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El silencio elocuente de Mariela Castro

Mariela 1LA HABANA, Cuba. — El homosexualismo es más viejo que andar a pie. Pero Fidel Castro, a través de la Seguridad del Estado, órgano que él fundó y que ha dirigido siempre, hizo todo lo posible por desaparecerlo de la faz de la tierra cubana. Lo creía un cáncer capaz de corroer su dictadura.

En una entrevista concedida en agosto de 2010 a la periodista Carmen Lira, del diario mexicano La Jornada, el líder histórico confesó por primera vez sentirse culpable de la homofobia surgida en Cuba, mal que aún no ha desaparecido de la cúpula gubernamental castrista

Expresó en aquella oportunidad que ¨fueron momentos de una gran injusticia¨, y aclaró que personalmente él no tenía prejuicios de ese tipo. En esa ocasión, no mintió el Comandante. Varios de sus amigos en el poder eran homosexuales archi conocidos por todos, como Alfredo Guevara y Pastorita Nuñez, entre muchos otros. Para el líder guerrillero, no eran ¨árboles torcidos¨, ni ¨un subproducto que no se da en el campo¨, como dijo del resto de todos.

Los miles que resultaron detectados por la Seguridad del Estado, sufrieron prisión, tratos crueles y trabajo forzado en las célebres Unidades Militares de Ayuda a la Producción –UMAP-.

Ha transcurrido más de medio siglo. La dictadura castrista es la misma. En ella ocurren los mismos males, aunque en menor medida. Tal vez por eso, la hija del general presidente, Mariela Castro, dedica sus horas libres a una especie de campaña contra la homofobia y la discriminación de género.

Es posible que sin darse cuenta, el 13 de febrero de 2013, calificara muy mal a su tío Fidel Castro, cuando expresó a la Agencia ANSA: ¨No cabe la menor duda de que el proceso de creación y de funcionamiento de las UMAP, fundado en 1965, fue arbitrario¨. Arbitrario es lo mismo que injusto, despótico, abusador y tirano.

En la actualidad, el silencio de Mariela da mucho que pensar, respecto a lo que sucede en la tele novela La otra esquina, que se puede ver por el canal 6 de la televisión cubana.

Como ya es del conocimiento público, esta novela, con guión de Yamila Suárez, se ha visto forzada a ocultar un aspecto de la historia, relacionada con los personajes de Oscar y Esteban, una pareja de homosexuales, interpretada por dos excelentes actores de la vieja guardia.

Los cambios ocurridos durante los capítulos editados y los cortes bruscos sufridos, dan prueba de que, al no poder prohibirse la telenovela, –ya estaba anunciada y no había otra– se decidió censurarla por orden del Comité Central del Partido Comunista de Cuba.

¿Qué hizo la defensora de los gays en aquellos momentos, hace ya algunos meses?

Nada.

Nada ha dicho si participó de las fuertes discusiones en el Instituto Cubano de Radio y Televisión –ICRT–, con el fin de evitar que se sustituyera el amor de toda la vida entre los ancianos Oscar y Esteban, por unas relaciones filiales, que nada tenían que ver con el desenvolvimiento de la trama.

En el capítulo de la semana pasada, pudo verse en una mesa la foto de los viejos amantes, de pie y con sus cabezas unidas, en un gesto muy clásico y tierno de amor. Olvidaron suprimirla de la escenografía, como otros detalles que delatan el asunto.

El pasado 9 de febrero el periodista independiente Frank Correa denunció el hecho en una crónica que publicó CubaNet. De esa forma se conocieron las vicisitudes que ha padecido La otra esquina para poder salir al aire.

Mariela, respecto a este asunto, ha hecho mutis por el foro izquierdo.

No ha querido buscarse más problemas con su tío, tan viejito.

La novela, tal como ha sido cambiada, es una prueba evidente de que en Cuba, la homofobia continúa igual que todo.

RELACIONADO: La telenovela vigilada y censurada por el Partido 




El breve regreso del Salmón

LA HABANA, Cuba, diciembre, 173.203.82.38 -Aun no salgo del asombro acerca de la resonante vibración que produjo en mí el más reciente y tan necesario texto de la filóloga y joven ensayista cubana Jamila Ríos Medina, Diseminaciones de Calvert Casey, Premio Alejo Carpentier 2012, en la categoría de ensayo.

