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El desastre azucarero preocupa a los gobernantes cubanos

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LA HABANA, Cuba.- Entre todos los incumplimientos económicos anunciados en la más reciente reunión del Consejo de Ministros, sobresale sin dudas el descalabro mayúsculo de la zafra azucarera cubana durante la campaña 2020-2021. Según dio a conocer el presidente del Grupo Azucarero Azcuba, Julio García Pérez, el país solo alcanzó el 66% del plan de producción de azúcar previsto, que era de 1.2 millones de toneladas. Eso significa que se produjeron 792 mil toneladas de azúcar, lo que convierte a esta zafra en la más baja de los últimos cien años.

La descripción de los factores que condujeron a tamaño desastre productivo es larga: dificultades financieras, problemas en la infraestructura de los centrales, indisciplina laboral y tecnológica, alto tiempo perdido en la cosecha y el transporte, deficiencias organizativas, equipos rotos, bajo cumplimiento de las tareas en los horarios de la mañana y la madrugada, así como la baja calidad de la materia prima (la caña) que llega a los centrales.

Si en años anteriores las bajas producciones -casi siempre alrededor del millón de toneladas- no concitaban una extrema preocupación para la cúpula del poder, que generalmente reaccionaba arengando a realizar una zafra superior en la siguiente campaña, en esta ocasión la paupérrima zafra parece haber sacado de sus cabales a Díaz-Canel y compañía.

El primer ministro, Manuel Marrero, anunció que se había creado un grupo de trabajo que evaluará integralmente la situación de la zafra, la industria y las tierras dedicadas al cultivo de la caña, así como la producción de los derivados del azúcar. Y de los resultados que se deriven del estudio del citado grupo de trabajo se tomarían las medidas que correspondieran para garantizar la vitalidad de esas actividades.

El gobernante Díaz-Canel, por su parte, tras abogar por cambiar la manera en que se ha hecho la zafra hasta el momento, e insistir en la necesidad de capacitar a la fuerza de trabajo, solicitó “la búsqueda de quienes más saben sobre estos temas para poner sus conocimientos en función de mejores resultados”, según declaraciones publicadas el pasado 3 de julio por el diario oficialista Granma bajo el título “Díaz-Canel: De este difícil momento también vamos a salir”.

Es difícil no relacionar este pedido de Díaz-Canel con las tantísimas visitas que realizaba a los centrales el antaño segundo hombre del Partido Comunista, José Ramón Machado Ventura. Porque, ¿qué sabía de azúcar Machadito -médico de profesión- para enseñarles cómo trabajar a obreros y técnicos con medio siglo de labor en este sector? Por supuesto que Díaz-Canel no puede manifestarlo públicamente, pero en su fuero interno de seguro celebra que ese intruso profesional haya sacado sus manos definitivamente de la industria azucarera.

Aunque, en honor a la verdad, mucho tiene que hacer el mandatario si de verdad pretende hacer válida entre nosotros esa máxima que reza: ¡zapatero, a tu zapato!  Porque el castrismo, entre los muchos males que le ha aportado a la vida política y social cubana, ha intentado hacer ver que la jerarquía política de algún funcionario ya lo dota de conocimientos técnicos superiores a los que poseen los expertos en esas producciones.

¿Qué hace Salvador Valdés Mesa, solo con experiencia de trabajo partidista, aconsejando a productores y comercializadores del sector agropecuario? ¿O Ramiro Valdés, entendido en represiones y encarcelamientos, asesorando a ingenieros en Moa acerca de la producción de níquel?

Y más recientemente, ¿qué puede decirles la vice primera ministra Inés María Chapman, experta en acueductos y recursos hidráulicos, a los escritores y artistas? La vimos hace poco por la televisión visitando instituciones culturales al ser designada para la atención del sector de la cultura por el Comité Ejecutivo del Consejo de Ministros.

Sería bueno para el sector azucarero cubano que Díaz-Canel se buscara un asesor del calibre de aquel que osó decirle a Fidel Castro, en 1970, que no se llegaría a los diez millones de toneladas de azúcar.

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Producción industrial en Cuba: otro fracaso del “castrocanelismo”

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Artículos de aseo personal producidos por la industria en Cuba (Foto: Granma)

MADRID, España. ─ Una reciente emisión del programa Mesa Redonda dedicó su espacio al análisis de la industria cubana. Se abordó la situación de 15 actividades, entre las que resaltan la producción de bienes de gran demanda, como aseo, perfumería y cosméticos, artículos gráficos, confecciones textiles, calzado, productos de talabartería, higiénico-sanitarios, plásticos, pintura y mobiliario. Se trata, en líneas generales, de una producción escasa y de baja calidad, lo que suele generar no pocas protestas entre los cubanos.

En dicho programa, los directivos del Grupo Empresarial GEMPIL abordaron temas de actualidad, como los encadenamientos productivos, exportaciones y sustitución de importaciones, así como el apartado de la colaboración con la ciencia y las inversiones más significativas de la industria ligera cubana, incluidas las extranjeras.

Según se informó en la Mesa Redonda, el mencionado grupo cuenta con 11 empresas mixtas, tres de ellas en la Zona Especial de Desarrollo Mariel (ZEDM). Posee además cuatro Contratos de Asociación Económica Internacional para la administración productiva que dirigen sus producciones a la población (artículos higiénicos y sanitarios, aseo y cosmética, confecciones), al turismo, al sector agroalimentario y a la industria farmacéutica. La OSDE (Organización Superior de Dirección Empresarial) cuenta también con un centro de investigación y da empleo a 20 784 trabajadores de todas las provincias.

Antes de avanzar en los asuntos tratados en la Mesa Redonda conviene recurrir a algunos datos oficiales ─que no se ofrecieron en el programa─ para situar el estado actual de la industria en Cuba. En 2019, el índice de producción industrial publicado por la Oficina Nacional de Estadísticas e Información (ONEI) mostraba un decrecimiento de casi 40 puntos (61,4) con respecto a 1989, cuando alcanzó el nivel 100. De ello se desprende una primera conclusión: la producción industrial en la Isla ─en las actividades anteriormente mencionadas─ ha caído casi un 40% en este período.

