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Cuba le debe a Argentina 15 mil millones de dólares: ¿Es hora de pagar la deuda?

Raúl Castro Ruz y Cristina Fernández de Kirchner

CDMX, México.- En febrero de 1974 el gobierno de Argentina prestó 1.278,8 millones de dólares al cubano. Con esta suma la isla caribeña podría adquirir mil tractores, maquinaria agrícola, más de cinco mil camiones pesado y seis mil utomóviles Fiat; y comprarían también varios modelos de autos a Argentina.

Este fue el mayor crédito otorgado por la nación sudamericana a país alguno hasta ese momento, y se arriesgaron con una nación que no suele pagar sus deudas. Casi 50 años después, Cuba no ha pagado ni un solo dólar de esa deuda, la cual ya supera los 15 mil millones, según se estima.

Durante más de 10 años la deuda parecía olvidada por ambas partes, pero una vez que acabó la dictadura militar, Argentina reintentó recuperar su dinero. Raúl Alfonsin fue el primer presidente de ese país en visitar la isla. En octubre de 1986 aterrizó en La Habana y una de sus tareas era negociar el pago; pero se fue sin resultados.

Para los 90, Cuba ya estaba sumida en su peor crisis tras el colapso de la Unión de Repúblicas Socialistas Soviéticas, así que Argentina para recuperar su dinero propuso invertir en obras públicas y turismo de la isla. Incluso el entonces presidente Carlos Menem conversó el tema con Fidel Castro; pero una vez más no hubo acuerdo y Cuba siguió sin pagar una suma que crecía, y crecía.

Según el medio Infobae, durante su ejercicio en cancillería, Rafael Bielsa fue el más interesado en el asunto. El ahora embajador en Chile propuso a Cuba “una quita del 75% de la deuda y saldar el 25% restante por diversas vías: pago de intereses en efectivo, atención médica gratuita a argentinos de bajos ingresos en la isla, provisión por parte de Cuba de algunos medicamentos y capacitación en biotecnología a profesionales argentinos”. Ni siquiera así pagaron.

A pesar de la poca disposición de la dictadura caribeña de saldar sus deudas, en 2009, la entonces presidenta Cristina Kichner firmó en La Habana 11 acuerdos con Fidel Castro. Ninguno de ellos referido al impago.

En marzo 2017, gracias a una solicitud de información de Gabriel Salvia, director del Centro para la Apertura y el Desarrollo de América Latina (Cadal) se supo que la deuda era de 2.551,7 millones de dólares.

Argentina ha intentado casi todo para cobrar la suma pendiente. Hasta llegaron a pedirle a Cuba que enviaran las vacunas contra la Covid-19 fabricadas en la isla como pago. Pero la dictadura tampoco quiso. Antes, en 2018, mediante conversaciones diplomáticas ya habían debatido el tema; pero nada de resultados.

Para 2019, ese préstamo de 1974 ya llegaba a 4.805 millones, sin intereses moratorios y punitorios. Según afirman los expertos, la aplicación de estos intereses duplicaría con facilidad el monto mencionado.

¿Pagarán?

A inicios de 2023 el economista Orlando Ferreres dijo a Infobae que el valor sería ahora de unos 15 millones. Cuba sin pagar.

El presidente argentino Alberto Fernández será el anfitrión el próximo martes 24 de enero de la VII Cumbre de Jefas y Jefes de Estado y de Gobierno de la Comunidad de Estados Latinoamericanos y Caribeños (CELAC) que tendrá como sede su país. Al evento asistirá el presidente cubano, Miguel Díaz Canel y probablemente tendrá que hablar de la deuda. Argentina, hoy en una profunda crisis, necesita mucho ese dinero.

Un día antes, es decir, este lune, comenzará en el Tribunal de Comercio de los Tribunales Reales de Justicia de Londres un proceso contra Cuba, también por impagos de deudas en Europa.

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Elogios de dictador: Las palabras que dedicó Fidel Castro a Ana Belén Montes

Fidel Castro, Ana Belén Montes

MIAMI, Estados Unidos. – Cuando Ana Belén Montes fue acusada y procesada por espionaje, Fidel Castro aún gobernaba la Isla. Aunque el tema de la espía estadounidense nunca ocupó los titulares de la prensa cubana, el dictador aludió a ella al menos una vez.

El 12 de diciembre de 2002, durante un recorrido por la Universidad de Ciencias Informáticas (UCI) con la periodista estadounidense Andrea Mitchell, dijo:

“Una persona norteamericana noble y buena que está en contra de una injusticia, en contra de un bloqueo de más de 40 años, en contra de todos los actos terroristas que se cometieron contra Cuba, y es capaz de reaccionar de esta forma, es una persona excepcional (…). Es una persona que ante esa actitud y no por simple cuestión de gratitud, sino por un sentido de la justicia, merece respeto y admiración”.

Después de más de dos décadas en la cárcel, a principios de 2022 Ana Belén Montes fue puesta en libertad.

Montes, quien fue la espía para el régimen cubano de más alto rango en territorio estadounidense, en el momento de su captura se desempeñaba como analista de la Agencia de Inteligencia de la Defensa (DIA) de Estados Unidos. Desde esta posición filtraba información de interés al régimen de la Isla, incluidas las identidades de algunos espías estadounidenses.

La exagente fue detenida el 21 de septiembre de 2001. Un año después fue procesada en un juicio donde se declaró culpable de conspiración para cometer espionaje y fue condenada a 25 años de prisión.

Según ha trascendido en los documentos de la sentencia, Montes justificó su actuar diciendo que había hecho lo que creía justo.

“Me sentí moralmente obligada a ayudar a la Isla a defenderse de nuestros esfuerzos por imponerle nuestros valores y nuestro sistema político”, declaró.

