1

Los 50 años por adelantado del Grupo de Experimentación Sonora del ICAIC

Portada del documental Hay un grupo que dice. Foto Internet

LA HABANA, Cuba.- Con varios meses de adelanto, el pasado primero de abril Silvio Rodríguez, en su blog Segunda Cita, conmemoró los 50 años de la creación, en 1969, del Grupo de Experimentación Sonora del ICAIC (GESI).

En un nostálgico post titulado “Hoy, hace medio siglo”, el cantautor evocó cuando el primero de abril de 1969 les entregaron los carnets del ICAIC a él y al compositor y guitarrista Leo Brower.

En aquel momento, el grupo aún no había empezado a funcionar y ni siquiera se habían acabado de escoger a los músicos que lo integrarían.

Usando sus poderes e influencias, el GESI fue el modo que halló Alfredo Guevara, director en ese entonces del ICAIC, de satisfacer la petición de Haydée Santamaría, directora de Casa de las Américas, de proteger de los vientos inquisitoriales que corrían a los descarriados Silvio Rodríguez, Pablo Milanés y Noel Nicola.

A Alfredo Guevara, que fue quien escogió el nombre del grupo, se le ocurrió que los jóvenes cantautores estudiaran música con Leo Brouwer, Federico Smith, y que luego se dedicaran a componer e interpretar bandas sonoras para el cine cubano. Así, hasta su gradual desintegración ya entrados los años 70, el Grupo sirvió de asilo, reformatorio, academia musical, taller, laboratorio y escuela de capacitación política.

En realidad, el aniversario número 50 del GESI se cumplirá en noviembre. Fue en ese mes, hace medio siglo, que los integrantes del grupo, bajo la dirección de Leo Brower, iniciaron las clases y los ensayos. Todos excepto Silvio, que, para entonces, como explica en su blog, se hallaba purgando sus pecados ideológicos en el Atlántico, a bordo del barco pesquero Playa Girón. No regresó a Cuba hasta el 28 de enero de 1970, y un par de semanas después fue que se incorporó al GESI.

Ya Silvio Rodríguez había explicado eso en el documental “Hay un grupo que dice”, realizado por Lourdes Prieto en el año 2013.

El verdadero nombre de ese documental es más largo: “Hay un grupo que dice y cuenta un país”. Un nombre bastante acertado, porque eso es precisamente lo que hacen algunos de los integrantes del grupo y de su entorno. Solo que el país y la época que cuentan es a la manera y conveniencia de los maniáticos convertidos a revolucionarios que se apoderaron del país y lo despeñaron.

Foto tomada de Internet

Y no es porque al decir y contar escatimen disparates y barbaridades los protagonistas del documental. Las dicen, se lamentan, pero escamotean las culpabilidades, y terminan justificando aquellos “errores y males necesarios”, perdonando. Como si todo hubiese sido solamente obra de Pavón, Quesada y un puñado de extremistas, como si las prácticas que implementaron no hubiesen sido políticas de estado ordenadas desde las máximas instancias.

La moraleja que uno extrae de sus palabras es como la de cornudos apaleados, siempre dispuestos a perdonar a su amor, que en el fondo no es malo, sino lo contrario, una bellísima persona. Y uno no sabe si reírse cuando escucha a Silvio y compañía decir con emoción que aquellos tiempos fueron lindos, que lo meritorio fue resistir, que gracias a las vicisitudes y las incomprensiones que tuvieron que vencer se hicieron mejores seres humanos.

Hace varias noches vi “Hay un grupo que dice” en la TV, y terminé asqueado y deprimido. Me sentí como si se burlaran de mí con ese burdo intento por conmovernos y hacernos añorar aquel tiempo, en el que andábamos por un país que parecía un campamento, hambreados y mugrientos, y lo que es peor, engañados, dejando que hicieran de nosotros “el hombre nuevo”, creyendo que el paraíso que anunciaban  ̶ Cordón de La Habana, escuelas en el campo, servicio militar obligatorio, guerras africanas, microbrigadas y zafras de por medio ̶  estaba al doblar la esquina.

Sin embargo, aun con los malos recuerdos que me evocan, disfruto escuchar algunas de las canciones del GESI, las pocas que no eran panfletarias, es decir, las canciones de amor y los instrumentales. No importa que hoy suenen demasiado rudimentarias aquellas grabaciones, con orquestaciones ambiciosas en que había flauta, oboe y fagot; los ecos de Thelonius  Monk en  los  tumbaos en el piano de Emiliano Salvador, y todo tipo de percusiones raras tocadas por Leoginaldo Pimentel y Norberto Carrillo; pero se echa desesperadamente de menos las buenas cuerdas de acero para las guitarras y órganos Hammond, como los del rock inglés y norteamericano, que era lo que de verdad nos volvía locos, aunque nos lo prohibieran e hicieran tragarnos a la cañona la mierda de “la canción como un arma de la revolución.”

[email protected]




La eterna hostilidad del régimen contra Guillén Landrián, cineasta y pintor

LA HABANA, Cuba.- Aunque después de su muerte en 2003 Nicolás Guillén Landrián salió un poco de la sombra, y algunos documentales suyos han sido proyectados un par de veces en la Cinemateca, su obra como pintor y dibujante se han dado a conocer muy poco a la luz pública en Cuba.

