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Graduarse, prosperidad, irse del país: las metas de los jóvenes cubanos para el 2023

MIAMI, Estados Unidos. — Algunos apenas empiezan la universidad y otros buscan terminarla. Muchos quieren cerrar la etapa de servicio social y no pocos optan por superarse y reinsertarse en los estudios. Son estas algunas de las aspiraciones de los jóvenes cubanos para el 2023, un año que aún no ha llegado, pero que no promete demasiados cambios para la Isla caribeña.

Uno de los mayores anhelos de los jóvenes cubanos para el año que viene es irse del país. Así lo han asegurado algunos de ellos a CubaNet.

El año que recién finaliza ha sido, sin dudas, el del éxodo. Solo hacia Estados Unidos, el destino por excelencia de los cubanos que abandonan la Isla, han arribado más de 200 000 mil personas. Entre ellos se cuentan miles de jóvenes que buscan libertad y prosperidad.

Pese a que Cuba es uno de los países más envejecidos del continente, la juventud no logra abrirse paso en medio de circunstancias demasiado adversas.

Por desgracia, la juventud ya no ve a Cuba como un país donde echar raíces, lo cual favorece la inmigración hacia destinos de casi todos los continentes.

Sin embargo, no pocos, sabedores de la dificultad que implica abandonar la Isla, se conforman con metas más “terrenales”, pero igual de válidas: Quiero terminar la universidad, ser un poco más feliz, tener un mejor trabajo, que sea un año mejor que este”, señaló otra de las entrevistadas.

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La juventud y el capitalismo como actitud

Capitalismo, Jóvenes

MIAMI, Estados Unidos. — El capitalismo puede definirse, como hizo Karl Marx, por su sistema de trabajo, donde los trabajadores no poseen sus propios medios de producción. También puede definirse por el metafórico “mercado” donde se compra y se vende, o por la propiedad privada de los medios de producción predominando sobre la propiedad estatal. Pero mi interés aquí es describir el capitalismo como actitud. Es decir, como un estado mental conectando una persona a una proposición.

Consideremos: cuando un socialista ve una casa lujosa y cara, su reacción puede ser de disgusto: “A nadie se le debería permitir poder vivir así”. O tal vez de envidia: “Si yo no puedo vivir así, nadie debería vivir así”. En contraste, alguien con una actitud capitalista pensaría: “Todos deberían tener la oportunidad de trabajar para poder comprar una casa como esa”.

El capitalismo también supone una voluntad de tomar riesgos empresariales. Algo fundamental del capitalismo es la moderna corporación, que facilita, mediante la venta de acciones al público, la concentración de grandes sumas de capital para apoyar un proyecto emprendedor. Sin esta capacidad de concentrar capitales, las economías nacionales se limitan a negocios en pequeña escala, o dependen del gobierno para operaciones comerciales que requieren grandes sumas de capital.

Los críticos de las corporaciones señalan la dispersión de responsabilidad entre managers profesionales, directores y accionistas, como un defecto fatal de las corporaciones. Pero las alternativas serían ser una economía primitiva, o dejar al gobierno todas las actividades que requieren grandes capitales. Esto conllevaría mayor dispersión aun de responsabilidad, e ineficiencia. ¿Por qué entonces algunos, en particular jóvenes, parecen odiar tanto al capitalismo?

Encuestas de opinión sugieren que los jóvenes no piensan muy bien del capitalismo. Una encuesta en 2016 de Harvard University a jóvenes de 18 a 29 años encontró que 51% de los encuestados respondió no apoyar el capitalismo. Otra, de YouGov, encontró que el 44% de los millennials americanos expresó que preferiría vivir en un país socialista, comparado al 42% que preferiría vivir en un país capitalista. Esas  actitudes implican una pregunta: si los jóvenes rechazan tanto al gobierno, ¿por qué querrían más, en forma de un gobierno mayor o mayor control gubernamental de nuestras vidas y economías?

Una fácil conclusión sería repetir el criterio atribuido a Winston Churchill de que “si un hombre no es socialista a los 20 años, no tiene corazón. Si no es conservador a los 40, no tiene cerebro”.

Pero hay más en las actitudes de los jóvenes sobre el capitalismo, y los resultados de esas encuestas son difíciles de interpretar, porque capitalismo puede significar diferentes cosas a diferentes personas. Además, esta actitud negativa no es única de la juventud actual. Los jóvenes, durante generaciones, han mostrado típicamente menos apoyo a sus sistemas políticos y económicos que sus mayores. También está claro que terminan cambiando esos puntos de vista con el paso de los años. La mayoría de las objeciones juveniles parecen dirigidas al capitalismo de compinches donde los negocios prosperan no como resultado de arriesgarse, sino mediante contubernios entre los negociantes y los políticos; o situaciones donde el poder estatal se utiliza para suprimir la genuina competencia. Todos deberíamos compartir ese disgusto.

Interesantemente, en encuestas de seguimiento jóvenes participantes favorecen fuertemente ideas tales como compañías propiedad de empleados, y planes de reparto de beneficios, más que defender empresas de propiedad estatal. Estas son ideas capitalistas utilizadas por compañías modernas para incrementar rendimientos.

Los jóvenes actuales rechazan el capitalismo sin una idea clara de qué debería reemplazarlo. Cuando desempaquetamos las ideas de los jóvenes que protestan vemos que carecen de coherencia intelectual; realmente desean más capitalismo, no menos. Las preocupaciones de los millennials que protestan están mayormente relacionadas con justicia e imparcialidad y no con propiedad estatal de los medios de producción.

Los jóvenes son tercos en cuanto a tener control de sus actividades. No desean una pesada presencia del gobierno en sus asuntos personales. Y esas son actitudes capitalistas. Esos jóvenes que protestan son capitalistas: aunque todavía no lo saben.