Como verdadera acción de justicia intelectual, Jamila Medina se asoma a una vida rota, escarba en la fragmentada intimidad de la memoria insular, no se inhibe, pues trafica con los límites, derrota la indiferencia y desvela el más rígido de los recuerdos.

La búsqueda de Calvert Casey fue para ella una fatigosa excavación arqueológica, pues escarbó en sus textos, desde la polilla a la red. En bicicleta, hizo un largo recorrido, desde el Parque de los Filósofos al Parque Almendares; desde Casablanca al Ten Cents de Galiano, incluidos varios cementerios, como el de Guanabacoa, en busca de la tía Leocadia. Para Casey, los cementerios eran ciudades abiertas al mundo de los vivos, comunidades armoniosas y felices, en las cuales el silencio es el más preciado de los tesoros.

Jamila tuvo la suerte de contactar con Emilio Castillo, antiguo amante mulato de Calvert Casey, el cual se encuentra vivo en Nueva York. Fue el cubano que lo introdujo en el universo de la Regla de Ocha.

La tierna timidez de Jamila no le impidió pedirle matrimonio a Calvert, y así convertirse en su viuda. Recorrió la bahía y se comunicó con su fantasma, a través de cartas personales, lugares de la infancia y sesiones espirituales.

Calvert Casey Fernández (Baltimore, diciembre 1923, Roma, mayo 1969) fue un hombre sin cólera al que nunca le inquietaron los silencios y las pausas. Al igual que su amigo Virgilio Piñera, no disimuló el miedo. Le asustaba muchísimo la sonrisa servil y los oscuros mecanismos de la amenaza. Ambos escritores entendieron la literatura como un ejercicio de subversión. Su literatura nace de la permanente duda.

Al igual que muchos escritores y grupos literarios silenciados u olvidados, Calvert Casey continúa siendo una puerta extraña en los salones de la cultura cubana, algo semejante a un enfant terrible. Un hombre al cual la muerte no le asustaba, la sobaba constantemente, dialogaba con ella, pues le seducía resbalar hacia el mundo de lo invisible. Para él, la muerte ostentaba la dignidad de lo que se había vivido.

Al igual que Virgilio Piñera, Calvert se entusiasmó con el movimiento sísmico de 1959, y juzgó a ciegas que había llegado el momento de estimular una política cultural en la cual habitaran en igualdad de condiciones las necesidades públicas y privadas de los sujetos. Según su eterno amigo Anton Arrufat, “perteneció a la estirpe de los creadores para los que la literatura no es profesión ni modo de ganarse la vida”

Tempranamente pudo darse cuenta de que la revolución verde olivo no era un paseo. Las alambradas, los campos de concentración y los fusilamientos no lo hicieron sentir a gusto en el lugar que había elegido como nación.

Gracias a la violencia de la cultura machista y falocéntrica revolucionaria, pronto pudo darse cuenta de que personas como él no tenían un lugar reservado en el edén del jardín socialista, y por nada iba a subordinarse a una engañosa libertad oficial. El tenso arco que se levantaba definió su partida y la de otras importantes celebridades de la cultura cubana.

Tras su partida, de inmediato fue excluido del primer tomo del Diccionario de la Literatura Cubana, publicado en 1980 por la Academia de Ciencias y el Instituto de Literatura y Lingüística. Lo sacaron del centro y lo pusieron al margen. Su invisibilidad fue un acto de castración al cuerpo literario de la nación. La inquisición lo condenó a ser marginal y durante muchísimo tiempo ha estado anclado en el mercado del silencio.

Piazza Margana es el texto que lo ha hecho más famoso, posmortem. Este canto al homoerotismo, en inglés, fue preterido durante mucho tiempo por los estudios literarios de la isla, pero es el pastel más tentador de su mapa literario. Este cubano nacido en Baltimore, formado intelectualmente en La Habana, y exiliado en Roma, donde se suicidó a causa de su otro amante, el italiano Gianni, fue el primero de nuestros escritores que aludió al exilio de la Isla como una diáspora.