En 1989, silenciado y condenado a la muerte civil, Guillén Landrián había participado en la primera exposición de arte independiente que se hizo durante la revolución, frustrada por el violento asedio de la policía política, y una vez, más recientemente, se exhibieron en el vestíbulo del cine Chaplin algunos cuadros suyos durante una Muestra Joven del instituto cubano de cine.

Pero, aunque hoy se ha convertido en cineasta de culto y su estética fílmica inspira a los nuevos realizadores —Esteban Insausti le dedicó su notable documental Existen—, Guillén Landrián es todavía un gran desconocido en la cultura cubana y, a 15 años de su muerte, sigue siendo el eterno rebelde, el irreductible, el poeta maldito que sufrió acoso político, prisión, internamiento psiquiátrico y ostracismo, pero jamás aceptó convertirse en un bufón del poder.

Ahora, cuando se cumplieron 80 años de su nacimiento y 50 de su obra maestra Coffea Arábiga, se presenta en Cuba una exposición personal con pinturas y dibujos suyos en el admirable Estudio 8, la galería alternativa y literalmente underground que construyó el fotógrafo Juan Carlos Alom en el sótano de su casa, en la calle 8 del Vedado habanero. La ocasión sirvió también para proyectar Inside Downtown, el documental que codirigió con el joven realizador José Egusquiza en Miami, en 2001, luego de 30 años sin filmar.

“Nicolás pintó toda la vida”, nos comenta Gretel Alfonso, su viuda, que lo acompañó durante una parte de su calvario en Cuba y en sus últimos años en Miami, y que trajo sus restos para enterrarlos en La Habana. “Yo tuve en la mano un cuadro que pintó él a los diez años”.

“Su madre —amiga de Fidelio Ponce y Wifredo Lam— lo trajo de Camagüey para matricularlo en San Alejandro, pero solo estuvo unos seis meses, porque enseguida se hizo evidente que ya sabía más de lo que podían enseñarle allí y que no necesitaba estar en la academia”.

Entre las muchas cosas de Guillén Landrián que admira aún a Gretel Alfonso están su segundo nombre, Marcial, que tanto se avenía con él, y “la asombrosa virtud de su visión de las dimensiones, que de alguna manera se correspondía con su capacidad para medir el tiempo”, quizás uno de sus secretos clave para realizar aquel cine-collage, que parecía hecho de secuencias de piezas pictóricas moviéndose en una frenética temporalidad.

 

“Por eso”, dice su viuda, “llegó a hacer reportajes y documentales impresionantes, pero de solo tres minutos, como El Morro, que se proyectó en público y luego desapareció en el ICAIC, en el que su voz repetía continuamente «El Morro tiene tres siglos, El Morro tiene tres siglos»”. La relación de su estética cinematográfica con las artes plásticas quedó demostrada al menos desde 1962, cuando filmó el corto Homenaje a Picasso, hoy también desaparecido.

Aunque comenzó en el ICAIC como asistente de producción, trabajo ingrato, pronto pudo pasar un curso de cine documental dirigido nada menos que por Theodore Christensen y Joris Ivens. “La prueba consistía en expresar lo que veía en un cuadro de Van Gogh. Y fue aprobado”, contó la viuda a Cubanet, y aseguró que los problemas de Guillén Landrián con el poder comenzaron desde antes de hacer cine

No es sencillo desentrañar todas las causas de aquella hostilidad, pero es lógico que su originalidad y su ímpetu transgresor no fueran del gusto de las autoridades. Como tampoco los premios y todo el reconocimiento que comenzó a ganar, y aquel espíritu suyo tan poco dado a la servidumbre política.

“También está que en Cuba hay mucho racismo”, señala Gretel, “y ver a un hombre negro que se condujera con la espontaneidad, la soltura, el encanto masculino y la inteligencia que poseía él, resultaba insoportable para algunos. Era una persona extraordinariamente amable con las mujeres, lo que no es usual en Cuba. Muy considerado, muy adelantado incluso para esta época. Muy galante y agradable, de una gentileza y una nobleza con la mujer que yo nunca había visto”.

En una época tan represiva y machista, la naturaleza libre de Guillén Landrián podía ocasionarle, y le ocasionó, aquellos castigos de pesadilla. Reunirse con marginales y homosexuales era un pecado muy grave entonces, mucho más en un artista tan original, tan “preocupado por las formas” y tan alejado del realismo socialista. Así que no era demasiado absurdo que lo acusaran de diversionismo ideológico y hasta de participar en un plan de atentado contra Fidel Castro.

Para colmo, después de aquellas reclusiones y castigos, en lugar de apocarse, Guillén Landrián fue capaz de producir, para complacer un encargo oficial, con la mayor inocencia del mundo, nada menos que un documental como Coffea Arábiga, tan “demasiado creativo, demasiado negro, demasiado popular”.

La censura no fue automática, sino tras el fracaso del Cordón de La Habana, cuando el filme empezó a ser visto como un sarcasmo suyo. Pero no había forma de que el incómodo artista entrase por el aro. Y, como si fuera poco lo que había hecho hasta entonces, en 1971, Guillén Landrián se apeó con Taller de Línea y 18, que terminaría siendo el motivo concreto de su definitiva expulsión del ICAIC.

“El ICAIC”, asegura Alfonso, “vende hoy en 200 dólares cada copia de las películas de Guillén Landrián en Estados Unidos”. Por ellas, él solo obtuvo el sueldo de la institución durante el tiempo en que trabajó allí. Luego, durante los largos años de ostracismo, y más tarde en Miami, el artista sobrevivió vendiendo sus pinturas y dibujos a un precio relativamente bajo.

