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Cuba inicia la semana con la segunda peor inflación del mundo

Cuba, dólar

MIAMI, Estados Unidos. — Cuba se ubicó como el país con la segunda mayor inflación del mundo, según una lista divulgada este domingo por Steve Hanke, experto profesor de Economía Aplicada en la Universidad Johns Hopkins (Estados Unidos).

“El colapso económico no conoce límites en el paraíso comunista de Cuba (…) ocupa el segundo lugar en el resumen de inflación de esta semana”, indicó el experto en su cuenta de Twitter.

En la lista compartida por Hanke, la isla caribeña exhibía un 135% de inflación, solo superada por Zimbabwe (África), con 479%.

Completan la lista de los diez países con mayor inflación Turquía (132%), Sri Lanka (104%), Líbano (89%), Ghana (77%), Argentina (75%), Laos (72%), Venezuela (67%) y Ucrania (66%).

(Screenshot/Twitter)

La tasa de inflación anual divulgada por Hanke no fue elaborada con información oficial, sino midiendo el poder adquisitivo (PPP) actual de los cubanos en función de datos vinculados al intercambio comercial y las tasas cambiarias del mercado informal en la Isla.

La pasada semana, el régimen castrista reanudó la compra bancaria de dólares a una nueva tasa cambiaria (1×120), hecho que provocó un aumento del precio de la divisa en el mercado informal (1×135).

Directivos del Banco Central de Cuba (BCC) calificaron la compra oficial de divisas como “un primer paso de lo que será un mercado cambiario, ahora inexistente”.

Según las autoridades de la Isla, uno de los objetivos es captar los flujos de divisas que circulan a través de canales informales y, parte de ese dinero, destinarlo a necesidades productivas”.

Por su parte, el economista cubano Elías Amor aseguró recientemente que el nuevo tipo de cambio establecido por el régimen cubano para la compra de divisas estaba encaminado a “acabar con el mercado informal cambiario”, a su entender “uno de los pocos espacios de libertad económica y eficiencia en la economía cubana”.

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Ni la fe religiosa escapa a la inflación en Cuba

Cuba, Religión, Fe, Inflación

VILLA CLARA, Cuba. — Cuando termina cada consulta, Jorge Martínez, un santero residente en el Condado de Santa Clara, aclara a sus ahijados que le den lo que puedan. Tiene 85 años, una jubilación irrisoria y padece de una enfermedad en la próstata que lo ha limitado para ejercer la santería a mayores escalas. Jorge tiene coronado Shangó desde hace más de treinta años y la adivinación con los caracoles le ayuda a “estirar el mes”, aunque lo hace más por fe que para resolverse la vida.

Ajeno a las tarifas actuales de la religión yoruba en la ciudad, desconoce que el precio de cada consulta oscila entre los 150 y 200 pesos. Antes del ordenamiento monetario, los santeros solían cobrar entre 10 o 15 pesos, pero la lógica indica que, si suben los salarios y el costo de un plato de comida, también deberán ascender los “beneficios espirituales”.

La práctica de la Regla de Ocha, aunque se cobra mediante el llamado derecho, no funciona como una actividad por cuenta propia aprobada en la Isla y puede que jamás lo sea, por razones obvias. “Imagínate a un santero pagando la ONAT o haciendo cola para sacar una licencia”, apunta Jorge, escandalizado por los 350 pesos que cuesta un racimo de plátanos, ofrenda que usualmente suele entregársele a su santo cabecero.

La nueva Constitución contempla en su artículo 15 que “el Estado reconoce, respeta y garantiza la libertad religiosa” y agrega en el apartado 57 que “toda persona tiene derecho a profesar o no creencias religiosas, a cambiarlas y a practicar la religión de su preferencia, con el debido respeto a las demás y de conformidad con la ley”.

Esta última sentencia da al traste con una etapa bastante oscura que se vivió en el país, cuando las prácticas religiosas debieron permanecer en el ostracismo y que se sancionaba el mero hecho de vestirse de blanco y realizar ceremonias o rituales hasta en las propias viviendas. Aún hoy, la comunidad santera del país resulta entre las más vulnerables, a pesar de que, últimamente, se les ha visto a varios dirigentes cubanos en cierto coqueteo con la fe yoruba.

Otro santero de Villa Clara que se presenta mediante su nombre de Ocha, Olufandei (nombre de hijo de Obbatalá), advierte que el precio actual para coronarse el santo ronda por los 115 000 pesos, incluyendo el costo de los animales y la parafernalia. “La religión está bastante caliente. Nada más el piso de un santo está entre los 18 000 y los 25 000 pesos”, agrega.

Por lo general, las personas suelen coronarse el santo en casa de su padrino o madrina, por lo cual debe pagarse un monto bastante considerable: “El derecho de suelo es el dinero limpio que se le da al padrino como pago por la consagración. Es un dinero que se divide entre todas las partes involucradas en el santo: oyugbona, oba oriaté, santeros levantados hasta los hierberos, desollador de animales, botadores de ebbós y cocineros”. Pudiera afirmarse, entonces, que la práctica religiosa también es proveedora de fuentes de empleos.

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(Foto de la autora)

A pesar de la cantidad de dinero que supone cualquier ceremonia de la Regla de Ocha, varios santeros confirman que ha crecido el número de iniciados en los últimos dos años. “La propia incertidumbre y vulnerabilidad que dejó la pandemia ha condicionado que muchas personas busquen refugio en la Regla de Ocha. El pensamiento generalizado es que, como han subido tanto los precios de todo, es mejor sacrificarse ahora que esperar a cuando todo se ponga peor”.

Regla de Ocha: también “mantenida” desde el exterior

Miami resulta la fuente de abasto más importante para la parafernalia de santería. Las cuentas, caracoles y ashés de santos son importadas desde otros países por “mulas”, enviadas mediante agencias de paqueterías o traídas a la Isla por personas que vienen a visitar a sus familiares.

Una bolsa de dos kilogramos de cauries (caracoles de consulta) se vende en Estados Unidos a 15 dólares. La misma puede contener hasta 1 000 caracoles, divididos por 18, que son las manos usadas en la religión, y que se venden cada una a 300 pesos en la Isla, darían una ganancia neta de 3 000 pesos por cada 100 caracoles, teniendo en cuenta el cambio informal de la divisa.

