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Las ideas de la libertad: el debate sigue

Portada de “Cómo hablar con un conservador”, de Gloria Alvarez

MIAMI, Estados Unidos. – Gloria Álvarez ha vuelto a la carga. Ha escrito “Cómo hablar con un conservador”. Este volumen es la deriva lógica de otro texto suyo muy exitoso y muy polémico: Cómo hablar con un progre. Su nueva obra lleva dos reclamos bajo el título: “Por qué en lugar de fomentarla el conservadurismo obstruye la libertad en nuestras sociedades” y “Por qué el liberalismo es mucho más efectivo que el conservadurismo para aniquilar el marxismo cultural”.  Obviamente, Gloria le concede a la palabra “liberalismo” el sentido que se le da en Europa y América Latina. En Estados Unidos “liberalismo” es algo afín a la socialdemocracia, al menos en lo que al gasto público se refiere.

Por una punta, los progres, los socialistas y (especialmente) los comunistas, se sintieron justamente aludidos e increparon a Gloria: “¿es que sólo la izquierda comete errores?”. “¿Cómo es posible provenir de una nación como la guatemalteca, con un 65% de pobres, y predicar las virtudes del mercado y del gobierno mínimo?”. Gloria les responde inteligentemente. Pero, por la otra punta, la derecha conservadora también la atacó. Gloria es militantemente atea y los creyentes suelen ser intolerantes con quienes no adoran “al dios verdadero”, que es, claro, el suyo. Gloria es feminista a la manera liberal, es decir, sin disfraces de falsa moralina. Es ecologista, al extremo de lanzar en su país en el 2012 una organización dedicada a la reforestación.

Gloria es, por encima de todo, un espíritu libre. Cree en la despenalización de la prostitución y del consumo de drogas. Las personas pueden hacer con sus cuerpos lo que deseen, porque ése es el terreno más urgente de la libertad. Incluso, tienen el derecho a cometer errores como fumar marihuana, aspirar cocaína por las fosas nasales, inyectarse heroína o untarse sustancias en los genitales que aumenten el placer sexual. No le corresponde al conjunto de la sociedad, y mucho menos al Estado, dictar cómo debe ser la conducta en la cama. Lo que dos adultos, o más, hagan en la intimidad de una alcoba sólo es un asunto de ellos.

A una fiesta de “orgullo gay” Gloria asistió con una camiseta con una leyenda “heterosexual” a darles apoyo a los manifestantes. No hay que ser gay para sentirse solidario con la causa de los gays. Gloria no los propone, y mucho menos los recomienda, pero sabe que la libertad incluye comportamientos y actitudes variados. La libertad, incluso, abarca el derecho a morir dignamente. Como dejó escrito un suicida español: “vivir es un derecho, no un deber”.

Como advierten los trillados comunicadores, las ideas de Gloria suelen provocar dos actitudes contradictorias. La mala, es que a todo eso suele oponerse el más rancio conservadurismo. La buena, es que el liberalismo ha ido paulatinamente derrotando las ideologías que lo adversaron desde que fue parido en la atmósfera de la Ilustración en los siglos XVII y XVIII. Los conservadores, los marxistas, los colectivistas de todo pelaje, incluso los creyentes, aunque no lo reconozcan, han tenido que incorporar ideas y creencias liberales ante la evidencia racional innegable.

¿Por qué, entonces la resistencia a las ideas de la libertad? A mi juicio, porque surgen de la particular naturaleza sicológica de ciertas personas. Gloria es un espíritu libre porque tiene confianza en sí misma. Su ideología surge de su estructura sicológica y no al revés. Gloria no le teme a la vida. No obstante, hay innumerables personas que están llenas de pánicos y prefieren sentirse protegidas por una entidad superior. Ésta es la gente devota de los gobiernos fuertes, de los partidos únicos o de los caudillos. Por eso los liberales, los libertarios, los anarco-capitalistas son una minoría. Una formidable minoría que ha impregnado al resto de las formaciones ideológicas, pero sigue siendo el comportamiento de los emprendedores y de los espíritus libres y sin miedo.

Eso me hace pensar que es muy probable que “Cómo hablar con un conservador” tenga éxito en penetración y en ventas, como lo tuvo “Cómo hablar con un progre”, pero difícilmente logre convencer a quienes sustentan una visión conservadora de los seres humanos. Es posible cambiar de ideas, como se demuestra con mil ejemplos válidos que van desde Octavio Paz a Mario Vargas Llosa, pero mucho más difícil es renunciar a la estructura psicológica y a la autopercepción. En todo caso, el debate sigue y es muy positivo que Gloria Álvarez sea la abanderada de las virtudes de las ideas de la libertad. Es excelente.




Cuba y los cubanos: ¿De dónde venimos y a dónde vamos?

transportistas

(Archivo)

LAS TUNAS, Cuba.- Quejándonos unos por el concubinato entre la Unión Europea y el castrismo, y lamentando otros la conclusión del amorío Castro-Obama, los cubanos entramos en 2018 al modo de siempre: soslayando nuestras flaquezas y cargando de culpas el macuto del prójimo, a decir de un babalawo, “sin sombras.”

Sombras, en el sentido de alter ego, otro yo, alma propia.

Asisten razones históricas al sacerdote yoruba. Su porqué se funda en esos narcisismos cubanos a la hora de fundar el alma mayor: el de la nación toda.

