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Apuntalado y rodeado por una valla: Así se ve el Saratoga hoy

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MADRID, España.- Poco más de dos meses después de la explosión del Hotel Saratoga, en La Habana, ocurrida el pasado 6 de mayo, el inmueble se encuentra apuntalado y rodeado por una valla.

Solo unos días posteriores al siniestro, Ángel Vilaragut Montes de Oca, viceministro primero de la construcción, declaró a la revista Bohemia: “Con lo que tenemos hasta este minuto sí es posible restaurar el edificio. Sin dudas, hay un grupo de lugares afectados a los que aún no hemos logrado tener acceso”. 

En medio de la crisis económica y de vivienda que atraviesa el país, Montes de Oca insistió: “Hasta hoy, el edificio es recuperable”; aunque implique un elevado gastos de recursos que no estaban planificados. 

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Foto: CubaNet

También a mediados de mayo, cuando aún se realizaban trabajos de búsqueda y rescate de las víctimas, la prensa oficialista anunció que al concluir estas labores la Empresa Nacional de Investigaciones Aplicadas monitorearía la instalación a partir de sensores ubicados en diferentes lugares. Así como precisó que el vaciado de la piscina, ubicada en el último piso del hotel, se realizaría por etapas y se desmontarían las estructuras que presentaban una deformación.

La explosión no solo dejó semidestruido al Saratoga, principalmente su fachada y el lateral, los cuales fueron derribados completamente hasta el tercer piso por el impacto, sino que también provocó estragos en 17 de los inmuebles colindantes, de los cuales la Oficina del Historiador de la Ciudad de La Habana se ocupó de cuatro de ellos: el Teatro Martí, el Capitolio Nacional, la Asociación Cultural Yoruba y la Iglesia Bautista El Calvario.

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Alrededores del Hotel Saratoga. (Foto: CubaNet)

Tras el siniestro, una de las primeras acciones de la Oficina en el emblemático teatro Martí fue la limpieza de los escombros y recuperación de lo que se podía reutilizar, para lo cual desmontaron la carpintería y clasificaron los herrajes y rejas descolocados.

El arquitecto cubano Vladimir Calderón Frías, en declaraciones a CubaNet, explicó que aunque el Saratoga había sido reparado antes de la explosión, no estaba suficientemente reforzado debido a su antigüedad.

Sobre la afectación a los edificios colindantes, el especialista señaló el inmenso riesgo que implica la construcción de hoteles para el turismo en zonas como La Habana Vieja.

El accidente en el Hotel Saratoga dejó un saldo de 99 personas lesionadas y 47 fallecidas (25 hombres y 22 mujeres). 

La mayoría de las víctimas fueron trabajadores del hotel que realizaban labores de reforma para su reapertura, que estaba prevista para el 10 de mayo de 2022, tras dos años cerrado por la pandemia de la COVID-19.

La última persona que permanecía hospitalizada fue dada de alta el pasado 28 de junio.

Entre los fallecidos se encontraba la turista española Cristina López-Cerón que estaba de visita en Cuba para celebrar los 30 años recién cumplidos de su novio, César Román.

Aunque las autoridades cubanas indicaron que la explosión se debió a un escape de gas, hasta el momento no hay un reporte oficial de las causas que provocaron el siniestro.

El Hotel Saratoga se construyó en 1880 y funcionó en sus inicios como almacén.

Ubicado en el Paseo del Prado de La Habana, frente a la Fuente de la India, fue inaugurado como hotel en 1933. En el año 2005 se le realizó una gran restauración llevada a cabo por la Oficina del Historiador de la Ciudad, con motivo del 486 aniversario de la fundación de San Cristóbal de La Habana.

Reabrió como un lujoso hotel de cinco estrellas, con 96 habitaciones, tres bares, dos restaurantes y centro de negocios. Posteriormente se le incluyó spa y gimnasio con equipos de alta gama.

En el inmueble se habían hospedado personalidades internacionales como la reina del pop, Madonna, la cantante estadounidense Beyoncé y su esposo el rapero Jay-Z.

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Foto: CubaNet

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Sale del hospital el herido más joven en la explosión del Saratoga: un niño de dos años

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MIAMI, Estados Unidos.- El único bebé que resultó herido en la explosión del Hotel Saratoga el pasado seis de mayo. El niño Arón Dávila González ya está fuera de peligro y salió del hospital, según dijo su madre en el Noticiero Nacional de la Televisión Cubana.

La mujer contó que la mañana del accidente iba con su niño de dos años caminando por la calle, pues al pequeño le tocaba la vacuna contra el COVID-19.

“Tengo al niño cargado y cuando voy por el separador del Saratoga siento una explosión. Yo no se para dónde cogió el niño, ni supe nada. Siento que hay mucha nube de polvo que no podía ver, pero mantuve la calma porque no sabía qué había alrededor mío o si me podía caer, pero en ese momento hubo como una brisa que me dejó ver al niño delante de mi”, relató.

En medio del caos había un botero que le decía “vamos, vamos” y estaba “medio lloroso por lo que había pasado”, manifestó la madre de Arón.

“Yo quisiera en algún momento si él me está viendo o alguna familia, que sepa que yo quiero agradecerle”, agregó.

