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Del parapeto editorial a la legítima defensa  

Policía, Cuba
Policía cubana (Foto: Twitter)

LAS TUNAS, Cuba. – Una narrativa apologética del sistema policial cubano modela la prensa oficialista por estos días: Héroes de azul; Aplausos también para ellos; La fábrica de miedo y la policía en Cuba; Cuando muere un joven y se posan los carroñeros; Familiares de Hansel rechazan manipulación política del caso; y… La dignidad de una familia cubana frente a la mentira y la manipulación, son títulos publicados luego de la muerte de Hansel Ernesto Hernández Galiano, baleado por un policía.

Pese a ese desbordamiento de artículos publicados por la prensa gubernamental, hoy en Cuba conocemos más de la muerte de George Floyd y de Derek Chauvin, el policía que propició la muerte del afroamericano en Minneapolis, que del afrocubano muerto por un policía en Guanabacoa.

La balumba retórica de los medios oficialistas, sin noticias, reportajes ni entrevistas a testigos y autoridades informadas del suceso, no han hecho sino ensombrecer esta muerte, de la que, ni la Fiscalía General de la República, la Dirección de Investigaciones Criminales, ni el Instituto de Medicina Legal, encargados de esclarecer este homicidio, hasta hoy hayan dicho una palabra a la opinión pública, cuando ya hay otro fallecido por disparo de arma de fuego policial.

El pasado 6 de julio, el Ministerio del Interior (MININT) informó que, en la madrugada del domingo 5, encontrándose un oficial investigando el robo de ocho caballos en el municipio San Cristóbal, provincia Artemisa, fue agredido con un machete por uno de los tres implicados en el abigeato, y, “a corta distancia”, luego de efectuar un disparo preventivo, “estando en peligro su vida”, respondió a la agresión con un balazo mortal. El fallecido resultó Yamisel Díaz Hernández, de 38 años de edad.

Acerca de la muerte de Hansel, la nota del MININT del 27 de junio tampoco abundó detalles; decía que, procurando la detención del implicado en un robo, el agente policial actuante efectuó dos disparos preventivos, sin disuadir al perseguido quien, a pedradas, resistió el arresto, haciendo que lesionado y con “peligro para su vida”, el policía respondiera con una descarga letal, “desde el piso”. Hansel tenía al morir 27 años de edad.

Así, en Cuba, donde como primer derecho constitucional “las personas tienen derecho a la vida”, hay dos muertos a manos de la policía, en menos de dos semanas, concretamente, en once días; en un caso la muerte está vinculada al robo de caballos, y en otro, a una sustracción en una estación de ómnibus.

En cualquier país civilizado la policía está para prevenir delitos, no para cometerlos. Y cuando los comete, deben ser aclarados. Proporcionar tranquilidad ciudadana y no generar expectativas ya sea por morosidad operativa o por excesos de actuación, es la misión de la policía. La policía está para hacer efectivos los derechos y libertades de los ciudadanos, no para quebrantarlos o negarlos.

Y, en esa razón, cual institución indelegable del Estado, todo sistema policíaco, en cualquier lugar del mundo, está obligado a instruir, dirigir y supervisar a sus integrantes, entendiéndose que, una falta en cualquier escalón de mando, también es falta de quien lo dirige por la inadmisible delegación de responsabilidad.

Los operadores de las leyes en Cuba saben -y no debían ignorar por la propia sanidad de la ley- que esos principios jurídicos y de mando -tácticos y estratégicos- fueron quebrantados cuando no sólo los policías implicados en los homicidios, sino también sus jefes, la policía toda, como sistema, falló al implicarse la institución en dos muertes en menos de dos semanas, porque…, cuando la policía fue a reprimir delitos contra la propiedad, ella misma incurrió en delitos contra la vida por deficiencias en la selección, instrucción y dirección de sus agentes.

La muerte de un ser humano es una pérdida irreparable y las eximentes de responsabilidad penal por legítima defensa o por estado de necesidad, incluso, siendo los hechos probados congruentes con los postulados que definen esas eximentes, en el caso de la muerte de una persona, raro es que no se incumpla con el principio de proporcionalidad de males.