Donald Murphy, funcionario del Buró Federal de Prisiones, confirmó a América TeVé que por motivos de privacidad y de seguridad, el Buró de Prisiones (BOP) no discute las condiciones del confinamiento de Belén Montes, incluyendo su estado de salud ni los planes para su liberación.

¿Quién es Ana Belén Montes?

Ana Belén es una ciudadana estadounidense de ascendencia puertorriqueña, que fue captada por los servicios de inteligencia cubanos.

En 1985 empezó a trabajar para la DIA, donde llegó a convertirse en la principal analista sobre Cuba de la agencia, por lo que tenía acceso a información privilegiada.

Según las investigaciones del caso, Montes recibía mensajes codificados de La Habana a través de una radio de onda. Ella luego descifraba esta serie de números en su computadora. Por su cooperación con la dictadura cubana puso en riesgo la vida de ciudadanos estadounidenses.

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Cuba: mucho invento y poca ciencia

Alimentación, cubanos, régimen cubano, alimentos

LA HABANA, Cuba. — El 15 de enero, según la mística castrista, se celebra el “Día de la Ciencia Cubana” para conmemorar el discurso de ese día del año 1960 en que Fidel Castro dijo: “Cuba debe ser en el futuro un país de hombres de ciencia y pensamiento”.

El grandilocuente y megalómano Comandante inauguró universidades y centros científicos que, según él, ubicarían a Cuba al más alto nivel. Seríamos, dijo, capaces de producir tanta leche que llenaría la Bahía de La Habana, más mantequilla que Holanda, y ganaríamos más de 3 000 dólares de salario mensual.

Hoy, los niños mayores de siete años no pueden tomar leche, no hay mantequilla en el mercado, y el salario promedio mensual no supera los 50 dólares mensuales.

Recientemente, el gobernante designado, Miguel Díaz-Canel, en una reunión con científicos se preguntaba: “¿Cómo logramos construir esa conciencia de que hay que ir a la investigación científica, a la innovación que es el objetivo del sistema de ciencia e innovación como pilar de la gestión del gobierno?”

La respuesta a esa pregunta está en el refranero popular: “Una cosa piensa el bodeguero y otra el cliente”.

¿Qué pasa con los centros de investigación científica, como el de la caña de azúcar, el del ganado vacuno, pastos y forraje, por solo citar algunos?

El Centro de Gestión de Información y Desarrollo de la Energía (CUBAENERGÍA), enfocado en los sistemas electro energéticos de la Unión Eléctrica e investigaciones básicas y aplicadas, no evitó que no se le diera  mantenimiento a la “malla Faraday”, protectora de la base de supertanqueros en Matanzas, y todos sabemos el final del cuento de la caída del super-rayo y el incendio consiguiente en el mes de agosto del pasado año.

El Instituto de Ciencia Animal, fundado en 1965, se dedica al desarrollo de la ganadería cubana. Pero, ¿de qué desarrollo de la ganadería se puede hablar si no hay vacas ni toros y hasta los mugidos están racionados?

¿Qué quedó del plan genético Niña Bonita? ¿Y de las vacas F-1, F-2 y F-3 (la F por Fidel), ese cruce de las razas Holstein y Cebú, que daría una vaca superior, representada en Ubre Blanca, aquella  líder de la asociación de vacas amigas de Mozart, Schubert y Carrier (por lo del aire acondicionado)? Ahora no hay ni un vasito de leche, ni una lasquita de carne.

El Instituto de Investigaciones de la Caña de Azúcar (INICA), creado en 1964, estudiaba las tecnologías, equipos y servicios para las necesidades del cultivo de la caña de azúcar.

¿Y de que sirvieron los consejos de Mongo Castro de cortar la caña a tres trozos si ahora solo hay caguazo?

En la zafra de 1952, a mocha y con carretas tiradas por bueyes, se produjeron ocho millones de toneladas. En las zafras de los últimos años a duras penas se sobrepasa el millón de toneladas, y a veces ni eso.

Hemos pasado de primer productor de azúcar a importar azúcar para poder dar tres libritas al mes  a cada cubano por la libreta de racionamiento.

Hace doce años,  cuando Díaz-Canel, el presidente designado, era Ministro de Educación Superior,  anunció que se habían graduado un millón de estudiantes universitarios.

¿Cuántos graduados hay ahora? ¿Dónde están? ¿A donde fueron esos graduados universitarios, Máster y Doctores en Ciencia? La mayoría fueron víctimas del “robo de cerebros” de los países capitalistas desarrollados; o más bien fueron actores de una gozosa fuga de cerebros que ahora enriquece a Miami, Montreal, o Londres, con ingenieros, paramédicos, físicos y agrónomos.

De los miles de graduados del Instituto Superior de Ciencias Agropecuarias de Bayamo solo quedan tres en Bayamo.  Uno es vigilante nocturno y los otros dos ahogan sus penas en la barra del Bar Saltapatrás, añorando lo que pudieron ser y no fueron.

Estoy a favor de la innovación y la ciencia. Sugiero al presidente designado que en vez de repartirse doctorados entre él y su esposa (nada más oportunista, dada su posición), dé espacio a los científicos empíricos, esos que generan lo que el pueblo necesita.

¿Como es posible que un talabartero, un ponchero o un alquimista sin libro provean de queso a los más distinguidos restaurantes privados de La Habana desde su escondrijo en un marabuzal usando una lavadora doméstica, sostengan el sistema privado de transporte público con los almendrones, o fabriquen pintura contra la corrosión, mientras que los científicos no logran cumplir sus cometidos ganaderos y lácteos, de organización y planificación del transporte, o de soluciones químicas para mejorar el acabado exterior de nuestras edificaciones?

Los científicos e innovadores son importantes, y los felicitamos este 15 de enero. Pero más importante es la libertad económica, la libertad de pensamiento, y sobre todo, la libertad para poder crear un país diferente, mejor.