Pero trabajó tanto que no solo vendió mucho de lo que pintó en aquellos tres decenios, sino que quedan varias piezas que conserva cuidadosamente su viuda. Con ellas se preparó la exposición, Aunque tú… en el Estudio 8 de Alom, y podemos sondear esas humildes obras en busca de rastros de odio, de una sombra demoníaca que pasara de la dura existencia del artista a su arte. Pero sería en vano.

Aunque parezca ilógico, el rencor y la tiniebla nunca se enraizaron en él. Ni la amargura. En los Evangelios de Mateo y de Lucas podemos leer cómo, a un escriba que prometió seguirle, Jesús le advirtió que “las zorras tienen cuevas y las aves del cielo tienen nidos, pero el Hijo del Hombre no tiene dónde recostar su cabeza”.

En la lápida de su sepultura está escrito: “Nicolás Marcial Guillén Landrián (Camagüey, 1938 – Miami, 2003). El hijo del hombre no tiene dónde apoyar la cabeza”.




¡Aquellos Noticieros ICAIC!

LA HABANA, Cuba.- Mesa Redonda, el más oficialista de los programas de la TV cubana, me ha hecho volver a recordar aquellos espantosos Noticieros ICAIC que, durante décadas, hasta que llegó el Período Especial, nos obligaban a soportar en los cines antes de proyectar cualquier película.

Hace unos días, en Mesa Redonda pasaron íntegros, de pegueta, uno tras otro, cuatro de aquellos noticieros, de los años 1962, 1963, 1966 y 1986. En ellos se trataban, entre otros temas, de un congreso de arquitectos celebrado en La Habana, de la filmación en Arimao de Aventuras de Juan Quinquín, una versión cinematográfica de la novela de Samuel Feijóo donde al protagonista lo convertían en guerrillero, y de la producción de compotas de plátano.

Y no tenía desperdicio el noticiero de 1966, que desde algún lugar de la selva colombiana, presentaba una alocución del comandante Manuel Marulanda, alias Tirofijo, antes de mostrar imágenes de guerrilleros de las FARC con las palabras de Fidel Castro como fondo, augurando “el ocaso del capitalismo cavernícola y brutal”.

Luego de ver hoy esos Noticieros ICAIC, ridículos, rimbombantes hasta el patetismo, reminiscentes del agit-prop soviético y los No-Do del franquismo, uno se pregunta cómo es que éramos capaces de soportar aquella tortura. Pero eran obligados, con tal de poder ver las películas de Fantomas, Toshiro Mifune, el cieguito Ichi, Alain Delon, Palomo Linares, Antonio Gades, Julio Iglesias o Massiel (porque hasta los años 70, de cine norteamericano ni hablar), o aprovechar los novios, si era una película rusa, para besarse y apretar.

Lo peor del asunto fue aquellos musulungos, masoquistas empedernidos y sulacranes que en los primeros años 60 se emocionaban con los Noticieros y hasta echaban lagrimitas y aplaudían, y miraban atravesado, con roña, a los que no aplaudían cuando aparecía en pantalla Fidel Castro. Porque en los Noticieros ICAIC siempre, hasta que se acabaron, el máximo líder era el protagonista: con gorra o con boina, con espejuelos o sin ellos, pero siempre de verde olivo, pronunciando discursos, inaugurando alguna obra, presidiendo algún congreso de algo, de cualquier cosa, en uno de sus recorridos por el país o abanderando a alguna delegación deportiva como si partiera a una guerra.

Aquellos noticieros de catecismo, adoctrinantes hasta reventarte el cerebro, para nada sutiles, pretendían inculcarnos la visión del mundo que le convenía al castrismo. Y se suponía que como estábamos aislados del mundo exterior, sin otros referentes a mano, nos tragáramos todos aquellos embustes sin chistar y siempre aplaudiendo…

¡Y todavía hay quien dice que Santiago Álvarez, el director de aquellos engendros, era un gran documentalista, algo así como la versión masculina y castrista de Lenni Riefenstaldt!




¿Cuántas películas cubanas han sido censuradas en la última década?

Cinemateca de Cuba (foto: radiorebelde.cu)

MIAMI, Florida.- Un crítico cubano de cine ha enviado una carta abierta a la revista oficialista La Jiribilla para recordarle cuáles películas cubanas han sido censuradas en la última década.

Dean Luis Reyes escribió en Facebook una lista con cerca de veinte títulos censurados por las autoridades culturales de la isla en menos de diez años.

La carta de Reyes condena además el artículo del periodista oficialista José Ángel Hernández Pérez, quien arremetió contra el también crítico Gustavo Arcos a raíz de la posición de este último hacia el Instituto Cubano del Arte e Industria Cinematográficos (ICAIC) tras la decisión de censurar el film Quiero hacer una película, del joven director Yimit Ramírez.

Arcos también criticó el hecho de “regañar públicamente a los miembros del Comité Organizador de la Muestra Joven 2018”, evento donde sería proyectado el film de Ramírez, aún en producción.

“La dentellada inicial de Pérez va contra las supuestas prerrogativas de Arcos como docente. Para Pérez, Arcos ‘goza del privilegio de ejercer la enseñanza’. Como si haber sido profesor de casi veinte generaciones de la Facultad de Arte de los Medios de Comunicación Audiovisual del Instituto Superior de Arte fuera solo un privilegio, acaso otorgado por la magnanimidad de algún poder superior”, critica Reyes.

