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Fernando Bécquer niega denuncias por abusos sexuales: “Es una calumnia que me están haciendo”

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MIAMI, Estados Unidos. – El trovador cubano Fernando Bécquer se pronunció este jueves sobre las denuncias en su contra por presuntos abusos sexuales. “No le[s] doy credibilidad. No sé de qué me están hablando. No sé, y más cuando es una calumnia que me están haciendo a mí. Yo no voy a contestar”, dijo el músico a los periodistas independientes que asistieron a uno de sus conciertos en el Centro Cultural ArteHabana, según reportó Diario de Cuba.

“Yo no creo nada, yo creo en la Revolución”, agregó Bécquer, simpatizante del régimen de la Isla.

De acuerdo con el reporte de Diario de Cuba, en el concierto, en el que también partició el trovador Raúl Torres, no había más de 20 personas, además de los trabajadores del centro.

Después que los periodistas presentes interpelaran a Bécquer por las acusaciones de abuso sexual, los presentes gritaron “¡Viva Fidel! ¡Viva la Revolución!” por indicación de Torres, detalló el reporte de Mauricio Mendoza en el citado medio independiente.

De hecho, Torres es uno de los pocos artistas que ha expresado su apoyo a Bécquer tras conocerse las denuncias en su contra por presuntos abusos sexuales, este miércoles. “Aunque no he leído todos los argumentos, para mí siguen siendo falacias y patrañas manipuladoras de gente que les da rabia que un negro se pronuncie a favor de la Revolución. Tengo mis propias experiencias en ello”, publicó el trovador Torres en su perfil de Facebook.

También el músico Ray Fernández, otro recurrente defensor del régimen de La Habana, expresó a través de la misma red social que las denuncias en contra de Bécquer eran “chanchullos, bretes y difamación”.

No obstante, músicos como Heidi Igualada, Haydée Milanés, Rey Montalvo, Diego Gutiérrez y Rolando Berrío, entre otros, expresaron su apoyo a las cinco mujeres que denunciaron a Bécquer por abusos sexuales.

Este miércoles, un extenso reportaje de la revista El Estornudo hizo públicas las denuncias contra el trovador. En sus testimonios, las entrevistadas reconstruyeron el modus operandi de Bécquer que, según las denunciantes, abusa de muchachas jóvenes a las que propone hacerles una “limpieza”, un ritual religioso mediante el cual las personas podrían deshacerse de las malas energías. En dicha “ceremonia”, Bécquer ha realizado sexo oral a las jóvenes o ha pedido que se lo realicen a él. También se ha masturbado frente a ellas.

Las cinco mujeres cubanas aseguran que las prácticas de Bécquer son conocidas por el círculo de amigos a su alrededor, entre los que mencionan a los trovadores Adrián Berazaín y Mauricio Figueiral.

El Estornudo también recordó este miércoles que las agresiones sexuales sufridas por mujeres en Cuba son mayormente invisibilizadas por la prensa y las instituciones estatales y las figuras políticas. “Incluso Mariela Castro, hija de Raúl Castro y una de las personas de la nomenklatura dedicadas a temas de género, comunidad LGBTI y feminismo, negó en 2015 que en la Isla ocurrieran feminicidios”, precisó la publicación.

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La impunidad, una bestia que acecha a las mujeres cubanas 

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LA HABANA, Cuba. – A mí también Fernando Bécquer me ofreció consultarme. No sé por qué recuerdo las palabras exactas: “Tú eres especial. A ti la maldad te ve y cruza la calle”. Estábamos en el Centro Pablo de la Torriente Brau, creo que en un concierto del trío Trovarroco. Yo estaba con una amiga, pero a ella no le dijo nada. 

A mí Fernando Bécquer también me invitó a su casa. Y yo fui. Llegué a los bajos, miré hacia arriba porque él vive en un segundo piso. Entré en pánico. Sentí que algo maligno me miraba por la ventana y seguí de largo. 

Ahora leo el reportaje firmado por el periodista Mario Luis Reyes, “Cinco denuncias de abusos sexuales contra Fernando Bécquer”, y siento pavor por lo que pudo haber pasado y no fue; por haber caído en esa clasificación de “especial” que me dio el trovador alguna vez. 

