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El castrismo en La Güinera: cogiendo a los santos para resolver

Díaz-Canel cubanos La Güinera

LA HABANA, Cuba.- Hace aproximadamente dos años, durante la Fiesta del Fuego en Santiago de Cuba, babalawos cubanos regalaron una mpaka a Miguel Díaz-Canel. La ofrenda, recibida por el Ministro de Cultura, Alpidio Alonso, fue bendecida por los religiosos, supuestamente para que sirviera al nuevo gobernante como “resguardo y talismán en la alta responsabilidad de conducir los destinos de la Isla”.

Aquella guataconería con que los sacerdotes de Ifá acataron la autoridad de Díaz-Canel como heredero natural del castrismo, pareció nauseabunda a los religiosos que jamás han estado de acuerdo con el uso reiterado que se le ha dado a los ritos afrocubanos en el campo de la política, con la única intención de hacer ver que entre los negros y la dictadura todo está bien. Nada más lejos de la realidad.

A pesar del “trabajito”, al advenedizo de Villa Clara no le ha podido ir peor, y no solo por la pandemia de la COVID-19. La crisis que sería “coyuntural” se convirtió en la peor del último siglo para el país. Desabastecimiento crónico, tiendas en moneda libremente convertible, Tarea Ordenamiento, represión, censura, feminicidios, apagones, asesinatos a la credibilidad de los disidentes que ahora se cuentan por cientos de miles, colapso del sistema sanitario y la prensa estatal transformada en un vertedero de mentiras y desinformación, ha sido el resumen de sus tres años de gobierno.

Díaz-Canel es un azote para todos los cubanos, como antes lo fueron Raúl y Fidel Castro. Bajo su mandato, al igual que en los últimos seis decenios, la peor parte se la han llevado los ciudadanos negros; por eso muchísima gente ha quedado en shock tras las fotos que muestran al desvergonzado Primer Secretario del PCC en el reparto La Güinera, donde se produjo la única muerte reconocida oficialmente durante las protestas del 11 de julio.

La Güinera, el culo de Arroyo Naranjo, donde jamás pusieron sus pies Fidel ni Raúl, recibió a Díaz-Canel; o al menos eso dijeron los medios oficialistas, siempre dispuestos a manipular los hechos aunque claramente se vio que era solo un círculo de personas compuesto por agentes de la seguridad del estado y simpatizantes que se sumaron porque no les quedó más remedio. Nadie en su sano juicio querría señalarse delante de un barrio miserable y olvidado, donde la única huella de la Revolución es la grisura omnipresente de los edificios prefabricados de impronta soviética.

En esa misma Güinera donde el joven Diubis Laurencio Tejeda murió baleado por la espalda a manos de un policía, Díaz-Canel quiso congraciarse con los orishas y dar un show de populismo llevando del brazo a la santera Iliana Macías, colaboradora del régimen en la comunidad, que debe tener una deuda muy grande con el castrismo para prestarse a lavar la imagen de un dictador que azuzó a cubanos contra cubanos. En un barrio sin brillo, donde la miseria se amanceba con la violencia, el pandillerismo y el consumo de drogas, una mujer negra y practicante de santería puso a las deidades del panteón yoruba al servicio de la maquinaria ideológica, o como se dice en lenguaje coloquial: cogió a los santos pa´resolver.

Iliana Macías no es una negra engañada. Ella misma reconoció en entrevista con el diario estatal Granma que La Güinera es un barrio “periférico, insalubre y marginal”. Sabe muy bien que en Cuba los negros solo son mayoría en cárceles, solares y albergues. Sabe que ese gobernante que se quiso dar “un baño de pueblo” para borrar los recuerdos de la represión del 11 de julio es un corrupto, un hipócrita de Puma y Rólex, un continuista de la gran farsa política que ha hecho de Cuba un infierno del cual todos huirían en estampida si no estuviera rodeado de agua.

Cuba es un pueblo vencido por sus propias contradicciones, porque los más jodidos son muchas veces los que se prestan a la delación y el colaboracionismo. Es complicado de entender, y más aún de explicar, por qué los presidentes del Comité y delegados de la circunscripción son en su mayoría negros; por qué esas emisarias de los sindicatos que andan con el legajo de papeles en una cartera remendada, y correteando detrás de los empleados para cobrar la cotización, son mujeres negras; por qué hay tantos negros ejerciendo el oficio rastrero de ciberclaria, participando en actos de repudio o integrando las brigadas de respuesta rápida para defender un sistema profundamente injusto y explotador.

La Revolución no les ha dado nada a los negros, más allá de la ilusión de pertenecer a algo que prometió ser grande. El sortilegio se rompió cuando cayó la URSS, y desde entonces han quedado cada vez más excluidos de las fórmulas económicas aplicadas por el régimen para evitar el hundimiento definitivo. Es inexplicable que personas como Iliana Macías defiendan las políticas del castrismo como si la santería, el palo monte o cualquier otra práctica de origen africano no hubiera sido rechazada en los años iniciales del proceso.

Miguel Díaz-Canel está perdido, no importa lo que haga. La mpaka no evitó que tuviera que salir huyendo de Regla tras el paso del tornado en 2019, ni que una multitud enfurecida le arrojara pomos plásticos en San Antonio de los Baños el 11 de julio. La “consulta” en casa de Iliana Macías fue un paripé tan irrespetuoso, que probablemente ella haya salido peor parada que él en términos de credibilidad. A fin de cuentas Cuba entera sabe qué cosa es Díaz-Canel, y lo seguirá siendo a pesar del Decreto-Ley 35.

ARTÍCULO DE OPINIÓN
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El trastabillar de la dictadura cubana

cubanos protestas

MIAMI, Estados Unidos.- En medio de la debacle que la tiranía quiere atajar con las mismas “curitas” al uso: unas libras más de arroz, algo de aceite y el consabido jabón de tocador, otros artistas famosos cubanos que durante años se mantuvieron al margen de ofrecer opiniones políticas, chantajeados por el régimen, han emitido sus declaraciones correspondientes en contra de la violenta represión.