“Las razones de Arcos, según Hernández Pérez, son sospechosas. Como la de las voces que se oponen a la decisión del ICAIC y han apoyado al Comité Organizador de la Muestra Joven 2018. Dice que ‘la diatriba parte del lugar común de la propaganda contra Cuba, su gobierno y su pueblo’ y que ‘parece responder a un entramado desestabilizador y subversivo'”, agrega el crítico.

“Sin duda, los teóricos de la guerra fría cultural de La Jiribilla no son demasiado originales. Usan los mismos argumentos que en los 90 e inicios de los 2000 usaban en El Caimán Barbudo contra gente como Emilio Ichikawa, Rafael Rojas, Víctor Fowler, Elvia Rosa Castro… y antes usara Leopoldo Ávila en Verde Olivo, que consiste en desacreditar la honestidad de los juicios de los intelectuales que se desaprueba. En poner en entredicho sus intenciones reales (…)”, añade la carta.

Reyes desaprueba que el articulista Hernández Pérez “ensaya el asesinato de reputación de Arcos” al invocar “argumentos vinculados a la nueva partida de presupuesto del Departamento del Tesoro estadounidense bajo la política de Donald Trump, para derrocar el Gobierno cubano”.

Para el crítico de cine, constituye un “golpe bajo” atacar a un hombre por su modo de subsistencia. “Cuestionar a Arcos su labor docente y por esa vía invocar su despido, sabemos cómo se llama. Al menos en mi barrio tiene un nombre muy feo”, considera Dean Luis Reyes.

Resulta “poco ético creer que un colectivo como el del cine, fogueado como ningún otro del campo intelectual cubano en la discusión y el debate abierto, no iba a reaccionar ante una decisión que consideró un atropello”, añade Reyes.

“Esa tradición beligerante que (Hernández) Pérez ignora, porque en su mente solo hay mercenarios y guerra fría cultural, no se va a acabar porque nos amenacen o endilguen epítetos como ‘contrarrevolucionarios’. Otra cosa que Pérez ignora es que nos lo han dicho demasiadas veces. Nos lo han dicho siempre ‘asalariados dóciles al pensamiento oficial’, como él. Siempre habrá por ello voces, como la de Arcos y otros, que les responda como se merecen”, escribió.

“(Hernández) Pérez y La Jiribilla demuestran una ignorancia inmensa sobre los verdaderos problemas del cine cubano”, remató el crítico.

Debido a que “están tan en desacuerdo con el uso que por estos días se da al término censura”, el Reyes dejó en su carta abierta “una lista no exhaustiva de los largometrajes cubanos de esta década solamente, que no han tenido estreno público ni exhibición normal más allá de algún festival o muestra”.

La lista es la siguiente:

Molina´s Ferozz (Jorge Molina, 2010)

Memorias del desarrollo (Miguel Coyula, 2010)

La vaca de mármol (Enrique Colina, 2013)

Jirafas (Enrique Álvarez, 2014)

Espejuelos oscuros (Jessica Rodríguez, 2015)

Caballos (Fabián Suárez, 2015)

El tren de la línea norte (Marcelo Martín, 2015)

La obra del siglo (Carlos Machado, 2015)

La singular historia de Juan sin Nada (Ricardo Figueredo, 2016)

Sharing Stella (Enrique Álvarez, 2016)

Santa y Andrés (Carlos Lechuga, 2016)

El tío Alberto (Marcel Beltrán, 2016)

Severo secreto (Oneyda González, Gustavo Pérez, 2016)

El Proyecto (Alejandro Alonso, 2017)

Pablo Milanés (Juan Pin Vilar, 2017)

Nadie (Miguel Coyula, 2017)

Sergio y Sergei (Ernesto Daranas, 2017)

Apunta Reyes que “con ello, se viola la Ley 169 de 1959, de creación del ICAIC, la cual indica que esa institución tiene la obligación de ‘organizar, establecer y desarrollar la distribución de los filmes cubanos o de coproducción’. Su artículo decimoprimero reza: ‘El Instituto Cubano del Arte e Industria Cinematográficos se encargará asimismo de promover la distribución de los films cubanos en el mercado nacional en una forma organizada y sistemática…'”.

Y concluye la carta: “No sé si eso se llama censura. Propón un término mejor, (Hernández) Pérez… a lo mejor contrarrevolución te sirve. A Trump seguro le encanta”.




Los comisarios muerden la película blasfema

LA HABANA, Cuba.- Yimit Ramírez quiere hacer una película —o terminar el corte final— y entonces los dueños de los cines, del ICAIC y de la Muestra Joven donde debía exhibirse el filme, lo prohíben, dándole a entender que si quiere hacer una película, y para colmo ponerla en el 23 y 12, que mejor lo haga en su casa. Increíble.

No al siglo XXI. Los comisarios muerden la película blasfema. “Balas ominosas contra José Martí” es un artículo de Juventud Rebelde que acusa a “quienes intentan desconocer la altura del héroe” de sirvientes del imperio “al revolverse contra la nación cubana”, asegurando que “muy mal estaría Cuba si el concepto de juventud se confundiera con el derecho a la irreverencia y a cometer actos de lesa patria”, y cerrando con: “Otros venenos y proyectos ominosos hay”.