Según el reporte, el botero llevó a Xiomara para el Hospital Clínico Quirúrgico Hermanos Ameijeiras, donde los médicos encontraron un objeto de madera de unas dos pulgadas y media que “había penetrado el cerebro del niño como un proyectil”.

“Se cuidó todo muy bien, hoy el niño está sin secuelas”, dijo la especialista al medio de presa estatal.

“Él es un guerrero desde que nació”, dijo la madre del niño.

Arón fue el más pequeño de las víctimas de la explosión del Hotel Saratoga, y el más crítico de los heridos durante varios días, dijo el informe.

Las autoridades cubanas han achacaron el accidente desde un inicio a un escape de gas, sin embargo, hasta el momento no hay un reporte oficial de las causas que provocaron el siniestro.

La explosión dejó 46 víctimas fatales, y 99 personas heridas. Uno de los muertos fue una ciudadana española que se encontraba de visita en el país.

El Hotel Saratoga quedó semidestruido, y provocó estragos en varios de los inmuebles colindantes, entre ellos la Iglesia Bautista El Calvario, primer templo de esa denominación religiosa construido en Cuba.

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¿Y las necesidades de viviendas del resto de los cubanos?

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LA HABANA, Cuba.- En su edición del 22 de mayo, el periódico oficialista Trabajadores informó acerca de la rápida construcción de viviendas para las personas que vivían en las inmediaciones del hotel Saratoga y que perdieron sus hogares como resultado de la violenta explosión ocurrida en ese centro turístico el viernes 6 del mes en curso.

La empresa constructora estatal Raúl Roa García, una de las más destacadas del país, levanta dos edificaciones biplantas, de cuatro apartamentos cada una, en un sitio ubicado en la calle Vives entre Carmen y Figuras, en el municipio de Habana Vieja, de forma tal que sus futuros moradores no se alejen mucho del lugar donde vivían anteriormente.

Como se conoce, los vecinos damnificados por la explosión en el hotel Saratoga fueron ubicados de inmediato, y hasta tanto se les construyeran sus viviendas definitivas, en la Villa Panamericana, un complejo habitacional construido en 1991 a raíz de la celebración en La Habana de los Juegos Panamericanos correspondientes a ese año.

La intensidad con que trabajan los obreros que erigen las edificaciones para los damnificados por la explosión queda patentizada en las palabras del jefe de la empresa constructora que acomete la obra: “Trabajamos de lunes a domingo desde bien temprano en la mañana y casi de sol a sol. Es como una alarma de combate. Por eso ha habido la máxima disposición de todo este grupo ejecutor para lo que hiciera falta”.

Aquí contrasta el interés demostrado por las autoridades para devolverles cuanto antes una vivienda confortable a estos damnificados del Saratoga, con la lentitud y el desdén que exhiben cuando se trata de atender a otros ciudadanos que pierden sus viviendas en otras circunstancias. En estos casos, por lo general, envían a las personas a albergues colectivos con pésimas condiciones de habitabilidad, y sin una fecha definida para que reciban una nueva vivienda. Hay casos de personas que llevan 20 o más años albergadas en esos sitios deprimentes.

Y mientras la rapidez de las autoridades se pone de manifiesto con el pequeño grupo de damnificados del hotel Saratoga, algo muy distinto se escuchó durante las sesiones de la Comisión de Industria, Construcciones y Energía de la Asamblea Nacional del Poder Popular.

En ese cónclave, una vez más, se habló de lo mal que marcha la construcción de viviendas en el país, sobre todo las concebidas para las personas más vulnerables de la sociedad. Se dijo que, al cierre del mes de abril, solo se ha construido el 9% de las viviendas planificadas para el año actual por el concepto de subsidio. Un concepto que engloba a personas discapacitadas, ancianos y otros sectores desfavorecidos.

En cuanto a las viviendas para las madres con tres o más hijos, únicamente se ha llegado al 12% del plan anual. Hasta el momento han caído en saco roto las promesas que hacen cada año las autoridades en el sentido de que se hará un esfuerzo para resolver las necesidades de vivienda que presentan esos sectores vulnerables. Todo marcha de mal en peor.

Es verdad que la escasez de materiales de la construcción, como el cemento, el acero y la madera, entre otros, incide en los incumplimientos crónicos que exhibe el plan de construcción de viviendas en el país. Sin embargo, el contraste que hemos expuesto entre lo que se hace para los damnificados del Saratoga, y lo que no se hace para el resto de los sectores desfavorecidos de la sociedad, muestra a las claras el doble rasero del castrismo en este tema tan sensible.

Los gobernantes pretenden limpiar su imagen con la rápida solución del problema de la vivienda a las familias que todo lo perdieron en la explosión del Saratoga. Y para el resto de los cubanos que necesitan una vivienda,… pues que sigan esperando con mucha paciencia.

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Explosión en el Saratoga: ¿Delito de estragos, sabotaje o terrorismo?

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LAS TUNAS. Cuba. — Casi tres semanas después de la explosión en el Saratoga las autoridades no han dado una respuesta pública y oficial de las causas del siniestro y su calificación técnico-jurídica. ¿Por qué ese silencio?