Además de Pablo Milanés, la dramaturga Flora Lauten se expresa a favor del pueblo, así como la cantante Alina Rodríguez, desde España.

Ni hablar de la bronca que tienen reguetoneros como Yomil, el Chacal y Osmani García directamente con quien fuera un admirador del género musical, el propio Díaz Canel, quen ahora tendrá que prescindir de sus conciertos.

El ambiente sigue caldeado y pocas iniciativas le salen bien al régimen. El ministro de relaciones exteriores, Bruno Rodríguez, niega que hayan sido detenidos menores de edad, y la propia fiscal de la isla lo desmiente, mientras en un intercambio virtual con su homólogo canadiense Rodríguez se hace el desentendido con la recomendación del colega, quien critica al gobierno de La Habana por la represión y la falta de libertad de expresión.

Tania Bruguera, artista y profesora distinguida internacionalmente, que el castrismo desprecia y maltrata como una vulgar alborotadora, ha sido nombrada miembro de la facultad de la Universidad de Harvard.

Ahora el régimen se referirá a esta afortunada eventualidad para la cultura cubana como otro operativo de la CIA. Se trata de una posición sumamente disputada en el paradigma de las instituciones de educación superior del mundo.

A pesar de todos los méritos artísticos y académicos que ostenta Bruguera, es ciertamente lamentable el silencio de sus colegas internacionales, admiradores del castrismo o temerosos de ser cancelados por las grandes instituciones de izquierda, que controlan el panorama de las artes plásticas y no toleran cuestionamientos sobre la decadente revolución.

No es menos cierto, por otra parte, que no todos los cubanos famosos en esta esfera de la cultura la han defendido como se lo merece.

Bruguera ha elegido vivir en su casa de La Habana, en pleno ojo de la tormenta represiva, y hay videos donde constan las bajezas a las cuales ha estado expuesta en la propia puerta de su hogar, además de ser amenazada con decenas de años de cárcel por instigar la caída del régimen, según argumenta la fiscalía castrista.

La gloriosa marcha de los cubanos libres por Washington, no obstante sus dimensiones y orden, fue ignorada por The New York Times que, en su lugar, publicó un artículo sobre el restaurante Versailles como punto de encuentro histórico de la cubanidad cuando algún acontecimiento esperanzador nos convoca.

Otra vez, el subtitulo del texto disminuye los esfuerzos del pueblo en la isla por sacudirse el yugo oprobioso, así como el apoyo desinteresado de sus congéneres desde esta orilla, al afirmar que los recientes encuentros en el Versailles denuncian la falta de comida y de medicina en Cuba.

El artículo también aprovecha la ocasión para afirmar, sin encuestas, que muchos de los cubanos reunidos en los alrededores del restaurante son “conservadores” y blancos, por lo cual el punto de vista de la población negra de origen cubano está subrepresentado.

Una profesora de la Universidad de Texas es citada diciendo que los negros cubanos son invisibles en Miami y desde el punto de vista de quienes protestan, el icónico lugar es considerado, por muchos, como “un espacio anti negro”.

Leilani Bruce, por su parte, cubana de origen jamaicano, afirma en el periódico al cual he debido regresar para puntualizar estas infamias que no va al restaurante a protestar, especialmente, luego de haber sido testigo de racismo por parte de cubanos conservadores durante las manifestaciones de Black Lives Matter.

Bruce parece ignorar que esa organización, de corte marxista, acaba de apoyar abiertamente a la tiranía cubana, así que no es de esperar mucha simpatía por los isleños que se dan cita en Versailles.

Es lamentable, sin embargo, que un artículo sobre el exitoso restaurante, prueba suprema de que los criollos en libertad pueden triunfar de modo ostensible, ocupe tanto espacio para elucubrar sobre nuestro presunto racismo, sobre todo, cuando somos miles apoyando a un movimiento inusitado de rebeldía en la isla que encabeza, precisamente, la población más despreciada por la dictadura racista de los Castro, los negros cubanos.

Me acordé entonces de cuando mi hijo menor, nacido en los Estados Unidos, me habló de un amigo de la escuela recién llegado de Cuba a quien él ayudaba a entenderse en inglés, que era negro y cubano, me puntualizaba orgulloso, como si fueran virtudes inseparables.

Cuando esta semana me tomé el cortadito exquisito que me prepara Ramona, dominicana entre las más cubanas que uno se puede imaginar, en la ventanita del Versailles, al frente del restaurante ondeaba una pancarta con una famosa cita de Martí en inglés, como para que todos la compendieran: “Only oppression should fear the full exercise of freedom” (“Sola la opresión debe temer al pleno ejercicio de la libertad”).

cubanos Versailles
Foto cortesía del autor

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A la hora de pelear y de morir, primero los negros

Negros, Cuba
Un grupo de personas se reúne bajo una bandera cubana (Foto; Reuters)

LA HABANA, Cuba. – La manía cubana por la muerte en las consignas fue heredada de España. Dos siglos antes del “patria o muerte” que en 1960 les impuso Fidel Castro a sus milicianos en el sepelio de las víctimas de la voladura de “La Coubre”, la Corona española exigía la victoria o la muerte.

Pero el color de la piel de los soldados era determinante a la hora de morir por el Rey. El lema de los Batallones de Morenos, como llamaban a los negros que servían a la Corona española en los siglos XVIII y la primera mitad del XIX, era: “Vencer o morir”, pero la divisa de los Batallones de Pardos (mulatos), que llevaban en su bandera la cruz de Borgoña, era menos extrema: “Siempre adelante es gloria”.

Los batallones de negros y mulatos, apresuradamente reclutados, tuvieron una destacada participación en la defensa de La Habana contra las tropas británicas en 1762.

La milicia de Pepe Antonio, también mayoritariamente integrada por negros y mulatos de Guanabacoa, complementó la resistencia de la guarnición española que defendía La Habana, al hostigar sin tregua a los invasores ingleses.