Granma va en su comparación a 1949, cuando aquel grupo de marines “culminó una jornada de asueto en el puerto de La Habana en el Parque Central. Borrachos, dos de ellos treparon a la estatua de José Martí, uno orinó en lo alto; abajo sus compinches aplaudieron”. El ángel de La Jiribilla también liberó su cólera institucionalizada.

Porque, más que al Apóstol, al Maestro, al Héroe Nacional, se insulta a un Martí gubernamental: con el Guardián de la Piedra no te metas. Hace 30 años hubo una condena a muerte contra el autor de la novela Los versos satánicos por algo parecido, una “blasfemia” contra el Profeta de Dios. Los censores fundamentalistas creen que un artista piensa como todos sus personajes.

“José Martí es un mojón”, “José Martí es… era maricón”, dice Tony, el personaje que se confiesa no martiano, a Neisy, admiradora del héroe, en medio de una historia de amor, que de eso trata QHUP —como llama el equipo realizador a Quiero hacer una película—, no de Martí. Y el alto comisariado se horroriza por esas palabras. Asombroso.

¿De veras piensan que Martí sigue siendo sagrado para los jóvenes después de todos los desatinos y mentiras que les embuten sobre él en la escuela y los medios? Hoy, los niños y los jóvenes desconocen a Martí, pues les han inculcado que es una especie de adelantado del socialismo en Cuba, un autor intelectual de todo lo que ocurre ahora en el país.

Además, se les ha acostumbrado a insultar y agredir masivamente a sus semejantes vivos, a llamarlos con palabras tan ofensivas como “mojón” o “maricón” siguiendo órdenes de sus educadores. Pero esos comisarios ni se inmutan por eso, ni porque el gobierno acerque los ideales de Martí a los del marxismo estalinista o sus restos mortales a las cenizas de Fidel Castro.

Y razones es lo que nunca falta a censores y comisarios para condenar filmes en la Muestra Joven, como ocurrió con Fuera de liga (Ián Padrón, 2007), con Revolution (Mayckel Pedrero, 2009) y con Despertar (Ricardo Figueredo, Anthony Bubaire, 2011). Este último caso provocó la renuncia a la dirección de la Muestra de Fernando Pérez.

Pero, luego de la prohibición, del ucase fulminante y del estigma, las autoridades inquisidoras acusan a sus víctimas y a sus equipos de realización por exponer sus opiniones y rebatir las falsedades de sus censores en las redes sociales, ya que no tienen el menor acceso a la prensa oficial. Como siempre, el pataleo del ahorcado es un agravante. Pasmoso.

El argumento de QHUP: “Entro en tu casa sin que lo sepas. Oculto bajo tu cama grabo tu vida. ¿Me dejas hacer una película con esas imágenes? Neisy primero siente pánico, luego ve lo filmado por Tony, un mirón con ánimo de espía como su padre, connotado agente de la Seguridad del Estado. Ella no solo acepta, sino que se implica. Convienen en seguir documentando sus vidas, su relación, la Cuba que viven, disfrutan, sufren. Quieren terminar su película.”

Según Marta Ramírez, la productora, QHUP, que se hizo con una campaña de crowdfunding, fue convirtiéndose en “una creación totalmente colectiva. Un juego donde los espectadores también son todo esto que somos nosotros… Yo no he visto nada construido de esta manera”.

En su página de Facebook, el director Yimit Ramírez imagina qué bella sería Cuba si “todos pudiéramos decir y reaccionar espontáneamente, sin simulaciones”, y se pregunta “por qué razón Martí les tiene que gustar obligatoriamente a todos. ¿Por qué el tocororo, la palma, el escudo, el himno? ¿Por qué tanta irrealidad, rigidez, inocencia?”

No descubrió a Martí en “los libros de la escuela, muros y noticieros”, sino en fuentes como “las cartas en que Máximo Gómez y Antonio Maceo lo criticaban y tildaban de afeminado”, un Martí, dice Ramírez, “que cagaba y gustaba del hachís”. Así que decidió dejar la controvertida escena para “bajarlo del pedestal y traerlo al barrio”.

Para el joven director, “todo este suceso ha generado debates muy interesantes y necesarios, es otra película que está sucediendo en tiempo real, escrita y actuada por todos nosotros. Es muy saludable cuestionarnos el nacionalismo, y todo lo sembrado e impuesto. Lo que sobreviva a esa revisión, bienvenido sea. Lo que no, pues que siga su camino y ya está”. Admirable.

El crítico Gustavo Arcos reitera lo que dijo ante una situación similar, que “lo que interesa es la posición común que deben tener los creadores más jóvenes y también los que no lo son para con esta actitud de censurar y prohibir. Si los ideólogos o funcionarios del ICAIC consideran que un filme puede provocar la caída de un sistema, una idea o un proyecto de sociedad, entonces poco han conseguido a lo largo de 50 años”.

Y suena muy razonable su consejo a los jóvenes de que, como estamos en el siglo XXI, y ya que la Muestra Joven es del Estado, como las salas de cine, “exploren y exploten todos esos nuevos espacios y plataformas para producir y consumir las obras. Ustedes no dejarán de rodar películas porque no se las exhiban en las salas de cine. Rara vez los cineastas independientes del mundo han contado con las salas de cine. Ellos solo cuentan con sus películas, su pasión y su energía”.

En declaraciones a 14ymedio, los realizadores han dicho que presentarán la película a todos los certámenes dentro de Cuba en los que pueda participar. “De lo contrario la regalaremos y haremos proyecciones donde podamos. Es el precio de la independencia”. Claro.