Desde el punto de vista de la doctrina jurídica, para que exista proporción de males debe haber contrapesos en el peligro y en la respuesta al conflicto; equivalencias que no se producen cuando concurren excesos, negando las eximentes de responsabilidad penal.

El carácter razonable de la proporcionalidad es requisito indispensable para que concurran eximentes de responsabilidad penal en la legítima defensa. Y por regla general, se excede quien emplea un arma de fuego para enfrentar una agresión con las manos. El uso de armas de fuego es un último recurso.

Y, un policía bien entrenado, siempre tendrá de su lado el factor sorpresa, mantendrá entre él y un posible agresor la mayor distancia y por su bien y el de las personas que deba proteger, preservará la mayor movilidad disponible.

Sabido es que en cualquier lugar del mundo y con demasiada frecuencia la policía realiza su trabajo en condiciones estresantes. Por esa misma razón, su entrenamiento físico, técnico, cultural y sicológico estará diseñado para una actuación exitosa en un medio hostil.

Asesinos patológicos hay, pero, a no ser criminales que con uniforme o vestidos de civil y carné policial van por ahí cual patente de corso o cheque al portador, lo menos que quiere un policía honrado, sea chino, español o inglés, es involucrarse en un homicidio.

De ser cierto lo que dicen las notas del MININT, un simple análisis de texto colige que los dos homicidios se produjeron más por la ineptitud de los policías que por la presunta agresión de los fallecidos.

En el caso de la muerte de Yamisel, la nota dice que el oficial actuante fue agredido “con un machete de forma reiterada y a corta distancia”, y concerniente a la muerte de Hansel, la información oficial dice que luego de una persecución de unos dos kilómetros y ser lesionado a pedradas, el policía actuante hizo el disparo mortal “desde el piso”.

Convengamos que ciertamente Hansel y Yamisel agredieran a sus perseguidores, a pedradas uno, a machetazos el otro. Cabe preguntarse: ¿Los policías no establecieron comunicación radial, por teléfono o a través de terceros con sus jefaturas para recibir ayuda?

¿La cooperación se hizo efectiva…, o, no se hizo o llegó tardía cuando humanos al fin, incapaces de vencer sus propios temores, quizás sucumbiendo a la presión psicológica que los llevó a un bloqueo mental, los policías optaron por la solución más sencilla, disparar a matar…?

Siendo así, cabe otra pregunta: ¿El Ministerio del Interior no está entrenando a sus fuerzas para en casos extremos actuar en solitario sin llegar a matar?

Un hombre entrenado, a pie y en solitario, armado sólo con una pistola, puede capturar no a uno, sino a cinco fugitivos montados a caballo, armados con machetes; y, sin disparar un tiro, puede hacerlos desmontar y mantenerlos neutralizados en el suelo hasta llegar refuerzos. Lo sé por experiencia propia.

Abril de 1988: Acta de captura de un grupo de cinco prófugos por parte de un oficial de Homicidios en Las Tunas (Foto: Cortesía del autor)

En Cuba, y fuera de Cuba entre no pocos cubanos, las circunstancias sociopolíticas y socioeconómicas que ha vivido la nación desde su fundación en 1902, agravadas por el totalitarismo de corte estalinista plantado en Cuba desde 1959 hasta hoy día, ha producido en niños, jóvenes y viejos una tendencia a la violencia; la vemos en la agresividad no sólo física, sino también verbal y en la forma de conducirse las personas tanto en el hogar como en los espacios públicos, adueñándose de nuestro folclor.

Y ahora, para colmos, la prensa oficial pretende hacer del parapeto editorial legítima defensa, inyectando el animus necandi (intención de matar) en la policía. Debían saber los apologistas de la perorata más que de la noticia veraz, que la apología del delito también constituye crimen.