Los Batallones de Pardos y Morenos fueron enviados posteriormente a pelear contra ingleses y franceses en New Orleans y Santo Domingo, y contra los indios seminolas en la Florida.

Las filas de los batallones de negros y mulatos siempre estuvieron nutridas, debido a que los alistados gozaban de algunos privilegios y de cierta movilidad en la rígida escala social de la colonia.

Estos batallones fueron disueltos tras la represión de la Conspiración de La Escalera, en 1844, cuando las autoridades descubrieron que muchos de sus integrantes estaban complotados contra España. Comprendieron que ya no podían contar con los negros para la defensa de sus intereses.

No obstante, durante las guerras de independencia, hubo negros y mulatos entre los guerrilleros que combatían a los mambises con más saña que los españoles. Fue uno de estos guerrilleros, mulato, quien mató a José Martí en Dos Ríos, el 19 de mayo de 1895.

La utilización del negro para la defensa de sus amos blancos se remonta a los inicios de la época colonial. Espejo de Paciencia, de Silvestre de Balboa, es considerada la primera obra literaria cubana, a pesar de las dudas sobre su autoría y autenticidad. Basada en un hecho supuestamente real, ocurrido en el siglo XVII, es algo así como nuestra modesta Ilíada. Narra, en tono épico, la lucha contra los piratas franceses capitaneados por Gilbert Girón que secuestraron al obispo Juan de las Cabezas Altamirano. El momento culminante del relato es cuando el esclavo Salvador Golomón decapita de un machetazo a Girón.

Para los amos españoles, era perfectamente natural recurrir a sus esclavos y libertos para que les sacaran las castañas del fuego. Luego, pasado el peligro, de vuelta al látigo y los barracones.

Sus descendientes del socialismo castrista heredaron la misma filosofía del negro como carne de cañón.

La muerte, como alternativa a la patria, en consignas coreadas en multitudinarios mítines, era para todos los revolucionarios, pero especialmente para los negros, porque según decían los mandamases, de un modo paternalistamente cruel e intrínsecamente racista, si algún cubano tenía que estar presto a pelear y morir por la Revolución, “que acabó con la discriminación racial y los hizo personas” eran los negros.

No solo resultaba una abominación inimaginable que un negro fuera desafecto al régimen, sino que, por agradecimiento, debía estar dispuesto a dar su vida por “la Revolución”.

Y no solo en Cuba, sino también en misiones bélicas en el exterior. En 1965, diez años antes de la guerra de Angola, soldados negros de las FAR fueron enviados a combatir, dirigidos por un jefe blanco, extranjero y que mal disimulaba que no los tenía en mucha estima, Ernesto Guevara, a una supersecreta operación en el Congo. Eran idóneos para la misión: el color de su piel dificultaría que el enemigo descubriera que eran cubanos y no congoleses.

Quizás, si no era por motivos religiosos, tenía razón Fidel Castro cuando, para justificar la presencia militar cubana en Angola, afirmaba que estaba en deuda con África.

Probablemente, la mayoría de los cubanos muertos en guerras, desde los tiempos de la Colonia hasta hoy –incluidos, por supuesto, los miles de masacrados en la represión del levantamiento de los Independientes de Color, en 1912-, son negros. Pero historiadores y sociólogos no muestran interés en investigar el asunto, pese a lo saludable que sería para nuestra conciencia como nación.

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El racismo en Cuba no es “involuntario”

racismo negros Cuba

LA HABANA, Cuba.- “En Cuba los negros tenemos como meta ser obreros calificados y técnicos medios”, así describió a CubaNet el racismo y las limitaciones de los afrocubanos el periodista Jorge Enrique Rodríguez.

“Con cada negro en el barrio que rompe ese esquema, que se gradúa como profesional, que no comete delito o no cae preso, hay una victoria de la comunidad negra. Esa es una de las formas de transcender el racismo”. El comunicador opina que la desigualdad entre los diferentes grupos poblacionales narra el racismo estructural existente en la Isla.

En 1962 el gobierno revolucionario intentó “barrer” con decretos el racismo estructural. Los artículos 41 y 42 de la Constitución proclaman la igualdad de derechos de los seres humanos; y el Código Penal en el Artículo 295: 1 y 2, contempla como delito el daño contra estos derechos.

Sin embargo, a las cuotas de cambio antirracista prometidas al sector negro, desde la toma del poder en 1959, le falta voluntad para establecer políticas de afirmación que impulsen el progreso legislativo a favor de la equidad racial.

La esperanza de progreso en el tema atravesó en silencio seis décadas de espera, a costa de la autoestima de los afrocubanos, identificados con el sector más pobre de la sociedad.

El poder negro

Para asegurar el silencio, y la actual ausencia de un movimiento nacional contra la discriminación negra, el régimen eliminó las sociedades independientes de negros (las chinas y las españolas no). Las demandas contra la igualdad racial no volverían a trascender en enfrentamientos como la masacre de 1912, contra el Partido Independiente de Color.

Reducido el poder negro a los favores de la revolución, el avance antirracista quedó en manos del poder político constituido por blancos; y aunque en los últimos años la estructura gobernativa muestra mayor representación afrodescendiente, cada una de las designaciones simbólicas está subordinada a los intereses ideológicos empotrados en la silla presidencial.

En 2009 el régimen creó la Comisión José Antonio Aponte, una interpretación del racismo en Cuba: trasfondo cultural o “racismo involuntario”, según define las raíces psicológicas de la discriminación el vicepresidente de la comisión Rolando Rensoli. La organización fue señalada como avance para los afrodescendientes cubanos en el informe de la Comisión Interamericana de Derechos Humanos, emitido en febrero del actual año.

“Existe una criminalización del movimiento antirracista independiente”, declaró a CubaNet Juan Antonio Madrazo, coordinador nacional del Comité Ciudadanos por la Integración Racial (CIR), y añadió que “el gobierno desde su cultura de privilegio político deja en desamparo legal a las organizaciones y al activismo antirracista independiente. La lucha se describe como acción política y ciudadana, lo que provoca el enfoque represivo en contra del movimiento, ubicándolo en el mercenarismo al servicio de la agenda de Washington y el exilio en Miami”.