Ya lo dijo Máximo Gómez: “Los cubanos cuando no llegan se pasan”. Claro, José Martí también un día debió decir a Gómez: “Un pueblo no se funda, General, como se manda un campamento”.

No voy a teorizar. Ni falta que hace. El próximo 10 de octubre se cumplen 150 años del inicio de la Guerra Grande; grande, por prolongada, 1868-1878.

Independencia mediada comenzaríamos a tener 20 años después de concluida esa contienda contra el colonialismo, aunque no entre nosotros mismos.

Bajo una ceiba en el camino de San Juan, el general español José del Toral rindió Santiago de Cuba al vicealmirante Sampson y el general Shafter el 17 de julio de 1898. Y, por supuesto: no había sombras de Maceo ni de Martí en el Ejército Mambí que, por “incivilizado” según el mando estadounidense, no debía entrar en Santiago de Cuba.

“Lo quiero menos de lo que lo quería”, había dicho Maceo a Martí en el ingenio La Mejorana, pocos días antes del Apóstol caer baleado en Dos Ríos. Cinco días antes de morir, Martí había anotado en su Diario: “Escribo mal y poco porque estoy pensando con zozobra y amargura”.

Son apuntes de nuestros próceres. La historia republicana, y particularmente la de los últimos 60 años, la de Fulgencio Batista, el robo de la democracia y el traspaso de la dictadura a Fidel Castro, son hechos criminales públicos y notorios, conexos hasta en las sucesiones por venir, donde, salvo honrosas excepciones, todos los cubanos somos por acción u omisión autores y cómplices.

“En la vida de un pueblo, el momento crucial es aquel en que el pueblo deja que el poder vaya a parar a manos de criminales”, dijo Willy Brandt. Es nuestro caso, ¿no?

“Palabras sacan palabras”, decía mi padre, y como implicaría torrentes de voces, no siempre afectuosas, decirnos los cubanos de dónde venimos, (de nuestras incongruencias, digo yo), y a dónde vamos de proseguir a la deriva con nuestro tribalismo (a permanecer en la diáspora unos y otros uncidos al yugo de la dictadura, pienso), propongo al lector, un pasaje del capítulo “El Padre de la Patria y otras versiones menos patriotas de los patricios”, de la novela Bucaneros, más, para labrar la tierra de promisión, que es donde nacimos, que para encontrar imágenes en esta suerte de espejo que dice:

“Y los más de once millones de habitantes de la Isla del Aplauso, arrodillados en el lodo de sus cenizas mezcladas con sus lágrimas, prorrumpieron en un aplauso ensordecedor (luego del discurso del Máximo Líder).

“El eco del palmoteo ovejuno retumbó en la Calle Ocho de Miami, rompiendo la cristalería del restaurante Versalles, en el instante en que los casi dos millones de isleños de la diáspora, esparcidos por las tierras de Caballo Loco, Toro Sentado, Gerónimo y tantos otros guerreros, comenzaban la cena por el Día de Acción de Gracias, y el Presidente de la Unión Americana, el Presidente de Rusia, el Rey de España y el Presidente del Parlamento Europeo, tomados de las manos, decían dulcemente (refiriéndose a Cuba), a Dios gracias. Amén”.

Bien. Podemos olvidarnos de Raúl Castro, Barack Obama y Donald Trump, de Vladimir Putin y de Felipe VI de España, y por supuesto, bien podemos olvidarnos de la señora Federica Mogherini y todas las incongruencias dichas por ella de la realidad cubana.

No podemos olvidar nuestros desencuentros para no reiterarlos; se demostró en la primera semana de 2018: uniéndose pronta y espontáneamente, un grupo de vecinos de un humildísimo barrio de La Habana enfrentaron a la policía castrista y evitaron un arresto arbitrario.

“Una rebelión puede llevarse a cabo por un 2% de activistas y un 98% de simpatizantes pasivos”, dijo T. E. Lawrence.

“El hombre que no arriesga nada por sus ideas, o no valen nada sus ideas, o no vale nada el hombre”, decía Platón.

Es, a decir del babalawo, “tener sombra”.




¿Han renunciado los castristas a la “muela”?

Raúl Castro (foto tomada de internet)
Raúl Castro (foto tomada de internet)

LA HABANA, Cuba.- El pasado lunes, el periódico oficial cubano Granma dedicó la mitad de sus ocho páginas a materiales centrados en el general-presidente Raúl Castro Ruz. Aparece en portada un “Llamamiento a nuestro pueblo” firmado por el propio dirigente; en páginas interiores —aunque con pase de primera plana— figura un trabajo de Leticia Martínez Hernández sobre la visita realizada por el actual jefe del régimen a la ciudad de Santiago de Cuba.

Esta realidad no debería despertar una especial curiosidad si no fuera por las características de esos materiales. En el reportaje llama la atención lo escueto del texto y el predominio abrumador del material gráfico. Pero  más sorprendente aún resulta la tónica de ambos escritos, en los que no es posible encontrar la carga ideológica que constituía la regla bajo el mandato del fundador de la dinastía.

Con esto no quiero decir que este último elemento falte por entero en la citada entrega del diario. Siempre aparece una alusión a esa entelequia que en la neo-lengua comunista cubana se conoce como “la Revolución”. También se menciona una vez a “la dirección del Partido y el Gobierno”. Pero parece razonable reconocer que, a la luz de las prácticas que eran habituales en la propaganda marxista criolla, esas fugaces alusiones pueden ser consideradas como breves.