Nota: El último libro del Dr. Azel es “Libertad para novatos”

ARTÍCULO DE OPINIÓN
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Presente y futuro de los jóvenes en Cuba

Jóvenes en el Salón Rosado de la Tropical

Jóvenes en el Salón Rosado de la Tropical
Jóvenes en el Salón Rosado de la Tropical (Foto de la autora)

LA HABANA, Cuba. – Desde el pasado mes de abril, adolescentes casi niños se lanzan todos los sábados de las repletas guaguas en la esquina de 41 y 42, municipio de Playa. Cientos de ellos se aglomeran sonrientes y llaman a viva voz a sus amigos en el parqueo del Salón Rosado de La Tropical.  Lucen atuendos muy distantes de lo que se vende en las tiendas estatales y de lo que promueven los cánones del socialismo cubano, cercenador del imaginario de la niñez y la juventud durante décadas.

Al expresarle satisfacción por la frescura que desbordan en un lugar envejecido, ellos se alegran y hasta se asombran, pues dicen que sus padres y otros adultos critican su pérdida de tiempo y dedicación a la bobería. Muchos se quejan de haber perdido el espacio al aire libre y gratis de La Piragua, en el Vedado, frente al Malecón.  Ellos son amigos en sus blogs de Facebook y seguidores del programa de la televisión Talla Joven, una evidente intención de las autoridades de enrumbar a una generación desenfadada y desmotivada por las consignas a través de medios de la nueva época.

La Tropical ha pasado por largos períodos de decadencia, destrucción, cierre, apertura de bailables para ancianos nostálgicos de los buenos ritmos cubanos de su juventud, bailes multitudinarios nutridos mediante guaguas con motor en marcha, que esperaban parqueadas en la avenida hasta bien entrada la madrugada para asegurar el transporte, casi inexistente actualmente. Poco a poco regresa a la normalidad al emblemático lugar, otrora sede de bailables populares con las mejores orquestas y cantantes, propiciados por los dueños de la fábrica de cerveza y malta contigua, y con el estadio también construido por ellos.  Los inmensos y bellos Jardines de La Tropical, en la avenida 51, igualmente depauperados por la desidia, se reconstruyen en el marco de los festejos por el 500 aniversario de la fundación de La Habana, a celebrarse en noviembre próximo.

La educación de niños y jóvenes está politizada desde 1959.  A partir de los cinco años, el infante ingresa a un sistema de enseñanza marcado por el acceso “voluntario” a organizaciones como la Organización de Pioneros José Martí (OPJM), antigua Unión de Pioneros de Cuba (UPC), la Federación de Estudiantes de la Enseñanza Media (FEEM) hasta llegar  a la Federación Estudiantil Universitaria (FEU). Todas esas organizaciones son supervisadas por la Unión de Jóvenes Comunistas (UJC), la cual, guiada por el Partido Comunista de Cuba (PCC), dice contar con 500 000 militantes entre los 15 y 30 años de edad.

Actualmente, según datos del Anuario Estadístico de ONEI (Oficina Nacional de Estadística e Información), de los 11 209 628 habitantes del país, 3 361202 (entre 5-29 años) son adoctrinados por esas organizaciones.

Sin embargo, la aspiración de la mayoría de los niños y jóvenes es emigrar, fundamentalmente a Estados Unidos, aunque los cambios política migratoria de ese país han obligado a los cubanos a encontrar vías más difíciles, costosas y peligrosas.  La razón para ello es simple: se resisten a tener la maltrecha calidad de vida que conocen desde que nacieron y a echar sus mejores años en una vivienda compartida por varias generaciones.

Durante muchos años los jóvenes consideraron inútiles los estudios universitarios esfuerzos inútiles. Ahora, esa tendencia se ha reducido, porque un título puede abrir oportunidades en otros países, nuevas posibilidades que se complementan con el aprendizaje de idiomas, principalmente inglés.

Jóvenes en el Salón Rosado de la Tropical
Jóvenes en el Salón Rosado de la Tropical (Foto de la autora)

La UJC enmarca sus actividades en la Ruta del Congreso 2019-20. La convocatoria, lanzada en abril, intenta mostrar que en el proceso de reuniones de los comités de base y en el trabajo con los jóvenes “no hay esquemas, solo ideas (…) solo se han establecido líneas de mensajes o aspectos que no pueden faltar, que cada cual le ponga su creatividad, entusiasmo, iniciativa”, así lo ha dicho Suselis Morfa (Juventud Rebelde, 14-5-19). Hasta hace poquísimo, la primera secretaria de la UJC pretendía imponerse mediante los tradicionales gritos y arengas. Ahora, el momento amerita nuevos métodos. El cambio coincide con la alocución pausada y las expresiones del presidente Díaz-Canel, emergido desde las filas de la UJC, sobre la forma de conducirse con urbanidad y la atención a los criterios de la población, lo que evidencia  la necesidad de hacer sentir que es escuchada y lograr el reconocimiento al gobierno de continuidad.

Los incrementos salariales en el sector presupuestado están enfocados también a los jóvenes, que al graduarse de la enseñanza media y universitaria se tienen que incorporar a puestos con muy baja remuneración y condiciones de trabajo poco estimulante. Esto ha provocado que procuren ocupación en el trabajo por cuenta propia, el mercado subterráneo y los viajes para traer productos de primera necesidad, a fin de suplir el déficit de abastecimiento, ropa, calzado y otros atuendos competitivos con los de baja calidad y ajenos a la moda comercializados en las tiendas de venta en divisas estatales (TRD).

Aunque los aumentos no son elevados, generan esperanza con vista a la reforma salarial augurada e incierta, fomentada por las organizaciones y los medios de prensa, como el artículo “Nuevas medidas económicas” ¿Qué dicen los jóvenes?, que en realidad refleja la crisis laboral imperante en este segmento importante de la población cubana.

No menos problemática ha sido la incorporación de los jóvenes a los duros trabajos de la agricultura e industria, que podrían mejorar en el marco de la distribución salarial de las empresas y las producciones locales y municipales.