En el 2018 el CIR entregó a las instituciones del gobierno varias recomendaciones para iniciar políticas sociales a favor de los afrocubanos, pero la estrategia conservadora del régimen se niega a reconocer el racismo estructural que proclamó eliminado.

Reglas de convivencia, no equidad racial

Por su parte, el rapero Osvaldo Navarro, conocido como NavyPro, es activista en campañas por los derechos de la mujer y los afrodescendientes en Cuba.

“En una ocasión decidimos reunirnos varios afrodescendientes en una cafetería del Mónaco. Queríamos compartir el almuerzo con la charla de un libro que debatiríamos al día siguiente (…) Cuando pedimos la comida nos percatamos que habían puesto dependientes para vigilarnos de forma extrema. Pensaban que no teníamos dinero para pagar la cuenta (…) Tengo amigos a quienes les han negado la entrada a bares privados, de forma sutil, ‘por falta de capacidad del local’, pero después ven como pasan a otras personas. A eso es lo que llamo miedo al negro”.

Las agresiones racistas en Cuba carecen de respuestas. La negación frontal de la desigualdad racial impide la articulación de mecanismos que desinstalen las estructuras discriminatorias de la sociedad en que vivimos.

Manuel Cuesta Morúa, licenciado en Historia y miembro del CIR, tiene su propia perspectiva contra la discriminación. “El mejor enfoque para resolver el problema es el posracial. La integración del fenómeno desde la identidad de cada quien, poniendo a todos en el mismo plano legal e institucional”.

El gobierno de la Isla divulga la imagen de integridad multirracial de la Nación, pero la sociedad que la integra solo se sostiene de frágiles reglas de convivencia que la ayudan a sobrevivir. Para contrarrestar esta realidad Cuesta Morúa plantea la realización de profundas reformas económicas, en la pequeña y mediana empresa, con el objetivo de crear posibilidades para los sectores desfavorecidos.

“Casi todos los que venden frutas y viandas en La Habana son carretilleros afrodescendientes. Si se les da la posibilidad de crear una pequeña empresa, les darán espacio a los sectores marginales”.

La Revolución destruyó la estructura económica del país, y con ello la perspectiva de prosperidad para los cubanos de a pie. La dependencia económica de la Isla y el sistema político excluyente mantienen la pobreza afincada en los afrodescendientes. En tanto, desde el poder político, la negación del racismo conserva el aplazamiento de la agenda pública para la integración racial.

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¿Qué son los carnavales en Cuba, una cacería de personas negras?

carnavales Cuba

LA HABANA, Cuba.- “Es como si tuvieran luz verde para dar golpes”, dice la persona que compartió el video de los carnavales a CubaNet. Pero “ni jugando” se atreve a dar la cara, “lo mismo que le pasó a esos tipos me pasó a mí. Me tiraron al piso y me cayeron a golpes porque me metí a defender a una embarazada. Ella estaba protestando porque al marido se lo habían llevado, y el boina negra se viró a amenazarla y le dije: ‘¿le vas a dar a ella?’ y lo primero que hizo fue darme una galleta”, cuenta.

Los boinas negras son una de las fuerzas represivas más temidas de todo el país y “nos las vienen mostrando desde hace rato”, dice el padre de la nueva víctima de represión, que se resiste a dar su nombre. “Si hay un ciclón las ves dándole la vuelta a la ciudad, en jeep y armas largas, metiéndonos miedo; si hay un run run de protesta o no, cualquier noche las ves mostrándose con perros pastores por los parques, en la oscuridad, dispuestos a dar golpes a la primera oportunidad”. Esta es una de las tantas familias cubanas que no quiere poner el muerto “porque esos tipos, si dan golpes así, pueden matar también y no pasa nada”, dice.

“Este año no se puede decir que en los carnavales se haya formado ninguna bronca. Este año el ‘picao’ malo lo ha puesto la policía”, cuenta otro cubano que se “aventuró” a asistir para “vivir la experiencia” y dice que no repite.

“La policía está suelta en la calle y no tiene límites”, y todo al que se le pregunta coincide en que “debe haber alguna orden para dar golpes a matar”.

“¿Qué está pasando en Cuba?”, se pregunta por otro lado Olaida, una señora de Centro Habana que no creía lo del video hasta que lo vio, parada en la cola del banco de Galiano. “¿Cuándo la policía se convirtió en el enemigo del pueblo?” y parece que es ella la que no ha vivido en Cuba los últimos 50 años. “Hay que tenerles miedo, ¿para qué están formando a esa gente? ¿de qué nos están defendiendo? ¿De nosotros mismos?”, y no sale del asombro, ni para de hacerse preguntas: “¿quiénes son los que se prestan para ser policías en Cuba?” y se responde ella misma que “solo malas personas”.

Hay quien no ve solo “víctimas” en el video, hay quien cree que se lo merecen y hay quien se pregunta “¿y qué hacen allí?”, o “¿a qué van a esos carnavales?”. Hay quienes, incluso cuestiona que “todos sean negros” y cuando se escuchan esos criterios hay que hacerse preguntas difíciles sobre el racismo en Cuba.

¿Por qué ser negro o negra en Cuba es un delito? ¿Por qué la policía le pide identificación en su mayoría a negros y negras en la calle? ¿Cuántos negros y negras en Cuba pueden darse el lujo de sentarse en un bar costoso? ¿Cuántos se atreven sin temor a ser discriminados? ¿Por cuánto dinero serán admitidos en estos lugares? Esas estadísticas no las lleva nadie.

¿Por qué el gobierno puede usar con tanta facilidad a esta misma población para reprimir o para engrosar la misma policía? Todas las respuestas están en las políticas desacertadas del gobierno, que no ha prestado atención a las poblaciones negras y ha reforzado el racismo estructural colonialista.