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Una muerte apagada en el Tribuna de La Habana

Hansel Hernández, Policía, Cuba, Che, Tribuna de La Habana

Hansel Hernández, Policía, Cuba, Che,
Retrato de Hansel Hernández (Foto: Twitter)

LA HABANA, Cuba. – El gato lame su cuerpo después de acabar con la comida que su dueño le sirviera. El gato lame su cuerpo en un intento de despojarse de toda pulga e ignora la suerte de su amo, ese que hace solo unos instantes le diera de comer. Su dueño, el que le sirviera la comida, está colgado del techo y su cuerpo se mece, levemente, como se balancean siempre, y por un rato, los cuerpos de los ahorcados. El hombre se ahorcó después de darle de comer al gato. El gato lame su pelambre cuando termina con lo que antes le sirvieron, pero no se entera de que su protector acaba de ahorcarse. El dueño ya no puede ver al gato y el gato no se interesa en la suerte del colgado, de ese hombre que le sirviera la comida hace solo unos instantes.

Esa escena que miré en el último capítulo de “Chernóbil”, debe haberse repetido un montón de veces en la larga historia del mundo. Escenas como esa, aunque no nos enteremos, deben ocurrir cada día, lo mismo en Copenhague que en La Habana, en Moscú, en Londres. Una escena como esa es muy común y ocurre a diario. Unos se ahorcan y otros despojan sus cuerpos de toda pulga o de toda culpa; sólo es preciso lamerse un poco para despojarse de pecado y pulga, o al revés.

Eso miré en Chernóbil, ese extraordinario serial que produjera HBO, y lo recordé unos instantes antes de sentarme a escribir estas líneas, justo después de leer un artículo que firma Cleo Arioza en el Tribuna de La Habana, ese periódico indigente y comunista que no deja de impresionarme, desfavorablemente, cada vez que me atrevo a visitarlo. Y otra vez es Hansel Ernesto Hernández Galeano el centro de esas líneas, solo que esta vez el periódico se empeña en destacar, después de la muerte y la cremación de Hansel, lo que piensan del joven muerto su madre y su madrastra.

Sin dudas, la prensa y sus parientes más cercanos decidieron no dejarlo descansar en paz. Su familia, a diferencia del gato, debió mirar al muerto antes de que fuera cremado, antes de que su cuerpo se convirtiera, para siempre, en cenizas, en unos residuos de “polvo” que el más leve golpe de viento podía hacer desaparecer. En brevísimos instantes dejó Hansel de ser cuerpo, de ser carne y hueso, para convertirse en polvo, para luego ser barro y, como diría Shakespeare, posiblemente en un barril de cerveza, en una noticia que sirviera para hacer notar a ciertos “enemigos”. Una noticia que pusiera los ojos en los periódicos adversos, pero no en el muerto.

No sé si Hansel pensó en la muerte esa mañana en la que salió de su casa, o sabrá Dios de dónde. No sé si Hansel habló alguna vez de la muerte y de ceremonias fúnebres. No creo que un Hansel tan joven pensara en la muerte, aunque se arriesgara con frecuencia, aunque supiera que podría conseguirla sin llegar a viejo. No creo que los jóvenes piensen mucho en la muerte, ni siquiera cuando andan haciendo tropelías que podrían dejarlos sin vida, y enterrados. No creo que este muchacho pensara en una bóveda o en un panteón, pero mucho menos en una cremación, en la suya.

Y sucedió que Hansel fue cremado, pero no como el resto de los cubanos que se deciden, en vida, por ese procedimiento y que tienen que esperar mucho por el turno para ser incinerado, si es que no paga una buena suma. Hansel fue cremado a la carrera, pero nada sabemos de lo que sucedió con sus cenizas, tampoco tendríamos que saberlo porque no somos sus familiares, pero así sucedió. Hansel ahora es solo cenizas, y ya no se podrán reconocer, con pericias y métodos, los más exactos detalles de su muerte. Al parecer la familia autorizó la cremación, y no sabremos, al menos por ahora, si ese procedimiento fue decidido por la familia o “sugerido” por las autoridades.

Lo que sí resulta curioso es el hecho de que la madre y la madrastra, en medio del dolor y el luto que debieron llegar con la muerte del ser querido, decidieran responder a las preguntas de Tribuna de La Habana.