La situación es aún más crítica en el caso de la fabricación de bienes de equipo, maquinaria y otros, donde la caída ha sido del 94,1%, al situarse el índice de 2019 en 5,9. La fabricación de bienes intermedios (energía, materiales de construcción) disminuyó un 71% (29,5 en 2019) y la industria de bienes de consumo también se situó en 2019 por debajo del nivel de 1989, con un 96,2 (descenso del 3,8%).

De esta destrucción sistemática de la base industrial de Cuba no se habló en la Mesa Redonda, por lo que las autoridades decidieron esconder unos datos que, siendo oficiales y por tanto conocidos, deberían haber servido para orientar un diagnóstico eficaz de los problemas.

Lo primero que deberían explicar las autoridades es cómo piensan cumplir con el que dicen que es su primer objetivo, “satisfacer las necesidades del pueblo”, si previamente se tiene que realizar un ingente esfuerzo para recuperar las capacidades productivas de la industria (en fase terminal tras haber perdido el 40% de su capacidad productiva en tres décadas). El cómo afrontar ese escenario, qué instrumentos utilizar y de qué manera aplicarlos será determinante en el éxito o fracaso de las actuaciones a emprender para revitalizar el sector.

Los directivos no abordaron estas cuestiones y se limitaron a ofrecer datos parciales ─y poco relacionados entre sí─ sobre los incrementos de los productos de higiene para enfrentar la pandemia en los últimos meses. En ese sentido, admitieron que la producción todavía no era suficiente, aunque se había logrado “cierta estabilidad en productos básicos como el jabón de tocador y de lavar”.

Sin embargo, los datos oficiales no parecen confirmar este optimismo, y por ello conviene tenerlos en cuenta. Por ejemplo, la producción de jabón de tocador experimentó una reducción de un 42% de 2015 a 2019, y el jabón de lavar nada más y nada menos que un 52% en el mismo período. Recuperar estos niveles de producción perdidos en los últimos cinco años no es algo que se logre en solo uno, y menos con el coronavirus azotando la economía.

Un directivo explicó que han dado apoyo a otras producciones como el desodorante, las colonias, el champú, el acondicionador, el gel bactericida, parte del detergente y más de tres mil toneladas de pasta dental. De esta última hubo una caída de la producción del 43,7% de 2015 a 2019, y del resto de productos citados, aunque no se dispone de desglose, el descenso ha sido de un 30% en igual período.

Claro, la culpa de esta pésima ejecución la tienen el bloqueo y las sanciones aplicadas por la administración Trump, lo que ha influido de forma negativa en la importación de insumos necesarios para la fabricación de estos productos. Bien está que Cuba no tenga reservas de petróleo, pero ¿por qué estos insumos no se producen en Cuba? ¿Es que no se está defendiendo la autonomía productiva de la nación? Entonces, ¿en qué quedamos?

Por ello, no se puede creer a los directivos del Grupo Empresarial cuando afirman su interés en “satisfacer las necesidades del pueblo”. Si realmente lo quisieran, tendrían que hacer las cosas de forma muy diferente. Siempre están hablando de lograr encadenamientos productivos con las entidades nacionales, pero cuando llega la hora de las responsabilidades, la culpa es del bloqueo, que impide comprar insumos en el exterior. Alguien de jerarquía, por encima de estos Grupos Empresariales de tanto poder, debería tomar buena nota. No puede haber más contradicciones y errores de gestión. Un consejo de administración ya habría tomado decisiones drásticas.

Durante la mitad de la Mesa Redonda los directivos estuvieron culpando a la administración Trump de todos los males; en la otra, repitiendo de forma machacona que hay que conseguir encadenamientos para “defender la producción nacional y evitar que se importe lo que se puede producir en Cuba”, incluso ─y aquí llegó una de las novedades de la noche─ con los trabajadores por cuenta propia.

La tarea en la que se han concentrado es identificar todo lo que se puede producir, con un intercambio permanente con los organismos, “como se ha hecho con el MINTUR, organismo al cual la industria asegura habitualmente alrededor de 75 renglones, identificándose 23 nuevos productos para garantizar en lo fundamental la sostenibilidad y mantenimiento de las instalaciones hoteleras, aun en esta etapa de enfrentamiento a la COVID-19”.

La cuestión en este punto es por qué esta identificación no se ha hecho antes, observando el derrumbe de la producción industrial que muestran los datos. Se tiene la sensación de que han llegado tarde y que ese objetivo de sustituir importaciones en productos como cajas de cartón corrugado, cubetas plásticas o productos químicos de limpieza tiene un recorrido muy corto y no va a resolver los problemas de fondo.

Después se dedicaron a citar ejemplos de procesos de colaboración que están en marcha, dirigidos desde la OSDE, como la experiencia en la producción de hilazas de algodón por la hilandería Inejirō Asanuma, o la empresa Tenería y Pieles y la empresa mixta Dujo Copo S.A.

Respecto a la industria textil, el directivo dijo que se labora en la producción de frazadas de piso, así como de sábanas. Estas últimas consiguen el encadenamiento productivo con las unidades que se dedican a la creación de colchones, pero, en realidad, la producción de sábanas disminuyó un 28,5% de 2015 a 2019, según datos oficiales de la ONEI que no fueron ofrecidos en la Mesa Redonda.  La producción de colchones, por su parte, disminuyó un 10,1% en el mismo período. Mucho hay que hacer para remontar estas cifras.

Mientras, la industria del mueble aumentó un 40% su capacidad productiva, con 80 000 unidades, incluyendo productos de alto estándar que sirven para amueblar 3 500 habitaciones en el sector turístico. Cabe señalar que no hay datos oficiales recientes de esta actividad. Los últimos son de 2017 y ahí se detiene la información.