A estas cinco mujeres que denuncian yo les creo hasta sus silencios. Hasta lo que pudieron haber omitido por la vergüenza que suelen padecer las víctimas de abusos. La vergüenza que los cómplices y los descreídos les hacen sentir. 

El “explote” de Bécquer no creo que sea casual. Sucede justo en el momento en que las mujeres cubanas se sienten seguras o al menos arropadas por voces dispuestas a declarar, compartir e injuriar a los agresores. Muchas gritamos contra el patriarcado: lo mismo contra el oficial de la Seguridad del Estado que acosa a las activistas que contra el trovador que viola a jóvenes en situación de vulnerabilidad. Cada día son más las activistas que antes no veían en la violencia política una forma de violencia de género, y ahora se pronuncian e increpan a la dictadura en busca de respuestas. 

Pero, ¿el patriarcado en Cuba, en Nicaragua o en Venezuela es el mismo que en el resto del mundo? La afrofeminista Sandra Álvarez Ramírez me ha alertado en las redes que en los países democráticos tampoco hay justicia para las mujeres violentadas. Y tiene razón, pero al menos allá no corremos el riesgo de terminar en juicio sumario por salir a la calle a protestar, como en Cuba.

Hay quienes se pueden cuestionar la relación que estoy estableciendo. Una dictadura no tiene nada que ver con la otra, pero pregúntense cómo y por qué Fernando Bécquer y sus amigos han vivido con tanta impunidad durante tantos años.

Con Bécquer otros nombres han vuelto a nuestra memoria. El pintor cubano Agustín Bejarano, condenado en Estados Unidos por abusar de menores de edad, terminó deportado a la Isla, donde “todos saben y nadie se mete”. 

A Alexis Leiva Machado (Kcho) lo acusaban en el barrio de Romerillo de abusos contra menores, pero ¿qué pesa más para el régimen cubano?: ¿quien ingresa divisa y sirve de pantalla política o la gente pobre de un barrio marginado?

Y José Luis Cortés, El Tosco, sigue siendo premiado después que la cantante Dianelys Alfonso, La Diosa, tuviera la valentía de contar escenas de violencia y abusos que para muchos solo podrían verse en una película.

Muchos lloraron a Diego Armando Maradona cuando murió y olvidaron las historias de abusos contra menores o, meses después, desestimaron el testimonio de Mavys Álvarez, la cubana menor de edad abusada sexualmente por él

Es la misma lógica por la que los vecinos y la cuidadora del círculo de la hija de Jesús Peña Cantillo sabían que la niña estaba siendo abusada por su padrastro y aun así encubrieron los hechos. O por la que el jefe de Sector de la PNR, la oficial de Menores y la instructora del caso amenazaron a la cubana Luz Divina Wilson para que desistiera de denunciar el abuso que había vivido su nieta de ocho años

¿Por qué los trovadores Ray Fernández, Raúl Torres, Ariel Díaz y Adrián Berazaín defienden a Bécquer? 

Cuando pertenecía a OMNI-ZonaFranca, la gente creía que yo tenía un romance con Ray. No sé por qué pensaban eso. Nuestro acercamiento duró una conversación. Él me tomó la mano y me dijo que mis líneas eran de alguien que pasaría mucho trabajo, que yo no le interesaba para nada. Lo dijo con desprecio como si trabajar fuera un delito o como si yo apestara. Él daba por descontado que me gustaba. Aquello fue el anuncio, con lumínicos, de lo que es ahora Ray Fernández

Los recuerdos sobre los cómplices en los testimonios recabados por El Estornudo son casi tanto o más impactantes que los hechos en sí: Ariel Díaz dando como confiable y segura la casa de Bécquer, aun sabiendo lo que sucedía en ese lugar; Adrían Berazaín diciendo: “Asere, con ella no, ella es buena” (¿quiénes somos las malas?) o Mauricio Figueiral con: “Coño, parece mentira que hayas caído en eso”, como si la culpable fuera la agredida. Son criterios que se enmarcan en la misma línea de “ellas se lo buscan por meterse con el Gobierno” o “las Damas de Blanco salen a recibir golpes porque les pagan para eso”. 