Para el ensayista Víctor Fowler, Piazza Margana es el mapa literario cubano, nuestro texto de goce supremo. Los relatos del cuerpo fueron sepultados durante muchísimo tiempo por el discurso moral de la inquisición revolucionaria. Según el escritor Edmundo Desnoes, Calvert era muy frágil para vivir en este mundo

Doy gracias a Jamila Ríos por permitirme degustar tan tentador pastel, por violentar los límites y dinamitar prejuicios, por haberse sumergido en las cloacas y los intestinos de la ciudad, por haber hecho un viaje tan largo sobre kilómetros de líneas. Ella merece el amor de todos los que amamos la buena literatura.

Rescatar a Calvert Casey para el lector cubano es también respetarlo, comprenderlo y darle el lugar que nunca debió dejar de ocupar en nuestra cultura, pues le complacía ser cubano.

De momento, el pálido y frágil fantasma de Calvert regresa a una ciudad en la cual la luz ciega y el aire ahoga. El salmón que vive entre fronteras se le escapó a la muerte, lleva consigo una Habana íntima y vuelve a una ciudad atomizada por sus demonios, una ciudad áspera y a la vez cordial, ante cuya vista el corazón se nos arruga.

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El turno de Virgilio Piñera

LA HABANA, Cuba, noviembre (173.203.82.38) – Se ha vuelto una moda en Cuba revivir a intelectuales y artistas de refulgencia nacional e internacional que han permanecido condenados al ostracismo durante largos períodos, y las “resurrecciones” se orquestan principalmente en los aniversarios de su nacimiento. Si se trata del centenario, mejor. La operación es siempre una especie de “borrón y cuenta nueva”, sin que medie disculpa pública de las autoridades, que son aun las mismas que ordenaron el ostracismo.

Toca el turno ahora a una figura relevante de las letras, tanto el teatro y la poesía, como la novela; se trata de Virgilio Piñera (Cárdenas, 1912-La Habana, 1979), quien legó a la cultura cubana una obra incomparable.

Entre su vasta obra, se destacan Las furias (poesía, 1941); El conflicto (cuento, 1942); La isla en peso (cuento, 1943); Poesía y prosa (1944); La carne de René (novela, 1953); Cuentos fríos (1956); Aire frío (teatro, 1959); Teatro completo (1960); Cuentos (1964) y Dos viejos pánicos (teatro, 1968), Premio Casa de las Américas.

La vindicación  comenzó temprano. En junio de este año se creó la comisión por el centenario de Virgilio Piñera, presidida por Antón Arrufat, su amigo, otro excluido por el régimen, y redimido con el Premio Nacional de Literatura.

Virgilio, que vivió durante años temeroso de que lo internaran en un campo de trabajo forzado por ser homosexual, fue proscrito, arrinconado, marginada su obra, llevado casi a la indigencia, como refiere otro amigo de Virgilio, el pintor  Raúl Martínez, también homosexual, marginado en vida y rehabilitado póstumamente en su cumpleaños ochenta, en su libro Confesiones, yo Publio (La Habana, 2007).

Martínez  pone al desnudo las tremendas consecuencias sociales y laborales para los artistas homosexuales, contrarios al régimen por faltar al canon de masculinidad revolucionaria. El pintor trata crudamente la realidad y la intimidad de sus compañeros en el mencionado libro.

Virgilio, apabullado por la persecución homofóbica que tronchó su quehacer literario, es retratado como el más cínico, sereno, burlón; actor principal de la tragicomedia de su vida, un genuino teatro del absurdo como se aprecia en esta simpática pincelada:

“Me refería anécdotas de su vida amorosa que eran para morirse de la risa de tan interesantes y divertidas. Me contó la del ciego que ‘levantó’  y coqueteando le dijo que tenía  treinta años. Se desnudaron e hicieron lo que tenían que hacer. Después, cuando los dos estaban tendidos en la cama, el ciego comenzó a acariciarle el cuerpo minuciosamente hasta llegar a la cara y el pelo. Entonces, molesto, se levantó, se vistió, tomó su bastón y cuando Virgilio lo acompañó hasta la puerta se viró y le dijo que no esperara volver a verlo más porque se sentía engañado por la mentira que le había dicho, que no eran treinta años sino sesenta los que tenía. Y a él no había quien lo engañara”.