Por su parte, el crítico de cine Dean Luis Reyes, en solidaridad con el equipo de QHUP ha sido muy  preciso: “Martí será un Dios para alguna gente, pero el arte tiene que ver con la duda, de lo otro se ocupa la religión”.

Sin embargo, en medio de esta confusa situación, no deja de tener razón Arcos al escribir que “en el fondo, todo este revuelo alrededor de una frase, es solo una cortina de humo, generada por los funcionarios y la burocracia cultural para contaminar y desviar la atención pública sobre las verdaderas angustias que acompañan hoy toda la creación artística en el país”.

Naturalmente, algunos se preguntan si ocurrirá la Muestra Joven 17, que debe celebrarse del 3 al 8 de abril, en el contexto político que ya sabemos. Ya la Bienal de La Habana fue postergada para el próximo año con el pretexto del huracán Irma. Sensacional.




Tensión entre ICAIC y la Muestra Joven por censura a filme sobre Martí

LA HABANA, Cuba.- El Instituto Cubano del Arte e Industria Cinematográfica (ICAIC) ratificó este jueves en conferencia de prensa que “junto a la defensa de la libertad de creación artística, continuaremos defendiendo el derecho de la institución a adoptar sus propias decisiones, en el marco del diálogo y del respeto mutuo entre los creadores y la institución”.

Estas declaraciones, ofrecidas por su presidente, Roberto Smith, se dan a raíz de la repercusión que tuvo la censura por parte de esta institución al filme Quiero hacer una película, del realizador Yimit Ramírez, que fue retirada arbitrariamente de la sección Presentación Especial de la XVII Muestra Joven.

Esto ocurrió, según dijo Roberto Smith, porque “nosotros estamos discutiendo, una vez más, sobre una película que más allá de los méritos y cualidades artísticas y estéticas, hace una alusión irrespetuosa a José Martí”.

Smith declaró ante los periodistas que persiste una diferencia de criterios entre los organizadores de la muestra y la dirección de la institución que él comanda. “Un insulto a Martí, sea el que sea y en el contexto que sea, es un asunto que no solo concierne al ICAIC, sino a toda nuestra sociedad y a todos lo que en el mundo comparten sus valores. No es algo que pueda admitirse simplemente como expresión de la libertad de creación”.

Si bien Smith había declarado que el comité organizador de la Muestra no participaría en la conferencia, sus integrantes sí estaban presentes durante el intercambio, junto a otros realizadores, e hicieron valer su palabra a través de la voz de Mijaíl Rodríguez, miembro de la junta directiva del evento.

“Nuestra ética es con la cultura y con el cine cubano, por encima de las personas y las instituciones, porque las personas pasan y las instituciones son estructuras que se ajustan a los nuevos tiempos”, declaró Mijaíl.

“La decisión inicial no fue quitar la película, sino verla con los creadores, quienes decidieron retirarla. No se produjo ese diálogo y a partir de ahí comenzó esa jauría que se desató contra la institución”, explicó desde su postura Smith, quien sentenció que “el ICAIC no puede admitir que como expresión de la libertad de creación, que es absolutamente legítima, se agreda y ofenda a los símbolos patrios y a las figuras de nuestra historia. Estoy seguro que esta no es la única sociedad que toma este tipo de decisiones”, concluyó.

Todo el equipo organizativo se mostró en su momento en pleno desacuerdo con la manera en la que se quería proyectar la película, reducida a una sala de 24 butacas, e hicieron una declaración como cineastas para aclarar cualquier estado de opinión que se crearía alrededor del fenómeno.

Mijail convino en el derecho del ICAIC de expresar su posición, “pero esto evidentemente marca una ruptura. Es muy triste que en el momento el que inauguramos nuestro encuentro no nos permitan expresarnos. Nosotros no veníamos aquí a provocar ni a decir ninguna declaración contra la institución; aquí veníamos a hablar de la Muestra, que es lo que importa”.

A pesar de todo este clima de divergencias, la posición de esta institución es que la Muestra continúe como estaba prevista, y buscar los espacios para despejar el conflicto en aras de continuar con el trabajo.

El evento se realizará entre los días 3 y 8 del mes próximo en varias salas de cine de La Habana con la proyección de materiales de ficción, documentales y animados.




“Castigan” film de joven realizador cubano por irrespetuoso hacia José Martí

Yimit Ramírez junto a Marta María Ramírez (CNN)

MIAMI, Estados Unidos.- Una obra del cineasta Yimit Ramírez ha sido excluida de la sección Presentación Especial de la Muestra Joven por funcionarios del Instituto Cubano de Arte e Industria Cinematográficos (ICAIC), debido a que posee un diálogo poco respetuoso con José Martí, el Héroe Nacional del país.

En la escena que ha generado molestias entre los censores del ICAIC, quienes califican a Martí de “sagrado”, uno de los personajes se declara no martiano y califica héroe independentista de “mojón” y “maricón”.

Según publica el diario 14ymedio, el largometraje de Ramírez, Quiero hacer una película,  iba a ser proyectado en el Cine 23 y 12 de La Habana el próximo 7 de abril dentro de la sección Presentación Especial. Tras este evento seguiría un debate entre los realizadores y el público.

El equipo de la Muestra Joven dio una propuesta inicial, pero no fue validada por las autoridades del ICAIC y la proyección del film se trasladó a la pequeña Sala Terence Piard, añadió 14ymedio.