Se ofreció también información de los 134 proyectos en que trabaja la OSDE actualmente, dedicados a fortalecer el vínculo entre ciencia e innovación, un mensaje recurrente del gobernante Miguel Díaz-Canel.

En cuanto a las exportaciones, en la Mesa Redonda se afirmó que “se ha cumplido”, alcanzando cuatro millones de dólares en ventas, diversificando productos y con nuevas estrategias para penetrar mercados. Destacaron los funcionarios el caso de Angola, país en el cual la empresa mixta Suchel Camacho S.A. contará con una tienda para la comercialización directa. También abordaron la gestión de Suchel Proquimia S.A., que comercializará productos hidroalcohólicos en España y Republica Dominicana. También se hizo mención de la presencia de la industria en las Tiendas de GELMA dirigidas al sector campesino y en otros establecimientos que tributan al mercado minorista, donde se vende en dólares. No hubo un análisis del impacto de la devaluación sobre la competitividad de las empresas y tampoco se hizo referencia al aumento de salarios.

Los directivos afirmaron consolidar las ventas por el comercio electrónico a través de cuatro tiendas virtuales y la consolidación del sistema de relaciones entre las empresas estatales, la sociedad mercantil 100% cubana, Industrias NEXUS S.A. y las modalidades de inversión extranjera. Por medio de esta acción, las empresas citadas pueden retener parte de sus ingresos en divisas para la compra de materias primas, de acuerdo con el nuevo modelo de gestión implantado por la Estrategia económica y social. Pero ¿realmente con esto se beneficia al pueblo cubano?

Se informó que la financiación necesaria para asegurar el Plan 2021 de la industria prevé que el 45% tenga su origen en la gestión empresarial. Por ello, consideran fundamental el papel de la inversión extranjera en áreas como calzado, pintura, envase y embalaje, para atraer nuevas fuentes de divisas, diversificar e incrementar las exportaciones. Los directivos señalaron que “es de vital importancia para la organización impulsar la inversión extranjera que sea capaz de generar los ingresos que garanticen su sostenibilidad”.

El objetivo de inversiones parece ser una prioridad para los directivos de la OSDE. En ese sentido, anunciaron importantes operaciones para este mismo año 2021, en línea con la tendencia al crecimiento registrado en los últimos años. Y en esto llevan razón. En 2015, la inversión en la industria era de solo un 5% del total, mientras que en 2019 había aumentado al 10%, duplicando su cuota, aunque lejos del 30% destinado a servicios empresariales, la actividad con mayor concentración de inversiones.

En todo caso, este aumento de las inversiones en la industria no ha tenido impacto sobre el nivel de empleo, ya que la ocupación del sector descendió un 12% de 2015 a 2019, de modo que estas inversiones han tenido un impacto negativo en el empleo. Si siguen adelante con los procesos de reconversión tecnológica, que parecen ser el destino de las inversiones, la industria seguirá destruyendo empleo con su correlato en términos de productividad, que apenas aumentó un 3,5% en el mencionado período 2015-2019.

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Crisis en el mercado textil cubano

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Industria textil cubana. Foto Cubadebate

LA HABANA, Cuba.- La mujer escuchó de una tienda donde podría encontrar los zapatos que le interesaban para su hijo de 20 meses. Regresó a casa y contó hasta los centavos para completar la astronómica cifra que preciaba el calzado. Pero ya en el comercio se percató que esa transacción era por tarjeta electrónica con fondos en moneda convertible (MLC).

Un señor busca desesperadamente donde comprarse un pantalón, recorre la ciudad, pero no encuentra esa pieza de vestir masculina, en ninguna forma, talla, o color.

Quien piense que la escasez en la isla gira solo sobre la alimentación, puede sufrir una decepción.

Desde hace un año el mercado de la industria ligera, que incluye la producción de bienes a varias ramas del comportamiento social está detenido por varias cuestiones. Ante todo, con la introducción de la pandemia en la isla en marzo de 2020 el Estado determinó cerrar todas las tiendas y mercados que no fueran específicamente de alimentos.

A la pandemia, se sumó la aplicación de la Tarea Ordenamiento, con sus dos variables, reordenamientos de precios y salarios, y unificación monetaria. Esto implicó que las tiendas y mercados, cuando reabrieron, pasaron a la venta de sus productos en tarjetas con fondos en moneda convertible, preferentemente dólares estadounidenses.

No obstante, el mercado informal, con una cuota importante, también fue afectado tras el aumento de la persecución contra los importadores privados, las “mulas”.

En el conocido mercado habanero al aire libre La Cuevita, Magdalena, una cubana de tez negra, alta y delgada contó que la Aduana, con los decomisos y las multas ya había reducido las importaciones privadas antes de la aplicación de la cuarentena. Luego, el cierre de los aeropuertos durante diez meses impidió que se trajera, aunque fuera algo…” Y ya tú sabes”, concluye, mientras se marcha meneando las caderas con un estilo que, sin necesidad de etiqueta, se sabe es cubano.

La imposibilidad de importación de esos productos de vasto consumo, con las ventajas de precios al alcance de muchos y facilidades de pago, aumentó el déficit de piezas de vestir, calzar u otras de interés poblacional.

A la casi desaparición de ese mercado también ha contribuido la cadena de impagos contra los importadores internacionales de la industria ligera por parte de los almacenes y redes de tiendas del Estado. Tal práctica sugirió la retirada de suministradores extranjeros del mercado, hasta que se honren las deudas adquiridas.

Los Mercados Artesanales Industriales donde se vende ropa reciclada, conocidos popularmente como trapichopi, otra forma de adquisición de vestuario y calzado y a donde concurre mucha gente, también están cerrados por la misma cadena de impagos que afecta a las redes de tiendas.

