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Putin amenaza con armas nucleares y los rusos se van del país ante una movilización “parcial”

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MIAMI, Estados Unidos.- A pocos días de cumplirse siete meses de la invasión rusa en Ucrania, Vladimir Putin anunció este miércoles la movilización parcial militar de unos 300 000 reservistas ante los reveses sufridos durante las últimas semanas.

La situación ha desatado una nueva crisis en Rusia, y varias aerolíneas han anunciado que después de la noticia los ciudadanos rusos están saliendo del país en masa ante el temor de la movilización. Los billetes de varias aerolíneas, con rutas directas entre Moscú y Turquía, o Armenia, se han agotado este miércoles, según datos de Aviasales.

Esto, a pesar de que el ministro de Defensa, Serguéi Shoigu, ha explicado que la movilización se limitará a los ciudadanos con experiencia como soldados profesionales, y ha insistido en que no se convocará a los estudiantes y a los que solo han servido como reclutas.

La movilización, aunque ha sido descrita como “parcial”, ha aumentado la preocupación y las dudas en los ciudadanos rusos, que temen que el Kremlin los arrastre a la guerra en Ucrania.

La búsqueda “salir de Rusia” se multiplicó 100 veces por esta mañana, según mostraron los datos de Google Trends, citados por varias agencias de prensa.

Al respecto, el portavoz del Kremlin, Dmitry Peskov, se negó a decir ante la prensa este miércoles si Rusia cerraría sus fronteras para los que están sujetos a la movilización.

“Serán llamados a las filas del Ejército solo aquellos ciudadanos que actualmente se encuentren en la reserva, y sobre todo aquellos que hayan servido en las Fuerzas Armadas, tengan ciertas especialidades militares y experiencia relevante”, dijo Putin en televisión nacional. Según sus palabras, los movilizados “tendrán un entrenamiento militar adicional” antes de ser enviados a las unidades.

Asimismo, Putin se ha referido una vez más a la utilización de armas nucleares en Ucrania, y aseguró que no es un farol.

“Cuando la integridad territorial está amenazada, Rusia utiliza todos los métodos a su alcance, incluidas las armas nucleares. No es un farol. Han lanzado el chantaje nuclear. Estamos hablando no solo del bombardeo de la planta de energía atómica de Zaporiyia, que amenaza con una catástrofe nuclear, sino también de las declaraciones de algunos representantes de alto rango de los principales estados de la OTAN sobre la posibilidad y admisibilidad de usar armas de destrucción masiva contra Rusia, armas nucleares”, dijo Putin.

Y agregó: “A aquellos que se permiten tales declaraciones, quiero recordarles que nuestro país también tiene diversos medios de destrucción, y componentes individuales, más modernos que los de los países de la OTAN”.

Según el mandatario ruso el “objetivo de Occidente es debilitar, dividir y destruir nuestro país. Dicen directamente que en 1991 pudieron partir la URSS, y ahora ha llegado el momento de que la propia Federación Rusa se desintegre en muchas regiones en guerra. Llevan tramando tales planes durante mucho tiempo (…) promovieron bandas de terroristas internacionales en el Cáucaso, trasladaron la infraestructura ofensiva de la OTAN hasta cerca de nuestras fronteras. Han hecho de la rusofobia total su arma”, sentenció.

En referencia a Ucrania, Putin asegura que fue occidente quien empujó a Kiev “a luchar contra nosotros. Al pueblo ucraniano le han convertido en carne de cañón (…) era inevitable una ofensiva a gran escala en Donbass, como las dos anteriores que llevaron a cabo, y encima ahora atacando también Crimea. Por eso era necesaria la decisión sobre una acción preventiva”, dijo como justificación a la ofensiva del 24 de febrero.

Este martes la Duma Estatal (Cámara Baja del parlamento ruso) aprobó por unanimidad en tramitación urgente, en segunda y tercera lectura definitiva, una ley que introduce los conceptos de “movilización”, “ley marcial” y “tiempo de guerra”, y añadió además nuevos artículos al Código Penal ruso para endurecer los castigos a quienes se nieguen a ser movilizados (entre 3 y 10 años de cárcel), a los desertores (hasta 10 años de reclusión) y a quienes se entreguen al enemigo como prisioneros (también hasta 10 años).

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La guerra y su preparación son asuntos del diablo

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LA HABANA, Cuba.- La memoria es una de las entidades más prodigiosas que tenemos los humanos. Bien lo reconozco yo que he tenido problemas con eso a lo que los psiquiatras llaman memoria cercana o memoria inmediata, y no es más que esa memoria que, antecediéndolo, con un brevísimo instante anterior, el último, ese que atestigua que le di de comer a mi mascota, me hace dudar si tomé la pastilla. Es complejo, pero por suerte no tengo problemas con esa otra memoria que permite esos sucesos lejanos en el tiempo, como el servicio militar y la guerra.

Ahora mismo puedo recordar, casi con exactitud, esa jornada en la que me vi frente a un grupo de militares que me hacían una pregunta tras otra, esa vez en la que ese mismo grupo de militares me ordenó que me desnudara, que caminara en una dirección y luego en la otra, que me volteara, que les diera la espalda y que volviera a caminar. Recuerdo, recuerdo bien mi nerviosismo y los ademanes que acompañaban esa nerviosidad, los mismos de siempre, solo que esta vez los exageraba voluntariamente, remarcados en cada uno de sus detalles.

Recuerdo el momento en el que me entregaron la boleta, que solo miré cuando abandoné la sala, cuando ya no tenía esos ojos que indagaban en mi gestualidad y en mi desnudez. Creo que ese fue uno de los días más felices de mi vida, ese instante glorioso en el que descubrí, dictado en la boleta, que yo era un joven “No apto FAR”. Así escribieron y yo celebré en silencio, para “no deshacer la decisión”. Yo, que antes crucé los dedos, que imploré a los dioses, lloré entonces de felicidad, pero todavía con miedo, con muchísimo miedo.

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Jovenes del Servicio Militar con apenas 17 o 18 años (foto de archivo)

Ahora, con solo recordarlo, me asusto, ahora mismo puedo imaginarme vestido de verde olivo y recibiendo órdenes, vejaciones, y hasta me imagino en una guerra extraña, en una guerra lejana, fuera de la isla, en distantes territorios de ultramar y en las condiciones más adversas, en las más dolorosas, y enfrentado a ejércitos que no reconozco como enemigos, aunque, y al menos en mi imaginación, vuelvo a escuchar detonaciones, disparos, misiles, “actos sacrificiales” que nada tienen que ver con Jesús, y me asusto mucho, porque no me gustan las guerras, y tampoco prepararme para ellas.

