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¿Las muertes nos fortalecen?

Yolanda Ferrer, Teresa Amarelle Boué

LA HABANA, Cuba. – Amarelle no es un apellido usual; es tan poco habitual que, de entre los apellidos registrados en el mundo, ocupa el número 297 264 según me advirtiera un sitio de internet. Sin dudas su discreta presencia le otorga cierta singularidad al Amarelle. Confieso que me enteré de la existencia de tal distingo hace solo un tiempecito, y quizá la fuente que me lo reveló fuera un noticiario o algún periódico de circulación nacional. 

Reconocí la existencia del apellido después de que Teresa Amarelle Boué comenzara a pasar sus días con la visibilidad que le diera la presidencia de la Federación de Mujeres Cubanas (FMC). Amarelle es la tercera mujer que preside esa organización femenina; Vilma Espín y Yolanda Ferrer la antecedieron en ese puesto decorativo, y totalmente inútil, que fuera creado bajo la premisa de atender “asuntos de mujeres” en medio de un gobierno que alardeaba, y lo sigue haciendo, de su preocupación por ellas, desde lo macho, claro. 

En aquellos años primeros, y en franco alarde “feminista” y “revolucionario”, se convocó a los hombres a ceder sus puestos de trabajo a las mujeres, sobre todo a esos hombres que no tenían asientos de importancia política. Y todo sucedió en esos días en los que comenzara a desvanecerse la guayabera y el dril cien para dar paso al muy pesado verde olivo que se nos vino encima desde la Sierra, ese que vistieron unos machangos melenudos de frondosas barbas que se convirtieron en los dueños de todo cuanto se levantaba en la Isla, incluidos los cuerpos ajenos y sus sexualidades.

El guerrillero que bajó al llano se empeñó en mostrar la masculinidad del “hombre nuevo”, y el dril cien fue desplazado por un tejido “más macho”, pero también más grosero. Así, de verde olivo engalanados, invadieron la vida cubana los nuevos Yarini, sin la gracia de Yarini, sin sus encantos. Y fue así que el macho cubano se hizo más burdo y poderoso, tanto que hasta creyó que podía regentar la vida de las mujeres, y para ello, en franco paripé, las acercó al poder macho, las engatusó para regentarlas.

Y ese fue el mejor momento para que aparecieran la FMC, y Vilma, y Yolanda, y luego Teresa, pero el poder siguió siendo macho; y a pesar de aquel Retrato de Teresa en el que Deysi Granados era vapuleada y reivindicada, se siguió cantando “Sácale brillo al piso, Teresa”. Las Teresas siguieron siendo dóciles, incluso la Amarelle Boué que tanto demorara en pronunciarse sobre el desparpajo del violador Fernando Bécquer.

Esa Teresa Amarelle Boué tuvo que esperar a que le dieran el permiso, quizá la orden, para pronunciarse sobre el asunto. Creo que fue la única comunista cubana que pronunciara alguna opinión, aunque tardía, sobre el asunto, y después de la avalancha de protestas en las redes que prometía aplastar a Bécquer y a un sistema judicial que nos pareció cómplice del violador. Y solo entonces se pronunció la Amarelle Boué.    

Y tampoco dijo nada, al menos hasta hoy, de la joven madre asesinada en Ranchuelo, y tampoco nos advirtió la prensa de la detención del asesino, esa que hasta hoy sigue siendo solo un rumor. Sin dudas Amarelle Boué mantendrá el mismo silencio que dedica a las Damas de Blanco cuando son golpeadas y vejadas en las calles cubanas. Lo suyo es sin dudas el silencio, un silencio cómplice, aunque prefiero escribir culpable que es un sinónimo más peligroso.

En Cuba es muy común, y hasta aplaudido, que los machos alardeen de sus virilidades y conquistas. Acá se hace habitual chocar con un machango que alardea de sus hombrías. En Cuba, y con algo de razón, se presume de los cuerpos entrañables que se forjan en los gimnasios. En Cuba mucha gente pretende ser linda porque vive de sus cuerpos, de cuerpos que otras y otros aman y buscan incansablemente para seducirlos luego, para poseerlos, para comprarlos, sojuzgarlos. En Cuba mucha gente vive de sus cuerpos…

Sobre nosotros pesa ese mito de la sensualidad, de la sexualidad desaforada. Se rumora, y en diversos puntos de la geografía, que estamos “muy bien dotados”, que Príapo prefiere habitar en los bronceados cuerpos de los isleños. Sin dudas, la “cubanía” también refiere la sensualidad y la virilidad, y esa visión existe desde hace mucho, pero creció con la llegada de los barbudos al poder. 

Y fue así que el macho de la Revolución lo tuvo todo: una mujer en casa y muchas en la calle. Los nuevos jefes sedujeron más que nunca a las mujeres que tenían bajo su mando, y no se mostraron dispuestos a aceptar negativas. Eso aprendieron los hombres de la posrevolución; seducir y poseer a cualquier precio se volvió un derecho no legislado. Y eso aprendió Bécquer, y el asesino de Ranchuelo.

El Partido Comunista de Cuba soñó, ideó, un país macho, un país sin “fenomenitos”, y castigó duramente los “desacatos sexuales”. Los jefes tenían esposas y montones de amantes. Fidel Castro exhibió su machismo cabrío, y sedujo, sedujo, sedujo, y hasta se dice que castigó a quien no respondiera a sus cortejos y arrumacos. Y así propició el totalitarismo castrense y castrista los acosos sexuales, y los aplaudió solapadamente. Mientras que la Federación de Mujeres Cubanas no fue más allá del paripé.

