1

Cuba Sabe, sin pan ni casabe

Cuba Sabe

LA HABANA, Cuba. – No hay pan, ni siquiera el patrimonial casabe, pero el régimen cubano se atreve por estos días con una nueva edición del controvertido festival culinario Cuba Sabe, evento que, desde la Agencia de Turismo Cultural Paradiso, es coordinado por Lis Cuesta Peraza, esposa del actual gobernante, Miguel Díaz-Canel.

Auspiciado principalmente por los ministerios de Turismo y Cultura, además de la Embajada de China en La Habana (país al que está dedicada la presente edición) y la cadena hotelera Iberostar, el nuevo episodio que repite por sede principal el Hotel Grand Packard tendrá sus actividades, talleres, conferencias y banquetes entre los días 12 y 14 de enero.

El anuncio fue ampliamente divulgado en algunos de los medios de prensa afines al régimen cubano, sin embargo, se ha tenido cierta moderación en hablar del tema en la radio y televisión nacionales, así como en los principales diarios oficiales, quizás para evitar arrojar más leña a un fuego donde no es precisamente comida en abundancia lo que se cuece sino mucho malestar y rechazo popular hacia una gestión económica que, durante décadas, solo ha generado hambre, desabastecimiento general y, por tanto, la extinción de prácticamente la totalidad de las tradiciones culinarias de la Isla.

Al nivel de la calle, por la casi nula información que trasciende, muy poco se comenta sobre tal paradoja (la de financiar un evento para hablar de sabores, comidas y tradiciones culinarias donde estos escasean), pero los que han estado inmersos o al tanto de la celebración, entre ellos los propios trabajadores de las instalaciones turísticas involucradas, no dejan de calificar de burla lo que sin dudas lo es, más cuando uno de los puntos flacos del turismo cubano, quizás entre los primeros en una lista que cada día se hace más extensa, es precisamente la mala calidad de la gastronomía, así como la poca variedad de platos autóctonos e internacionales que se sirven incluso en hoteles “de lujo” como el propio Grand Packard.

Y como prueba suficiente, para quienes nada conocen de la realidad cubana, estarían los numerosos comentarios negativos dejados por huéspedes y turistas, tanto nacionales como extranjeros, en sitios como TripAdvisor, pero aquellos que desean ahorrarse el tiempo de investigación y han tenido la experiencia del “mal sabor de boca”, solo necesitarán revisar la memoria de su propio paladar a su paso por cualquiera de los restaurantes, cafeterías y bares de Cuba, en especial los estatales, para concluir que Cuba Sabe 2023 es, más allá de un evento pretencioso, otra tomadura de pelo de un Gobierno al que solo le queda como recurso de salvación el extender la cortina de humo para camuflar todo aquello que no marcha nada bien.

Porque de eso —de simulación, de engañifa promocional— es lo que va este Cuba Sabe, en un contexto político-económico donde reinan a perpetuidad los sinsabores, más cuando se trata de un país donde la población está obligada a pelear en infernales colas por la comida escasa y racionada, mientras se privilegia a una élite asociada al poder, usándose así el acceso a los alimentos como evidente método de control político-social. Y no hay mejor evidencia sobre tal afirmación que la marcada diferencia entre flacos y barrigones, entre gente de a pie famélica y mandamases sobrealimentados. 

(Foto del autor)

Cuba Sabe pudiera ser como la vajilla de lujo en la vitrina del pobre avergonzado y presuntuoso, en tanto vacía y polvorienta sirve solo como adorno para las fotos. Pero mucho más da la impresión de ser truco de feria, de ilusionismo y estafa para turistas ignorantes de lo que realmente ha sucedido con la gastronomía cubana en estas casi siete décadas más de prohibiciones absurdas que de escasez, en tanto la mesa del cubano fue vaciada (más bien saqueada) por ese aluvión de políticas en las que el placer y la abundancia fueron calificados por los comunistas como “vicios del capitalismo” y, en consecuencia, castigados como sinónimos de  “burgués”.

En realidad, la historia de nuestra cocina nacional ha sido una verdadera sucesión de políticas malintencionadas, demenciales, fracasadas, anticulturales y, en tal sentido, una historia de tragedias a perpetuidad, incluida entre ellas quizás como una de las más lamentables, la desaparición de las tradiciones culinarias de los chino-cubanos, en buena medida como efecto de las expropiaciones de los negocios privados que hacían tan peculiar y pintoresca a esta comunidad.

Ahí está el fantasma de lo que fuera el Barrio Chino antes de 1959 para constatación de la magnitud del desastre, y como una prueba más de cuantas hipocresía y perversidad hay en dedicar Cuba Sabe a una cocina que fue condenada a la extinción. 

