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Jorge Duany: El Gobierno cubano ha utilizado la migración como un arma de negociación con EE. UU.

Jorge Duany, Cuba, Gobierno de Cuba, 11J

CIUDAD DE MÉXICO. – En el año transcurrido desde las protestas populares del 11 de julio de 2021 (11J), Cuba ha asistido a la mayor crisis migratoria de su historia. Azuzados por el deterioro de la economía y el aumento de la represión que vive el país desde entonces, decenas de miles de personas han salido en busca de una vida más digna. 

La mayor parte —140 000 según datos divulgados por la Patrulla Fronteriza— han tratado de entrar ilegalmente a Estados Unidos por alguna de sus fronteras terrestres entre octubre de 2021 y mayo de 2022. 

El régimen de La Habana ha utilizado esta crisis migratoria para obligar a la administración del presidente demócrata Joe Biden a sentarse a la mesa de negociaciones y dar marcha atrás a algunas de las sanciones más duras impuestas por su antecesor, Donald Trump.

Para entender los intereses en juego entre ambos gobiernos y su impacto en Miami, hablamos con Jorge Duany, director del Instituto de Investigaciones sobre Cuba (CRI, por su siglas en inglés) de la Universidad Internacional de Florida, donde ha investigado durante décadas los flujos migratorios entre Cuba y Estados Unidos y el comportamiento político de la comunidad cubanoamericana del sur de la Florida.  

―¿Es cierto que estamos ante la mayor oleada migratoria de cubanos?  

―El número de 140 000 podría incluir a personas que fueron detenidas más de una vez en Estados Unidos por las autoridades migratorias. Pero más allá de ese tecnicismo, sí: la cantidad de personas registradas en los últimos meses en la frontera entre México y Estados Unidos es la mayor en la historia de la migración cubana. Incluso mayor que el caso del Mariel, cuando migraron 125 000 personas.

―¿Cree que estamos ante una ola migratoria más o menos inducida por las autoridades cubanas, como la del Mariel de 1980? 

―Sí. Desde el Mariel —incluso desde el éxodo de Camarioca, en 1965—, el Gobierno cubano ha utilizado la migración como una especie de válvula de escape y un arma de negociación con Estados Unidos. En esta ocasión está haciendo lo mismo, ahora a través de un acuerdo con el gobierno de Nicaragua, que ha permitido que los cubanos viajen a ese país sin necesidad de visa y continúen su camino hacia Estados Unidos. Así ha forzado a la administración Biden a sentarse a la mesa a negociar, cosa que no ocurrió con Trump.

―La migración es uno de los pocos temas, si no el único, en el que Cuba y Estados Unidos logran sentarse a hablar. ¿Qué obtiene cada parte que sea tan importante?  

―En esta última mesa de negociación los intereses estaban muy claros. Por un lado, Cuba quería que se retomaran las 20 000 visas anuales que Estados Unidos se comprometió a dar a los cubanos. Por otra, Estados Unidos quería que Cuba se comprometiera a recibir a las personas deportadas, algo que no estaba haciendo en los últimos meses. Parece que hay un interés mutuo en promover una migración regular, ordenada y legal, que es lo que no está ocurriendo ahora. La mayoría de los cubanos que están llegando a Estados Unidos no tienen autorización.

―El régimen suele argumentar que desea una migración legal y ordenada. ¿Piensa que esto es cierto?

―Yo creo que en este momento el Gobierno cubano sí está tratando de regularizar la migración. Le conviene “exportar” parte de la disidencia y asegurar que los nuevos migrantes continúen enviando remesas, que evidentemente se han convertido en la principal fuente de ingresos de la Isla. Y a Estados Unidos también le conviene que sea así, sobre todo ahora, que enfrenta un clima de preocupación creciente por la frontera y de hostilidad contra la migración extranjera. 

―¿Por qué es tan importante para Estados Unidos frenar esta ola migratoria de cubanos?

―Estamos viendo un momento de tensiones y divisiones muy fuertes en Estados Unidos con respecto a la migración. El presidente Biden anunció que una de las primeras medidas que tomaría sería la legalización de los 11 millones de indocumentados que viven en el país, junto a una reforma migratoria comprensiva. Eso no ha ocurrido ni parece que vaya a ocurrir, porque no hay los votos suficientes en el Senado.

Hay un grupo importante de opinión pública en Estados Unidos, tanto demócrata como republicana, que no favorece la entrada de migrantes de ningún país, sobre todo de América Latina. Al contrario: apuestan por controlar la frontera y expulsar a los indocumentados. En ese sentido, hoy, la política interna de Estados Unidos gira alrededor del tema migratorio de una manera más intensa que en años anteriores. 