Poniendo al margen la capacidad de importación del país para resolver los problemas del mercado textil miremos a la industria como el sector de la economía dedicado a la producción de fibras, hilados, telas y productos relacionados con la confección de ropa. Aunque se suele incluir la industria del calzado.

Los materiales textiles —fibras, hilos, telas y ropa— son productos de consumo masivo, razón por la que la industria textil y de la confección genera gran cantidad de empleos directos e indirectos, un peso importante en la economía mundial y una fuerte incidencia sobre el empleo y la tasa de desempleo en los países donde se instala.

Las fábricas textiles son los lugares donde se desarrolla el trabajo y elaboración de los distintos materiales. Inicialmente el trabajo se realiza por mujeres en sus domicilios, luego en talleres más o menos adecuados y finalmente en instalaciones fabriles para la elaboración de hilaturas y confección de prendas. En la actualidad, en América Latina se denominan maquiladoras.

A finales de la década del 70 del siglo XX el gobierno de Cuba, en medio del gigantismo industrial, planifica establecerse como la mayor industria maquiladora del hemisferio. Para cumplir este objetivo construyó tres inmensas plantas productoras.  Alquitex, en la actual provincia de Artemisa; Desembarco del Granma, en la periferia de Santa Clara; Y Celia Sánchez, en Santiago de Cuba. Según pronósticos de ese momento, se esperaban producciones de decenas de millones de metros cuadrados de tela para cuando echaran a andar las maquinas.

Cuarenta años después de la inauguración de aquellas plantas poco queda de ellas. De la textilera Celia Sánchez, el periodista Jorge Amado investigó sobre su estado actual y comentó para este texto. “Es una empresa en decadencia por la falta de inversión, y donde hoy solo se producen algunos tipos de tejido, como antisépticos para módulos de canastilla, o tela para frazadas de piso. El proceso productivo está afectado por roturas imprevistas, todo está depreciado, la tecnología es proveniente de la Unión Soviética”.

Señala que la mayoría de las antiguas naves son hoy almacenes de otras empresas, como Almacenes Universales SA, Escambray o Almacenes de entidades de la Salud.

Aun así, el proceso productivo de lo que queda se ve afectado por la falta de materias primas, en especial su taller de confecciones, que se mantiene abierto por el esfuerzo de los mecánicos de la empresa, que innovan para evitar el cierre y el desempleo asociado. También acota el colega santiaguero que “los telares y la planta de blanqueo están muy deteriorados”.

El semanario Sierra Maestra, de Santiago de Cuba, entrevistó recientemente a dos trabajadores, la operadora Rafaela Rivera dijo que los salarios siguen siendo pobres porque están ajustados al cumplimiento del plan de producción, y si falta materia prima para producir que se puede esperar. Mientras, el operario Ulises Rodríguez se quejó de la contaminación por polvo y ruido que afectan a los trabajadores y al medio ambiente.

Una opinión sobre Alquitex, dada por Odalina Ferrer, abogada y residente en el municipio de Alquízar, se parece a lo expresado por Jorge Amado, y aunque no se logró encontrar información sobre la textilera Desembarco del Granma, nada indica que el panorama sea diferente.

En este mes la emisora oficial Radio Rebelde informó que la empresa de confecciones textiles de Guantánamo (Ambar) centró sus producciones en batas y mascarillas para combatir el virus chino. También un despacho habló de la producción de uniformes escolares, una de las esencias de la industria textil actual.

A Carlos Pavón y Aida Molina, vicepresidentes del Grupo Empresarial de la Industria Ligera, se les pidió comentar este artículo, pero no respondieron.

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Retoman producción de aceite en occidente de Cuba

Retoman producción de aceite en occidente de Cuba

Retoman producción de aceite en occidente de Cuba
Retoman producción de aceite en occidente de Cuba (Foto ACN)

MIAMI, Estados Unidos. – La Empresa de Aceites y Grasas Comestibles Habana ha anunciado que, tras la crisis de abastecimiento generado a inicio de año, la industria ya ha retomado la producción acelerada de aceite para garantizar su distribución en tiendas y centros comerciales.

Así lo aseguró a la Agencia Cubana de Noticias (ACN) Harley Trujillo, director general de la entidad, quien explicó que la disminución en la producción fue consecuencia de la demora en los arribos de los buques de materia prima que necesita la entidad.

Aunque el directivo no precisó los tiempos para la normalización de la entrega del producto, dejó claro que no hay motivo para esperar o “prepararse” para un período de escasez o desabastecimiento, algo que en las últimas semanas viene preocupando a la población.

Según Trujillo, con la estabilización en la entrega de materias primas se aceleró un proceso productivo continuo que posibilitará mayor presencia de aceite envasado en la red de tiendas.

Pese a la mencionada crisis de escasez del producto, el funcionario indicó que hasta el 28 de febrero se habían producido dos mil 965 toneladas, superior a igual período del año 2018 pero inferior a lo estimado.

La Empresa de Aceites y Grasas Comestibles Habana tiene concebido un incremento de cinco mil toneladas en su producción con respecto a otros calendarios, para responder a la elevación de las demandas de la población y también del sector privado.




Economía cubana quedará por debajo de los pronósticos de 2018

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(desdeminsulacuba.com)

MIAMI, Estados Unidos.- El gobierno cubano anunció que la economía de la Isla mostrará un “leve crecimiento” en 2018, que quedará por debajo de los pronósticos iniciales debido a incumplimientos en disímiles esferas, como la industria azucarera, la agricultura, el turismo, los servicios, la construcción y la minería, reveló un informe del oficialista periódico Granma.

De acuerdo la publicación, el titular de Economía y Planificación, Alejandro Gil, se refirió a la “tensa situación financiera” actual del país en una sesión del Consejo de Ministros, y en la cual, además celebró que los “mejores resultados” han sido reportados por las comunicaciones, el comercio, la industria manufacturera, la salud pública y otros servicios sociales.