Y la FMC no hizo algo para que fueran castigados los acosos, aun cuando fueran muchas las violaciones que hasta hoy terminaron en muertes sin castigos. La machanguería y los conquistadores son reverenciados aún. El mujeriego sigue siendo un patrón generoso, y solo los abusadores que no tienen contubernios con el poder son sancionados y castigados con mano dura, y eso anima a los depredadores, y más si el gobierno, y las mujeres del gobierno, muestran un silencio que es cómplice de Fernando Bécquer y del asesino de Ranchuelo, de muchos más. Nietzsche creía que “lo que no nos mata nos fortalece”, pero olvidó decirnos lo que sucedía cuando sí nos mataba.

ARTÍCULO DE OPINIÓN
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Activistas denuncian aumento de feminicidios en Cuba por falta de gestión gubernamental

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MADRID, España.- La plataforma independiente Yo Sí Te Creo en Cuba denunció el aumento de los feminicidios en Cuba, que durante el primer semestre del 2022 alcanzaron un total de 24. Además se registraron cuatro intentos de agresiones y se verificó un asesinato vicario.

Según explicó Yo Sí Te Creo en Cuba a la agencia EFE, esta situación se debe a la “endeble red de apoyo familiar y comunitaria” y a que no se denuncian muchos casos de violencia machista; y en caso de que se realicen las denuncias, las autoridades cubanas no actúan contra el agresor.

La plataforma se refirió además a “la naturalización que tiene la violencia previa al feminicidio, no solo en lo institucional, sino en lo familiar y comunitario”; y algunas mujeres logran salir del ciclo de violencia pero otras terminan siendo asesinadas debido a que falla “algo o todo de lo institucional, familiar y comunitario”. 

Los datos recogidos por Yo Sí Te Creo en Cuba junto a otras organizaciones defensoras de los derechos de la mujer, reflejaron que la mayoría de las víctimas son jóvenes que viven en zonas rurales; y los victimarios generalmente son parejas o exparejas. 

Otro fenómeno que ha ido en aumento son las desapariciones de mujeres y niñas, que “muchas derivan en feminicidios sexuales y de otro tipo”, dijeron las fuentes. 

Yo Sí Te Creo en Cuba afirmó a EFE que la Isla no cuenta con un sistema de notificación de menores desaparecidos conocido en el mundo como Alerta Amber. 

Tras los feminicidios, la mayoría de las familias se comporta de manera “retraída y silenciosa debido a la fuerte pérdida que sufren y los numerosos problemas a resolver, sobre todo cuando la víctima deja hijos menores de edad”. Por ello la plataforma insiste en “la necesidad de apoyos específicos a las familias afectadas por los feminicidios”.

El Gobierno cubano no revela datos relacionados con la violencia de género desde el 2016. En dicho año se realizó una encuesta a 10.698 mujeres, de las cuales el 26,7 % de entre 15 y 74 años aseguraron haber sufrido algún tipo de violencia en su relación de pareja en los doce meses previos al estudio, y apenas el 3,7 % de las agredidas pidió ayuda institucional. 

Ante esta situación de vulnerabilidad, las plataformas independientes exigen una ley contra la violencia de género y critican al Gobierno cubano por no tipificar el feminicidio como delito en el nuevo Código Penal. 

La propia agencia EFE solicitó una entrevista con la Federación de Mujeres Cubanas (FMC) y hasta el momento no ha recibido respuesta.

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Arnaldo Rodríguez: “Homofobia y machismo para defenderse de Otaola”

Arnaldo Rodríguez (Foto: Cubadebate)

MIAMI, Estados Unidos. – El músico cubano Arnaldo Rodríguez, director de la banda Arnaldo y su Talismán, arremetió este domingo contra el presentador e influencer cubano Alexander Otaola, quien recientemente pidió al presidente de Estados Unidos, Donald Trump, que negara la entrada al país de artistas y otros actores sociales de la Isla supuestamente afines al régimen de La Habana.

“Aquí no se ‘vende’ nadie, carajo”, empezó su post el músico cubano. “Lo voy a decir una sola vez y ruego que me perdonen mis seguidores. Vi que me incluyeron en la ‘listica roja’ del Chico del Turbante (en referencia a Otaola). Ustedes conocen mi proceder de respeto y ética, a veces en exceso”.

“Mire, Chico del Turbante… me puedes poner en la lista que te salga de los ovarios!!! Yo sigo ‘pie en tierra’ con los míos. Con mi gente batallando contra las carencias y disfrutando sus virtudes. Seguiré en mi aldea luchando por el bienestar de mis taínos, en Mercedes Benz o en taparrabos”, escribió.

Más adelante Rodríguez agregó: “Dile a la vieja pelúa y decrépita esa de Donald Trump (todo el mundo sabe que a él no le importa el pueblo cubano ni un carajo. Solo quiere los votos de la Florida), que si le sirve el sayón que se lo ponga. ¡A los dos me los paso por mis ‘berocos’ (testículos)  mulatos (o jabaos) como los de Antonio Maceo!”.

“¡Tírate, que te voy a batear con mi propia guitarra!”, finalmente lanzó a Otaola.  

Hasta las 10:00 de la mañana de este lunes, la publicación de Rodríguez había generado más de 3400 reacciones y más de 2100 comentarios. Aunque ha sido celebrado por numerosos internautas, el post también ha provocado la molestia de numerosos cubanos.

“Se le apagó la lucecita. Homofobia y machismo para defenderse de Otaola”, escribió en Facebook el activista LGBTI+ cubano Ulises Padrón Suárez.

En otra publicación, el usuario Leandro Cansino Rivera calificó al músico cubano como “homofóbico, grosero y cómplice”. “Usar la preferencia sexual de alguien para denigrarlo es una muestra muy fiel (de) que el talento jamás irá de la mano de la cultura. Este es el mismo que el día de mañana Mariela Castro lo llama y da un concierto en contra de la homofobia. Guardemos este post para cuando llegue el día y se le ocurra decir que lo hizo porque le habían secuestrado su guitarra o que le hackearon la cuenta”, pidió.