Basta comparar los textos que menciono con los mamotretos que, en su época de dominio absoluto, acostumbraba a perpetrar el “Comandante en Jefe”. O incluso con las mismas reflexiones —cada vez más cortas y esporádicas— que ha venido publicando este personaje desde que cambió el uniforme verde oliva por el mono deportivo. En estos materiales fidelistas, la abrumadora carga ideológica —“la muela”, para utilizar la gráfica e irreverente frase popular cubana— ha constituido siempre la regla absoluta.

Insisto: en los aludidos textos del Granma del pasado lunes, prima una tónica diferente. De modo particular, en el llamamiento resalta el lenguaje técnico y ecuánime empleado por Raúl Castro (quien, por cierto, firma el documento sólo con su nombre y apellidos, sin recordar una vez más los numerosos títulos oficiales que ostenta).

Incluso el asunto escogido por el General de Ejército es lo más distante de un posible tema de polémica. El peligro real de que a las múltiples calamidades que sufre nuestro pueblo se sume ahora el virus del Zika, es algo que debe despertar preocupación, tanto entre los gobiernistas como entre los opositores. Ya se sabe que el vector descubierto por el genial Finlay no discrimina entre unos y otros.

Pero, además, es forzoso reconocer que el autor redacta su texto con absoluta objetividad. Nadie duda que el peligro sea real. Es cierto que el único modo actual de combatir la posible difusión es mediante la eliminación del mosquito. También es verdad que esa batalla (en este caso sí se justifica el término militar del que tanto abusan los castristas) requiere de la colaboración consciente de nuestros compatriotas.

No es mentira que la intervención en la campaña de casi diez mil miembros de los cuerpos armados ha marcado un antes y un después en los intentos por erradicar el insecto transmisor. La población ha acogido de manera muy favorable la seriedad de esos uniformados, y su responsabilidad en el trabajo. Por supuesto que sólo podemos congratularnos de que esos militares, en lugar de consagrarse a subvertir medio mundo, se entreguen por el momento a esa labor humanitaria y útil.

La pregunta que se impone en esta nueva coyuntura es si la nueva práctica que reflejan esos materiales del periódico oficialista se convertirá o no en la tónica general del régimen castrista. Ojalá sea así. El masivo cambio de mentalidad experimentado por nuestros compatriotas parece haber motivado que se abandone el absurdo adoctrinamiento comunista a ultranza y se adopten posturas más serenas en este campo.

Esperemos que esto último permita que las autoridades hagan también enfoques menos arbitrarios respecto a otros aspectos de la crítica problemática nacional.




Borrachera ideológica con resaca política

Fórum Juvenil de la II Conferencia Internacional Con todos y para el bien de todos (Heriberto González Brito/Trabajadores)
Fórum Juvenil de la II Conferencia Internacional Con todos y para el bien de todos (Heriberto González Brito/Trabajadores)

LA HABANA, Cuba.- Mezclar en un trago oficial media onza de cambios, seis de manipulación y ocho de patrioterismo en tres líneas de un alcohol degradado como el del comunismo insular, provoca una contumaz borrachera ideológica con resaca política entre los líderes, voceros, tracatanes, correveidiles, falsos seguidores y corifeos de la revolución.

El lenguaje enredado, los tumbos hacia cualquier lugar y la mirada extraviada de la sociedad, demuestran el nivel del pedo, la curda o la embriaguez de un fracasado proyecto que camina sin rumbo en busca del Santo Grial –el dinero–, que les ayude a encontrar el reino de la utopía, bajo los efectos de un ron casero que les permita seguir.

“Emborracharse de utopía”

De ahí que no me sorprendiera el aliento etílico de un artículo escrito y publicado recientemente en el Juventud Rebelde por un grupo de estudiantes de periodismo que, con el título “‘Emborracharse’ de utopía”, mezcla en un coctel patriótico continental varios ingredientes desaparecidos de la solera nacional, como fidelidad, vigencia, revolución.

Eufóricos por un trago político que les permite departir en los más encopetados salones con la izquierda caviar (Atilio Borón, Frei Betto, Ignacio Ramonet), o de la barra verde olivo (Abel Prieto, Katiuska Blanco, Kenia Serrano), los jóvenes reseñaron el Fórum Juvenil de la II Conferencia Internacional Con todos y para el bien de todos, en esta capital.

Según los periodistas, la declaración final del evento reconoce que “los jóvenes, como arcilla fundamental de las revoluciones, como baluarte de la libertad, nos mantendremos como ese ejército de luz que convocara Martí para liberar nuestras naciones de la opresión y el egoísmo; para elevarnos como montes y ser vistos de lejos”, en un ejercicio de amnesia o trastornos político-ideológicos, signo innegable de una borrachera vital.

Más allá del transcendental pensamiento martiano, lo demás es una resaca trasnochada de una embriaguez de sueños que despertó en pesadillas por el sonambulismo ideológico de la revolución. Por desgracia, en un creciente por ciento, nuestra arcilla fundamental, el baluarte de la libertad y el ejército de luz, se moldean, crecen como montes y son vistos de lejos, a 90, diez mil o un millón de millas de la revolución.