El título advierte de “La dignidad de una familia cubana frente a la mentira y la manipulación”, y luego de lo molestas que están estas dos mujeres, no con la muerte del pariente, pero sí con “los intentos de elementos inescrupulosos que utilizaron el nombre de su hijo y manipularon las causas de su fallecimiento, alentados por una feroz campaña mediática que desatan contra Cuba los medios de prensa al servicio del actual gobierno de los Estados Unidos para desacreditar a la revolución”.

Esas dos mujeres que perdieron a un ser querido no nos advierten el desespero que llega tras la muerte de un familiar. Ellas, en medio del dolor, aseguran que mantendrán su posición a favor del proceso revolucionario, y también “su confianza en que todo se desarrollará acorde a lo previsto por la ley”. Ellas no hablaron jamás del disparo, de las raras circunstancias que lo acompañaron. Las mujeres aseguraron que jamás dieron su consentimiento para que esa “tragedia” apareciera en las redes de manera distorsionada, y que mantendrán sus posiciones a favor del proceso revolucionario. Ellas no mencionan al policía que disparó, y la redactora asegura que: “La digna actitud asumida por los familiares más allegados a Hansel Ernesto muestra el rechazo del pueblo cubano a dejar que su dolor sea utilizado para espurios fines políticos contra Cuba”.

No quedan dudas de que la prensa consiguió que la familia dejara a un lado el dolor, y que atendiera a lo que era más conveniente, el “blanqueamiento” de la policía política para que todos quedaran libres de polvo y paja, y que las culpas, una a una, recayeran sobre el joven delincuente, pero sobre todo en los “malintencionados” periodistas independientes y en los muchos denunciadores del hecho. Habrá que preguntarse que vendrá ahora; sin dudas están por llegar muchos otros muertos a manos de una policía, quien ya ha visto legitimado ese instante en que manipula el arma sin mucha consideración, ese instante en que aprieta el gatillo y deja salir la bala que entrará siempre en el cuerpo de un delincuente, como sucedió luego en Pinar del Río, y sucederá en muchos sitios más, y que no solo acabará con la vida de ladrones y asesinos.

En lo adelante, las balas podrán silenciar a un opositor, a un periodista independiente, a una Dama de blanco, o a dos, a muchas de ellas, que también podrían ser cremadas de inmediato y sin reparos, y, sobre todo, sin una nota en el Tribuna de La Habana, ni en el Granma, ni en el noticiero de televisión. Las balas podrían silenciar muchos discursos de la oposición, y los cubanos lo aceptarían como una “querida costumbre”, como “una mera cuestión sanitaria”. Los cubanos, finalmente, quedarían mudos, quietísimos, porque una bala sin malas intenciones podría acabar con la vida de cualquiera.

Así se pretende ganar el silencio, la obediente quietud, el acatamiento; y los disciplinados, los silenciosos, hasta podrían aparecer fotografiados en el Tribuna de La Habana, como la madre y la madrastra de Hansel, quienes fueron retratadas en un sitio que tiene apariencia de “salón de reuniones”; las dos en una misma butaca, una primero y después la otra. Las dos con el mismo fragmento de un cuadro a sus espaldas; una primero, con pullover de tirantes y luego la otra, uniformada y con apariencia de CVP.

Así podrían terminar estos sucesos, con un apretón al obturador de una cámara fotográfica, con una foto del denunciante en el salón de reuniones de un periódico, y a las espaldas un cuadro, que podría ser un paisaje bucólico, una pintura muy abstracta, una concentración en la plaza, un trabajo “voluntario” o un retrato del Che, de Fidel Castro. Y todo para llegar a la quietud, al acatamiento, a la obediencia, al MIEDO; sí, al MIEDO con mayúsculas. Así podrían terminar muchos sucesos, con un gato que lame su cuerpo después de la comida, con un gato que trata de quitarse las pulgas con la lengua, con una pata, mientras cuelga del techo el cuerpo de ese dueño que hace un rato le puso la comida.

