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Che Guevara y el odio

LA HABANA, Cuba, marzo, 173.203.82.38 -El filme “La ciudad pérdida”, del cubano-estadounidense Andy García, no ha sido exhibido en las salas de cines en Cuba, y es probable que falte aún tiempo para que eso ocurra.

Pero eso no es óbice para que, después de seis años de haber concluido su rodaje, en la isla le cuelguen una pésima crítica.

El pasado martes 13 de marzo –día fatídico para los supersticiosos- el crítico Rolando Pérez Betancourt, oficialista dentro de los oficialistas, lo calificó (en un artículo publicado en el diario Granma), como “bodrio de punta a cabo”.

Lo que este señor dice no puede ser tomado muy en serio, no por aquello de que la opinión de los críticos siempre está a gran distancia de lo que piensan los espectadores, sino porque él es un empleado gubernamental y un reconocido censor al servicio del régimen.

Betancourt fue el único periodista (tómese esto a modo de ejemplo) que atacó y calumnió a la prensa independiente durante el último Congreso de la oficialista Unión de Periodistas de Cuba.

Como en definitiva no he visto la película, me limito a comentar algo que, según Betancourt, dijo un tal Humberto Fontova, aunque no se aclara quién es ese individuo:

“Las ofensas de la película son muchas y variadas. La más imperdonable de todas: El Che Guevara es presentado asesinando a personas a sangre fría. ¿Cuándo antes se había escuchado tal sinsentido? ¿Y de dónde saca este creído Andy García la desvergüenza de retratar tales cosas?”

Bueno, pues supongo que Andy García lo haya sacado de aquel lugar donde consta en blanco y negro: la Historia. Guevara, como es sabido, fue el responsable de muchos fusilamientos durante la etapa en que estuvo al frente de la Fortaleza de la Cabaña.

Pero independientemente de esa leyenda negra, en su cuaderno de notas, conocido como Diario del Che en Bolivia, aparecen anotaciones donde menciona, en más de una ocasión, a los “soldaditos” muertos en alguna emboscada o escaramuza.

Pero además de eso, Guevara había claramente expresado su doctrina de la necesidad de odiar y de inculcar el odio para convertir a los combatientes en frías máquinas de matar.

Y si esos antecedentes no lo convierten en un asesino, entonces por lo menos hay que aceptar que era un profeta del odio y del crimen, lo que no implica mucha diferencia

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