Hoy en el llamado Cuchillo de Zanja se hace bien difícil degustar un simple rollito de primavera o cualquiera de las frituras, verduras, pescados, mariscos y helados que hace más de medio siglo atrás distinguieron los puestos y fondas de chinos en todas las ciudades cubanas. 

Igual ha sucedido con cada capítulo distintivo de la gastronomía nuestra ―lo indígena, lo español, lo africano―, que ha acabado en esta actualidad miserable donde no solo nos venden “pollo por pescado” sino que nos condenan a beber polvo de chícharos tostados por café, así como a engullir raras elaboraciones que solo en virtud de la costumbre nos arriesgamos a llamar “picadillo”, “croquetas” o “mortadella” cuando en verdad parecen cualquier cosa menos alimentos para seres humanos.

En estos más de 60 años, obligados a llenar el estómago con lo que aparezca, sin reparar demasiado en sabores y gustos personales, en tradiciones y raíces, los cubanos hemos perdido la noción de lo que es comer por verdadero placer, e incluso la de alimentarnos de manera saludable, y como un acto de elección. 

Comer en Cuba es un verdadero calvario y la Isla toda sabe y huele a puros actos de supervivencia. Desde precios que ni en la cafetería más humilde están al alcance del mejor de los salarios estatales hasta la política discriminatoria que solapadamente han retomado algunos establecimientos para el turismo extranjero donde el cliente cubano es rechazado porque, al parecer, tanto él como su bolsillo cargado de pesos cubanos restan “categoría” al ambiente. 

Pero más allá del hotel de lujo donde quizás el tufo de la mala comida se disimule con fuertes dosis de ambientador, los olores rancios nos envuelven en los lugares donde “mejor” se come en La Habana, así como la carne en mal estado jamás termina en la basura sino en el pan con croquetas o el arroz amarillo que tan “amablemente” nos regala el vecino o nos sugiere el chef mientras el camarero, entre susurros, nos cuenta de cosas peores, como de gente que ha comido gatos y tiñosas, ya a conciencia o bajo engaño.

Si Cuba, tan solo en cuestiones de gastronomía, sabe y huele a algo en especial, no es a otra cosa que a esos atropellos que sufrimos a diario, más allá del “apartheid turístico”, tanto nacionales como extranjeros, y son el pésimo servicio, las malas elaboraciones y la inestabilidad de las ofertas, inclusive allí donde informa el noticiero que “marchan bien” las cosas.

Obligado a alimentarse mal, con el hambre casi como una marca en los genes, el cubano, por el contrario de lo que dicen algunos, no está obsesionado con la comida, sino desesperado por el hambre, y en el mejor de los casos angustiado por haber pasado días, meses, años sin la posibilidad de elegir libremente alguna vez su bocado. De modo que la Isla nos sabe mal, es decir, muy lejos de lo que debe saber Cuba, desde los salones del hotel Packard, en la boca de Lis Cuesta Peraza. 

Hoy Cuba no tiene pan ni casabe. Cuba sin carne de cerdo en nuestras mesas, sin yuca y maíz, sin pescados y mariscos, sin el vasito de leche y sin el café de la mañana, sin la memoria y el legado de lo que alguna vez fuera nuestra cocina, sabe a ausencia.   

ARTÍCULO DE OPINIÓN
Las opiniones expresadas en este artículo son de exclusiva responsabilidad de quien las emite y no necesariamente representan la opinión de CubaNet.

Recibe la información de CubaNet en tu celular a través de WhatsApp. Envíanos un mensaje con la palabra “CUBA” al teléfono +525545038831, también puedes suscribirte a nuestro boletín electrónico dando click aquí.




Versailles y La Carreta, los más famosos restaurantes cubanos de Miami

Versailles, La Carreta

MIAMI, Estados Unidos. – Los restaurantes de comida cubana más famosos de Miami son, sin dudas, La Carreta y Versailles, pero el segundo tiene la distinción de ser un símbolo de la lucha de los cubanos por la libertad de su Patria.

Aunque ambos son orgullos nacionales, que han logrado salvar una parte considerable de la gastronomía de la Isla, Versailles es también una de las principales plazas del exilio, ubicada justamente en la famosa Calle Ocho de Miami, muy cerca de la Pequeña Habana. 