En las democracias perfectibles, en los Estados de derecho hay, debe de haber, un sistema de leyes que no solo estén publicadas sino que regulen, controlen y juzguen estas y otras violencias. Leyes que sean aplicadas por poderes independientes a un Estado que lo controla todo, donde el activismo no sea criminalizado.

La gente habla de dictadura y cree que solo se hace referencia a un grupo de gente incómoda con un sistema, pero el patriarcado cubano está en el poder y juega con el país, no solo con las mujeres.

Hay un 54% de representatividad femenina en la Asamblea Nacional pero sin discurso de género. Existe una única organización que criminaliza a las demás y protagoniza actos de violencia contra otras mujeres. El régimen, al menos cuando podía, entregaba ollas arroceras y discos con materiales para enseñar a cocinar cada vez con menos ingredientes, o ponderaba cómo las mujeres cubanas habían llegado a ser ingenieras, como si eso fuera activismo o feminismo. 

Este mismo miércoles, mientras se sucedían las denuncias públicas contra Bécquer en las redes, Bárbara Farrat, madre de Jonathan Torres, un adolescente de 17 años encarcelado en la prisión de El Guatao por manifestarse el 11 de julio, estaba vigilada por un hombre en una moto. En la noche, el mismo hombre fue a amenazarla para que dejara de reclamar por su hijo, o si no sufriría las consecuencias. 

Y en la tarde noche del martes, la periodista del ICLEP Mabel Paéz fue golpeada por dos hombres encapuchados en su propia casa y la Policía le impidió hacer la denuncia formal. Un mes antes, a Yanilys Sariego un “agente del orden” le dijo que la podían picar en pedacitos y desaparecerla. Y en los procesos del 11 de julio, a la adolescente Gabriela Zequeira un oficial de la Policía la amenazó con llevarla a donde podría ser violada. No creo que haya sido la única en ese caso. 

Estas denuncias parecen desligadas de las víctimas de Bécquer, pero cuando el Estado contrata a hombres para vigilar, golpear o amenazar a mujeres, les da también impunidad sobre los cuerpos de ellas. ¿Quién les dice cuál es el límite entre un golpe y una violación sexual? ¿Alguien que asume como un trabajo coaccionar o interrogar a solas a mujeres tiene algún límite moral? 

Pareciera que no, pero en Cuba nos enseñan a callar y la que no aprende por las buenas, sucumbe ante el escarnio público que insuflan los cómplices de la violencia machista. Por eso, sé que podemos esperar las burlas y el descrédito de las denunciantes de parte de Ray Fernández, Ariel Díaz e incluso de algunas mujeres que repiten los discursos violentos y desmienten a las que se atreven a denunciar la violencia, quién sabe si, quizás, escondiendo sus propias penas. 

ARTÍCULO DE OPINIÓN
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El MeToo en Cuba tarda demasiado

MeToo en Cuba

LA HABANA, Cuba. – El reportaje de Mario Luis Reyes publicado en el medio independiente El Estornudo en el que se recogen las denuncias de cinco mujeres acerca de los abusos sexuales a los que aseguran fueron sometidas por el cantautor Fernando Bécquer parece estar a punto de desencadenar un MeToo cubano. 

Muchos pensaron que el MeToo ocurriría hace un par de años, cuando la cantante conocida como La Diosa (Dianelys Alfonso Cartaya) denunció que José Luis Cortés (El Tosco), el director de NG La Banda, la había  acosado sexualmente y chantajeado. Pero nada pasó. La Diosa, que estaba en la mirilla por contestataria, fue tildada de conflictiva y relegada, pese a su popularidad entre los jóvenes. Y José Luis Cortés, que se declara admirador de Fidel Castro, a pesar de los escándalos que ha protagonizado,  sigue siendo bien visto y recibiendo honores (los que se merece como el buen músico que es y un poco más).  