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Cuba: de la revolución a la pesadilla

Fidel Castro

HARRISONBURG, Estados Unidos. — Una revisión objetiva de lo ocurrido en nuestro país desde 1959 hasta hoy revalida la conocida frase que asegura que de buenas intenciones está empedrado el camino del infierno.

Si uso la frase “buenas intenciones” lo hago basándome en la existencia de documentos históricos firmados por Fidel Castro en su condición de máximo líder del “Movimiento 26 de Julio” y refrendados también por otros importantes líderes de la oposición contra Fulgencio Batista.

Quien haya leído esos documentos sabe que los fundamentos de esa Revolución que se gestó y desarrolló en las ciudades, las montañas e incluso dentro del propio ejército nacional, eran inequívocamente democráticos. Por su contenido puede medirse la magnitud de la traición de Fidel Castro.

A la luz de los acontecimientos ocurridos en Cuba durante más de seis décadas “La historia me absolverá” —cuya redacción definitiva fue hecha por Jorge Mañach— se ha vuelto un verdadero bumerán contra quienes detentan el poder y, sin dudas, en un documento subversivo. Ese calificativo también puede ser aplicado a numerosos discursos de Fidel Castro.

Hasta el golpe de Estado realizado por Fulgencio Batista el 10 de marzo de 1952 Cuba era una república con muchísima desigualdad social y corrupción; lo siguió siendo durante la dictadura batistiana, pero existían mecanismos para combatir esos males o al menos denunciarlos. Hoy, la desigualdad social, la corrupción, la inexistencia de una real administración de justicia y de un Estado de derecho, la represión a todo disenso y las carencias materiales debido al fracaso económico de los comunistas han alcanzado niveles nunca antes vistos en toda la historia del país.

Cuando la guerrilla logró consolidarse en la Sierra Maestra y extenderse al occidente del país debido a la reiterada incapacidad del ejército nacional, Fidel Castro comenzó a capitalizar el poder. Entonces, lo que fue una revolución conformada por fuerzas heterogéneas de fuerte raigambre democrática derivó en una nueva dictadura donde quienes menos respaldo político tenían entre el pueblo terminaron imponiendo una doctrina cuyos peligros fueron advertidos genialmente por José Martí, Ignacio Agramonte y otros patriotas.

Se suponía que el triunfo de la Revolución daría paso a la formación de un gobierno provisional encargado de restablecer las estructuras democráticas, la Constitución de 1940 y convocar a elecciones libres y multipartidistas, pero eso no ocurrió y es la principal desnaturalización del proceso político liderado por el biranense, porque toda revolución se dirige hacia un acto fundacional incluyente, no hacia la reproducción de las causas que le dieron origen. En una revolución genuina, destinada realmente a empoderar al pueblo y no a garantizar con eufemismos la entronización de una casta, tienen que cumplirse, con su triunfo, las promesas que le dieron origen. Eso tampoco ocurrió con la cubana, aunque, para ser justos, con ninguna de las que derivaron hacia sistemas verticalistas de gobierno. De ese juicio solo se salvan, ¡vaya congruencias de la historia!, las revoluciones burguesas, siendo un nítido ejemplo las de Francia, Inglaterra y los Estados Unidos de América.

Hoy, 64 años después de aquella presunta luminosidad del primero de enero de 1959, en Cuba existen las mismas condiciones que potenciaron el desencadenamiento de aquella revolución.

Porque una revolución, para que resulte exitosa, tiene que mostrar resultados concretos que demuestren la validez de sus acciones y, en el caso de Cuba, los éxitos obtenidos en la educación, la salud, la ciencia y el deporte no surgieron como consecuencia del desarrollo de las fuerzas productivas internas sino, sobre todo, por el inmenso apoyo financiero que recibió de la antigua Unión Soviética y de los países del campo socialista. Fidel Castro quiso “independizarse” de la influencia económica de Estados Unidos y terminó dependiendo de economías inferiores en cuanto a crecimiento y calidad de sus productos.

Y si bien no puede hablarse de una prosperidad creciente, porque problemas como el transporte, la alimentación y hasta el libre acceso a la educación según los méritos personales nunca fueron resueltos, al menos se vivía con cierto sosiego —siempre y cuando “no te metieras en política”— hasta la desaparición del bloque socialista.

Al desaparecer esa comunidad política y persistir el castrismo en la reproducción de métodos de probada ineficacia, los supuestos éxitos comenzaron a declinar de forma indetenible desde el llamado “período especial” hasta llegar a este aniversario 64 donde la miseria, el escapismo y la represión son sus características principales.

Si la retórica del castrismo fuera capaz de producir satisfacción no habría problemas. Pero esa presunta panacea de justicia social, prosperidad y democracia de la que tanto hablan los continuistas liderados por Miguel Díaz Canel Bermúdez solo existe en sus discursos abundantes en coprofagia, donde, sin un mínimo de vergüenza, se burlan públicamente de sus leyes y de lo que hacen, algo que en un país democrático sería causa suficiente para una renuncia o un juicio político.

El proceso que un día fue proclamado por Fidel Castro como “la revolución de los humildes, por los humildes y para los humildes” se ha encargado de autoaniquilarse. No hace falta una invasión extranjera ni otra revolución para demostrarlo, él mismo se ha aniquilado por su incapacidad económica y sus injusticias.

Si en Cuba se afianza un profundo pensamiento anticomunista ello se debe, ante todo, a la incapacidad de quienes un día nos hablaron de muchos sueños y terminaron convirtiendo nuestras vidas en una atroz pesadilla. Y encima, como si el pueblo fuera bobo, siguen encomiando al sistema.

Esa, no otra, es la realidad de nuestra patria este nuevo primero de enero.