Resulta dudoso que los pequeños incrementos llenen las expectativas de quienes deberían crear el presente para tener futuro.  Lamentablemente, existe una apreciable cantidad de jóvenes vagando o jugando dominó en las esquinas. Ello constituye el caldo de cultivo de la corrupción, la delincuencia y la alta población penal resultante, sobre todo entre mestizos y negros.

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Drogas, juventud y manipulación oficialista

Joven fumando marihuana (hereshelpinc.com)

LA HABANA, Cuba.- “Me impresionó la espontaneidad con que se ha realizado esta marcha y, además, que la hicieran los jóvenes, ¡los destinatarios del mensaje!”, declaró un latinoamericano entrevistado en un programa de televisión, sobre una demostración juvenil en apoyo al Día Internacional Contra el Tráfico Ilícito y el Abuso de Drogas.

Para comprobar si tal marcha fue tan espontánea y organizada por los mismos jóvenes a los que iba destinado el mensaje, solo había que esperar a que hablaran los propios muchachos. No dijeron más que los lugares comunes que se dicen en Cuba cada día contra las drogas y algunas naderías que la presencia de la cámara les inspiró.

La jefa de un departamento de psicología, o algo así, dijo en serio que aquella era una marcha por la dignidad que la droga destruye, y parecía la señora tan dopada como los jóvenes por los mismos estupefacientes ideológicos con que los atiborran todo el tiempo para que, precisamente, pierdan la dignidad natural con que actúa la juventud en la vida, o sea, en la historia.

En los medios salieron los dos tipos de artículos y reportajes de siempre, los pálidos y los insultantes. Los pálidos, hablando de la iniciativa “Escucha Primero” para “prevenir el consumo de drogas y lograr el bienestar de niños y jóvenes, sus familiares y comunidades”, tema central de la conmemoración de Naciones Unidas en este año.

Los insultantes, según lo usual. Fragmentos de entrevistas a muchachas rehabilitadas, con preguntas arrogantes y distanciadas como “¿Te gustaría que tu hija viviera lo mismo que tú?”, en tono increíblemente despectivo, al modo de: ¿Cómo te atreviste a drogarte, a hacerle eso a la revolución después del sacrificio que ha hecho por ti, desagradecida?

Y las mismas pobres muchachas confesando el infierno por el que habían pasado y cómo habían sido rescatadas por psiquiatras buenazos de tales horrores. ¡Y las dulces autoridades! ¡Y qué confidenciales las líneas “confidenciales” de ayuda! Y esas adicciones que no sirven para nada. Y cómo ellas se incorporaban ahora a la vida. Y qué maravilla, qué país.

Es posible que algún despistado hable aún de que en el capitalismo los jóvenes tienen motivos de sobra para intentar enajenarse a través de las drogas; pero que en el socialismo no, qué va, pues aquí eso es un rezago del pasado y no terror al futuro ni la cabeza de un guanajo.

La política es: Dile no a la diabólica droga pues los malosos se aprovechan de ti. Y en verdad no se habla de drogas, ni se advierte a los jóvenes contra los tipos de sustancia que hay en la calle y los peligros de la adulteración. Tal aviso lo da el periodismo independiente. Nunca los medios oficiales, con metodología gótica y de un metemiedo minuciosamente inútil.

Mientras, los jóvenes siguen consumiendo “lo que aparezca por ahí”. La persecución y las duras leyes logran que disminuya por temporadas la cantidad de droga en la calle, pero también que aumente mucho su precio, con las consecuencias que eso trae, como el alcoholismo exasperado y el consumo de cualquier cosa que suba o baje el ánimo, o que parezca hacerlo.

Porque muchos están consumiendo, como si se tratara de drogas psicoactivas, medicamentos que técnicamente no lo son, como la carbamacepina o el meprobamato. Hace casi 30 años se exhibió un documental soviético, ¿Es fácil ser joven?, donde los especialistas se mostraban alarmados porque, cuando retiraban de las farmacias una sustancia utilizable como droga, enseguida los jóvenes adictos comenzaban a usar otra en sustitución, indeteniblemente.

Los medicamentos psicoactivos que todavía se venden en farmacia, “tan controlados como los explosivos”, como reconocen los funcionarios de Salud Pública que se encargan de ello, son cada vez menos distribuidos, porque se obliga a los doctores a que los receten cada vez más restrictivamente y que de hecho se los retiren a muchos pacientes necesitados de ellos.

Es el caso del metilfenidato y el trihexifenidilo (antes, parkisonil), que se están prohibiendo pese a que no existen en el país sustitutos efectivos, según nos revelan fuentes que quieren mantener el anonimato. Como se vende una vez al mes lo que el paciente requiere en ese tiempo, las autoridades a veces lo visitan de pronto para comprobar si no han vendido algún blíster.

Se puede pensar que esas medidas tienen alguna efectividad para disminuir el consumo. Pero no: el único efecto es que, cuando el joven consumidor busca el medicamento en el mercado negro, encuentra, que cada píldora de “paco” —parkisonil— está entre 30 y 70 CUP y cada “metil” entre 50 y 100. El problema es buscar el dinero, lo que de seguro originará otros problemas.

Hace años, había plantas de campana en cualquier jardín habanero. Hoy es difícil hallarlas aun en los alrededores de la capital. Sus grandes flores blancas, tan ornamentales, y sus hojas, de muchos usos medicinales, ya son solo un recuerdo a causa del efecto alucinógeno de todo el arbusto, lo cual lo convierte en una atractiva “droga gratis”.

No asombra entonces el letrero que se ha visto por ahí, en algún que otro pulóver, como reacción al abuso de sustancias prohibidas: “Dile no a la droga. Somos muchos y hay muy poca”.

El meollo de esta indudable tragedia, en el caso de Cuba y de los jóvenes, es que se exalta la prohibición sin verdadero examen del conflicto y sin promover realmente la responsabilidad en ningún aspecto de la vida de esos muchachos que son —o deben convertirse en— ciudadanos que deben asumir la libre elección, la libre información, la libertad, simplemente.