¿Es un hecho intencional o fortuito? ¿Qué lo produjo? ¿Se trata de un delito de sabotaje, de terrorismo o de estragos? Son sólo algunas de las muchas interrogantes que debieron hacerse y comprobar durante las investigaciones previas y posteriores los oficiales encargados de esclarecer lo ocurrido.

En el artículo, Explosión en el Saratoga: ¿Qué dice el peritaje de AVEXI?, publicado por CubaNet, expresamos: “la prensa oficial y el presidente de la República, apartándose de la palabra “atentado” y “bomba”, califican el suceso cual “lamentable accidente”, como si el delito de estragos, aunque no es político, no produjera los mismos resultados que un sabotaje, pero de esas diferencias y similitudes criminales estaremos hablando en el próximo artículo”.

Primero que todo debemos decir que los delitos se cometen por acción u omisión, intencionalmente o por imprudencia. Perfectamente, ese “escape de gas” puede encuadrar como un delito de estragos u otro delito con iguales resultados.

El delito de estragos está conceptuado tanto en el vigente Código Penal como en el que pronto entrará en vigor, sancionando a quien mediante “incendio, inundación, derrumbe, explosión u otra forma igualmente capaz de producir grandes estragos”, ponga en peligro la vida de las personas o la existencia de bienes de considerable valor; y, obsérvese, sólo por poner en peligro la vida de las personas o la existencia de bienes de considerable valor, la sanción es de privación de libertad de dos a cinco años, mientras que se eleva de cinco a doce años si como consecuencia de esos hechos resultan lesiones graves o la muerte de alguna persona.

Pero, respecto al delito de estragos, el lector no enterado en asuntos jurídicos debe observar que se califica por su intencionalidad, porque, si intencionalmente y con el ánimo de impedir u obstaculizar el uso o buen funcionamiento de recursos, edificaciones, instalaciones, unidades socioeconómicas o militares, cosechas, ganados u otros bienes, como puede ser un hotel, alguien, mediante “incendio, inundación, derrumbe, explosión u otra forma igualmente capaz de producir grandes estragos”, provoca lesiones graves, la muerte de personas o la destrucción de propiedades, no estaría cometiendo un delito de estragos, sino un sabotaje o un delito de terrorismo, según sea su intención.

El elemento intencional es lo que distingue el delito de estragos del sabotaje y el de terrorismo; en los tres delitos pueden causarse los mismos resultados: grandes estragos; pero mientras que en el primero no se previeron los resultados, o, negligentemente, la persona implicada pensó que no iban a producirse, en los dos últimos la persona participe sí realiza los actos lesivos consciente y voluntariamente, queriendo los resultados que pueden producirse y asumiendo el riesgo.

Pero es que, incluso, siendo delitos que atentan contra la seguridad de cualquier Estado, entre los delitos de sabotaje y terrorismo existe una notable diferencia: en el primero se busca destruir, dañar, perjudicar u obstaculizar cualquier objetivo socioeconómico o militar, por cualquier medio, que puede ser el fuego, o medios explosivos, químicos o biológicos u otros; mientras que con el segundo puede ser que, utilizando los mismos medios y también provocando los mismos daños en objetivos socioeconómicos o militares, en el delito de terrorismo, la objetividad ideológica (fin que se propone el implicado), aunque produce daño, su fin no es dañar, aunque ese sea su vehículo, sino provocar alarma, temor o terror en una población, en un grupo de personas o en una persona, que bien puede ser el jefe de un Estado o gobierno, para obligarlo a ejecutar determinadas acciones o a abstenerse de realizarlas.

¿Un lamentable accidente?

El mismo 6 de mayo, recién ocurrido el siniestro, el gobernante Díaz-Canel dijo: “No ha sido una bomba ni un atentado, es un lamentable accidente”. Pero también ese día la Empresa Cubana del Gas aseguró a medios oficiales que se desconocía las causas de la explosión en el hotel Saratoga, en el que, empleando un camión habilitado con 12 300 litros de gas  —evacuado con éxito por los bomberos— en el momento de ocurrir el suceso, la empresa ofrecía un servicio habitual con personal de experiencia y sin que a simple vista se apreciaran fallas técnicas ni en el citado camión ni en el hotel Saratoga, que ya había recibido una inspección de calidad el pasado 21 de marzo.

La Unión Cuba Petróleo (CUPET) dijo en Facebook que el camión cisterna matrícula B187578 “se encontraba en posición de descarga” en el momento y lugar de la explosión; luego… si se encontraba “en posición de descarga”, no tiene relación directa con lo ocurrido, por lo que es útil interrogar: ¿Cuánta “fuga de gas” había en el hotel Saratoga y comprimida en qué espacio para producir una explosión como la que se produjo? Una sustancia inflamable como el gas puede producir un incendio, pero no una explosión si no se encuentra concentrado en un espacio reducido.

¿A qué se debió la explosión en el hotel Saratoga? ¿Es un delito de estragos, de sabotaje o de terrorismo? O no hay delito y nadie es culpable por la “fuga de gas”. Las autoridades debían decirlo y probarlo. No es su deber, sino su obligación.