Entretanto, Gil culpó de la situación a “un contexto internacional adverso, marcado por el recrudecimiento” del embargo de Washington sobre La Habana y por lo que definió como “persecución en el sector financiero, como parte del retroceso que han experimentado las relaciones EEUU-Cuba”.

La estimación oficial inicial para este año situaba el crecimiento del PIB en un 2 %, tras registrar un 1,6 % en 2017, pero el cálculo fue reducido este mes al 1 %, después del “discreto” 1,1 % alcanzado por la isla en el primer semestre, dijo a su vez la agencia de noticias EFE.

La crisis económica cubana, que ha sido un tema recurrente durante los años de la dictadura de los Castro en el país, se ha recrudecido este año además de por la crisis que sufre Venezuela, -que provocó un desplome en los envíos de crudo venezolano subsidiado a la isla-, porque La Habana dejará de recibir millones de dólares por la exportación de servicios profesionales a Brasil, como consecuencia de su salida del programa “Más Médicos” de esa nación suramericana.

Por otro lado, el funcionario declaró también al periódico Granma que “el plan de la economía para 2019 en Cuba seguirá la premisa de no contraer más deudas de las que el país sea capaz de pagar y asegurará los recursos para incrementar producciones y programas de desarrollo en sectores como el energético, el turismo, la industria y la agricultura”.

Meisi Bolaños Weiss, viceministra de Finanzas y Precios, presentó en la reunión el estimado del Presupuesto del Estado para 2019 que, según Granma, prevé un sobrecumplimiento de los ingresos brutos, pero no ofrece cifras al respecto.

“El Presupuesto del Estado ampara importantes políticas sociales como las pensiones y prestaciones de la seguridad y la asistencia social; así como el respaldo, entre otras, a las medidas sobre la Dinámica Demográfica; los subsidios a la venta de materiales de construcción y lo concerniente a la Tarea Vida”, dijo.




Industria cubana del níquel mira con esperanzas el acercamiento a EEUU

Fundición en una industria (Foto: Motoya Nakamura/The Oregonian)
Fundición en una industria (Foto: Motoya Nakamura/The Oregonian)

HOLGUÍN, Cuba.- El níquel cubano, una de las principales fuentes de ingresos de la Isla, se enfrenta al reto de la eficiencia y la búsqueda de socios extranjeros para impulsar una industria castigada por la caída de los precios internacionales del mineral y que mira con esperanza la apertura con EE.UU.

Cuba se sitúa entre los primeros países productores del mundo de este mineral, con una industria que se concentra en la localidad de Moa, (en la provincia de Holguín, a unos 800 kilómetros al este de La Habana), considerada la “capital del níquel” en la Isla.

Allí operan dos fábricas de extracción y procesamiento, una de ellas la planta “Pedro Sotto Alba”, construida en 1957 por una empresa estadounidense. Pasó a manos del Estado cubano tras el triunfo de la revolución castrista y desde 1994 funciona como una empresa mixta (Moa Nickel S.A.) al cincuenta por ciento entre el monopolio Cubaníquel y la firma canadiense Sherritt International.

Con una plantilla de 1 936 empleados, la “Pedro Sotto Alba” produce actualmente 37 500 toneladas de níquel más cobalto, el máximo de su capacidad productiva, según el ingeniero Ricardo Quintana, uno sus subdirectores, quien destacó el incremento progresivo de la producción desde la constitución de la empresa mixta en 1994, cuando se comenzó con un plan de 24 000 toneladas anuales.

La materia prima se obtiene de las minas de níquel a cielo abierto ubicadas también en el municipio Moa, donde está garantizado el mineral para los próximos 18 o 20 años con el actual ritmo de producción.

“Eso dependerá de la eficiencia, por eso la prioridad del negocio ha estado enfocada en buscar la eficiencia metalúrgica. Lograr el máximo aprovechamiento del níquel y cobalto”, advirtió Quintana.

La “Pedro Sotto Alba” no se plantea aumentar la producción pero sí la eficiencia, asociada a una reducción de los costes de explotación para paliar el descenso de los precios del níquel en el mercado internacional, que han pasado en los dos últimos años de 14 000 dólares por tonelada a 8 600, una caída cercana al 45%.

Las estimaciones de ingresos por la exportación del níquel cubano –cuyo principal cliente es China, seguido de Europa y Canadá– se han movido en los últimos años en el entorno de los 600 millones de dólares anuales, cifra que previsiblemente no se alcanzará este año, con los precios actuales.

“La mayor parte del mercado del níquel internacional está movido por la economía china y precisamente es una de las causas del descenso de los precios por la contracción de la demanda y el consumo asociados a la desaceleración económica”, indicó Quintana.

Además de Moa, existen yacimientos del mineral en otros puntos de la Isla, sobre todo en sus provincias orientales, y también se han abierto nuevas líneas de trabajo para la exploración geológica de nuevas minas.

“Hay níquel en Cuba para este siglo, sin problemas”, dijo el director del monopolio Cubaníquel.

En el actual escenario de apertura internacional de la Isla y con nuevas reglas en el país para atraer inversión extranjera, Cuba no descarta nuevos socios foráneos para este sector.

De hecho “existen varios proyectos en proceso de negociación”, según Oliveros, quien señaló que hay empresas de China, Brasil y Suráfrica interesadas en el sector niquelífero cubano.

También la nueva etapa de relaciones con Estados Unidos es motivo de esperanza para la industria del níquel en la isla, que sería, según el responsable de Cubaníquel, “una de las más beneficiadas” si se levantara el embargo que Washington mantiene contra el país caribeño.

Sobre todo de cara a la importación de tecnología, equipamientos y repuestos que podrían abaratar considerablemente los costes de plantas como la “Pedro Sotto Alba” que ahora tiene que comprar muchos de esos insumos en Europa, dijo Ricardo Quintana.

