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Ser inválido es una condición que desean hoy muchos cubanos

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LA HABANA, Cuba.- Padecer de algún tipo de discapacidad, bien sea motora, visual o auditiva, siempre ha sido lacerante para cualquier persona que tenga que soportar de por vida semejante fastidio. Y no solo para el afectado, sino también para la familia, que debe observar con resignación las limitaciones que se interponen en el camino de cualquiera de sus seres queridos que presenten alguno de esos impedimentos.

Sin embargo, en este ambiente irracional que vivimos en Cuba, que se antoja hasta surrealista, tener una persona inválida en la familia puede proporcionar más ventajas que sufrimientos o contratiempos. Ello es así debido a que las personas discapacitadas —o impedidas, como también se les llama— tienen preferencia para entrar en las tiendas de este país, y así evitarse las colas infrahumanas, de horas y horas, que realizan el resto de los ciudadanos para adquirir un paquete de pollo, dos o tres paquetes de picadillo, o dos paquetes de perros calientes, o un pomo de aceite.

Se trata de una especie de salvoconducto salvador, que comienza cuando el discapacitado —o el que pretende clasificar como tal— gestiona su carné ante la organización que le corresponde según su discapacidad. Carné sin el cual el responsable de la cola no le permitirá el acceso a la tienda. Esas organizaciones son la Asociación Nacional de Sordos de Cuba (ANSOC), la Asociación Nacional del Ciego (ANCI), y la Asociación Cubana de Limitados Físico-Motores (ACLIFIM).

Y en este punto radica una de las mayores controversias que se suscitan en torno a estas asociaciones, cuando personas que no clasifican para pertenecer a ellas, sobre todo ancianos que poseen achaques propios de la edad, pero no discapacidades físicas, insisten en la obtención del carné que los salve de la matazón de las colas.

Por ejemplo, el presidente de la ACLIFIM en el municipio habanero de Playa, en declaraciones al periódico Tribuna de La Habana, apuntó que “todos los días, y a cualquier hora, vienen personas enviadas por médicos, funcionarios de la ONAT, del banco, de las farmacias…, también por los organizadores de colas en las tiendas, para que les tramitemos el carné de asociado”. Y eso, según el funcionario, no es posible.

Asimismo, abundan las personas que acopian certificados médicos con las más disímiles patologías, con vistas a presentarlos en la ACLIFIM para la obtención del carné de impedido, o que llevan directamente esos certificados a las colas con la esperanza de que se compadezcan de ellos y les permitan el acceso priorizado a la tienda.

No hace mucho caminábamos por una calle habanera y nos topamos con una tienda a la que había acabado de llegar el pollo, y ya empezaba a formarse una cola gigantesca. Una señora sacó su celular y le expresó a su destinataria: “Fulanita, llegó el pollo. Dile a fulanito que venga cuanto antes, y que no se olvide de traer el papel que le dieron en Mazorra”. Es decir, acreditar su condición de perturbado mental pata tratar de evadir la cola.

De acuerdo con la dirección de ACLIFIM, solo en la provincia de La Habana, algo más de 11 680 personas cuentan con el carné de esa asociación. Y en lo que va de este año 2022, un total de 460 aspirantes ya poseen el carné que los acredita como inválidos o impedidos físicos.

No dudamos de que, con la corrupción que palpamos en la sociedad cubana, la bolsa negra ofrezca en un futuro inmediato, a precios astronómicos, carnés de asociados a la ACLIFIM, la ANCI y la ANSOC.

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