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Entre el silencio de las víctimas y la impunidad del régimen

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LA HABANA, Cuba.- No han transcurrido 20 días del trágico suceso del hotel Saratoga, y ya nadie parece recordar lo sucedido. El pueblo cubano, siempre apurado por olvidar y desprenderse de los duelos para no añadir más pesares a su amargura cotidiana, parece haber optado por guardar silencio y dejar de cuestionarse qué seguirá tras el “lamentable accidente” que dejó 46 muertos y varios lesionados.

Los familiares de las víctimas también han decidido callar, excepto uno que se ha atrevido a pedir explicaciones al régimen dueño de todos los hoteles y edificios de Cuba, sea cual sea su estado. Desde el oficialismo llegan noticias dispersas sobre la investigación que se está llevando a cabo, la construcción de viviendas para los damnificados en zonas alejadas de sus domicilios destruidos, y la intención de conceder pensiones -provisionales o definitivas- a todos los afectados por el siniestro.

La palabra “indemnización” se evaporó entre el patetismo luctuoso de los voceros del régimen, la inevitable politización del suceso y el constante recordatorio de que las víctimas han sido atendidas en el sistema cubano de salud, con énfasis en su aparente gratuidad.

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(Foto: Agencia Cubana de Noticias)

Argumentos similares acompañaron al desplome del Boeing 737 en los alrededores del Aeropuerto Internacional “José Martí” el 18 de mayo de 2018. Un total de 112 vidas se perdieron en aquel horrible accidente, del cual solo sobrevivió la joven Mailén Díaz Almaguer. Varias investigaciones revelaron luego que la nave estrellada tenía casi cuarenta años de explotación, y que la compañía mexicana Global Air había sido penalizada por varios incidentes de seguridad, una alerta que fue deliberadamente ignorada por Cubana de Aviación.

El accidente aéreo, como la explosión del Saratoga, ocurrieron bajo responsabilidad directa del régimen sin que hasta el momento se conozca quien, o quienes, responderán por tantas vidas aniquiladas y familias rotas. Del mismo modo ocurrió en 2020, cuando un balcón se desprendió y mató a tres niñas del barrio de Jesús María; otro accidente perfectamente evitable que fue sucedido por una investigación. Sin embargo, nunca más se ha hablado del tema, ni sobre quiénes recayó la culpa por no demoler a tiempo una estructura que representaba peligro para la vida.

Como ese balcón han caído paredes, pretiles y techos, provocando víctimas fatales que van a la cuenta del Estado. Así continuará ocurriendo porque La Habana toda es una amenaza de muerte por derrumbe. En las oficinas de Vivienda se engavetan por centenares los reportes de vecinos alertando a las autoridades del peligro que se cierne sobre ellos en sus propias casas, así como dictámenes de arquitectura donde se declaran inhabitables edificios que se van cayendo a pedazos mientras esperan por la única grúa de demolición con que cuenta la semidestruida capital de todos los cubanos.

El mismo régimen que permitió el avance del deterioro del fondo habitacional habanero, hoy quiere sacudirse de encima el problema para no ser blanco de críticas, porque la justificación del bloqueo ha perdido toda credibilidad ante el avance de la agenda hotelera. Ningún funcionario asume la responsabilidad por los muertos y heridos, ni las víctimas o sus dolientes reciben una compensación adecuada más allá de lo estipulado en la Ley de Seguridad Social, casi nada teniendo en cuenta que tales prestaciones se erogan en devaluados pesos cubanos.

La “vergüenza revolucionaria” sale al paso de quienes reclaman indemnizaciones justas para los afectados por la explosión del Saratoga, alegando que el dinero no traerá de vuelta a los fallecidos. Pero la cuestión no es el dinero, sino la exigencia de responsabilidad ante tragedias como esa. Ninguna compensación económica puede mitigar el dolor de la pérdida, pero sirve para recordarle a las empresas que las negligencias se pagan caro, y que los ciudadanos no están dispuestos a permitir que sus vidas sean tronchadas con impunidad.

El hecho de que el conglomerado multimillonario GAESA -dueño del Saratoga desde 2021- no haya manifestado otra intención que la de “estar del lado de las víctimas”, a la par que prevé reconstruir el hotel en el menor tiempo posible, expresa lo que valen las personas para este régimen.

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Hotel Saratoga (Foto: trip.com)

No es nuevo el desdén del gobierno, ni la prisa de la gente por olvidar. El pueblo cubano intuye que se avecinan más tribulaciones, derivadas de la guerra y la crisis económica, y también de estas lluvias copiosas que reblandecen los cimientos de edificaciones que han rendido mucho más de lo esperado.

“Algo bueno traerá lo del Saratoga a los que sobrevivieron”, ironiza una vecina mientras tiende varias prendas de ropa en su balcón apuntalado del barrio de Jesús María. Ella sabe que la explosión del hotel le ha dado la vuelta al mundo. “A los que perdieron todo les van a dar casa, donde sea, pero se las van a dar. Jodidos estamos nosotros en estos cuartuchos que a nadie le importan”.