Por su parte, la periodista de CubaNet Camila Acosta interpeló a Rodríguez en el foro de su publicación: “Señor, usted que se dice tan tolerante, ¿cómo explica entonces su participación en un acto de repudio a disidentes en 2013?”.

“Prestarse para agredir, difamar, acosar y vilipendiar a otros cubanos es algo bajo que dice mucho de su persona y hasta de su cobardía. Un acto en el que hasta utilizaron a niños inocentes. Ud. vio cómo golpeaban y arresta(ba)n a esos cubanos que no cometieron ningún delito, solo piensan diferente al régimen, y no hizo nada, solo silencio. Ah, no, perdón, tocaba y cantaba como si ese escenario fuera motivo de celebración. La celebración de la hipocresía y la indolencia sería”, terminó la periodista.

Poco después, Rodríguez bloqueó a la reportera independiente en Facebook.

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Machismo a la cubana

Cuba machismo

 

Cuba machismo
Machismo en Cuba (Jaime Prendes/Havana Times)

LA HABANA, Cuba. – Yajaida tiene veinte años y hace seis que se prostituye. Antes lo hacía en Las Tunas y ahora en las calles de La Habana; según me cuenta llegó a la ciudad de la mano de un “marido” con quien no está casada, aunque ella prefiere darle ese “título” porque le parece muy “picúo” admitir que ese hombre, con el que se acuesta desde hace seis años, solo sea su novio. Tampoco admite que es su “chulo”, su proxeneta; reconocerlo los pondría a ambos en peligro.

Esta muchacha es una de las tantas cubanas que reconocen la importancia de esta “figura” en su supervivencia. “Él me protege”, asegura ella de ese que le busca los “puntos” con los que se mete en la cama y le pagan luego, y también de los policías a los que él soborna. Así es que Yajaida consigue sobrevivir. “Yo no pasé del octavo grado pero mi marido me enseñó a ganarme así el dinero, y no la pasamos mal”:

Esta joven supone que su “marido” la protege, pero Gisela no puede presumir de lo mismo. Conozco su historia desde que fue mi vecina en La Habana Vieja. Gisela limpiaba casas ajenas, lavaba, planchaba, y luego su esposo, con quien sí contrajo matrimonio, le quitaba el dinero, incluso a fuerza de golpes, para emborracharse en el bar de la esquina. Una golpiza la llevó cierta vez al hospital, pero no se divorció ni lo acusó porque, según ella, la casa en la que vivía era de su esposo y: “¿para dónde me voy a ir?”.

No es poca la violencia que viven las mujeres cubanas, y tampoco son escasas las “diplomacias” de esas víctimas que esconden a sus abusadores. Estos son solo dos casos aislados en una Habana repleta de violencia contra las mujeres, y de la que no se habla en los medios oficiales, sin embargo en estos días de “Feria del Libro” un “suceso de librero” despertó un sinfín de enojos entre los lectores que descubrieron un tomito a la venta, en medio de un anaquel, con el “sugestivo” título: “Cien razones para ser machistas y no avergonzarse de ello”, publicado por la editorial peruana “Arca de papel”.

Enorme ha sido la algazara que provocó tal “escándalo de anaquel”, que sin dudas es reprobable y que hizo salir al ruedo a algunos intelectuales indignados y hasta a medios oficiales, como ese “Cubadebate” que no acostumbra a visibilizar esos “enojos” aun cuando tenga en su plantilla a “ilustres” mujeres de la prensa oficialista que jamás se deciden por la relatoría de eventos que resultan peores que este “caso de feria”.

No tengo noticias de que “Cubadebate”, “Granma” o “Juventud Rebelde” dediquen sus espacios a un tema tan candente de la realidad cubana. No estoy al tanto de empeños de la prensa cubana que hicieran visibles esos focos de violencia que aparecen en toda la geografía nacional, y que terminan, incluso, en la muerte de algunas de esas víctimas. Cuba no conoce de una marcha de mujeres que reclamen el respeto de los machos. En esta isla el número de féminas que acceden a ciertos entramados de poder saben que no son más que representación.

El macho cubano puede ser grosero, incluso, en un piropo, y eso es violencia, y resulta denigrante, y merece un castigo. En Cuba hay maneras de cortejar que resultan poco civilizadas, pero las autoridades dan la espalda y la policía las tolera con apabullante complicidad, y callan las instituciones, y la “justicia” enmudece. No he visto hasta hoy en este país una manifestación pública que repruebe la violencia contra la mujer, porque bien reconocen esas féminas que la policía puede reprimir tales iniciativas reivindicadoras.

Esos males, tan comunes, habitan zonas de absoluto silencio, y no son muchas las investigaciones que intenten su visibilidad, aunque sean numerosas las víctimas del machismo “made in Cuba”. Las mujeres cubanas solo son convocadas, cada ocho de marzo, a celebrar el “Día internacional de la Mujer”. Ya está por llegar esa ceremonia a la que son llamadas las cubanas para escuchar un ensarte de mentiras salidas de la boca de un macho secretario de algún comité provincial del partido comunista.

En esa fecha los machos convocan a las féminas a trabajar más, a entregarse al “proyecto revolucionario”, pero ninguno las invita a denunciar el acoso que sufren de algún jefe o la violencia del marido, sencillamente porque el discurso oficial no reconoce esos crímenes que tampoco reseña la prensa oficial. La Federación de Mujeres cubanas no distingue en sus discursos, al menos en los públicos, las muchas humillaciones que sufren las cubanas.

Advierto que no veo mal la molestia que causara este libro de feria, pero si me mortifican los silencios cómplices que se dedican a las violaciones, al acoso perpetrado por un jefe; esas tropelías no serán comentadas por un diario oficialista. El 8 de marzo no se habla de violencia, de palizas, de odios y represiones.