Yo no fui al servicio militar obligatorio, pero no porque yo lo decidiera. No fui porque ellos no quisieron, porque ellos me creyeron débil, y también que ningún entrenamiento haría de mi un buen soldado, un guerrero viril. Y es que muchos no estamos hechos para la guerra, esas de bombas y ametralladoras, de balas y balas y balas, entrando en el pecho de cualquiera, rompiendo el pecho de cualquiera, y la vida. Y aun así tuve que hacer “Concentrados militares” en años de universidad, y hasta vivir simulacros de invasión. Y puedo verme todavía en una loma en la que se simulaba un ataque enemigo, y me recuerdo con mucha sed en aquella batalla de mentira con la cantimplora vacía. Recuerdo muy bien mi boca seca, mi necesidad de tomar agua, y mi protesta, aquel chiste tan “irreverente”…

Recuerdo mi chillido “inconveniente”. “Si no me dan agua gritaré muy alto para que los americanos sepan dónde estamos”. Así grité en un simulacro de guerra en el que el ejército del Norte era el enemigo, y yo harto, desesperado por la sed, y chillé bien más alto para que los americanos reconocieran nuestras coordenadas. Lo que vino después fue casi el infierno. La broma se hizo traición y Lucifer se apoderó del espíritu de toda la jefatura y casi me cuesta la expulsión. Bien que recuerdo yo aquella escena, y todavía me asusto, tanto que pareciera que la estoy viviendo otra vez, y con más fuerza.

Y es que ahora dicen que el servicio militar no es obligatorio, que cada cual decide si quiere enrolarse en esa preparación para la guerra de “todo el pueblo”. Y yo me pregunto cuándo y cómo reconocerán las atrocidades que se cometieron hasta hoy en nombre de “la defensa de la Patria”. Me pregunto quién pagará por los suicidios en esas unidades a las que fueron llevados los jóvenes cubanos que no querían prepararse para ninguna guerra, esos que soñaban con la paz y con la vida. Será que suponen que con esta decisión se olvidarán los muchísimos horrores.

Quisiera saber cuántos hijos de papá, cuántos descendientes de los Castro, cuántos Almeida, cuántos Valdés, García, Lazo, Díaz-Canel, se decidirán voluntariamente por el servicio militar, por un servicio militar real, no de mentirita. Y me preguntó si alguien puede levantar la mano y decir que estuvo en la misma unidad militar con algunos de ellos. ¿Cuándo el internacionalismo de Mariela dejará de ser el casamiento con un extranjero, y con otro luego? ¿Cuándo Antonio Castro irá a una misión en África y no a una playa turca? ¿Cuándo los nietos dejarán de hacer vacaciones exultantes, insultantes?

El servicio militar no debe ser obligatorio; los mambises se fueron a la manigua sin que antes estuvieran en una unidad militar preparándose para la guerra. El inexperto Martí no se entrenó para hacer batallas, tampoco Céspedes o los Maceo, ni Quintín Banderas y Calixto García. Hacer ahora que los jóvenes decidan si quieren entrenarse o no para hacer la guerra, no hará que olvidemos los horrores de esas obligadas preparaciones, ni los suicidios que provocaron, ni las muertes.

Eliminar la obligatoriedad no significa que olvidaremos, que relegaremos todas esas obviedades atroces. Deberíamos entender, como Heráclito, que creyó que por obra de la discordia todo nace y todo muere. El odio y la discordia llevan a la desunión, a la guerra y la muerte. La guerra propicia las más duraderas discordias. Cuba da la impresión de que está exánime, casi extinta, y sin dudas una de las causas es la vocación guerrerista de los Castro, y su empeño en preparar a sus menores para hacer la guerra, y enrolarlos luego en largos conflictos bélicos que le resultan extraños, que no les competen.

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Suecia y Finlandia entrarán en la OTAN

OTAN Suecia Finlandia

MIAMI, Estados Unidos.- Boris Johnson, el primer ministro del Reino Unido, dio la sensacional noticia. El miércoles 11 viajó a Suecia y Finlandia y firmó acuerdos de apoyo mutuo con ambos países. Ese apoyo de la OTAN incluye la guerra, en la cual los británicos son grandes expertos.

El “todos para uno y uno para todos” vuelve a funcionar como en los libros de Los tres Mosqueteros. No se menciona a Rusia, pero es evidente que en la memoria de todas las personas bien informadas está la noticia de que esos dos países querían entrar en la OTAN, pero Rusia salió con la pachotada de considerar la solicitud de ingreso en el organismo defensivo como un casus belli.

Moscú pudo elegir, por ejemplo, felicitarse porque “ambas naciones escapaban de la tentación de fabricar armas nucleares”, para lo cual tenían el talento y el dinero requeridos. Lamentablemente, Vladimir Putin prefirió recurrir a la amenaza, sin advertir que no podía cumplir nada, y tuvo que conformarse con privar a Europa del gas ruso, que es como dispararse uno mismo en el pie.

El Reino Unido cuenta con unas 300 bombas nucleares. Suficientes para destruir totalmente Moscú, San Petersburgo y todas las ciudades de más de 50 000 habitantes. Las armas atómicas de Inglaterra están casi todas en movimiento a bordo de submarinos y de aviones de largo alcance, de manera que es imposible destruirlas “preventivamente”. Lo mismo sucede con la “force de frappe” francesa. La fuerza de disuasión creada por Charles de Gaulle cuenta con silos ocultos y con lanzamientos desde submarinos y de los aviones Dassault Mirage IV. Tiene, como los británicos, unas 300 ojivas nucleares. Se da por descontada la colaboración de Estados Unidos con el Reino Unido y con Francia e Israel, aunque no se mencione directamente.

No creo que Putin esté loco. “Si compra un circo le crecen los enanos”, suelen decir los españoles de quien atraviesa una mala racha. Una cosa era enfrentarse a los georgianos o a los chechenos en el vasto, apartado y oscuro vecindario del Cáucaso, y otra muy diferente era invadir Ucrania en Europa Central, con luces y taquígrafos, de manera que han quedado registradas casi todas las violaciones de los derechos humanos (y de las señoras y las niñas), y casi todos los crímenes cometidos por un ejército en el que se alentaba ese tipo de comportamiento, incluido el robo de granos y maquinaria agrícola.

Por estos días, precisamente, se desarrollará el primer juicio a un soldado ruso acusado de “Crímenes de Guerra”. Lo juzgará un tribunal ucraniano y está acusado de asesinar civiles en el pueblo de Chupakhivka, al este de Kiev. Hay 10 000 víctimas aguardando porque se les haga justicia.