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Régimen usa a madre de Hansel Hernández para denunciar “campaña contra Cuba”

Hansel Hernández, Protesta, Cuba, Opositores

Hansel Hernández, Protesta, Cuba, Opositores
Hansel Ernesto Hernández Galiano (Foto: Facebook)

MIAMI, Estados Unidos. – El diario Tribuna de La Habana publicó este jueves los testimonios de la madre y de la madrastra de Hansel Ernesto Hernández Galiano, joven muerto en Guanabacoa a manos de un agente de la policía.

Según el medio oficialista, ambas manifestaron su desacuerdo con los intentos de utilizar el nombre y fallecimiento de su hijo para hacer campaña mediática contra Cuba.

La nota, titulada La dignidad de una familia cubana frente a la mentira y la manipulación, no presenta citas textuales de las mujeres, pero asegura que ambas dijeron sentirse identificadas con la Revolución.

Yanet Galeano Patiño, madre de Hansel, habría manifestado “su desacuerdo con los intentos de utilizar el nombre y fallecimiento de su hijo para hacer campaña mediática contra Cuba”.

“Está segura que el proceso judicial será transparente, como siempre han sido dentro de la Revolución cubana”, señala el texto, firmado por la periodista Cleo Arioza.

Yanet Galeano Patiño (izq), madre de Hansel, y Caridad Regla Jiménez Zuaznabar, madrastra (Fotos: Tribuna de La Habana)

En el caso de la madrastra, Caridad Regla Jiménez Zuaznabar, “expresó su inconformidad con los intentos de utilizar lo ocurrido por parte de personas y organizaciones inescrupulosas para crear campañas contra Cuba y atacar la gestión del Gobierno”.

La misma planteó estar “de conjunto con su familia, a favor del proceso revolucionario, así como su confianza en que todo se desarrollará acorde a lo previsto en la ley”.

Tribuna de La Habana destaca además que “la familia nunca dio su consentimiento para que utilizaran su tragedia en las redes sociales, menos aún, el tratamiento distorsionado que se le ha dado al tema”.

El diario oficialista denuncia además una “sucia campaña” que “tiene como objetivo supremo crear estados de irritación y rechazo a la Policía Nacional Revolucionaria, que propicien enfrentamientos con esta y provoquen incidentes de esta naturaleza”.

“En busca de crear el escenario al que aspiran, tratan de manipular los sentimientos de los familiares del fallecido para manipular y sensibilizar a la opinión pública con los mensajes tergiversadores respecto al suscitado hecho”.

El medio añade que “la digna actitud asumida por los familiares más allegados a Hansel Ernesto, muestra el rechazo a dejar que su dolor sea utilizado para espurios fines políticos contra Cuba”.

Hansel Ernesto Hernández falleció el miércoles 24 de junio en Guanabacoa tras recibir un disparo de un agente del orden que, supuestamente, actuó en defensa propia.

La versión de los hechos ofrecida por el Ministerio del Interior (MININT) asegura que el joven fue sorprendido “in fraganti” tras haber “robado piezas y accesorios de un paradero de ómnibus” y que se había dado a la fuga cuando trataron de identificarlo.

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Oposición en Cuba: ¿Ilusión o realidad?

Damas de Blanco, Cuba, Oposición
Damas de Blanco (Foto: Reuters)

LA HABANA, Cuba. – El pasado jueves, el colega Ernesto Pérez Chang, en estas mismas páginas de CubaNet, abordó los resultados de la protesta cívica por la muerte del joven Hansel Hernández a manos de la policía cubana. Fue un hecho sangriento, con disparos por la espalda; con todos los visos de una ejecución extrajudicial. ¡Aunque la versión oficial, dada tres días después, plantea nada menos que una legítima defensa del agente homicida!

En las redes sociales se han mencionado las similitudes con el caso del norteamericano George Floyd, que sirvió de motivo o pretexto para un verdadero estallido social en el gran país del Norte. Pero yo preferiría señalar la diferencia esencial: La muerte del estadounidense fue abusiva, innecesaria y criminal, pero no parece deberse a un propósito deliberado de privarlo de la vida. La de Hansel no: el policía disparó contra él, y tiró a matar.