―Históricamente, los cubanos habían sido un colectivo bastante privilegiado por las leyes migratorias estadounidenses. Sin embargo, esta es la primera gran oleada de cubanos que llega a Estados Unidos luego de la derogación de la política de “pies secos, pies mojados”, que permitía que cualquier cubano pudiera ser admitido legalmente en Estados Unidos. ¿En qué situación deja esto a las decenas de miles de cubanos que han arribado ilegalmente al país en los últimos meses?

―La política de “pies secos, pies mojados” permitía que cualquier cubano pudiera ser admitido legalmente en Estados Unidos, un privilegio que no tenía ningún otro grupo de migrantes. El hecho de que eso ya no exista hace que quienes llegan sin documentos la tengan más difícil para quedarse y obtener la residencia o la ciudadanía estadounidenses. 

Al menos en principio, ahora los cubanos son tratados igual de mal que los indocumentados que llegan de Haití, México o República Dominicana. Salvo que demuestren un miedo creíble de ser perseguidos en Cuba y obtengan asilo político, están sujetos a ser deportados de inmediato. Eso no pasaba antes de 2017. No obstante, todavía existe la Ley de Ajuste Cubano, única en su tipo, que permite a cualquier cubano admitido legalmente en Estados Unidos hacerse residente y ciudadano en poco tiempo.

―¿Cree que esta pérdida de privilegios puede influir en las posturas políticas de la comunidad cubanoamericana? 

―A quien más perjudica la eliminación de “pies secos, pies mojados” es a los migrantes recientes y aquellos que todavía están en Cuba tratando de llegar a Estados Unidos, no a los que ya están establecidos aquí. Hasta ahora, esos (los que viven en Estados Unidos) han tenido una reacción ambivalente a los cambios en la política hacia la migración cubana, sobre todo en lo relacionado con la derogación de sus privilegios. Cuando Obama eliminó “pies secos, pies mojados” en 2017, no hubo una reacción masiva en Miami. Fue una apuesta que funcionó. No generó rechazo ni tuvo un impacto electoral importante. Casi todos los políticos cubanoamericanos la apoyaron e incluso Trump la ratificó. Por eso no creo que nadie vaya a moverse ahora para restablecerla. 

―Quizás a consecuencia de esta crisis migratoria, la administración Biden anunció hace semanas una serie de medidas de “apoyo al pueblo cubano” que incluyen más visas a cubanos y más viajes educativos y profesionales a Cuba. Sin embargo, algunos señalan que el demócrata no ha exigido nada a cambio al menos no explícitamente al régimen de Díaz-Canel. ¿Cuál cree usted que es la lógica detrás de este cambio de política respecto a Cuba?

―Los representantes de la Casa Blanca de Biden argumentan que no se trata de negociar una cosa por otra, sino más bien de levantar las restricciones que perjudican de manera más directa al pueblo cubano. Durante su campaña presidencial, Biden hizo una serie de promesas de tipo humanitario: aumentar los viajes a Cuba, eliminar el límite a las remesas, retomar la entrega de 20 000 visas anuales a cubanos, etc. Lo que está haciendo es cumplir con esas promesas. 

Si no lo hizo antes fue por la reacción del Gobierno cubano a las protestas del 11J. Según su propia administración, eso congeló la revisión de la política de Estados Unidos hacia Cuba y elevó el costo político de tomar cualquier medida. Desde entonces, los pasos de Biden respecto a Cuba han sido moderados y cautelosos. En el ínterin, Estados Unidos ha tomado una serie de medidas contra determinadas personalidades e instituciones cubanas dedicadas a reprimir a la disidencia, algo que ha continuado haciendo en protesta por el comportamiento del Gobierno cubano tras el 11J. 

―¿Contempla Biden alguna otra medida en respuesta a la represión del 11J?

―Se sigue hablando de cómo restaurar el internet en Cuba, en caso de que fuera bloqueado por el Gobierno cubano, como ocurrió después del 11 de julio. En este momento hay varias propuestas en el Congreso con este fin. No queda muy claro exactamente cómo lograrlo, pero es una de las preocupaciones que han surgido a raíz del 11 de julio para proteger el derecho de información y los derechos humanos en Cuba. 