Vale la pena leer Putin’s World de Angela Stent. Ahí están todas las claves de los antecedentes de este caballero. Ya no piensa en incorporar a las demás naciones a la lucha de clases -ha entendido que el marxismo fracasó rotundamente- pero cree que Rusia tiene un carácter excepcional, por su descomunal tamaño, por su situación (es el único país euroasiático, si exceptuamos a Turquía que tiene una parte de su capital en Europa) y por su historia. Sin embargo, realmente cree que la OTAN es el enemigo que debe batir y contra el que ha desatado la carnicería ucraniana, como antes acabó con la rebeldía chechena y georgiana. Teme al carácter “ofensivo” de una extraña liga de naciones, dirigida por Estados Unidos, que existe solamente por su carácter antirruso.

Hay que recordarle a Vladimir Putin que sólo dos veces la OTAN, en los setenta años de existencia, pasó a la ofensiva. Primera, para evitar que los serbios continuaran asesinando musulmanes en una “limpieza étnica” en Bosnia-Herzegovina, porque nadie ponía orden en ese manicomio. (Así concluyó la artificial construcción de Yugoslavia, conseguida por los juegos malabares del mariscal Tito, gran titiritero de ese engendro). Y, segunda, en el caso de Libia, arrastrada por los franceses de Jacques Chirac, para la supresión de Muammar el Gadafi en octubre de 2011. En ambos casos contaron con el apoyo de los Emiratos Árabes, y especialmente de Qatar.

Es muy importante que Putin -dure lo que dure- entienda que el país más grande del planeta (el doble de Canadá, que es el segundo mayor del mundo) no debe y no puede interrumpir las incorporaciones a la OTAN. Esa es una expresión de la soberanía que Moscú debe respetar.

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¿Por qué Ucrania es importante para Cuba?

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MIAMI, Estados Unidos.- El número de muertos del Ejército ruso, tras un mes de combates en Ucrania, supera el recuento total de pérdidas soviéticas durante su aventura de diez años en Afganistán. Esta humillante derrota para el régimen de Putin y la épica victoria de las fuerzas armadas y milicias ucranianas, presenta una grave preocupación para Moscú y otros rincones del mundo dictatorial. El régimen castrista es uno de los que está perdiendo el sueño estos días. Hay muchas razones por las que lo que ocurre en Ucrania le importa a Cuba.

Contagio de rebelión

La revuelta popular cubana del 11 de Julio (11J), ese legendario domingo en el que cientos de miles de cubanos salieron espontáneamente a la calle en más de sesenta localidades de la isla exigiendo libertad y un cambio de régimen, ha horrorizado a la dictadura comunista. La represión bárbara del régimen castrista, con sus condenas draconianas de varias décadas para muchos de los manifestantes pacíficos, atestigua su necesidad de amplificar el terrorismo de Estado para domesticar a la población. Los cubanos, sin embargo, no se dejan intimidar por la represión.

Antes de la invasión rusa, poca gente daba a los ucranianos muchas posibilidades contra la segunda fuerza militar más poderosa del mundo. Un mes después, las exuberantes cuarenta mil bajas rusas (muertos, heridos, prisioneros o desaparecidos), según la OTAN, nos dicen muchas cosas. Sí, los ucranianos luchan bien. El principio moral estampado por Abraham Lincoln en su famoso discurso en Cooper Union en Nueva York de 1860 que decía: “Tengamos fe en que el derecho hace al poder, y en esa fe, atrevámonos, hasta el final, a cumplir con nuestro deber tal como lo entendemos”, está siendo evidentemente aplicado por esta nación asediada. Los cubanos también han mostrado históricamente esta misma fe intransigente de abrazar la abnegación en el ejercicio de la virtud. El 11J destruyó el mito de la inmutabilidad del castrocomunismo.

Internet Starlink de Elon Musk

Las protestas que emanaron del 11J continuaron en toda Cuba durante días. Para sofocar las manifestaciones, el régimen castrista cortó Internet. Los ciberataques rusos intentaron la misma hazaña en Ucrania al invadirla. El viceprimer ministro ucraniano y ministro de Transformación Digital, Mykhailo Fedorov, tuiteó pidiendo ayuda a Elon Musk dos días después de que el ejército de Putin entrara por la fuerza en Ucrania. “Le pedimos que proporcione a Ucrania estaciones Starlink y que se dirija a los rusos cuerdos para que se pongan en pie”, tuiteó. A las pocas horas, Musk respondió: “El servicio Starlink ya está activo en Ucrania. Más terminales en camino”. Desde entonces, los ucranianos han navegado sin problemas por Internet.

Si bien el control del territorio ucraniano fue un factor favorable para el éxito de Starlink en el país más grande de Europa, la noción de pensar fuera de la caja y poner la tecnología al servicio de la libertad de esta manera es alentadora. Ucrania es ahora un caso empírico del que pueden nutrirse los proyectos de lanzamiento de apoyo a Internet para el pueblo cubano. Existe un precedente para el próximo 11J.

Sanciones

Las sanciones contra el régimen de Putin están llenas de agujeros. Sin embargo, las que ya se han aplicado están perjudicando seriamente la capacidad del dictador ruso para financiar su guerra durante un largo periodo de tiempo. La idea de una revolución palaciega es cada vez más factible en Rusia, cuanto más se prolongue esta arena movediza genocida. El argumento de que “las sanciones no funcionan”, ha perdido validez.

Estados Unidos ha forjado su relación con el comunismo cubano partiendo del principio de tratar de privar a la dictadura de sesenta y dos años de edad de recursos para reprimir. Las diferentes administraciones americanas han reforzado o debilitado este enfoque. Sin embargo, el hecho es que, a pesar de las lagunas del embargo y de otras incoherencias con las sanciones, al régimen de Castro no le gustaría nada más que el fin de las sanciones financieras por su comportamiento criminal. Occidente está haciendo de las sanciones contra Rusia una cruzada moral. Esta noción ética puede resultar dura para el clan marxista de La Habana en algún momento.

La pérdida de los bancos de Putin

Varios bancos rusos han sido expulsados del sistema SWIFT. Esas instituciones paraestatales, al servicio de la dictadura rusa, han establecido una relación de enredo con las autocracias socialistas del hemisferio occidental. Han servido al propósito de evadir las sanciones de Estados Unidos haciendo que los bancos de Putin sean los agentes de transacción con las entidades europeas. Es muy probable que también hayan sido instrumentos de lavado de dinero proveniente del narcotráfico, un negocio lucrativo para el socialismo continental. Mientras dure la guerra ruso-ucraniana y se mantengan las sanciones a los Putin, el castrismo ha perdido a uno de sus principales banqueros sucios.