Como en todo, el castrismo, con su infinito cinismo pragmático, asume que la manipulación y la represión son la clave para que los jóvenes, en este caso, no se narcoticen con ciertas sustancias que anulan los efectos de las “sustancias” de la miseria y la propaganda, los alucinógenos oficiales para que la juventud nunca tropiece con su dignidad ni con su rol natural y no pretenda cambiar de veras cuanto deba ser cambiado.




La Casa del Árbol, ‘un oasis’ en medio de La Habana

Banda ensayando en La Casa del Árbol (Foto: Ernesto Carralero)

LA HABANA, Cuba.- Hace seis años un grupo de amigos fundaron una banda de rock and roll. Ante la inconformidad con los espacios existentes, decidieron dar su primer concierto en la casa de uno de ellos. Ese fue la génesis de La Casa del Árbol, un proyecto artístico sin fines de lucro ubicado junto a la Iglesia del Cristo en La Habana Vieja.

Para acceder al lugar es necesario subir una escalera bastante estrecha hasta la azotea, aunque esto no desanima a los visitantes. Una vez allí conversamos con Rocky, el joven en cuya azotea funciona el proyecto el primer sábado de cada mes: “Queríamos hacer música en español y en aquella época a nadie le interesaba mucho eso”.

“Ya hacía algún tiempo que estaba el Submarino Amarillo funcionando pero allí te limitan el repertorio y es casi obligatorio tocar temas en inglés, además casi todo son covers de música de los 70s. El otro lugar para tocar era el Maxim Rock y el público de allí es consumidor de un metal más extremo. Así que para un lugar tocábamos demasiado fuerte y para el otro demasiado suave. Para colmo en español, que no cabía en ninguno de los dos sitios”, dice.

El éxito obtenido en aquel primer concierto los animó a repetir la experiencia y durante algunos meses organizaron al menos un concierto a la semana. Fue hace tres años cuando Rocky y otros amigos, también artistas, decidieron crear oficialmente La Casa del Árbol.

El espacio ha estado funcionando ininterrumpidamente desde entonces y se ha convertido en un punto de referencia para los jóvenes habaneros interesados en el rock and roll. Aunque también, y esa es una de las premisas de su concepto, dan cabida a todo tipo de expresión artística.

Rocky comenta al respecto: “Tenemos una política de micrófono abierto. Así que una vez se termina el concierto cualquiera puede acercarse al escenario y compartir desde un poema que hayan escrito a un fragmento de un libro que le guste”.

La contraseña para la wifi está escrita en una pared (Foto: Ernesto Carralero)

También brindan el lugar para que se realice la peña cultural El Ciervo Blanco, dedicada al estudio de las religiones paganas.

Aunque generalmente suelen presentarse artistas sin presencia en los medios oficiales, el lugar ha contado con la presencia de bandas reconocidas en el panorama nacional como Hello y Nexo.

Estos jóvenes afirman no estar muy interesados en ninguna ayuda estatal por las restricciones que esto podría traerles. El equipo que mantiene el espacio trabaja sin recibir ningún tipo de remuneración, ya que no cobra la entrada para lograr que sea un sitio adonde pueda acudir cualquier persona independientemente de su condición económica, haciendo valido el lema del proyecto: “Porque el arte no es un negocio”.

Cada uno de los integrantes utiliza sus propios conocimientos y recursos para mantenerlo a flote. Rocky, que ahora tiene 23 años, además de ser el coordinador es sonidista de profesión y se ocupa del audio.

El joven comenta: “Las bocinas y otras cosas para el sonido son caras, así que las prestamos a las bandas que vienen para que puedan realizar su espectáculo con calidad. También nos prestan cosas a nosotros”.

Los más jóvenes encuentran aquí ‘un oasis’ (Foto: Ernesto Carralero)

Uno de los integrantes del proyecto creó una red wifi interna para que el público, principalmente jóvenes, pueda conocer acerca del proyecto y comentar en una sala de chat acerca de sus experiencias, descargar música, videos y letras de canciones. La contraseña para acceder está escrita en una pared.

La falta de recursos, sin embargo, se hace sentir, ya que estos jóvenes no pueden potenciar al máximo sus habilidades. Además de existir inconvenientes con el clima debido a que un toldo en el escenario es el único respaldo contra la lluvia.

Hace un año organizaron el primer Festival Casa del Árbol que contó con la presencia de algunos artistas plásticos y exposiciones fotográficas. Planean el segundo para el mes de julio y tienen pensado mantenerlo con frecuencia anual.

“Desafortunadamente las cosas cuestan dinero. Pero decidimos seguir sin cobrar un solo centavo por venir aquí. La gente que tiene dinero de verdad no le interesa donar… A fin de cuentas, ¿qué les importa que hagan una peña en una azotea? No ganan nada”.

El público, por su parte, sigue apostando por el proyecto. Y se pueden encontrar desde jóvenes universitarios a personas de 50 años interesadas en el rock and roll e incluso visitantes extranjeros curiosos que suben desde la calle, animados por la música.

Adriana, que coincidía en el lugar, comentó para CubaNet: “Este es un sitio único por dos motivos: el primero es la música, nada de reguetón; y el segundo porque es gratuito. Para que veas que todavía existe gente que trabaja por amor al arte”.

Para Yasser, joven de 21 años, “es como un oasis”.

“Me gusta el ambiente todo el mundo está para pasarla agradable. Tiene buena energía”, comenta.

Página de La Casa del Árbol en un teléfono móvil (Foto: Ernesto Carralero)




‘Chicos Sarao’, el mercadeo de la piel

LA HABANA, Cuba.- Tatuarse el logo de la compañía Sarao Night Club gana seguidores entre los jóvenes cubanos.

El proyecto Sarao se dedica a la producción y promoción de eventos musicales. Especializados en la música electrónica y el reggaetón, abarcan dos de los géneros más seguidos por los jóvenes.