El “jefe” que suba al podio ese día de marzo no mencionará la cárcel que necesitan los violentos; y podría suceder también que en algún lugar, no muy lejano a esas plazas, marchen una Damas vestidas de blanco que conocerán lo energúmena que puede ser la represión, pero ninguna institución oficial va a reaccionar, y tampoco oradores o escritores indignados harán reclamos. En ocasiones como esa harán contraste la injusticia con el silencio cómplice.




Feria del Libro de La Habana saca a la venta título que alaba el machismo

Portada del libro a la venta en la Feria del Libro. Foto del autor

LA HABANA, Cuba.- En medio de la crisis editorial, y en la peor Feria Internacional del Libro de La Habana celebrada hasta la fecha, salió a la venta este domingo un libro que ha desatado un escándalo en las redes sociales, por las que circula la portada de un texto expuesto en el pabellón extranjero correspondiente a la editorial peruana Arca de Papel Editores. El libro, que ya ha sido retirado del recinto ferial habanero, tiene como título 100 razones para ser machista y no avergonzarse por ello, lo que socava toda propaganda impugnada por el régimen con el objetivo de ocultar su vieja imagen machista.

En la contracubierta del ejemplar puede leerse: “este libro es la demostración palpable de que tienes que elegir entre ser HOMBRE o continuar HUMILLADO” (por las mujeres) en un sincero raptus de antifeminismo y misoginia.

Contraportada del libro. Foto del autor

Entre otros argumentos, el texto apela a “la trampa que constituye caer enamorado en las redes de una mujer”, usado por delirantes frailes dominicos siglos atrás.

La primera en denunciar el insulto fue la sicóloga Ángela Laksmi, compañera sentimental de Elaine Saralegui, pastora de la Primera Iglesia Metropolitana de Cuba, asentada, todavía sin registros oficiales, en la ciudad de Matanzas, lugar donde ha oficiado bodas simbólicas del mismo sexo.

Poco después, la también matancera Mabel Cuesta, profesora de Estudios Hispanos en la Universidad de Houston, y de paso por la ciudad, lo compartió horrorizada.

Interior del libro. Foto cortesía del autor

Norge Espinosa, crítico y dramaturgo, desde el Distrito Federal mexicano opinó sobre el evento, devenido caos, y relató sus progresivas y personales decepciones.

El libro fue retirado por las autoridades de la Isla, según declaró en su cuenta de Facebook la realizadora cinematográfica Marilyn Solaya.




Cuba: Machismo tóxico

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El machismo en la sociedad cubana está a flor de piel. Historieta en la revista Pionero. Foto del autor

LA HABANA, Cuba.- El supremacismo machista, esa prioridad brutal de los derechos masculinos sobre los femeninos, está profundamente enraizado en la sociedad cubana, tal como ejemplifica una historieta aparecida en Pionero, la “revista del adolescente cubano”, donde una jovencita llega a donde está otra y se queja de los “pesados de la esquina, unos enfermos mentales, unos pervertidos…”

La otra se vuelve a ella y replica: “Tú me disculpas, mi hermanita, pero tienes un porcentaje de responsabilidad esta vez”. La recién llegada se extraña: “Yo no veo ninguna culpa”, y se voltea, mostrando un short muy corto que deja ver el principio de sus glúteos. La historieta, firmada por Saroal, se llama “Adolescentes.cu”.

Uno primero se queda pensando que hay quizás una ironía, pero por fin tiene que admitir que no existe ningún intento de crítica a la joven que le atribuye “un porcentaje de responsabilidad” a la que se queja de “los pesados de la esquina, unos enfermos mentales, unos pervertidos”. Y tengamos en cuenta que, según sus propios realizadores, el plato fuerte de Pionero es la historieta.

Un comunicador televisivo, hace poco, hablando de las mujeres, se enredó al referirse a la preocupación por la apariencia y dijo que “ya sabemos que las mujeres son las que más se preocupan por lucir bien”, olvidando él cuánto se preocupan por su apariencia los jóvenes varones actuales, sin hacer caso de anticuados reproches.

La visión degradante de la mujer es lo más natural. Hay hombres a los que les cuesta trabajo elogiar a una mujer si no pueden calificarla de “bella dama”. Se hace habitual, y hasta “gracioso”, que el piropo devenga vulgar acoso callejero, del que, claro está, se culpa a la mujer cuando viste de manera “provocativa”. Hay jueces que han considerado que una violación pudo haber sido “provocada” así por la víctima.

“Los violadores existían antes que las minifaldas”, se lee en el letrero de una manifestación de mujeres ante un juzgado español. Y es que el abuso machista llega a justificarse de las maneras más absurdas, como si el macho debiera dejar en cierto momento de discriminar entre bien y mal, y permitirse actuar descontroladamente, siguiendo solo sus instintos.

En 2018, una expresión cobró gran relevancia en los medios de comunicación: masculinidad tóxica. El popular diccionario Oxford estuvo a punto de declararla “palabra del año”. La virilidad como patente de corso, la preponderancia del macho alfa en la manada social, la burla de la “hombría de segunda clase”, el machismo que nos envenena.

En 2016, el Centro de Estudios de la Mujer y la Oficina Nacional de Estadísticas e Información realizaron una encuesta sobre igualdad de género en Cuba, cuyos resultados deben divulgarse este año. Según el estudio, un 27,9 por ciento de las cubanas declara haber recibido algún tipo de maltrato físico, psicológico, sexual o económico en los 12 meses previos a la entrevista.

El sondeo se efectuó en una muestra representativa de casi 20 mil mujeres y hombres de 15 a 74 años, repartidos en disímiles territorios del país, y resulta alarmante que un 77,6 por ciento de los hombres y un 80,1 por ciento de las mujeres considerasen que la violencia hacia ellas se justificaba, entre otras supuestas razones, por infidelidad o por incumplimiento de las tareas del hogar.