Adiós a los turistas rusos

El turismo ruso a Cuba aumentó cerca del 200 % desde 2019. En 2021, los rusos constituyeron el 40 % del total de turistas que visitaron el gulag tropical. Todo eso ha cambiado desde la invasión de Ucrania. Los pálidos cuerpos de los ciudadanos rusos bronceándose en las playas de Cuba son ahora un espejismo. Esta importante fuente de ingresos para la dictadura cubana ha desaparecido. Dada la incertidumbre que reina ahora en toda Europa, visitar Cuba puede ser lo último en la mente de los europeos.

Es probable que los cubanos de la isla vuelvan a desafiar abiertamente al régimen totalitario en el poder. El espíritu de los ucranianos que luchan contra viento y marea, pero que ganan a cada paso, seguramente enviará mensajes de esperanza e inspiración a los cubanos. Un sistema de Internet, que puede eludir el régimen tiránico, tiene ahora una historia de éxito. Las sanciones, como arma moral y táctica, han sido elevadas y están hoy en día en el punto de mira. Perder a los banqueros corruptos será costoso. El emporio turístico del capitalismo de Estado castrista tiene una pérdida considerable con la ausencia de visitantes rusos. Ucrania importa, y para los cubanos amantes de la libertad es especialmente crítica.

**Nota: Artículo publicado originalmente en El American.

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Ucrania ostenta directores de cine consecuentes con su historia

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MIAMI, Estados Unidos.- El más reciente cine producido en Ucrania, que se ocupa principalmente de los acontecimientos ocurridos en la región de Donbás, ya presagiaba que una tragedia como la actual invasión rusa podía acontecer.

La complejidad social de un país donde conviven personas que disfrutan y agradecen mucho la libertad y la democracia, junto a zonas conflictivas de voluntad separatista, alentada por Rusia, queda retratada en varias películas que ahora regresan a disposición de los espectadores, en cines y diversas plataformas de streaming, para colaborar económicamente con esos artistas y mostrarle a Occidente que ya estaban advertidos de tales conflictos.

Después de las heroicas protestas conocidas como Euromaidán, que duraron más de noventa días entre los años 2013 y 2014, y que dieron al traste con un presidente impopular y títere de Putin, Viktor Yanukovich, quien alejaba a Ucrania de ser parte de la Unión Europea, grupos separatistas prorrusos desataron la guerra contra el gobierno legítimo ucraniano en las ciudades de Donetsk y Luhansk.

Estos lamentables acontecimientos, que duran hasta nuestros días y han costado la vida a miles de civiles y militares, coincidieron con la apropiación de la península de Crimea por parte de Rusia, ante la indolencia de Occidente, que protestó por canales burocráticos, pero no actuó con sanciones como para cambiar el curso de los acontecimientos.

En 2018, quien está considerado un director esencial del cine ucraniano, Sergei Loznitsa, estrenó en el Festival de Cannes, con aclamación, su película Donbass, que aborda en viñetas de humor negro y tragedia el conflicto separatista de su país.

Es gran cine bélico, coral, casi documental en sus escenarios realistas, donde impera el absurdo y la impunidad de los vencedores eventuales, con actores que nos colocan en el ojo de la tormenta mediante un naturalismo ríspido.

Periodistas extranjeros amenazados, ciudadanos que son despojados de sus propiedades para apoyar “la causa” ajena, y el patetismo del prisionero atado a un poste en medio de la ciudad a donde llegan ciudadanos comunes para vejarlo y herirlo hasta que sus captores militares casi permiten el linchamiento.

Un universo enrarecido, donde el contrario es acusado de fascista, sin argumentos, solo para ofender e incriminar con términos peyorativos a falta de otra causa.

El director Loznitsa ha afianzado una carrera en el género documental, donde se distingue su más reciente State Funeral, retrato devastador sobre el culto a la personalidad, el totalitarismo y el miedo consustancial al comunismo, utilizando materiales de archivo que no habían sido revelados sobre los funerales de Stalin.

Hablando de la peligrosa indiferencia que significa el resurgimiento del ideario marxista leninista, en el seno intelectual y popular de las democracias, Loznitsa ha ofrecido una explícita alerta que honra a los cineastas honestos del mundo:

“Los crímenes del régimen nazi fueron expuestos y condenados universalmente. Todos sabemos que los juicios de Nuremberg tuvieron lugar al final de la Segunda Guerra Mundial, cuando nada parecido ha sucedido en la era postsoviética. No hubo condena universal o análisis o intento de juzgar a quienes cometieron los crímenes de la época soviética. Así que no debe sorprendernos ahora que estamos afrontando un régimen muy similar, tan totalitario, represivo y criminal como lo fuera el estalinismo… la intención de Stalin era comenzar una nueva guerra mundial. Y ahora somos testigos de cómo Putin básicamente continúa el curso de Stalin para iniciar una nueva guerra”.

Bad Roads es otra película ucraniana sobre el enfrentamiento bélico, contada en cuatro historias espeluznantes y dirigida por Natalia Vorozhbyt. Fue la propuesta de Ucrania este año para el Premio Oscar a la Mejor Película Extranjera, y se estrenó en el pasado Festival de Cine de Venecia.

Es un filme realizado en la penumbra de la perplejidad y a diferencia de Donbass no tiene espacio para el humor.

Las historias se cuentan serenas, al borde del horror que provoca la violencia inminente, y están basadas en una obra de teatro de la propia directora, quien en 2013 se personó en la legendaria Plaza de la Independencia de Kiev para disputar la soberanía de su país.

En febrero de este año Vorozhbyt se encontraba trabajando en su nuevo filme Demons, sobre las relaciones entre Ucrania y Rusia, en la ciudad de Myrhorod. Cuando le quedaban solo cuatro días para completarlo la localidad comenzó a ser bombardeada.

Durante esas jornadas de incertidumbre la entrevistaron en un refugio y dejó saber que era muy importante para ella estar allí pero que abandonaría su país si los rusos ganaban.

La directora de Bad Roads considera que estos eventos comenzaron hace treinta años cuando Ucrania fue establecida como una nación independiente y permitió que la influencia rusa creciera en Donbás.

Loznitsa, por su parte, argumenta que: “Putin ya perdió la guerra. La perdió desde el momento que decidió invadir Ucrania”.

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Cubanos en Ucrania: “Necesitamos que un gobierno o una embajada se pronuncie por nosotros”

Varios cubanos detenidos en un centro de migrantes en Ucrania

MIAMI, Estados Unidos.- “Necesitamos que nos ayuden, estamos entre la espada y la pared”. Así lo aseguraron esta mañana en diálogo con CubaNet los cubanos presos en un centro para migrantes en la localidad de Nikoláyev, a unos 200 kilómetros de Kiev, la capital ucraniana.