ARTÍCULO DE OPINIÓN
Las opiniones expresadas en este artículo son de exclusiva responsabilidad de quien las emite y no necesariamente representan la opinión de CubaNet.

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Hilda Molina, la científica que rechazó a Castro y él mantuvo 15 años “secuestrada”

Hilda Molina, Fidel Castro, Cuba

CDMX, México-. Hilda Molina y Morejon fue una de las más eminentes científicas cubanas en el área de la Neurología. No por azar fue la mente que ideó y dirigió el Centro Internacional de Restauración Neurológica (CIREN). El centro fue idea de ella y al enterarse Fidel Castro lo aprobó pues vio en la institución una manera de magnificar su nombre y los logros de Cuba.

El anhelo de Hilda era que fueran los cubanos quienes disfrutaran de los adelantos del centro, fundado en 1989, y de sus instalaciones. Pero Fidel Castro tenía otros planes. En los noventa el dictador cubano decidió que el centro atendería a extranjeros para cobrar en divisa los servicios. Al inicio fueron algunas camas pero luego quisieron tomar más espacio.

Esto fue el punto de quiebre para Hilda, quien no solo no lo aceptó, sino que pidió la renuncia en 1994. Además se desentendió también de su lugar como diputada a la Asamblea Nacional del Poder Popular. La doctora no podía aceptar que se dolarizara el centro que ella creó y se discriminara a los nacionales. Ese no era su sueño.

Irse fue su decisión pero tal afrenta no la perdonaría Castro jamás, quien la castigó dejándola presa en la isla cárcel. Además otro dato no tan conocido de la historia de esta mujer es que Fidel Castro le propuso que fuese “ su compañera de vida” y ella lo rechazó cortésmente, según ha declarado Hilda y un diplomático argentino que estuvo al tanto.

Se le ocurrió, con mucho miedo, decirle que él era como Dios y ella no era suficiente para amar al Dios de los cubanos. Así alimentaba el ego del dictador y quizá la dejaría en paz.

“No sé si me admiraba o era un antojo. Yo no podía enamorarme de él porque había visto su alma. Después me destruyó la vida. Me separó de mi hijo”, contó ella durante una entrevista en 2020

Aún así la obsesión de Castro no paró y la forzaba a ir a eventos donde él participaba.

De científica a opositora

Después de 1994, Hilda pasó de ser una científica exhibida por el régimen a una activista de Derechos Humanos. En octubre de 1996, Hilda Molina devolvió al ministro de Salud las condecoraciones que había recibido de la Revolución Cubana y rompió del todo sus relaciones con la dictadura.

Roberto Quiñones, el hijo de Hilda, vivía en Argentina y pretendía que su madre y abuela se le uniesen. Sin embargo, Castro no quiso.

Durante 15 años la dejó cautiva en la isla pese a toda la campaña internacional que se generó para que le permitieran viajar. El caso de Molina llegó al punto de afectar las relaciones entre Cuba y Argentina.

Incluso el presidente Néstor Kirchner se distanció de Castro pues este se negó a ceder a su petición de que dejara salir a la doctora. A lo más que accedió Fidel fue a permitir que su familia volara de Buenos Aires a La Habana.

“Uno de los rasgos distintivos de la personalidad de Fidel es su resentimiento. Así ha logrado que todos los resentidos del mundo le sigan. Ha armado la revolución de los antivalores. Tiene una mezcla de pasión y odio por los que llamaba yanquis. Estaba desesperado por ser aceptado por los americanos”, señaló en entrevista la neurocirujana. Ella estudió su perfil psicológico en el tiempo en que conversaron en los años 80 y principios de los 90.

“Fidel era psicópata, sociópata y narcisista. Los psicópatas son carismáticos e inteligentes. Fidel era perversamente inteligente, un estratega extraordinario. El gran problema del mundo ha sido ignorarlo”, dijo la doctora.

La madre de Hilda, con 90 años de edad, pudo volar desde La Habana a Buenos Aires en mayo de 2008 para estar con su nieto y bisnietos. Pero Hilda debió esperar un poco más.

En junio de 2009 Hilda, luego de 15 años secuestrada, pudo encontrarse con su familia en Buenos Aires gracias a negociaciones entre Raúl y Argentina. Fidel nunca quiso liberarla.

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AMLO reconoce públicamente que admira a Fidel Castro y al Che Guevara

AMLO, Fidel Castro, Che Guevara, Cuba

MIAMI, Estados Unidos. — El presidente de México, Andrés Manuel López, reconoció este martes que admira a figuras de la Revolución cubana como Fidel Castro y Che Guevara.

Durante su habitual conferencia de prensa mañanera, AMLO aseguró que era idealista, pero que también admiraba a los hombres que ejercían el poder.

“Yo soy idealista. Y admiro a los hombres que ejercen el poder. Es el caso de Fidel Castro y el Che”, expresó AMLO ante los aplausos de buena parte de los presentes en el acto.

Acto seguido, el mandatario mexicano hizo énfasis en la figura del fallecido dictador Fidel Castro.

“Fidel fue el que condujo, estemos o no de acuerdo, ese proceso de independencia. Porque (Cuba) es un ejemplo; es de los pocos países en el mundo donde no han permitido la intervención extranjera”, dijo.

Las palabras de AMLO fueron muy bien recibidas en La Habana, desde donde el gobernante cubano Miguel Díaz-Canel envió palabras de agradecimiento a su homólogo mexicano.

“Gracias querido Andrés Manuel López Obrador, porque nunca olvidas en tus ´Mañaneras´ las palabras que hacen justicia a Nuestra América, a sus pueblos y a sus próceres”, señaló Díaz-Canel en Twitter.