Todos los viernes y sábados tienen una fiesta electrónica en los Jardines de la Tropical donde se alternan disyóqueys como Legardi, Jones, Frank Kale y DJ Pausa. Evento popular, dado que suele ser el punto central de una especie de “circulo fiestero” que nace en el Parque G y encuentra allí su punto fuerte antes de regresar al conocido lugar del Vedado.

El proyecto también se presenta los fines de semana en el Salón Rosado de la Tropical, tiene una peña en el club Don Cangrejo y produce todos los años el Festival de Música Electrónica Sarao Night Club, celebrado durante su edición más reciente en Brisas del Mar.

Fue en este festival donde hace dos años se lanzó la idea de tatuarse el nombre de la compañía. Yoandry un joven de 23 años, recuerda: “Estábamos en la mejor parte y Michel, que es el animador de las fiestas, dijo que todo el que se tatuara el logo podía entrar gratis a los eventos de Sarao. Siempre antes de las once de la noche”

Aunque en un principio muchos dudaron hasta el punto de asegurar que eran “una leyenda urbana”, los tatuajes empezaron a hacerse notar.

Los “Chicos Sarao”, como suelen llamarse entre ellos, no pagan la entrada a los eventos. Tampoco tienen que hacer la fila para entrar.

Aun así, esto solo se hace viable en los Jardines y Salón Rosado de la Tropical, donde la entrada cuesta por lo regular 2 CUC. Las peñas del Don Cangrejo que presentan artistas como Divan y Kelvis Ochoa suelen cobrar la entrada entre 15 y 30 CUC; allí, asegura Yoandry: “No importa si te tatúas Sarao en la frente, tienes que pagar”.

Rolando, un joven entrevistado, defiende esta medida: “Es normal, por algún lado tiene que entrarles dinero”.

Durante mucho tiempo en los Jardines de la Tropical no se cobró la entrada a las mujeres. Esto fue un incentivo para los “Chicos Sarao”, hombres en su totalidad. Rolando comentó su experiencia: “Estaba súper enganchado porque allí te podías encontrar tremenda cantidad de frikis que venían del parque G y esas son tremendas locas. Yo soy repa pero la verdad es que el lugar era bastante tranquilo, porque los frikis se fajan menos y me podía relajar un poco. Como tengo el tatuaje tenía dos CUC para comprarme lo que apareciera”. Yoandry asegura: “Tu sabes uno nunca tiene un peso en el bolsillo y a esta edad siempre estás buscando una ‘jevita’. Así que era el negocio perfecto”.

Las fiestas en la Tropical siguen siendo auspiciadas por Sarao. Pero la decisión de cobrar la entrada a las mujeres provoca que no sean tan intensas como antes, aseguran varios de los entrevistados. El número creciente de “machos con tatuaje” provoca pérdidas al lugar.

Javier, un tatuador del Cerro, asegura haber hecho al menos 20 tatuajes con el logo. En tanto Luis Ernesto, de Alamar, recuerda un día en que hiso 15 tatuajes y piensa que en total debe haber hecho unos 30: “Todos más o menos discretos, pero visibles. Se han dado casos de tatuajes pequeños y luego si no se pueden leer fácilmente tienes que pagar. Aunque alguno me pedía que se lo tatuara bien grande en la espalda o las piernas”.

El precio por un tatuaje ‘estándar’ de Sarao es 5 CUC. Ambos artistas concuerdan en que podría haber un aproximado de 500 jóvenes con el cartel.

La práctica ha recibido críticas. Felipe, estudiante de filología entrevistado por CubaNet, piensa que “es una locura”.

“Por ahorrarte 2 CUC te estás marcando de por vida ¿Y si la compañía cierra? Parece sacado de Mercaderes del Espacio”, comenta.

Augusto, panadero del Cerro, bromea con que “ahorita se ponen CUPET para tener gasolina gratis o ETECSA para que no les cobren el teléfono. Van a parecer periódicos”.

En tanto los “Chicos Sarao” defienden su decisión y dicen no estar arrepentidos. “Mira, en este país nada es regalado. Yo creo que lo único gratis que me han dado es esto”, comenta Yoandry.

“El único problema que tengo es que fue mi primer tatuaje y me dolió un mundo. Por lo demás todo está okey. Es un dinero que me ahorro porque voy todos los viernes y no siempre tengo los 2 CUC de la entrada”, dice Rolando.

En tanto, Javier cree que “es una decisión muy personal de cada quien. Aunque uno no esté de acuerdo, no hay porque decir que es una estupidez. Simplemente hay que pensar que a mucha gente el cálculo le parece acertado”.




¿Cómo se las arreglan los cubanos para estar a la moda?

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LA HABANA, Cuba.- Para la mayoría de los cubanos, hablar de moda es hacer referencia a lo que se usa: ropa, calzado, peinados, accesorios. A menudo su uso se hace extensivo también al lenguaje, tendencias musicales, bailes y lugares que están “pegaos”. Pero generalmente es una cuestión de apariencia personal.

En un país como Cuba, que durante más de medio siglo ha padecido un bloqueo informativo mayor incluso que el embargo financiero, no se entiende mucho de pasarelas, desfiles y una industria de la moda que marca pautas a nivel mundial, con colecciones para cada estación del año. Apenas en 2016 una selecta porción de cubanos y extranjeros presenció por primera vez en La Habana un desfile de la casa Chanel, sin que aquello generara demasiado barullo entre el resto de los insulares.

A través de revistas, canales internacionales y, sobre todo, opiniones aportadas por quienes tienen el privilegio de viajar a otros países, los cubanos se mantienen más o menos actualizados con lo que se usa; aunque tales criterios puedan ser, en ocasiones, cuestionables.

Si se toman en consideración los bajos salarios —el promedio mensual ronda los 25 dólares mensuales—, el clima, el mal surtido de las tiendas estatales y los precios astronómicos del sector privado, es comprensible que, al menos en Cuba, la moda se limite a “lo que uno se pueda comprar o lo que a uno le quede bien y cómodo”. La pauta la imponen los jóvenes. Conversando con ellos se puede tener una idea clara del estado en que se halla la cultura del buen vestir en Cuba, y de dónde emergen las nuevas tendencias para lucir ropas, calzado o determinado corte de pelo.