“Puede que no te gusten las congas, puede que no te guste el tumulto, pero esas imágenes son abusivas y dicen mucho de lo que es Cuba hoy y ahora”, asegura otra persona en la misma cola, que parece no estar tan desconectada de la realidad.

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Racismo ante el espejo

LA HABANA, Cuba, abril, 173.203.82.38 -Cubanas negras y mestizas se quejan por estar en desventaja con respecto a las mujeres blancas en materia de maquillaje y cosméticos. Éstos son mucho más escasos para ellas, en el mercado cubano. Además, las empaquetaduras de los productos de belleza son racistas.

Un sugerente segmento de aproximadamente 533 mil mujeres negras, y un millón 394 mil mestizas, del total de seis millones 200 mil, según estadísticas oficiales (sin incluir metrosexuales masculinos), enfrentan la hiriente segregación racial que sugieren tales productos a la coquetería femenina frente al espejo.

Pero, según parece, no es su única agresión contra las cubanas afro-descendientes. Ana Dayana León Lugo, de 27 años, residente en el municipio habanero de La Lisa, dijo:

“Hay que tener mucho cuidado con los productos que la peluquera nos aplica. A mi hermana le hicieron un desriz y, al enjuagarse luego, se le cayó el pelo. Tuvo quemaduras en el cuello. El producto estaba pasado de potasa (sosa cáustica)”.

León comenta que los productos de belleza que se venden en las shopping, “cuestan demasiado caros y a veces se pierden durante mucho tiempo, como los desrizadores que usamos negras y mestizas. No es bueno cambiar de marcas confiables,  pero tenemos que caer en manos de individuos que los fabrican artesanalmente sin conocer de química, sin las medidas exactas,  excediéndose a veces en la cantidad de potasa, componente principal del desrizador. Pasa lo mismo con otros productos, como la grasa gruesa y como ciertas cremas para la piel. Aparte de su insegura calidad, no vemos fecha de vencimiento”.

El pote de grasa sólida cuesta cuatro dólares (cien pesos); el desrizador, entre 7 y 10 dólares (175 a 250 pesos). El salario promedio mensual de la mayoría de las mujeres encuestadas es de 250 pesos.

La manicure Yenisel Hernández Bertot, de 23 años, residente en Marianao, puntualiza:

“Hay que tener cuidado con las peluqueras…Usan cualquier desrizador y te pueden tumbar el pelo. Yo no trabajo peluquería por eso. Es menos complicado, menos problemas. Los productos de belleza cuestan muy caros en las tiendas. Al principio de la apertura del trabajo por cuenta propia, el gobierno se comprometió a vendernos artículos más baratos. No cumplió. Le compro a gente que viaja a Brasil, México, Ecuador, Venezuela. Traen para vender pelucas, desrizadores, creyones para labios, coloretes, set de maquillaje, pinturas para uñas, cejas y uñas postizas; maquinitas para poner uñas. Los frascos de pintura están a dos dólares en las shopping. A ellos se los compro a un dólar. Es una especie de contrabando, pero si no les compro a ellos, no tendría ganancias después para pagar los impuestos. La gente no está bien económicamente”.

En el periódico oficial Trabajadores (24-12-2012), Olivia Teresa González, de Centro Habana, diputada a la Asamblea Nacional, se quejó de que “no hay una perspectiva o proyección en la producción nacional de cosméticos y otros productos de belleza para la mujer negra cubana”.

La empresa cubano/española Suchel Camacho tiene el monopolio casi total de la producción nacional de cosméticos, artículos de belleza y de aseo, de limpieza del hogar e industrial. La propaganda y presentación de los envoltorios llevan implícitos rasgos de discriminación racial: las etiquetas responden al modelo de hombre y mujer blancos europeos y no al pueblo cubano multirracial.

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Todos contra Zurbano

LA HABANA, Cuba, abril, 173.203.82.38 -Pocos días después de que el Dr. Esteban Morales, en el marco de un debate sobre el tema, hiciera un enardecido llamado a convertir la problemática racial en un motivo de discusión política en todos los ámbitos de la sociedad -bajo control del Estado, claro está-, se erige como uno de los críticos contra las valoraciones vertidas en el diario norteamericano The New York Times por el destacado intelectual cubano Roberto Zurbano, acerca de las particularidades y perspectivas de la situación social y económica de los afrodescendientes cubanos.

Cuando se unen la orfandad de argumentos, la ausencia de valor y honestidad para aceptar esa orfandad y además la necesidad imperiosa de impugnar a toda costa la opinión independiente, el ser humano se acerca irremediablemente al ridículo.

Sin tiempo apenas para reflexionar y valorar profundamente los siempre atinados y meridianos planteamientos de Zurbano, varios intelectuales oficialistas salieron al paso del destacado crítico y ensayista, con una serie de desfasados planteamientos que provocan risa y pena al mismo tiempo.

A la andanada de descalificaciones con que varios personeros intelectuales del gobierno bombardearon a Zurbano, se incorporó el profesor Esteban Morales, especialista en economía y política norteamericana, por muchos años funcionario académico oficialista e “invitado” de última hora al debate intelectual sobre la problemática racial, dentro de la cual asume, poco convincentes, poses de crítico radical, dirigidas todas a no admitir que rocen ni con el pétalo de una flor al gobierno cubano, responsable de los retrasos y desigualdades que hoy sufren los afrodescendientes en nuestra Isla.

El Dr. Morales, al parecer presa de la premura y la desesperación que provoca ser apurado a responder lo que no tiene respuesta, dice y se contradice en su texto constantemente, para, después de una cansona perorata, llegar a la conclusión de que: Ese lastre colonial esclavista, no fue posible borrarlo en los años de Revolución, a pesar de lo humanitaria y radical que esta haya podido ser. Es esta la explicación de muchas de las desigualdades y dificultades sociales que aún arrastramos y que la Revolución, iniciada en 1959, trataba de solucionar.”

El Dr. Morales no fue capaz de darse cuenta de que es precisamente de eso de lo que habla Zurbano, pero además tampoco admite en qué medida han perjudicado la calidad de vida e inserción social de los afrodescendientes los diseños y dictados económicos del gobierno, los que, sin aportar soluciones viables a la crisis del modelo, profundizan las desventajas y desigualdades sufridas por este importante sector de la sociedad.