Rodolfo Herrera, propietario de la tienda Los Meyi, situada en Centro Habana, promociona también sus artículos mediante el grupo Artículos Religiosos Habana. Por ejemplo, una muñeca vestida de gitana cuesta en esta tienda 7 000 pesos. Las telas para vestir figuras que adquieren determinado simbolismo en la Regla de Ocha y el espiritismo solamente pueden ser adquiridas en los establecimientos por MLC, generalmente se utiliza el satín, de ahí que su costo se haya disparado en el último año.

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(Fotos: Screenshot/Cortesía de la autora)

“No se ha encarecido solamente la religión. Después del cambio monetario todo se puso más caro”, confirma el joven. “Aquí en La Habana funciona de otra manera: nosotros compramos al por mayor los productos en otras casas religiosas que se dedican a producir esos efectos. Estas mismas se las venden a la gente de otras provincias. Por ejemplo, yo mismo he estado comprando y han llegado personas de Guantánamo que han hecho pedidos con antelación y ellos se los separan para que no se embarquen”.

En otras publicaciones del mismo grupo se ofrece un cuarto de santo para Oshún con sus soperas y demás accesorios importados cuyo costo total es de 11 500 pesos. Mientras un collar cabecero puede valer más de 1 000 pesos, los paquetes de cuentas son comercializados al por mayor a 350, una oferta que suelen aprovechar los propietarios de tiendas religiosas hacia el interior del país. Un paquete de 600 cuentas de colores encargado por Amazon en Miami no supera los siete dólares estadounidenses.

Cuba, Religión, Fe, Inflación
(Foto de la autora)

Ashé por MLC

“Las importaciones de artículos religiosos son un negocio redondo”, apunta Lázaro Leyva, otro habanero contactado vía Messenger que promociona sus artículos en el mismo grupo. “Con lo que vendo me da y me sobra para el pasaje de ida y vuelta”. Además de las cuentas, Lázaro trae consigo pacas de la llamada “canastilla de Iyawó”, que incluye la ropa, zapatos, sombrillas y lencería de color blanco usada durante el año de consagración, las cuales vende en MLC o su equivalente en moneda nacional.

Reportes de personas que practican las religiones afrocubanas en La Habana confirman que muchos de los llamados animaleros ya ofertan gallinas, pollos, gallos, chivos y palomas en Moneda Libremente Convertible hasta con entrega a domicilio. Esta modalidad aún no ha llegado hacia otra provincias centrales y orientales.

“Como todo en este país, la religión también puede convertirse en un negocio”, confirma Leydi del Valle, una santiaguera radicada en La Habana que se dedica a proveer tiendas religiosas de todo el país, sobre todo con barras de cacao traídas por cantidad desde Baracoa.

(Foto de la autora)

“Muchas casas prefieren hacerles santos o entregárselos a extranjeros y a cubanoamericanos porque el cobro es en dólares, y casi nunca se tiene en cuenta el cambio del mercado negro. Los precios para ellos son diferenciados porque generalmente están apurados por resolver su situación”.

Santeros encuestados para este reportaje también revelan el interés de muchos ahijados y recién iniciados en la fe afrocubana en recibir determinados orishas y resguardos que les permita abrirse los caminos para emigrar hacia otras latitudes. Esta resulta una de las peticiones más frecuentes de los últimos meses.

“La mayoría de la gente que viene a Cuba a resolver sus problemas es porque sus padrinos están aquí”, continúa Leydi, coronada con Eleggua, el orisha que representa la facilidad para los negocios. “En muchos países te meten una multa si sacrificas animales. También es una forma de ayudar económicamente a sus padres religiosos porque los hay con mucho dinero, pero otros se están comiendo tremendo cable. Todo se ha puesto tan caro, que resuelves tu vida ni con un saco de fe”.

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Inflación en Cuba: un círculo vicioso

Cuba, Mercado agropecuario

MADRID, España. — En política económica es fundamental acertar con objetivos e instrumentos. El último dato de inflación en la economía cubana, correspondiente al pasado mes de febrero, un 23,03% en tasa interanual, ha sido una grata sorpresa comparado con el registro de final de año, que fue un 77,3%. En dos meses la tasa de inflación se ha reducido en más de 50 puntos porcentuales, alejándose de los niveles de espiral que había alcanzado en 2021 como consecuencia de los efectos devastadores de la Tarea Ordenamiento.

El ministro de economía del régimen, Alejandro Gil Fernández, no aludió a ello en la última reunión del Consejo de Ministros, probablemente porque no quiere lanzar campanas al vuelo. Sabe que con el cambio en el entorno internacional provocado por la guerra de Rusia en Ucrania, las tensiones inflacionistas volverán a golpear a la debilitada economía cubana.

El funcionario no habló de una cierta recuperación de la economía no exenta de “tensiones”. A tenor de los datos ofrecidos, no es posible confiar en perspectivas positivas para el crecimiento del Producto Interno Bruto (PIB). Lo más probable es que la economía cubana experimente, como el resto del mundo, una progresiva ralentización de la actividad por los efectos adversos de una coyuntura internacional que condicionará el crecimiento en los próximos meses.

Dicho en otras palabras: la tasa de crecimiento del PIB del 4% para 2022 en la que se basa el plan de la economía no se va a poder alcanzar y, una vez más, los restantes indicadores que se vinculan a este, tampoco. Las proyecciones volverán a fracasar y esa inercia de los dirigentes y el rechazo a realizar nuevas estimaciones del crecimiento más ajustadas a la realidad les hacen perder credibilidad y confianza.

Lo cierto es que todavía estamos a la espera de los datos del cuarto trimestre, que pueden condicionar el resultado del conjunto del año, pero es evidente que el turismo no funcionó, los motores internos de la economía están apagados, y tan solo se ha observado, a juzgar por lo dicho por el ministro, una cierta mejoría en las exportaciones clásicas (alcohol, tabaco, níquel) que no superan el 20% de un año normal.

En nuestro cálculo, el cuarto trimestre no habrá sido suficiente, en términos de crecimiento, para contrarrestar los resultados negativos de los tres primeros. Lo más probable es que la economía cierre el año cerca de la recesión. El segundo semestre dirá qué ha ocurrido, pero no hay un solo indicador de la economía cubana que anticipe alguna mejora. Los dirigentes deberían ir trabajando en revisar las previsiones antes de que la economía vuelva a entrar en un círculo vicioso del que no podrá salir si no se activan reformas estructurales de gran calado.

