1

Cientos de amigos y seguidores dan el último adiós a Pablo Milanés en Madrid

Pablo Milanés, madrid, fito páez

MADRID, España.- Amigos, familiares y seguidores de Pablo Milanés asistieron este miércoles a la Casa de América, en Madrid, donde se instaló la capilla ardiente para dar el último adiós al músico cubano, fallecido este martes a los 79 años.

El féretro con los restos mortales del autor de clásicos como “Yolanda” y “Para vivir” llegó a las 10:00 de la mañana y a las 10:30 se dio paso a una fila de miles de personas. Una fotografía de Pablo Milanés, una guitarra y numerosas coronas de flores acompañaron el ataúd.

El violinista, arreglista y productor cubano Dagoberto González, una de las tantas personalidades que llegaron a rendir homenaje, explicó a CubaNet que estuvo junto a Pablo gran parte de su vida.

“Estuve casi toda mi vida al lado de él, como músico, como arreglista. Me dio la oportunidad de producirle varios discos. Es un grande de los grandes que ha dejado para nosotros toda su obra y vamos a estar alimentándonos de ella eternamente”, expresó Dagoberto González.

Por su parte, el realizador cubano residente en Madrid, Joseph Ross, consideró que el fallecimiento de Milanés “es un punto de quiebre para la cultura cubana”.

Así como reconoció no solo su influencia en la música, sino también su apoyo a muchos proyectos de jóvenes artistas.

“La música a nivel universal, no solo en Cuba, y quienes lo hemos admirado, hemos perdido un pilar imprescindible”, dijo el cineasta.

Entre las personalidades que acudieron al homenaje póstumo también estuvo el cantautor y director de cine argentino Fito Páez, quien se refirió a Pabló Milanés como “un hermano, un amigo”.

En declaraciones a la prensa a su llegada a la capilla ardiente, Fito Páez calificó al trovador como “una máquina de hacer canciones perfectas”.

Del mismo modo señaló que con su muerte se pierde “a uno de los más grandes artistas y compositores del siglo XX y del XXI, que ha dejado un legado impresionante de calidad y belleza en el cual todos deberíamos ir a respirar un poco”.

También pronunció emotivas palabras la cantautora y actriz española Massiel, quien fuera muy cercana a Pablo Milanés: “Pablo era tan humano, como una bolita de amor y de sensibilidad, Silvio Rodríguez marcaba más las distancias, pero Pablo era como algo que te apetecía acariciar y tocar todo el tiempo”.

De acuerdo a Federico Pérez, portavoz de la familia, Milanés será enterrado en Madrid “en la estricta intimidad”. Por “decisiones íntimas y personales” no especificó el lugar del entierro.




Fito Páez arrasa en el Karl Marx

LA HABANA, Cuba.- “¡Ese tipo está loco! ¡Es un genio! ¡Te amo hermano!” Así se expresó, con lágrimas en los ojos, un joven colombiano que viajó a La Habana solo para ver a Fito Páez cerrar la gira latinoamericana en conmemoración al treinta aniversario de su disco “Giros”, ante casi cinco mil espectadores que aullaron durante más de dos horas el idolatrado repertorio del cantautor rosarino.

Tres décadas después de su primera visita a la capital cubana, Páez tomó otra vez por asalto el escenario del Karl Marx, el único teatro que puede dar cabida a tantos corazones henchidos de entusiasmo, nostalgia y esperanza. “Giros” es un símbolo para Cuba y América Latina, un lazo en el cual se estrechan muchas generaciones, un concilio estético, un canto al amor. Cuando aquellas nueve canciones llegaron a la Isla, ya lo novísimos de la trova cubana —Santiago Feliú, Carlos Varela, Frank Delgado y otros— entraban en su etapa de madurez artística. Sin embargo, las letras de aquel muchacho escuálido, escritas tras la estela de cantautores como Charly García y Luis Alberto Spinetta, inspiraron a la siguiente generación que reconfiguraría la cancionística insular en la década de 1990.

Ese gran aporte es reconocida por los cubanos devotos de la canción de autor; quienes anoche se dieron cita para corear, sin prisas ni pausas, cada tema de aquel fonograma revelador, que derribó para siempre el mito de que el rock había nacido para ser cantado en inglés. Una deuda de honor —y de amor— ha unido a Fito Páez con Cuba en una complicidad perpetua. Por tal motivo, y para que el tributo alcanzara su justa dimensión, varios músicos cubanos compartieron escena con él, regalando al público pasajes inolvidables en una velada que fue pura emoción, un disparo de adrenalina que se multiplicaba con canciones antológicas como “Yo vengo a ofrecer mi corazón” —interpretada junto a Pablo Milanés—, “Gente sin swing”, “Giros”, “Tumbas de gloria”, “Al lado del camino” y otras que hicieron posibles dos horas de perfecta felicidad.

Más allá de la grandeza artística de Páez y de lo que su emblemático álbum significa aún en nuestros días, el valor máximo del concierto fue ver a miles de cubanos solazarse en una energía digna de “Woodstock”. Todos en pie, familias transportadas en una dicha indescriptible, aplaudiendo, gritando, mientras Fito aporreaba su teclado o su guitarra, sin saber él mismo cómo corresponder a la lealtad y la pasión incondicionales de un público que no cree en aguaceros, ni en reventa de entradas, ni en un “no” por respuesta. El Karl Marx se estremeció bajo el tremendo empaque de la banda que respalda al cantautor con la potente sonoridad de un rock moldeado en la sensualidad del blues, tanto como en el ímpeto del heavy metal.