Para colmo, un 39,6 por ciento de ellas y un 43 por ciento de ellos entiende que la violencia contra la mujer dentro de la pareja es algo en lo que ni otras personas ni las instituciones se deben entrometer. Y llaman la atención algunos mitos que persisten: el 67 por ciento considera culpable de la violencia el consumo de alcohol por parte del hombre y el 60,6 afirmó que la mujer soporta malos tratos porque los disfruta y no por miedo.

La Asamblea Nacional del Poder Popular, debatiendo sobre el nuevo proyecto de Constitución, se refirió explícitamente a la no discriminación por razones de género y sexo, y a la responsabilidad del Estado en la facilitación de condiciones para esa igualdad, aunque varios diputados comentaron que el Estado no tiene la capacidad para garantizar el respeto a la igualdad en todos los planos de la existencia y el entramado social, pues muchos de los prejuicios existentes están arraigados en la conciencia de las personas, donde es imposible imponer una regla.

Lo cierto es que en los últimos 60 años se han agudizado de algún modo las desigualdades que había en la sociedad antes de 1959. Sabemos, por ejemplo, que la representatividad femenina, como la racial, en los órganos de gobierno es del todo manipulada. Sin embargo, en la mayoría de los países del hemisferio podemos ver un número creciente de mujeres ascendiendo a las más altas instancias del poder por méritos propios.

Mientras tanto, en la vida cotidiana, el machismo tóxico sigue arruinando la vida de muchas mujeres y envileciendo a tantísimos hombres. Saroal González Peñalver, el dibujante de la historieta asegura que “oferta a los adolescentes cubanos sus trabajos de todo corazón y con mucho respeto”. No hay duda de que así lo cree.

Los extremistas que defienden el uso del burka en las mujeres musulmanas creen de corazón que, al mostrar el rostro, ellas incitan sexualmente a extraños. En una época y en ciertos países, enseñar los tobillos era un acto provocadoramente erógeno. La historieta recuerda un poco aquel “Tápate eso, cochina” que le dice Fronesis a Lucía en el décimo capítulo de la novela Paradiso, de Lezama Lima.

Y, claro, la mujer que se muestra con libertad se está “ofreciendo”. Y lo terrible es que un 40 por ciento de las entrevistadas, en la encuesta a la que me referí, piensa que ellas están solo para complacer siempre sexualmente al hombre.




“Sólo para hombres”: eso no va con ellas

LA HABANA, Cuba.- En otros tiempos, hablar de “labores” para las mujeres habría culminado con una lista corta, encabezada por la costura y el bordado. Todavía hoy, para la sociedad es más aceptable una mujer profesional o ama de casa, que verla incursionar en ocupaciones tradicionalmente vinculadas, por su rudeza, al universo masculino.

A pesar de los resultados alcanzados en materia de género, como la igualdad salarial y la legalización del aborto, persisten esquemas machistas que encasillan a las féminas en roles específicos y dificultan su aceptación a nivel social cuando se atreven a romper con los estereotipos legitimados por siglos de patriarcado. Sin embargo, los moldes se quiebran a diario para que existan otras historias de vida, construidas en esa pluralidad tan reclamada y no siempre defendida como merece.

Algunas de estas heroínas que no visten batas blancas, trabajan en un bufete o pasan sus días enterradas entre los papeles de un buró, son más radicales en su visión acerca de la vida, el trabajo, la autonomía y la libertad. Desde las escuelas de oficios de la Habana Vieja hasta el famoso solar “El Once”, en el corazón del Cerro, CubaNet conversó con mujeres que ven en los oficios una manera digna de subsistir y asegurar su independencia.

Sin menospreciar la importancia de una carrera universitaria, en un país que lenta pero inexorablemente enrumba su economía hacia la gestión privada, tener un oficio se perfila como una garantía invaluable. Mientras la mayoría de los profesionales dependen del Estado, quienes poseen habilidades artesanales ven abrirse ante sus ojos un campo de infinitas posibilidades.

Las mujeres se han insertado en esta dinámica, y todas las entrevistadas coinciden en que, lejos de convertirse en motivo de complejos o apocamiento, ejercer un oficio tributa a su realización personal, a la vez que les reporta mayor autonomía. La existencia de estereotipos las hace perseverar y esmerarse porque ellas mismas estiman que en cuestiones de manualidades las mujeres compensan, con delicadeza y preciosismo, lo que quizás les falta en fuerza bruta.

Idalmis Yumila estudió Economía, pero prefirió dar rienda suelta a su pasión por las bicicletas. Para ella, dedicarse a la mecánica ha sido la mejor decisión de su vida. En un barrio de ley como el Cerro, una mujer mecánico pudiera generar situaciones incómodas, y le sucedió al principio. Pero su fórmula de trabajo —mezcla de inventiva, información actualizada y buen ojo para el detalle— le ha ganado una clientela estable y el respeto de sus colegas.

La presencia de la mujer cubana en todos los ámbitos es una realidad. Incluso en aquellas prácticas que por diversas razones no han sido legalizadas o profesionalizadas, hay mujeres tratando de ganar su derecho a ser tomadas en cuenta. Dos buenos ejemplos acuden diariamente al gimnasio de boxeo Rafael Trejo, en la Habana Vieja.

Aunque varias cubanas se han destacado en deportes vigorosos como el judo, las pesas o el taekwondo, subsiste el rechazo a que se dediquen profesionalmente al boxeo. Ello no es impedimento para que Yuria Pascual y Legnis Cala entrenen junto a sus colegas masculinos en un ambiente de camaradería, acumulando experiencia hasta que llegue la oportunidad de convertir esa práctica en una forma honrada de ganarse la vida.