No es primera vez que AMLO admite públicamente su admiración por la Revolución cubana y sus líderes históricos. Al igual que los mandamases de la Isla, el presidente mexicano ha culpado al embargo estadounidense de los graves problemas económicos que han aquejado al país caribeño.

En ese sentido, el mandatario calificó las sanciones de EE. UU. como una “infamia” y una “medida retrograda, medieval e inhumana”.

“Creo que es una infamia lo que se ha venido haciendo en contra de Cuba con el bloqueo del gobierno de Estados Unidos. Es una medida retrograda, medieval, inhumana, porque no es posible que se aísle aún más a un país como Cuba o a cualquier otros país del mundo, nadie tiene ese derecho a actuar como el gobierno mundial, nadie”, dijo AMLO el pasado 3 de noviembre.

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Los periodistas que pusieron en jaque a Fidel Castro

Fidel Castro

CDMX, México. – Aunque podía hablar durante horas frente a las cámaras como uno de sus tantos ejercicios de egolatría, Fidel Castro no tenía igual disposición para ser cuestionado. El dictador cubano dio pocas entrevistas reales en su vida. Si él no controlaba el ritmo y el contenido de la conversación no le interesaba debatir o dialogar.

La norma era que hablara cuanto desease sin ser interrumpido, y sin preguntas incómodas.

Tenía a su favor que en los medios de prensa estatales no había interlocutores que lo interpelaran. Eran, simplemente, reproductores acríticos de sus discursos. Incluso durante sus últimos años y las desatinadas reflexiones que escribió, no hubo en los medios nacionales alguien que decidiera que sus textos eran impublicables.

Sin embargo, sí hubo periodistas que lo pusieron en jaque en escenarios internacionales o en conferencias de prensa en la Isla, algunos de ellos de origen cubano.

La pregunta era para Gorbachov, pero Fidel no se puedo callar

En abril de 1989, siete meses antes de la caída del Muro de Berlín, Mijaíl Gorbachov, el último líder de la Unión Soviética, aterrizó en La Habana por primera y única vez.

Durante su visita, en una conferencia de prensa que dio junto a Fidel Castro, el periodista chileno Bernardo de la Maza pidió la palabra y comenzó diciendo:

“Usted siempre plantea enfoques, nuevos, frescos en la realidad mundial. Lo ha hecho en todos los campos; sin embargo, ahora en Cuba no ha planteado, al menos ante nosotros, nada nuevo. Yo no digo que Cuba sea un títere o una colonia soviética y que usted le pueda imponer a Fidel Castro su política. Pero, tal vez, sí usted le pueda recomendar a Fidel Castro algo nuevo, genial, como tantas cosas que usted ha planteado”.

Mientras el reportero chileno hablaba, la cámara enfocó par de veces a Fidel Castro, quien lucía visiblemente contrariado.

Finalmente le preguntó: “¿Hay algo de eso que nosotros no conozcamos y que quizá si se haya comentado entre ustedes?”.

Ante el cuestionamiento, Gorbachov dio una respuesta diplomática en la que refirió que ambos gobiernos habían tenido un intenso intercambio. No especificó mucho más ni dijo cómo había recibido sus ideas Castro, a quien calificó como “un viejo amigo”. El exlíder soviético sostuvo que era hora de parar la confrontación y la Guerra Fría, pero a su vez aclaró que cada país socialista lo haría a su manera y bajo sus métodos.

Después que Gorbachov terminara de responder, el exdictador cubano tomó la palabra e inquirió al reportero: “¿Qué tú representas?”.

Él reportero responde que trabaja para un canal católico de Santiago de Chile. Apenas dijo esto, Castro, aparentemente molesto, le soltó:

“Yo no me explico por qué tú dices que el compañero Gorbachov no dijo nada nuevo. Acaba de pronunciar un discurso que dijo muchas cosas nuevas, interesantes, constructivas. Dijo un gran discurso. Si no nos ponemos a buscarle la quinta pata al gato encontramos que el discurso es muy bueno”.

Mientras Fidel criticaba la pregunta del periodista, el chileno intentaba hablar para explicarse; pero Castro no se lo permitía.

Prosiguió el dictador: “Y segundo, sobre la genialidad, creo que una expresión del genio de Gorbachov es no intentar venir a otro país para decirle a ese país lo que tiene que hacer”.

La periodista que le sugirió a Fidel que renunciase

Bernardette Pardo, reportera de origen cubano y residente en Estados Unidos, tuvo la oportunidad de abordar al dictador Fidel Castro en la Cumbre Iberoamericana de 1993, en Salvador de Bahía (Brasil).

La periodista inició preguntando a Fidel cómo valoraba la Cumbre y lo dejó expresar algunas ideas dentro del esquema en el que se sentía cómodo. Posteriormente, el tono de la entrevista cambió por completo. Pardo le lanzó, una tras otra, preguntas incómodas al dictador. Él divagó en sus respuestas e intentó cambiar el tema constantemente.

Ante cada cuestionamiento de Bernadette, Castro se justificaba apelando al “bloqueo”.

La periodista primero le pidió que hiciera pública su postura respecto al diálogo entre el exilio y la Isla, que era una propuesta que defendían algunos activistas anti-régimen. Con su habitual soberbia, Fidel mostró que no estaba interesado en ceder y que la diáspora debía cambiar sus actitudes si buscaba que él contemplara la posibilidad.

Castro, responsable de un largo historial de discriminación religiosa, dio esta inusual respuesta cuando ella le preguntó por qué insistía en revivir el comunismo. “Porque el comunismo es como Jesús, que murió y revivió al tercer día”, le dijo. Recordemos que en 1993, cuando transcurrió este intercambio, Cuba vivía el llamado Período Especial.

Bernadette también le cuestionó si creía que la historia lo iba a absolver, y le sugirió que se retirara para que nuevas personas sacaran el país adelante, a lo que él se mostró renuente. Como también se mostró renuente a contestar por qué seguía en el poder después de tantos años.