Y así, tras un ejercicio de responsabilidad, habrá que volver al principio. Y ese tiene que ver con el aumento de los precios, un 23,03% en febrero es una tasa elevada, pero en descenso con respecto a la registrada en diciembre. No sería bueno que esa tasa volviera a aumentar, e incluso, que se mantuviera a ese nivel durante 2022. Todas las previsiones de la economía mundial para los próximos meses indican que el escenario vendrá dominado por tensiones inflacionistas que van a golpear a todos los países en función de su grado de apertura. La economía cubana, muy abierta al exterior, puede verse afectada por lo que viene. Para ello hay que prepararse para evitar que la inflación vuelva a reducir el poder adquisitivo de la población y acabar por hundir el valor del peso en los mercados informales.

No son malos presagios, es un ejercicio de realismo y una llamada de atención a los dirigentes para que se acerquen a la realidad práctica de la economía. Los dirigentes comunistas a buen seguro no elevarán los salarios de los cubanos para afrontar los excesos de la inflación. Es lo que ocurre en los países donde la izquierda gobierna. Los trabajadores se resignan a reclamar aumentos salariales, pero esa moderación de salarios en Cuba tiene muy poco que ver con el aumento desmedido de salarios al comienzo de la Tarea Ordenamiento, que provocó la insolvencia de más de 500 empresas estatales.

Ya es conocido que las decisiones económicas en Cuba tienen poco que ver con la racionalidad económica. Dicho de otro modo: si las autoridades cambian la perspectiva y deciden aumentar los salarios y los costes de las empresas para compensar la inflación, lo que van a conseguir es una espiral de precios que puede acabar arrastrando a la economía cubana a un callejón sin salida. Los analistas lo tienen claro: si el entorno de la economía mundial es incierto, lo que pueda ocurrir en Cuba es mayor aún.

Menos crecimiento económico y una inflación elevada a niveles históricos obligan a los dirigentes comunistas cubanos a poner en marcha, de forma urgente, una política económica dirigida a controlar la inflación huyendo de las prácticas habituales de precios topados, controlados y centralizados, que acaban provocando un daño mayor en términos de abastecimiento de la oferta.

La economía cubana tiene por delante una ecuación en la que se combinan la crisis energética, los problemas de suministros y de fletes marítimos, de precios de las materias primas y de falta de divisas para asumir los compromisos internacionales de deuda. Al mismo tiempo, un déficit que impide al sector público ir más allá. Y un sector privado que no acaba de despuntar, porque el régimen comunista lo impide. Luego dirán que la culpa es del bloqueo y embargo, pero los cubanos ya saben que no es así. Otro 11 J es posible.

ARTÍCULO DE OPINIÓN
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Cuba es el país con la economía más miserable del mundo, revela informe

CEPAL Cuba bloqueo dictadura

MIAMI, Estados Unidos.- Cuba es el país con la economía más miserable del mundo, según un índice elaborado por el economista Steve Hanke, profesor de la Universidad Johns Hopkins de los Estados Unidos.

Los resultados del informe, que tiene como principal objetivo ayudar a determinar cómo le está yendo económicamente al ciudadano promedio de cada país, se dieron a partir de sumar las tasas de inflación, de desempleo y de interés nominal, -considerados como factores “malos”-, y restar la tasa de crecimiento del PBI por habitante -considerada como factor “bueno”-.

Steve Hanke estudió 156 países, y en las 10 primeras posiciones se encuentran, además de Cuba como el más miserable del mundo, tres naciones más del continente americano: Venezuela, en segundo lugar, Argentina, en el sexto, y Brasil en el noveno.

La isla, “con una caída dramática en comparación con el HAMI del año pasado, ahora tiene el título sin gloria del país más miserable de 2021 (…)”, dice Hanke en sus apuntes.

El puntaje de Cuba “fue impulsado por una inflación anual vertiginosa de 1221,8 por ciento. Ese nivel de inflación no fue sorprendente, dada la devaluación del peso en Cuba en un 95 por ciento durante 2021. Las devaluaciones de la moneda conducen a un aumento de las tasas de inflación. De hecho, luego de una devaluación, la inflación aumentará y también lo harán los costos de producción de bienes y servicios, incluidas las exportaciones, en el país que ha devaluado su moneda”.

Asimismo, el economista agregó que “la inflación robará cualquiera de los posibles beneficios competitivos a corto plazo que podrían acompañar inicialmente a la devaluación. Esto es exactamente lo que sucedió en Cuba. Por supuesto, no es tan miserable en Cuba si eres favorecido por el partido y recibes un préstamo, que tendrá una tasa de interés real negativa de aproximadamente 1219 por ciento”.

De acuerdo a Hanke, en Cuba podría resolverse la crisis inflacionaria fácilmente “instalando una caja de conversión para una Cuba orientada al mercado. Una caja de conversión emite billetes y monedas convertibles a pedido en una moneda ancla extranjera a una tasa de cambio fija. Está obligado a mantener reservas en moneda ancla equivalentes al 100 por ciento de sus pasivos monetarios. La moneda de una caja de conversión es un clon de su moneda ancla. Las cajas de conversión han existido en unos 70 países. Ninguno ha fallado”, señaló.

Hanke asegura que “la condición humana se encuentra en un amplio espectro entre “miserable” y “feliz”, y en la esfera económica la miseria tiende a fluir de la alta inflación, los elevados costos de endeudamiento y el desempleo”. Por lo que “la forma más segura de mitigar esa miseria es a través del crecimiento económico”.

Los primeros 10 países con las economías más miserables del mundo:

  • Cuba
  • Venezuela
  • Sudán
  • Líbano
  • Zimbawe
  • Argentina
  • Surinam
  • Angola
  • Brasil
  • Irán

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Mercado o Estado: ¿Cómo acabar con la inflación en Cuba?

Cuba, Mercado, Inflación

MADRID, España. — El programa Mesa Redonda de la Televisión Cubana suele atraer a dirigentes del país, sobre todo del área económica, que vienen a exponer sus ideas sin que nadie pregunte o cuestione lo que hacen. El lunes pasado hubo una edición en la que intervino la señora Meisi Bolaños, ministra de finanzas y precios, y desde el primer momento se puso a hablar de la inflación, confirmando que este es uno de los problemas que quita el sueño a los dirigentes comunistas. En este sentido, la funcionaria dijo que “los precios tienen un impacto objetivo en la población, sobre todo en poder adquirir determinados bienes y servicios que son imprescindibles en el desarrollo de la vida en común y en la realización del proyecto de vida”. Para añadir que, en todo caso, “la inflación no es un fenómeno exclusivo de Cuba, sino que está presente incluso en los países del primer mundo”.