Desde hace poco más de un mes los seis hombres y tres mujeres que se encuentran detenidos en la ciudad ucraniana, bajo el asedio del ejército ruso desde el pasado 24 de febrero, cuando el Kremlin inició su invasión a ese país, piden a la comunidad internacional apoyo para que los ayuden a escapar del conflicto.

Según contó a CubaNet Diosdeny Santana Madera, expreso político cubano, el jefe del centro migratorio pasó esta mañana y les explicó que la ciudad será atacada en los próximos días, y que para salir de ahí necesitarían que algún gobierno u organismo internacional se pronuncie a favor de ellos.

“Nos dijo que si teníamos un gobierno o una embajada, un organismo internacional que se pronuncie en nombre de los que estamos aquí ellos nos sueltan. Nos explicaron que esta ciudad ya fue atacada, pero no ha sido tomada completamente por las fuerzas rusas, y tienen información de que en días próximos van a atacarla `con todo´. Nos dijeron que hay que prepararse, y estamos viendo que están tomando provisiones, se ve mucho movimiento”, explicó Santana Madera.

“Aquí han sacado personas que ya están en Polonia. Necesitamos apoyo, estamos entre la espada y la pared, ellos están dispuestos a soltarnos, lo que hace falta es alguien que se pronuncie a favor de nosotros”, dijo.

Los cubanos detenidos hoy en Ucrania se encontraron en Rusia a donde habían llegado luego de escapar de Cuba. Allí decidieron unirse y cruzar a Ucrania, desde donde seguirían su travesía hasta llegar a la Unión Europea.

“Nosotros no queremos regresar para Cuba”, dijo el ex prisionero político, en Ucrania están bajo las bombas, pero en la Isla llevan toda la vida bajo “una guerra psicológica, y ya son 63 años”.

“Todo en Cuba es monopolizado por el sistema, y el gobierno ha llevado a los cubanos a vivir como un camaleón, cambiando de colores para poder sobrevivir. Por eso no hay valores. En Cuba el gobierno no solo ha llevado la economía a la quiebra, sino a la sociedad y sus valores”, señaló.

“El hombre nuevo de Cuba ya no es el hombre de Martí, que debe decir la verdad y vivir en la verdad, en Cuba se vive en la mentira”, sentenció.

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¿Se contó con el pueblo cubano para apoyar a Rusia?

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LA HABANA, Cuba.- Según la Constitución de la República, la responsabilidad total de lo que sucede en el país es del Partido Comunista de Cuba, que incluso está -como ha afirmado la dictadura- por encima de la Carta Magna.

En su estructura se contemplan los Comités Provinciales, que son su máxima expresión en cada provincia y en el municipio especial Isla de la Juventud.

En la última decena del mes de febrero se reunieron el “presidente designado” Miguel Díaz-Canel Bermúdez y el Secretariado del Comité Central con los primeros secretarios de los Comités Provinciales del Partido. La reunión se efectuó en la sede del propio organismo político.

Según plantea el periódico Granma, órgano oficial del Partido Comunista de Cuba, en el encuentro se analizó la atención integral que se brinda a barrios y comunidades.

Y cualquiera puede preguntarse: ¿qué atención?, porque si de viales se trata la mayoría de las calles están rotas en las capitales de provincia, y en el resto de los municipios ni siquiera hay un pedazo de tierra con asfalto que parezca una calle.

Los autos que transitan en el país se ven afectados por la gran cantidad de baches que existen, no importa que sean las Ocho Vías o la Carretera Central, todo está falta de mantenimiento porque en estos 63 años de dictadura el gobierno se preocupó por que los países pobres del mundo, en cualquier reunión, le dieran su voto a Cuba; por consiguiente, se desviaron los recursos que se suponía fueran a beneficiar al pueblo. Todo lo anterior bajo el velo del internacionalismo proletario y la ayuda desinteresada a algunos países del mundo.

Entre otras situaciones que se discutieron, resaltan algunas que se han convertido en más de lo mismo, y las anotaciones que hacen en sus libreticas los que forman parte de estas reuniones se convierten en letra muerta.

Por ejemplo: “el cumplimiento de las medidas para incrementar la producción de alimentos”, ¿quién sabe cuáles son estas medidas?, y por lo que se puede constatar nadie las cumple, porque no ha incrementado de nada, por el contrario, cada mes reducen los productos que se pueden comprar por la libreta de abastecimientos. Es como si al hacer esto se burlaran del pueblo.

Otro aspecto fue la zafra azucarera, tamaña desvergüenza llamar zafra a la micro producción de azúcar que se viene obteniendo y que cada año es menor.

Pero si de desfachatez se trata, discutir sobre la atención a los actores económicos no estatales es el colmo. Lo único que saben hacer con los privados es subirles los impuestos y ponerles multas. Para ellos sí hay inspectores, pero a las tiendas estatales les permiten hacer lo que estimen pertinente. El resultado son largas colas, miembros de la sociedad que tienen riñas en las esperas de venta, incluso algunas tumulturarias y la sustracción de productos para venderlos en la bolsa negra por parte de los dirigentes y los empleados; lo que contribuye al aumento de los precios en el mercado subterráneo.

Pero, de todo lo que discutieron, lo que más gracia da son las medidas para enfrentar la inflación. Algo que ellos mismos crearon y que todo el mundo supo desde el mismo momento en que lanzaron la Tarea Ordenamiento.

La estrategia a la que juegan es mantener la esperanza en el pueblo: se van a resolver los problemas y los altos dirigentes del Partido se preocupan por lo que está pasando. Pero el pueblo, al ver que la mayoría están gordos y barrigones, no cree para nada que su trabajo se concentre en resolver los problemas que tiene la sociedad, los cuales cada vez se agudizan más y se manifiestan en la falta de comida, medicamentos y transporte. La realidad es que la respuesta a las necesidades es: “no hay” por culpa del “bloqueo” (embargo).

Sin embargo, como el Partido está por encima de la Constitución, y a pesar de que se han cansado de hablar de la no intervención extranjera en los asuntos internos de otros países, el Gobierno de Cuba apoya la invasión de Rusia a Ucrania. Pero, ¿acompañados de qué otros aliados del eje opositor a occidente? Nada más y nada menos que Irán, China, Venezuela, Corea del Norte, Nicaragua, y aliados rusos en Europa como Serbia y Bielorrusia. Todos juntos forman un eje del mal.