El Dr. Morales y sus compañeros de la urgente cruzada anti Zurbano, insisten en argumentar solo a partir de lo que las autoridades han intentado, logrado o no logrado hacer en materia de igualdad socio-racial, dejando sin remedio a los ciudadanos en condición de objetos pasivos de la hegemonía omnipotente del poder absoluto.

Tal posición refleja con total nitidez cuanta desconexión de la realidad y de las actuales tendencias de interrelación social padecen los gobernantes cubanos y sus voceros. No quieren, no pueden y no les conviene admitir que la modernidad, la prosperidad y la justicia se construyen sobre los cimientos de la independencia y el empoderamiento cívico, económico y cultural de los individuos y las colectividades.

Zurbano hace sus valoraciones sobre el presente y el futuro de Cuba, mientras que sus impugnadores establecen un diálogo justificativo y auto complaciente con un pasado cuya realidad sesgan y manipulan a conveniencia, para sustentar la imagen de los revolucionarios salvadores supremos. Basta con algún otro fragmento del texto del Dr. Morales:

Afirmar que ‘para los negros cubanos la Revolución no ha comenzado, no se sostiene, ni aun dentro de la compleja realidad cubana de hoy. Verdadera encrucijada dentro de la cual el país trata de encontrar un modelo económico propio y sostenible, para no repetir los niveles de dependencia económica  que  soportó  por  tres ocasiones, en menos de un siglo. Durante el periodo final (1960-1991), que resultó ser el más provechoso para la Isla, el tiempo no alcanzó para superar definitivamente las realidades de un país subdesarrollado.”.

Habría que aclararle al Dr. Morales que no es el país sino el gobierno quien trata de encontrar un modelo que garantice su poder y hegemonía absolutista. Ese periodo que él califica de tan provechoso, no fue más que el de la economía parasitaria que dejó al país en total estado de depauperación improductiva, endeudamiento crónico y pobreza generalizada.

La amnesia conveniente del Dr. Morales le impide reconocer que exactamente antes de ese periodo tan “provechoso”, Cuba era un país de inmigrantes, donde la población crecía establemente, al igual que sus renglones económicos tradicionales, con los mejores índices sociales del continente, con balanza comercial favorable cada año –según los anuarios estadísticos publicados por el gobierno revolucionario−, con favorable paridad cambiaria frente al dólar y a punto de convertirse en el más promisorio enclave turístico del hemisferio. ¿Acaso el Dr. Morales es incapaz de ver lo dependiente que es Cuba hoy de la convulsa e impredecible Venezuela?

Me gustaría recomendar al Dr. Morales que revise sus textos antes de publicarlos, así nos evitaría leer rarezas como:.. “por razones de sus diferentes puntos de partida históricos, el negro, además de ser más pobre había sufrido, por su condición de esclavo primero y de negro después…”. ¿Quiere acaso decir que cuando era esclavo no era negro todavía, y que ser negro es de por sí solo una condición social?

El Dr. Morales no desmiente ni rebate una sola de las realidades objetivas que expone Zurbano, sino que dedica mucho espacio a relatar las acciones socioculturales que emprende el gobierno cubano para rectificar el camino errado, acciones cuyo diseño y alcance están muy lejos de conectar con el necesario cambio de mentalidad y condiciones socio estructurales para atenuar las desigualdades y disfunciones sociales que nadie sensato y honesto puede negar.

El gobierno tiene capacidad, pero carece de voluntad para llevar el debate y la verdad histórica a las aulas, las comunidades, los escenarios y las pantallas, y sobre todo para abstenerse de condenar a alguien por expresar pacifica y honestamente su criterio.

En otro alarde de caprichosa manipulación, el Dr. Morales afirma: “Ningún gobierno anterior a 1959 hizo nada por los pobres en general, ni por los negros en particular.” Tal desvarío no merece siquiera respuesta, pero como nuestro especialista vive al parecer en una Cuba virtual, le recuerdo que los afrodescendientes cubanos soportamos todavía los rigores de la desventaja y la desigualdad que el propio presidente Raúl Castro califica como vergonzosa, aunque después no haga nada para remediarlo.

El Dr. Morales concluye afirmando: “Habría que ser poseedor de una ignorancia histórica extraordinaria para pensar que un cambio de liderazgo político en Cuba pudiera beneficiar a los negros”.

Yo le aseguro al confundido y contradictorio académico que ese nuevo liderazgo solo tendría que librarnos del paternalismo paralizante y la represión y devolvernos la potestad de hablar y soñar que nos arrebataron los líderes revolucionarios cuando traicionaron su propia revolución. Sólo eso nos bastaría para demostrarle a él y al mundo qué somos capaces de hacer los cubanos blancos y negros con la libertad que merecemos.

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En el camino de la verdad y la justicia

LA HABANA, Cuba, noviembre, 173.203.82.38 -Cuando el pasado domingo 4 de noviembre los funcionarios de la Comisión Interamericana de Derechos Humanos (CIDH) recibieron en audiencia pública a los representantes de organizaciones no gubernamentales cubanas que expusieron testimonios y argumentos sobre la realidad social y de derechos humanos de los afrodescendientes en Cuba, la percepción global sobre la realidad cubana adquirió una nueva y más nítida dimensión.

Como un hecho sin precedentes se registra la presencia ante la comisión del Dr. Juan Antonio Alvarado, editor jefe de la revista Islas de la Afro-Cuban Alliance, el Dr. Darsi Ferrer, miembro fundador del Comité Ciudadanos por  la Integración Racial CIR, ex prisionero político y destacado líder cívico y Rafel Campoamor director de la ONG Empodera Cuba y también miembro del CIR. Estos activistas, recién llegados de Cuba o muy vinculados al latir cotidiano de la Isla, brindaron en la audiencia sus experiencias y valoraciones acerca de cómo el complejo escenario socioeconómico y político del país matiza la dura realidad de los afrodescendientes cubanos, que se debaten entre la desventaja económica, la exclusión social, la marginalidad y la represión.