En Moa, además de esta planta de níquel, existe la estatal “Che Guevara” pero que presenta peores resultados y mayor atraso tecnológico. Su producción actual es de 18 500 toneladas al año a pesar de que tiene capacidad para generar 30 000.

El níquel y el cobalto se utilizan sobre todo para aleaciones especiales en acerías y también son minerales empleados en productos como baterías para teléfonos móviles, automóviles, motores o turbinas.

La venta de níquel figura entre los principales rubros de exportación del país caribeño solo por detrás de los servicios profesionales y el turismo. Soledad Álvarez/EFE




Cuando el amor no alcanza

Cajitas de fósforos (foto de archivo)
Cajitas de fósforos (foto de archivo)

LA HABANA, Cuba – Así se nombró una pésima telenovela que finalizó hace unos días por el canal 6 y con un título muy parecido, “Si la chispa no alcanza”, mi colega Ada Oramas escribió una crónica el 18 de octubre en el periódico Tribuna de La Habana.

Pero mi vieja amiga Ada Oramas no se refería a la chispa del amor, sino a la chispa de los fósforos cubanos, que a pesar de fabricarse a lo largo de más de medio siglo en la Revolución triunfante de los gobernantes Castro I y Castro II, han sido de pésima calidad, como el resto de los productos industriales del socialismo castrista.

Ante otra crónica aparecida el pasado 22 de noviembre, ¿Por qué los fósforos no encienden?, también en Tribuna de La Habana y escrita por Yelena Rodríguez, busco en mi viejo archivo todo lo publicado sobre este diminuto y banal producto y descubro que  después que Raúl Castro pidió a los cubanos que hablaran con valentía, el 27 de septiembre de 2007, Ada Oramas ha tocado este tema en más de una ocasión.

Antes, nunca.

Entonces comenzaron a llover las críticas por montones de numerosos periodistas en la prensa oficialista sobre productos como las malas y ausentes almohadillas sanitarias para las mujeres, las mochilas escolares que se rompen en pocos días, el yogur de soya que no gusta a los niños por su mal sabor, el pan de cada día sin manteca ni sal, los fósforos que no encienden y un etcétera interminable.

Aun así, tarde pero segura, ¡bravo por mi colega Ada Oramas, quien comenzó el periodismo al mismo tiempo que yo, allá por las calendas griegas! No importa que se haya demorado más de medio siglo en decir, aunque todavía no por lo claro, que el socialismo sea un fracaso, porque no sirven ni sus fósforos.

Por lo menos, ya se ha manifestado sobre “la incertidumbre que padecemos antes de encender estas cerillas y la insatisfacción debido a la pésima calidad del producto”.

Al final de su texto tomó fuerzas y ánimo y preguntó, quizás con algún temor todavía: “¿Podrá la industria dar respuesta al por qué los fósforos no encienden?”

Luego, en la crónica de Yelena, la Dirección General de la Empresa Nacional del Fósforo expone unos argumentos que no convencen ni al Bobo de la Yuca, como decimos en Cuba.

Achaca las culpas a las situaciones medioambientales, a la demora del mantenimiento de los equipos que comenzó en 2011, al proceso de producción discontinuo por la alta incidencia del factor humano –problemas con los trabajadores seguramente por los miserables salarios que reciben– y otros.

En pocas palabras: el socialismo todavía no ha aprendido a hacer cerillas.

¿Será cierto lo que dice Carlos Alberto Montaner, que mientras el capitalismo es una prodigiosa máquina de hacer pan, el socialismo es todo lo contrario?

Sigo buscando en mi viejo archivo y para nada me sorprende que a partir de los años 1995, 1998, 2000, 2002, 2005, hasta la actualidad, numerosos periodistas independientes, entre ellos esta servidora, hayamos escrito sobre los fósforos castristas que no encienden, señores, porque el socialismo no alcanza.




¿Qué fue de la Flota Cubana de Pesca?

pescadores en gomas
Pescadores sobre cámaras de neumáticos (foto de archivo)

LA HABANA, Cuba – Aunque en los años 60 el gobierno cubano compró diez atuneros japoneses con todo y tripulación, ese proyecto, como tanto otros del Comandante, no rebasó el lustro de vida. En realidad, la Flota Cubana de Pesca fue armada por los soviéticos a principios de los años 70, con el fin de restablecer la maltrecha economía cubana tras una década de fracasos.

A partir de ese punto, la Flota Cubana de Pesca vivió una época de esplendor, llegando a tener 90 atuneros rusos del tipo Tropical, 20 arrastreros por popa españoles tipo Calsa y 4 buques-fábricas construidos en Alemania Oriental, además de dos buques-cisterna rentados también a los españoles.

Según la revista “Mar y pesca” que editaba por aquel entonces un abultado Ministerio de Pesca, esta flota llegó a capturas anuales de cien mil toneladas. Pero aquel ejército de barcos se fue extinguiendo lentamente hasta desaparecer por completo.

Un antiguo compañero de afanes llamado Julio Ayón, se dedicó por veinticinco años a la pesca de altura. Fue oficial de refrigeración del “Río Zaza”, uno de los cuatro buques-fabricas que llegó a tener la flota pesquera en aquella época feliz de la macarela y la merluza

Julio cuenta por qué fue que semejante flota con tan experimentados hombres, se deshizo: “por sobreexplotación y abandono. De las tripulaciones y de los barcos.”

Las campañas de pesca duraban de seis a siete meses, sin tocar tierra, con jornadas de doce horas diarias, algo que deterioró la salud de casi todas las tripulaciones. La mayoría de los hombres, una vez en tierra, padecían de trastornos nerviosos que trataban en vano de solucionar con alcohol.

Los barcos, bajo este excesivo régimen de trabajo, sufrían frecuentes averías que eran resueltas con reparaciones deficientes. A la postre, la nave averiada quedaba inutilizada por completo. Entonces se desguazaba para aprovechar sus piezas, práctica muy frecuente que era conocida como “canibalear”.