Hace falta, sería saludable que haya, ahora sí, un MeToo, siempre que sea justo y sin exageraciones. Pero es difícil. Cuba, pese a la edulcorada versión oficial, sigue siendo un país muy machista y patriarcal. Aquí, poco cuenta lo que digan las mujeres. Desconfiarán de ellas, no les creerán.  Siempre habrá muchos ―e incluso muchas, dóciles al machismo― que dirán que son bretes y chanchullos, y que “si fueron abusadas es porque se lo buscaron por provocativas y descaradas”.  

Para colmo de males, hay una inexplicable reticencia gubernamental a decidirse a aprobar una ley contra la violencia de género. Y la Federación de Mujeres Cubanas, que debiera ser la principal interesada en el asunto, divaga y no se pronuncia como debiera.    

Por lo pronto, el caso Bécquer ―que ya se puede juzgar repugnante― está provocando un escándalo en las redes sociales, a falta del que sería necesario en la prensa oficial si no estuviera sometida a los dictados oficiales. 

Muchos exigen aclarar los hechos y que se haga justicia. Pero ya saltaron varios sulacranes como los cantantes Ariel Díaz y Ray “Tun Tún” Fernández ―que últimamente elige ponerse siempre del lado de las peores causas― en defensa de su socito Fernando Bécquer, utilizando el consabido “son chanchullos de mujeres” para negar las acusaciones.  

Incluso hay quienes en defensa de Bécquer ―como el trovador Raúl Torres― quieren ver racismo antinegro y prejuicios contra las religiones sincréticas de origen africano en las acusaciones de las presuntas abusadas.

La impunidad, una bestia que acecha a las mujeres cubanas 

Los abusos machistas no son raros en Cuba. Hay muchas historias por contar. Por no hablar de las adolescentes violadas por padrastros y tíos, están las estudiantes de las becas que fueron chantajeadas por sus profesores y nunca se atrevieron a denunciarlos; las trabajadoras que tuvieron que acostarse con sus jefes para no perder una bien cotizada plaza laboral; las muchachas que para entrar en un cuerpo de baile tuvieron, luego del casting, que entregar su cuerpo (era casi una condición sine qua non); las empleadas de hotel que ceden ante los turistas para que no las despidan; las “jineteras” que en los calabozos se tienen que “templar” a uno o varios policías con tal de que las dejen ir sin levantarles un acta de advertencia por “asedio al turismo” o cualquier otro delito que se les ocurra.

Sin hablar de los casos de exhibicionistas, disparadores, jamoneros, repelladores en las guaguas y otros maniáticos, ¿cuántas mujeres hay que por miedo, para no crear un escándalo, porque nadie les iba a creer, han tenido que dejarse toquetear y besar por sus superiores, practicarles una felación, masturbarlos, dejarlos que hagan a su antojo?   

Y hay casos de abuso en los que han estado involucrados personajes de las más altas esferas del régimen. Citaré solo unos pocos que me vienen a la mente. 

La alemana Marita Lorenz, que cuando tenía 20 años fue amante de Fidel Castro, relató en el documental Dear Fidel (y nunca fue oficialmente desmentida) que en el hotel Habana Libre la drogaron y la hicieron abortar porque el “Comandante” no quería tener un hijo suyo.

La periodista Lisette Bustamante afirma que fue violada por el boxeador Teófilo Stevenson, y que las autoridades no le hicieron caso a sus denuncias por ser el boxeador un mimado del régimen.

Recientemente, Mavys Álvarez, una cubana que fue amante de Diego Armando Maradona cuando estaba en La Habana curándose de su adicción a las drogas, reveló que el famosísimo futbolista argentino, además de drogarla, la maltrataba. Reveló también que Fidel Castro, que velaba personalmente por Maradona, aprobaba la relación, nunca puso objeciones, y a pesar de ser ella una menor de edad, facilitó que, sin el consentimiento de sus padres, pudiera salir de Cuba y viajar a Argentina con Maradona.

¿Y qué decir de la violencia de género de carácter institucional? De eso pueden hablar las activistas opositoras, las Damas de Blanco y las periodistas independientes que han tenido que soportar los desmanes y las golpizas de los represores del Ministerio del Interior.  