José Lezama Lima (1910-1976), otro portento de la literatura cubana e hispanoamericana, fue también redimido en su centenario con grandes homenajes, una cascada de críticas absolutorias y la reedición de obras prohibidas, incluida Paradiso, novela secuestrada.

Algunos creadores que marcharon al exterior para rehacer sus vidas sin tutela gubernamental comienzan a ser recordados. La reinserción de destacadas figuras de las artes y las ciencias es saludable para la nación. Ojalá concluya también el actual acoso contra creadores y periodistas independientes, sin necesidad de esperar a que cumplan cien años.




La Biblia no es un tratado de Sexología

¨Hasta el mismo Diablo puede citar las Escrituras para hacer cosas terribles¨.

William Shakespeare

LA HABANA, Cuba, octubre, 173.203.82.38 -Leyendo un artículo del Reverendo norteamericano gay Dr. Mel White, he reparado en que mucha gente dentro de la sociedad civil defiende su postura contra la homosexualidad basándose en la Biblia (o en lo que interpretan de ella), sin haber realmente  estudiado lo que dice o no la Biblia sobre el tema. Y también en que son muchos los cristianos que son a la vez lesbianas, gays, bisexuales y transgéneros, que aman a Dios y toman muy en serio las Escrituras.

Por mi parte, he de confesar que no soy dada a frecuentar la iglesia ni a rezar un Padre nuestro cada día, pero sí creo fervientemente en la existencia de Dios y en que la Biblia tiene un mensaje igual  para homosexuales y heterosexuales, y no es el mensaje condenatorio que escuchamos a menudo de boca de aquellos que se han tomado la atribución de hablar en nombre de Dios. La mayoría de los que aseguran que la Biblia condena la homosexualidad no ha estudiado cuidadosamente lo que dicen los textos sagrados.

Como asegura White en su artículo, muchos cristianos desconocen que ni Jesús ni los profetas judíos dicen nada sobre las relaciones sexuales con personas del mismo sexo y que, sólo seis o siete versículos de la Biblia hablan sobre relaciones entre personas del mismo sexo, aunque ninguno de ellos se refiere a la orientación homosexual como la entendemos hoy.

Es triste y a la vez irrisorio ver cómo la suposición de que la Biblia condena la homosexualidad está tan generalizada entre los cristianos, que lo repiten frecuentemente, cuando la mayoría no sólo no sabe ni dónde se encuentran los supuestos versículos que hacen referencia a las relaciones sexuales entre personas del mismo sexo, no conocen el sentido original de las palabras ni en hebreo ni en griego y, mucho menos se han esforzado en comprender el contexto histórico en que fueron escritas.

El Reverendo White  recuerda que durante siglos la gente que no comprendía o malinterpretaba la Biblia, ha hecho cosas terribles. ¨Se ha usado la Biblia para defender cruzadas sangrientas e inquisiciones trágicas; para apoyar la esclavitud, el apartheid y la segregación; para perseguir a los judíos y otros creyentes no cristianos; para apoyar el Tercer Reich de Hitler y el Holocausto; para oponerse a las ciencias médicas; para condenar el matrimonio interracial; para ejecutar a las mujeres como brujas; para apoyar al Ku Klux Klan¨.

La mayoría de las personas, no sólo interpretan mal lo que dice verdaderamente la Biblia sino que, se sienten satisfechos cuando descubren algún texto que supuestamente apoye sus prejuicios y se pasan el resto de sus vidas citándolo, no importa si bien o mal. Y, es que, como decía este Reverendo ¨aún cuando creemos que las escrituras son sin error, es muy peligroso pensar que nuestra interpretación de cada texto es si error¨.

Lo que sé de la Biblia es que es un libro de amor. Habla del amor que siente Dios por esta humanidad que ha ido rescatando y renovando; habla del amor que quiere Dios que cada ser humano le profese al prójimo; habla de muchas cosas, pero no es un tratado de sexología.