Acto seguido, la ministra suscribió la tesis de Alejandro Gil Fernández, que califica la inflación de Cuba como de oferta, y dijo que “tiene su origen en el déficit de oferta, porque el producto no está a la mano y entonces se producen fenómenos de incremento de precios ante la necesidad de adquirir estos productos”. Y señaló que hay dos causas que inciden en el incremento de los precios.

En primer lugar, el ordenamiento monetario en el país, en 2021, lo que “llevó a ajustes, existió un proceso de devaluación del peso cubano, lo que supuso por diseño un incremento de los precios”. E insistió en la cuestión, reconociendo que “se trataba de una inflación diseñada que se compensaba con un incremento en los salarios y en los ingresos”, para añadir que “dentro de sus objetivos, es una medida que incentivaba la producción nacional”. Este concepto de “inflación diseñada” pasará a la historia como uno de los despropósitos más curiosos del régimen castrista. La inflación tiene bien poco de diseño.

En segundo lugar, la ministra dijo que “desde el pasado año existe un proceso de incremento de los precios debido al incremento de los costos de las materias primas, insumos y los productos terminados de importación”, y añadió el elemento diferencial que explica el auge de la inflación en Cuba, “entre estos productos de importación están los alimenticios, que forman parte de la canasta familiar normada. El arroz, insuficiente y limitado, pero que recibimos todos los meses; los frijoles, el aceite”.

En este punto, Bolaños afirmó que “la crisis económica mundial y la COVID-19 han incidido en el proceso de adquisición de insumos, materias primas y productos terminados a lo que se añaden las difíciles y complejas condiciones en que Cuba tiene que salir al mercado internacional”, refiriéndose en este punto al “recrudecimiento del bloqueo económico, comercial y financiero y el efecto de las medidas coercitivas aplicadas por Estados Unidos”, que por lo general acaba siendo la justificación de todos los males.

A resultas, la ministra señaló que “el incremento real de los costos incide en la formación de los nuevos precios, lo que tiene un impacto en el sector productivo y de servicios. En concreto, el incremento de los costos en el mercado internacional ha llevado a que el combustible esté creciendo en el entorno del 30%, con un incremento del precio del barril a más de 90 dólares. También los precios del arroz y los frijoles se han incrementado, a lo cual hay que sumar el valor de los fletes, que en ocasiones se ha triplicado”. Y añadió al respecto: “así nos pasa con el aceite crudo, el refino, con la soya, el trigo… A veces se plantea que hay una inflación, que se ha venido acrecentando, ante la cual no hay intervención del Estado” para acabar preguntándose ¿cuándo intervendrá el Gobierno? ¿Qué medidas va a adoptar para contener los precios?

Ante esas preguntas que, según la ministra, se plantea la población, justificó que “a pesar de la difícil situación con la que opera la economía y de la escasez de divisas, el Estado ha intervenido en el control de los precios, centralizando los precios de tarifas y servicios más sensibles en la vida cotidiana de la población, como la electricidad, agua, gas, telecomunicaciones y transporte público”. Y ello se ha realizado, aunque fuera contrario al diseño de la Tarea Ordenamiento. En dicho sentido, vino a decir que “el precio del petróleo utilizado en el plan fue el de los años 2019 y 2020, cuando osciló entre 53 y 62 pesos el barril. Hoy el barril cuesta 92 pesos; sin embargo, las tarifas de electricidad que entraron en vigor tras el ordenamiento monetario se han mantenido”.

Por ello, explicó que “ha habido medidas de contención para que esa capacidad de compra de la población no se vea más deteriorada de lo que ya produce el incremento de los costos y el propio diseño de la Tarea Ordenamiento”. “¿Cuál es el mecanismo de contención?”, se preguntó la ministra, e indicó que “no se trata de correr hacia la economía ese incremento del precio del combustible, sino de que el Estado asuma la diferencia entre el costo real y el precio de la tarifa eléctrica. El presupuesto estatal destinó 21 523 millones de pesos a subsidiar el servicio de electricidad”. Más gasto y déficit.

En este punto señaló que “podríamos decir que no hay intervención del Gobierno si se trasladara el precio real del combustible –como ha pasado en países europeos–, con lo cual sube el precio de la electricidad. Y entonces tendríamos menos déficit. Pero no es el objetivo en nuestro país. Nuestro objetivo es, tomando en cuenta las condiciones circunstanciales en las que estamos por el enfrentamiento a la pandemia, seguir apostando por un socialismo próspero y sostenible. Pero eso tiene un costo dentro del déficit fiscal”. Y vuelta a empezar.

Un año después, los productos y servicios subsidiados van en aumento, en vez de reducirse como pretendía la Tarea Ordenamiento. En el caso del agua, la ministra recordó que se están desarrollando importantes inversiones para seguir avanzando en la infraestructura hidráulica del país, y mencionó la construcción de los trasvases y el mantenimiento de las termoeléctricas. También la mayor parte de los medicamentos recibe el respaldo del presupuesto estatal. Y aun cuando los costos de las materias primas se han incrementado, “no se ha subido el precio de los medicamentos. Entonces, sí hay intervención del Gobierno en el sentido de preservar un grupo de servicios básicos”.

No obstante, en este punto justificó la necesidad de reconocer el costo real de los productos y servicios en la formación de los precios y señaló al respecto: “de lo contrario, no vamos a tener sostenibilidad en la economía. Pero lo tenemos que hacer con racionalidad, y aquí también está la intervención del gobierno, la fiscalización de las instituciones estatales y el papel del control popular”.

El último tramo del programa fue dedicado por la señora Bolaños al análisis del precio de la papa, producto que se encuentra actualmente en la etapa de cosecha, sin que aparezca por los puntos de venta y si lo hace, con precios muy elevados. Para explicar la cuestión, señaló que el año pasado “cuando empieza la Tarea Ordenamiento, la papa cosechada no tenía los costos de esa medida, porque no se había sembrado con los costos de una devaluación del peso. Por tanto, el precio solo subió a tres pesos por los propios costos de la cosecha y de la refrigeración, pero el costo de cultivo no tuvo el impacto de la devaluación”. Fue superior. Se perdió dinero.