Y lleva razón. Cuando su edificio se desplome, en caso de que sobreviva, ella irá a parar a un albergue -si hay capacidades disponibles- probablemente hasta el final de sus días, porque la lista de familias enteras que aguardan por una vivienda o local no ha dejado de aumentar en los últimos años.

Los vecinos que mueran bajo los escombros serán llorados y sanseacabó. La falta de mantenimiento del patrimonio constructivo habanero no es responsabilidad de nadie. Aquí, donde supuestamente todo es de todos, es difícil asignar culpas y obtener justicia. La dictadura nada pierde con esperar a que nuevas desgracias sepulten las anteriores, y con ellas cualquier intención de investigar, responsabilizar, resarcir. Nada alimenta tanto la impunidad como la mala memoria y el silencio de las víctimas.

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Siguen hospitalizados 12 heridos por explosión en el Saratoga

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MIAMI, Estados Unidos. — El Ministerio de Salud Pública de Cuba (MINSAP) informó hoy que 12 de los heridos por causa de la explosión del pasado 6 de mayo en el hotel Saratoga permanecen hospitalizados.

Del total de pacientes, ocho son adultos (cinco hombres y tres mujeres), tres se encuentran en estado grave y cinco han sido reportados de cuidados.

También continúan ingresados cuatro menores de edad (tres niños y una niña), dos se mantienen graves y otros dos siguen de cuidados.

Los cuatro menores se encuentran ingresados en el Hospital Pediátrico Juan Manuel Márquez, del municipio de Centro Habana.

Hay tres pacientes ingresados en el Hospital Clínico Quirúrgico Calixto García, dos en el Hospital Clínico Quirúrgico Hermanos Ameijeiras, dos en el Instituto de Neurociencia y Neurocirugía y uno en la Clínica Internacional Cira García.

La explosión en el Saratoga dejó heridas a un total de 99 personas. Además de las 12 que permanecen hospitalizadas, se contabilizan 46 fallecidos y otras 41 personas ya recibieron el alta médica.

46 muertes por la explosión

Según el MINSAP, de los 46 fallecidos 25 eran del sexo masculino y 21 del femenino. Entre las víctimas se encontraban un niño, una embarazada y una turista de nacionalidad española.

Aunque las autoridades de la Isla señalaron desde el principio que la explosión en el hotel Saratoga fue un accidente que tuvo su origen en un escape de gas, hasta el momento no hay un reporte oficial de las causas que provocaron el siniestro.

La explosión en el Saratoga no solo dejó semidestruido el hotel,  sino que también provocó estragos en varios de los inmuebles colindantes, entre ellos la Iglesia Bautista El Calvario, primer templo de esa denominación religiosa construido en Cuba.

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Día a Día en el Saratoga: cronología de un siniestro

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CIUDAD DE MÉXICO.- En la mañana del 6 de mayo, una explosión derrumbó parte del emblemático Hotel Saratoga en La Habana Vieja, y dañó algunas de las edificaciones vecinas. La noticia se supo casi de inmediato por las transmisiones en redes sociales de personas que lo atestiguaron. Por la magnitud de los daños se pronosticaba que hubiese víctimas fatales.

Entre quienes grabaron directas estaba el activista Ángel Cuza, que terminó detenido por cuatro días como castigo por su video.

Aún una nube de polvo cubría el lugar cuando transeúntes conmocionados se acercaron para tratar de ayudar y rescataron de entre los escombros a algunas personas. A partir de ahí las labores de rescate no cesaron hasta el día 12 de mayo, cuando hallaron el cuerpo de la última persona desaparecida. Cuarenta y seis personas murieron, 45 de ellos cubanos. El número de víctimas probablemente hubiese sido superior, de no ser porque el hotel aún estaba inactivo por remodelaciones.

CubaNet, mediante una revisión de la prensa y redes sociales presenta esta línea del tiempo, donde recogemos, día a día, qué pasó tras la explosión.

Timeline infographics

*Nota: Para interactuar con la herramienta puede aumentar (con el signo +) el tamaño de los hitos y así facilitar la lectura. Esta cronología también permite utilizar el buscador para filtrar los resultados según las palabras descritas en el título de cada punto de la cronología.

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Explosión en el Saratoga: ¿Qué dice el peritaje de AVEXI?

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LAS TUNAS, Cuba. — A más de una semana de la explosión que mató a más de cuarenta personas y destruyó el hotel Saratoga, se espera aún la inspección del lugar del suceso, los peritajes criminalísticos de averías, explosiones e incendios (AVEXI), así como otras acciones de investigaciones previas, imposibles de realizar en tan corto tiempo.

Inmediatamente después del siniestro, el gobernante Miguel Díaz-Canel dijo que el mismo se debió a un “lamentable accidente”. Pero la criminalística es una ciencia que, cuando se ejerce de forma ética, nada tiene que ver con la opinión de los políticos, por muy encumbrados que estos sean, incluso, aunque se trate de la investigación de un delito con connotación política.

Ya sea por acción o por omisión, se cometa intencionalmente o por imprudencia —aunque cada delito se investiga con técnicas y procedimientos diferentes, que permiten obtener las evidencias necesarias para, a la hora de juzgar, penar o exonerar a los presuntos culpables —, todos los hechos criminales o presuntamente ilícitos que no se esclarecen durante el primer ataque conllevan tres fases: investigaciones previas, posteriores y conclusivas.