La sobriedad del corredor de fondo

A diferencia de muchos jóvenes de laboratorio comunista, clonados para repetir como beodos frases hechas, consignas, monsergas y discursos que carecen de cabeza y de pie, el resto de la juventud cubana mantiene una sobriedad espartana, con el fin de mantener una carrera de fondo con obstáculos insalvables, iniciada por sus abuelos y padres tras un pistoletazo disparado en el año 1959, que no alcanza la meta medio siglo después.

Esta realidad, soslayada o encubierta bajo los preceptos humanistas de José Martí, demuestra que la embriaguez es letal, causa vahídos, insomnio, ceguera, cirrosis ética, mareos en alta mar, pánico en el tren de aterrizaje de un avión, temblores entre coyotes, cansancio en un vendedor de pan, o abulia entre quienes laboran tras un mostrador.

¿De qué arcilla hablan estos jovenzuelos cuando se va pegada en los zapatos o dentro de los equipajes de quienes abandonan el país? ¿Qué luz, que no sea la del sol, pueden ver esos jóvenes que carretillean, compran oro, rellenan fosforeras o venden maní tosta’o?

¿Cómo crecer cual empinados montes si les chapean el futuro de raíz, y los podan, fumigan, trasplantan y riegan con un abono ideológico vencido que les impide crecer?

Los jóvenes están cansados de la mamadera gubernamental. La juma política, el chicote ideológico y la dipsomanía social, no causan una mínima nota entre la población. Por eso, unos sueñan con cambiar de barman y otros de buqué del alcohol. De ahí que prefieran un trago de wiski Chivas Regal, antes que una botella de ron Havana Club.

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Crean en Cuba una red de jóvenes para “relanzar el socialismo”

Una joven lleva una prenda con los colores de la bandera de EE.UU., una moda muy extendida en Cuba (EFE)
Una joven lleva una prenda con los colores de la bandera de EE.UU., una moda muy extendida en Cuba (EFE)

MIAMI, Estados Unidos.- Con el objetivo de “relanzar el socialismo y el anticapitalismo como fundamentos revolucionarios de las prácticas políticas y sociales en Cuba, América Latina y el mundo” surgió en Cuba la “Red de Jóvenes Anticapitalistas”, una organización que pretende de alguna manera recuperar la “pureza revolucionaria” en un país cuyas políticas más recientes apuntan al mercado mundial como tabla de salvación.

El nacimiento de la iniciativa ha sido anunciado en el blog La Joven Cuba, afín al gobierno cubano, y ha tenido lugar “cuando el imperio del capital en el mundo arrecia su guerra cultural de recolonización de las mentes, las voluntades, la definición de las opciones de transformación, y las vidas de millones de personas, a las que se les invita o se les impone la resignación a la sociedad capitalista mundializada”.

Las características de este proyecto también son visibles en un blog llamado El Punto. Allí se afirma que la Red es “un bloque intergeneracional” aunque su nombre indique lo contrario, porque “más allá de la condición biológica, se asume la juventud en tanto condición política revolucionaria”.

Mientras los jóvenes en Cuba parecen tener más interés en un iPhone que en pertenecer a la juventud comunista, la “Red de Jóvenes Anticapitalistas”, creada en noviembre del pasado año, será la encargada supuestamente de “estimular la apropiación crítica del pensamiento marxista como base para develar las estrategias de dominación capitalista e identificar nuevos caminos de construcción del socialismo”

No obstante, los jóvenes de la Red han reconocido los “problemas ideológicos” de sus contemporáneos, y hablan de “la despolitización de amplios sectores de la sociedad, su reclusión a los espacios privados”, así como del “economicismo rampante que busca situarse en la base de las políticas económicas, la escasa participación del pueblo en su control, y la debilidad de las instituciones y organizaciones como sus proveedoras”.

Todo ello hace “peligrar la reproducción ampliada del proyecto revolucionario y de su hegemonía libertaria”.

En Cuba no existen partidos políticos y el socialismo es impuesto por la constitución, pero la Red se declara como buscadora de “recuperar y divulgar el legado de las luchas y del pensamiento revolucionario en América Latina y en el mundo, en particular: la experiencia de la revolución cubana en el poder”, entre otras propuestas que recuerdan al romanticismo de izquierdas de las primeras décadas de comunismo en la isla caribeña.




Raúl Castro se quiere “conceptualizar”

(Foto tomada de internet)
(Foto tomada de internet)

LA HABANA, Cuba – Raúl Castro se quiere conceptualizar, parodiando un añejo trabalenguas que dice: “aquel que lo conceptualice, buen conceptualizador será”. Traigo esto a colación porque en la última sesión de la Asamblea Nacional del Poder Popular, al referirse a las principales tareas que se analizarán en el VII Congreso del Partido Comunista de Cuba (PCC), a celebrarse en abril 2016, mencionó un documento que calificó de estratégico, denominado “Conceptualización teórica del socialismo en Cuba

Esa información ha pasado sin comentarios, tal vez porque todos estén en espera del contenido, que debe estar colmado de erudición, al tratarse de una teoría que –se supone– explique las bases del régimen imperante; y sobre todo porque esa nueva armazón ideológica parece estar destinada a desechar –como tal– al Marxismo-Leninismo, que había sido declarado como la guía del socialismo tropical. Posiblemente, en lo adelante, en lugar de entonar la letra de “La Internacional” en el final de los actos públicos, los asistentes tengan que cantar “Se acabó la diversión, llegó el Comandante y mandó a parar”.