Y añadió a continuación: “la papa que se comercializará este año ya tiene incorporados los costos propios del escenario de devaluación y del incremento de los productos importados. Para la formación del precio de Acopio, se tuvo en cuenta la opinión de los productores. El incremento ha sido lo más racional posible”, al tiempo que reconoció que era imposible mantener el mismo precio, porque entonces no se estimularía la producción de papa.

El precio debía subir, lo que ocurrió. Al respecto, dijo que desde el pasado año el presupuesto estatal “asume un financiamiento para lograr el mantenimiento y la conservación de la papa en los frigoríficos, medida que no se está en condiciones de seguir manteniendo porque hay otras prioridades relacionadas con programas sociales”. La ministra señaló que ya no hay un subsidio directo para cubrir esos costes de refrigeración, pero “sí hay una racionalidad, porque se liberó del pago de impuesto la comercialización de la papa” Y concluyó diciendo que “ahora la libra de papa cosechada cuesta cinco pesos (aumento del 60%) y en caso de estar refrigerada seis pesos (aumento del 100%) y aseguró que este precio se mantendrá regulado para que no suba desmedidamente en su comercialización”. Y el problema es el mismo, no hay suficiente papa y la que hay se vende al doble.

En este punto dijo que “transitar hacia la racionalidad en los precios se logrará no solo con medidas gubernamentales, sino con la eficiencia y el control en la formación de los precios por las organizaciones”. Sobran las gubernamentales, porque el mercado (la ley de oferta y demanda) cumple mucho mejor y con eficiencia ese papel. Al respecto, la ministra señaló que “tenemos que transformar el control institucional, potenciarlo desde las direcciones municipales. También necesitamos impregnar racionalidad en el proceso de los precios, no podemos tener altas utilidades a costa de incrementar los precios y de no actualizar las fichas de costo, que deben tener una utilidad razonable, que permita al negocio reaprovisionarse”.

Todo eso son parches y pérdidas de tiempo. Lo que se tiene que hacer es generalizar el mercado como instrumento de asignación de recursos y olvidarse del “ministerio” de la señora Bolaños. Con el mercado no sería necesaria la cuestión de la disciplina y preparación. Tampoco habría espacio para utilidades ficticias que impactan en la inflación porque no se generan más bienes ni servicios. Ni siquiera habría que combatir la reventa y la especulación. Es más, con el mercado sobrarían las “acciones de control popular”.

La ministra concluyó afirmando que “el déficit fiscal influye en la inflación y que, para lograr reducir ese déficit, que es alto, y para que el peso cubano sea el centro financiero del país, se requieren medidas integrales y encaminadas a generar mayores niveles productivos”, pero no llegó a enunciar esas medidas que parecen claras.

Tan solo dijo que “las soluciones al elevado déficit fiscal tienen que transitar por una mejoría gradual, creciendo en los ingresos”, sin explorar las enormes posibilidades asociadas a la consolidación fiscal y control de los gastos. Después, reiteró “que el país no renunciará a mantener los programas sociales ni a atender a los vulnerables, pero esto tiene un alto costo en el presupuesto estatal”. En su opinión, “las soluciones transitan por mayor actividad productiva, crecimientos graduales y sostenibles de los ingresos y racionalidad en el gasto” y concluyó que “se tomarán medidas en cuanto al alto gasto en materia de salarios en la actividad presupuestada, para buscar una eficacia en este gasto público”. A ver si es verdad. Ya le falta tiempo para hacerlo.

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La inflación no entiende de berrinches

LA HABANA, Cuba. — Como si no tuvieran suficientes y más imperiosos motivos de disgusto, algunos cubanos han decidido “plantarse” en contra de quienes se dedican a la compraventa de divisas. El dólar ha acelerado su marcha ascendente y en una semana su cotización saltó de 85 a 90 pesos moneda nacional, ese papelito inservible que el pueblo manso mira y estruja entre sus dedos con una desesperación cada vez mayor.

Los dueños de negocios, los revendedores, las mulas o los becarios que tratan de adquirir algunos dólares para completar los modestos viáticos que les asignan, se han sentido el latigazo en lo más hondo, porque saben que la abrupta subida no es más que el preámbulo de lo que vendrá.

Cuando el régimen anunció a mediados de 2021 que no aceptaría depósitos en efectivo en la moneda del tío Sam, muchos predijeron una caída estrepitosa de la tasa cambiaria en el mercado negro. “El dólar se va a desplomar”, decían, y la gente con poca chispa vendió buena cantidad de billetes verdes a 55 pesos, que fue el límite de la tan anunciada “caída”. Por aquel entonces cada dólar se cotizaba entre 57 y 60 pesos, así que la gran devaluación esperada jamás se produjo; fue apenas un resbalón para incorporarse casi enseguida con una puja sostenida en sesenta pesos por dólar y subiendo.

Mientras los despistados cambiaban dólares por euros a precios de usura, los prudentes sacaron a Benjamin Franklin del país mediante el canje de efectivo en la Isla por depósitos electrónicos en Estados Unidos, con un margen de ganancia de hasta el 40%; o lo guardaron en un lugar seguro a la espera de tiempos más favorables, que no tardaron en llegar. La apertura de fronteras dio luz verde a la migración, mientras que el libre visado ofrecido por Nicaragua incidió en el aumento de la demanda de dólares, ya fuera para los viajes comerciales o para emprender la ruta migratoria desde el país centroamericano.

Quienes solían comprar dólares para acaparar y revender mercancías procedentes de las tiendas MLC, han visto su negocio seriamente dañado. Adquirir divisas se hace más caro cada día, sobornar a los trabajadores del banco para que burlen la prohibición del régimen también lo es, y los productos que comercializa la red MLC ya son casi impagables; de modo que para recuperar la inversión hay que alterar los precios muy por encima de los pocos bolsillos holgados que quedan entre el común de los insulares.

Todos los cubanos, de Siboney para abajo, están jodidos y no tienen idea de cuánto. El llamado a “plantarse” contra el negocio de la compraventa de divisas, que funciona sobre la base de oferta y demanda, es absurdo. No se les ocurre plantarse contra la dictadura que les vende los productos de primera necesidad en dólares, luego prohíbe el dólar y afirma que el euro tiene la llave, pero no vende euros ni dólares, ni otra divisa en las casas de cambio estatales, obligando a la gente a acudir al mercado informal que es, en resumidas cuentas, el que marca la pauta de la agonizante y disparatada economía antillana.