Sería injusto decir que en Cuba los estereotipos se utilizan para coaccionar a las damas o recordarles cuál debería ser su lugar. La pervivencia del pensamiento machista y retrógrado —entre otros factores— impide que un número mucho mayor de mujeres busque su realización profesional. Pero las que están encaminadas, llegan hasta el final sin detenerse a pensar en conceptos tan erosionados como “lo femenino”; pues ser chofer, carpintera, barrendera o boxeadora no tiene por qué estar reñido con una cuidada apariencia personal, acorde al estilo de cada quien.

Lo que de veras necesita la mujer cubana es ser aún más emprendedora, reivindicarse a diario, tomar en serio la política, buscar mayor independencia y mejores soluciones fuera de esos moldes preconcebidos que con frecuencia limitan su potencial. Paradójicamente, los rezagos del machismo a menudo se observan más en las féminas que en los propios varones; una secuela de crianza que las aleja de metas realizables.

La rudeza de ciertos oficios no es inconveniente para las cubanas que rehúyen esquemas. Todo lo contrario; ellas reafirman, por contrapunto, la armonía excepcional de su naturaleza. Verlas ennoblecer la materia, limpiar las calles, enmendar lo roto o lanzar un jab, aumenta exponencialmente su belleza y valía, refrendando así un milenario proverbio chino: La flor que florece en la adversidad, es la más rara y hermosa de todas.




Las cubanas prefieren no hablar de política

LA HABANA, Cuba.- La huella dejada por la mujer en una sociedad machista y patriarcal como la cubana puede catalogarse de indeleble; pero al parecer su ambición solo ha escalado hasta la igualdad de salarios y el derecho a la superación profesional. Aunque se ha hecho común en los últimos años que las féminas -Cristina Fernández de Kirchner, Michelle Bachelet, Angela Merkel o Hillary Clinton- ocupen la presidencia y otras altas responsabilidades, esta corriente emancipadora no ha contagiado a la mujer cubana, cuya participación en la vida política del país no pasa del servilismo hacia quienes detentan el poder absoluto.

La cuestión de por qué las cubanas muestran un impacto tan limitado en este ámbito apenas ocupa espacio en los estudios de género, pues el problema se resuelve citando la cantidad de mujeres que integran el parlamento y ocupan cargos administrativos o directivos. Sin embargo, durante los congresos del Partido Comunista o las asambleas del Poder Popular, las voces que intervienen -para denunciar, exigir o decidir- son en su mayoría masculinas.

Un equipo de CubaNet recogió, de manera aleatoria, entrevistas en varios municipios de la capital para conocer el estado de opinión acerca del vínculo entre las mujeres y la política. Las interpeladas son trabajadoras de los sectores estatal y privado, estudiantes y amas de casa. Sus respuestas abarcaron desde la más absoluta ignorancia e indiferencia, hasta la eterna justificación de que el tema es “complicado”, o que la mujer tiene suficientes preocupaciones con su trabajo, la casa y los hijos; por tanto es lógico que la política quede en manos de los hombres.

Siendo así, ¿de qué protagonismo se habla cuando los medios oficialistas declaran que la mujer cubana está totalmente implicada en la vida política del país? Las entrevistas desmienten el argumento de que en Cuba existe una sólida cultura política, toda vez que un número alarmante de féminas no tiene opinión política, ni le interesa tenerla y compartirla por temor a la censura que tiende a convertir cualquier demanda en un acto de oposición al gobierno, con todas las consecuencias que ello implica.

¿Qué de bueno hay en que las mujeres ocupen la mitad del parlamento cubano, si su criterio se mantiene al servicio del nepotismo machista de los gobernantes? ¿Cómo puede Cuba aspirar a tener una presidenta si las cubanas prefieren eludir el tema político?

Este es el activismo femenino tras medio siglo de revolución. Lo peor es escuchar a una joven decir que “la política es cosa de los hombres porque son más fuertes”. Su respuesta evidencia desde un pobre nivel cultural hasta remanentes de un complejo de inferioridad de género que se creía desterrado de la sociedad. Al ver este tipo de reacciones, cabe preguntarse si la Federación de Mujeres Cubanas se ha dedicado a desarrollar el tremendo potencial de las mujeres cubanas, o si solo ha elaborado una ilusión de autonomía, con el único propósito de transformar a sus afiliadas en amas de casa funcionales fuera del entorno doméstico.




Cubanos y la homofobia: mastican pero no tragan

Muchos cubanos se muestran contra la homofobia, pero a la vez califican la homosexualidad como antinatura (foto tomada de Internet)
Muchos cubanos se muestran contra la homofobia, pero a la vez califican la homosexualidad como antinatura (foto tomada de Internet)

LA HABANA, Cuba.- En los últimos tiempos, resulta evidente que el gobierno cubano ha permitido una mayor presencia en los medios televisivos del tema de la identidad de género y promoviendo el respeto y la tolerancia hacia la comunidad LGBTI (lesbianas, gais, bisexuales, transexuales e intersexuales).

Sin embargo, ante este cambio de actitud la sociedad cubana se agita en una diversidad de sentimientos encontrados, frente a un gobierno cuya ideología persiguió y combatió fuertemente la homosexualidad durante décadas, estimulando una cultura de tradiciones machistas que perdura hasta nuestros días.

Yogernis Ariel Pérez Ruiz es una transexual de 20 años que se prostituye, ofreciendo sus servicios sexuales en diferentes zonas de la capital en el horario nocturno.

Según el testimonio de Yogernis, “en Cuba hay mucho machismo; pero la verdad es que yo no lo entiendo bien. Yo soy una ‘dama de la noche’ y todos mis clientes son hombres casados. Los solteros solo son machos de día, porque de noche son más ‘locas’ que yo”.