Por otra parte los soviéticos utilizaban algunos pesqueros en tareas de espionaje radioelectrónico en la zona de pesca del Atlántico Noroccidental, lo que recargaba la faena de las agrupaciones y les dificultaba cumplir la norma asignada.

Fue a fines de los años 80 que, ante la escasez de piezas y de suministros soviéticos, el gobierno cubano optó por desguazar más de la mitad de la flota, toda vez que su reparación era costosa y no se podía permitir los gastos de mantener una flota así.

Muchos barcos se vendieron a buen precio a España, como chatarra para sus acerías. En uno de estos viajes para transportar chatarra, el viejo buque Guantánamo dio una vuelta de campana y de toda su tripulación se dice que sólo sobrevivió un marinero.

Las tripulaciones de los barcos, tras el desguace, fueron rentadas a varios países por la firma Antares, que dirigía el capitán de navío Orlando Romay, posteriormente juzgado por corrupción.

De esa forma terminó un proyecto que costó millones de dólares y que, contrario a otros que de nada sirvieron, al menos durante poco más de una década trajo comida a la mesa de los cubanos e ingresos para miles de familias de pescadores.




Calzado cubano, entre recuerdos y remiendos

Los artesanos han podido suplir una buena parte de las necesidades de calzado (Foto del autor)
Los artesanos han podido suplir una buena parte de las necesidades de calzado (Foto del autor)

LA HABANA, Cuba – Hace unos meses, un pastor norteamericano que fue a predicar en una Iglesia Evangélica del Vedado, antes de referirse a las tribulaciones sufridas por la Iglesia primitiva de Macedonia miles de años atrás, dijo jocosamente a los creyentes cubanos allí reunidos: “Estoy mirando desde aquí los pies de ustedes, y por eso sé que estoy en Cuba”.

Tenía razón el predicador. El calzado –mayoritariamente de fabricación china– que se comercializa hoy en las tiendas recauda­doras de divisas es de pésima cali­dad y con altísimos pre­cios de venta. Son zapatos que, después de usarlos un par de veces, se quiebran, se despellejan, y se despegan con facili­dad.

Lo que desconocía este joven pastor es que antes de 1959 la isla de Cuba contaba con un vasto desarrollo tecnológico del calzado que traspasaba las fronteras nacionales. Las marcas Bulnes, Ingelmo, Valle, y Amadeo, con­taban con un conjunto de actividades de diseño, fabri­cación, distri­bución, comercialización, así como prestigio en muchas partes del mundo.

¿Adónde ha ido a parar entonces la in­dustria cubana del cal­zado? Cubanet salió a investigar e hizo un recorrido por el municipio Cerro, donde estaban enclavadas estas reconocidas marcas.

Amadeo, en Mariano 460, entre Lombillo y La Rosa, actualmente está destartalada y sólo produce botas. La Valle, que estaba ubicada en Santo Tomás 277, entre Arzobispo y Tulipán, es desde hace rato un almacén de polvo. La marca Bulnes, en la Calzada del Cerro esquina a Patria, otrora fábrica de todo tipo de zapatos construida por el español Benigno Herrero Bulnes, fue nacionalizada por los hermanos Castro, se mantuvo funcionando hasta los años 70 y luego devino en ruinas por un largo período hasta que el Estado construyó una Sala de Cine 3D, al lado de un anterior timbiriche de venta de alimentos y bebidas.

Antigua Fabrica Ingelmo-Hoy construye maracas y tambores
La antigua fábrica Ingelmo hoy hace maracas y tambores (Foto del autor)

Sobre “C. Ingelmo y Hermanos”, fundada por Cristóbal Ingelmo García, natural de Salamanca, España, es importante subrayar que dicha firma familiar se catalogó en su época como la más importante entre las 185 fábricas de calzado de hombre. Ingelmo empezó con un tallercito, y a los pocos años construyó una imponente fábrica de varias plantas, situada en Pedroso y Nueva. Hace más de cuarenta años allí funciona la empresa de instrumentos musicales “Fernando Ortiz”, específicamente productora de maracas y tambores.

Este reportero conversó con una fuente que quiso permanecer en el anonimato, pero con un largo historial como directivo dentro de la industria del calzado hasta su jubilación. Él asegura que en 1990 Cuba producía alrededor de veintitrés millones de pares de zapatos de todo tipo, pero que a partir del Período Especial comenzaría el deterioro y la descapitalización de esta industria.

Para argumentar su explicación explica: “Durante esta etapa de rápida depauperación económica la fábrica Nguyen Van Troi, en Vía Blanca y Monumental, cuyo edificio, organización, e infraestructura fue proyectada e instalada por técnicos checos de la firma SVIT (Bata), fue totalmente desactivada, convertida en una pocilga de chatarra y ratones. Por otro lado, la Amador Blanco Peña, de Loma y Tulipán –creada a principios de la década del 70, a iniciativa de Fidel Castro, con la maquinaria incautada a las fábricas de Ingelmo y de Valle–, dejó definitivamente de funcionar en el 2014, siendo reacondicionada la inmensa nave por la Oficina Nacional de Diseño Industrial, que se estableció allí.

“También desapareció la fábrica de Managua, en la calle Independencia, entre Campamento y Arencibia, encargada de confeccionar botas militares atornilladas, tan pesadas y poco prácticas que los propios soldados les arrancaban las suelas. En su lugar se puso un policlínico. Igual destino corrió la Empresa de Calzado Plástico, creada por Celia Sánchez en Ermita y San Pedro, donde desde 1990 están las oficinas del grupo empresarial Combell, y hay otras en la calle Empedrado, cuya misión principal es impulsar dinámicamente la ‘producción socialista’ de un calzado cómodo y bello, cosa que evidentemente jamás han logrado”, considera el entrevistado.