Basta con acercarse a cualquier tienda en MLC para notar que las larguísimas filas de antaño han desaparecido. No importa si hay cerveza, cigarros, pasta de tomate, queso, papel sanitario, helados y demás productos que un mes atrás los revendedores acopiaban en función de una demanda imposible de satisfacer en la red de tiendas en CUP. Tampoco da negocio comprar la chatarra que el régimen hace pasar por electrodomésticos, y la reventa de materiales de construcción solo es provechosa si los lotes son adquiridos por clientes específicos, que pagan al contado y garantizan que la operación sea tan lucrativa como expedita.

Para los pobres, que a diario crecen en número, solo queda el martirio de las tiendas en moneda nacional, donde hacen fila las 24 horas para comprar lo mismo de siempre, cada vez más caro. Lo que antes no duraba dos horas en los anaqueles de los comercios en MLC, ahora permanece durante días y pronto se convertirá en merma, porque la debacle inflacionaria no parece tener solución a corto o mediano plazo, ni aunque el régimen aplique la estrategia de subir la tasa de cambio oficial y empiece a vender divisas en las CADECAS.

Con la economía paralizada, la dictadura necesita demasiado de moneda fuerte como para canjearla, al precio que sea. Sabe que buena parte de las divisas que venda no volverán a circular dentro del país, y que son muchos los cubanos que sacan su capital hacia el extranjero para labrarse un futuro digno fuera de este barracón. Cada individuo que anuncia la venta de su casa con todos sus bienes dentro y exige el pago en dólares, preferiblemente fuera de la Isla, solo tiene un objetivo: emigrar. Todo el que ha acumulado grandes sumas en moneda nacional las invierte en comprar divisas, pues a pesar de los berrinches el dólar y el euro se irán por encima de los 100 pesos en los próximos meses.

No hay que ser economista para prever la hiperinflación que se avecina, pero ni el más infalible de los oráculos puede vaticinar cómo reaccionará el pueblo cubano ante una etapa superior de miseria que se halla, como quien dice, a la vuelta de la esquina, y de la cual no hay escapatoria.

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La otra cara de la dolarización cubana

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LA HABANA, Cuba.- Después de tantos años con dos monedas circulando, y de presenciar un extenso discurso oficialista en el que se brindaban detalles acerca de la inminencia de la unificación monetaria, muchos cubanos pensaban que al fin el peso cubano, conocido también como moneda nacional, quedaría como el único signo monetario en el país.

Sin embargo, la realidad no se ha comportado de esa manera. El dólar irrumpió con fuerza entre nosotros, auspiciado por el propio gobierno, que creó tiendas especiales en las que oferta artículos deficitarios y muy demandados por la población, y donde el pago se efectúa únicamente en dólares. La dolarización ha creado una especie de apartheid que discrimina a las personas que no poseen la codiciada “moneda del enemigo”.

De inmediato las autoridades castristas incorporaron a su arsenal una justificación con la que pretendían dejar de ser vistos como los malos de la película. La dolarización se había implementado para captar las divisas con que adquirir en el exterior los productos que irían a surtir las tiendas que comercializaban en moneda nacional. O sea, un supuesto beneficio indirecto para los ciudadanos desprovistos de dólares en sus tarjetas magnéticas.

Mas, pronto la dolarización enseñó su otra cara. La misma que ha contribuido a disparar una inflación que hoy destruye los bolsillos del cubano de a pie. Sucede que muchas empresas estatales, en medio de la vorágine colectiva por captar dólares, comenzaron a exigir el pago en dólares al sector no estatal -trabajadores por cuenta propia y cooperativistas- por los bienes y servicios que les ofertaban. Y comoquiera que estos actores no estatales, en lo fundamental, solo comercializan sus producciones en moneda nacional, tenían que adquirir esos dólares en el mercado informal, ya que los bancos no venden dólares. Esa operación “ilícita” se realiza a un tipo de cambio muy superior al establecido por el gobierno (hoy está a cerca de 70 u 80 pesos cubanos por cada dólar, en contraste con los 24 pesos cubanos por dólar que mantiene el oficialismo).

Entonces, claro está, esos actores no estatales han llevado ese tipo de cambio inflado a sus costos de producción, y después a sus precios de venta. Precios que los diseñadores de la Tarea Ordenamiento jamás calcularon que alcanzaran la magnitud que hoy exhiben.

Como vemos, no han sido la especulación ni el ansia de obtener cuantiosas ganancias por parte de cuentapropistas y cooperativistas, tal y como lo repite el discurso oficial, los elementos que, en esencia, han avivado las llamas de la inflación. Ha sido la dolarización implementada por el castrismo la causante, en buena medida, de la espiral inflacionaria. Lo anterior sin descartar el hecho de que las entidades estatales han fijado también precios más elevados en su comercio directo con la población.

Los jerarcas del castrismo parecen haber olvidado que siempre la moneda más poderosa va desplazando a la más débil. Y eso precisamente es lo que ha venido sucediendo en la relación entre el dólar y el peso cubano.

Por lo demás, es curioso cómo la realidad se aparta muchas veces del discurso de los gobernantes cubanos. En su reciente informe de rendición de cuentas ante la Asamblea Nacional del Poder Popular, el primer ministro Manuel Marrero expresó que “se mantiene el objetivo planteado de otorgar al peso cubano su papel como centro del sistema financiero en el país”.

No obstante, los acontecimientos parecen marchar en sentido contrario al deseo del jefe de gobierno. Aunque la cúpula del poder no quiera reconocerlo, cada día aumenta el interés de los cubanos por poseer dólares, la moneda poderosa.

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Hiperinflación en Cuba: una crisis que se repite

LAS TUNAS, Cuba. ─ Al comenzar este año, doloroso para las familias cubanas que perdieron a sus seres queridos víctimas de COVID-19, muchos fallecidos por insuficiente asistencia médica ─recuérdese la falta de oxígeno, de camas en los hospitales y el precio que llegaron a costar los antibióticos que muchas personas debieron adquirir por su cuenta─ el martes 26 de enero publicamos en este sitio el artículo Depreciación del peso cubano: la calabaza como síntoma, una alerta temprana y, a la vez, un pronóstico de la hiperinflación que ya se presumía.

La superinflación se veía venir, pero los tecnócratas del régimen obstinadamente la negaban, pues, según ellos y su “diseño”, la inflación sólo ascendería al 60%. Entonces, solo quedaba observar cómo el estatismo de la economía de comando y la dolarización del mercado interno, asociadas a la llamada “Tarea Ordenamiento”, harían sufrir a los cubanos por una operación político-financiera que, en lugar de ordenar las finanzas nacionales, personales y familiares, vino a desordenar todavía más la existencia de los ciudadanos.

