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¿Volverá la Lotería Nacional?

GUANTÁNAMO, Cuba, febrero, 173.203.82.38 -Hasta bien entrada la década de los años noventa del pasado siglo cuando alguien  con poder dentro de la estructura policial quería “sacar de circulación” a algún ciudadano le inventaba un expediente por peligrosidad o recurría  a la trampa de colocar en su domicilio o pertenencias algún papelito con anotaciones numéricas, para luego acusarlo por la comisión de un delito de Juegos Prohibidos. Como abogado, algunas veces tuve que defender casos donde era evidente la fabricación del delito, algo que también ocurrió con algunas personas acusadas de tráfico de drogas. Desgraciadamente todavía se siguen haciendo expedientes por peligrosidad en Cuba, sobre todo para encerrar a los disidentes y a jóvenes que han optado por la prostitución como una vía expedita para resolver los acuciantes problemas económicos que padecemos todos los cubanos.

Apenas hecha del poder y decidida a crear el “hombre nuevo”, la dirección del gobierno convirtió las apuestas y el juego en delito. Ante la imposibilidad de comprar un billete de la Lotería Nacional, “la bolita” se impuso como la forma más popular entre los juegos de azar, unida en menor escala a las peleas de gallos, celebradas en vallas improvisadas en el medio de aislados cañaverales o comarcas rurales. Hay hasta jugadores empedernidos que se sientan en los bancos de parques y avenidas para hacer sus apuestas tomando como referencia las chapas de los vehículos, u otros que van a los estadios para jugar dinero a la pelota.

A pesar de que los juegos prohibidos continúan siendo considerados un delito prescripto y sancionado en el Código Penal, todo parece indicar que, en la práctica, el gobierno ha cambiado su visión del fenómeno, pues ya no se radican expedientes por dicha transgresión y hace varios años que se autorizaron las peleas de gallos, aunque dicen quienes frecuentan las nuevas vallas que no están permitidas las apuestas, al menos abiertamente.

El juego de la bolita ha proliferado tanto en Cuba, que una de las primeras preguntas que un ciudadano acabado de levantarse hace a otro en la calle, sin temor de ningún tipo, es qué número salió el día anterior. Otros  hablan abiertamente sobre su intención de jugar a algún número debido a un sueño o premonición. En un reciente viaje que hice a Cienfuegos supe que en la acera situada frente a la bodega La Eva, que está en una zona céntrica de la ciudad, todos los días amanece escrito con tiza el número que salió la noche anterior; y en mi zona de residencia resulta curioso que algunas de los apuntadores encargados de recoger las listas son jubilados que fueron miembros y hasta oficiales del MININT y todavía constituyen “bastiones” de los “factores revolucionarios” de la zona. Todo indica que el juego otrora prohibido ya no es considerado un actuar antisocial y contrarrevolucionario.

Desconozco si el equipo de trabajo encargado de las anunciadas modificaciones al Código Penal y a la Ley de Procedimiento Penal ha recibido la encomienda de eliminar el delito de Juegos Prohibidos del mencionado cuerpo legal. Ante la magnitud que ha tomado el juego de la bolita en nuestro país creo que no sería desacertado el resurgimiento de la Lotería Nacional controlada por el estado, en primer lugar porque se legalizaría una prohibición que se respeta muy poco, y en segundo porque el dinero que se recaude por esa vía podría usarse en beneficio de obras sociales en vez de ir a parar a los bolsillos de algunos que se han hecho de cuantiosas fortunas gracias a la vista gorda de las autoridades y a una regulación que ha tenido el mismo destino de las llamadas leyes de Indias durante la colonia, de las que los criollos decían: “Te acato pero no te cumplo”.