Sin embargo, asegura: “Por mi experiencia, y la de muchas de mis compañeras de trabajo, te aseguro que la conducta machista y el rechazo social a los homosexuales es muy fuerte, aunque en la vida real son más los que disfrutan dentro del closet que fuera de él; como por ejemplo, la policía. Sí, porque la policía nos acosa y nos persigue, pero es para que le paguemos. Para que nos dejen trabajar tranquilos tenemos que pagarles 5 dólares y, alguna que otra vez, regalarles un favorcito sexual. Mucha homofobia y discriminación, pero cuando se trata de gozar todo el mundo quiere una tregua”.

Alejandro Domínguez Moreno, de 25 años y Rodrigo Alberto Rodríguez Verdecia de 21, una pareja homosexual con una relación de 3 años, afirman: “Es cierto que en Cuba existe el CENESEX (Centro Nacional de Educación Sexual de Cuba) y alguna propaganda televisiva que abogan a favor del respeto a la diversidad sexual, pero la realidad es muy diferente”.

Yogernis Ariel Pérez Ruiz, de 20 años (foto del autor)
Yogernis Ariel Pérez Ruiz, de 20 años (foto del autor)

Domínguez Moreno, quien es Operador de Microcomputadoras, refiere: “Yo he tenido que abandonar algunos empleos, porque me resulta muy difícil ascender laboralmente debido a mi orientación sexual”.

Por su parte, Rodríguez Verdecia, graduado de Artes Gráficas, lamenta la persistente discriminación contra la homosexualidad, alentada por la cultura machista. “Yo soy una víctima de esa cultura arraigada en la mentalidad del cubano”, nos dice con tristeza. “Tengo apenas 21 años y he tenido que aprender a vivir con el rechazo de mi familia, que no me acepta como soy”.

¿Qué dice la iglesia?

A pesar de que todos los entrevistados calificaron la homofobia como “una conducta inaceptable”, dejaban claro su desacuerdo con las prácticas homosexuales considerándolas antinaturales o contrarias a la voluntad de Dios.

Frank Ramírez, de 59 años, es un pastor que lidera el templo “Rey de Gloria”, denominado Evangélico Pentecostal Asamblea de Dios, en el municipio Cerro, La Habana.

El pastor evangélico declara que “el homosexualismo es un trastorno de la moral, agravado por las teorías científicas que tratan de justificarlo y algunos subterfugios que lo protegen como parte de los derechos humanos; pero para nosotros los cristianos, que vivimos por la palabra de Dios –expresada a través de la Biblia- el homosexual es víctima de una enfermedad espiritual que puede ser curada, si quien la padece entrega su corazón a Cristo”.

Sin embargo, tanto el Pastor Ramírez como los cristianos evangélicos entrevistados, entre ellos el Ingeniero Mecánico Carlos Alberto Madruga Sánchez, consideran que la homofobia es “una anomalía de la conducta que puede afectar otras áreas de las relaciones sociales, y nosotros la rechazamos, porque nuestra misión no es juzgar, sino allanar el camino para que todos conozcan el inmenso amor de Jesucristo”.

De izquierda a derecha Alejandro Domínguez Moreno y su pareja Rodrigo Alberto Rodríguez Verdecia (foto del autor)
De izquierda a derecha Alejandro Domínguez Moreno y su pareja Rodrigo Alberto Rodríguez Verdecia (foto del autor)

Por su parte, el padre Manel, un sacerdote católico que oficia en la iglesia San Juan Bosco, ubicada en el municipio 10 de Octubre, La Habana, considera la homosexualidad como “un tema en extremo sensible con el que hay que ser muy cuidadoso”.

Apunta el sacerdote católico que “la iglesia es clara y firme cuando desaprueba la conducta homosexual, incluyendo el matrimonio y la adopción de niños por parejas del mismo sexo. No puede ser de otra manera, o no seríamos consecuentes con nuestra fe en la palabra de Dios. Dios nos ama a todos, pero no hay dudas que considera el homosexualismo entre los pecados de muerte. Ahora bien, Dios es perfecto y solo él puede juzgar y condenar. Nosotros, no tenemos ese derecho”.

La situación económica como contexto

Otras opiniones insistieron en relacionar machismo y homosexualidad con lo que consideraron “el caos económico que vive el país”, lo que ha incidido en el “aumento de la prostitución, donde a veces la identidad de género es solo una justificación”.

Jorge León Aballí, un Técnico en Refrigeración de 43 años, es de la opinión de que “en Cuba, el aumento de la prostitución homosexual por motivos económicos es visible, sobre todo de jóvenes que emigran del interior del país hacia la capital con el propósito de encontrar mejores opciones de vida; como por ejemplo, encontrar un extranjero que los saque del país. Y todos esos jóvenes, de todos los estratos sociales, necesitan a alguien que los encamine en el negocio, y es ahí donde aparecen los proxenetas –no solo los que ya existen, sino las nuevas generaciones que se van integrando a esa modalidad de vida.”

León Aballí considera que “mucha de la responsabilidad de que el machismo tenga un mayor arraigo en la cultura latinoamericana, y en particular en Cuba, es precisamente la necesidad económica, que afecta sobre todo a los grupos humanos que tradicionalmente han sido más vulnerables, como las mujeres, los homosexuales y los que se dedican a la prostitución”.

Frank Ernesto Quevedo Martín, un Venerable Maestro Masón, de 44 años, miembro de la Logia Habana, en Centro Habana, La Habana, considera que la homosexualidad “se ha convertido en una moda, impuesta por la crisis económica que vive la isla como consecuencia de la política errada y caprichosa del régimen cubano”.

El Venerable Maestro Masón, aunque asegura que está en desacuerdo con las prácticas homofóbicas y otras formas de discriminación, es del criterio que las relaciones homosexuales “son relaciones contra natura, inaceptables dentro de la masonería. Entre nuestros principios fundamentales está el ser un buen padre y un buen esposo, y eso solo se puede lograr a través del matrimonio entre un hombre y una mujer. Como ha sido siempre”.