Las políticas monetarias y de precios dirigidas por el Partido Comunista de Cuba (PCC) a través de los llamados “Lineamientos de la Política Económica y Social del Partido y la Revolución” afirmaron que “la planificación monetaria a corto, mediano y largo plazos deberá lograr el equilibrio monetario interno y externo de manera integral”. Concerniente a la política de precios, dijeron que la formación de los precios minoristas sería “a partir de los costos sin cubrir ineficiencias, teniendo en cuenta los niveles de ingresos de la población”.

Respecto a esos pronunciamientos públicos de interés nacional, cuyo cumplimiento llevaría a la reelección de cualquier presidente en un país democrático, o a su dimisión inmediata en caso de incumplirlos, hoy, concluyendo 2021, cabe preguntar: ¿Todas esas promesas que los comunistas hicieron qué resultados concretos tienen en la vida diaria de los cubanos? La respuesta es simple: salvo sumirlos más en la pobreza, no hay ningún resultado halagüeño.

Marino Murillo Jorge, quien fuera el jefe de la comisión para la implementación de los “lineamientos” e integrara el máximo órgano de dirección en Cuba, el Buró Político del PCC, dijo que la llamada “Tarea Ordenamiento” debía evitar una “inflación en espiral” y la “depreciación del peso”. La depreciación del peso cubano frente al dólar estadounidense se produjo desde el mismo inicio de la unificación monetaria, cuando, sin poseer divisas en las Casas de Cambio (CADECA), el régimen estableció una tasa fija de 24 pesos cubanos por dólar estadounidense. Huelga decir que las reglas universales de la oferta y la demanda y no las ordenanzas gubernamentales establecieron el precio de las monedas y, a día de hoy, el dólar americano se cotiza por encima de los 70 pesos cubanos, mientras el euro cuesta 90 pesos.

En cuanto a la “inflación en espiral” que la “Tarea Ordenamiento” debía evitar, el señor Murillo Jorge dijo que en términos económicos se refería a lo que se conoce como espiral inflacionaria, que es una relación causa-efecto donde el aumento de salarios produce incrementos de precios, y, a la vez, origina ulteriores aumentos de salarios. Pues, justo eso pasó con el “ordenamiento”.

El régimen aumentó los salarios de los trabajadores y también las pensiones de los jubilados y los salarios de sus empleados, pero los precios del consumidor, tanto en los comercios estatales como como privados, prosiguieron creciendo mes tras mes. En esa misma magnitud crecieron los ingresos de las empresas del monopolio estatal y de los particulares, mientras los jubilados y los asalariados mantenían los mismos ingresos mensuales, en una situación económica insostenible.

En el caso de Cuba, es muy difícil salir de una espiral inflacionaria porque el Estado interviene los salarios impidiendo que se indexen en la mayoría de los casos. De esa forma, el trabajador pierde poder adquisitivo. Por otra parte, cuando el Estado interviene en el mercado para disminuir ganancias y evitar la inflación de precios entonces son los productores y vendedores quienes terminan afectados.

En economía indexar salarios quiere decir realizar ajustes para que la capacidad adquisitiva del trabajador se mantenga, sin deprimir el salario, porque la indexación salarial vincula el salario a la inflación, o, dicho de otro modo: si en un país la inflación es del 10%, para que los trabajadores no pierdan poder adquisitivo el salario debe incrementarse 10%. Pero, según el ministro de Economía y Planificación Alejandro Gil Fernández, la inflación en Cuba cerrará 2021 por encima del 70%, y es poco probable, por no decir imposible, que en 2022 el régimen incremente las pensiones de los jubilados y el salario de los obreros estatales, empleados y dirigentes un 70%.

La opción del gobernante Díaz-Canel será, según ya dijo, llevar a productores y comercializadores a “renunciar a un determinado nivel de ganancia particular o colectiva en función de bajar precios”. Renunciar significa desistir, ceder, declinar o resignarse, y parece poco probable que, por ejemplo, las tiendas manejadas por los militares, que sólo venden en moneda libremente convertibles (MLC), renuncien a sus cuantiosas ganancias, por lo que es poco ético, valga decir inmoral, pedir o exigir a los productores privados que renuncien a sus utilidades y vendan a precios de costo para así detener la hiperinflación. Pero como las espirales inflacionarias en cualquier país del mundo no dependen de la voluntad humana sino de leyes económicas inexorables, todo indica que en 2022 los precios al consumidor, lejos de bajar, se mantendrán altos; incluso, pueden incrementarse conforme a la tendencia al alza predominante en el mundo, por lo que los cubanos, sin indexación de salarios, deberán continuar pagando más ganando lo mismo.

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Alejandro Gil: “Incrementar el salario sería una medida populista”

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MADRID, España.- El vice primer ministro y titular de Economía y Planificación de Cuba, Alejandro Gil Fernández, dejó claro que por ahora no habrá otro aumento de salarios, durante sesión de la Asamblea Nacional del Poder Popular, en la que habló sobre la inflación en la Isla.

Según informó el medio oficialista Agencia Cubana de Noticias (ACN), el viceministro explicó que la inflación “a principios de enero se encontraba en un 44, 1 por ciento, con un crecimiento sostenido hasta la fecha, alcanzando el 69, 5 por ciento en noviembre”, lo que está “afectando la capacidad de compra del salario y de las pensiones”.

No obstante, manifestó que “no se debe aspirar a resolver la situación incrementando los ingresos sin respaldo productivo”.

“Incrementar el salario sería una medida populista”, agregó Gil Fernández. 

Durante el encuentro el vice primer ministro señaló que la inflación ocurre no solo en Cuba, sino que este “crecimiento generalizado y sostenido de los precios en un periodo determinado de tiempo” existe a “nivel mundial debido al incremento de los costos de combustibles, alimentos y otros productos de primera necesidad”.

En octubre pasado, Alejandro Gil manifestó que una de las prioridades del Gobierno cubano era luchar contra una inflación que “golpea a la población de manera brutal”.

“Combatirla lleva medidas muy técnicas, pero también hay que apelar a la ética, porque no estamos en un país donde se salva el que pueda”, había manifestado.

A comienzos del año en curso, el régimen cubano aumentó los salarios en un 450 por ciento y las pensiones en un 500 por ciento, pero también subieron los precios en las tiendas del Estado y en el mercado negro.