En lo que a paradigmas concierne, los reguetoneros Jacob Forever y Yomil y el Dany ocupan lugares cimeros. Playeras y pantalones anchos, gorras, bermudas, shorts y zapatillas deportivas de marca parecen ser la máxima aspiración de los muchachos; mientras en las barberías predominan los looks popularizados por Cristiano Ronaldo y Lionel Messi.

Muy pocos son los hombres que hablan de camisas, pantalones y trajes. Con el pretexto del calor y la relajación de las buenas maneras, la vestimenta de los cubanos es de una informalidad casi doméstica. Se ha popularizado algo que los propios jóvenes denominan “moda europea”, consistente en shorts ripiados, camisetas y zapatillas deportivas de las marcas Converse, Adidas Superstar, Superga o Vans. La usanza proviene, al parecer, de los muchos turistas que recurren a esas prendas a causa del tórrido calor de la Isla; pero no significa que en sus Francias e Italias vistan de esa manera. Lo que para el extranjero es absolutamente funcional, para un joven cubano puede ser una expresión de elegancia. Es difícil imaginar en qué contexto podría ser elegante un short, pero lo cierto es que el hábito de vestir siempre del mismo modo sin observar la ocasión, es la norma para la mayoría de los chicos.

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En el caso de las mujeres, el problema es más complicado porque hay que pensar también en los accesorios. Los precios de vestidos y sayas son muy elevados, pero el verdadero dolor de cabeza sobreviene cuando hay que elegir zapatos y carteras. El encarecimiento de estos artículos ha provocado que se piense menos en ajuares refinados para optar por indumentarias más casuales.

Hay una distancia enorme entre lo que las mujeres cubanas consideran elegante y la ropa que se pueden permitir con su bajísimo poder adquisitivo. Para ellas, ciertos protocolos o nociones de “etiqueta” permanecen intactos, al igual que la costumbre sagrada de ir a la peluquería una vez al mes, donde predominan las modas de la queratina, las extensiones, o pintarse el pelo de colores llamativos.

Además de los precios, el mayor inconveniente para “estar a la moda” es que los artículos más demandados solo aparecen en el mercado negro. El gobierno cubano ha prohibido a los cuentapropistas vender ropa o calzado importados, obligándolos a comercializar prendas que la juventud no quiere usar porque les parecen “cheas”. Muy pocos comerciantes se atreven a vender ropa de marca, pero cuando lo hacen el costo es proporcional al riesgo que corren; de modo que un par de Converse no baja de los 80 CUC y un jeans atravesado de huecos no vale menos de 40 CUC.

Dichas cifras representan varias veces el salario promedio mensual en Cuba (20 CUC), un lujo que muy pocos padres cubanos se pueden permitir. No es de extrañar que muchos jóvenes dejen la escuela apenas concluyen el bachillerato para intentar costear estos gustos, recurriendo por lo general a toda clase de ilegalidades.

En un país donde la manera de vestir fue normada durante muchos años, no puede hablarse de cultura de la moda. Tras décadas de encerramiento sudando bajo caqui y polyester, hombres y mujeres se apropian de cuanto proviene de fuera, sin atender a razonamientos estéticos. El resultado apreciable es mal gusto y pobreza. Una realidad muy distante de la que acontece en los nuevos, caros y lujosos bares de La Habana, donde la presencia de minorías muy bien vestidas ofrece una imagen distorsionada del poder adquisitivo de los cubanos.




Liderazgo juvenil, una secuela peligrosa del acercamiento EEUU-Cuba

Jóvenes cubanos (Foto: aulasabiertas.net)
Jóvenes cubanos (Foto: aulasabiertas.net)

LA HABANA, Cuba.- Este viernes, 30 de septiembre de 2016, se reúne en Washington la cuarta sesión de la Comisión Bilateral Cuba-EE.UU., ocasión que ha seleccionado el régimen cubano para presentar su rechazo a “la promoción de programas que Washington promueve sin el consentimiento o la consulta por los canales oficiales establecidos para intercambios de este tipo”.

Esta declaración del señor Gustavo Machín, subdirector general de Estados Unidos de la Cancillería cubana, se refiere al programa de becas de verano que la Organización no Gubernamental (ONG) World Learning otorga a jóvenes estudiantes de todo el mundo, aunque la prensa oficial de la Isla y los funcionarios instruidos para el caso han estado orquestando en las últimas semanas todo un show mediático encaminado a hacer creer a la opinión pública nacional que se trata de otro macabro plan imperialista solo para incitar a los jóvenes cubanos a subvertir el orden político y social al interior del país.

Diríase que apenas dos veintenas de estudiantes isleños que han tenido la oportunidad de pasar estos cursos veraniegos en 2015 y 2016, respectivamente, constituyen una amenaza real a la estabilidad de una dictadura que ha sobrevivido casi 60 años en el poder. O que la Casa Blanca ha urdido la brillante idea de formar cada año un puñado de líderes juveniles que, tras varias semanas de clases en una sociedad libre en la que intercambiarán con otros jóvenes de EE.UU. y de otros países, estarán dispuestos y preparados para acabar con la revolución de Castro.

Semejante presunción sugiere, por una parte, la falacia de la solidez ideológica de la juventud cubana que tanto pregona el régimen verde olivo; y por otra, que el sistema político ha comenzado a padecer una fragilidad de mariposa al calor de los programas de intercambio promovidos desde EE.UU. luego del restablecimiento de relaciones entre ambos gobiernos.

La apoteosis del desatino es la lista de prácticas “subversivas” que adquieren los estudiantes beneficiados con las becas de World Learning para cursos de verano, expuestas en el sitio web de la organización, y que citan textualmente los escribas del monopolio de prensa de los Castro: desarrollo de habilidades para hablar en público, trabajo en equipo, negociación, fomento de consensos, solución de conflictos, defensa de los derechos propios y solución de problemas.