Muchos de los que aseguran que Dios condena la homosexualidad hacen alusión con frecuencia a los hechos de Sodoma y Gomorra. Según su interpretación, estas ciudades fueron destruidas por causa de que en ellas se practicaba la homosexualidad, pero cualquiera que lea este pasaje (Génesis, capítulo 18 y 19) encontrará que la homosexualidad no se menciona. Las verdaderas razones de la destrucción de estas ciudades fueron la soberbia, la falta de hospitalidad, la idolatría y la falta de caridad.

Lo que verdaderamente disgustó a Dios fue que el pueblo de Israel volvía a caer en la idolatría y de ser pueblo de Dios pasaban a adorar ídolos, olvidándose de Jehová.

Particularmente, vivo con la convicción de que sólo Dios tiene el derecho de juzgar la conducta sexual de las personas y que ningún ser humano debe juzgar a otro por su sexualidad… y mucho menos afirmar con fe absoluta que la homosexualidad es un pecado. Más bien creo que alguien verdaderamente cristiano debería ver con profunda compasión la angustia y el sufrimiento que muchos homosexuales experimentan al vivir en una sociedad como la nuestra. De hecho, si los cristianos cubanos, que también han sufrido el ostracismo,  el odio y la persecución de un Gobierno intolerante como el nuestro, no logran aceptar y respetar a quienes son diferentes, ¿quién entonces, en nombre de Dios, lo hará?

Les guste o no a aquellos que odian a los homosexuales, diga lo que diga la Biblia, los homosexuales seguiremos existiendo. Depende en gran medida de esos intolerantes y homofóbicos continuar permitiendo que tantas personas se auto reprueben durante todas sus vidas sin encontrar una salida, o ayudar a que tengan una vida digna y sana física, emocional, moral y socialmente.

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Acerca de los padres

LA HABANA, Cuba, octubre, 173.203.82.38 -Los primeros cantautores cubanos que tocaron el tema de la homosexualidad no fueron Pablo Milanés, Carlos Varela o Pedro Luis Ferrer.  Allá por 1988, se escuchaba mucho “Amor difícil”, una canción de Amaury Pérez que la gente interpretaba  referida a una relación  gay.  No era para menos con aquella estrofa que decía: “más vale la oscuridad para un cariño que no tolera la gente, diferente”.

Amaury Pérez explicaría después  que la  había compuesto inspirado por los tropiezos para ver a su hijo después que se divorció. A pesar de ser proverbial cuán difícil nos hacen algunas ex esposas a los papás las relaciones con nuestros niños, la explicación no convenció mucho.

De cualquier forma, aun sin descartar  la intención homo-erótica de “Amor difícil”, el primero que abordó  el tema de la homosexualidad en una canción de la Nueva Trova fue Silvio Rodríguez, con su canción de 1969, “Acerca de los padres”.

La canción, que lamentaba que “el sexo es el juez universal del ser humano”, no la pasaban por la radio –sólo unos pocos iniciados la conocían- y el disco donde aparecía, “Al  final de este viaje”, demoró años en salir.

A poco más de un año del cierre de las UMAP, que no significó el fin de las persecuciones a los homosexuales, sino un nuevo comienzo, con renovados bríos,  no había que ser muy perspicaz para interpretar que los que juzgaban a los demás  por su filiación sexual y “una presencia ante la vida”  y desbordaban los archivos “de sicopatías y prejuicios, de mutiladas fantasías del horror, de remendados en la frente y el amor” no eran tanto los papás y las mamás como el Papá en Jefe y sus papitos subalternos machistas-fidelistas, que se proponían crear el hombre nuevo.

No obstante, menos de tres años después, en 1972, cuando se institucionalizó el Movimiento de la Nueva Trova, todos sus integrantes, incluido Silvio Rodríguez, el padre fundador, firmaron sin reparos un documento que afirmaba que su principal objetivo era cumplir los acuerdos del rabiosamente homofóbico Primer Congreso Nacional de Educación y Cultura.