La periodista Marta María Ramírez, diseñadora de la estrategia de comunicación de la campaña en internet para la película, relató en su cuenta de Facebook: “Me tocó a mí dialogar. Me encontré con Octavio Fraga Guerra, un funcionario al que conozco desde hace mucho tiempo y que, armado con memoria flash, exigía que le copiara la película para poder verla con el presidente del ICAIC”.

Según agrega el texto, la desconfianza del joven director para entregar una copia al ICAIC era más que nada por miedo a que la película “se filtrara como ha pasado con otras obras de realizadores cubanos” confiadas a esa institución.

“Si no me la copias, no se pone”, respondió el funcionario, de acuerdo a esa misma fuente. Poco después, Ramírez fue informado de que su película no se proyectaría en la sección planeada porque a Fraga Guerra “no le había gustado una frase de la película”.

El mismo funcionario dijo en ese momento que el director del ICAIC, Roberto Smith de Castro, aún no había visto el film.

Los organizadores de la Muestra insistieron para incluir el filme en la sección prevista, pero luego el director del ICAIC respondió taxativamente que “Martí es sagrado”.

El equipo de realización de la Muestra ha hecho público su desacuerdo con la decisión del ICAIC, calificando de “totalmente inapropiada” la opción de exhibir la película en otra sala.




Cines que el viento se llevó

[youtube]https://www.youtube.com/watch?v=pCAEcVcSgd8[/youtube]
LA HABANA, Cuba.- Suman 50 las salas de cine de la capital que hoy el directorio telefónico de ETECSA recoge en sus páginas amarillas. De ellas, más de la mitad se encuentran cerradas al público por el avanzado deterioro en sus techos, paredes, butacas, pantallas y proyectores.

Con el paso de los años, las salas de cine en Cuba han sido sustituidas por opciones más novedosas y atractivas. El Paquete Semanal, los DVD y hasta la televisión por cable han llegado de forma clandestina a las casas para proveer comodidad y actualidad, mientras que en aquellos espacios como el cine Cuba o el Novedades, en Arroyo Naranjo, la destrucción y el olvido ganan terreno.

Ante la imposibilidad económica que limita a la Dirección Provincial de Cines de La Habana, el Ministerio de Cultura y el ICAIC (Instituto Cubano del Arte e Industrias Cinematográficos) de desarrollar las inversiones necesarias para el mantenimiento de las salas cinematográficas, hoy muchos de estos sitios, ya en ruinas, son entregados a proyectos culturales que cuentan con los fondos para rescatar la instalación, aunque sea necesario un cambio en su objetivo social.

“Se pierde un cine, pero se gana un nuevo espacio. Lo malo es que si seguimos perdiendo cines solo van a quedar los de 23”, comentó para Cubanet Juana Quiroga, de 75 años de edad y vecina del antiguo cine La Edad de Oro, en el municipio 10 de octubre, que hoy brinda funciones de títeres para niños.

Los que no corrieron con la misma suerte de Juana fueron los vecinos del antiguo cine Alegría, en La Palma, que hoy muestra una fachada recién pintada pero su interior solo sirve de local de ensayos para gimnastas y malabaristas.

Párraga se queda sin Novedades

Con un avanzado estado de deterioro, el cine Novedades, enclavado en el corazón de Párraga, una barriada capitalina a las afueras de la ciudad capital, desde hace más de 10 años se encuentra cerrado al público.

“Primero dejó de funcionar el proyector, luego se fueron rompiendo las butacas y así poco a poco el cine murió”, asegura Alberto Mas, vecino de la zona.

En un intento por no perder el espacio cultural, se llevaron a cabo varias iniciativas comunitarias, una discoteca, funciones de teatro y de circo. Estas fueron el resultado de las ideas propuestas por los vecinos del lugar, pero ninguna dio resultado y los vecinos perdieron las esperanzas de volver a ver el cine funcionar.

“La discoteca fue una buena idea los primeros días. Enseguida hubo broncas y hasta apuñalados, fue un desastre total. El circo y las funciones de teatro ayudaron bastante pues era algo tranquilo y gustaba mucho, pero las condiciones estructurales no ayudaban y dejaron de venir. Hoy se alquilan películas, pero ese servicio nadie lo utiliza”, comentó Mas, visiblemente molesto.

Al no recibir el mantenimiento establecido por la Dirección Provincial de Cines de La Habana, institución encargada de realizar estas labores, hoy son mayores los fondos necesarios para restablecer las funciones del cine Novedades, que permitía la distracción de esta comunidad apartada y desfavorecida.




Estancado debate sobre Ley de Cine en Cuba

7c7fd3162d04573760cedc1776c9395e74954908LA HABANA, Cuba.- Cuba promueve desde hace dos años el debate para reestructurar su industria fílmica y aprobar la primera Ley de Cine, sin lograr “todavía” los cambios “que necesitan el cine cubano y su institucionalidad”, según afirman autoridades del sector en un artículo publicado hoy en medios oficiales.

Cineastas y directivos del estatal Instituto Cubano del Arte e Industria Cinematográficos (Icaic) han trabajado con “muchas más coincidencias que divergencias” en posibles fórmulas y procedimientos sin ver aún resultados concretos, reconoció el presidente de la entidad, Roberto Smith, en el portal oficial Cubadebate.

Smith enfatizó en el término “todavía” para “subrayar nuestra seguridad de que los cambios serán posibles” una vez que se aprueben las propuestas analizadas “en el contexto mayor” de las reformas que actualmente se aplican en Cuba.