¿Y se contó con el pueblo cubano? No, no es necesario, con que la alta dirección del Partido tome la decisión es suficiente, todos los demás tienen que agachar la cabeza, aunque sean 11 millones de habitantes.

¡Qué triste para este pueblo tener que vivir con la bota de la dictadura encima! Pero, tendrá que despertar y seguro será más pronto que tarde.

La propaganda en los medios es mucha. Como siempre “el primer responsable” es Estados Unidos de América y Putin es “la mano salvadora en Europa”. La dictadura no se cansa de estar en el lugar equivocado.

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24 de febrero: otro falso argumento de la historiografía castrista

guerra Estados Unidos cubanos

LA HABANA, Cuba.- Estados Unidos no les arrebató la victoria a los independentistas cubanos, sino que contribuyó a su triunfo sobre el colonialismo español.
Son muchos los falsos argumentos empleados por la historiografía castrista acerca de las gestas independentistas llevadas a cabo por los cubanos en el siglo XIX contra el colonialismo español. Se enmarcan, en lo fundamental, en el interés de las autoridades cubanas por avivar su diferendo con Estados Unidos y  presentar un pasado que legitime el presente que padece la isla.

Entre las más recurrentes falacias del régimen cubano sobresale la que atribuye la intervención de Estados Unidos en la guerra de 1895 al deseo de Washington de arrebatarles la victoria en esa lid a los independentistas cubanos.

En ese contexto, y en el entorno de un nuevo aniversario del inicio de la guerra necesaria, convocada por el apóstol José Martí, el periódico Granma arremetió contra nuestro vecino norteño, y también en detrimento de las autoridades cubanas emergidas a partir de 1902.

Tras mencionar que la voladura del acorazado Maine fue el pretexto utilizado por Estados Unidos para intervenir en esa contienda, el periódico castrista apuntó que “no fue casual que se produjera la intervención militar en esos precisos momentos. Ellos conocían perfectamente que el Ejército Libertador, que durante 30 años había combatido contra las tropas españolas, muy superiores en armas y en hombres, estaba a punto de obtener la victoria”.

El órgano periodístico del castrismo nada dice de la aspiración de los mambises cubanos, incluso desde la guerra independentista de 1868, por que Estados Unidos interviniera en el conflicto, o reconociera la legitimidad de la lucha de nuestros independentistas, y así contribuyera a poner fin al dominio de Madrid sobre la isla.

Por tal motivo, y contrario a lo que hoy aduce la propaganda castrista, fue acogida con sumo agrado por los cubanos la Resolución Conjunta del Congreso de Estados Unidos, de abril del 1898, en la que proclamaba el derecho de los cubanos a su libertad e independencia, al tiempo que abría las puertas a la intervención de Washington en la gesta que había comenzado el 24 de febrero de 1895. Mambises de la talla de Calixto García, José Miguel Gómez y Cosme de la Torriente, así como también el periódico Patria -que había sido fundado por el propio Martí- fueron algunas de las voces que se alzaron para respaldar el pronunciamiento y la acción de los norteamericanos.

Incluso aquellos que después se impacientaron por la ocupación militar de Estados Unidos en la isla, a partir del 1ro de enero de 1899, supieron deslindar la ocupación del involucramiento de Washington en el conflicto. En ese sentido traemos a colación lo anotado por el generalísimo Máximo Gómez en su diario el 8 de enero de 1899: “Los americanos están cobrando demasiado caro con la ocupación militar del país su espontánea intervención en la guerra que con España hemos sostenido por la libertad y la independencia. Nadie se explica la ocupación. Así como todo espíritu levantado, generoso y humano se explicaba, y aun deseaba la intervención”.

Como se conoce, la ocupación militar de la isla por Estados Unidos -como vimos, cuestionada políticamente por algunos, pero celebrada por todos debido a los adelantos económicos, educativos y sociales que le deparó a la isla- concluyó el 20 de mayo de 1902, cuando Cuba obtuvo su independencia. Una independencia completada en 1934 al ser abrogada la Enmienda Platt, la última tutela que existía entre la isla y su vecino norteño.

Aunque les pese reconocerlo a los gobernantes cubanos, la verdad no puede ser adulterada. Estados Unidos no les arrebató la victoria a los independentistas cubanos, sino que contribuyó a la victoria final de los mambises contra la metrópoli española.

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Ucrania, Rusia y los detalles de una guerra anunciada

Ucrania, Rusia, legión, combatientes, Zelenski

MIAMI, Estados Unidos.- La tensión desatada en torno a Ucrania continúa escalando de manera peligrosa. Las noticias generadas por esta crisis han coincidido en agudizar el tono alarmista e incendiario de lo que se anuncia insistentemente como una guerra inminente e inevitable. Los avisos recuerdan aquellas escenas del cómico español Miguel Gila y sus monólogos desde un frente de batalla ficticio. Pero en esta representación no hay espacio para la risa. Más bien debieran llamar a la reflexión sobre el mundo en el que estamos viviendo y hacia donde nos llevan los que dirigen su destino.

La insistencia en poner fecha y hora a una guerra que se expone inaplazable se produce al margen de intensas conversaciones para impedirla, en paralelo a la crispación producida por el despliegue incesante de trosas tropas y efectivos, El propio presidente de Ucrania pidió quitar leña al fuego, pero al perecer un oportuno tirón de oreja le hizo cambiar de opinión. Con suma rapidez Vladimir Zelenski también puso fecha a la invasión anunciada declarando el 16 de febrero día de la unidad nacional.

El motivo aparente del conflicto se explica en las maniobras militares de Rusia a lo largo de sus fronteras con Ucrania, así como en las conjuntas que hiciera con su vecina Bielorrusia. Una demostración de fuerza evidente que llegó tras las advertencias del Kremlin sobre la posibilidad cada vez más cercana de que el país vecino entre a formar parte de la OTAN. La posición tajante del gobierno de Putin al respecto ha sido acusada de actitud imperial sobre una nación independiente, libre para regir sus destinos. Es la parte que se destaca desde Occidente por políticos y gran cantidad de medios informativos. Pero casi nadie, con raras excepciones, se remite a los orígenes de este problema, que se remonta a febrero de 1990 en la cumbre celebrada entre James Baker, secretario de Estado del presidente George Bush, y Mijaíl Gorbachov, todavía al frente del Partido Comunista de la Unión Soviética (PCUS). La promesa hecha al líder soviético para garantizar la independencia de Ucrania fue que la OTAN no se iba a expandir ni una sola pulgada hacia el Este. Pero aquel convenio fue incumplido bajo la administración Clinton, cuando en 1999 anunció la inclusión del primer grupo de países provenientes del pacto de Varsovia en la organización militar atlántica. En consecuencia, las maniobras de este conjunto comenzaron a realizarse a la vista de las fronteras rusas. Ahora Ucrania aparece como el próximo miembro en la lista de asociados en un cordón de seguridad en el que Kiev se convierte en el punto donde Europa se juega el futuro, según señalan políticos occidentales.