―Entre las medidas de “apoyo al pueblo cubano” aprobadas recientemente, Biden eliminó el tope de 1 000 USD trimestrales en concepto de remesas a Cuba. Sin embargo, no ha presentado ninguna alternativa concreta para evitar que estas sean gestionadas por empresas como Fincimex u Orbit, pertenecientes al conglomerado militar GAESA, incluido en la lista de entidades restringidas al comercio con Estados Unidos. Entonces, ¿cuál es la situación real de las remesas de Estados Unidos a Cuba? 

―Hasta este momento, mientras no haya cambios oficiales en la regulaciones, todavía están prohibidas las remesas a través de Fincimex u otras entidades controladas por el conglomerado militar en la Isla. 

A mí se me hace muy difícil imaginar cómo Estados Unidos podría lograr que las remesas lleguen al bolsillo del ciudadano cubano de a pie. En un país donde incluso las tiendas están monopolizadas por el Gobierno, especialmente por la rama militar, es muy difícil que el dinero no llegue de una u otra forma a las arcas del Estado. Por eso, para mí la cuestión importante es cómo maximizar las comisiones por transferencia a favor de quienes reciben las remesas. Pero hasta el momento no está claro qué mecanismo aseguraría ese proceso.   

―¿Cree que estas medidas aprobadas por la administración Biden están surtiendo algún efecto en el comportamiento del régimen?

―Francamente, hay poca evidencia de que el Gobierno cubano esté siendo más democrático o que permita un mayor participación de la sociedad civil. Todo lo contrario. Más bien, parecería que en el último año ha recrudecido su control sobre todas las áreas de la sociedad cubana y no ha permitido ningún avance en materia de derechos humanos. 

―¿Cree que Biden dará a conocer nuevas medidas de acercamiento en los próximos meses?

―En este momento estamos en un punto intermedio donde parece que Biden está calibrando qué paso dar. Ahora, con las elecciones de medio término en el horizonte, no creo que haya un cambio drástico en su política hacia Cuba. Después sí, en dependencia de los resultados. Pero hasta entonces no creo que haya nuevos anuncios dramáticos, ni de acercamiento ni de aislamiento.  

―Si uno mira los últimos tres períodos presidenciales, los principales movimientos de la Casa Blanca respecto a Cuba parecen estar condicionados por la elecciones de medio término del Senado y la Cámara de Representantes, y el inicio de la siguiente campaña presidencial. ¿Es Cuba importante para la política interna de Estados Unidos? 

―Cuba no es un asunto prioritario para la política nacional de Estados Unidos, salvo en momentos como el 11 de julio, cuando hay una atención mediática importante en torno al país. Sin embargo, cada vez que hay elecciones de medio término o nacionales, se toma muy en cuenta el voto de los cubanoamericanos. Si bien estos no representan más del 1% de la población de Estados Unidos, el hecho de que se concentren tan abrumadoramente en Miami y el sur de Florida, donde tienen un peso electoral fuerte, les da una importancia excepcional en el cuadro general de las elecciones. 

―En ese sentido, ¿cuán importante es para Biden el tema cubano de cara a las próximas elecciones de medio término de noviembre?

―Es importante por la posibilidad de que los cubanoamericanos voten en contra de los candidatos demócratas. No hay que olvidar que hoy en día la comunidad vota mayormente por el Partido Republicano. Cualquier gestión del gobierno de Biden que se perciba como una suavización de las sanciones contra Cuba pudiera tener un costo político. Los cubanoamericanos podrían castigar a la administración Biden por intentar regresar a la etapa de Obama. 

―¿Por qué sería el regreso a la política de Obama algo a castigar por parte de la comunidad cubanoamericana? 

―Yo creo que hay un escepticismo compartido ampliamente en Miami sobre el período de deshielo de Obama. Muchas personas creen que ese acercamiento no tuvo resultados concretos porque el Gobierno cubano no hizo ninguna concesión. Otros dirían que la elección de Trump y el posterior establecimiento en Cuba del gobierno de Díaz-Canel, que se define por la continuidad, hicieron que ese acercamiento durara muy poco y que, por tanto, las medidas de Obama no surtieran el efecto deseado. Y aun otros dirían que ni el recrudecimiento de las políticas contra Cuba ni tampoco ese breve periodo de ilusión han funcionado. 

El caso es que, desde que ocurrió ese acercamiento con Obama, en Cuba no ha cambiado prácticamente nada. Por eso hay esa sensación de que, sin importar cuál sea el giro de la política de Estados Unidos hacia Cuba, acercarse o distanciarse, el país sigue estando en uno de sus peores momentos económicos y políticos desde hace mucho tiempo.