Las principales direcciones de los debates se mueven sobre todo en el plano del reconocimiento legal al cineasta como “artista independiente” y a la producción “no estatal”.

Smith también mencionó que se trabaja en la “transformación del Icaic como entidad rectora del cine nacional” y en las normativas jurídicas que “deben proteger y regular al sistema del cine cubano”, reunidas en una futura Ley de Cine, que según el directivo, se ha “pretendido utilizar como instrumento de confrontación”.

“En algunos medios nacionales e internacionales, la propuesta se ha manipulado, tergiversado o maltratado. Lo cierto es que la Ley de Cine ha estado, desde el comienzo del proceso de reestructuración, entre las propuestas de políticas de mayor alcance”, insistió el funcionario.

Explicó que los cineastas cubanos han adelantado el análisis de lo que “sería útil” si se aprobara la Ley, que “debe ser la meta que consolide todas las propuestas de cambio” sin hacer esperar por eso a “decisiones más urgentes” que puedan materializarse de inmediato.

En el texto, el directivo reconoció que tras el restablecimiento de las relaciones con EE.UU. es “previsible” el incremento de “productores extranjeros con interés de filmar en Cuba o de invertir en áreas específicas del sistema audiovisual”, por lo que el sector debe estar “ordenado y protegido con sus propias normativas”.

El presidente del Icaic recalcó que estos cambios se harán “en función de la política cultural de la revolución” y aseguró que aunque se modifique la oferta de los cines – hoy totalmente presupuestada por el Estado- siempre “se protegerá la cultura para que no sea sometida a la lógica del mercado”.

En un escenario “saturado de obras audiovisuales foráneas” es “una necesidad urgente” estimular la producción nacional para “la protección y desarrollo de la cultura cubana”, concluyó Smith, cuarto presidente del Icaic, organización fundada por el fallecido Alfredo Guevara, uno de los intelectuales más reconocidos en la isla tras el triunfo de la revolución castrista.

En mayo de 2013 comenzó el debate sobre la pertinencia de una Ley de Cine en Cuba, promovida desde un inicio por varias generaciones de cineastas, entre ellos prestigiosas figuras como los directores Fernando Pérez y Manuel Pérez, el guionista de “Fresa y chocolate” Senel Paz, y el actor Jorge Perugorría.

Entre sus peticiones principales están la garantía de un respaldo oficial a la creciente producción autónoma en la isla, a lo que se suman las quejas por el deplorable estado de muchas salas cinematográficas, el deterioro de los archivos fílmicos y obsoletas regulaciones que obstaculizan su trabajo. (EFE)




“Vuelos prohibidos” con poca aceptación de público

Toma de imagen de la película (foto del autor)
Toma de imagen de la película (foto del autor)

LA HABANA, Cuba, mayo. –En la película cubana Vuelo prohibido (2015) el director Rigoberto López  trata de plasmar la realidad y el conflicto de las diferencias de sistemas políticos incomparables pero con un la posibilidad de un final feliz.

El filme se desarrolla en Francia y termina en Cuba. Se centra en un diálogo monotemático entre los personajes principales representados por el cantante de salsa Paulo FG y la actriz francesa de origen marroquí, Sana A Alaoui. También participan en el filme en menor medida Daisy Granados y Mario Balmaseda junto a otros artistas secundarios.

El director Rigoberto López lleva a la pantalla la trama de una joven francesa de padre cubano que no conoce y un fotógrafo cubano que tiene un hijo que no comprende por haberse marchado del país. El filme trascurre en escenas cerradas como la habitación de un hotel y un bar, con pocas escenas filmadas en exteriores. Entre escenas de romance y las diferencias entre el capitalismo y socialismo la película muestra que se puede llegar a convivir a pesar de las diferencias de ambos sistemas.   

Una de las escenas de dialogo muestra a Mario (Paulo FG)  y a Monique (Alaoui) enfrascados en una discusión sobre la democracia entre ambos sistemas, la cual terminaron sin llegar a un acuerdo. Pero la discusión es seguida por una escena de amor, reafirmando que los afectos personales no están limitados por las diferentes posiciones políticas. Durante la película el director nos quiere demostrar que a pesar de la intolerancia y las diferencias políticas las relaciones pueden funcionar.

Aunque la película toca ligeramente la realidad cubana actual, Rigoberto López no pasa por alto los errores del sistema actual cubano. Seni Guerrero, fan de Paulo FG que acudió a la presentación de la película, nos comenta: “Esperaba más de este filme pensé que sería sobre las culturas de los dos países (Francia y Cuba) pero lo que vi fue un monologo de crítica entre los sistemas sociales, de ambos países. Fue más sobre idealismo político, a mí la cinta me decepcionó.”

La cinta que fue puesta en cines desde el pasado 21 mayo hasta el 3 de junio no ha sido capaz de cautivar la atención del público cinéfilo cubano. “No ha sido una película taquillera. La película no sobrepasa las 400 entradas en el día a pesar de las tres tandas que proyectamos a diario”, expresó una trabajadora del capitalino Cine Yara, que prefirió el anonimato. La misma película ya se puede obtener en copia de cine clandestina por un dólar a través de las redes de vendedores de discos en la cuidad.  El filme fue producido entre el Instituto cubano de Arte e Industrias Cinematográficas (ICAIC) y la Fundación Global Democracia (Funglode) de República Dominicana.