Ya para entonces, Silvio Rodríguez estaba domado. Había cumplido su penitencia en el barco pesquero Playa Girón y protegido por Haydée Santamaría y Alfredo Guevara de los vientos inquisitoriales que corrían en vísperas del Quinquenio Gris,  había ido a parar junto a Pablo Milanés,  al Grupo de Experimentación Sonora del ICAIC, que les sirvió de asilo, reformatorio, academia-taller musical y escuela  político-ideológica. Tal vez por ello, ninguno de los padres fundadores de la Nueva Trova dijo ni cantó ni pío cuando estaban en su apogeo el parametraje y las recogidas de homosexuales.

De todos modos, Silvio Rodríguez con “Acerca de los padres” le tomó la delantera por veintitantos años a Pablo Milanés con “El pecado original”. Viene al caso recordar esto ahora que los veteranos de la nueva trova y hasta algún que otro advenedizo, propulsado con su bandurria a cuestas de las serranías orientales a las tribunas oficiales, tratan de hacer leña del censurado Pablo Milanés y se disputan  los méritos y las fidelidades como perros y gatos, a la vez que posan de abiertos y liberales, sólo que dentro de la revolución y en el momento y lugar adecuados. Ser un adelantado en el abordaje del tema gay puede servirle  a Silvio el Rapsoda ante la princesa Mariela y el CENESEX.

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¡Cómo cambian los tiempos!

LA HABANA, Cuba, octubre, 173.203.82.38 -Ya ningún periodista sumiso al régimen cubano se atrevería a escribir una columna contra los homosexuales. Como siempre han hecho, obedecen órdenes y ahora en Cuba está permitido oficialmente ser gay, gracias a la hija del dictador actual, que no sólo los defiende, sino hasta les proporciona costosas cirugías de reasignación de sexo.

¡Cómo cambian los tiempos; todo es posible, hasta que el machismo-leninismo cubano se vaya al diablo!

Puede que algunos aun recuerden aquellas crónicas que ya dejaron de publicarse en el periódico Juventud Rebelde, sobre las “extrañas peñas” en el Malecón habanero o sobre “ciertos personajes escandalosos” que se reunían en G y 23, en el Vedado. Los periodistas oficiales sólo pasaban por esos lugares en sus autos, a 60 kilómetros por hora y con las ventanillas cerradas, pero les bastaba para saber que los homosexuales noctámbulos reunidos en aquellos lugares eran “antisociales, delincuentes y vagos”, en una capital socialista donde, según ellos, había más de cien mil empleos disponibles. Pese a la penumbra de la noche y la mala iluminación de la ciudad, decían identificar desde lejos las marcas de las latas de cerveza y las botellas, para referirse al alto poder adquisitivo de los “antisociales”.

Hoy, los antiguos periodistas machistas-leninistas que tan ferozmente defendían la heterosexualidad de su revolución, se tienen que morder la lengua disciplinadamente. Ya no pueden expresar su molestia cuando un joven gay pasa por su lado, con ropas bien ajustadas y colorete en las mejillas. Ni cuando un transexual, tan conocido como Juani Santos, los mira fijamente con su nuevo bigote de hombre y hasta les sonríe, ajustándose la portañuela.

¡Cuál de ellos se va a atrever a usar su vieja pluma para escribir contra transformistas que  pueden aplaudirse en el emblemático Teatro Karl Marx, sede de tantos eventos de los comunistas, donde Fidel Castro ha cedido el escenario a los célebres Margot, Imperio, Chantal y muchos otros artistas del transformismo¡

Están cambiando tanto los tiempos, que tal vez un día no tan lejano, a los periodistas independientes que escribimos desde Cuba dejarán de llamarnos mercenarios. Quién sabe si hasta reconocerán nuestra valentía, cuando en marzo y abril de 2003, mientras la policía política arrestaba a muchos de los nuestros, el resto –entonces éramos alrededor de cien, hoy somos muchos más- reportábamos al mundo libre aquella salvajada, desde nuestras propias casas o a través del teléfono que se pudiera conseguir.