Para finalizar, ella indagó cuáles eran sus deseos (antes había visitado un centro religioso donde cada visitante podía pedir tres deseos). La respuesta de Castro fue: “Salvar mi patria, la Revolución y el socialismo”.  Por su parte, la periodista respondió que ella había pedido “libertad, democracia y prosperidad” para su pueblo, que era el mismo que el de Castro.

Plebiscito fue la palabra que lo molestó

Aferrado al poder hasta que su salud le permitió, Fidel Castro no estaba dispuesto a ceder el control y menos a que alguien se lo sugiriese.

Transcurría la Cumbre Iberoamericana de 1991 en Guadalajara, México. En esa fecha, el reconocido periodista de origen mexicano Jorge Ramos interceptó por sorpresa a Castro cuando salía de su habitación. Ramos le preguntó si el marxismo era una pieza de museo y lo cuestionó por la caída del Muro en Berlín. Castro usó su táctica habitual: cambiar el tema y culpar a Estados Unidos. Para ello referenció las políticas migratorias aplicadas por el país norteño a México. Nada que ver con lo que le preguntaron.

Ramos volvió a retomar el control del intercambio y le dijo: “Muchos creen que es el momento para que usted pida un plebiscito”.

Después de eso, la guardia del dictador cubano lo separó y no le permitió seguir. Solo 64 segundos de entrevista necesitó Fidel para mostrar su esencia autoritaria y su determinación de morir aferrado al poder.

Socialismo o Muerte, pero con dinero del capitalismo

También durante los años 90 Castro tuvo que responder una incómoda pregunta que lanzó la periodista argentina Claudia Nai durante la inauguración de un lujoso hotel en La Habana, al que no tenían acceso los nacionales. Después de pedir insistentemente la palabra durante la conferencia, Nai pudo interpelar al entonces gobernante cubano.

“Estamos acá reunidos en la inauguración de esta industria capitalista. Este hotel a todo lujo en el que ningún cubano puede tomar un trago, puede soñar con pasar la noche… ¿Qué tiene que ver esto con igualdad y socialismo?”, le inquirió.

La respuesta de Fidel, no acostumbrado a ser cuestionado, fue un sinsentido total. Cada frase que expresaba era más contradictoria que la anterior, pero sí dejó claro que la instalación era para extranjeros, no para cubanos, y que el Gobierno quería dólares.

Nai hizo un segundo cuestionamiento al dictador: “Entonces, ¿si el bienestar económico depende tanto del turista capitalista, del inversionista capitalismo, la frase de Cuba hoy es ‘Socialismo o Muerte’ o ‘Capitalismo o Muerte’?”.

Fue una simple pregunta y Castro enloqueció

“¿Por qué no libera a la doctora Hilda Molina? ¿Por qué no le deja venir a ver a sus nietos?”. Fue lo único que el periodista de origen cubano Juan Manuel Cao le preguntó a Fidel Castro antes de que este enloqueciera y comenzara a lanzar improperios frente a las cámaras.

En julio de 2006, Castro realizó su última visita a Argentina y participó en la Cumbre del Mercosur celebrada en Córdoba, junto al entonces mandatario Néstor Kirchner. En el evento, Juan Manuel Cao le preguntó por el caso de la científica cubana que su gobierno no dejaba salir de la Isla para reunirse con su familia en Buenos Aires. El nombre de Hilda Molina era conocido en Argentina pues el propio Kirchner había intercedido, sin éxito, para que le permitieran dejar la mayor de las Antillas.

La sola mención del nombre de Hilda Molina provocó que Fidel perdiese el control como nunca antes. En vez de responder la pregunta, el dictador cubano acusó a Cao de “mercenario” e incluso lo relacionó con un imaginario atentado en su contra. Todo eso exaltado y gritando.

Los escoltas del exgobernante cubano sabían que este era un tema sensible así que sacaron a Cao a la fuerza. Pero era tanta la furia de Castro que seguía discutiendo con el periodista, que ya no estaba en la sala.

Es más, cuando un reportero de la televisión argentina se dirigió a él, Castro, que seguía escuchando la voz de Cao, le espetó confundido: “Ya te dije que eres un mercenario, un entrometido”. El reportero le explicaba que era otra persona y no aquel cubano que lo había molestado, pero la cólera no lo dejaba entender.

El desespero de Fidel fue tan evidente que otro reportero le dijo: “¿Por qué pierde la calma tan fácilmente, comandante?”. A su vez, se observa a una de las acompañantes de Castro intentando convencerlo de retirarse; pero él se negaba y seguía mostrándose ante las cámaras, sin tantas máscaras.

Antes, en el 2000, ya Cao había confrontado a Castro preguntándole por temas que él odiaba: elecciones libres y democracia.

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Nombres de los años en Cuba: una confesión tácita del fracaso castrista

Año 65 de la Revolución

LA HABANA, Cuba. – En días pasados culminó en La Habana, sin penas ni glorias, la reunión de turno de la “Asamblea Nacional del Poder Popular” (ANPP). Uno de sus acuerdos intrascendentes fue el de asignar el nombre oficial que tendrá en Cuba el año que comenzará en menos de dos semanas. Tampoco en este punto hubo sorpresas: Los diputados acordaron —por unanimidad, ¡no faltaba más!— darle el nombre de “Año 65 de la Revolución”.

Pero conviene recordar que no siempre primó esta práctica de limitarse, con ocasión de esos bautizos oficiales, a contar el tiempo decursado desde la trepa al poder de los castristas u otro suceso cualquiera. Sobre todo en los años iniciales del “Proceso”, esos nombres permiten que hagamos un inventario de las ilusiones sembradas desde el poder y frustradas, los engaños y los estruendosos fracasos de eso que “Esta Gente” se empeña en seguir llamando “Revolución”.