Para remarcar la intencionalidad rusa de invadir Ucrania se utiliza invariablemente el hecho de la ocupación de Crimea mediante un operativo cívico militar que arrebató el territorio anexado por Nikita Khrushchev a la parte ucraniana a manera de regalo. La ofrenda del territorio conquistado por Catalina La Grande en 1783 se produjo en una época en la que ni el obsequioso presidente del Soviet Supremo –ni nadie- era capaz de imaginar el destino que esperaba a la potencia comunista. En manos de Ucrania quedaba no solo una estratégica porción de territorio en el Mar Negro y la salida de Rusia al Mediterráneo, sino el enclave naval de Sebastopol. Cabe preguntarse sobre lo que hubiera hecho otra potencia en parecidas circunstancias.

En este contexto no dejan de sucederse hechos llamativos. Un reportaje de la televisión española destaca la presencia de voluntarios prestos a la defensa de Ucrania. Uno de ellos se identifica como Justin Dee, un neoyorquino que ha decidido dejar la relativa tranquilidad de la gran ciudad por las eventualidades de una guerra en las estepas del Donbas para impedir que Rusia subvierta los valores democráticos y la ideología occidental, según sus palabras. Esta especie de Capitán América asegura formar parte de una tropa llamada Legión Georgiana, compuesta por extranjeros llegados de Georgia, Estados Unidos, Italia, Alemania y Australia, la mayoría integrantes de la OTAN. Una maniobra que bien puede solapar una intervención encubierta.

Entre otros aspectos destaca el gran debut internacional de la actual ministra de relaciones exteriores alemana. Las imágenes recogieron a la miembro del Partido Verde con chaqueta antibalas y casco de combate en pleno escenario conflictivo. Insólito viniendo de una persona vinculada a una organización destacada por su anti-belicismo militante. En este contexto conviene destacar las palabras de otra política alemana, en este caso de la que fuera ministra de defensa durante la última etapa de Merkel. En octubre del 2021 la demócrata cristiana Annegret Kramp-Karrenbauer expresó públicamente su respaldo a la doctrina de disuasión cuya implementación admite que Alemania y sus aliados sean los primeros en usar las armas nucleares contra Rusia para disuadir un posible plan agresivo urdido por el Kremlin. Extraño que una persona identificada con los valores de la democracia cristiana termine por convergir con el tono belicoso de Roger Wicker, senador de Mississippi, que no descarta que Estados Unidos sea el primero en utilizar una acción nuclear ante un escenario como el que nos preocupa. No se quedan solos estos fariseos desteñidos y pseudocristianos. Los acompañan muchos integrantes del progresismo europeo que guardan silencio ante declaraciones irresponsables que ponen al desnudo el desprecio que sienten quienes están dispuestos a sacrificar millones de vida para proteger los intereses políticos y económicos que los soportan. Los mismos que hablan de salvar al planeta del calentamiento global no vacilan en ponerlo al borde de la explosión en un conflicto al que aportan con sus palabras, actos o simplemente desde el silencio.

La manipulación y las omisiones se suceden en diferentes ámbitos. No solo desde la parte rusa. “Testimonios desgarradores de la masacre de ucranianos que aún Rusia se niega a reconocer” es uno de los titulares que encabeza un artículo que recoge aquellos hechos, ya reconocidos por ciertos desde las páginas de numerosas publicaciones soviéticas en tiempos de la Perestroika, que con gran profusión de detalles denunciaron la famosa “matanza” en la que se conjugaron varios factores derivados de una sequía atroz, las secuelas de una terrible guerra civil y la aplicación de una criminal política de colectivización forzosa aplicada por los dictámenes del georgiano Joseph Stalin. Por estos días alguna noticia recogió las celebraciones realizadas en ocasión del aniversario del dictador en su país de origen, donde se mantiene abierta al público la casa museo donde naciera. En otra vertiente noticiosa resultó patente el mutismo casi generalizado que se produjo en torno a las manifestaciones de corte fascista que se produjeron en Ucrania el pasado 1 de enero, en ocasión del aniversario 113 del nacimiento de Stepan Bandera, actos que provocaron protesta desde la embajada de Tel Aviv en la capital ucraniana.

Putin señala, no sin razón, la existencia y las demostraciones impunes de un fascismo naciente entre la extrema derecha de Ucrania, donde suelen producirse hechos que justifican su alerta sobre un genocidio instrumentado contra un amplio sector de la población ucraniana que lo medios identifican como prorrusos, pero que en realidad son ruso-parlantes. Los nacionalistas han prohibido el uso de esa lengua, han hecho hogueras con libros escritos en ella, sin distinguir que el autor sea Pushkin o Gogol. A este último le tildan de loco y traidor por haber escrito su obra en la lengua odiada. Imaginemos que Cataluña, por poner un ejemplo, lograra una hipotética independencia de España e instrumentara iguales prácticas en su territorio destruyendo literatura escrita en castellano o declarando traidores a los que la hablen (de hecho, algo de esto ya está sucediendo en los predios catalanes).

Las razones de esta crisis no solo hay que buscarlas en las demostraciones de fuerza del ejército ruso o en la proyección “imperialista” de Putin. En ella confluyen intereses de todo tipo atizados por el fantasma de la inflación que se hace sentir a nivel mundial. Desviar la atención de esta y de un futuro próximo en el que las cosas no parecen mejorar podría ser parte del guion. Se suma la competencia atroz por la venta de gas a Europa, donde Rusia se perfila como un proveedor seguro y menos costoso, o los intereses inescrupulosos de la industria armamentística que necesita clientes para sus costosas manufacturas, y situaciones como esta puede rendirles buenos beneficios. Resulta ilustrativa la compra de 64 aviones de combate norteamericanos gestionadas por Finlandia al coste de 9 400 millones de dólares. Un país que apenas se ocupó de estos asuntos durante los tiempos de la Guerra Fría y que sirvió de referente en gestiones pacifistas y contra el desarrollo del armamentismo en momentos en que se cernía el peligro de una conflagración aniquiladora.