A pesar de celebrarse la histórica sesión un día domingo y muy poco tiempo después del paso del huracán Sandy por la costa noreste de los Estados Unidos se encontraban  presentes casi todos los comisionados de la CIDH, incluyendo al nuevo Secretario Ejecutivo de la Comisión, el Sr. Emilio Álvarez Icaza Longoria, de México, y el Presidente de la Comisión, Sr. José de Jesús Orozco Henríquez, así como la Relatora Especial para la situación de los Afrodescendientes y Contra la Discriminación Racial, Rose Marie Belle-Antoine, de Santa Lucía. La atención demostrada en esta ocasión por los miembros de la CIDH da muestra clara del interés que despierta el tema en la arena internacional y los organismos especializados, a la vez que complementa la valoración realizada al respecto por el Comité de la ONU para la Eliminación de la Discriminación Racial CERD.

En la sesión el Dr. Alvarado aseguró que “La situación actual ha adquirido matices de escándalo, sobre todo porque los afrodescendientes cubanos tienen un doble reto: lograr organizarse y luchar contra las prácticas discriminatorias y a la vez enfrentar el clima de intolerancia y violencia, impuesto por un gobierno que no solo declaró finalizada por decreto la discriminación, sino que se opone a todo intento de abordar el problema de manera independiente”.

Por su parte el Dr. Ferrer, exiliado en los Estados Unidos desde junio de 2012, expuso  las condiciones de marginalización en que vive la mayoría de los afrodescendientes cubanos. En los más de 120 asentamientos poblacionales considerados ilegales por las autoridades cubanas, declaró, “predominan las personas no blancas, y por regla general, soportan condiciones infrahumanas y de miseria extrema…y que no reciben ninguna forma de asistencia por parte del gobierno, el que además entorpece la acción de instituciones de la sociedad civil independiente”. Además, el Dr. Ferrer destacó que en las cárceles de Cuba pudo comprobar “el abarrotamiento de negros y mestizos que representan una significativa mayoría de la población penal…y donde las condiciones de vida son terribles y caracterizadas por un hacinamiento atroz”.

A su vez, el activista Rafel Campoamor, dio testimonio de su detención arbitraria de cinco días por parte de las autoridades cubanas en junio de 2012, en el marco de su participación en eventos del CIR y de la organización del Festival Clic. “Fui detenido por un operativo de la seguridad del estado cerca de mi casa y me transportaron a la estación de policía de Infanta y Manglar, en el municipio de Centro Habana” expuso Campoamor. Durante el periodo de su encarcelamiento, declaró el activista, “en ningún momento me redactaron una orden de arresto ni me dieron razones del porqué de la detención. Me quitaron una pequeña laptop ACER, dos cámaras digitales, mi teléfono y varias memorias flash”. El activista exigió la devolución de sus pertenencias “incautadas en toda ilegalidad, en total violación de las propias leyes cubanas e internacionales”.

En el encuentro los expositores presentaron una serie de testimonios y argumentos documentales y audiovisuales enviados desde la Isla por los líderes y activistas del CIR donde se refleja y demuestra la compleja situación socioeconómica que sufren los afrodescendientes cubanos y las altas cotas de represión a que son sometidos los pacíficos luchadores antirracistas al ejercer su derecho de promover el debate sobre el tema y la implantación de la igualdad y la justicia para todos los ciudadanos.

Los comisionados se interesaron por conocer detalles y particularidades del ejercicio y la violación de derechos fundamentales como los de asociación y reunión, los niveles de marginalidad urbana y la incidencia de este en la vida de los afrodescendientes, así como los grupos (mujeres, defensores de derechos humanos, jóvenes) que dentro de este segmento de la sociedad son más vulnerables y golpeados por los problemas que sufre la sociedad

Finalmente, los activistas solicitaron a la CIDH que incluyera en sus informes la información expuesta en la audiencia, y que considerara “explorar mecanismos para hacer más asequibles los instrumentos de denuncia de la CIDH a los activistas afrodescendientes cubanos, dadas las limitaciones que tienen para acceder a los medios de comunicación modernos, como Internet, y la imposibilidad de viajar al exterior”.

Por su parte, los comisionados de la CIDH invitaron a los peticionarios a que continúen enviando información sobre las violaciones a los derechos de los afrodescendientes cubanos, en particular a las limitaciones a los derechos de asociarse libremente en organizaciones independientes y a acceder a mejores condiciones laborales, educacionales y de vivienda.

La inclusión del tema en los informes periódicos de la CIDH reviste una importancia capital por cuanto llamaría la atención de numerosos observadores, personas e instituciones interesadas y comprometidas alrededor del mundo sobre un aspecto de la realidad cubana cuya atención y solución tiene innegable trascendencia de cara al futuro inmediato de la nación, y además porque a pesar de los enormes retrasos y lagunas que arrastra Cuba en materia de igualdad y justicia para los afrodescendientes, este asunto ha sido bien manipulado, distorsionado y sobre todo desconocido a nivel global.

En Cuba el silencio culpable, la manipulación y la represión continúan, es posible que como resultado del recién finalizado censo de población y viviendas los afrodescendientes seamos muchos menos en las estadísticas oficiales, pero hacer escuchar en los foros y organismos internacionales la voz y los testimonios de los que sufren y luchan dentro del país, brinda una alentadora luz de esperanza en el largo y difícil camino de hacer valer en nuestro país la justicia y la igualdad plena como fundamentos de una convivencia democrática y civilizada.

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Falta de oportunidades

LA HABANA, Cuba, enero, 173.203.82.38 -Es una ofensa a la memoria de todos aquellos que lucharon por los derechos y reivindicaciones de los negros cubanos, el hecho de que luego de transcurridos 53 años de gobierno revolucionario, la realidad demuestre que sus esfuerzos fueron en vano.