Hubo un instante supremo en el cual Fito Páez confesó que su primera visita a Cuba, en los años ochenta, le había salvado la vida. Una oleada de electrizante simpatía y gratitud sacudió a los presentes. De ahí en más, fue una entrega a manos llenas, de la escena a los palcos y viceversa. Fito Páez sabe que su deuda ha sido pagada con creces en cada actuación que dejó a los asistentes con el espíritu colmado y la esperanza renovada. Sabe que La Habana lo espera como a la luz del sol, como al verso que se abre paso, victorioso, entre tanta muerte y tanto odio. Por este concierto, y por insistir en regresar a la capital cubana —a pesar de haber sido en ella muy feliz— gracias Fito.




Fito Páez concluirá en La Habana su gira por Latinoamérica

Fito Páez durante un concierto anterior en La Habana (Foto: AIN)
Fito Páez durante un concierto anterior en La Habana (Foto: AIN)

LA HABANA, Cuba.- El próximo 20 de junio, a las 8:30 p.m. en el teatro Karl Marx, el cantautor argentino Fito Páez ofrecerá un concierto único como colofón a su gira por América Latina y en conmemoración al trigésimo aniversario de su disco “Giros”.

El espectáculo, auspiciado por el Instituto Cubano de la Música y la Empresa PM Records, constituye la cuarta presentación del carismático artista en La Habana en apenas tres años.

Su último concierto fue en 2014 durante la edición del Festival Leo Brouwer. En aquella ocasión, Páez ofreció a los miles de cubanos que colmaron el Karl Marx los éxitos de su larga carrera musical.

Una vez más, Páez apuesta por La Habana como plaza segura para cerrar con broche de oro el periplo latinoamericano. En la capital cubana será acogido por un auditorio fiel y exigente, que ama las excelencias de la canción de autor.

Las entradas se encuentran, desde hoy martes, a la venta –y reventa– en la taquilla del Karl Marx y zonas aledañas.




El concierto de Fito Páez

LA HABANA, Cuba, diciembre, 173.203.82.38 -El cantautor argentino Fito Páez ofreció un concierto público en La Habana, el miércoles 5 de diciembre, gracias a una invitación del comité organizador del Festival Internacional del Nuevo Cine Latinoamericano. El espectáculo musical, realizado en el teatro Carlos Marx, se dividió en dos partes. En la primera se proyectó la grabación de un concierto que tuvo lugar en Buenos Aires el pasado 13 de octubre, para conmemorar los veinte años del disco más vendido en la historia del rock argentino, El amor después del amor, de 1992. Luego, en la segunda parte, el propio Fito cantó algunas de sus canciones más populares, acompañándose del piano.

Esa noche, en la periferia del teatro Carlos Marx había cientos de jóvenes que ostentaban ese espíritu bohemio que caracteriza los días del Festival: ropas elegantes, vestidos nocturnos, camisas que presumen de informal, bufandas, maquillajes, novios de la mano. Algunas personas estaban revendiendo los tiques. Un asiento en el segundo balcón, la sección más alta del teatro, podía costar 20 CUC. Una pareja tuvo suerte: pudo comprar dos entradas, separadas, a 5 CUC la butaca, y una en platea. El precio original de venta era de 50 pesos, moneda nacional (2 CUC). Afuera, los vendedores estaban con sus carritos llenos, vendiendo chocolates, caramelos, rositas de maíz. Uno de ellos, con una cajita en la mano, pregonaba, en un tono lujurioso: ¡Chocolatéate, chocolatéate; vamos, gomita pa’ que te pegues a la “jevita”! Creo que la gomita eran unos chicles o caramelos.

Como ya es normal en la época del Festival de Cine Latinoamericano, la multitud se aglomeró junto a las vallas, y pareció que iba a derribarlas. (Esa precaución existe porque muchas veces la presión del gentío ha llegado a romper las puertas de cristal de los cines, y de los teatros). El concierto, programado para las 8 y media, comenzó a las nueve.

Salió Fito, con un saco de color gris, y anunció el concierto-documental que habían filmado en la capital argentina hacía menos de dos meses. La película, que recogía el concierto gratuito para rememorar los veinte años del disco El amor después del amor, tenía fragmentos de conversaciones de Fito con los asistentes y amigos que colaboraron en la preparación del espectáculo. Las canciones fueron interpretadas siguiendo el orden exacto del exitoso disco.

La película estuvo producida por Sony Music, con la dirección y producción artística general de Fito Páez, y fueron invitados a actuar en ese concierto los artistas argentinos Fabiana Cantilo, Celeste Carvallo y Charly García.

Al terminar, salió Fito al escenario, bajo un estrepitoso coro de aplausos y chiflidos. Había dos pantallas altas (una a cada lado del escenario), que proyectaban por igual su imagen en vivo. Entonces, comenzó el concierto en que acompañándose con piano interpretó 15 canciones.

El concierto terminó a las 11 y 20. Salí contento del teatro. Afuera, conversé con Rai, un estudiante universitario, que estaba bastante decepcionado y se sentía “timado”. Decía que Fito se había aprovechado de nuestra pobre conectividad a Internet para poner un concierto grabado que podíamos haber visto en Internet.

Quizás tuviera razón. Yo pude disfrutar más el concierto porque no tenía expectativas. Y disfruté –incluso más que sus canciones– de la actitud espontánea de Fito Páez, alegre, desembarazada, extrovertida, y que me recordaba los años 80, cuando Cuba no había pasado por la amargura de un Período Especial, y todavía era una esperanza que palpitaba en los ideales de la izquierda latinoamericana.

Viendo a Fito Páez, reconocí a un espíritu libre, soñador, y jovial, de los que no se ven en Cuba.