Según teoría de las diversas escuelas (alemana, rusa, francesa…), las investigaciones previas o “primer ataque” comienzan al conocerse un hecho que debe investigarse y, aunque no quede resuelto, sí debe calificarse entre las 24 y 72 horas. Al máximo en 96 horas la investigación debe resolver qué ha sucedido, si es un hecho delictivo real, una simulación de delito, cuál es el móvil, o, si es un accidente, qué causas lo produjo y debido a qué.

En el primer ataque deberá realizarse una minuciosa inspección del lugar de los hechos para fijar o recolectar evidencias; se deberá entrevistar a las víctimas y a los testigos, que no serán sólo los que espontáneamente aparezcan, sino que se hará trabajo operativo para encontrar otros que, posiblemente, son los que mejor información tienen. En la etapa previa ha de interrogarse a personas sospechosas y, por haberse realizado una correcta inspección del lugar del suceso, se dispondrá de elementos para solicitar peritajes criminalísticos.

¿Qué es el peritaje de AVEXI?

En un suceso como el ocurrido en el hotel Saratoga, son los peritajes de AVEXI (de averías, explosiones e incendios) los que pueden esclarecer a qué se debió el siniestro. La prensa oficial reitera la palabra “accidente” para calificar la explosión ocurrida en el hotel Saratoga alrededor de las 11 de la maña del viernes 6 de mayo, pero esa calificación se dio cuando los peritos todavía no habían acometido su trabajo, por las complejidades de las labores de rescate de personas fallecidas o heridas y la peligrosidad extrema del lugar del suceso.

Para decir que la explosión en el hotel Saratoga se debió a un accidente por fuga de gas, primero deberá tenerse un peritaje técnico de avería, que dirá bajo qué condiciones surgió la rotura, el lugar por donde comenzó y las causas que provocaron el daño. Y por supuesto, esa información dirá si estamos en presencia de un delito, aunque sea por imprudencia. A su vez, el peritaje técnico del incendio debe mostrar bajo cuales condiciones surgió el fuego, las causas que lo provocaron y por qué zona o lugar específico dio inicio —que sería donde actuó como detonador de la presunta fuga de gas —. El peritaje técnico de explosiones en este caso es concomitante y dará respuesta al tipo de explosión, a su lugar de inicio y a las causas que la produjeron. Si presuntamente ocurrió por avería en la conducción del gas, la detonación debió tener origen donde hubo o una llama abierta o alguna fuente eléctrica que actuó cual detonador.

En Cuba se publicita a los policías perseguidores de cuatreros, de ladrones y hasta de coleros y la prensa oficial lleva días entrevistando en el Saratoga al jefe de los bomberos, convirtiéndolo en una figura mediática, pero ni un solo día, en ningún medio, hemos visto ni un jefe ni ningún oficial subordinado a cargo de la investigación comparecer para informar de la investigación por la explosión en el hotel Saratoga, como sí aparecieron en la televisión para detallar sus pesquisas y derribar las hipótesis del llamado Síndrome de La Habana.

Los peritos saben el origen de la explosión en el hotel Saratoga. Ellos saben que, técnicamente, el poder explosivo está relacionado con la llamada geometría del contenedor, y que, si por naturaleza los materiales químicos que tienen capacidad detonante, si ésta no es reducida el poder de la explosión sólo representa una ínfima parte de su capacidad total.

¿Cuánta “fuga de gas” había en el hotel Saratoga para producir una explosión como la que se produjo? ¿Es un accidente o un delito? Si es un delito… ¿Es intencional o por imprudencia? ¿Qué dice el peritaje de AVEXI?

Cuando hay más de cuarenta muertos por una explosión producida en circunstancias no esclarecidas, más de una semana después del siniestro, son muchas las interrogantes sin respuestas policial ni judicial, mientras la prensa oficial y el presidente de la República, apartándose de las palabras “atentado” y “bomba”, califican el suceso cual “lamentable accidente”, como si el delito de estragos, aunque no es político, no produjera los mismos resultados que un sabotaje, pero de esas diferencias y similitudes criminales estaremos hablando en el próximo artículo.

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Duelo y oportunismo oficiales

Cuba régimen oportunismo

LA HABANA, Cuba.- Aunque la vigilia por las víctimas mortales de la explosión del hotel Saratoga fue una iniciativa popular espontánea, que estaba siendo organizada por algunas personas y  grupos desde las redes sociales, el régimen no perdió la oportunidad de apropiársela para sus fines políticos, incluso la divulgación en los medios de prensa oficialistas hacía énfasis en que se trataba de un acto “convocado por la Unión de Jóvenes Comunistas” (UJC), con lo cual no solo se desvirtuaba el duelo, convirtiéndose en una “actividad de masas”, sino que condicionaba la participación de las personas, en tanto muchísimos cubanos y cubanas rechazarían asistir precisamente por el escamoteo, la manipulación, por no verse involucrados en algo convocado por una dictadura que no los representa.