Los más cínicos arguyen que acontecimientos como este, en caso de desatarse, pueden servir para aligerar al mundo de cierta cantidad de bocas para las que no hay recursos suficientes. Reducir su número sería un imperativo para el que ya resultan poco eficientes los conflictos intermitentes que no han parado de producirse desde finales de la Segunda Guerra Mundial. Nada para horrorizarse si vemos cómo la sociedad actual es cada vez más proclive a aceptar la cultura de muerte que se le propone como una normalidad: abortismo desenfrenado (en Colombia se acaba de aprobar hasta con cinco semanas y en otros países casi hasta las nueve) y la legalización de la eutanasia. Pocas voces se alzan para advertir o enfrentar esa realidad y las que lo hacen son tildadas de autoritarias. Polonia, Hungría y algunos partidos políticos europeos destacan en esta nueva línea divisoria que trazan conservadurismos y liberalismos más que el gastado esquema ideológico de comunista versus capitalista. El encuentro de Jair Bolsonaro con Putin marca un hito en esta corriente.

La personalidad del presidente de Brasil, populista a mas no poder, marcó una brecha con sus acólitos y aliados en la foto donde posó sentado junto a Putin, contraste significativo respecto a la kilométrica mesa en cuyo extremo se sentaron Macron y el canciller alemán, respectivamente, frente al líder ruso. La advertencia del gobierno de Biden hecha a Bolsonaro para que desistiera del encuentro con su homólogo en el Kremlin apenas sirvió para desalentar la decisión del mandatario brasileño. A la advertencia desoída, Washington sumó los reproches a lo que señaló como un posicionamiento solidario de Bolsonaro con Moscú, igualmente criticado por visitar la Hungría de Orbán.

En este punto cabe destacar la política contradictoria del actual ocupante de la Casa Blanca, que mientras insiste en señalar que las naciones poderosas no pueden exigir que sus vecinos se sometan a sus esferas, impone políticas restrictivas a otros, indicándoles con quien asociarse o no, lanzando amenazas veladas para quienes actúen con independencia de criterio, aconsejando con quien reunirse, hacer acuerdos comerciales o manifestar posturas. Este es caso de Bolsonaro o Bukele. Ya en meses anteriores hemos escuchado hablar de la Doctrina Monroe y su vigencia en el discurso de voces republicanas. Pero con estas manifestaciones parece que la idea retrógrada y nada progresista está presente por igual en el ala demócrata. Decepciona constatarlo. Como decepciona el silencio de las voces progresistas dentro y fuera de Estados Unidos. Los considerados “radicales izquierdistas” de la bancada demócrata, políticos integrantes del socialismo europeo y personalidades progresistas en general callan. La evidencia saltó durante la entrega de los premios Goya. Aquellos que usaron el ámbito de la premiación para criticar la participación española en el conflicto de Irak en tiempos de Aznar ahora siquiera hicieron un llamado a la cordura al PSOE, determinado en seguir los pasos de esta espiral de guerra de consecuencias impredecibles.

Jair Bolsonaro toma distanciamiento del discurso de sus críticos y hace un pedido a Dios (mención cada vez más rara en el Occidente cristiano) para que la paz reine en el mundo en bien de la Humanidad. Palabras que coinciden en las declaraciones del Papa Francisco, quien al referirse a la crisis en Ucrania admitió vergüenza por esos que encienden los fuegos de las armas sin pensar en los inocentes que en definitiva terminan pagando por los errores y la insensatez de políticas e intereses. Justo a dos días de que se produjera la anunciada invasión rusa, el presidente de Ucrania prometió mantener los cielos del país abiertos. Una decisión que merece el calificativo de desvergonzada y criminal si nos atenemos a la potencial ocurrencia de un choque previamente avisado. ¿Acaso se pretendía la repetición del horrendo suceso ocurrido en 2014, cuando un misil salido aún no se sabe de qué rampa abatió por “error” un avión de pasajeros acabando con la vida de 298 personas?

Por estos días ha sido noticia el búnker secreto construido en la Florida a principio de los sesenta para acoger al presidente John F. Kennedy, la primera dama y una treintena de personas entre familiares y personal de servicio en caso de desatarse o un ataque nuclear durante la crisis de los misiles. Así, mientras los irresponsables se enredan en situaciones que pueden llevar a la humanidad a una catástrofe irreparable y la muerte de millones de inocentes, manipulados unos e ignorantes otros de lo que les anuncian, ellos se aseguran la manera de sobrevivir al apocalipsis que han contribuido a desatar. Es por ello que se precisa apelar al levantamiento de todas las voces conscientes del mundo a que se unan contra los aficionados al redoble de los tambores de guerra. No por nosotros, sino por nuestros hijos y las generaciones que tienen derecho a vivir en paz, sin temores y sobresaltos por la guerra que nos espera.

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Juan Antonio Blanco critica “decreto de guerra” del régimen cubano

Cuba militares
Boinas Negras frente a una tienda en MLC. Foto La Hora de Cuba

MIAMI, Estados Unidos.- Juan Antonio Blanco, director ejecutivo de la Fundación por los Derechos Humanos en Cuba (FHRC, por sus siglas en inglés), se mostró preocupado por el despliegue que los militares cubanos han mostrado en La Habana durante la última semana.

En un video publicado en la red social de Facebook, Blanco habló de la inquietud que le producen “las señales de pánico que están dando frente a las manifestaciones de la población y la lógica perversa en la que están escalando la represión, en lugar de establecer espacios de diálogo”.

El opositor, exiliado en 1997, catalogó de “decreto de guerra contra la población” un editorial publicado este martes en el diario oficialista Granma, en el que el gobierno sugiere el uso de la lucha armada ante un estallido social en Cuba.

“La Cuba de hoy no es la Cuba del Maleconazo. Se están enfrentando a otra generación y las condiciones hoy son peores que las del 94. En este momento, lo que suceda va a ser transmitido en vivo”, dijo.

“Si ustedes crean una situación de violencia que nadie quiere, están abriendo la puerta a una intervención extranjera en Cuba para pacificar el país”, aseguró el director de FHRC.

Blanco contó que incluso en el 94, durante el Maleconazo, oficiales del ejército cubano le aseguraron que rezaban toda la noche para que no les dieran la orden de sacar tropas y tanques a la calle, porque no lo iban a hacer.

“No rompan la cadena de mando dándole órdenes que esos subordinados no van a cumplir”, señaló.

Las declaraciones de Blanco, además de basarse en el artículo de Granma, tienen lugar luego de que esta semana circularan por redes sociales imágenes del despliegue en la capital de los llamados “boinas negras”: fuerzas especiales del Ministerio del Interior de Cuba con su conocido uniforme color negro.

Omar Orlando Torres, segundo exoficial de la Marina Mercante, hizo un llamado en noviembre a través de la página de ADN Cuba a “todo aquel miembro del Ministerio del Interior, policía o no, quítese el uniforme (…) están ayudando a una dictadura, golpeando (…)”.

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