Susana Mas Iglesias. Especialista en Psicopedagogía (foto del autor)
Susana Mas Iglesias. Especialista en Psicopedagogía (foto del autor)

Según nos informó Quevedo Martín, existen en Cuba alrededor de 29 mil miembros afiliados a la fraternidad masónica. En cuanto a los católicos y protestantes no fue posible obtener la cifra de miembros, aunque un trabajador que laboró en la Oficina de Asuntos Religiosos del Consejo de Estado, y no aceptó revelar su identidad, nos informó que “la cifra de católicos y protestantes no debe ser inferior a los 5 millones”.

Muchas opiniones expresadas por hombres y mujeres heterosexuales, que por razones de espacio no aparecen en este reportaje, mostraron su aprobación y solidaridad con la comunidad LGBTI y en particular con los homosexuales.

El testimonio de Susana Mas Iglesias, una Especialista en Psicopedagogía de 62 años, resume el sentir de muchos heterosexuales entrevistados cuando expresó: “Yo soy madre de dos muchachas, pero la verdad es que me habría gustado tener un hijo varón, aunque hubiera tenido que compartir con él mi creyón de labios”.




Los narco-corridos del barrio de El Calvario

cino coverLA HABANA, Cuba. — En el Reparto Eléctrico, El Calvario y sus alrededores, a juzgar  por el acento cantarín de numerosos vecinos, uno pudiera creer que no está en La Habana sino en Mayarí, Buey Arriba o Alto Songo. Pero a juzgar por la música que se escucha a todo volumen en muchas casas, también pudiera ser Ciudad Juárez, Tijuana o Michoacán.

Mariachis, rancheras y corridos mexicanos  se escuchan a toda hora en mi barrio. Y también  narco-corridos.  Como los  de Los Tigres de Culiacán y los Tucanes de Tijuana, con los que atruenan el aire, los fines de semana o cuando tienen algo que celebrar o lamentar, ríos de alcohol mediante,  un grupo de jovenzuelos, de aspecto patibulario,  a unos pocos cientos de metros de mi casa.

Los narco- corridos, que conocieron a través de los seriales de capos,  han  sustituido en su gusto a las repetitivas bachatas de  Aventura y  al reguetón, que ya les empezaba  a aburrir. Rudos  y pendencieros  como son,  pero bien sentimentales, las hazañas cantadas de sus ídolos pandilleros  de la pantalla  les vienen como anillo al dedo para soñar, envalentonarse y consolarse.

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Como son con sus caballos, así son con sus chicas. Sus potras, como dicen ellos.

Los arañeros

Ellos, como muchos otros jóvenes de la zona, son cocheros. En reñida competencia con las guaguas, hostigados por los inspectores,  en sus coches tirados por caballos,  transportan pasajeros. O cualquier carga, siempre que dé dinero, en las llamadas “arañas”, unos peligrosos artefactos que no pocos accidentes han ocasionado, a menudo mortales,  principalmente por transitar de noche sin luces o por ir sus conductores  perdidamente borrachos, muchas veces compitiendo con otros a ver  quien corre más.

Luego de sus mamás y a sus novias, cuyos nombres muchas veces llevan tatuados en el pecho o en un brazo, a quien más aman es a sus caballos. Por compartir su vida y ayudarlos a ganarse los pesos,  ocupan un lugar especial en su corazón. Lo cual no quita que los castiguen sin compasión,  a fustazos y a palos, cuando sofocados y sedientos,  se niegan a tirar de los carricoches bajo el sol del mediodía.

Pero no se apresure a clamar  -–ay, Roberto Carlos– que quiere ser “civilizado como los animales”. Su fe en la humanidad retornará cuando  vea a estos muchachones cuidar a sus caballos,  como cepillan con ternura sus crines, y los bañan,  compartiendo  los chorros de agua de la manguera entre el cuerpo de los equinos y sus  tatuados torsos y obtusas cabezas.

Como son con sus caballos, así son con sus chicas. Sus potras, como dicen ellos.  Les dicen que son sus reinas –no olvidemos que son muy sentimentales-, pero las tratan como a perras –no olvidemos que son bien rudos. Te explicarán que “hay que ser recios con ellas, para que no olviden que uno es un hombre y es el que manda”. Y porque  se sabe de qué traiciones  son capaces las mujeres, “todas,  excepto la madre de uno”.

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Si la potra los deja, allá van los cuates, a ahogar sus penas en ron, porque en Cuba no hay tequila

Las chicas de los arañeros

Y las chicas, que son tan machistas y melodramáticas como ellos y lloran a moco tendido con las telenovelas de Univisión y las canciones de Paquita la del Barrio, acatan lo que venga, y aguantan los bofetones cuando se les suelta la lengua, mal habladas como son.

Les encanta que su hombre sea así, macho remacho, y que la haga gozar y sufrir para sentir que está  viva.  Hasta que aparezca otro tipo con más dinero,  y que le prometa tenerla  como una princesa si se va con él. Finalmente, sin pensarlo mucho, se larga.   Y entonces, puestos  en ese trance, allá van los cuates, a ahogar sus penas en ron –porque en Cuba no hay tequila- mientras lagrimean oyendo a Juan Gabriel o Marco Antonio Solís. Y cuando ya están a punto del coma –alcohólico y depresivo–  aúllan las canciones de José Alfredo Jiménez y Javier Solís, que volvían locos a sus papás y sus abuelos.

Parecen escenas de una telenovela mexicana, ¿verdad?.  Pero ocurren cotidianamente  en mi suburbano barrio del municipio habanero Arroyo Naranjo.

¿Qué pensarán de todo esto Miguel Barnet y Abel Prieto,  tan alarmados como están  por el dichoso paquete semanal y  “el consumo pseudo-cultural indiscriminado”?

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