En Cuba, el MeToo ha demorado demasiado en llegar. Ojalá sea ahora. Por el bien de todas y todos. Por la salud de esta sociedad, tan deteriorada.

ARTÍCULO DE OPINIÓN
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Cinco cubanas denuncian abusos sexuales cometidos por el trovador Fernando Bécquer

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MIAMI, Estados Unidos. – Cinco mujeres cubanas denunciaron los abusos sexuales sufridos a manos del trovador Fernando Bécquer, según consta en un extenso reportaje publicado este miércoles por la revista El Estornudo.

En sus testimonios, las entrevistadas reconstruyeron el modus operandi de Bécquer, un cantautor de formación autodidacta nacido en 1970 en La Habana y que ha desarrollado su carrera musical principalmente en pequeños espacios del país.

Bécquer forma parte de la oficialista Asociación Hermanos Saíz (AHS) y es autor de canciones con lenguaje agresivo y obsceno respecto a las mujeres (“Y no me la dejes caer y agárramela”, “Todas las pepillas me caen bien”, entre otras), recuerda la publicación.

El cantautor cubano, según las denunciantes, abusa de muchachas jóvenes a las que propone hacerles una “limpieza”, un ritual religioso mediante el cual las personas podrían deshacerse de las malas energías. En dicha “ceremonia”, Bécquer ha realizado sexo oral a las jóvenes o ha pedido que se lo realicen a él. También se ha masturbado frente a ellas.

Las cinco mujeres cubanas aseguran que las prácticas de Bécquer son conocidas por el círculo de amigos a su alrededor, entre los que mencionan a los trovadores Adrián Berazaín y Mauricio Figueiral.

Además, varias de ellas denunciaron los llamados “castings” llevados a cabo por Bécquer, los cuales consisten en “poner a dos muchachas borrachas que se encuentran en una fiesta a darse besos, a desnudarse” con la falsa promesa de convertirlas en participantes de un videoclip, explicó a El Estornudo Lilliana H. Balance, una de las denunciantes.

“También era famoso [Bécquer] por hacer unas especies de castings, cada vez que iba a cualquier festival, el Longina, las Romerías de Mayo, Al Sur de mi Mochila, Canción al Padre. A cualquier festival de trova al que los invitaban hacían esos castings, se aprovechaban de las muchachas que iban a su cuarto, manipuladas, porque eran un grupo de cantautores de La Habana”, detalló Claudia Expósito, otra de las entrevistadas.

Aunque no es la primera vez que un medio denuncia los abusos sexuales cometidos por un artista en Cuba, el reportaje de El Estornudo incluye más testimonios que nunca antes contra un solo presunto acusador. En 2019, la cantante Dianelys Alfonso Cartaya, popularmente conocida como La Diosa, denunció por “amenazas” al músico José Luis Cortés, El Tosco. De hecho, las declaraciones de artista cubana sobre los abusos físicos y sexuales, así como la violencia machista que sufrió, impulsaron en redes sociales la etiqueta #YoSíTeCreo contra la violencia de género y el acoso hacia las mujeres.

Este miércoles, El Estornudo recordó que las agresiones sexuales sufridas por mujeres en Cuba son mayormente invisibilizadas por la prensa y las instituciones estatales y las figuras políticas. “Incluso Mariela Castro, hija de Raúl Castro y una de las personas de la nomenklatura dedicadas a temas de género, comunidad LGBTI y feminismo, negó en 2015 que en la Isla ocurrieran feminicidios”, precisó la publicación.

“Ante falta de organizaciones verdaderamente autónomas que asuman la lucha por la igualdad de género y contra la violencia machista, las instituciones del Estado cubano, dizque revolucionarias, pero realmente conservadoras y dirigidas en su mayoría por hombres blancos, dan la espalda al fenómeno, tachándolo de extremo, foráneo o esgrimiendo supuestos valores culturales en el piropo y otras expresiones machistas”, también consideró El Estornudo.

Puedes leer el reportaje completo “Cinco denuncias de abusos sexuales contra Fernando Bécquer” pinchando aquí.

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