Creo que, con sus críticas a ultranza, Pérez Chang no ha sido justo con los activistas prodemocráticos que, en estos tiempos de represión exacerbada so pretexto de la COVID-19, enfrentan al régimen brutal con los escasos medios que están a su alcance. Pero tampoco se ha mostrado equitativo consigo mismo ni con los restantes colegas que, en la prensa independiente o los medios sociales, critican el lamentable estado de cosas imperante en Cuba.

Ya sabemos cuál es la actitud que el socialismo calamitoso e insostenible que sufrimos desde hace decenios en esta Gran Antilla desea ver en sus millones de súbditos. La expresó el “poeta maldito” —Heberto Padilla— en sus memorables versos de Fuera de juego: “Un paso al frente / y dos o tres atrás/ pero siempre aplaudiendo”.

Durante muchos —demasiados— años, la generalidad del pueblo cubano ajustó su comportamiento a esas ansias totalitarias de quienes lo desgobiernan. Felizmente, ya no más. Los que marchan al unísono de los mandamases del régimen constituyen hoy un escuadrón cada vez más escuálido y lamentable. Vemos allí a los inevitables aprovechados, a algunos que dominan el arte de la simulación con maestría mayor que sus conciudadanos, así como a un grupito —cada vez más reducido por la biología y los durísimos golpes de la realidad— de viejitos nostálgicos.

La reciente encuesta de la coalición opositora Compromiso Democrático demuestra que los inconformes en Cuba somos amplia mayoría. Por suerte, se trata de un conglomerado humano que ya no permanece silencioso siempre. Con nasobuco o sin él, despotrican contra el castrismo cada vez más y mejor.

Y también rechazan aspectos puntuales de la situación que padecen. Es verdad que “quienes protestan por pollo, con pollo se conformarán”. Parece una soberana tontería que, en medio del desastre generalizado que sufre nuestra Patria, la inconformidad se reduzca a ese extremo, se concentre en una carencia específica.

Esa protesta, aun pareciéndonos limitada y hasta mezquina, refleja el hartazgo con el régimen monstruoso instalado aquí. Esos compatriotas no se atreven o no saben protestar por la violación de sus derechos, la ausencia de democracia, el estancamiento, la miseria y el abuso, pero al menos lo hacen por ese artículo de primera necesidad.

Cada una de esas quejas ciudadanas —al igual que las otras por la falta de agua o por cualquiera de las innumerables carencias que sufre el cubano de a pie— representa un mazazo para un régimen que, en sus alucinaciones, cree seguir representando las más íntimas aspiraciones de la generalidad de sus súbditos. Y tanto, que afirma que quienes se le oponen de manera sistemática lo hacen sólo porque reciben dinero de algún país extranjero.

No, amigo Pérez Chang, el enfrentamiento de la perseguida oposición al régimen castrista no constituye una “performance” inútil. Acabamos de constatarlo en un video circulado por la Unión Patriótica de Cuba (la aguerrida UNPACU), la organización opositora presente en todo nuestro país, pero implantada de modo especial en Oriente.

Su líder José Daniel Ferrer García y su hijo fueron arrestados de manera arbitraria cuando salían de su casa para acudir a la cita en el Parque Céspedes de la segunda ciudad de Cuba. Otros muchos activistas sufrieron igual represión. Pero siempre hubo actos de protesta exitosos, como los que aparecen en el referido video. Lo mismo es válido para otras organizaciones.

Entonces, no es cierto que la protesta “quedó en el intento”. Como tampoco es enteramente vano el sacrificio de quienes arrostraron el inevitable encarcelamiento, con lo cual hacen pagar al régimen un considerable costo político.

En su trabajo periodístico, Pérez Chang señala: “Me causa entre asombro y pena… que muchos activistas y opositores en Cuba dan por cumplido su objetivo cuando son arrestados y, posterior a eso, no son capaces de mover la cerca un poco más, avanzar otro milímetro diario aprovechando el desgaste de las fuerzas represoras”.