Solo para una realidad como la de Cuba tal programa podría ser “subversivo”. A ningún mandatario con un mínimo de decencia ―en especial en nuestros países subdesarrollados, pobres y con serios problemas institucionales― le ofendería en lo más mínimo que los jóvenes de su país recibieran este tipo de instrucción y adquirieran estas cualidades que, según declaraciones del sitio en cuestión, “ayudan a la próxima generación de líderes mundiales para obtener un mayor sentido de responsabilidad ciudadana, establecer relaciones a través de líneas étnicas, religiosas y nacionales, y desarrollar las habilidades y conocimientos para transformar sus comunidades y países”.

Pero tampoco resulta difícil entender la alarma de los druidas de la Plaza de la Revolución, viejos expertos en subversiones. Nada tan peligroso para ellos como un “líder” que no emerja de la Escuela Superior del Partido “Ñico López”, en la que ―sin embargo― se han formado decenas (o más) jefes guerrilleros que han sembrado conflictos, guerra y muerte en esta región. No pocos líderes de las FARC y otros caudillos de la más rancia izquierda radical latinoamericana han pasado por sus aulas y han recibido diplomas y reconocimientos de sus mentores. Algunos, incluso, han alcanzado la poltrona presidencial en sus propios países, con los resultados desastrosos que conocemos.

Jóvenes participantes en programas de World Learning (blogs.worldlearning.org)
Jóvenes participantes en programas de World Learning (blogs.worldlearning.org)

Eso, para no mencionar el adoctrinamiento y lavado de cerebro sistemático sobre miles de jóvenes del Tercer Mundo que han cursado estudios de medicina y de otras especialidades en Cuba a lo largo de las últimas décadas. El castrismo, la dictadura más perversamente “generosa” que recuerda la Historia, ha extendido su manto “benéfico” incluso a estudiantes estadounidenses de bajos ingresos, aunque no ha solicitado permiso para ello a su gobierno.

Y es precisamente en ese punto donde se delata el súmmum del autoritarismo insular. Al asumir que el gobierno estadounidense y la ONG World Learning tengan que pasar obligatoriamente por el requisito previo de solicitar autorización del gobierno cubano para otorgar becas de verano a jóvenes de la Isla, están colocando a éstos en la clara posición de esclavos que precisan de la benevolencia o de los intereses del amo (Estado-Partido-Dictadura castrista) para acceder a determinados estudios. A la vez, el gobierno se coloca a sí mismo en la postura del señor feudal que niega la superación a sus siervos.

A la vez, se omite una vez más la función rectora que debía pertenecer a los padres y a la familia de esos jóvenes, quienes serían los más indicados para decidir y apoyar o no la actividad docente de sus hijos, en especial cuando el período lectivo ―por ser en la etapa vacacional del estudiante― no interfiere con el curso escolar establecido por el sistema de educación cubano.

Lejos de eso, y para legitimar la “indignación nacional” por la colosal ofensa, las autoridades cubanas han ordenado a los estudiantes de enseñanza media, preuniversitaria y tecnológica organizar las ya tradicionales protestas contra la retorcida maniobra imperialista que intenta hacerles torcer el camino. Por estos días los más histriónicos adolescentes se han desgañitado coreando consignas y enarbolando carteles patrioteros, han aprendido los parlamentos que habrían de decir de memoria ante las cámaras de los noticiarios y ante los medios de prensa del mundo. Pero su propio gobierno sigue sin ofrecerles una alternativa de futuro.

Veo esos rostros frescos, escucho sus voces repitiendo los mil lugares comunes de varias generaciones perdidas en el naufragio nacional, y no puedo dejar de pensar en la manera en que este régimen corrupto ha sembrado la simulación en el espíritu de la nación. Solo espero por el bien de estos jóvenes, y por el de Cuba, que se multipliquen becas como ésta, que les enseñen a pensar como hombres libres y les hagan crecer sueños elevados y alas suficientemente fuertes para alcanzarlos. Para entonces, olvidarán las consignas y aportarán las ideas y las acciones para remontar el largo medioevo del castrismo. Entre tanto, vengan más becas tan “subversivas” como ésta, hasta que los cubanos no tengan que salir de las fronteras nacionales para aprender a liderar los destinos de su propio país.




“¿Socialismo para qué?”

Grupo de jóvenes bailando en Calle 23 (Foto: Camilo E. Olivera)
Grupo de jóvenes bailando en Calle 23 (Foto: Camilo E. Olivera)

LA HABANA, Cuba.- “No me voy a quedar a vivir en un museo. Que todos estos viejos, se ‘coman con papas’ su socialismo. Nosotros estamos para otra cosa”

Concluyó otra “magna cita” de los comunistas cubanos, la séptima. Entre los participantes en el evento, se encuentran poco más de medio centenar de jóvenes militantes del Partido único en el poder.

En su discurso e informe central al Congreso del 16 de abril, Raúl Castro dejó claro que la junta militar que dirige se dispone a cambiar la cubierta, pero no la esencia del sistema.

Mientras tanto la vida de los cubanos de a pie, esa mayoría que sobrevive en el día a día, continúa su curso. En estos días, la propaganda del régimen ha cargado la mano en elogiar las “implicaciones históricas” de la reunión que concluye este 19 de abril.

CubaNet salió a la calle, y tomó el pulso de la opinión entre los más jóvenes.

“Una vieja con colorete”

Adolescentes, con un pequeño equipo de música y bailando en una zona cercana a la heladería Coppelia en la Avenida 23 del Vedado, están al tanto de la llegada de Usher y otras luminarias del reciente mainstream musical estadounidense, pero no del VII Congreso del PCC:

“Eso es una reunión para apuntalar a una vieja con colorete”, dice uno de ellos sobre la reunión partidista. “La otra vez que lo hicieron, yo era un niño de primaria. Nos dijeron que leyéramos el discurso de Raúl. Al final, siguen cayéndonos a mentiras con los ‘Lineamientos’ y no resuelven nada” añadió otro del grupo.