―¿Cree que Biden contempla regresar a la política de engagement iniciada por Obama?

―El principal asesor para América Latina, Juan González, ha dicho en varias ocasiones que Biden no es Obama. Con eso quiere decir que no hay que esperar que el presidente llegue tan lejos en su acercamiento con Cuba. La tendencia dentro de su administración es a restablecer todo lo posible una relación “normal” con la Isla, pero los hechos y las presiones políticas internas parecen conspirar en su contra. Ni siquiera se ha llegado al punto de revisar la inclusión de Cuba en la lista de países que apoyan el terrorismo, un legado de la administración Trump. 

―Eso también dejaría fuera la revisión de temas más grandes, como el embargo.  

―En efecto. Es muy difícil que en este momento se discutan temas como el embargo, la base naval de Guantánamo o la Ley de Ajuste Cubano. Eso va a quedar en el tintero a menos que el Gobierno cubano inicie una reforma sustancial de su sistema político, algo muy difícil.  

―¿Cuánto peso tiene el criterio de la comunidad cubanoamericana en la conformación de la política estadounidense hacia Cuba? 

―La idea de que los cubanos en Miami determinan la política de Estados Unidos hacia Cuba es un poco exagerada. Quizás se basa en la experiencia de la Fundación Nacional Cubanoamericana, que en los años 80 y 90, bajo la presidencia de Jorge Mas Canosa, tenía una gran influencia sobre las administraciones Reagan y Bush (padre). Pero actualmente no hay ningún grupo de la comunidad cubanoamericana que tenga el peso ni los recursos que tuvo la Fundación en su momento. 

Existen algunos grupos que hacen sentir la opinión de distintos sectores de la comunidad en Washington, pero son pequeños y están divididos. Unos, como el Cuba Study Group, están a favor del entendimiento y el engagement, mientras otros, como el Center for a Free Cuba, insisten en no hacer ninguna concesión al Gobierno de Cuba. 

―¿Entonces es la política de Washington la que influye sobre el sentir de la comunidad cubana en Miami?

―Yo creo que hay una influencia mutua. La comunidad cubanoamericana, que está muy bien organizada, tiene cierto poder político y una representación electoral importante a niveles estatal y federal, usualmente se hace sentir sobre las medidas de la Casa Blanca. Pero también hay una influencia de la política de Washington, y especialmente del presidente de turno, en la manera de pensar y de actuar de los cubanos en Miami. 

Por ejemplo, en 2016, una encuesta de la Florida International University mostró que la mayoría de la comunidad apoyaba el restablecimiento de relaciones diplomáticas con Cuba iniciado por Obama. También, por primera vez, había un apoyo mayoritario a levantar el embargo. Sin embargo, varios años después, en 2020, la mayoría de los cubanoamericanos apoyaba las políticas duras de Trump. Es decir: en cierta medida, los cubanos de Miami siguen la línea dominante trazada desde Washington. 

―En Estados Unidos se ha hablado mucho de la radicalización creciente de la derecha y el Partido Republicano. ¿Le parece que la comunidad cubanoamericana ha tenido un papel relevante en este sentido?

―Aparentemente hay una sintonía de posturas. La encuesta de noviembre de 2020 de la Florida International University mostró un apoyo abrumador de parte de la comunidad cubanoamericana hacia Trump respecto al manejo de la economía, la salud, las relaciones con China y otros temas. 

En el caso de Cuba, las medidas del expresidente tuvieron un apoyo significativo, sobre todo de aquella parte más conservadora de la comunidad que llegó a Estados Unidos en los años 60 y 70, que generalmente votan a favor del Partido Republicano. No así otras oleadas migratorias más recientes, que apuestan por mantener contacto con sus familiares, enviarles ayuda, viajar cada cierto tiempo a Cuba, etc.

―¿Cuánta repercusión ha tenido el 11J en la comunidad cubanoamericana de Miami? 

―Los eventos del 11 de julio tuvieron una repercusión muy seria aquí en Miami y en otras partes del mundo donde hay comunidades de la diáspora. Ha habido un resurgimiento de la militancia y de expresiones públicas de solidaridad con las protestas en Cuba que no se habían visto en mucho tiempo. Y a pesar de que ha pasado un año, todavía hay un grado de movilización importante en las comunidades cubanas de Miami, sobre todo entre la juventud, que ha expresado activamente su inconformidad con las recientes decisiones del Gobierno de la Isla de no dejar regresar al país a algunos líderes de la sociedad civil. 

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