Pero volvamos a aquellos colegas obsesionados con el asunto de la sexualidad ajena–uno de los más insistentes, Ángel Rodríguez Álvarez, ya pasó a mejor vida- que con mucha frecuencia decían sentirse tan molestos con el ¨ aire impuro ¨ que se respiraba en el Malecón, o en G y 23 y llamaban a aquellos lugares “focos contaminantes, en el mismo corazón de La Habana”. Ni siquiera les agradaba ver chicas lindas y bien perfumadas, casi modelos, amándose entre ellas. Eran, a su juicio, pésimos ejemplos que debían de aplastarse, porque no tenían ningún derecho a ofrecer una imagen tan ajena al espíritu del Socialismo.

Hoy, no es sólo que el gran público gay habanero pueda frecuentar cualquier sitio en las noches de La Habana, sino que hasta el propio Jefe de la Patria admitió tener alguna culpa por la ola represiva homofóbica decretada desde muy temprano por su revolución.

Resulta esperanzador ver esas cosas; quizás si continúan cambiando los tiempos, el Comandante, antes de morir, se atreva a pedir perdón a todo el que se le ha opuesto o hasta a todo nuestro pueblo.




Un daño irreparable

CIENFUEGOS, Cuba, agosto, (Jagua Press,  173.203.82.38 ) – Uno de los pilares sobre los que en el pasado descansaba la retórica propagandística del régimen, era el de los programas sociales que había implementado y que utilizaba como paraban para ocultar, tras el brillo cegador de las gratuidades y el igualitarismo, los desmanes del poder. La  podredumbre de la corrupción y el el autoritarismo, era atenuada por el perfume del falso humanismo con que se enmascaraba la irascible revolución.

Para quienes contemplaban y trataban de interpretar nuestra experiencia allende los mares, los programas de salud, educación, y seguridad social, entre otros, constituían el ejemplo más cercano del Paraíso en la Tierra. De la vieja y culta Europa venían a visitarnos exóticos intelectuales de la siniestra que extasiados cantaban loas al régimen, poniendo su granito de arena en la construcción del mito.

Sin embargo, la percepción que estos buenos señores tenían –y difundían- de Cuba andaba muy alejada de la realidad. Tal vez el primer despertar lo tuvieron algunos cuando supieron lo que acontecía en esta ardiente tierra del trópico con los “flojitos” (término peyorativo con el que calificaban los comunistas a los homosexuales).  Muchas de las plumas que narraban la epopeya de la forja del Hombre Nuevo, pertenecían a ese grupo que la moral comunista consideraba un vergonzoso rezago del pasado pequeño burgués.

Con los campos de trabajo forzado de las UMAP, primero, la cárcel bajo la tipificación de peligrosidad social, o el exilio forzoso a través del puente marítimo del Mariel, en 1980, el régimen buscó deshacerse de quienes, por amar a alguien de su mismo sexo eran considerados por los comisarios políticos, guardianes de la moral revolucionaria, como entes aberrados.

El homosexualismo era considerado entonces por las escuelas de psicología de la extinta Unión Soviética, – de las cuales copiamos – como una enfermedad, una desviación en la conducta humana que tenía que ser curada medicamente. Todavía recuerdo cuando siendo yo un niño, los padres de Pedrito, un compañerito del barrio de mi misma edad, lo llevaban al psicólogo para tratar de curarlo de la “grave enfermedad” que le haría la vida imposible en nuestro paraíso socialista.

Por supuesto que fracasaron. Al final lo único que lograron fue que Pedrito hablase una voz algo más grave y perdiese para  siempre, su autoestima y su dignidad.

Pachucho, “El Viejo espigón” como se le conocía en el mundo gay, la pasó peor. Fue sorprendido en la década de los setenta, en el baño público de la terminal de ómnibus local, en un apasionado encuentro con un desconocido y fue a dar con sus huesos, a la tenebrosa Prisión Provincial de Ariza.

Que las cosas fueron así lo testifica el mismo Fidel Castro, quien durante una entrevista concedida el año pasado a la reportera del diario mexicano “La Jornada” nombrada Carmen Lira Sade, reconoció tácitamente que hubo persecución en Cuba a los homosexuales. Al intentar explicar por qué permitió él los abusos, lo único que logró fue enlodar aun más, la imagen liberadora y liberal con que quiso siempre disfrazar su dictadura, que algunos insisten en llamar “proceso revolucionario”. Sin embargo no se equivocó cuando reconoció que el daño era irreparable.