Al parecer, la dirigencia está convencida que los principales conceptos marxistas ya no responden a la práctica de los últimos 56 años en Cuba. Como la llamada Ley Fundamental del Socialismo, que establecía la satisfacción más completa de las necesidades crecientes de la población; así como otras leyes derivadas de la anterior, referidas a la industrialización socialista, la elevación constante de la productividad del trabajo, el desarrollo armónico y proporcional y el paso gradual al comunismo, que sería la formación social donde –según Carlos Marx– correría a chorros llenos el manantial de la riqueza colectiva.

Una nueva teoría, debería justificar todos los fracasos acumulados en más de medio siglo; donde en lugar de la satisfacción de las necesidades ha ocurrido, por el contrario, la disminución permanente del nivel de vida, con un salario promedio mísero de 23 dólares al mes y soportando el deterioro constante del transporte, la vivienda y la alimentación, que carga con el racionamiento más prolongado de la historia. Explicaría también la razón de los permanentes saldos deficitarios del comercio exterior, la gigantesca deuda externa que se ha acumulado, la destrucción de la agricultura y en particular la decadencia de la industria azucarera, entre los infortunios más relevantes.

Por mucho tiempo se dijo en Cuba que “sin azúcar no hay país”, y este axioma se convirtió en el fracaso de la producción azucarera, de una forma tan significativa que los 10 millones de toneladas que se pretendían lograr en 1970 y que se anunciaron a bombos y platillos –desde varios años antes– no solo se incumplieron en ese momento, sino que nunca se alcanzaron después. Ahora, transcurrido casi medio siglo, una nueva aspiración, bastante modesta –pero igual de improbable– es llegar 3 millones de toneladas en 2018.

Ese futuro documento sobre la conceptualización, tendría que explicar cómo encaja en el sistema: la conversión de La Habana, de la ciudad más fastuosa del Caribe, en una gigantesca, decadente y derruida aldea; el éxodo de casi un 20% de la población, que se incrementa año por año; el envío al exterior para combatir y morir a cientos de miles de jóvenes en guerras en África y para promocionar las guerrillas en América Latina.

Deberá también fundamentar que una llamada “revolución”, que se proclamó para servir al pueblo, se ha convertido en lo contrario, ya que la inmensa mayoría vive por debajo del umbral de la pobreza, con una alta proporción dedicada a un trapicheo ilegal y cientos de miles de ellos encarcelados, de los cuales el gobierno se abstiene de dar cifras. Sería justo que explicara la utilización preferencial, de los escasos materiales de construcción, en fortificaciones (túneles) y penitenciarías, en lugar de viviendas.

Tendría que informarse la causa de la eliminación de la carne de res y la leche como parte de la alimentación de la mayoría del pueblo; la evaporación del café como renglón exportable y como necesidad su creciente importación; y la total desaparición del consumo popular de pescado en una isla.

Una parte del documento seguro se utilizaría para definir la concordancia de esa teoría con el daño ecológico causado en 56 años, en aspectos como el drenaje de la laguna Ariguanabo, la mayor del país, lo que hizo desaparecer para siempre ese reservorio de aves migratorias; la creación de la “brigada invasora” de desmonte Che Guevara, que derribó árboles frutales y otras especies valiosas a todo lo largo del país; la introducción masiva de casuarinas en las playas que causaron su deterioro; la construcción de pedraplenes que, al cortar las corrientes marinas, causaron daños a los manglares y al hábitat de peces y otros animales; la introducción de especies exóticas animales y vegetales, como las voraces clarias, los agresivos búfalos y los eucaliptos que empobrecen los suelos.

Esa nueva teoría tendría que dedicarse a justificar éstos y otros muchos males en el orden económico, ecológico y social, que no formaban parte declarada de la concepción marxista; pero desde luego podría desentenderse de los aspectos referidos a los derechos humanos, las elecciones libres y democráticas, la libertad de expresión, asociación, reunión y palabra, que no forman parte de las concepciones de los fundadores del llamado socialismo científico.

Ingrata tarea la encomendada al personal que debe elaborar el documento, que no solo tendría que darle coherencia a la infinidad de desaciertos acumulados, que muy posible los achaquen –como siempre– al “bloqueo”. Ahora bien, lo más importante y también la parte más difícil sería definir el rumbo futuro de este engendro y a dónde conducirá.

Pero podría ser que, acaso enmendando a Carlos Marx, vayan a crear el concepto de un comunismo, donde correrá a chorros llenos el manantial de la miseria colectiva.

(Arnaldo Ramos Lauzurique)




La manipulación del pensamiento, modo sutil de represión

Mujeres marchando en la milicia (foto tomada de internet)
Mujeres marchando en la milicia (foto tomada de internet)

QUITO, Ecuador – Los términos “diversionismo ideológico”, “desviación ideológica”, “sentido de la autocrítica”, “debilidad de carácter”, “combatividad”, entre otros tantos, parecen ser cosas de un pasado remoto, que a modo de curiosidad, se guardan en los archivos del lenguaje socialista de la Cuba de los setenta y ochenta del pasado siglo. Sin embargo, dichos términos marcaron la vida de aquellos que actualmente estamos entre la quinta y sexta décadas de la vida, por cuanto en nuestra adolescencia y juventud se impuso ese lenguaje que se importó desde la lejana URSS con sus adaptaciones a lo cubano.