Cerca de allí, un hombre de aproximadamente 50 años lee el periódico mientras espera un ómnibus de la ruta 55. Se detiene en la página donde aparece el resumen del discurso de Raúl Castro y responde a la pregunta de qué le ha parecido el congreso del PCC. “Te lo voy a resumir en un ejemplo y, si quieres, toma la misma ruta que yo y llégate hasta 12 y 23 para que lo veas: El edificio donde pusieron la tarja que recuerda la declaración del socialismo en Cuba hace 55 años está en reparación. Nadie sabe para cuándo lo van a terminar, tampoco qué es lo que van a hacer con él. Es lo mismo que pasa con este sistema y el país completo”.

Yo no me quedo a vivir en un museo

Joven, con pelo largo y todos los atributos de lo que en Cuba denominan “friki” o simplemente “rockero”, para otro entrevistado llamado Raisel las palabras del general en el poder son un signo de retroceso.

“Es lo mismo que con mis abuelos. Cuando ven que algo no les sale como ellos quieren, enseguida se atrincheran y no te dejan ni moverte. Cualquier cosa que hagas, que ellos creen que se sale del guion, lo consideran una amenaza a la familia o al país. No se dan cuenta de que la gente quiere vivir y ellos son un obstáculo”.

“A ti te meten miedo, para que no veas lo que están haciendo por detrás del telón”, dice una pareja en las cercanías de Alamar, al este de la ciudad. “Ahora que lograron lo que querían de Obama, le trancan la jugada al pueblo y van a aprovechar para resolver su problema, antes de que cambie el gobierno en la ‘Yuma’”.

“Ya esto aquí no da más”,  añade la chica que se hace llamar Danaysi. “Yo no me voy a quedar a vivir en un museo. Que todos estos viejos, se “coman con papas” su socialismo. Nosotros estamos para otra cosa”

Les digo que hay más de medio centenar de delegados jóvenes en el Congreso partidista. “Esos infelices no van a influir en nada de lo que se decida en ese evento”, responden. “Los que cortan el bacalao ahí son los generales y ese elenco de viejos camajanes que le sigue. Los demás, o dicen que sí o pierden la militancia”

“¿Socialismo para qué? ¿Para quién? Yo misma veo que mis padres siguen con los mismos problemas que cuando nací. Eso no lo quiero para mis hijos. Mientras esa partida de viejos esté ahí, aquí no va a haber oportunidad de mejoría para nadie del pueblo”, concluye Danaysi.




Un congreso sobre juventud que degeneró en loas a Fidel Castro

(Foto: diario-octubre.com)
(Foto: diario-octubre.com)

LA HABANA, Cuba.- Acaba de finalizar en La Habana el Congreso Internacional de Investigadores sobre Juventud, un evento que contó con el patrocinio de la Organización de las Naciones Unidas para la Educación, la Ciencia y la Cultura (UNESCO).

Los organizadores recibieron una carta de la señora Nada Al-Nashif, subdirectora general adjunta de la institución para las Ciencias Sociales. En la misiva, la funcionaria insistió en la necesidad de que la cita diera relevancia a los objetivos de las juventudes en todo el mundo.

Sin embargo, como era de esperar, las autoridades cubanas maniobraron para transformar el cónclave en otro de los mecanismos con que cuentan para influir sobre las mentes de los jóvenes de la isla. Y nada mejor para ello que acudir a la figura de Fidel Castro, próximo a su 90 cumpleaños.

Una de las jornadas del Congreso se dedicó a un taller sobre “el protagonismo del líder de la Revolución en las políticas de juventud en Cuba”, que contó con la presencia de la periodista Katiuska Blanco, Fernando Vecino Alegret, Luis Morlote y Abel Prieto.

Lo primero que salta a la vista es la redundancia contenida en la denominación del referido taller: ¿Qué esfera de la vida nacional no contó con el protagonismo de Fidel Castro a partir de 1959? Iba a las inauguraciones de las Series Nacionales de béisbol con el objetivo de batearle de hit al mejor pitcher; en los torneos de la pesca Ernest Hemingway le correspondía cazar la pieza más codiciada; y en la Olimpiada Mundial de Ajedrez de 1966 pretendió derrotar en partidas simultáneas al entonces campeón mundial Tigran Petrosian. El cubano de a pie, con ese gracejo que lo caracteriza, lo resumió de esta manera: En una boda, Fidel deseará ser el novio; y en un entierro, no dudaría en ser el muerto:

Claro, los organizadores de este Congreso se cuidaron de mencionar ciertas acciones del máximo líder que también incidieron sobre el destino de la juventud cubana. Entre ellas podemos mencionar la creación de las Unidades Militares de Apoyo a la Producción (UMAP), adonde iban homosexuales, creyentes y otros “desviados ideológicos”; la Columna Juvenil del Centenario en Camagüey, donde los muchachos trabajaban como esclavos; los bisoños soldados mandados a morir en tierras africanas, y hasta las fracasadas Escuelas en el Campo, que alejaban a los alumnos de la benéfica compañía familiar.

El señor Abel Prieto no escatimó esfuerzos para acreditarse el estrellato de la jornada. Después de expresar que muchos políticos de América Latina se formaron leyendo o escuchando los discursos del máximo líder, apuntó que “los libros de Fidel, sus discursos, las entrevistas, son una fuente inagotable, hay que leerlos porque nunca son superficiales, porque Fidel llega a Marx luego de pasar por José Martí” (“El hombre que cumplirá 90 años siendo joven”, periódico Granma).

De ser cierta esa afirmación, ahí estaría la prueba de la mala lectura de José Martí que hizo Fidel Castro, y que sería la génesis de las arbitrariedades cometidas con la figura del Apóstol. Porque tratar de enlazar la concepción de “con todos y para el bien de todos” con aquella que preconiza el odio entre las clases sociales es poco menos que un intento de compaginar el aceite con el vinagre. ¡Le zumba!