Muchos pensaron que se había puesto fin a la injusticia, pero los hechos denuncian todo lo contrario: ésta ha cobrado fuerza y vigencia en tiempos de revolución.

Actualmente Cuba transita hacia una sociedad en la que el papel protagónico lo asume el blanco, que es el que reúne los componentes antropológicos, sociológicos y somáticos de la raza a imitar, la que tiene la oportunidad de acceder a los trabajos mejor remunerados.

Es verdaderamente vergonzoso que a 30 años de constituida la Asamblea Nacional del Poder Popular, y a más de 20 años del Período Especial, los diputados cubanos sometan a discusión el tema de la discriminación racial, algo que no pocos en el exterior consideraban que era un problema resuelto por la revolución en Cuba.

Y ahora resulta que para rehuir las verdaderas causas del fracaso, Ricardo Alarcón, presidente de la Asamblea Nacional del Poder Popular, con el respaldo de Miguel Barnet, presidente de la Unión Nacional de Escritores y Artistas, y de Abel Prieto, Ministro de Cultura, de Suleika Romay, presidenta del Instituto Cubano del Libro, y de Mariela Castro Espín, aseguran que la discriminación y exclusión que sufren hoy los negros cubanos son consecuencia de “problemas culturales”.

A no ser que incluyan dentro de este tipo de problemas la falta de oportunidades de que han sido víctimas, también dentro del proceso revolucionario.

Sería interesante que estos dirigentes se acerquen a los negros y a sus familiares, pero de verdad, no demagógicamente, para preguntarles cuáles son hoy las razones concretas de esos “fenómenos culturales” que tanto les afectan.

Tal vez descubrirían entonces lo que ya sabe todo el mundo: que en Cuba son muy pocos los negros que trabajan en el turismo, en las Tiendas de Recuperación de Divisas, en las firmas extranjeras, en las misiones diplomáticas o empresas aéreas. Y que además apenas hay  negros miembros del Consejo del Estado y de Ministros o altos dirigentes del Partido Comunista.

Que nadie se llame a engaño: el origen de la discriminación del negro en Cuba no está en la distorsión y desconocimiento de los temas contenidos en los manuales de historia, o en el manejo de las ciencias antropológicas y sociológicas a favor de los blancos. La verdadera causa de esta desgracia está en la falta de oportunidades.

En los primeros años de la revolución los negros cubanos se ilusionaron y creyeron que por fin tendrían las mismas oportunidades y derechos que los blancos. Y no fue corto el tiempo que esperaron pacientemente. Pero  pasados 53 años, ya no parece quedarles esperanzas ni dudas. Sólo desilusión.

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La salida del cabildo

LA HABANA, Cuba, enero, 173.203.82.38 -El cierre de una serie de conferencia sobre los afrodescendientes realizada por la institución Casa de África de La Habana resultó ser la salida del cabildo al mediodía del 6 de enero, en La Habana Vieja. Una forma simbólica de conmemorar el Día de Reyes colonial, única oportunidad en el año cuando los amos blancos daban un día de asueto y jolgorio a los esclavos.

Participaron en la culminación del evento la tradicional comparsa del Alacrán con un grupo de tamboreros, etc. Iniciaron un recorrido desde la Calle de los Oficios, frente al Convento de San Francisco, seguidos por numeroso público formado en su mayoría por extranjeros turistas que solamente entendían  la música producida por tambores, atabales y trompetas, tan diferente de las melodías europeas. ¡Maravilloso y pintoresco trópico!

Lo lamentable sucede cuando un evento supuestamente serio sobre los afrodescendientes tiene como colofón esta pintoresca comparsa que solamente expone uno de los aspectos externos de la identidad de este grupo que contribuyó tan grandemente a la formación de nuestra nacion.

La necesidad de los afrodescendientes cubanos de rescatar su identidad va más allá de unas horas de comparsa con disfraces de orishas yorubas, de bailoteo y desvirtuada música ritual yoruba que sufre un proceso de banalización a causa del empleo para fines  alejados de los que fue creada.

Esta banalización corresponde justamente con esa mirada de blancos patricios y racistas que consideraban todo lo producido por negros y mestizos como algo de poca importancia, más bien adjetivo, nunca sujeto activo.

Y esta mentalidad todavía tiene profundas raíces en esta Cuba del siglo XXI, cuando la mayoría de los afrodescendientes cubanos ignora el rico legado que aquellos esclavos dejaron en esta tierra. Poco saben de sus antepasados más ilustres, sobresalientes, visibles.

Visibilidad que les ha sido negada, manipulada, reemplazada por ciertos estereotipos identitarios que marquen una presencia negra, pero que sea inservible para la transmutación en un motor de arranque que conduzca a los afrodescendientes al empoderamiento de sus derechos como seres sociales, con identidad  propia.

Casi nada saben los afrodescendientes cubanos de las redes de confianza y ayuda mutua que se crearon a partir de esos cabildos, de la importancia de las asociaciones de negros y mestizos que existieron en Cuba desde finales del siglo XIX y fueron cerradas en 1961, porque el problema negro en Cuba “se solucionó” por decreto  y, según el gobierno  revolucionario triunfante, de golpe y porrazo. Y ahora, al cabo de 52 años, nos hablan de la presencia de secuelas de racismo en la isla.

Hace pocos días durante la clausura de un Foro de índole académica organizado por el CIR (Ciudadanos por la Integración Racial) una joven mestiza intervino espontáneamente para narrar la experiencia vivida en Santiago de Cuba cuando expuso una ponencia sobre la situación de la mujer negra en Cuba y cómo fue criticada por mujeres negras santiagueras que no reconocían que en Cuba encontraran huellas de racismo.

Eliminar el racismo no necesita de patrones dictados por una mayoría de académicos blancos empapados de la mirada blanca racista novecentista, ni de campañas de clientelismo político. Es imprescindible que las masas de afrodescendientes primero reconozcan su identidad y recuperen su imaginario oculto en una memoria histórica todavía incompleta, entonces tendrán capacidad de empoderamiento para recuperar ocupar el espacio público que les pertenece.