Por su parte, La Carreta es una gran cadena de seis restaurantes en Miami, que cubre algunas de las zonas más pobladas y visitadas como Coral Gables, Kendall y Hialeah. Los restaurantes tienen una gran fama y tradición por su calidad y precio. El restaurante cuenta con platos autóctonos cubanos como los clásicos arroz con pollo, carne de cerdo y arroz amarillo, bistec de palomilla, picadillo a la Ccubana y bistec empanizado. 

Por su parte, Versailles fue fundado primero que La Carreta y es, más que un centro gastronómico, un centro político. Además, su locación es clave ya que está centrado en una de las zonas más concurridas de Miami.

Versailles es una cafetería, restaurante y panadería con capacidad para 370 comensales y está decorado con cristales, estatuas y una excelente iluminación. El restaurante posee todo lo que puedas encontrar en cuanto a gastronomía cubana. Una de sus mayores singularidades es la “ventanita” por donde pasan cientos de personas cada día a tomar su expreso cubano.
El Versailles trajo la omnipresente ‘ventanita’, luego reproducida en todos los rincones de la ciudad, donde se dispensa el café recién molido y se dilucida en vivo, sin cortapisas, la posibilidad de una Cuba libre”, escribió en CubaNet el crítico y periodista Alejandro Ríos.

El restaurante fue fundado en 1971 por un santiaguero exiliado en Miami, Felipe A. Valls.

“Hoy el emblemático Versailles es alabado por nacionales y turistas. Allí se bautizan de cubanidad los recién llegados y hacen memoria aquellos que tuvieron la luz de zafarse las cadenas temprano y nunca han perdido la esperanza del bienestar que Cuba merece”, también recuerda Ríos.

Recibe la información de CubaNet en tu celular a través de WhatsApp. Envíanos un mensaje con la palabra “CUBA” al teléfono +525545038831, también puedes suscribirte a nuestro boletín electrónico dando click aquí.




Sándwich, para todo el mundo menos para los cubanos

sándwich

LA HABANA, Cuba. – Reuben, Roast beef, Croque-Monsieur, Cheesesteak, Lobster roll… o simplemente dos rebanadas de pan untadas con mantequilla de maní. El sándwich es, probablemente, el milagro gastronómico más aclamado a nivel mundial. Fácil de preparar, abierto a infinidad de combinaciones, asequible y delicioso, este manjar es una opción permanente en el menú diario de miles de millones de personas. 

Solo en el Reino Unido se ha estimado que el consumo anual asciende a 11 500 millones de sándwiches, contando los que se preparan en casa y los que se adquieren en los comercios. No tiene horario fijo y cualquier lugar es bueno para degustarlos. 

Cada 3 de noviembre se celebra el Día del Sándwich y varios medios de prensa publican un listado de los que se consideran más famosos, como los citados al inicio de esta nota. Entre tantas denominaciones europeas o estadounidenses, es un orgullo saber que varios expertos han incluido al sándwich cubano, una delicia que ha mantenido su historia y tradición gracias a la emigración cubana radicada en Estados Unidos. 

El favorito de Florida sigue generando polémica acerca de sus orígenes e ingredientes fundamentales. En Miami se prepara con capas de jamón cocido, cerdo asado, pepinillos, mostaza, queso suizo y mantequilla; mientras que la variante de Tampa incluye, además, el salami. Lo que no puede faltar son dos cuñas de pan cubano, ligeramente crujientes, que lo diferencian del resto de sus homólogos.

El sándwich cubano es uno de los mejores del mundo, según la CNN

Como tantas otras recetas de la cocina tradicional cubana, este sándwich ha desaparecido del menú de los insulares. Con suerte, se puede encontrar en la carta del snack-bar de algunos hoteles; pero aun así, muy raramente es preparado con todos los ingredientes que lleva, y de más está decir que el precio resulta inalcanzable para los cubanos que no tienen ingresos en dólares u otra moneda fuerte. 

Muy pocos dentro de Cuba podrían decir cómo se prepara el sándwich cubano, o nombrar sus ingredientes. En un país donde conseguir pan implica hacer horas de cola con batallas campales intercaladas, es casi pecaminoso hablar de jamón cocido y queso suizo. Las tradiciones y la cultura culinaria criollas se hallan cada vez más próximas a su extinción; pero al menos para los cubanos emigrados existe la posibilidad de descubrirse o reencontrarse en ese sencillo bocado que dice mucho de lo que fue el “sabor nacional” antes que la libertad fuera trastocada por un sistema miserable, que por más de 60 años nos ha dictado hasta lo que debemos comer.        

Recibe la información de CubaNet en tu celular a través de WhatsApp. Envíanos un mensaje con la palabra “CUBA” al teléfono +525545038831, también puedes suscribirte a nuestro boletín electrónico dando click aquí.