La costumbre quedó implantada en el mismo año de 1959, el cual quedó bautizado como el “de la Liberación”. A raíz de la caída del gobierno autoritario de Fulgencio Batista, de inicio la denominación pareció acertada y justa. Hoy, al ver la deriva totalitaria que de inmediato comenzó a adoptar el castrismo, el nombre nos parece un claro engaño y aun una burla al pueblo cubano.

1960 fue nombrado como “Año de la Reforma Agraria”. Radio Rebelde comenta: “En ese año Cuba promulgó la Ley de Reforma Agraria que entregó la tierra a los campesinos que la trabajaban”. ¡Es increíble que, al cabo de más de medio siglo, sigan repitiendo esa mentira flagrante! Para constatar el grosero engaño que hace la propaganda comunista al respecto, basta leer las estadísticas sobre propiedad agraria que elabora el mismo régimen cubano. Según ellas, ¡la parte del león de las tierras arables pertenece al Gobierno, y no a los agricultores!

1961 fue el “Año de la Educación”. Es cierto que, gracias al esfuerzo realizado por cientos de miles de jóvenes alfabetizadores de aquella época en que aún subsistían las ilusiones, se elevó notablemente el porcentaje de los cubanos que sabían leer y escribir, aunque es falso que se haya eliminado por completo el analfabetismo. Conviene recordar aquí que, debido a la proliferación de los fusilamientos perpetrados por el régimen contra los que se le oponían, ese año recibió otro sobrenombre más macabro: “Año del Paredón”.

A partir del primero de enero del año siguiente, y hasta 1966, el fundador del castrismo dio rienda suelta a su fantasiosa imaginación, y los distintos años fueron bautizados con los problemas que —se suponía— serían enfrentados y resueltos durante cada uno de ellos: “la Planificación”, “la Organización”, “la Economía”, “la Agricultura” y “la Solidaridad” fueron esos temas.

Aquí resulta oportuno hacer unos comentarios sobre esos títulos pretensiosos. De la llamada “planificación socialista”, lo único que cabe señalar es la elaboración, uno tras otro, de ambiciosos planes cuyo destino predominante es el de ser incumplidos. Fue justamente eso lo que se constató hace unos días durante la reciente sesión ordinaria de la ANPP. Aunque ello no impidió que para 2023 se aprobara otro nuevo plan, cuyo único destino previsible es el mismo del que lo precedió…

Sobre el “Año de la Organización” (1963) cabe comentar que ya habían decursado cuatro años de régimen de facto (duración que era la de los gobiernos electos en la Cuba democrática). Cambiada la promesa inicial del “Comandante en Jefe” de celebrar elecciones en un plazo breve, la ciudadanía tendría que esperar casi un decenio y medio para participar en una especie de elecciones, pero aun así sin organización.

Con respecto a los años de “la Economía” (1964) y “la Agricultura” (1965), no hace falta extenderse demasiado. Abundar en el tema resultaría un ejercicio baldío a la luz de la situación francamente catastrófica que ahora mismo, ¡más de medio siglo más tarde!, presentan esas dos facetas de la vida nacional. ¿Qué decir entonces de lo que, supuestamente, iba a lograrse en aquellos períodos ya lejanos!

Tras un lustro de dar a los años esos nombres pretensiosos e injustificados, se impuso un poco de cordura. Como ya dije, para 1966 se escogió el sobrenombre de “Año de la Solidaridad”. Se aludía de ese modo a los vínculos internacionales del castrismo, un tema menos concreto, menos apropiado para dar lugar a posibles denuncias sobre incumplimientos o engaños.

Continuando con esa práctica de emplear denominaciones menos ambiciosas, se pasó al tema de las hipotéticas heroicidades de los comunistas criollos o de sus aliados. Así 1967 quedó como “Año del Viet-Nam Heroico”; y 1968, como el del “Guerrillero Heroico”. Esto último en alusión a la eliminación del rosarino Ernesto Guevara, partícipe destacado en los fusilamientos de gran número de cubanos y en la desarticulación de la economía nacional.

En previsión de lo que el cerebro afiebrado del “Máximo Líder” había diseñado como la supuesta hazaña productiva que habría de “sacar a Cuba del subdesarrollo”, los dos años siguientes fueron bautizados como los del “Esfuerzo Decisivo” (1969, al que algunos anticomunistas graciosos, en vista de la carestía rampante, llamaron “del Esfuerzo de Si Vivo”) y “de los Diez Millones” (1970).

Aquí conviene aclarar que aunque el último mencionado sería cuando se realizaría la supuesta zafra suprema, en realidad esta comenzó a mediados del año precedente. El imaginativo “Máximo Líder”, para asegurarse de alcanzar esa cifra mágica de toneladas de azúcar, ordenó empezar a moler caña en el verano de 1969, sin que importaran los irrisorios recobrados (porcentajes de azúcar) que se alcanzaban en esos meses de canícula tropical.

Ya sabemos que, a pesar de esos “forros” y de haber puesto al país completo en función del logro de los dichosos “Diez Millones” de toneladas de azúcar, el descabellado plan (¡uno más!) terminó en un estruendoso fracaso. Como de costumbre, se buscó una salida facilona en el blablablá comunista: Fue entonces que surgió lo de “convertir el revés en victoria”… 

A pesar del rotundo fracaso, para los dos años siguientes se volvió a recurrir a las consignas pretensiosas e irrealizables. Fue así que 1971 quedó como “Año de la Productividad”; y 1972, como el de “la Emulación Socialista”. Más retórica comunista. La productividad anda por los suelos (¡no puede ser de otra forma cuando los mismos reportajes de la televisión oficial nos muestran a los trabajadores llenando cajas a mano!) y la “emulación socialista” no ha conducido a ninguna parte.