Algunos pudieran considerar una inconsecuencia (si no algo peor) señalar una hipotética inmovilidad cuando no se sugiere en qué dirección debería realizarse el avance. Pero, en definitiva, no es ésa la misión de un periodista. Sólo cabría acotar que, desde los tiempos del aplauso generalizado a quienes la oprimían y lo siguen haciendo, la sociedad cubana ha avanzado no milímetros, sino kilómetros.

Y ello ha sucedido en medio de un inmovilismo a ultranza. Contra un régimen despiadado que, aunque ya no puede controlar a plenitud como desearía, no vacila en hacer uso de la represión más brutal contra todo el que discrepa en cualquier modo o medida. Confieso que nada “artístico” ni “performático” veo en esos sacrificios.

¿Se trata de “un puñado de ilusos con pinta de locos”? No pienso negar la presencia de cierto destello de demencia. Viene al caso recordar aquí la sarcástica respuesta que, citando palabras de su esposa, le dio mi ya fallecido hermano de causa Félix Bonne a un diplomático que preguntaba por qué nos oponíamos abiertamente al régimen castrista: “Porque estamos total y completamente locos”.

¿Pero también “ilusos”? No, en ese punto sí discrepo por entero. Todos los que nos enfrentamos al castrismo (ya se trate de miembros de un partido opositor o de periodistas que gritan sus verdades, como el mismo Pérez Chang) somos personas que tenemos los pies en la tierra y estamos conscientes de una realidad: Cuba no puede continuar por este mismo sendero de ruina, miseria y autodestrucción.

Somos “ilusos” sólo en la misma medida en que lo fueron Vaclav Havel o los líderes de tantos otros movimientos prodemocráticos en los países del “socialismo real”. Pero lo seremos sólo hasta un día que se acerca cada vez más.

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Hansel también debió gritar que sería como el Che

Hansel Hernández, Policía, Cuba, Che, Tribuna de La Habana

Hansel Hernández, Cuba, Che,
Retrato de Hansel Hernández (Foto: Twitter)

LA HABANA, Cuba. – No sé cómo fue la infancia de Hansel, ni siquiera sé si tuvo infancia o una hermana llamada Gretel, quizá sí. No sé si tuvo unos padres amorosos que lo guiaran en sus juegos infantiles. No sé quiénes fueron los padres y mucho menos si Hansel y Gretel se escapaban de la casa para adentrarse en algún bosque cercano, en un matorral, para jugar hasta que no le quedaran fuerzas. No sé si Hansel tuvo un tirapiedras con el que pudo disparar a algún pajarito escondido en la floresta.

Quién podrá asegurar que Hansel extendió alguna vez las ligas de su tirapiedras con los ojos puestos en el breve pecho de un gorrión, quién podrá dudar que puso trampas a un tomeguín y lo vendió luego, o lo soltó. Nadie sabe si “echó a pelear” a unos perros para que se destriparan en la batalla, para aplaudir la mordida y el sangrado. No sabemos nada de Hansel en el bosque. No sabemos nada de Hansel en la escuela. ¿Será que lo quisieron sus maestras? ¿Habrá copiado del vecino de pupitre en los exámenes? ¿Será que fue castigado por los padres y maestros por alguna conducta deplorable?

No sé nada de Hansel, no sabemos si fue un buen alumno o un “futuro delincuente”, pero tengo la certeza de que el niño uniformado, y con pañoleta anudada bajo el cuello, debió chillar muchas veces, y junto a sus compañeros, “Pioneros por el comunismo seremos como el Che”. Él, como todos los niños en Cuba, fue obligado a gritar con mucha fuerza que sería como el argentino; y por supuesto que esos niños no están pensando en el asma del guerrillero. Todo lo que advierten es que serán “revolucionarios”, que serán “comunistas”, y quizá “fieles a la patria”, y es posible que “buenos estudiantes”, aunque por esos días disparen piedras a cualquier pajarillo en pleno vuelo.