Las convocatorias a reuniones de grupo de los colegios –dichos grupos fueron llamados “brigadas” para darle mayor connotación popular, heroica y hasta guerrera, y los colegios pasaron a ser escuelas para barrer con los “rezagos del pasado” –, traían consigo sendos debates en los que los jóvenes integrantes debíamos hacernos una autocrítica; proceder consistente en señalar nuestros errores públicamente y al final agregar la idea de ser más “combativos”. Luego de esta primera tortura psicológica, tus propios colegas debían hacerte señalamientos acerca de tu comportamiento y podían acusarte de diversionismo ideológico, de debilidad de carácter o exaltarte por tus virtudes de combativo, revolucionario, crítico y autocrítico, así como por tu cooperación y participación en todas las “tareas encomendadas por tu colectivo”, con lo que te garantizaban o no, tu evaluación satisfactoria para seguir adelante.

Este no es el espacio para hacer definiciones conceptuales de estos términos. Sé que aquellos que no han pasado por la experiencia de esta época en la llamada “isla de la libertad” no podrán comprender en su verdadera esencia este artículo, pero al menos trataré de llegar a despertar su interés.

A pesar de parecernos cosas del pasado, solo nos separan entre veinte y treinta años de estos tormentosos tiempos en los que una organización llamada Unión de Jóvenes Comunistas, de la que aún queda su oscura y tenebrosa sombra astral –por cuanto ha muerto, como otras organizaciones similares–, ejercía su acción demoledora contra todo aquello que se apartara de los cánones establecidos por el socialismo.

De esta forma se impedía que los religiosos cursáramos estudios superiores. Los que escuchaban música extranjera, principalmente en inglés y de tipo rock y pop eran sentenciados con amonestaciones públicas y advertidos de que podían ser expulsados de sus estudios. Por el hecho de utilizar jeans de determinada marca eras visto como un ente con diversionismo ideológico. Aún más: desde edades tan tempranas como los dieciséis o los dieciocho años recibías la amenaza de los agentes de la Seguridad del Estado, quienes te hacían saber que conocían todo sobre ti.

Esa fue la realidad de aquella etapa. Los que vivimos bajo la constante amenaza del comunismo sabemos que fue así, aunque sólo expongo algunas ideas que tal vez marcaron a los de mi generación. Ya para este tiempo fueron quedando atrás los fusilamientos de los opositores, las gigantescas reuniones en las plazas públicas ante la convocatoria del Dr. F. Castro, la euforia popular, las intervenciones para nacionalizarlo todo, la lucha contra todo lo que les recordara el pasado, pero se imponían nuevos retos, que más que con el juego  emotivo, tenían que ver con el control de la mente. Se establecía así una nueva ideología importada del modelo socialista soviético, de ahí el protagonismo de ciertos aspectos relacionados con las enseñanzas marxistas y las ideas de Lenin.

El ateísmo era proclamado. La idea asumida por Marx acerca de los peligros de la religión por ser el opio de los pueblos fue tomada muy en serio. No volvieron a construirse templos de adoración, cientos de clérigos y religiosos de varias órdenes fueron expulsados, se adueñaron de propiedades de la iglesia, la filosofía marxista sustituyó a la filosofía de las edades, las investigaciones científicas y culturales tenían que tener un enfoque marxista, las tendencias dentro del arte seguían las pautas del realismo socialista, en fin,  hubo una radical conversión en breve tiempo. Lo peor de todo es que las masas se dejaron conducir por esa miserable oleada.  El dictador y sus aliados triunfaban en esta gran batalla de manipulación del pensamiento.

Con la aplicación del “principio del centralismo democrático” se podía lograr cualquier cosa, desde simples medidas disciplinarias hasta la expulsión de una universidad.  A través de este principio, elaborado teóricamente por Marx y desarrollado y puesto en marcha por Lenin, la minoría tiene obligatoriamente que subordinarse a la mayoría, aun cuando esté en desacuerdo con lo que la mayoría ha determinado. Según los teóricos, el reconocimiento de la mayoría es una manifestación de democracia y al mismo tiempo de centralismo en el partido. “Ese reconocimiento obliga a considerar, también integrantes de la voluntad de la mayoría a aquellos que quedaron en minoría”. De esta forma,  algunos de forma  inescrupulosa ejercen su acción y tratan de obtener la mayoría, con lo que garantizan cualquier triunfo para ejecutar acciones que puedan perjudicar a otros. Así se expulsó a unos, se les impidió a otros y se les amenazó a otros tantos.

Con el tiempo te explican con la mayor ecuanimidad del mundo que se trata de errores que pueden cometerse en cualquier sistema y sociedad. No obstante, aquellos que fueron expulsados de sus puestos de trabajo o de sus estudios universitarios, los que recibimos la amenaza de ser controlados para el resto de nuestras vidas, los que no pudieron continuar sus estudios, y en primer lugar, los que perecieron inmersos en la tristeza y la depresión, no necesitamos explicaciones superficiales que solo intentan justificar la maldad del sistema socialista. Ya nada ni nadie nos podrá devolver las ilusiones, la alegría y los sentimientos de una adolescencia y juventud bajo el yugo del comunismo. La represión del comunismo de esos tiempos pasará a la historia, junto a la inquisición de la iglesia, a los estragos del nacismo alemán y a los embates del socialismo soviético. Los que vivimos esta etapa y logramos sobrevivir tendremos siempre esa huella, que ha sido definitoria en nuestras vidas; pero de todo se aprende, y esto fue también una experiencia. Haber sido copartícipes de esta acción terrorífica a través del pensamiento nos permitió conocer de cerca las crueldades de un sistema, que por ley, ha de desaparecer para quedar sepultado en el olvido.