Y pare usted de contar. A partir de 1973, en la denominación de cada año se ha utilizado el número de años decursado desde un acontecimiento que reviste importancia para el régimen. O la celebración, durante él, de algún evento relevante. La única excepción sería 2006 (“Año de la Revolución Energética en Cuba”). Se trató de otra ocurrencia castrista que le parecía harto prometedora a su autor, pero terminó en un nuevo fiasco.

En resumen: este asunto de los sobrenombres asignados en la Isla a los distintos años pone de manifiesto —creo— que el castrismo lleva ya muchos años de capa caída.

ARTÍCULO DE OPINIÓN
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Lezama, el genio cautivo de la Revolución

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LA HABANA, Cuba.- Cuando ya no quedaban dudas de que los Castro de Birán eran los dueños de Cuba y todo lo que ella contenía, incluyendo a sus ciudadanos que, tras enero de 1959, dejaron de serlo automáticamente, ya el escritor José Lezama Lima aparecía entre los primeros “regulados” por la dictadura de La Habana. No faltan quienes aseguran que el escritor detestaba los aviones y por esa razón se rehusaba a viajar; pero su propia hermana, Eloísa, con quien mantenía una profusa comunicación mediante cartas, aseguró que a Lezama no le permitían salir de Cuba.

El creador del grupo Orígenes llegó a ser uno de los intelectuales más vigilados por el castrismo. Su persona, su círculo de amistades y hasta su correspondencia eran observados cuidadosamente porque Fidel Castro fue, además de ególatra y narcisista, un sujeto muy temeroso de las resonancias. Sus esbirros escrutaban a Lezama, pero intelectuales del mundo entero seguían con atención el escrutinio.

Junto a Alejo Carpentier y Guillermo Cabrera Infante, Lezama Lima es considerado un nombre imprescindible dentro de la literatura cubana. Su estilo narrativo, fascinante para muchos, infranqueable para otros, sigue siendo objeto de estudio de los más versados investigadores de las letras hispanas.

Paradiso, su novela más conocida, fue publicada durante el llamado boom literario de los años sesenta del siglo XX y terminó siendo la concreción de su genio creativo, de ese intenso neobarroquismo que puede resultar desconcertante para algunos lectores. La obra de José Lezama Lima ha sido equiparada con la de autores latinoamericanos que también protagonizaron aquel estallido literario de la década de 1960, entre ellos Mario Vargas Llosa, Juan Rulfo, Gabriel García Márquez o Jorge Luis Borges.

El gran Lezama, devoto del idealismo de Platón, conocedor a fondo de la obra de Luis de Góngora, erudito donde los hubiera, acabó siendo indomable para un tirano resentido que bajó de la Sierra prometiendo toda clase de libertades.

Muerte de Narciso, Paradiso, Fragmentos a su imán, Dador… resultaron demasiado para los rústicos comisarios de la cultura, que no pudiendo comprender al genio, ni ver en su obra cumbre más que un “peligroso homoerotismo” que debía ser extirpado de la matriz de una Revolución del macho y para el macho, decidieron silenciarlo, sepultarlo en vida, para alejar su influencia de los jóvenes intelectuales que, no obstante la censura, siguieron persiguiendo sus libros.

Lezama llevó una existencia recogida. Leía y escribía con fruición mientras el proceso revolucionario arrasaba con todo a su paso. La trascendencia de su legado literario es un hecho, aunque lo condenaran al ostracismo durante los últimos diez años de su vida, y aunque los mismos comisarios de la cultura que lo habían censurado, publicaran luego sus obras e intentaran llenarlo de honores post mortem para lavarle la cara al régimen cubano.

Hoy 19 de diciembre se cumple un aniversario más del natalicio del Maestro, uno de los pocos intelectuales que no aplaudió como foca a Fidel Castro. José Lezama Lima fue salvado por su obra en una época donde solo había dos alternativas: adulación u olvido.

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Fidel Castro: el hombre y la piedra

Fidel Castro, Piedra

MIAMI, Estados Unidos. — A seis años de la muerte del dictador Fidel Castro, la piedra de granito que guarda sus cenizas sigue dando de que hablar dentro y fuera de la Isla.

Aunque el régimen cubano ha intentado vender toda una leyenda sobre la construcción del nicho en que reposa el mandamás, lo cierto es que el monumento no es del agrado de muchos, e incluso hay quien piensa que el mismo debería ser “borrado” del Cementerio de Santa Ifigenia cuando regrese la democracia a Cuba.

Para los fieles al castrismo, la piedra es un sitio de obligada visita, aunque cabe señalar que más de un político extranjero ha posado frente a las cenizas del Comandante. Hasta allí ha llegado en varias ocasiones el gobernante Miguel Díaz-Canel, el hombre de la continuidad poscastrista.

La “Roca Eterna”,  como también se le conoce, fue extraída del macizo de Gran Piedra, en Santiago de Cuba, y esculpida por el escultor holguinero Antonio Matos Díaz. Para el artista, el monumento de granito es inmejorable: “sólido como la Revolución y la figura de Fidel”.

Los creadores del mismo señalan que la piedra simboliza un grano de maíz, en homenaje a aquella repetida frase de Fidel Castro: “toda la gloria del mundo cabe en un grano de maíz”.

En tiempos de Internet y las redes sociales, la piedra también se ha convertido en “carne de meme”. Cubanos de todas las latitudes han mostrado en más de una ocasión su desaprobación al complejo escultórico, que también incluye diecinueve balaustres en representación de las columnas del Ejército Rebelde.

En un entorno como el de Santa Ifigenia, que acoge exquisitos monumentos donde descansan varios de los más grandes patriotas, incluido José Martí, la piedra de Fidel Castro desentona, no da la talla.

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