Eso podríamos suponer ahora del niño que fue Hansel alguna vez, pero todo eso no va más allá del terreno de las suposiciones. Lo que sabemos ahora de Hansel es que está muerto, que un policía, un militar, le disparó y lo dejó sin vida, como al Che; según dicen, el joven occiso había robado piezas y accesorios en una paradero de ómnibus y que resultó sospechoso a los ojos de dos policías que patrullaban la zona y que le ordenaron detenerse, pero él intentó escapar; y también dicen, quienes construyen las noticias, que lanzó piedras a sus perseguidores, que algunas fueron certeras, como la que pegó en la “entrepierna” de uno de los policías y que debió doler mucho, muchísimo, y luego otra pedrada le pegó al mismo policía en un lateral del torso, no sabemos si en la izquierda o en la derecha. No sabemos…

Y a pesar de las pedradas, y el dolor, el policía consiguió reponerse y apuntar, y fue certero a pesar de las pedradas, a pesar del dolor y eso resulta muy extraño. No puedo imaginar a un hombre que consiga apuntar después de una pedrada en la entrepierna y otra en el torso. Lo más lógico es el chillido, el grito desgarrador, el tirarse al suelo y gritar; lo más posible es el dolor inmenso, lo más posible es una escena menos clara, menos segura…; pero esta vez no fue así. El policía, ese que pudo andar alguna vez por los campos orientales cazando pájaros y desaprobando exámenes, ese que no fue a la universidad y que ahora forma parte de los cuerpos policiales, consiguió apuntar y dar en el blanco, a pesar del dolor que produce un golpe en las partes pudendas de los hombres.

“Cógeme ese trompo con la uña”, dice un amigo cuando no da crédito a lo que antes expuso alguien, y yo digo con él, porque un golpecillo, un pellizquito en la entrepierna es espeluznante, y mucho, mucho más si es un golpe de piedra, pero la prensa oficial no dice nada aún, solo una breve nota en el Tribuna de La Habana para justificar la muerte de ese joven tan negro como George Floyd. Unos parrafitos en la versión digital del Tribuna de La Habana que se publica el domingo, y que deberá repetirse, este lunes, en la edición impresa que leen solo los habaneros; nada de Granma, nada de Juventud Rebelde, nada de noticiero de televisión, nada de nada…, aunque sí usaran todos los espacios posibles para denunciar la muerte de Floyd y enfrentar a la policía norteamericana.

La muerte de Floyd sirve al gobierno cubano para desacreditar a los “yanquis”, para tildarlos de racistas y asesinos, para convocar a los cubanos, para proponer el odio y para tender un manto de silencio sobre nuestras realidades. Y la verdad es que los dos muertos fueron hombres negros, y policías los dos asesinos. Y un mar de tarados somos nosotros si de verdad creemos que el policía cubano no tuvo otro remedio que disparar al joven negro y dejarlo muerto, no por un rato, sino para siempre.

Hansel está tan muerto como Floyd, pero, a diferencia del último, la prensa oficial no dedicó la misma atención que al hombre negro que murió en el Norte. Hansel, el cubano muerto, es un hombre real. Hansel no salió de las páginas de los hermanos Grimm, y no sé si tendrá una hermana llamada Gretel que se sienta sola y que lo extrañe. Hansel debe tener unos padres que no van a conformarse con la muerte de su hijo. De Hansel sabemos muy poco; las noticias aseguran que era un delincuente y nada más.

Yo no sé dónde vivía este joven negro. ¿Será que nació en un barrio marginal? ¿Acaso creció en uno de esos puntos de la geografía habanera en las que resulta muy difícil ser un hombre de bien? ¿Serán verdaderamente sentidas las lamentaciones del Ministerio del Interior que aparecen en la prensa? ¿Y por qué el Granma no hace visible esta muerte? ¿Será que suponen que podrán callarla si sólo aparece en ese diario que circula solo en La Habana? ¿Será que en esta ciudad capital van a desmantelar y a reconstruir el departamento de policía, como se propuso en Minneapolis? ¿Será? ¿Cuál será la atrocidad que vendrá luego? ¿Reconocerán las autoridades que la mayoría de los delincuentes cubanos de ahora mismo, chillaron antes que serían como el Che?

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