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Esto es lo que queda de la fábrica Amadeo (Foto del autor)

De lo poco que queda de producción de calzado en el país se puede mencionar, entre otras, la Botana, al sur de Villa Clara, y la Venus en Guanabacoa, en la capital. Y entre los productores privados destaca el Proyecto Guazú, en Santa Clara, que produce un calzado hecho a mano, de vestir y de trabajo, guantes, petos y fajas.

Mientras algunas empresas internacionales hacen estudios independientes sobre la influencia del calzado en la imagen personal, donde advierten que el 85% de las mujeres admiten valorar a sus compañeros, jefes y clientes según la ropa y el calzado que llevan, se puede decir que en la Cuba del siglo XXI, gracias a los artesanos fundamentalmente, y al viejo oficio de zapatero remendón, gran parte de ciudadanía re­suelve el cómo calzarse los pies por más tiempo. En fin, sin el ingenio de estos cuentapro­pistas no se hubiera podido evitar que la población de Cuba caminara descalza por los campos y ciudades, bajo este sol tropical que raja las piedras.




Empresas de EE UU preparan la entrada al mercado cubano

Nasdaq 2Desde que en diciembre Estados Unidos y Cuba anunciaron que empezaban la normalización de relaciones interrumpidas durante más de medio siglo, las calculadoras de los empresarios norteamericanos no han dejado de trabajar. En la ecuación: evaluar los beneficios de hacer negocios en la isla frente a los riesgos que implican las numerosas incertidumbres —legales, regulatorias y hasta políticas— que aún rodean el acercamiento entre Washington y La Habana.

La conclusión generalizada es que, pese a que todavía hay muchos interrogantes por resolver a ambos lados del estrecho de la Florida, merece la pena desembarcar en Cuba. Más aún cuando el Gobierno de la isla parece estar dispuesto a recibir unas inversiones que necesita con urgencia. “Los cubanos han dejado muy claro que están tratando de atraer inversión extranjera”, afirma Ted Piccone, de la Brookings Institutuion.

Un llamamiento que muchos empresarios estadounidenses están deseosos de aprovechar, como quedó patente en la conferencia Oportunidades en Cuba que se celebró la semana pasada en la sede del  Nasdaq en Nueva York. Allí, 240 empresarios dedicaron toda una jornada a escuchar a altos funcionarios de la Administración de Obama y expertos sobre las posibilidades y riesgos de hacer negocios en Cuba.

Faquiry Díaz es el presidente de la empresa de software Tres Mares, una de las promotoras, junto con Council of the Americas, de la conferencia neoyorquina organizada por la escuela de negocios Wharton de la Universidad de Pensilvania. Antes de la cita, preguntó a los participantes cuánto dinero estarían dispuestos a invertir en Cuba en la próxima década. La cifra ronda los 12.000 millones de dólares (11.000 millones de euros).

¿Tanto atrae una isla empobrecida de solo 11 millones de habitantes? Sin duda, sostiene Díaz, que compara Cuba con el interés empresarial que despierta Israel por contar con “un pueblo súper educado, con un nivel muy alto de científicos o programadores”.

A lo que se une el factor turismo en “la mayor isla del Caribe”, añade. A solo 140 kilómetros de EE UU. “Y la proximidad es muy importante en el mundo económico”, acota Mauro Guillén, director del Lauder Institute de Wharton. Mientras que Europa está a unas nueve horas de avión de la isla, “el 50 % de la población de EE UU puede llegar a Cuba en un vuelo de tres horas”, recuerda.

O en un plácido viaje en barco. Bien lo sabe Frank Del Río, presidente de la empresa estadounidense de cruceros Norwegian Cruise Line. Esta industria emplea a más de 100.000 personas en EE UU y tiene un impacto en el sur de la Florida de más de 5.000 millones de dólares. Todo ello sin Cuba que, si se levantaran totalmente las restricciones de viaje para los estadounidenses —el turismo en la isla aún está prohibido— estaría en cinco años entre los 10 mejores destinos del mundo, sostiene. Y eso “también significaría miles de millones para Cuba”.

No es el único convencido del potencial turístico. Todos los expertos del sector afirman que Cuba es de enorme interés entre los estadounidenses. De eliminarse las restricciones al turismo, calculan, la cifra podría pasar del medio millón de viajeros anuales en 2014 a dos millones en 2017. Y a mucho más en el futuro.

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En la sede del Nasdaq en Nueva York. Allí, 240 empresarios escucharon a altos funcionarios de la Administración Obama y sobre las posibilidades y riesgos de hacer negocios en Cuba

“Cuba se podría convertir para EE UU lo que España es para Europa”, pronostica Guillén. “Si a España vienen 60-70 millones de europeos al año, dentro de 15 o 20 años, puede que vayan 70 millones de norteamericanos a Cuba”.

Y eso cuando en materia de infraestructura —desde carreteras a aeropuertos u hoteles— casi todo está por hacer, además del potencial de sectores como las telecomunicaciones, la industria farmacéutica o la agricultura, que también hacen salivar a los expertos. La gran duda en este mar de tentaciones empresariales es la interrogante que plantea la situación legal con un embargo comercial todavía en vigor.

“Aun cuando las reglas están cambiando, hay incertidumbre sobre lo que se puede y no puede hacer; y si se puede hacer, cómo”, reconoce Gustavo Arnavat, exdirector ejecutivo de EE UU en el Banco Interamericano de Desarrollo (BIS). Conferencias como la de Nueva York, que sus organizadores quieren repetir este mismo año en La Habana, buscan dar algunas respuestas. La secretaria de Estado adjunta para América Latina, Roberta Jacobson, reconoció ante los asistentes que el camino para normalizar relaciones será largo y difícil. Pero para empresarios como Andrés Fanjul, uno de los más influyentes de la comunidad cubano-americana, es un proceso inevitable. “Tenemos que seguir teniendo mejores relaciones con Cuba, y con Latinoamérica”.

PUBLICADO EN EL PAIS / Silvia Ayuso