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Cuba: los desastres del “Ordenamiento”

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LA HABANA, Cuba. ─ En fechas recientes, la prensa cubana ha prestado gran atención al tema de la situación que impera en el país tras la aplicación de la llamada “Tarea Ordenamiento”. Lo anterior es válido tanto para los informadores oficialistas (que se hacen eco de lo discutido al respecto en diferentes reuniones de alto nivel) como para los independientes.

Estos últimos, en vista del desastre (todavía mayor que el habitual) entronizado  en la economía nacional como resultado de la aplicación de esa receta mortal, expresan críticas severas al desgobierno comunista. No obstante, observo que en esos análisis, como regla, se tiende a subestimar la verdadera magnitud del papel desempeñado por la alta jerarquía castrista en la entronización de la catástrofe; y se desconoce el carácter deliberado de esta.

En esos comentarios prefieren recalcar la supuesta impericia del aparato dirigente. Esta se derivaría del empeño de este último por aplicar las medidas (diseñadas durante más de un lustro por la flamante Comisión Permanente para la Implementación y Desarrollo de los Lineamientos) en el preciso momento en que la situación existente era la peor posible para acometer esa política.

Discrepo de esos enfoques. Y conste que, con ello, no pretendo defender la sabiduría o la pericia de los mayimbes comunistas. ¡Nada más lejos de mi propósito! En definitiva, ellos se las han arreglado para, en más de sesenta años de dominio absoluto, desmontar por completo y llevar a la ruina la floreciente economía con la que contaba nuestra Patria en 1958. ¡Y eso después de prometer la mayor abundancia para todos!

Lo que sucede es que, en la modesta opinión de quien esto escribe, la imposición de la “Tarea Ordenamiento” al comienzo del presente año no fue fruto de una decisión apresurada ni de un error. Creo, por el contrario, que se trató del resultado de un frío cálculo realizado en los salones del poder con un solo objetivo: reducir a niveles de mera subsistencia los salarios reales de los cubanos.

El asunto radica en que, como ya he dicho, la jefatura comunista arruinó la economía cubana. La producción de bienes y la prestación de servicios han disminuido a niveles ínfimos. A esto habría que sumar que tampoco se cuenta con divisas para suplir la escasísima producción nacional mediante la importación de artículos extranjeros.

¿Qué hacer ante esa realidad? ¿Reducir los salarios? Esa sería una salida muy mal vista, y no sólo en Cuba, sino a nivel mundial. Por supuesto, queda la socorrida opción de la inflación; pero aumentar los precios, sin más ni más, pondría en evidencia la entraña antipopular del régimen castrista. Es ahí donde entra en función la “Tarea Ordenamiento”.

El pretexto era eliminar la dualidad monetaria. ¡Esta última fue, claro, otra ideación de los mismos comunistas!; pero ese es un detalle que su propaganda mentirosa calla.  La establecieron para enmascarar el encarecimiento brutal de productos de primerísima necesidad vendidos por la libre (como el mismo aceite de cocina, por ejemplo): un cubano de a pie sin acceso a divisas tenía que conseguir y desembolsar alrededor de dos dólares; no su equivalente de unos 50 pesos cubanos (¡el sueldo de varios días!).

Con el “ordenamiento”, los precios en divisas hubo que multiplicarlos por no menos de 24 (para expresarlos en pesos cubanos). Pero el gran rebumbio formado fue aprovechado para elevar de manera inmisericorde otros precios de la canasta básica, como los de la “cuota racionada” de la “libreta de abastecimientos”, o el transporte urbano (que se multiplicó por cinco al aumentar de 40 centavos a dos pesos).

Aunque a los medios de agitación del castrismo les encanta hablar del “capitalismo salvaje” y de sus “terapias de choque” de carácter “neoliberal”, lo hecho en Cuba es exactamente lo mismo, sólo que ellos les dan otros nombres y evaluaciones. Aquí se habla de “errores” en su aplicación… Pero lo sufrido por el pueblo cubano es, ni más ni menos, una verdadera terapia de choque, sólo que perpetrada por el comunismo salvaje.

Dato curioso: la eliminación de la dualidad monetaria, pretexto para implantar la fatídica “Tarea”, se mantuvo por otra vía: mediante la creación de las llamadas “Tiendas MLC” (que venden en moneda libremente convertible). Se trata de una nueva red comercial en la que el desabastecimiento se hace un poquito menos evidente.

En el ínterin, el equipo dirigente comunista parece contentarse con endilgarle todas las culpas al inefable Marino Murillo Jorge, flamante jefe de la Comisión Permanente antes mencionada. Es verdad que, en virtud de ese cargo, el robusto mayimbe fue el principal diseñador de las políticas antipopulares. ¡Pero no es, ni mucho menos, el único culpable!

¡No ya Miguel Díaz-Canel o Manuel Marrero, que desde las jefaturas del Estado y el Gobierno que respectivamente desempeñan dieron el visto bueno a la implementación del “ordenamiento”! De cualquier posible responsabilidad se desentiende incluso el alto funcionario directamente responsabilizado con esos temas: el flamante ministro de Economía y Planificación Alejandro Gil Fernández!

Todos, pero sobre todo este último, se empeñan en aplicar lo que yo llamo la técnica del ganso. Como se sabe, esta ave, merced a una grasa que recubre sus plumas, puede estar inmersa en el agua durante horas, pero al salir y sacudirse, queda absolutamente seca. De modo análogo, los otros jerarcas rojas, tras descargar todas las culpas sobre el rollizo lomo de Murillo, se pasean muy orondos, ¡como si con ellos no fuera!

De hecho, hace unas horas escuchamos al señor Gil pontificando sobre el tema en la reciente reunión del Pleno del Comité Central del único partido. Pero, a fuerza de sinceros, debemos reconocer que la “Tarea Ordenamiento” representa un pecadillo venial si lo comparamos con otras ocurrencias que en el mismo cónclave han tenido los comunistas.

¡La mejor, entre todas, la nueva consigna de “salvar la industria azucarera”, que acaban de lanzar! Uno no puede evitar preguntarse: ¿De quién hay que “salvarla”! ¿De los herederos de Julio Lobo o algún otro de los grandes hacendados de antaño! ¿De los expropiados colonos! ¿O de los sucesores del “invicto Comandante en Jefe”, que fue quien dispuso su desmantelamiento hace una veintena de años!

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