Lecciones de odio para niños

libroLA HABANA, Cuba -Aunque a Cuba vuelan 36 aerolíneas internacionales para conectarnos con 51 ciudades del mundo, y el país tiene once aeropuertos, siete marinas y tres terminales de cruceros, los niños cubanos, ya jóvenes, inventan sus medios para llegar a  Estados Unidos, y escapar así del dominio estatal castrista, ese que les dice cómo andar, cómo pensar y a martillazos, a través de lecciones escolares, les han metido en sus cabezas odio, desprecio y rechazo hacia Estados Unidos.

Recientemente apareció en la prensa nacional un anuncio para jóvenes sin vínculo laboral o de estudio, cuyas edades oscilen entre los 16 y los 35 años, en el que la Escuela Formadora de Educadores ¨Vilma Espín¨, situada en calle Porvenir 209, en Lawton, ofrece cursos con una duración de tres años para optar por puestos de trabajo. Durante los 3 años de estudios, los jóvenes recibirán un estipendio mensual de 120 pesos cubanos, equivalentes a unos cinco dólares y ya graduados, un 240 pesos de salario, o sea alrededor de 10 dólares.

Enrique, un bicitaxero de Santa Fe, me comentó sobre el anuncio y me dijo que él, pedaleando, resuelve 100 pesos en un sólo día y que ni aún así, le alcanza para mantenerse él y su mujer.

Luego me comenta que la solución sería irse y ayudar a su familia a través de una remesa familiar desde Estados Unidos.

Enrique tiene apenas 25 años. Fue uno de los miles de estudiantes que cada mañana exclamaba como un robot: ¨Seremos como el Ché¨ y que año tras año se aprendió de memoria, según dice: ¨las maldades venenosas del Imperialismo¨.

Le pregunto si puedo poner su foto en internet y me dice que no, porque la policía puede decomisarle su bici taxi. A cambio, me regala uno de sus viejos libros de estudio, titulado Temas de historia de Cuba, para el nivel medio superior.

Se trata de una compilación de textos, muchos de ellos publicados en la Verde Olivo, la revista de las Fuerzas Armadas Revolucionarias, relacionados todos con la obsesiva guerra a muerte que libra Fidel Castro contra Estados Unidos.

Una nota inicial de los profesores señala que el propósito del libro es  ¨…entrenar a los estudiantes para que defiendan lo planteado en sus páginas¨, o sea, para que se conviertan en antiimperialistas.

Los títulos de sus textos hablan por sí solos: Las entrañas del monstruo, Contra la anexión, Cuba 1958: controversia entre la Sierra Maestra y la Casa Blanca, El antiimperialismo en la historia de Cuba y un extenso artículo sobre Antonio Guiteras, connotado terrorista anti yanqui de los años treinta del siglo pasado.

-Pero en la barriga de ese monstruo yo quisiera vivir –me dice el joven bicitaxero.

Llama la atención en el libro cómo se hace hincapié en el deseo de numerosos políticos norteamericanos de anexar a Cuba con EE.UU, sin mencionar los numerosos patriotas honorables que coincidían con esa idea, con la esperanza de beneficiar económicamente a la empobrecida y diezmada isla.

El último y extenso tema del libro, Los mambises entran a Santiago, comenta sobre asuntos e informaciones confidenciales de los años 1959 en adelante, pertenecientes a la Embajada de Estados Unidos en Cuba, del Departamento de Estado de EE.UU y de la CIA, extraídos, según dice, del libro El cuarto piso, del diplomático norteamericano Earl T. Smith. Pero resulta curioso que el libro de Smith, editado en EE.UU, jamás ha estado a disposición de los estudiantes, para un buen análisis, ni se puede consultar en la Biblioteca Nacional, según me confirmaron telefónicamente en esa sede.

En este artículo se acusa a George Bush padre, entonces presidente de Estados Unidos, de difamar a Cuba ¨…por supuestas actividades subversivas y terroristas de narcotráfico, de violaciones a los Derechos Humanos y como exportadora de la revolución a Centroamérica¨, cuando todo eso y más, forma parte de la historia del régimen castrista.

No podía faltar, por supuesto, aquella vieja historia, en la que Fidel Castro, al saber que un bohío había sido bombardeado por aviones del Ejército de Batista, le envía el 5 de junio de 1958 una carta a Celia Sánchez, donde le anuncia que su próxima guerra será contra los americanos, sin tener en cuenta que tres meses antes, el 2 de marzo, ya Estados Unidos había retirado el envío de armas a Batista.




La pesadilla de la historia 

RCBaez_FidellaHistoriaLA HABANA, Cuba –- El recién concluido XXI Congreso Nacional de Historia, celebrado en la ciudad de Camaguey, ha puesto de manifiesto, una vez más, las contradicciones en que se debaten los historiadores oficialistas cubanos. Casi siempre emplean un discurso cuajado de contrasentidos, en el que intentan mezclar lo objetivo con lo subjetivo.

En la primera de las dos jornadas del evento se produjo la intervención de Roberto Pérez Rivero, presidente de la Unión Nacional de Historiadores de Cuba. Este señor expresó que “desde la solidez científica es que la historia puede contribuir al desarrollo de la cultura nacional, a las tareas de la lucha ideológica, y al debate estratégico sobre los retos actuales del socialismo en Cuba”.