No solo vieron la oportunidad para politizar lo que, por una cuestión ética, no debió serlo sino que les sirvió, primero, para aparentar ante la opinión pública un poder de convocatoria y una aprobación mayoritaria que no tienen —al no ser que apelen a los tradicionales métodos de chantaje, como los que usan para llenar las plazas cuando se les antoja un desfile— , y segundo para controlar y disipar cualquier iniciativa popular que, producto del creciente descontento, podría haber derivado en otros “actos” que se les fueran de las manos y terminaran pareciendo como “secuelas” del 11j.

También de algún modo estaban obligados a “ceder un poquito” e intentar calmar los ánimos por la tardanza en decretar el Duelo Oficial cuando el reclamo era casi general, incluso creciente dentro sus propias filas.

Porque se tardaron no por las razones que luego esgrimieron sino por aquello que vergonzosamente se ha revelado en relación con la visita a Cuba del presidente mexicano, la cual concluyó en banquete, copas y baile, aún cuando faltaban varios cadáveres por extraer de las ruinas del Saratoga.

Pero ya con el San Remo Music Awards tuvimos un adelanto de que, hasta con las pruebas en las narices de que el festival era una estafa, podían comportarse tan tercos como ridículos, tan porfiados como insensibles. Así que por ninguna razón aplazarían la visita de AMLO, que venía a alquilar una considerable dotación de médicos, además de a otros negocios de los que posiblemente jamás nos enteraremos.

Así, además, aunque no se les ocurrió lo de la vigilia, bien que supieron echarle mano a la idea ajena y hasta se apresuraron en repartir entre los “incondicionales” cientos de camisetas negras en las que no imprimieron palabras o imágenes de consuelo o de acompañamiento en el dolor pero sí frases como “Vamos con todo”, de las cuales ya sabemos sus connotaciones políticas y que, dicho sea de paso, refuerza las sospechas entre algunas personas en la calle sobre la posibilidad de que el desastre haya sido producto de algo más tenebroso que un fatal accidente.

Cuba
Vigilia a las víctimas del hotel Saratoga. Foto Granma

Aunque desde los primeros minutos del siniestro, sin las suficientes evidencias, se apresuraron a reiterar que no lo fue, la idea de un posible atentado ha sido reforzada de manera subliminal por el propio régimen con varios elementos que hacen sospechar hasta al más ingenuo: incongruencias en la información divulgada, testigos como aquel cocinero que detectó el escape de gas y al cuál hasta el momento que escribo estas líneas no se le ha visto la cara en televisión ni se ha hablado de su actual condición, arrestos de personas que transmitieron el suceso desde sus teléfonos, videos editados donde se suprime el momento de la explosión más toda la persistente politización del asunto.

Pero más allá de acogernos a una hipótesis u otra, lo interesante es que en la Isla cada día es mayor el número de personas que reaccionan con desconfianza a las versiones oficiales de cualquier suceso, probablemente derivado del secretismo, la falta de trasparencia, las dobles intenciones y el oportunismo practicados con regularidad por un gobierno que no se ruboriza al afirmar que la población cubana fue “la pieza faltante en el diseño” de la Tarea Ordenamiento, según definiera el Ministro de Economía Alejandro Gil Fernández en su más reciente intervención ante el Parlamento.

Y tal como somos la “pieza” no tenida en cuenta en un experimento económico tan perverso —que reduce el valor del peso cubano casi a cero y, en consecuencia, de los salarios, obligando al ciudadano a emigrar o a delinquir para acceder a una moneda fuerte que le garantice una subsistencia decorosa—, igual no han contado con nosotros, los de abajo, para otras cuestiones menos trascendentales que la política monetaria, como serían despilfarrar recursos en un festival de poca monta en medio de la peor crisis económica en muchos años o intentar la reconstrucción de las ruinas del Saratoga cuando hay obreros y profesionales esperando durante años por una casa y otros que duermen la madrugada en las colas, durante días, para intentar hacerse con un poco de cemento con que reparar los techos de la casa familiar a punto de colapsar.

Sin dudas que somos “la pieza faltante en el diseño” pero precisamente porque nos hemos resignado, durante décadas, a ser tratados como tal. Y si hemos sido parte de algo en algún momento es de las prácticas engañosas del régimen que aceptamos como “normales” solo porque nos hemos acostumbrado al abuso, a la manipulación, a posar frente a las cámaras de los extranjeros como “buenos salvajes”, perdón, quise decir “buenos cubanos”.

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Intervención de Alejandro Gil, ministro de Economía. Foto/ Abel Padrón Padilla/ Cubadebate.

Las propias colas son el mejor ejemplo de cuánto saben manipular la miseria y hacerla pasar como “abundancia”. En más de una ocasión me he topado con comentarios de extranjeros defensores de la dictadura que, cegados por el fanatismo o la imbecilidad, aseguran que si la gente hace cola frente a los comercios es porque tiene dinero para hacerlo, lo cual es una reverenda estupidez, en tanto desconocen —a veces con total mala intención— que los cubanos fuimos segregados en al menos dos clases fundamentales: los que tienen moneda libremente convertible (MLC) y los que no la tienen y dependen de su salario en pesos cubanos.

