lo ha acompañado, alimentado y cuidado, ofreciéndole lo que puede. Lo han convertido en mensajero de anhelos y gratitudes. Omar, un padre cubano, ha despertado el portentoso e insondable fenómeno de la religiosidad popular; una fuerza ante la cual hasta las bestias del totalitarismo se muestran cautelosas.

Durante su paso por el centro del país, las noticias sobre Omar eran frecuentes. Todos los días en redes sociales aparecían videos de multitudes que lo vitoreaban y seguían, deteniendo el tráfico en cada ciudad, en cada pueblo. De pronto su peregrinar se hizo silencioso, como si el entusiasmo de la gente hubiera desaparecido. La prensa oficialista se apoderó de la causa de Omar Quintero para construir su propia narrativa, y casi al mismo tiempo apareció el cantautor en jefe, Israel Rojas, diciendo que el pagador de promesas le había pedido a Buena Fe que lo acompañara en su entrada al Santuario de El Cobre cantando nada menos que el tema “Valientes”, una de las tantas odas a los médicos cubanos que el dúo tiene en su repertorio.

No hay que decir que a Omar le asiste el derecho de hacerse acompañar por quien quiera, ni que todo homenaje es poco para agradecer el trabajo de los galenos cubanos durante la pandemia. Pero algo en esta historia no cuela y eso ha sido suficiente para disminuir la exaltación popular. Han aparecido incluso teorías conspirativas, según las cuales Omar Quintero sería un agente de la Seguridad del Estado que se ha lanzado a las calles en un rapto simulado de religiosidad para aglutinar a un pueblo dividido y desesperado.

En un contexto de absoluto pesimismo y desconfianza en la gestión del gobierno, hacer que la fe ocupe titulares es una estrategia inteligente para poner en pausa sentimientos como la ira y la frustración, para que la gente desconecte de la idea fija de que esto no sirve ni va a mejorar. La fe trae consigo esperanza, un renacer de la paciencia y la confianza, que es justo lo que el régimen necesita. Visto que nada de lo que hace funciona, le vale cualquier vía para obtenerlo. El pagador de promesas no hará que el pueblo crea una palabra de lo que dicen Alejandro Gil, Díaz-Canel y demás fulastres, pero brinda un sostén que los cubanos ansían; algo que va más allá de las palabras en un país hastiado de palabras, al que solo parece quedarle la opción de encomendarse a Dios después de haberlo intentado todo.

Lo que nadie se explica es cómo un régimen que ha tildado de provocación una marcha pacífica con girasoles, ha permitido que un hombre cruce la Isla de punta a punta, arrastrando multitudes. La actitud de Buena Fe, por el contrario, es predecible y artera. Vincular su música de tribuna cederista a una causa como la de Omar Quintero es un intento desesperado por reconquistar a ese público que no le perdona su postura canalla a raíz de las protestas del 11 de julio de 2021.

Con la obra de un padre agradecido, Israel y Joel, defensores de un régimen abusador y corrupto, buscan limpiar su imagen porque no les queda nada más. Apenas fue conocida su intención de acompañar a Omar, se desplomó la solidaridad en redes sociales. El exvoto por la salud de un hijo ha sido politizado y esta vez no lo hicieron la oposición ni la prensa independiente; sino un par de oportunistas que saben que si no se ganan de nuevo al público nacional, tendrán que pasarse el resto de su vida tocando en mítines políticos para los guatacones de turno: los Con Filo, los zocotrocos de la UCI, los soldaditos del MINREX.

El pagador de promesas constituye una prueba de fe para muchos; para otros es camuflaje y sacrilegio de los peores. Omar Quintero ha entrado en Bayamo más rodeado de policías que de pueblo. Será porque en Oriente la cosa está crítica; una multitud podría salirse de control y desvencijar de una vez “la cuna de la revolución”.

Quizás haya gato encerrado en este extraño peregrinaje. Quizás el pagador de promesas solo tomó al régimen por sorpresa y éste prefirió no exacerbar aún más el descontento popular impidiéndole a un padre cumplir su promesa ante la Virgen de la Caridad, Santa Patrona de una Cuba donde cientos de padres y madres lloran por sus hijos presos políticos, para los que no ha habido compasión.

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