Olvida, sin embargo, que la solidez científica se relaciona con el recuento de los hechos de la manera más fidedigna posible, mientras que el uso de la historia para las tareas de la lucha ideológica presupone interpretar los hechos de acuerdo con los intereses de la cúpula gobernante.

Una paradoja semejante la hallamos en las palabras de René González Barrios, presidente del Instituto de Historia de Cuba. Este ponente aseveró que “debemos despojarnos de prejuicios y maniqueísmos, y cubrir, con total valentía y objetividad, desde la Revolución, los vacíos historiográficos que aprovecha el enemigo para agredirnos”.

Por supuesto, los conceptos “objetividad” y “desde la Revolución” son irreconciliables. Desde la revolución, por ejemplo, hemos escuchado desde hace cincuenta años que los alzados en el Escambray eran bandidos, y los expedicionarios de la brigada 2506 en Playa Girón eran mercenarios. ¿Podría un observador imparcial otorgarles visos de objetividad a semejantes puntos de vista?

A propósito de los vacíos historiográficos, es conocido que uno de los más significativos es el ocultamiento de los éxitos logrados por Cuba durante la etapa republicana. Y hubo éxitos tan resonantes en ese período, que al contraponerlos con la actual situación dejan muy mal parado al castrismo. Por tanto, la exhortación del señor González Barrios no habría que tomarla muy en serio.

Pongamos una muestra. A pesar de todo lo que se ha dicho y escrito en la isla por la propaganda castrista, en el sentido de que Cuba era una colonia de Estados Unidos, y que esa nación dominaba nuestra economía, el potencial productivo alcanzado por Cuba fue tal que durante los 58 años comprendidos en el lapso 1902-1960, solo en dos ocasiones (1907 y 1921) la economía cubana presentó saldos negativos en su balanza comercial. Es decir, importó más productos que los que exportó.

A partir de 1961, en cambio, todos los saldos han sido negativos. La debacle productiva ha imposibilitado que nuestros renglones exportables compensen el monto de las importaciones. Y ni pensar en culpar al “bloqueo” de Estados Unidos, pues eso sucedió también en los años de la “tubería soviética”, cuando más del 85% del intercambio comercial de la isla era con los países del Consejo de Ayuda Mutua Económica (CAME).

Algunos delegados a este Congreso, en otra prueba del afán por adecuar la visión del pasado a los intereses de los actuales gobernantes, se refirieron a la necesidad de continuar reescribiendo la historia. ¡Por favor! ¿Cuántas veces van a reescribir la historia de Cuba? Lo hicieron cuando tomaron el poder y borraron el legado de los historiadores republicanos; después cuando el país se aferró a la doctrina marxista-leninista; luego en la etapa de la “rectificación” al abandonarse los manuales soviéticos; y más recientemente cuando insisten en “descubrir” facetas del pensamiento de patriotas ilustres que los acercarían a la revolución de 1959.

Claro, no podemos perder de vista que nos resta otra reescritura de la historia. Será cuando concluya la actual pesadilla. Confiemos en que pueda ser la última.




Abel Prieto ve “veneno gratis” en películas de EEUU

Abel PrietoEl asesor de Raúl Castro ha lanzado una diatriba contra los paquetes televisivos que llegan desde el Sur de la Florida y explicó, lo que a su juicio es la causa de que las casas productoras estadounidenses no combatan a los piratas cubanos.

En una conferencia en la Universidad Central de Villa Clara, el ex ministro de cultura aseguró que en Estados Unidos “no demandan por derechos de autor a quienes piratean sus shows, películas y series televisivas para difundirlas aquí (en Cuba). Para ellos, es veneno gratis hacia la Isla”.

Su intervención, reseñada en el periódico provincial Vanguardia, incluye un análisis del reto que significa “la afluencia de las nuevas tecnologías de la información y la comunicación (NTIC) y de productos vulgares y mediocres que nos llegan a través de estas”.

Demanda contra la propia casa

Un día después de la intervención de Prieto, la cartelera de la televisión cubana ofrece entre sus cuatro canales nacionales un total de 29 programas que contienen dibujos animados, filmes de violencia y deportivos, documentales instructivos y gustadas series como Desperate Housewives (Esposas desesperadas) y de investigación criminal, Bones

La alternativa a los aburridos programas de instrucción ideológica, o que intentaron sustituir a los maestros en las aulas, como las rechazadas Teleclases, ha sido ese flujo de entretenimiento que venido desde Miami, ha pasado en memoria flash y CD’s “quemados”, a los que se refiere Prieto.

Prieto imagina las universidades “como escenarios de discusión abierta y responsable”, a las que cree capaz de “dotar al pueblo de instrumentos que le permitan recepcionar, desde una posición crítica y no ingenua, los contenidos banales”, refiriéndose a los enlatados norteamericanos.

En la cruzada villaclareña estuvo otro comisario cultural, el escritor Miguel Barnet. El presidente de la Unión Nacional de Escritores y Artistas de Cuba (UNEAC) dirigió una reunión previa al Octavo Congreso de la organización donde insistió en que la política cultural del régimen no surja de la banalidad o de frivolidades.

Los productos televisivos facturados en el país son cada vez más criticados por especialistas, realizadores y cuentan el rechazo general de los televidentes, que han recurrido a “los paquetes” y las salas alternativas, como las que exhibían filmes en 3D y fueron prohibidas recientemente.