Estos últimos son los que el “yuma” tonto confunde con los primeros, como si fuesen una única clase, apenas porque, estratégica y perversamente el régimen los ha puesto a hacer colas en un mismo lugar con la intención de aparentar que todos tenemos acceso al MLC, que la medida de diferenciar unas tiendas de otras, unos cubanos de otros, es popular y apenas tiene detractores.

De modo que centros comerciales emblemáticos como el de Carlos III, Galerías de Paseo y muchos otros cercanos a los principales circuitos de turismo, aunque fueron habilitados para la venta exclusiva en MLC, se han mantenido con locales para el llamado “comercio regulado en pesos cubanos”, una decisión en apariencias absurda, en tanto confunde a los que no saben demasiado de la caótica “política monetaria” en la Isla, pero que, precisamente por la confusión que genera, les funciona mediáticamente como el “menor de los males”. Sería algo así como: “sí, en Cuba hay crisis, hay inflación, hay dos monedas pero, a juzgar por las aglomeraciones, a la gente no les falta el dinero y está de acuerdo con las tiendas en MLC”. Nada que ver con la realidad.

Como este ejemplo de las colas hay otro centenar en casi todo cuanto hacen aparentando   “mejorar”, “avanzar”, cuando de hecho cada día que pasa empeoramos y retrocedemos a los tiempos más oscuros de nuestro sexagenario medioevo comunista y tropical. En la mayoría existe una voluntad de fingimiento, de quedar bien con quienes observan desde fuera para que juzguen como “bueno”, “normal” y “consensuado” el infierno que vivimos aquí adentro.

Para el régimen todo se trata de posar para la foto y hacer de Cuba una gran vitrina de cristal reluciente (de ahí que, en apariencias sin dinero, se apresuren a rehabilitar el Saratoga) aunque en los estantes de la trastienda, es decir, en nuestra Cuba profunda, aniden ratas y cucarachas, por millones.

Lo acabamos de ver en el escamoteo de la vigilia, en la manipulación de las colas, en la negación del servicio militar obligatorio, por ejemplo, y lo seguiremos viendo en la tormenta de códigos, leyes, decretos aprobados o en fase de aprobación “por unanimidad” —esa que ha propiciado tantos atropellos a la diferencia y el disentimiento, tantos crímenes contra las libertades individuales y derechos humanos— y que por sus nombres (amparo de los derechos constitucionales, seguridad alimentaria y nutricional, bienestar animal, protección de datos personales, etcétera) parecieran ponernos al nivel de las grandes democracias pero que, en la realidad, lo sabemos, serán un instrumento ya para silenciar y amordazar a los “molestos”, ya para quedar bien con los organismos internacionales a los que deben rendir cuentas y los que, nadie sabe por qué razones, siempre les terminan creyendo lo que les dicen, dándoles palmadas en los hombros, e ignorando a quienes denuncian con pruebas irrebatibles. Cosas de la “política mundial”.

ARTÍCULO DE OPINIÓN
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Muere un herido grave por explosión en el Saratoga, suman 46 las víctimas mortales

Hotel Saratoga,

MIAMI, Estados Unidos.- La tragedia ocurrida el pasado viernes 6 de mayo en el Hotel Saratoga de La Habana se ha cobrado una nueva víctima mortal, y con ella ascienden a 46 las personas fallecidas en como consecuencia de la explosión.

De acuerdo al más reciente parte del Ministerio de Salud Pública de Cuba (MINSAP), la última víctima era un hombre que se encontraba hospitalizado en el Hospital Calixto García, en estado crítico.

Hasta el momento en la explosión, que se produjo según las autoridades por un trasiego de gas licuado, 99 personas resultaron lesionadas, de ellas 13 se encuentran todavía hospitalizadas y 40 pacientes han recibido el alta médica.

Este jueves el equipo que se encontraba desde el viernes en lo que quedó del Hotel encontró el cuerpo de la última persona que estaba desaparecida, presumiblemente una trabajadora de la instalación hotelera que no había sido hallada.

Así lo anunció en Facebook el sitio estatal Cubadebate: “Encuentran cuerpo de última persona desaparecida. En la tarde de este 12 de mayo fue encontrado el cuerpo de la última persona desaparecida como consecuencia del accidente en el Hotel Saratoga, al parecer la camarera de la propia instalación turística. Suman 45 los fallecidos como consecuencia del accidente. Las labores de rescate y salvamento se desarrollaron sin cesar desde el 6 de mayo, día del trágico hecho”.

Causas y víctimas

La explosión, que según Alexis Acosta Silva, intendente de La Habana Vieja, tuvo lugar cuando se estaba habilitando una bala de gas licuado en el hotel, provocó que toda la fachada del edificio, ubicado frente al Capitolio de La Habana, una de las zonas más concurridas de la capital, volara por los aires.

Las víctimas mortales fueron trabajadores del Hotel, que se encontraban en ese momento en el interior del edificio, y personas que pasaban por los alrededores. La mayoría de los muertos fueron cubanos, excepto una turista española que se encontraba de vacaciones en la isla. Entre los fallecidos también se encuentran cuatro niños y una mujer embarazada.

El gobierno cubano decretó este jueves duelo oficial por la tragedia.

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